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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 69

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69: Capitulo 69: El precio de la calma.

69: Capitulo 69: El precio de la calma.

Nota del autor: ¡Joder, qué rápidos son!

Incluso publiqué hace poco el nuevo capítulo de Silica, por si les interesa, en español e inglés en Webnovel y en wattpad solo en español.

Gracias por las casi 100 Piedras de poder, somos top 2 en semanal, joder claro que si, mientras estoy terminando de editar este capítulo; realmente me sorprendieron.

Para ver si siguen con esa motivación, pediré 150 piedras en total, para subir un nuevo capitulo, si llegamos a ese subire 2 capitulos seguidos y tambien intentare que sean largos, joder, claro que sí!

Espero que llegue la verdad, xd.

Gracias por el apoyo y los comentarios, son muy buenos y me ayudan bastante.

Siempre intento responderlos.

Dejen sus dudas en la caja de comentarios.

Si necesitan referencias sobre algo, pídanlas; me gusta contestarles, aunque algunas veces ustedes se pongan a hablar sobre furrys en los comentarios…

no sé qué pedo ahí, pero bueno.

¡Continuemos!

Steven estaría en uno de esos días extraños y valiosos en los que todo se sentía más ligero.

No había misiones, no había entrenamientos, no había gemas observándolo ni futuros pesando sobre sus hombros.

“Joder que calma”, dije.

“Lenguaje”, dijo mi padre.

Caminaba junto a su padre, hablaba con la gente que pasaba por las calles de Ciudad Playa, sonreía, saludaba, escuchaba historias pequeñas que no tenían nada que ver con guerras, imperios o destinos inevitables.

Por unas horas, su mundo era solo eso.

Mientras avanzaba, observaba todo con una fascinación tranquila.

Las casas, los colores, la gente riendo, los sonidos cotidianos.

Pensaba que algún día todo aquello podría convertirse en un pequeño Planeta Madre, un punto marcado en mapas ajenos, una conquista disfrazada de orden.

“Que grandes planes tienes Steven Universidad”, pense con un toco sarcastico ya que sabria que este universo seria mas dificil solo con su llegada.

Pero todavía no.

Aún no.

Y mientras ese día no llegara, este lugar seguía siendo diferente.

Él era diferente aquí.

No había venido a repetir lo mismo que otros mundos ya habían sufrido.

Si hubiese sido igual, entonces su llegada no habría tenido sentido.

Caminó hasta la playa y dejó que sus pies descalzos tocaran la arena.

La textura cálida y suave se colaba entre los dedos, recordándole que estaba ahí, presente, vivo.

Las olas rompían con calma, y la brisa marina le acariciaba la piel como una promesa silenciosa de descanso.

Steven sonrió sin darse cuenta.

Se quitó la ropa con naturalidad, quedándose solo con los shorts, dejando su cuerpo culturista al aire libre para que las chikibeibis lo admiraran, claramenteno habia ninguna pero daba igual, al quitarse la ropa su cuerpo auto por reflejo como si el cuerpo recordara por sí solo cómo disfrutar sin pensar demasiado.

No había prisa.

No había peligro inmediato.

Solo el mar esperándolo.

Se sumergió sin pensarlo más.

El agua salada lo envolvió por completo, pegándose a su piel, llenándolo de una frescura que parecía limpiar algo más que el cansancio físico.

Bajo el agua, todo era más silencioso.

Más simple.

Aquí no tenía que decidir el destino de nadie.

Aquí no era un líder o lo mas cercano a lo que era en el equipo la verdad, ya ni el sabia que era, pero daba igual aqui no necesitaba andar con un arma, ni tampoco una respuesta.

Era solo Steven alias el gordo mamon, flotando como la cagada de la tasa por el mar, respirando, dejando que el día pasara sin exigirle nada a cambio.

Y por primera vez en mucho tiempo, eso era suficiente.

suspiro.

“Que relajación”, dije con calma mientras me dejaba ir por el mar.

Steven estaría relajado, y se relajaba de verdad, no había razón para mentirse.

Se recostó en la playa después de horas dentro del agua.

Gracias a su resistencia podía sumergirse durante largos periodos, así que había visto uno que otro coral, bancos de peces y sombras moviéndose lentamente en el fondo.

Nada peligroso.

Ahora estaba sentado en una silla de playa, con un coco entre las manos intentando farmear aura como garnet, joder esa rubi si sabe como farmear aura, ademas tendria el coco que había sacado de una isla a la que llegaba mediante un portal improvisado.

Mientras llenaba el estómago con comida sencilla, observó cómo el cielo comenzaba a oscurecer.

El sol se despedía las flores lloraban los arboles crecian(o como se diga en trans, digo sans) tiñendo el horizonte de tonos naranjas y violetas.

Nada fuera de lo normal.

Solo el día pasando.

El tiempo siguiendo su curso.

