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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 67

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  3. Capítulo 67 - 67 Capitulo 67 Ecos del pasado
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67: Capitulo 67: Ecos del pasado.

67: Capitulo 67: Ecos del pasado.

“¡Bismuto, espera!”, grité mientras corría tras ella, sintiendo cómo la situación se me escapaba de las manos en cuestión de segundos.

El holograma no retrocedió.

Rose se limitó a observarla con una expresión serena, casi triste, mientras una de sus manos seguía acariciando a León con suavidad, como si supiera que aquello iba a pasar.

Bismuto atravesó el holograma.

Su golpe pasó de largo, rompiendo la proyección en partículas de luz rosada que se dispersaron por la habitación como polvo brillante.

Bismuto se detuvo en seco, jadeando, con los puños cerrados y el cuerpo tenso.

“¿Qué…?”, murmuró, girándose bruscamente.

Las partículas de luz comenzaron a reunirse otra vez, reformando la imagen del holograma frente a ella.

Rose volvió a aparecer, intacta, con esa misma sonrisa cansada que no necesitaba palabras para decirlo todo.

Bismuto retrocedió un paso.

“No…

no eres real”, dijo, apretando los dientes.

“Esto es una maldita broma”.

Perla dio un paso al frente, con la voz temblorosa pero firme.

“Bismuto…

estás a salvo.

Han pasado muchas cosas.

Muchísimas”.

Yo me quedé en silencio, observando.

Sabía que este no era mi momento para hablar, sino para estar listo.

Listo para intervenir si hacía falta, listo para burbujear, listo para proteger a todos si la situación explotaba.

Bismuto respiró hondo, mirando sus propias manos, su cuerpo, tocándose el pecho donde brillaba su gema.

“Estuve encerrada”, dijo finalmente, con rabia contenida.

“Por años.

Sola.

Pensando.

Esperando”.

El holograma de Rose la miró con una tristeza profunda.

“Lo sé”, dijo con suavidad.

“Y lo siento”.

Bismuto soltó una risa amarga.

“Eso no lo arregla todo”, respondió, aunque su postura ya no era de ataque.

Yo apreté los puños, sintiendo el peso del momento.

Esto no iba a resolverse hoy, ni mañana.

Pero al menos, por primera vez en mucho tiempo, Bismuto estaba aquí.

Viva.

Libre.

Y eso, aunque daba miedo, también significaba una nueva oportunidad.

“Escúchame bien,” dijo Perla, su voz calmada pero firme, mientras sus ojos se fijaban en Bismuto.

La gema, aún algo rígida, la miraba con la ceja levantada, intentando leer en su expresión algo que la tranquilizara o le dijera si había peligro.

“Solo quiero que sepas…

Rose Cuarzo ya no existe,” continuó Perla, dejando que sus palabras flotaran en el silencio del lugar.

“¿Eh?” Bismuto abrió los ojos con incredulidad, como si no pudiera procesar lo que acababa de escuchar.

Sus puños se apretaron ligeramente, y la punta de su cabello se erizó apenas perceptiblemente.

“Escucha, no es fácil de decir, pero es la verdad,” explicó Perla, dando un paso adelante y bajando un poco la mirada, como si estuviera ordenando sus pensamientos antes de hablar.

“Cuando te encerraron…

muchas cosas cambiaron.

El mundo que conocías ya no es el mismo.

Muchas gemas que tú y yo conocimos, muchas…

se corrompieron.” Bismuto frunció el ceño.

“Corrompieron…

¿cómo?” Su voz tenía un filo de incredulidad y preocupación.

Se cruzó de brazos, observando cada gesto de Perla, absorbiendo cada palabra como si tratara de reconstruir un rompecabezas que no sabía cómo armar.

“Algunas se dejaron llevar por su miedo, por su ambición, por la desesperación de lo que estaban viviendo,” continuó Perla con calma, midiendo cada palabra.

“No quiero que lo tomes como excusa…

solo como explicación.

Esas gemas dejaron de ser las que conocías.

Muchas de ellas…

desaparecieron.

Otras…

simplemente ya no tienen la misma claridad que antes.

Ahora solo quedan unas pocas que todavía mantienen el recuerdo de lo que éramos.” Bismuto permaneció en silencio, su mirada intensa y fija en Perla, intentando discernir la verdad detrás de cada frase.

Sus ojos recorrían la habitación, buscando pistas, como si el entorno también hablara de la historia que no vivió.

“Actualmente,” dijo Perla, respirando hondo, “quedan tú y Garnet de las gemas que conocimos juntas.

Tres más aparte, que no estuvieron involucradas en lo que pasó…

pero su número y su esencia cambió con el tiempo.

Todo lo demás…

se perdió o se corrompió.” Bismuto frunció aún más el ceño, tratando de procesar la información.

Sus puños se relajaron ligeramente, pero la tensión en su postura no desapareció.

