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Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 76

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Capítulo 76: Capitulo 76: Cambia de opinión.

Nota del autor: ¡Hola!, este capitulo es más que todo para el lore y una batalla muy buena en mi opinion, ademas de unos buffeos a ciertos personajes, se los merecen los condenados, sin nada más que decir.

Continuemos.

Steven estaría observando desde un lado con algunos nervios. En la sala estaban Garnet, Amatista y Perla, las gemas principales para él.

“¿Qué pasa, Steven?”, dijo Amatista con una ceja levantada.

Steven estaba sentado en una silla tranquilamente, obviamente por fuera; por dentro estaba muerto del miedo.

“Este… bueno… tengo algo que contarles”, dijo finalmente.

Garnet se tensó al ver muchos futuros a la vez y comenzó a temblar. Miró fijamente a Steven, pero no dijo nada.

“En sí no es un secreto mío, pero digamos que lo heredé”, dijo ahora con una voz ronca.

Garnet dejó ir un poco la tensión y observó a Steven con una ceja levantada. Amatista estaba más confundida que nunca.

Steven miró fijamente a las tres.

Su cuerpo comenzó a volverse rosa.

“¿Eso?”, dijo Amatista confundida.

“Eso no es nada—”

Amatista se quedó en silencio al ver los ojos de Steven.

Dos diamantes reflejados en ellos.

“Esto es horrible, pero por fin me entendí”, dijo mientras su forma rosa alcanzaba su máximo esplendor.

“No puede ser…”, dijo Garnet, abriendo sus tres ojos.

“Mi madre era Diamante Rosa.”

La sala quedó en un silencio absoluto.

El visor de Garnet comenzó a parpadear sin control. Su respiración se volvió irregular, como si el futuro mismo se estuviera quebrando frente a ella.

“No… esto no…” murmuró.

Su cuerpo tembló con más fuerza. Demasiados futuros chocando entre sí, demasiadas posibilidades anulándose al mismo tiempo.

La luz que mantenía unida a Garnet estalló de forma abrupta.

Rubí y Zafiro cayeron al suelo, separadas.

Rubí se levantó casi de inmediato, respirando agitadamente, mirando a todos lados.

“¿Qué acaba de pasar?”, dijo confundida.

“¿Por qué…?”

Zafiro se incorporó lentamente. Su rostro estaba pálido, su ojos abiertos de par en par, viendo futuros que ya no tenían forma ni sentido.

“No encaja”, dijo en voz baja.

“Nada de esto encaja.”

“Zafiro”, dijo Rubí acercándose.

“Mírame. Podemos arreglarlo, ¿sí?”

Zafiro miró a Steven solo por un segundo. En su expresión no había enojo, solo miedo puro.

“Esto rompe el equilibrio”, dijo.

“No puedo quedarme.”

Dio varios pasos hacia atrás.

“Espera”, dijo Rubí, alzando la voz.

“No te vayas así.”

Pero Zafiro ya se estaba moviendo hacia el portal del templo. Caminó rápido, casi huyendo, sin volver la vista atrás.

El portal se activó con un brillo azul intenso y, en un instante, Zafiro desapareció.

Rubí se quedó frente al portal apagado, los puños apretados, temblando.

“Genial”, dijo con la voz rota.

“Simplemente genial.”

Perla permanecía inmóvil, solo con la mirada baja como gato castigado.

Amatista no dijo nada. Solo miraba a Steven, sin saber si debía acercarse… o alejarse.

Y Steven entendió que, al decir la verdad, había cambiado algo que jamás podría volver a unirse tan fácilmente.

“Me lo esperaba”, dije.

Rubí me miró con una ceja levantada.

“¿Esto? Entonces, ¿por qué lo dijiste?”

Yo solo la miré con una ceja levantada.

“Ahora que lo sabes, ¿qué piensas?”

Rubí se quedó observándome por algunos segundos. Luego desvió la mirada hacia el portal.

“Antes…”, dijo Rubí mientras lo observaba, “antes me hubiese ido. Ahora… bueno, sé lo que eres y lo que no eres. No eres Diamante Rosa.”

Guardó silencio un instante.

“Aunque Zafiro… bueno, ahora creo que el futuro donde Diamante Azul te agarra más cariño de lo normal es posible. Ahora sabemos el porqué.”

“¿Me agarra cariño?”, dije con una ceja levantada.