Ese elemento tan extraño de la vida, capaz de ser el peor enemigo o el mejor aliado.

Steven negó con la cabeza.

En los últimos días había pensado y analizado más de la cuenta.

Demasiado.

Aunque, curiosamente, hacía tiempo que no se escuchaba a sí mismo en tercera persona ni sentía esa voz interna constante.

No sabía si eso era algo bueno o algo malo, pero desde la paliza que había recibido, todo eso simplemente había desaparecido.

Miró el coco entre sus manos como si fuera la cosa más simple del mundo.

Solo un coco.

Qué vida tendría si fuera un coco.

Negó con la cabeza y sonrió.

“Jajaja, me esta afectando estar con las gemas”, se rió consigo mismo mientras terminaba de secarse.

Decidió que era hora de volver a casa y darse un baño de verdad.

Se sentía raro, no cansado como después de entrenar, pero sí agotado de otra forma, más silenciosa.

Caminó tranquilamente de regreso, sin poder borrar la sonrisa de su rostro.

Todo iba como debería.

“Estoy de vuelta”, dijo al entrar, observando de inmediato que había varias gemas reunidas.

El ambiente era tenso, más de lo habitual, pero decidió no darle importancia en ese momento.

Pasó de largo, fue directo al baño y dejó que el agua relajara sus músculos.

No era el mismo desgaste de siempre, pero el cuerpo igual lo agradecía.

Salió del baño con calma y entonces se detuvo.

Ahora que lo notaba mejor, estaban todas.

Incluso Peridot y Lápiz.

“¿Qué pasa?

¿viene una gema fuerte para madrearla?”, preguntó con una ceja levantada mientras terminaba de secarse el cabello.

Perla le hizo una seña para que se sentara a su lado.

Steven obedeció sin prisa y se sentó con tranquilidad.

“¿Alguna misión?”, preguntó mientras conectaba su teléfono a cargar.

“Algo así”, respondió Garnet, mirándolo con una seriedad distinta a la habitual.

“¿Ah?”, dijo Steven, observando mejor el ambiente.

“¿Qué pasa?” “El Planeta Madre”, dijo Garnet con voz firme.

“¿Qué?”, respondió Steven, sorprendido.

“¿Viene?” El silencio duró solo un segundo.

“Esto no debería pasar, aunque viendo los cambios, esto era algo que debería haber visto venir.

Pero…

como sabe Garnet, ¿pasará pronto algún futuro cercano?

¿Posible futuro?” Esos eran los pensamientos de Steven en ese momento.

Garnet cruzó los brazos y habló con calma, pero cada palabra tenía peso.

“En mis visiones el futuro comenzó a fragmentarse.

No es una sola posibilidad, son varias superpuestas.

En todas hay naves llegando.

Algunas grandes, otras pequeñas.

Digamos que esto no es nada amable”.

Steven se inclinó un poco hacia adelante, atento.

“En una visión vienen a inspeccionar”, continuó Garnet.

“Buscan confirmar señales de energía.

En otra, vienen a reclamar territorio.

En otra más, vienen por gemas específicas.

Si habian sobrevivientes, armas, información de la era Uno.

No es una invasión directa…

aún”.

“Pero tampoco es una visita amistosa”, agregó Peridot con evidente incomodidad.

“Ese tipo de flotas no se mueve por curiosidad”.

“Ademas siento que puede ser por mi culpa, ya que no he llegado ni he dado informes al planeta madre”, añadio con un poco de arrepentimiento.

Amatista le puso una mano en el hombro mientras la consolaba.

Garnet asintió.

“Lo preocupante es que no todas las naves llegan juntas.

Algunas aparecen antes, otras después.

Eso hace que el futuro sea inestable.

Cada decisión que tomemos puede adelantar o retrasar su llegada, o cambiar completamente sus intenciones”.

Steven guardó silencio.

Su expresión se volvió seria, pero no asustada.

“En todas las visiones”, concluyó Garnet, “este lugar deja de ser ignorado”.

El silencio volvió a llenar la habitación.

Esta vez, más pesado.

Steven respiró hondo y cerró los ojos un segundo.

El día había sido perfecto joder.

Y eso, pensó, casi nunca era buena señal.

Steven llevó una mano a la cabeza casi por reflejo.

“Carajo”, dijo en voz baja mientras respiraba hondo.

“¿Alguna novedad?

¿Qué es lo más probable?” Perla fue la primera en responder, con un tono que dejaba claro que ya habían hablado del tema entre ellas.

“Ya lo habíamos discutido.

Lo más probable es que solo venga Diamante Azul, y que lo haga a un punto específico”.

Steven levantó la vista de golpe.

“¿Eh?”, dijo, claramente confundido.

Garnet lo miró fijamente, sin apartar la vista.

“Necesito que te metas ahí”, dijo con total seriedad.

