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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 74

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Capítulo 74: Capitulo 74: Sombras del Imperio.

Diamante Amarillo observó la pantalla en silencio durante varios minutos. Un suspiro pesado recorrió toda la zona amarilla, en la que solo permanecía una Perla, acostumbrada a la soledad de su diamante y a sus momentos de contemplación.

“¿Algún problema, mi diamante?” preguntó la Perla, con voz suave, como si supiera que cualquier interrupción podría romper algo delicado dentro de su diamante.

“Cántame, Perla,” respondió Diamante Amarillo con calma, pero con un dejo de cansancio que no podía ocultar.

“Entendido, mi diamante,” dijo la Perla, mientras se preparaba para lo que parecía un ritual más que un canto.

“Casi todos sabemos querer… pero pocos sabemos amar. Amar es sufrir y gozar…”

XD, es bait, cantó normal.

Un silencio siguió, pesado y casi tangible. Pero la melodía que en realidad salió de la Perla no tenía letra; todo lo anterior había sido un juego la armonía pura llenó la sala, sin necesidad de palabras. Aquí no había sentimientos explícitos, pero los sentimientos estaban presentes de maneras que no podían tocarse ni nombrarse.

Y, sin embargo, Diamante Amarillo sentía demasiadas cosas.

Ahora, la charla interna de Diamante Amarillo, un monólogo donde solo la Perla escucha, sin intervenir, centrado en la nostalgia por Diamante Azul y Rosa:

“¿Por qué Azul se permite estos respiros?”, pensó Amarillo mientras su mirada recorría las coordenadas de la pantalla. Azul… Azul extraña demasiado a Rosa.

Lo sé, lo siento en cada decisión que toma, en cada pausa que hace, en cada error que comete. Y sin embargo, ella sigue adelante, como siempre lo hace, llevando su dolor en silencio, cargando con su culpa, con su desesperación.

Yo también la extraño. Rosa… siempre Rosa. Aunque nunca admití cuánto, aunque nunca lloré su ausencia, su recuerdo me sigue. Azul lo siente también, y de alguna forma, eso me ayuda a comprender que mi deber no es solo mantener el imperio en orden, sino mantenerla a ella. Porque si Azul se quiebra, todo se quiebra. Si Azul se pierde en su dolor, entonces lo que queda de Rosa, lo que nos queda de ella, se pierde también.

Tal vez este paseo a la Tierra… tal vez esta misión que la aleja de sus responsabilidades por un tiempo… pueda darle algo que nunca le permitimos sentir: libertad. Libertad de pensar, de recordar, de vivir aunque sea un instante sin la sombra del imperio sobre sus hombros.

No puedo dejar de preguntarme… ¿por qué ella recuerda tanto? ¿Por qué Rosa pesa tanto sobre su mente? ¿Es culpa mía? ¿Es culpa de todas nosotras? Nunca entendí del todo cómo amar es cargar con la memoria de otro ser, y sin embargo lo hace.

Azul lo hace. Siempre lo ha hecho. Y yo… yo debo apoyarla. Aunque eso signifique admitir que, durante milenios, he sido tan rígida que olvidé lo que significa sentir.

Su Perla no decía nada, como siempre. Solo escuchaba, permitía que los pensamientos fluyeran y que los silencios hablaran. No hacía preguntas, no opinaba; su presencia era suficiente para sostener los vacíos de mi diamante, para permitir que mis pensamientos se expandieran sin que alguien me juzgara.

¿Estoy haciendo lo suficiente para ella? Me pregunto si este paseo le servirá. Si la ayudará a sostenerse, a no quebrarse por completo en su dolor. Porque sé que Rosa es la causa y el recordatorio de todo, y aún así… Azul sigue adelante.

Debo guiarla. Debo asegurarme de que sus decisiones no la destruyan, de que su luto no se convierta en derrota. Si Azul cae, el imperio cae. Si el imperio cae, entonces Rosa, nuestra Rosa… nunca descansará en paz.

Suspiro.

Y miro nuevamente la pantalla, ajustando naves, verificando rutas, preparando recursos. Todo el tiempo pensando en ella, pensando en Azul, en Rosa, en lo que significa mantener lo que queda intacto. Tal vez este paseo a la Tierra no solo sea útil estratégicamente… tal vez también sea un pequeño regalo, un respiro, una manera de permitir que Azul siga adelante sin que yo intervenga demasiado.

Porque a veces, incluso un diamante debe recordar que no todo puede ser controlado, no todo puede ser ordenado. Algunos momentos deben ser sentidos, aunque sea solo en silencio.

Y mientras la armonía de Perla continuaba llenando la sala, Diamante Amarillo permitió por primera vez en siglos que un pensamiento menos rígido cruzara su mente:

Quizá… quizá entender a Azul no sea una debilidad. Quizá aceptar su dolor y darle un espacio para existir sin juzgarla sea mi verdadero deber. Porque si Azul se sostiene, entonces podemos sostenernos todas.

