Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 8
- Inicio
- Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga
- Capítulo 8 - 8 Capitulo 8 Alguien no tan conocido
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: Capitulo 8: Alguien no tan conocido.
8: Capitulo 8: Alguien no tan conocido.
Pasaron los días, y la casa ya estaba como nueva.
Aunque, para ser honesto, remodelaron un poco mi cuarto…
el más afectado por el desastre.
Gracias al dios que me trajo aquí, la televisión seguía en perfecto estado.
Juro que casi se me baja el azúcar cuando vi que todo alrededor del televisor estaba hecho pedazos…
pero, por suerte, había dejado la consola encima.
Así que, todo bien.
La cocina…
pensé, dándole un vistazo.
Bueno, esa sobrevivió a medias.
Por lo menos el suelo ahora tenía un acabado más elegante, y debo admitir que me gustaba.
Los días transcurrieron sin nada fuera de lo común.
Fui a una misión más con las chicas, pero nada relevante: solo una bestia mítica con forma de ave, que terminó vencida con una lanza de Perla y un látigo de Amatista.
Fácil, sin complicaciones.
Aquella tarde regresaba, caminando hacia la plataforma de teletransportación.
Mi mirada se posó en la puerta de mi madre, esa que siempre me generaba una mezcla de intriga y ansiedad.
Ábrete…
murmuré con firmeza.
La puerta permaneció inmóvil, indiferente a mis súplicas.
Con un suspiro, levanté la camisa para mostrar mi gema.
Una gota de sudor recorrió mi frente mientras añadía: ¿No me abres…
o qué?
La gema respondió con un pequeño destello.
¿Brillaste…
o solo es mi mente jugándome una mala pasada?
murmuré, observando la puerta, que seguía exactamente igual que antes.
Y así se repetía mi rutina: después de entrenar, venía hasta aquí, me quedaba parado frente a la puerta y hacía el ridículo.
Porque, siendo sincero, no había otra palabra para describir este extraño “entrenamiento”.
Finalmente, decidí dejar de insistir.
Con un suspiro resignado, giré sobre mis talones y salí de la casa de la playa.
Caminé hacia la playa con mis chancletas, porque ni de broma me pondría tenis en un lugar así.
Aunque, pensándolo bien, ¿no podrían las gemas inventar algún tipo de calzado personalizado para que la arena no se quedara entre los dedos de los pies?
Mi mente divagaba con esas ideas absurdas que, como muchas veces, no llevaban a nada.
Pero aun así, me mantenían entretenido.
Mirando al frente, me llevé una grata sorpresa al ver a alguien.
No era raro encontrar gente en la playa, aunque hoy estaba particularmente vacía, solo esa persona permanecía allí.
Lo que realmente llamó mi atención fue que reconocí a la chica.
Observándola mejor, ¿cómo no hacerlo?
Era Connie.
Estaba en la playa con un vestido ligero que resaltaba aún más su ternura, y aquello me hizo sonrojar un poco.
De inmediato pensé en lo que recordaba de la serie, en ese círculo brillante.
¿Debería traérselo?
me pregunté.
Sin darme cuenta, mis pies ya me habían llevado de regreso a la casa.
Me encontré mirando fijamente la nevera y no supe en qué momento había llegado hasta ahí.
Encogí los hombros, tomé el listón o como se llamara y lo guardé en el bolsillo antes de volver tranquilamente a la playa.
Mientras me acercaba a ella, Connie notó mi presencia y me saludó con cortesía.
Yo seguí caminando directo hacia ella.
Había algo en su semblante que me hizo detenerme un instante; se notaba que estaba un poco nerviosa.
Por mi parte no había ningún problema, pero justo en ese momento…
Una roca cayó desde lo alto, soltada sin cuidado por los mismos chicos con los que Lars siempre quería juntarse.
Después de dejarla caer siguieron su camino, sin pensar en lo que habían hecho.
Yo no le di demasiada importancia en un principio, pero entonces miré a Connie.
Ella fue la primera en notar la sombra que se proyectaba sobre su cuerpo, la roca descendía rápidamente hacia ella.Corrí sin pensarlo, más rápido de lo que jamás lo había hecho, y con un movimiento instintivo invoqué mi burbuja.