“Ni me preguntes”, dijo Rubí encogiéndose de hombros.

“Yo solo soy la voz de la razón… bueno, más o menos.”

Su tono se volvió más preocupado mientras miraba el portal apagado.

“Pero alguien rompió el ambiente.”

“¿Qué es un Diamante Rosa?”, dijo Amatista, más confundida que nunca.

…

…

Perla dio un paso al frente, aunque se notaba que tenia una gota de sudor.

Perla respiró hondo, como si hubiera esperado este momento durante miles de años.

“Un Diamante no es solo una gema poderosa”, dijo aunque temblaba levemente.

“Es una autoridad absoluta. Son la base del Imperio, las que deciden el destino de mundos enteros.”

Amatista parpadeó varias veces.

“¿O sea… jefes?”, dijo.

“Más que eso”, respondió Perla.

“Son creadoras, estrategas, símbolos. Cada Diamante representa un concepto. Diamante Azul, el duelo y la empatía. Diamante Amarillo, el orden y la fuerza. Diamante Blanco… la perfección impuesta.”

Hizo una pausa.

“Diamante Rosa era distinta.”

Steven levantó un poco la mirada.

“Rosa representaba el cambio”, continuó Perla.

“La curiosidad. La capacidad de cuestionar un sistema que parecía inamovible. Por eso era peligrosa para el Imperio.”

“¿Peligrosa por ser buena?”, preguntó Amatista.

“Por ser libre”, corrigió Perla.

“Por querer escuchar a las gemas comunes. Por verlas como personas, no como herramientas.”

Rubí apretó los dientes.

“Entonces todo el caos… la guerra…”

“Fue una consecuencia”, dijo Perla.

“Diamante Rosa fingió su propia destrucción para escapar de un rol que la estaba ahogando. Rose Cuarzo fue su manera de existir sin cadenas.”

Perla miró a Steven.

“Y tú no heredaste su autoridad imperial”, dijo con firmeza.

“Heredaste su decisión de cambiar, eso se noto desde que naciste”, lo dijo con una sonrisa un poco triste

Amatista se rascó la cabeza.

“Entonces eres como… ¿una versión mejorada?”

Steven soltó una pequeña risa nerviosa.

“Eso suena raro amatista, pero digamos que si, soy una version optimizada mitad carne mitad luz aunque la luz solo es la gema”, lo dije mientras invocaba mi escudo y lo desinvocaba.

“Lo que eres”, dijo Perla suavizando la voz.

“Es la prueba de que un Diamante puede dejar de ser un símbolo de control… y convertirse en alguien real.”

El silencio volvió a la sala, pero esta vez no era pesado.

Y aunque Zafiro no estaba allí para verlo, algo había quedado claro para todos: el secreto ya no era solo una verdad peligrosa.

Cambio de Perspectiva.

Un sonido se escuchó desde el portal mientras Steven observaba la fuente junto a Perla, quien miraba en silencio las Lágrimas de Rose.

“¿Estás seguro de que es aquí?”, dijo Perla con confusión.

“Totalmente”, dije con firmeza.

Ambos caminamos por los senderos que rodeaban las Lágrimas de Rose.

El ambiente era pesado, cargado de recuerdos que no me pertenecían del todo. Mientras avanzábamos, notamos a una gema azul arrodillada frente a la fuente. Una gran parte del agua estaba congelada.

“Zafiro”, dije con tranquilidad.

La mencionada levantó la vista, su ojos estaban llenos de lágrimas.

“¿Qué quieres?”, dijo con bastante veneno.

…

…

“Solo para decirte… o bueno, alguien que me ayuda en esto te lo dirá”, dije mientras Perla avanzaba y se hacía presente.

“Tú… ¿eras la Perla de Diamante Rosa?”, dijo Zafiro con la voz quebrada.

“Lo fui”, respondió Perla.

“Bueno… dejé de serlo luego de que fingiera su propia muerte.”

Zafiro se quedó en silencio.

Perla respiró hondo antes de continuar. Su mirada se perdió en la fuente.

“Al principio”, comenzó Perla con voz baja.

“Rose luchaba únicamente por el planeta.”

Zafiro no apartó la vista de ella.

“La Tierra era distinta a cualquier otro mundo que habíamos colonizado Crecía, cambiaba, se resistía. Rose vio belleza en eso antes que nadie.”

Perla cerró los ojos por un momento.

