Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 65
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65: Capitulo 65: Biología y Fusión.
65: Capitulo 65: Biología y Fusión.
Nota del autor: Saben lo que es cuando un pianista se mete en el papel mientras toca el piano?
Bueno, ahora mismo soy ese.
Este capítulo fue una fumada.
No aporta mucho a la trama para ser sinceros, pero siempre tuve la duda y en este fanfic se hace posible.
Aporta algo?
Nel.
Es interesante?
Sí.
Tiene mucho texto?
Con mucho detalle.
Lo hago a posta?
Sí.
Soy alguien que parece querer describir cada detalle?
Puede ser.
Además, siento que estoy escribiendo muy seriamente ¿deberia de meter chistes de referencias nuevamente?
Continuemos.
“Tengo una teoría”, dijo Steven, con la mirada fija en el cielo de la arena celestial, donde las luces flotaban como pequeños fragmentos de energía.
Su voz, tenía un tono cargado de curiosidad y de emoción contenida.
“Supongamos que me fusiono con Connie y luego esa fusión, Stevonnie, se fusiona con una de ustedes…
¿sería entonces una unión entre humano y gema?
¿O simplemente no sería posible?” Se quedó en silencio unos segundos, respirando profundo mientras observaba sus propias manos, como si en ellas pudiera ver la respuesta.
“No es solo un experimento de fuerza o de coordinación”, continuó, con un hilo de filosofía en su voz.
“Quiero entender qué significa fusionarse más allá de lo físico, qué ocurre cuando nuestras conciencias y voluntades se entrelazan.
Es como explorar un territorio que nadie ha pisado antes.” Perla y Connie lo miraban atentamente, conscientes de que Steven no hablaba por hablar; su curiosidad era genuina y profunda.
Perla frunció el ceño un momento, procesando la complejidad del planteamiento.
“Si lo planteas así…”, dijo finalmente, con un tono que combinaba asombro y reflexión, “tiene sentido.
La fusión no es solo un vínculo físico; es mental, emocional, y creo que incluso espiritual.
Si Stevonnie se fusiona con otra gema, la fusión no sería humana, pero sí llevaría la esencia de ambos, mezclando consciencias y perspectivas.
Podría ser una forma totalmente nueva de existencia.” Connie, por su parte, asintió lentamente.
“Me gusta la idea”, dijo, su voz suave pero firme.
“No sería solo un experimento de combate.
Sería como un puente entre mundos: humano y gema trabajando juntos, cada uno aportando algo único.
Creo que podríamos aprender mucho sobre nosotros mismos…
y sobre cómo nuestras energías se complementan.
Además, Steven, sería seguro mientras tú controles la intención y los límites, ¿no?” Steven sonrió, animado por las respuestas positivas.
“Exacto”, dijo, su forma rosa flotando ligeramente mientras ajustaba su postura.
“No quiero apresurar nada ni forzar a nadie solo quiero explorar, sentir lo que ocurre.
Creo que cada fusión tiene algo único que enseñarnos, y esta podría mostrar cómo la humanidad y la gema pueden coexistir de formas que no hemos visto antes.” Perla suspiró, pero con una sonrisa.
“Me sorprende lo meticuloso que eres con tus ideas, Steven.
Esto no es solo fuerza o habilidades, sino pensamiento, reflexión…
filosofía.
Me parece fascinante.
Y honestamente, me gustaría verlo funcionar; si hay alguien que pueda hacerlo, eres tú.” Connie asintió con entusiasmo.
“Estoy completamente de acuerdo.
Me emociona la idea de intentarlo.
Además, será un entrenamiento increíble.
Incluso si la fusión no sale exactamente como esperamos, podremos aprender algo nuevo, y eso es lo importante.” Steven miró a ambas, sintiendo una especie de calidez en el pecho.
“Gracias…
eso es exactamente lo que quería escuchar.