El impacto resonó cuando la roca golpeó la superficie de la esfera, quedando detenida sobre ella.
Connie se había salvado por apenas un instante.La chica estaba aterrada, con la respiración agitada y los ojos muy abiertos, aunque trató de recobrar la compostura ajustando sus gafas con torpeza.
Aun así, podía notarse la tensión en sus manos temblorosas.
Murmuró un tímido eh…
hola, muchas gracias, acompañando sus palabras con una pequeña reverencia.
Yo la miré todavía desorientado.
No recordaba haber corrido nunca tan rápido, ni siquiera durante las misiones con las gemas.
Hola, dije con la voz un poco cansada, ¿estás bien?
Ella respiró profundo, recuperándose poco a poco, y respondió con más calma.
Sí, estoy bien.
De nuevo, muchas gracias por salvarme.
Le sonreí, y noté cómo su rostro se sonrojaba apenas un poco.
Mi nombre es Steven, Steven Universe.
¿Cuál es el tuyo?
Ella parpadeó, salió de su aturdimiento y respondió con firmeza.
Connie, Connie Maheswaran.
Un gusto conocerte, añadió con una sonrisa tímida que se iluminaba más con cada palabra.
Guardamos silencio unos segundos, hasta que ella observó a su alrededor con cierta intriga y preguntó si me importaba explicarle en qué estábamos encerrados.
Ah…
sí, contesté con una gota de sudor recorriéndome la sien.
Es mi burbuja, una burbuja muy resistente, aclaré recordando que en la serie incluso había logrado descender a las profundidades del mar, soportando presiones capaces de destrozar cualquier cosa.
Saliendo de mis pensamientos, la miré directamente y noté cómo Connie me observaba con los ojos tan grandes que juré por un instante que iba a necesitar mi saliva sanadora para regresarlos a su tamaño normal.
Sus pupilas brillaban con fascinación, y con una voz llena de emoción dijo que yo era mágico, que podía hacer cosas increíbles, y me preguntó qué más era capaz de lograr.
Me sobresalté un poco ante su entusiasmo y la burbuja desapareció de inmediato, haciéndola retroceder para recuperar la compostura.
Ella carraspeó y, con una postura firme que apenas disimulaba la curiosidad que la devoraba por dentro, añadió que solo quería saber si era posible.
Noté cómo estaba aguantando como toda una campeona las ganas de preguntar más.
Bueno…
murmuré, y extendí mi mano para invocar el escudo.
El resplandor de la gema iluminó el aire por un instante y luego el objeto sólido apareció frente a nosotros.
Connie, con los ojos como platos, se acercó casi de inmediato y lo tocó con cuidado, como si temiera que fuera a deshacerse en cualquier momento.
Es…
¿hecho de luz?, preguntó con asombro.
Sí, respondí con una gota de sudor en la frente, es una especie de reflejo de la luz proyectada por mi gema en su estado físico…
o algo así, improvisé mientras la miraba rodear el escudo con pasos llenos de admiración.
¿Lo puedes soltar?, dijo ella con voz curiosa.
Asentí y lo desvinculé de mi mano, dejándolo en sus brazos.
Connie se quedó maravillada, revisando cada centímetro de la superficie como si se tratara de una reliquia perdida de la era de los dinosaurios.
La verdad, pensándolo bien, tan mal no estaba mi escudo.
Perdido en mis pensamientos, la observé mientras intentaba imitarme, levantándolo como si quisiera sostenerlo en el aire como yo lo hacía.
Sin embargo, el peso la venció y el escudo se le cayó de las manos.
Ups, lo siento, murmuró rápido, apenada.
Tranquila, le respondí con una sonrisa.
El escudo lo puedes dejar caer cuantas veces quieras, es casi irrompible.
Ella abrió los ojos aún más, sorprendida por esa información, y enseguida preguntó con un entusiasmo contagioso si podía lanzarlo.
Claro, le dije señalando la roca que casi la había aplastado hacía apenas unos minutos.
Ella tomó el escudo con un brillo infantil en los ojos y comenzó a lanzarlo como si fuese un juguete recién descubierto.