“Al inicio, su rebelión no era… compasiva. Era estratégica. Defender el planeta significaba preservar algo único, algo que el Imperio no podía replicar.”

Zafiro apretó ligeramente los puños.

“Entonces… ¿las gemas no importaban?”

“Importaban, pero no eran el centro”, respondió Perla con honestidad.

“Rose aún pensaba como un Diamante. Veía a las gemas como parte del conflicto, no como individuos atrapados en él.”

El agua de la fuente vibró levemente.

“Todo cambió cuando te vio a ti”, continuó Perla.

Zafiro levantó la mirada.

“Cuando vio a Garnet.”, continuo Perla

Zafiro abrió el ojo.

“Dos gemas que, según el Imperio, jamás debieron existir juntas. Una fusión estable, consciente, feliz.”

Perla sonrió.

“Rose no lo entendió al principio. Pensó que era una anomalía. Un error. Pero cuanto más observaba, más se daba cuenta de que aquello era exactamente lo que el Imperio temía.”

Zafiro tragó saliva.

“Libertad”, susurró.

“Identidad”, dijo Perla.

“Amor. Decisión.”

Steven observaba en silencio, sin interrumpir.

“Rose se dio cuenta de que no solo estaba luchando por un planeta”, dijo Perla.

“Estaba luchando por gemas que jamás tuvieron derecho a decidir quiénes eran.”

La voz de Perla tembló.

“Las gemas renegadas. Las defectuosas. Las que no cumplían funciones perfectas. Las que eran descartadas.”

Zafiro cerró los ojos.

“Nosotras”, dijo en voz baja.

“Sí”, afirmó Perla.

“Desde ese momento, Rose cambió. La guerra dejó de ser solo una defensa territorial y se convirtió en una revolución.”

Perla dio un paso más cerca de la fuente.

“Ya no peleaba solo contra el Imperio. Peleaba contra la idea de que una gema nace con un destino inamovible.”

El silencio se volvió pesado.

“Por eso fingió su muerte”, continuó.

“No solo para escapar de su rol como Diamante… sino para demostrar que incluso una autoridad absoluta podía desaparecer.”

Steven claramente se hacia el pendejo ya que esa ‘Autoridad absoluta’ era mas una niña caprichosa pero lo guardo para si mismo, luego lo mataban dos gemas por decir la verdad.

“Odiaban a steven por decir la verdad”, penso steven con lagrimas imaginarias.

Negando con la cabeza miro a Zafiro.

Zafiro abrió los ojos, las lágrimas cayendo sin congelarse esta vez.

“Y dejó todo atrás”, dijo con dolor.

“Nos dejó a nosotras… a Garnet.”

Perla bajó la cabeza.

“Lo sé. Y nunca dejó de cargar con eso.”

Steven dio un paso al frente.

“Pero también dejó algo”, dije con suavidad.

Zafiro me miró.

“Dejó una oportunidad”, continué.

“Para que las gemas no tengan que vivir como piezas de un sistema.”

Zafiro observó la fuente, el hielo comenzando a resquebrajarse lentamente.

“Entonces… Garnet no fue un error”, dijo.

“Nunca lo fue”, respondió Perla con firmeza.

“Fue la prueba que ella necesitba para abrir los ojos”

El hielo se derritió por completo, las Lágrimas de la estatua de Rose fluyendo otra vez.

Y por primera vez desde que llegó allí a ese lugar abandonado por el tiempo, Zafiro no estaba sola frente al pasado, aunque nunca lo estubo siempre estuvo acompañada por una verdad que, aunque dolorosa, ya no estaba congelada en el tiempo.

A perro me la rifo con este texto a la verga

Zafiro volvería mientras Rubí estaba jugando videojuegos con Amatista para aligerar la mente.

Al girar la vista, notaría a su amante al lado de los otros dos y prácticamente se teletransportaría a su lado.

“¡Zafiroooo!”, dijo Rubí llorando.

“¡Rubiiiii!”, dijo Zafiro llorando también.

Las dos pequeñas llorarían entre sí, aferrándose con fuerza. Steven las dejaría solas y tomaría a Perla del brazo, la cual estaba a nada de unirse al llanto.

La sentaría al lado de Amatista, quien solo le levantaría las cejas de forma coqueta.

Perla la miraría con los ojos ladeados, aún con lágrimas, pero con una sonrisa suave que no podía ocultar.

Amatista entonces miraría a Steven.