No se trata de competir ni de probar quién es más fuerte.
Se trata de explorar juntos, de ver qué somos capaces de hacer cuando combinamos nuestras fortalezas y nuestras perspectivas.
Es…
algo más grande que nosotros, y quiero que lo vivamos juntas.” Perla sonrió de lado, cruzándose de brazos mientras observaba la arena celestial que los rodeaba.
“Bueno…
si vamos a hacer esto, me alegra que sea contigo, Steven.
Estoy lista para ver hasta dónde podemos llegar.” Connie tomó su espada con determinación, pero su expresión era de confianza y emoción.
“Yo también.
Esto no será solo un experimento; será un descubrimiento, y estoy feliz de hacerlo a tu lado.” Steven respiró profundo, sintiendo cómo su teoría comenzaba a cobrar vida.
“Entonces…
vamos a intentarlo.
No sabemos exactamente qué sucederá, pero juntos podemos descubrir algo que nunca antes se ha visto.
Y eso…
eso es lo que más me emociona.” El silencio que siguió no era incómodo, sino lleno de posibilidades.
La arena celestial parecía más brillante, más viva, como si también quisiera observar lo que estaba a punto de ocurrir.
Steven sonrió de nuevo, y por primera vez en mucho tiempo sintió que estaba exactamente donde debía estar, con quienes debían estar a su lado, listo para explorar los límites de la fusión y de sí mismo.
“Entonces comenzamos para ver”, dijo Steven, mientras comenzaba a moverse con suavidad.
Connie lo siguió, y en segundos ambos se fusionaron, brillando intensamente hasta formar a Stevonnie.
Al principio, la fusión se movía con cierta torpeza, como si estuviera ajustándose a la mezcla de energías y sensaciones, pero rápidamente buscó la mirada de Perla, quien lo observaba atentamente.
“Me gusta la hipótesis”, dijo Stevonnie con una sonrisa.
“Si quieres, lo probamos.” Sin dudarlo, extendió la mano hacia Perla, y esta la tomó con firmeza.
Empezaron a moverse juntas, pasos sencillos al principio, probando cómo se sentía estar conectadas.
Cada movimiento, cada giro, era un pequeño experimento, una forma de medir cómo sus energías se entrelazaban.
Al inicio, Stevonnie sentía la curiosidad y el nerviosismo de Perla, la atención con la que calculaba cada movimiento, mientras Perla percibía la calma y la intuición de Steven fusionada con la sensibilidad de Connie.
Cada gesto era una conversación muda: un leve inclinar de cabeza, un ajuste en la postura, un giro pequeño.
Poco a poco, la sincronización comenzó a mejorar.
Cuando Stevonnie giraba, Perla lo anticipaba; cuando Perla inclinaba el cuerpo, Stevonnie se ajustaba automáticamente.
No necesitaban hablar; sus emociones y pensamientos fluían juntas a través de cada paso.
Stevonnie sentía cómo Perla equilibraba su impulso y lo complementaba, y Perla percibía la mezcla de curiosidad y confianza que emanaba de la fusión.
El baile se volvió más fluido, los movimientos más suaves y naturales.
Cada giro y cada inclinación eran un pequeño intercambio de sensaciones: alegría, concentración, sorpresa, un toque de incertidumbre.
Stevonnie podía sentir la paciencia de Perla, y Perla la adaptabilidad de la fusión.
Era un diálogo silencioso donde cada paso decía algo sobre cómo funcionaban juntas.
Avanzaron hacia pasos más complejos, sin romper el ritmo, manteniendo la atención plena en la otra.
Un salto coordinado, un giro sincronizado, un estiramiento simultáneo.
Todo estaba medido para sentir, no para impresionar.
Cada pequeño movimiento enseñaba algo: cómo se movían los hombros, cómo se equilibraban las piernas, cómo las emociones influían en los gestos.
“Es…
increíble”, murmuró Stevonnie mientras realizaba un giro más amplio.