Y aunque nadie más lo supiera, ni siquiera una voz humana pudiera testificarlo, su Perla escuchaba, sabia que lo haci, ella incluso aunque no hablase ella sabia solo con sus gestos lo que pensaba, y eso era suficiente.

“Si mi diamante,” respondió Perla con su habitual calma, inclinando ligeramente la cabeza.

Diamante Amarillo suspiró y bajó la mirada.

“Soy… soy mala?” murmuró, como si ponerlo en palabras le doliera más que cualquier batalla o decisión estratégica.

Perla permaneció en silencio, su mirada firme y serena.

“¿Otra vez, mi diamante?” preguntó finalmente, levantando una ceja, con esa mezcla de paciencia y curiosidad que siempre mostraba hacia ella.

“Eres la única en la que me puedo confesar,” dijo Amarillo, con voz baja pero cargada de sinceridad.

Perla esbozó una sonrisa altanera, como si supiera que aquel momento le pertenecía solo a su diamante.

“No es mala, mi diamante. Usted sigue al pie de la letra todo lo del imperio, y si lo fuera… bueno, el imperio sería el verdadero malo,” dijo con firmeza, recordándole que el deber y la moral no siempre caminaban en la misma línea.

Diamante Amarillo se agarró la cara con frustración.

“El imperio es malo… y aun así… sigo siendo parte de él,” murmuró, con los hombros tensos y la voz cargada de conflicto.

Miró nuevamente a su Perla.

“Entonces… ¿qué hago? Además de ir al zoológico luego… ¿qué más debería hacer?”

Perla llevó una mano al mentón, pensativa, sus ojos recorriendo la sala como buscando las respuestas en el silencio mismo.

“Por el momento, seguir como siempre las órdenes de mi diamante Blanco. Aunque ella no nos ha dado indicios de aceptación ni de aprobación, lo único que hizo fue resaltar que Azul ha estado un poco inactiva con su Perla blanca. Eso no significa que podamos actuar fuera de línea… pero sí podemos organizar lo que necesitamos antes del viaje.”

“Organizar…” murmuró Amarillo, mientras su mente volvía a la lista interminable de necesidades estratégicas.

“Sí, mi diamante” dijo Perla, acercándose un poco más, bajando la voz como si compartiera un secreto con su diamante.

“Llevaremos algunas Ágatas a las nuevas colonias para que sirvan de base de extracción, y unas Lapiz Lazuli para terraformar ciertos planetas. Necesitamos que estos planetas sean habitables antes de enviar las Peridots. Además, algunas Peridots adicionales son necesarias para mejorar nuestra nave de exploración rápida; así podremos responder a cualquier eventualidad sin depender únicamente de Azul o Blanco.”

Diamante Amarillo asintió lentamente, procesando la información.

“Bien. Las Ágatas irán primero, luego las Lapiz… y finalmente las Peridots. De acuerdo.” Su voz sonaba más firme, aunque aún cargada de un dejo de duda interna.

“Mi diamante,” dijo Perla, con un susurro que apenas rozaba el oído de Amarillo.

“también debemos considerar que mi diamante Azul aún está en conflicto. No podemos sobrecargarla con nuestra estrategia. Si algo falla, ella sufrirá… y nosotras también. Así que los pasos deben ser medidos, precisos, sin apuro.”

Diamante Amarillo respiró hondo y se recostó en su asiento gigante, sus manos sobre los brazos del trono.

“Es difícil, Perla. Azul… Azul extraña tanto a Rosa… y yo también la extraño. Pero debo cumplir con lo que está en mis manos ahora. Si Azul se mantiene firme, entonces podemos mantener el imperio intacto.”

Perla permaneció callada, asintiendo con la cabeza, entendiendo cada matiz de su diamante sin necesidad de palabras. Su presencia era suficiente para sostener la tormenta de pensamientos y responsabilidades que Amarillo llevaba siglos acumulando.

“Entonces,” continuó Amarillo, mirando la pantalla de mando.

“prepara las Ágatas primero, luego las Lapiz Lazuli para los planetas de terraformación, y finalmente las Peridots para la nave. Todo en ese orden, y sin margen de error. Que no falte nada.”

“Sí, mi diamante,” respondió Perla, con voz firme y controlada, mientras ejecutaba cada orden con precisión, moviendo los paneles y coordenadas, asegurando que todo estuviera listo para el viaje.

Amarillo volvió a suspirar, mirando la vastedad del espacio a través de la pantalla. Su pensamiento volvió a Azul y a Rosa, y por un instante, permitió que la nostalgia y el recuerdo le dieran fuerza. No podía cambiar el pasado, pero sí podía controlar lo que quedaba del futuro.

Fin del capitulo 74.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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