“Entonces… ¿qué? ¿Puedes crear gemas o ataques nucleares o cómo?”, dijo mirando a Steven con curiosidad genuina.

“No sé”, dije secamente mientras agarraba el control que estaba usando Rubí y empezaba a jugar.

“¿Quieres jugar?”, le dije a Perla sin apartar la vista de la pantalla.

“No sé jugar”, dijo sin emoción aparente.

“¿Te enseño?”

“¿Dos contra uno?”, dijo Perla con una sonrisa ladeada mientras miraba cómo Rubí y Zafiro entraban a la habitación del templo, aún tomadas de la mano.

“Claro”, dije.

Perla tomó a Amatista del brazo, quien se quedó confundida por un segundo, pero al sentir ese tirón tan familiar lo entendió de inmediato. Una luz emergió envolviendo a ambas, elevándose con suavidad.

Ópalo apareció, agarrando el control con absoluta seriedad.

“¿PvP o miedo?”, dije mirándola fijamente.

“Sin miedo”, respondió Ópalo sin dudar.

Y así ambos jugarían, concentrados, compitiendo de verdad, aunque Steven seguía con ese pensamiento persistente en el fondo de su mente, consciente de que aún faltaba decirle la verdad a Lápiz, Peridot y Bismuto.

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2000 Palabras

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Steven respiró hondo. No lo haría todavía. Primero necesitaba que entendieran con palabras.

“Diamante Rosa fingió su muerte”, dije finalmente, con la voz firme pero cargada de algo más pesado que miedo.

Peridot dejó caer una herramienta.

Lápiz perdió por un segundo el control del agua, aunque logró recomponerse.

Bismuto no se movió.

“No fue asesinada”, continué.

“No por Rose… porque Diamante Rosa y Rose Cuarzo eran la misma gema.”

El silencio fue brutal.

“Eso es imposible”, dijo Peridot casi de inmediato.

“Las firmas de las peridots, los registros, los informes de la guerra…”

“Todos fueron alterados”, respondí.

“Por ella.”, aunque no habia mucho sobre esos recuerdos recordaba algo sobre que ella fue a la base lunar para alterar los informes para evitar sospechas.

Bismuto apretó los dientes.

“Explícalo”, dijo. No sonaba enojada. Sonaba peligrosa.

Asentí.

“Diamante Rosa nunca quiso colonizar la Tierra. Desde el inicio vio algo distinto en este planeta, algo que no encajaba con el Imperio. Pero seguía siendo un Diamante. No sabía cómo rebelarse sin destruirlo todo.”

Caminé un poco por el granero, organizando mis pensamientos.

“Así que hizo lo único que conocía: creó una identidad falsa. Rose Cuarzo. Una gema común, una soldado más. Desde ahí empezó la rebelión.”

Lápiz me miraba sin parpadear.

“Al principio no fue una lucha limpia”, continué.

“Rose cometió errores. Muchos. Pensó que bastaba con defender el planeta, no pensó en las gemas que quedaban atrapadas en medio. Pensó como Diamante incluso cuando decía no serlo.”

Bismuto respiró con fuerza.

“¿Y luego?”, preguntó.

“Luego vio cosas que nunca había visto”, dije.

“Gemas que no encajaban. Fusiones imposibles. Gemas defectuosas que aun así sentían, pensaban, soñaban.”

Miré a Lápiz.

“Vio el dolor de las gemas esclavizadas.”

Miré a Peridot.

“Vio cómo el Imperio descartaba a las que no eran útiles.”

Miré a Bismuto.

“Vio el costo real de la guerra.”

Bismuto bajó la mirada.

“Pero el Imperio no iba a detenerse solo porque ella quisiera”, continué.

“Así que Diamante Rosa tomó la decisión más cobarde… y la más valiente al mismo tiempo.”

Peridot frunció el ceño.

“¿Fingir su muerte?”

“Sí”, asentí.

“Su ‘asesinato’ fue el punto de quiebre. El Imperio retrocedió. Azul y Amarillo quedaron devastadas. La Tierra dejó de ser prioridad.”

El agua alrededor de Lápiz empezó a temblar.

“Pero Rose siguió cargando con las consecuencias”, dije.

“Nunca dejó de sentirse culpable. Por las gemas fragmentadas. Por las que se quedaron atrás. Por Bismuto.”

Bismuto levantó la cabeza lentamente.

“¿Ella sabía…?”, preguntó.

