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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 75

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Capítulo 75: Capitulo 75: Sin Nombre.

Steven estaba en llamada con Connie mientras le explicaba, de forma bastante resumida, en qué consistía su misión.

“Entonces serás absorbido por alguna gema gigante y te irás por bastante tiempo?” preguntó Connie, intentando sonar tranquila.

“Abduzcan”, dijo, pero rapidamente se dio cuenta de su error asi que se aguzo la garganta.

“Es un gran resumen, pero sí, esa es la base,” respondió Steven, rascándose la mejilla con cierta incomodidad.

Hubo un pequeño silencio.

“¿Estarás bien?” dijo Connie finalmente, ahora un poco preocupada.

“Según Garnet, sí. Si soy yo mismo o algo así. Si intento fingir, tendré que pelear con alguien más antiguo que la Tierra,” explicó Steven, como si hablara de algo cotidiano.

Otro silencio, más pesado esta vez.

“Eso no me convence,” dijo Connie con un tono ligeramente molesto.

“Tú tranquila y yo nervioso,” dijo Steven mientras se pasaba la mano por el cabello hacia atrás, intentando restarle importancia.

Steven miró a un lado y vio a Peridot y Bismuto dando los últimos retoques a la base de la nave.

“Bueno, te dejo,” dijo Steven, desviando la mirada.

“Ya casi terminan.”

“Perfecto,” respondió Connie.

La llamada se quedó en silencio durante unos segundos que parecieron más largos de lo normal.

“Cuídate… te quiero un montón,” dijo finalmente Connie, y colgó antes de que Steven pudiera responder.

Steven se quedó mirando la pantalla apagada, luego negó suavemente con la cabeza, con una sonrisa boba dibujada en el rostro.

Se levantó, caminó hacia el portal y regresó a su base.

Apenas llegó, lo primero que notó fue a Perla rodeada de comida en cantidades exageradas, claramente pensada para durar bastante tiempo.

Yo solo le dije buenos días mientras caminaba hacia donde estaba mi padre. Desde que le di aquel tesoro, por así decirlo, se había comprado un videojuego para tener algo más en común conmigo.

“Stevo,” dijo mi padre, y fue imposible no notar las ojeras bajo sus ojos.

“¿No has dormido?” pregunté con una ceja levantada.

“No mucho,” admitió Greg mientras se frotaba los ojos.

Yo solo sonreí.

“Tranquilo, padre. Esto es fácil. No me pasará nada.”

Greg me quedó viendo durante algunos segundos, como si intentara grabar ese momento.

“Sé que ya eres grande, pero… ¿me culparías por preocuparme?”

“Me enojaría si no lo hicieras,” dije, asintiendo con calma.

Ambos nos dariamos un abrazo de machos pechos peludos.

Miré la consola encendida y la pantalla mostraba el menú de Need for Speed.

“¿Y entonces jugamos?” dije, señalando el control.

“Claro que sí,” respondió Greg con más ánimo.

“Estos huesos todavía tienen el toque.”

Así, ambos pasamos horas de juego tranquilo, carreras y risas suaves, en un momento donde solo éramos nosotros dos y nadie más, como si el universo pudiera esperar un poco más.

Steven estaba observando el cielo oscuro de la noche. La casa estaba en silencio; solo él permanecía despierto. Lápiz estaba ahí, pero prácticamente no contaba, demasiado concentrada peleando con noobmaster12 como para notar cualquier otra cosa.

Steven negó con la cabeza, suspiró suavemente y su cuerpo comenzó a teñirse de rosa. Invocó varios cuadros rosados frente a él, flotando con una estabilidad casi perfecta.

Los observó con atención mientras levitaban. Eran parte de él, una extensión de su escudo, pero ahora no los veía como simple defensa.

Con un movimiento lento, los hizo unirse, formando un cubo de agua rosa. Era extraño, antinatural incluso, pero quería probar algo nuevo.

De la nada, Steven creó un pincho dentro del cubo, atravesándolo sin romper su forma. El agua vibró, pero no colapsó.

Steven solo observó.