“¿Que haga qué?”, respondió Steven, ahora todavía más confundido.

“En todos los futuros posibles”, continuó Garnet, con una voz firme y pesada, “este es el mejor escenario.

Pero necesitamos a alguien que pueda resistir el poder de un diamante.

Un humano”.

Steven abrió los ojos de par en par.

“En uno de esos futuros incluso tu padre iba a ese lugar”, añadió Garnet.

“Pero ese camino ya no es claro.

Ahora…

no sabría decirte exactamente qué hacer una vez estés ahí.

Solo que tienes que estar”.

Steven los miró a todos, en silencio, con los ojos bien abiertos.

“Esto parece al capítulo en el que Diamante Azul viene a llorar a Rosa.

Ni cagando dejaré que mi padre llegue ahí, así que me tocará a mí.

Confiaré en el futuro, ya que no sabría cómo arreglarlo.

Además, si ya vienen flotas, y en todas las visiones de Garnet el Planeta Madre aparece, las partes de Peridot para dar el informe no servirían, ya que tarde o temprano se preguntarían por la Gema Verde y la Gema Perfecta.” Así que tomaría una decisión.

“¿Y qué?”, dijo al fin, intentando sonar irónico aunque el pánico ya se le notaba.

“¿Me quedo en el espacio o qué?”, añadió levantando una ceja.

“No te preocupes”, intervino Peridot, entrando con mas calma en la conversación.

“Gracias a esto, Bismuto podría construir una nave yo programo y gracias a unos pedazos de naves viejas mi inteligencia de la nueva era.

Es factible.

Si se pone en serio, en un mes podría tener una nave decente.

Y…

bueno, podríamos rescatarte en otros dos meses”.

El silencio cayó de golpe.

Steven no dijo nada.

Solo observó a cada una de ellas, como si intentara asegurarse de que hablaban en serio.

Sus ojos recorrieron la habitación lentamente.

“Es esto”, dijo Garnet finalmente, con una voz cargada de culpa, “o permitir que la Tierra sea colonizada”.

“Perdoname Steven”, dijo finalmente garnet mientras algunas lagrimas caian.

Steven levantó la mirada hacia el techo, muy despacio.

Y entonces habló, con total sinceridad.

“Me lleva la gran puta…

vieja de tu reputa madre”, dijo sin pensar demasiado.

“Tan bien que iba todo”.

La energía rosa comenzó a rodearlo casi de inmediato.

Su forma cambió, la luz se intensificó y el ambiente se volvió pesado.

“Mierda”, murmuró, respirando hondo mientras se obligaba a calmarse.

Nadie se acercó.

Ya les había advertido que, en esa forma, perder el control era una posibilidad real.

Suspiró profundamente.

Miró a las gemas una por una y habló con voz firme.

“Puedo hacerlo.

Pero al menos voy a llevarme muchos…

pero muchos cargadores en mi gema”.

“¿Eh?”, dijo Perla, claramente confundida.

“Ah, sí”, respondió Steven, todavía en su forma rosa, mirándola directamente.

“Puedo meter cosas en mi gema, como tú.

Solo que me cuesta un poco más”.

Perla parpadeó un par de veces, procesando la información, y finalmente asintió en silencio.

El ambiente seguía tenso, pero una cosa había quedado clara.

Steven ya había tomado una decisión.

“Pues lo haré”, dije al final, rompiendo el silencio.

Pero levanté un dedo, marcando una pausa.

“Con una condición”.

Las gemas me miraron con atención.

“Quiero que me traigan comida”, continué con calma.

“Comida que dure bastante tiempo.

La voy a guardar en mi gema”.

Mientras hablaba, observé el lugar, como si ya estuviera calculando cuánto podía cargar y por cuánto tiempo podría resistir.

Mi mirada se desvió hacia León.

Él me observaba fijamente, inmóvil, con esa expresión tranquila que siempre tenía.

Por un instante recordé lo que era capaz de hacer, la forma en que podía volver de cosas que no deberían tener vuelta atrás.

Pero negué levemente con la cabeza.

No quería depender de eso.

No quería forzar algo así.

Volví a mirar a las gemas.

“Quiero el plan completo”, dije con seriedad.

“Nada de medias verdades.

Quiero saber cuándo, cómo, a dónde voy, qué esperan que haga y qué pasa si algo sale mal”.

El ambiente se volvió aún más pesado.

Garnet cruzó los brazos, Perla enderezó la postura y Peridot ya parecía estar armando esquemas mentales.

Lápiz permanecía en silencio, observándome con una atención que no solía mostrar.

“Si voy a meterme en la boca del lobo”, añadí, “quiero saber exactamente qué tan grande es el lobo”.

Nadie respondió de inmediato.

Pero en sus miradas no había duda, solo preocupación…

y una pizca de alivio.

Steven ya había aceptado.

Fin capítulo 69.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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