“Sí”, respondí sin rodeos.

“Y aun así tuvo miedo de decírtelo.”

El silencio volvió.

“Rose nunca se perdonó”, dije en voz baja.

“Y cuando me tuvo a mí…”

Me llevé la mano al pecho.

“No fue para escapar. Fue para cambiar. Para que existiera alguien que no fuera Diamante, sino alguien que pudiera vivir con esos errores y tratar de hacer algo mejor.”

Peridot me miraba como si su mundo se estuviera reconfigurando.

“Entonces tú…”, murmuró.

“Soy lo que quedó cuando Diamante Rosa dejó de huir”, dije.

“No soy ella. No soy Rose. Pero cargo con todo.”

Lápiz cerró los ojos.

Bismuto respiró hondo.

Nadie habló durante varios segundos.

“Ahora lo saben”, dije finalmente.

“Y no los reuní para pedirles que perdonen de lo que hizo mi madre. Los reuní para saber si… siguen apoyandome en esto, sino lo hacen lo entendere completamente”

El granero quedó en silencio.

Y Steven entendió que, pasara lo que pasara después, ese momento ya no podía deshacerse.

Bismuto me miró fijamente.

“Peleemos”, dijo seriamente.

…

…

…

Yo no dije nada, pero caminé hacia un claro donde no había nada alrededor, solo tierra y cielo abierto.

Lápiz, que ya había decidido algo, voló por los aires mientras arrastraba a Peridot, quien seguía completamente en shock.

Bismuto y yo nos miramos fijamente.

Bismuto invocó cuchillas en sus manos y rápidamente se abalanzó contra mí.

Rápidamente invoqué dos burbujas con púas y me protegí con las mismas.

El impacto fue inmediato. Las cuchillas de Bismuto chocaron contra las burbujas rosas, haciendo que estas vibraran con fuerza, pero sin romperse.

Aun así, el golpe me empujó varios metros hacia atrás, deslizándome por el suelo.

Bismuto no se detuvo.

Las cuchillas se deshicieron y en un instante sus manos se transformaron en martillos compactos. Golpeó el suelo con ambas, levantando una onda de choque que partió la tierra frente a mí.

Salté.

Un panel rosa apareció bajo mis pies y me impulsé hacia arriba, luego otro, y otro más, formando una escalera improvisada en el aire.

Bismuto miró hacia arriba sin dudar.

Sus manos cambiaron otra vez, ahora convertidas en ganchos unidos a cables sólidos que disparó hacia mí. Uno pasó rozando mi pierna.

Giré en el aire y creé una burbuja lisa para impulsarme lateralmente, esquivando el segundo gancho. Caí rodando en el suelo, levantándome de inmediato.

“No estoy aquí para hacerte daño”, dije con la respiración agitada.

“Eso lo decides tú, no yo”, respondió Bismuto sin bajar la guardia.

Sus brazos se transformaron en un enorme cañón compacto. Disparó una ráfaga de proyectiles metálicos que vinieron directos hacia mí.

“Que carajos con esa mierda”, pense totalmente confundido.

Extendí ambas manos y levanté un muro de paneles rosas, uno tras otro. Los proyectiles rebotaron, algunos explotaron contra el campo, otros salieron despedidos hacia el cielo.

Pero Bismuto ya estaba corriendo.

Saltó sobre los paneles, usando el impulso, y en el aire cambió sus manos por una gigantesca maza. La bajó con toda su fuerza.

Crucé los brazos y generé una burbuja reforzada justo a tiempo.

El golpe me aplastó contra el suelo.

La burbuja resistió, pero sentí el impacto en todo el cuerpo. El suelo se hundió bajo mí formando un cráter poco profundo.

Gruñí y empujé con todas mis fuerzas, expandiendo la burbuja en una explosión de energía rosa que lanzó a Bismuto varios metros atrás.

Ambos nos levantamos casi al mismo tiempo.

Bismuto sonreía, pero no era una sonrisa alegre.

“Así que esto es lo que heredaste”, dijo mientras sacudía el polvo de su hombro.

“No solo palabras inutiles como eran las de ella”

“Esto es herencia de la buena”, respondí.

Corrí hacia ella.

Creé paneles rosas frente a mí, saltando de uno a otro, cambiando de dirección constantemente. Bismuto intentaba seguirme, sus brazos convirtiéndose en lanzas, luego en sierras, luego en escudos para bloquear mis embates.