Lo giraba, lo atrapaba, lo soltaba y volvía a recogerlo, riéndose suavemente cada vez que lo sostenía.
En mis pensamientos solo podía preguntarme en qué momento todo esto se convirtió en una clase improvisada sobre escudos.
Bueno, lo que hoy llamamos clases…
ja, pensé con un poco de ironía mientras me quedaba mirando aquella escena.
De pronto me di cuenta de algo.
Entre tanta distracción nunca le había preguntado por qué estaba ahí.
Salí de mis pensamientos justo cuando ella se acercaba de nuevo a mí y aproveché la oportunidad.
Perfecto, pensé, y rápidamente le solté la pregunta.
Y bueno, Connie, ¿qué haces por aquí?
Esta playa está muy sola para que también tú lo estés.
Ella se quedó paralizada unos segundos, como si mis palabras la hubiesen sorprendido, pero reaccionó rápido.
Bueno…, dijo un poco nerviosa, me gusta el mar.
Su mirada se desvió hacia las olas que se mecían en la orilla y su voz se volvió más suave.
Me gusta, pero no he podido…
y no creo que pueda llegar nunca hasta el fondo.
Es tan hermoso lo que se oculta ahí abajo, toda esa naturaleza…
Comenzó a hablar con entusiasmo, mencionando datos y detalles que en realidad yo ya conocía, pero la pasión en su voz la hacía ver distinta, como alguien que de verdad sentía lo que decía.
Yo, por mi parte, me quedé pensativo.
Hablando de ver el mar…
murmuré en mis pensamientos, debería aprovechar esta oportunidad.
Hago un amigo y de paso miro el mar.
Qué listo eres, Steven, muy listo, me felicité mentalmente, aunque probablemente estaba sonriendo como un tonto.
Ella siguió hablando un poco más, pero finalmente me devolvió el escudo.
Lo dejé desvanecer, como si el brillo se apagara junto con la charla.
Connie se tensó al verlo desaparecer, pero al notar que yo permanecía tranquilo, ella también se relajó, sonriéndome con cierta timidez.
Caminé un poco más cerca de ella y, con una sonrisa sincera, pregunté si quería ir al mar.
Connie me miró fijamente durante unos segundos, parecía sorprendida, incluso confundida.
Eh…, murmuró sin saber qué decir.
Bueno, ya sabes, puedo llevarte al mar con mi burbuja, es muy resistente, sabes, añadí con tono ligero para romper la tensión.
Ella dudó unos momentos, como si estuviera evaluando la situación.
Tómalo como un viaje de amigos, ¿qué te parece?, le dije extendiendo mi mano.
Connie bajó la mirada hacia mi mano y murmuró algo sobre amigos con una mezcla de duda y timidez.
Finalmente, y casi sin darse cuenta, la tomó.
En ese instante invoqué mi burbuja y la rodeé a nuestro alrededor.
Bueno, dije con tranquilidad, tienes que caminar junto a mí.
Ella asintió y lentamente comenzamos a meternos en el mar.
Connie estaba algo asustada al principio; sus pasos eran inseguros y su respiración un poco más rápida.
Pero al verme caminar con calma dentro de la burbuja, empezó a pensar que quizá no era tan mala idea.
Bueno, si me mata morirá él también, pensó, pero en ese mismo instante abrió los ojos de golpe.
¿Por qué acepté tan fácil?
Dios mío, mi madre me va a matar.
Para cuando quiso darse cuenta, ya estábamos lejos de la orilla del mar.
Acepté salir con un desconocido, se repetía en su mente.
Una maldita salida…
ahora solo hay dos opciones, o me secuestran o tengo un amigo.
Miró de reojo a Steven, que caminaba con las manos en los huecos de su chaqueta, tranquilo, como si no estuviera haciendo nada fuera de lo normal.
Incluso levantó la mano para saludar a un barco pesquero que pasaba cerca, en el que un hombre pálido mostraba orgulloso su red llena de peces.
Connie respiró hondo, su corazón seguía acelerado pero algo dentro de ella se calmó.
Bueno, tal vez sea un amigo, pensó.
Su primer amigo.
Y esa idea le sacó una sonrisa tímida pero genuina.
Capitulo 8.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com