No había emoción en su rostro. Ese era el control que había estado entrenando durante tanto tiempo.

Aun así, la duda seguía ahí.

No sabía si esto sería suficiente para enfrentar a un Diamante.

“Si no puedo con un Diamante, tendré que sacar el encanto Universe,” pensé, dejando escapar una sonrisa de encanto universe.

Levanté la mirada hacia el vacío del espacio. Estaba relajado, pero sabía que en cualquier momento una nave podría caer del cielo.

“Si mi suposición es correcta…”

Azul aterrizaría en el palanquín.

“Me imagino que es más que todo por el Cluster,” pensé.

“Pero tal vez pueda conversar… y si no, toca darle plomo como en mexico”

Recordé las palabras de mi madre. Ella siempre decía que Azul era la que más podía entender, la más cercana a sentir algo parecido a culpa o tristeza.

“Aunque para convencerla por completo… tendría que revelarme.”

Steven apretó el puño rosado frente a él, observándolo mientras recapacitaba sobre esa decisión.

Pero antes tendría que decirles a todos sobre su poder. Era extraño, incluso absurdo, que nadie sospechara aún. Ningún Cuarzo debería tener habilidades así, y aun así, todos parecían aceptarlo sin cuestionar demasiado.

Negué con la cabeza y dejé escapar una sonrisa.

“Guion de caricatura, supongo,” pensé mientras seguía observando el vacío, esperando, tranquilo… pero listo para lo que viniera.

Steven entró a su casa y caminó directamente hacia el templo. Sus pasos eran lentos, casi pensativos.

Observó la puerta del templo, donde ahora había cinco gemas incrustadas. Recordó vagamente a Bismuto diciendo que agregaría a Peridot y a Lápiz en algún momento, algo que claramente no era prioridad ahora.

Su gema brilló suavemente y la puerta de su habitación se abrió. Sin pensarlo más, entró.

Dentro, observó el lugar con la misma fascinación de siempre, como si cada vez fuera la primera. Las paredes curvas, la luz suave, la sensación de estar en algo vivo. Entonces, el holograma de su madre apareció frente a él, tomando forma poco a poco.

Rose se colocó a su lado, mirándolo con esa calma eterna.

“Has estado pensando mucho,” dijo el holograma con suavidad.

Steven suspiró y miró hacia las nubes rosadas que se movían lentamente frente a la habitación.

“Sí… y no para de darme vueltas en la cabeza.”

Rose inclinó ligeramente la cabeza.

“¿Estás seguro de querer contarles a todos la verdad?”

Steven negó despacio con la cabeza, sin dejar de mirar el cielo artificial.

“No todavía,” respondió.

“No así.”

Hubo un breve silencio.

“Si lo hago de golpe… podría romper muchas cosas,” continuó Steven.

“No solo por mí, sino por ti. Por lo que fuiste. Por lo que soy.”

Rose lo observó con una expresión serena, pero cargada de comprensión.

“Guardar un secreto así también pesa hijo mio,” dijo ella.

“Especialmente cuando sabes que cambiará todo, tal vez por eso la verdadera yo simplemente nunca dijo nada”

Steven cerró los ojos por un momento.

“Por eso quiero estar seguro,” dijo finalmente.

“Y solo hay una gema más que puede ayudarme a decidir.”

Rose sonrió con suavidad, como si ya supiera la respuesta.

“Perla.”

Steven abrió los ojos y asintió.

“Ella estuvo ahí desde el principio,” dijo.

“Si hay alguien que pueda decirme si es el momento… es ella.”

El holograma dio un paso atrás, volviéndose ligeramente más difuso.

“Entonces hazlo,” dijo Rose.

“Habla con ella. Confía en el instinto universe, creeme tu padre confio mucho en el.”

Steven respiró hondo y dio un último vistazo a las nubes rosadas.

“Gracias, mamá.”

El holograma desapareció lentamente.

Sin dudar más, Steven caminó hacia la entrada del tubo con forma de corazón y se dejó caer, descendiendo por el interior del templo, rumbo a la habitación de Perla, con el peso del secreto aún en su pecho, pero con la decisión cada vez más clara.

