Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 79
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Capítulo 79: Capitulo 79: El inicio del eco.
Nota del autor: Mejor publicare 3 capitulos hoy, XD.
Bueno, creo que terminé de explorar, dije a nadie en particular mientras comía unas papitas que tenía dentro de mi gema, asegurándome de que no vencieran este año.
Negando con la cabeza, caminaba por donde vine; ya estaba cerca de donde estaba Diamante Azul. No sabía qué hacer a menos que saltara al planeta más cercano, y dudaba que eso fuera lo más factible.
Observé la puerta gigante frente a mí y pensé:
“¿Cómo mierda la abro?”
Después de unos minutos, la puerta se abrió lentamente. La Perla de Azul me miró con curiosidad, apenas dejando ver su rostro entre su largo cabello.
“¿Qué haces?” dijo la perla confundida.
“Ni idea”, respondí con sinceridad.
…
Ambos nos quedamos callados, observándonos.
“Mi diamante solicita tu presencia”, dijo después de unos segundos.
“Aquí estoy, ¿no?” dije con una ceja levantada.
Ella simplemente me dejó pasar mientras caminaba hacia la sala principal. Diamante Azul estaba concentrada, observando varias pantallas con seriedad, hasta que finalmente me notó con la mirada.
“Oh, hola, Justin”, dijo Diamante Azul con una sonrisa. Sus hologramas comenzaban a desplegarse, mientras la Perla Azul la seguía atentamente, controlando los sistemas que su diamante había dejado.
“¿Qué te parece mi nave?” preguntó con curiosidad, más para sí misma que para mí.
“Bueno… está bonita”, dije lentamente.
“Pero siento que le falta vida”, agregué mientras miraba los alrededores.
“¿Vida? ¿Vida orgánica?” parpadeó Diamante Azul, confundida.
“No necesariamente vida orgánica”, aclaré antes de que metiera mutantes o alguna mamada asi.
“Más bien, algo que haga sentir que hay intención detrás de todo. Que no todo sea perfecto, simétrico y eterno. Algo que haga que quien lo vea piense, que se cuestione”.
“Que filosofico carajo”, me dijo a mi mismo con orgullo.
Diamante Azul frunció ligeramente el ceño, observando mis gestos.
“Por ejemplo”, continué, señalando algunas de las enormes estatuas y estructuras dentro de la nave.
“Estas piezas son impresionantes, pero todas transmiten lo mismo: perfección, poder, control. Y después de ver tantas, se siente… monótono. Sería más interesante ver algo que se rompa, que se transforme, que tenga un elemento inesperado nose como una piedra o algo asi yo que se”.
“¿Inesperado?” preguntó Azul, ladeando la cabeza.
“Sí”, respondí, caminando despacio entre los pasillos iluminados.
“Algo que provoque emociones distintas, que haga sentir que el mundo no es perfecto. Estatuas que no se vean completas, formas que no tengan lógica estricta, diseños que no sean solo de gemas. Cosas que sorprendan, que den curiosidad y despierten preguntas, no solo admiración”.
El silencio se hizo pesado por unos segundos, solo interrumpido por el suave zumbido de los sistemas de la nave.
“Entonces, según tú… estas imperfecciones son importantes?” preguntó Azul finalmente.
“Sí”, respondí.
“No es un error. Es descubrir vida e intención en lugares donde no esperabas que estuvieran. Eso hace que todo se sienta más vivo, más interesante. Incluso si son cosas pequeñas o extrañas, como patrones que no siguen reglas exactas, o figuras incompletas. Eso le da carácter”.
Diamante Azul se quedó en silencio, observando detenidamente una de las estructuras que rodeaban la sala. La Perla Azul contenía una pequeña sonrisa, como si empezara a entender el punto.
“Interesante”, dijo Azul, por primera vez con un tono que no era ni serio ni severo.
“Parece… humano pensar de esa manera”.
“Lo sé”, respondí con una pequeña sonrisa.
“Soy barbaro, yo noto cambios pequeños, fallos, detalles inesperados… y me hacen sentir algo”.
“Hum… tal vez permita una sala experimental”, dijo Diamante Azul con cautela.
Yo solo me puse con una cara inexpresiva sin saber por que andaba de habladora conmigo.
“No te emociones”, respondió.
“Será temporal, y no decidirás nada. Solo darás ideas”.
“Obvio”, respondí rápidamente.
“Solo pienso en cómo hacer que el espacio sea interesante”.
La Perla Azul soltó una risa contenida, y Diamante Azul notó pero no la reprendió.
“Quédate cerca, Justin. Aún no decido qué hacer contigo”, dijo finalmente Diamante Azul.
Carajo, murmuré mientras me sentaba ahí, dejando caer el peso de mi cuerpo como si eso pudiera aclarar mis ideas.
“¿A dónde vamos?”, dije con una ceja levantada, mirando de reojo a Diamante Azul mientras la nave seguía su curso silencioso por el espacio.
iba a tratarla como alguien cercano hasta que me demeustre lo contrario.
“A un lugar donde podrás reunirte con tu escuadron organico”, respondió con total calma, como si acabara de decirme que íbamos a dar un paseo corto.
“A caray”, dije casi por reflejo, alzando una ceja aún más.
“¿A poco tengo un primo lejano ahí?”
Diamante Azul parpadeó lentamente, como si mi pregunta hubiera pasado por varios filtros antes de llegar a su mente.
“¿Primo… qué?”, preguntó con ligera confusión.