Salté alto y desde el aire formé varias burbujas pequeñas que lancé como proyectiles. No buscaban explotar, solo distraer.

Bismuto las cortó una por una, pero no vio el panel que apareció detrás de ella.

Caí desde arriba y la empujé con un escudo rosa, enviándola rodando por el suelo.

Se levantó de inmediato.

“Buen movimiento”, admitió.

Sus manos se transformaron en cadenas que lanzó hacia mí, rodeándome los brazos y el torso. Tiró con fuerza, estrellándome contra el suelo.

Antes de que pudiera rematar, hice estallar una burbuja desde mi pecho, rompiendo las cadenas y empujándola hacia atrás.

Me puse de pie lentamente.

“No quiero pelear contigo”, dije con la voz firme.

“Pero no voy a dejar que me rompas solo porque estás enojada.”

Bismuto respiraba agitada.

“Estoy enojada porque mentiste”, dijo.

“Porque ella mintió. Porque todo fue una mentira.”

“Fue una huida”, respondí.

“Y yo estoy aquí para no repetirla.”

El silencio duró apenas un segundo.

Bismuto gritó y cargó una vez más.

Esta vez no esquivé.

Levanté ambos brazos y formé un domo rosa alrededor de nosotros dos. El golpe de Bismuto chocó contra la barrera desde dentro, haciendo que la luz vibrara.

Nos miramos fijamente, separados solo por esa capa de energía.

“No soy ella eso lo tienes que tener en tu estupida cabeza cabrona”, dije con claridad.

la empuje.

“Pero tampoco voy a negar lo que hizo, una hija de puta por si me lo preguntas”

Bismuto bajó lentamente las manos.

La luz rosa se desvaneció.

Ambos quedamos de pie, cansados, respirando con dificultad, en medio del campo destruido.

La pelea había terminado.

No porque uno hubiera ganado.

Sino porque ya no hacía falta seguir golpeándose para decir lo que dolía.

“Se nota, y eso me molesta”, dijo Bismuto con furia contenida.

“No puedo desahogarme con nadie.”

Yo me quedé en silencio, con cara de chibi, dejando que el viento pasara entre nosotros.

“¿Otra ronda?”, dije con una sonrisa leve.

“Tengo ganas de desahogarme”, dijo Bismuto.

No respondió con palabras. Sus manos cambiaron de forma casi de inmediato, convirtiéndose en enormes guanteletes con placas gruesas. El suelo crujió bajo sus pies cuando dio el primer paso.

Yo suspiré.

“Va”, dije simplemente.

Bismuto cargó sin contenerse esta vez. No era un ataque directo, era una embestida cargada de frustración. Cada paso que daba dejaba marcas en la tierra.

Creé un panel rosa frente a mí y salté justo cuando lo atravesó de un golpe, haciéndolo estallar en fragmentos de luz. Caí rodando y levanté otro panel para impulsarme hacia un costado.

Bismuto giró sobre sí misma, sus brazos transformándose en enormes discos giratorios que lanzó como si fueran sierras. No buscaban cortarme, buscaban obligarme a moverme.

Corrí.

Panel tras panel apareció bajo mis pies, obligándome a subir, bajar y cambiar de dirección. Una de las sierras rozó mi hombro, haciendo vibrar mi forma, pero seguí adelante.

“¡Deja de huir!”, gritó Bismuto.

“No estoy huyendo”, respondí mientras caía desde un panel alto.

“Es una carrera tactica, mentalidad de tiburon ¿No?'”

Al aterrizar, formé una burbuja reforzada alrededor de mi cuerpo justo cuando ella cayó encima con ambos puños convertidos en martillos. El impacto fue brutal. El campo se hundió varios centímetros.

La burbuja resistió.

Yo también.

Expandí la burbuja de golpe, lanzándola hacia atrás. Bismuto rodó por el suelo y se levantó de inmediato, jadeando, pero sonriendo de forma torcida.

“Eso”, dijo.

“Eso es mejor.”

Sus brazos se transformaron en lanzadores compactos que dispararon una lluvia de proyectiles metálicos suficientes para aplastar.

Levanté un muro de paneles rosas, pero esta vez no me quedé quieto. Corrí a lo largo del muro, saltando entre paneles mientras los proyectiles rebotaban y destrozaban el suelo detrás de mí.

Salté alto y desde el aire generé varias burbujas pequeñas que cayeron alrededor de Bismuto.