Mientras descendía por el interior del templo, Steven pasó frente a la habitación de Amatista.

La vio completamente dormida, enredada entre almohadas y restos de snacks. No dijo nada y continuó bajando en silencio.

La oscuridad lo envolvió por unos segundos, hasta que el espacio se abrió de golpe y apareció un lugar lleno de agua.

La luz era suave, azulada, y todo flotaba con una calma casi irreal. Perla estaba ahí, ordenando cuidadosamente varios objetos, moviéndolos con precisión absoluta.

Steven descendió con tranquilidad y comenzó a flotar hacia ella.

Perla notó el cambio en el ambiente y volteó, un poco confundida, hasta que sus ojos se encontraron con Steven.

“Oh, hola Steven,” dijo Perla con una sonrisa tranquila.

Steven le devolvió la sonrisa, pero su expresión era más pensativa de lo habitual.

“Hola, Perla,” respondió.

“Estabas… ordenando.”

“Siempre hay algo que ordenar, cosas que tengo aqui por alla, cosas que amatista deja tirada por ahi, y ahora simplemente es lapiz y garnet no se de donde sacan esas cosas” dijo ella un con lineas negras.

“Especialmente aquí.”, dijo mientras señalaba lo que parecia un motor de avion.

…

…

…

Steven simplemente la ingoro y miró a su alrededor. El agua reflejaba luces, recuerdos y fragmentos del templo. Todo parecía suspendido en un equilibrio perfecto.

“Es bonito,” dijo Steven.

Perla asintió.

“Este lugar guarda muchas cosas. Algunas visibles… otras no tanto.”, lo dijo mientras trataba de quitar una fokin mancha que estaba en el suelo

Steven flotó un poco más cerca, observando cómo un objeto giraba lentamente entre ellos.

“Perla,” dijo finalmente, con un tono más bajo.

Perla al darse cuenta del tono se arreglo las arrugas invisibles de su ropa.

steven solo tuvo gotas de sudor por eso pero se recupero y preguntó.

“¿Alguna vez has sentido que el silencio pesa más que decir la verdad?”

Perla se quedó quieta por un momento. Dejó el objeto flotando y lo miró directamente.

“Sí,” respondió sin dudar.

“Muchas veces.”

Steven la miro.

“He estado pensando en todo,” continuó.

“En lo que viene. En Azul. En los Diamantes. En… mí.”

Perla no apartó la mirada.

“Y también en mamá,” añadió Steven.

El ambiente pareció volverse un poco más denso.

“Steven,” dijo Perla con cuidado.

“siempre que hablas de Rose… es porque algo importante te preocupa.”

Steven observó el reflejo rosado de su propia forma en el agua.

“¿Está bien contarles el secreto?” preguntó finalmente.

“¿Está bien decirles que Rose Cuarzo no era quien decía ser?”

Perla cerró los ojos por un segundo.

“Eso depende de qué estés dispuesto a afrontar,” mi niño respondió.

“Y de lo que ellos estén preparados para escuchar”

Steven frunció el ceño.

“¿Y si no lo están?” preguntó.

“¿Y si decirles que Rose era Diamante Rosa… que yo soy Diamante Rosa… lo rompe todo?”

Perla abrió los ojos lentamente.

“Steven,” dijo con suavidad.

“la verdad siempre rompe algo. La pregunta es qué se construye después.”

Steven soltó una pequeña risa nerviosa.

“Suena como algo que diría Garnet, ademas no me mires con esa cara de saberlo todo hija de tu mais”

“Y como algo que Rose pensaría” añadió Perla, ignorando el ultimo comentario.

Steven se quedó en silencio.

“Yo no quiero ser un Diamante” dijo steven.

“No quiero que me miren así. No quiero órdenes, ni tronos, ni miedo, ni tampoco tener a gemas robots de alguna manera y que me miren con admiracion y lo que sea que tenia jasper con diamante rosa”

“Lo sé,” respondió Perla.

“Nunca debio ser tu responsabilidad querido.”

“Pero lo soy,” dijo Steven, levantando la mano y observando el brillo rosado de su piel.