La gema estaba evaluando, conectando los puntos entre lo que recordaba y lo que Perla le estaba explicando.

“Y…

Steven,” continuó Perla, el nombre fluyendo con naturalidad, “es hijo de Rose Cuarzo.

No necesito decirte más sobre él, solo que…

está aquí, y forma parte de todo esto que pasó mientras tú estabas encerrada.

Su presencia y su vida son…

un puente entre lo que fue y lo que es ahora.” Bismuto asintió lentamente, aunque no dijo nada.

Su mente trabajaba a toda velocidad, procesando la información, imaginando el mundo que había dejado atrás, y comprendiendo que gran parte de lo que conocía ya no estaba.

Sus ojos recorrían a Perla, buscando cualquier señal de mentira o vacilación, pero solo encontró sinceridad.

“Quiero que entiendas,” continuó Perla, su voz un poco más suave, “que lo que pasó no fue culpa de nadie en particular.

Nadie pudo evitarlo.

Solo quiero que sepas…

que el mundo cambió, que muchas gemas se perdieron, y que tú eres de las pocas que todavía puede…

elegir cómo seguir.

Tienes una oportunidad que antes no tuviste.” Bismuto se quedó en silencio, tragando con fuerza.

Su mirada bajó hacia sus manos, observando cada detalle de su cuerpo y su forma, como si ahora la historia le diera un peso tangible.

Analizó cada palabra, cada pausa, cada gesto de Perla.

Todo lo que escuchaba empezaba a asentarse lentamente en su mente: Rose ya no estaba, muchas gemas se corrompieron, Garnet y ella son casi las últimas, y Steven…

era un humano conectado a todo esto de alguna manera.

“Entonces…

todo lo que recuerdo, todo lo que dejé atrás…

ya no existe como lo conocía,” murmuró finalmente Bismuto, apenas audible, pero cargado de reflexión y un toque de tristeza.

“Así es,” confirmó Perla, acercándose un poco más y colocando su mano sobre la de Bismuto con un gesto de apoyo.

“Pero tú estás aquí.

Y mientras estés, todavía queda algo que podemos proteger y hacer bien.

Nadie puede arrebatar eso de ti.” Bismuto levantó la vista, y por primera vez en la conversación, una expresión de calma se mezcló con su habitual desconfianza.

Analizó a Perla, luego a Steven, quien la observaba en silencio, y finalmente el lugar que los rodeaba.

Su mente seguía procesando, pero ahora con un hilo de dirección: entender qué pasó, aprender de ello y decidir cómo actuar.

El silencio volvió a instalarse por unos segundos, pero esta vez no era incómodo.

Era un silencio de contemplación y análisis.

Bismuto no necesitaba hablar, solo mirar y comprender.

Perla, satisfecha con su explicación, se mantuvo a su lado, observando cómo la gema absorbía cada detalle, cada palabra y cada matiz de la historia que se había perdido en el tiempo.

Finalmente, Bismuto rompió el silencio, aunque solo con un susurro: “No entiendo todo…

pero lo entiendo suficiente.” Perla sonrió con suavidad.

“Eso es todo lo que necesitas por ahora.

El resto…

lo irás descubriendo.” Steven solo observó desde la esquina, en silencio, mientras la tensión entre Bismuto y Perla comenzaba a disiparse poco a poco.

Sus ojos recorrían cada gesto de Bismuto, cada reacción que tenía al escuchar las palabras de Perla, intentando comprender cómo la herrera de armas procesaba toda la información que llevaba siglos sin saber.

Era extraño verlo desde fuera, sin intervenir, pero algo en él le decía que no debía hacerlo; que esta era una conversación que Bismuto necesitaba tener para reconstruir, aunque fuera un fragmento, la imagen de lo que había ocurrido mientras estuvo encerrada.

Bismuto, por su parte, no decía nada, pero sus ojos analizaban todo.

Observaba el lenguaje corporal de Perla, escuchaba cada matiz de su voz, cada pausa.

Cada explicación sobre las gemas corrompidas, sobre las pérdidas que habían sufrido, sobre cómo solo quedaban ella y Garnet de las gemas que conocieron, y sobre Steven, el hijo de Rose Cuarzo, era absorbida por su mente con un silencio absoluto.

No preguntaba, no interrumpía; solo procesaba, como si intentara reconstruir los años que perdió en un instante.

Steven sentía un peso en el pecho, una mezcla de alivio y nerviosismo.

Sabía que la situación era delicada.

Si Bismuto llegaba a perder la cordura, no quería ni podía arriesgarse a encerrarla de nuevo.

La había visto crecer, había sentido su fuerza y su determinación, y sabía que ahora más que nunca necesitaba libertad para decidir sus pasos.

Permaneció allí, quieto, dejando que Perla hablara, dejando que Bismuto analizara, comprendiera y, quizá, perdonara, sin intervención alguna.

Fin capitulo 67.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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