Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 81
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Capítulo 81: Capitulo 81: Cambio forzoso.
Nota del autor: tenia este borrador tambien, ni cuenta me di, JAJAJA, lo publico asi nomas por que es corto, que más da, ¿no?.
“Ponlo presentable”, dijo Diamante Azul mientras ajustaba su forma de luz para verse más imponente y elegante, como si cada línea y curva de su cuerpo reflejara autoridad y poder. Su brillo iluminaba la estancia con una intensidad que obligaba a todos a girar la mirada, y Steven, por su parte, no podía evitar sentirse pequeño frente a ella.
“Ok”, dijo la Perla de Azul mientras rápidamente se acercaba a mí. Mis manos se tensaron cuando pasó cerca de mi estómago; algo en su gesto hizo que se detuviera en seco y me mirara fijamente. Con naturalidad le guiñé un ojo.
“¿Qué pasa?”, dije con tranquilidad, tratando de no delatar mi incomodidad.
La Perla de Azul bajó la mirada hacia mi estómago y levantó una ceja.
“Tienes un estómago fuerte”, dijo finalmente, con un ligero tono rosado que apenas se notaba en su expresión.
“Qué carajos”, pensé mientras mi cabeza daba vueltas con tres líneas negras surcando mi mente. Sin pensarlo demasiado, me alisté rápidamente: me peiné un poco y metí la camisa por dentro para evitar cualquier otra mirada indiscreta.
“Ya es hora, Perla”, dijo Diamante Azul, mientras ambas se levantaban con elegancia. Yo me quedé a su lado, rígido y sin saber exactamente qué hacer, pero intentando mantener la calma.
De la nada, una burbuja azul se formó alrededor de nosotros, aislándonos del resto de la nave. El aire dentro se volvió más pesado, cargado de anticipación.
Sentí cómo el espacio a nuestro alrededor cambiaba, y un instante después me encontré frente a frente con un grupo de gemas. No eran muchas, pero su presencia imponía respeto. Sus ojos se enfocaron inmediatamente en la burbuja que nos cubría.
La Perla de Azul avanzó un paso, levantando la tableta frente a ella y tocando una serie de comandos. Una luz luminosa se expandió desde la burbuja, proyectando un resplandor que hacía brillar a todas las gemas reunidas, destacando su presencia ante la sala.
“Diamante Azul les da la bienvenida”, dijo con un tono firme pero ceremonial, mientras su voz resonaba en cada rincón.
Las gemas del zoológico humano, entrenadas para obedecer y reconocer a sus superiores, reaccionaron de inmediato. Cada una hizo un gesto de saludo: levantaron sus manos siguiendo el patrón del saludo de Diamante, manteniendo la postura recta y la mirada fija. Era un espectáculo impresionante, lleno de disciplina y sincronía.
“Estas en la presencia de Diamante Azul”, continuó Perla, señalando el resplandor que rodeaba a la figura de su diamante.
“Y estas son las gemas bajo su supervisión directa”, agregó, mientras las Peridot y Bismuto técnicas hacían movimientos coordinados, mostrando que cada acción estaba estudiada para transmitir orden y lealtad.
Yo me quedé observando, boquiabierto, mientras la luz de Diamante Azul bañaba la sala. Cada gema parecía una extensión de su poder y autoridad. Había una mezcla de respeto, temor y admiración en el aire, y yo no podía evitar sentirme aún más pequeño ante la magnitud de lo que estaba presenciando.
La Perla se acercó a mí una vez más, asegurándose de que estaba firme y listo para lo que vendría.
“Todo está en orden, mi Diamante. Ellos han reconocido su presencia”, dijo suavemente, con un tono que mezclaba orgullo y cuidado.
El silencio se hizo absoluto por unos segundos, roto solo por la respiración contenida de cada gema.
Luego, como si todo el grupo esperara una señal, la Perla hizo una ligera inclinación con la cabeza, dando paso a que la atención de todos se centrara en nosotros. La luminosidad de Diamante Azul se intensificó, dejando en claro que su autoridad no era discutible, y que cualquier interacción que sucediera bajo su mirada debía ser tomada con la máxima seriedad.
Yo me mantuve firme, aunque por dentro mi corazón latía a mil por hora.
“Prepárense”, dijo la Perla mientras ajustaba su tableta.
“Este es el momento de mostrar respeto, disciplina y conocimiento. La Diamante Azul está presente, y su atención es absoluta”.
Todo el grupo respondió con un silencio respetuoso.