“Y esconderlo no va a cambiar eso.”

Perla se acercó un poco más.

“Rose ocultó su identidad porque pensó que era la única forma de crear algo nuevo,” dijo.

“Algo libre., fuera de los cristales o burbuja del imperio

Steven apretó los labios.

“¿Y funcionó?”

Perla dudó.

“En parte,” respondió.

“Pero también dejó heridas, muchas, lo dijo mientras se abrazaba a si misma”

Steven cerró los ojos.

“No quiero repetir eso.”

Perla lo observó con una mezcla de orgullo y tristeza.

“Esa es la diferencia entre tú y ella,” dijo.

“Tú dudas. Tú preguntas, no como ella que primero miraba y luego a los 100 años preguntaba”

Steven abrió los ojos.

“¿Y tú?” preguntó.

“¿Crees que debería decirlo?”

Perla respiró hondo, algo poco común en ella.

“Creo que esconderlo te está desgastando,” dijo. }

“Y creo que las Gemas… ya sienten que algo no encaja.”

Steven bajó la mirada.

“Ningún Cuarzo debería poder hacer lo que hago,” murmuró.

“Y aun así nadie dice nada.”

“Porque confían en ti,” dijo Perla.

“Aunque no entiendan todo.”

Steven miró a Perla.

“¿Y tú confías en mí?”

Perla sonrió, suave, firme.

“Siempre mi niño, te vi crecer, incluso te cambie los pañales”

Steven sintió un nudo en el pecho, uno por lo emotivo y otro porque recordaba eso.

“Me da miedo,” admitió.

“Que me odien. Que me vean como ella. Como un Diamante más.”

Steven tenia ese pensamiento, realmente quiere a las gemas, hace tiempo las dejo de ver como caricaturas, ahora solo las ve como su familia.

Perla negó lentamente con la cabeza.

“No te verán como Rose,” dijo.

“Ni como Diamante Rosa.”

“¿Entonces como qué?”

“Como Steven,” respondió sin dudar.

Steven dejó escapar una risa baja.

“Ojalá fuera tan simple.”

“No lo es,” dijo Perla.

Steven miró el panorama una vez más. El agua, la luz, el templo. Todo lo que Rose había dejado atrás.

“Si se los digo,” dijo,

“ya no habrá vuelta atrás.”

“No,” confirmó Perla.

“Pero tampoco la hay si sigues callando.”

Steven cerró los ojos y asintió lentamente.

“Entonces… primero hablaré con ellas,” dijo.

“Con calma. Sin miedo al exito”

Perla se acercó un poco más y colocó una mano cerca de la suya, sin tocarla.

“Sea cual sea tu decisión,” dijo,

“no estarás solo.”

Steven la miró y sonrió, una sonrisa cansada pero sincera.

“Gracias, Perla.”

Ella le devolvió la sonrisa.

Y en ese espacio lleno de agua y recuerdos, el peso del secreto seguía ahí… pero por primera vez, Steven sintió que podía sostenerlo.

La luz comenzó a envolverlos a ambos sin que ninguno lo forzara.

Fue natural, casi inevitable. El brillo rosado de Steven y el blanco perlado de Perla se entrelazaron, expandiéndose por el espacio acuoso hasta que sus formas dejaron de ser dos.

Cuarzo Arcoíris tomó forma en silencio.

No había euforia, ni impulso emocional. Solo calma. Una calma profunda, construida sobre cálculos, recuerdos y probabilidades. La mente compartida se activó de inmediato, ordenando pensamientos como si siempre hubieran estado destinados a encajar.

“Es claro que debemos decirlo.”

La idea no vino acompañada de duda. No esta vez.

El secreto ya no era una carga silenciosa; era una variable inestable. Y las variables inestables, tarde o temprano, rompen sistemas.

“Es demasiado obvio.”

Las habilidades de Steven. El control. La energía. Ningún Cuarzo debería ser capaz de aquello. Ninguna fusión debería sostenerse así. Ninguna gema híbrida debería resonar de ese modo con estructuras antiguas.