“Siento cada decisión que tomas, cada ajuste que haces…
y no interfiere, sino que me guía.” Perla asintió suavemente, ajustando la postura en un giro coordinado.
“Y yo siento tu energía también.
No es abrumador; es como si fuéramos dos partes de una misma respiración.
Cada paso nos conecta un poco más.” Después de varios minutos, el baile se volvió casi meditativo.
Ya no había torpeza ni inseguridad; cada movimiento era consciente, armonioso, un reflejo de la otra.
Stevonnie y Perla habían encontrado un ritmo común, una forma de sincronizar sus cuerpos y sus pensamientos, y con ello, de sentir que podían expandir la hipótesis de Steven: una fusión humano-gema podía funcionar si ambas partes lograban conectarse emocional y físicamente.
Finalmente, se detuvieron, flotando suavemente en la arena celestial.
Ambas respiraban juntas, sintiendo el pulso de la sincronización y la conexión que habían logrado.
Stevonnie sonrió, sintiendo que habían alcanzado un nivel de armonía que iba más allá de la técnica.
Perla asintió, satisfecha, y por un momento, solo flotaron en silencio, disfrutando del entendimiento mutuo que el baile les había dado.
Un brillo intenso se hizo presente, envolviendo por completo a Perla y a Stevonnie.
Durante un instante, ambas figuras desaparecieron, como si la luz las hubiese absorbido, y en su lugar descendió lentamente una nueva silueta hacia la arena celestial.
Era una mujer ligeramente más alta que Stevonnie.
Al tocar el suelo, observó su cuerpo con una mezcla de sorpresa y fascinación, moviendo los dedos, girando las muñecas, reconociendo cada detalle de su nueva forma.
Su piel era de un tono morado suave, una mezcla evidente de tres presencias distintas, pero armonizadas en un solo color.
Vestía una camisa adaptable, que parecía responder a la voluntad compartida de Steven y Connie, cambiando sutilmente según su estado emocional.
Gracias a Perla, llevaba además una prenda interna que parecía más piel que tela, una extensión natural del cuerpo, elegante y funcional al mismo tiempo.
Sus manos estaban envueltas en vendajes, firmes pero flexibles, y su cabello recordaba al de Perla, aunque más alocado, cayendo hasta los hombros con puntas negras que contrastaban con el resto del peinado.
En su pecho brillaban las gemas, todas en tonos rosados con matices rojos, claramente influenciadas por la energía de Steven.
La nueva fusión se observó las manos una vez más, cerrándolas lentamente, sintiendo la tensión de los músculos, la respuesta del cuerpo.
Comparó mentalmente esa sensación con la de Cuarzo Arcoíris, notando diferencias claras.
Había un aumento de fuerza, perceptible pero contenido, no algo desbordante.
Era como un incremento medido, quizá un uno punto cuatro por ciento más de potencia, nada exagerado, pero suficiente para situaciones específicas donde cada detalle contara.
Durante unos segundos, todo pareció estable.
Sin embargo, algo cambió.
Una sensación extraña recorrió su cuerpo, una fatiga inesperada que no provenía de la gema ni de Perla.
Era distinta.
La fusión se quedó quieta, cerrando los ojos, y entonces lo comprendió: la consciencia de Connie estaba cansándose a un ritmo diferente, más rápido, más humano.
No era un agotamiento físico normal, sino algo más profundo, como si su cuerpo estuviera alcanzando un límite distinto al de las gemas.
Sin perder tiempo, la fusión se separó.
La luz volvió a envolverlas y, en segundos, Connie cayó suavemente al suelo, agotada, mientras Cuarzo Arcoíris se mantuvo de pie un instante, observando con atención, luego se desfusionaria.
“Estoy…
muy cansada”, dijo Connie desde el suelo, respirando con dificultad.