Luego de unos gestos innecesarios, claramente diseñados para resaltar lo grandiosa que era Diamante Azul, finalmente me dejaron con una cuarzo.
“Llévala con los demás, al final me lo llevaré”, dijo Diamante Azul mientras caminaba junto a Perla, su luz imponente iluminando el camino.
Las tres Amatista que me escoltaban me miraron con una mezcla de curiosidad y desconfianza. Una de ellas frunció la ceja mientras me acercaba.
“Qué onda”, dije con tranquilidad, intentando romper el hielo mientras avanzábamos.
“¿Cómo van aquí? ¿Es genial o solo siguen la rutina?”
Las Amatista permanecieron en silencio, aunque noté que una de ellas tenía ganas de hablar.
“Tranquilo, los entiendo”, continué con tres líneas negras marcando mis pensamientos, recordando cómo tres Peridots habían estado haciendo figuras extrañas de Diamante durante casi veinte minutos.
“Cualquiera se aburriría con algo así, ¿verdad?”
La Amatista que parecía más curiosa asintió, pero de inmediato fue golpeada por su amiga.
“¡Cállate! No tenemos que hablar con los reclusos”, dijo mientras ajustaba sus manos alrededor de mí con firmeza.
“Oye”, murmuré mientras sentía un pequeño dolor en la mano, pero solo lo ignoré.
Observé el lugar al que nos acercábamos: filas ordenadas de cuarzos y otras gemas de rango bajo, todos ocupados en distintas tareas, algunos con la mirada perdida, otros concentrados en su labor. La luz tenue del corredor proyectaba sombras largas que hacían que todo se sintiera aún más solemne.
“Oigan, si por alguna razón me lastiman, le diré a la gema grande”, advertí con un tono serio, aunque un poco juguetón.
Las tres Amatista palidecieron, claramente sorprendidas por mi comentario.
“Era broma”, dije mientras reía suavemente, sintiendo cómo la tensión se relajaba un poco.
Las gemas me miraron con reproche, pero yo solo sonreí, manteniendo la calma.
“Tranquis”, continué.
“De igual manera, si tenemos chance hablamos. Si los humanos que están aquí son de hace cinco mil años o algo así, realmente caería en la locura antes de poder hablar con alguno de ellos”, añadí con tranquilidad, intentando que entendieran mi perspectiva.
“Ok”, respondió finalmente la Amatista más cercana, inclinando ligeramente la cabeza.
Yo solo sonreí, observando cómo las demás gemas del lugar continuaban con sus tareas, mientras me preparaba mentalmente para conocer a los otros cuarzos y gemas que estaban bajo la vigilancia de Diamante Azul.
De la nada, sentí un empujón y miré a las tres Amatista por última vez antes de ser arrastrado hacia un lugar completamente blanco.
La puerta extraña se cerró de golpe tras de mí, dejándome solo en aquel espacio impoluto y silencioso.
“Hola, orgánico”, dijo una voz que se parecía al 99% de las Perlas que había conocido, las cuales apenas habían sido tres, pero eso decía mucho de la creatividad del Imperio.
“Te cambiaré de ropa, orgánico tonto”, añadió la voz con una sonrisa sarcástica.
Sin pensarlo demasiado, me quité la ropa para no darle oportunidad de burlarse más de mí.
“¿Eh?”, dijo la voz, confundida al verme moverse con naturalidad, pero pronto se concentró en la tarea. Observó cómo me quitaba toda la ropa, notando mi gema, aunque claramente no estaba programada para preguntar nada al respecto, así que le daba completamente igual.
“¿Me la guardas? Esta es exclusiva”, dije con tranquilidad mientras señalaba mi gema.
“Te la guardo”, respondió la voz con un tono burlón que me hizo rodar los ojos.
Mi vieja pijama se despedía silenciosa, y no pude evitar sentir una ligera tristeza: adiós, pijama.
De la nada, una nueva ropa apareció frente a mí: cómoda, ajustada, con colores que combinaban entre sí, y además, dos aritos morados se colocaron en mis orejas. Todo sucedió tan rápido que apenas tuve tiempo de reaccionar antes de ser jalado hacia otro lugar por la fuerza de la Perla encargada.
Y finalmente, sin previo aviso, caí de cabeza en un lago. El frío me hizo reaccionar de inmediato, y mientras flotaba y miraba el cielo, no pude evitar pensar: “Genial… ¿ahora qué sigue?”
Fin capítulo 81.
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