“Si no lo decimos nosotros, alguien más lo hará por nosotros.”

La Imaginacion se desplegó con precisión.

Garnet.

“Alta probabilidad de separación.”

No por rechazo. No por enojo inmediato. Sino por conflicto interno. La verdad rompería el equilibrio temporal que mantenía unidas a Ruby y Zafiro. Una grieta breve, pero inevitable.

“Necesitarán tiempo para poder fusionarse de nuevo, pero es algo esperado”

No sería el fin. Solo una pausa. Garnet siempre regresaba… cuando entendía.

Amatista.

“Confusión.”

No rabia, tal vez le chupe un huevo. La sensación de haber compartido risas, peleas y crecimiento con alguien que siempre fue más de lo que decía ser.

“Preguntará si algo fue falso. incluso podria preguntar si de alguna manera soy, bueno ahora mismo somos rose”

Y ahí estaría el verdadero riesgo. No el secreto, sino la interpretación del pasado.

Lápiz.

“Miedo.”

El recuerdo del Imperio aún estaba demasiado fresco en ella. Los Diamantes no eran una idea abstracta, eran trauma. Era control. Era encierro.

“Pero apoyará a Steven.”

No de inmediato. Pero lo haría. Porque Lápiz entendía lo que era ser definida por un rol que no elegiste.

Bismuto.

La imagen fue más tensa.

“Alta probabilidad de agresión.”

No hacia Steven. Hacia el símbolo. Hacia lo que Diamante Rosa representaba.

“Murmullos. Puños apretados. Metal vibrando.”

Bismuto no atacaba por odio ciego, bueno si pero cuando de diamantes se trataba. Atacaba cuando sentía que la traición era estructural. Y esta lo era.

Pero incluso ahí…

“No irreversible.”

Habrá choque. Habrá ruido. Pero también verdad. Y Bismuto respetaba la verdad, aunque doliera.

Cuarzo Arcoíris flotó en el centro del espacio, observando cómo las luces se reflejaban en el agua.

“El silencio ya no es una opción estratégica.”, lo dijo mientras sus piernas grandes de una dama se ponian entre si.

Callar protegía a corto plazo. Decirlo fortalecía a largo plazo. Era una decisión simple cuando se eliminaban las emociones inmediatas.

“El error de Rose fue ocultar para siempre.”

No por maldad. Por miedo a perder lo que había construido. Pero el costo fue alto. Demasiado alto.

“Steven no repetirá ese patrón.”

La fusión lo entendía con claridad. Steven no era Rose. No era Diamante Rosa. Era alguien que podía cargar con la verdad sin convertirse en ella.

“El momento no será perfecto.”

Nunca lo era.

“Pero es el momento correcto.”

Cada escenario alternativo terminaba igual. Sospechas. Tensiones. Miradas largas. Preguntas sin voz. El grupo ya sentía que algo no encajaba.

“Decirlo ahora reduce daños futuros, mas que todo en la batalla”

Cuarzo Arcoíris cerró los ojos.

“El liderazgo, que palabra tan dificil de definir.”

A veces era romper ilusiones antes de que explotaran solas.

“Steven aceptará las consecuencias de alguien que no existe”

Porque ya lo hacía. Cada día. Cada batalla. Cada decisión que nadie más veía.

“Y Perla…”

Perla aportaba memoria. Historia. Context de las partes que a steven le faltaba, steven estaba aprovechando muy bien esta fusion. Sin ella, el relato sería incompleto. Con ella, la verdad tendría estructura.

“No será una confesión emocional.”

Será clara. Directa. Sin adornos.

“Rose Cuarzo fue Diamante Rosa.”

“Steven es su heredero.”

No como título. Como hecho.

La fusión abrió los ojos lentamente.

“Y aun así… Steven seguirá siendo Steven.”

Eso era lo único verdaderamente constante, el universe.

Cuarzo Arcoíris comenzó a desvanecerse, la luz separándose con suavidad, sin resistencia. Dos presencias regresaron a ser una y otra, pero la decisión ya estaba tomada.

No había marcha atrás.

Fin capitulo 75.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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