“¿Qué es eso?”
Me quedé en silencio unos segundos, procesando que una entidad milenaria acababa de preguntar algo tan básico.
“…¿En serio?”, dije finalmente, incrédulo, con una ceja levantada.
Ella no respondió de inmediato, solo me observó, esperando una explicación. Suspire suavemente y hablé rápido, más que nada para no poner a prueba la paciencia de esta gema ancestral.
“Bueno”, dije, acomodándome un poco.
“es como… no sé”. Giré la cabeza y observé a la Perla Azul, que levantó la mirada al notar que hablábamos de ella.
“Ella, ¿qué es para ti?”, pregunté, señalándola con la cabeza.
“Alguien útil”, respondió Diamante Azul con un leve ladeo de cabeza, como si no hubiera otra respuesta posible.
“Ajá…”, murmuré.
“Bueno, aparte de eso. No lo técnico, no lo funcional”, aclaré con tranquilidad.
“Más bien… alguien que está ahí. Que te acompaña. Que te escucha”.
El silencio se extendió por la sala. La nave seguía avanzando, ajena a la conversación.
“¿Alguien que me escucha?”, repitió Diamante Azul en voz baja, casi como si estuviera pensando en voz alta.
“Exacto”, respondí.
“Digamos que un primo es eso. Es familia, pero no tan directa. No es como un padre o una madre. Es alguien cercano, con quien compartes algo, aunque no estén juntos todo el tiempo. Algo… sanguíneo, por así decirlo”.
Diamante Azul permaneció callada, observando el vacío del espacio frente a ella.
“Entiendo”, dijo finalmente, aunque su tono no era del todo seguro. “Creo…”
Me recargué un poco hacia atrás, mirando el techo de la nave.
Genial, pensé. Estoy explicándole relaciones familiares humanas a una gema que gobierna planetas enteros. Definitivamente este viaje se está volviendo cada vez más raro.
“Y cuéntame más sobre estos humanos que tienes actualmente. Realmente tengo un poco de atención sobre los orgánicos que una amiga mía tuvo preferencias”, dijo Diamante Azul, aunque su tono se volvió ligeramente más apagado al final de la frase.
Me quedé en silencio por unos segundos, pensando en todo. No era fácil resumir algo tan caótico como la humanidad en pocas palabras, y menos frente a alguien que veía el universo como un tablero perfectamente ordenado.
“Bueno”, dije al final, “hay padres, madres, hijos… lo que vengo siendo yo”.
“¿Una jerarquía?”, preguntó Diamante Azul con curiosidad, inclinando apenas la cabeza.
“Para nada”, respondí con tranquilidad. “Aunque hubo una hace mucho tiempo”.
“¿Y qué le pasó?”, dijo Diamante Azul, ahora completamente absorta en mi explicación.
“Bueno”, comencé con una cara de chibi y un microfono sacado de la nada.
“durante la Edad Media, más o menos entre el siglo IX y el siglo XV, en gran parte de Europa existía un sistema llamado feudalismo”.
Me acomodé un poco mientras hablaba. “Había reyes, nobles, caballeros y campesinos. Los de arriba mandaban y los de abajo obedecían. La mayoría nacía y moría en el mismo lugar, sin opción de cambiar nada”.
Diamante Azul me observaba con atención, mientras algunas pantallas a su alrededor mostraban datos que probablemente estaba relacionando con mis palabras.
“Con el tiempo eso empezó a romperse”, continué.
“Revoluciones, guerras, ideas nuevas. La gente se cansó de que unos pocos decidieran todo. No fue rápido ni limpio, pero poco a poco esa jerarquía dejó de ser absoluta”.
“Entiendo”, dijo Diamante Azul mientras observaba algunos registros y juicios que parecían surgir en su mente.
“Un cambio lento, pero constante, cosas organicas”.
Asentí levemente.
En la mente de Diamante Azul, los pensamientos fluían con calma.
Era interesante. Un ser humano y su forma orgánica tan frágil, tan distinta a nosotras, seres de luz.
No era algo como para encariñarse, pero sí lo suficiente para comprender. Tal vez por eso mi hermana sentía curiosidad por ellos. Aunque, viendo la explicación de ese ‘Justin’, tenía claro que los humanos de antes no eran lo mismo que los de ahora.
La nave continuó su trayecto, silenciosa, mientras ambos permanecíamos sumidos en nuestros propios pensamientos.
Steven estaría observando desde una posición privilegiada que pocas personas, y aún menos gemas, podrían decir que tuvieron. Estaba sentado nada menos que sobre el hombro de una Diamante. Así que sí, estaba a gusto, o al menos lo estaría mientras durara, porque estaba bastante seguro de que, como mínimo, terminaría provocando una guerra civil cuando llegaran al Planeta Madre.
“¿Una guerra civil?”, pensó Steven, esbozando una leve sonrisa.
La idea le resultaba extrañamente reconfortante, casi irónica, considerando el lugar en el que se encontraba y a quién tenía debajo. El silencio de la nave era pesado, constante, interrumpido solo por vibraciones suaves que recorrían la estructura.
Pero en medio de ese silencio, Steven sintió otro tirón.
Un estremecimiento seco, directo, como si algo invisible le jalara desde dentro de la gema.
“Hijos de la…”, pensó, sin poder terminar la frase.
No llegó a completar la idea, porque de pronto sintió cómo todo volvía a desvanecerse, arrastrándolo una vez más hacia otro recuerdo.
Fin capitulo 79.
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