No explotaron.

La encerraron.

Bismuto se detuvo por un segundo, mirándolas.

“¿En serio?”, dijo.

Sus brazos se transformaron en picos y rompió las burbujas una por una, avanzando entre los restos rosados como si atravesara niebla.

Cuando salió, yo ya estaba frente a ella.

Chocamos.

Su puño contra mi escudo.

El impacto nos empujó a ambos hacia atrás.

Esta vez no retrocedí del todo. Clavé los pies y empujé. Bismuto hizo lo mismo. El suelo se resquebrajó entre nosotros.

“No es justo”, dijo entre dientes.

“Ella hizo todo mal… y tú estás aquí arreglando las cosas.”

“Alguien tenía que hacerlo”, respondí con cara de chibi y seria.

Bismuto gritó y giró, usando la inercia para lanzarme por los aires. Volé varios metros y caí de espaldas, rodando hasta detenerme.

Antes de que pudiera levantarme, una sombra me cubrió.

Miré arriba.

Bismuto había saltado alto, sus brazos convertidos en una enorme masa compacta, lista para caer.

No esquivé.

Extendí ambas manos y levanté un domo rosa completo alrededor de mí.

El golpe cayó.

El domo resistió, pero la onda de choque se expandió por el campo, levantando polvo y haciendo vibrar todo a nuestro alrededor.

Dentro del domo, yo respiraba con un poco de dificultad, más que todo por que estaba usando mi creatividad para esta pelea, esta pelea sera donde pueda expandir mis poderes poco a poco aunque tenia pensado otra pelea, pero eso no viene al caso.

Fuera, Bismuto apoyaba las manos en la barrera, empujando con rabia.

“¡Golpéame!”, gritó.

“¡Haz algo!”

El domo se desvaneció.

Bismuto perdió el equilibrio por un segundo y yo aproveché. No para atacar, sino para rodearla con paneles rosas que surgieron del suelo, formando un círculo cerrado.

Un límite.

Bismuto golpeó uno de los paneles. Luego otro. Luego otro más. Cada golpe era fuerte, pero no buscaba romperlos rápido, buscaba cansarse.

Yo me quedé ahí, observándola.

“Está bien estar enojada”, dije con calma.

“No está bien destruirte por eso.”

Bismuto se detuvo. Sus brazos volvieron a la normalidad.

Respiraba agitadamente.

“¿Y tú qué sabes?”, dijo con voz temblorosa.

“No estuviste ahí.”

Asentí.

“No”, respondí.

“Pero estoy aquí ahora o que ¿no me ves?”

El silencio cayó sobre el campo.

Bismuto dio un paso atrás y luego otro. Se dejó caer sentada en el suelo, apoyando los codos en las rodillas.

“Necesitaba pegarle a algo”, murmuró.

Me acerqué y me senté frente a ella.

“Para eso sirven las segundas rondas”, dije con una sonrisa cansada.

Bismuto soltó una risa breve, casi involuntaria.

“No ganaste”, dijo.

“Tampoco tú”, respondí con una sonrisa de come mierda.

Nos quedamos ahí, respirando, mientras el campo lentamente volvía a la calma.

La pelea había durado lo suficiente.

No para ganar.

Sino para soltar lo que dolía.

“Terminaron”, dijo finalmente Lápiz mientras bajaba después de observar cómo durante horas habían estado peleando.

“No he terminado con el hijo de la hija de puta”, dijo Bismuto con furia contenida.

“Oye, tampoco insultes a mi madre, hijo de re mil putas”, respondí, también con furia.

Lápiz tuvo una gota de sudor, mirando la escena.

“Bueno, ya”, dijo mientras caminaban hacia un lado.

“Está bien”, dije mientras me limpiaba un poco el sudor. No había usado mi forma rosa; quería experimentar mi forma base, como en Dragon Ball, pensé con una sonrisa.

“Qué más da”, dijo Bismuto mientras caminaba y me daba unas palmadas fuertes en la espalda.

“Vamos, Steven. Que te la pele Diamante Rosa”, agregó con un guiño.

Yo solo sonreí mientras caminaba hacia el portal, pensando en lo que podría hacer para la llegada.

Nota del autor: ¡HOLA!, esta parte fue más que todo para que steven vaya usando más su creatividad en sus poderes, en el siguiente episodio sera joya para que esten pendientes causas.

Fin capítulo 76.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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