“¿Tanto así?”, preguntó Cuarzo Arcoíris, inclinándose ligeramente mientras se arrodillaba junto a Connie.
Steven no dudó y aplicó un poco de saliva sanadora, con cuidado, concentrándose en aliviar su cansancio.
“Mucho”, respondió Connie, parpadeando lentamente mientras su respiración se estabilizaba.
“Bueno, al menos sabemos que funciona”, dijo Perla, llevándose una mano al pecho.
Parpadeó varias veces, claramente confundida por la sensación residual de la fusión triple.
No se sentía igual que al fusionarse solo con Steven; era distinto, más complejo, más exigente.
Steven se quedó en silencio por unos segundos, observando a Connie recuperarse y luego mirando sus propias manos.
Había muchas cosas que analizar, demasiadas preguntas nuevas, pero decidió apartarlas por ahora.
Ya habría tiempo para pensar en ello.
Por el momento, lo importante era que la hipótesis había sido confirmada…
aunque con límites claros.
Negó suavemente con la cabeza, exhaló despacio y se permitió relajarse, consciente de que habían dado un paso más hacia algo que nadie había intentado antes.
“Esto puede ser clave”, dijo Steven mientras observaba el suelo de la arena celestial, con el ceño ligeramente fruncido en una expresión muy característica de él.
“Aunque el cansancio es un factor que no podemos ignorar.
Supongo que, al igual que yo, aunque en menor medida, Connie no puede sostenerlo debido a su biología humana.” Levantó la mirada un instante, como si organizara sus pensamientos antes de continuar.
“La biología humana no está diseñada para una fusión de luz.
Puede ocurrir, sí, pero hay que considerar otros factores, sobre todo la pérdida de consciencia.
Yo, al ser mitad gema, puedo mantener una fusión prolongada.
En cambio, Connie, al ser completamente humana, solo puede fusionarse de manera estable conmigo gracias a mi mitad humana.” Steven respiró hondo antes de seguir.
“Aunque Connie puede fusionarse con gemas a través de mí, cuando entra en contacto con más gemas, su mente, desde un punto de vista biológico, no puede sostener el mismo proceso que el nuestro.
No es una cuestión de voluntad, sino de límites naturales.” Mientras hablaba, sacó una libreta de quién sabe dónde y comenzó a anotar con rapidez, escribiendo fragmentos de todo lo que acababa de decir, subrayando palabras y haciendo pequeños esquemas al margen.
“Interesante”, dijo Perla, llevándose un dedo al mentón mientras tarareaba suavemente.
“La hipótesis es sólida, aunque no la veo factible en la práctica.” Miró a Connie con atención.
“Si nos fusionáramos únicamente con gemas, la fusión tendría más estabilidad y mayores probabilidades de mantenerse.” Connie asintió con calma, sentándose un poco más erguida.
“Aunque la hipótesis es correcta, en la práctica no es viable”, dijo con sinceridad.
“La única forma en la que puedo ser útil en una fusión es con Steven.
Fuera de eso, mi cuerpo simplemente no puede sostenerlo.” “No te quites méritos”, respondió Steven casi de inmediato, levantando la vista de su libreta.
“Si mis notas y algunas conjeturas son correctas, no cualquiera puede aguantar tanto tiempo como tú lo hiciste hoy.” Connie lo miró sorprendida por un segundo y luego sonrió con suavidad, sin decir nada más.
Steven cerró la libreta y la guardó, sintiendo que, aunque el experimento tenía límites claros, también había confirmado algo importante.
No era un fracaso, sino un paso más en comprender cómo funcionaban las fusiones cuando se mezclaban mundos tan distintos.
“Era eso o quedarse como pendejo con la duda, y ni cagando me iba a quedar con la duda, y menos con una fusión de Perla.
Y aquí se ve el resultado: fachero, para qué negarlo.” se ve fresca la fusion, awebo.
Y por ahora, eso era suficiente.
Fin del capítulo 65.
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