Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 82
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Capítulo 82: Capitulo 82: Infiltración a Peru.
Salí del lago mientras observaba el lugar, pensativo.
No había nadie a mi alrededor por ahora, pero eso no era necesariamente bueno… ni malo.
Nadé hasta la orilla y miré las frutas que recordaba de la serie. Empecé a agarrar algunas mientras comía, evitando consumir las que tenía guardadas dentro de mi gema. No era plan gastar provisiones premium en el primer día.
Al instante escuché un sonido y miré hacia ese lado, notando a varias personas formando círculos.
Eran como perros… si lo que recordaba de la serie era correcto. Así que intenté no aprovecharme demasiado de ellos. Tenía planeado liberarlos, aunque dudaba que quisieran. Estar demasiado tiempo en un mismo lugar te jode la cabeza, eso era un hecho.
Observé los alrededores buscando cámaras, aunque, sabiendo cómo funcionaba el Imperio, seguramente estaban escondidas en las paredes… o incluso en lo que simulaba ser el sol. Así que tendría cuidado con eso. No sabía si era una amatista o una ágata quien manejaba el lugar. De cualquier manera, intentaría escapar. Por razones bastante obvias, Diamante Azul no me iba a dejar aquí por gusto.
No resalté mucho entre los humanos. No quería que se encariñaran conmigo… ni yo con ellos. Mala idea por donde lo vieras.
Rápidamente me quedé en una esquina mientras miraba la puerta.
Pensé rápido, aunque solo se me venían dos opciones a la mente.
Golpear… o hacerlos llorar.
Sí, suena tan mal como parece.
Pero por razones evidentes, ninguna era buena idea.
Caminé por todo el lugar procurando que las personas no me miraran, siempre con cuidado de no llamar la atención. Mantener un perfil bajo era clave.
¿Reflexionar sobre lo que me había pasado? Pffff… eso era para pendejos. Uno que estuvo en un vacío por años —o eso creo— no se va a poner filosófico justo ahora.
Solo no tenía que pensar en mi familia y listo… me dije mentalmente mientras seguía caminando por el lugar.
Me senté y me relajé. Estaba estresado… realmente estresado. Estos sueños que venían y se iban me tenían cansado. Mientras me escondía en unos arbustos nada cómodos y cerraba los ojos, sentí cómo el mundo de los sueños me consumía.
Al abrirlos nuevamente, desperté en el mismo arbusto.
Negué con la cabeza mientras miraba a los alrededores.
Primero: tenía dos planes ahora mismo… y una fumada de las buenas.
Rápidamente miré al suelo, esperando que esto funcionara.
Agarré el pasto que había en la tierra. El pasto era un ser vivo, ¿no? Entonces…
Steven empezó a llorar. Las lágrimas cayeron sobre el césped, que antes se secaba rápidamente, pero al tocarlo, las gotas lo tiñeron de un tono rosado.
…
…
…
Definitivamente esto es una fumada, pensé.
Recuerdo de Steven:
“Oye, madre” dije mientras estaba en la habitación de Rose.
“¿Sí?” respondió el holograma de mi madre.
“Este… si mato una planta y luego la revivo con una lágrima… ¿se podrían crear portales?” pregunté con curiosidad.
…
…
…
Mi madre me miró en silencio.
Y luego de unos segundos…
“Sí, se puede. Así es como desaparecía rápidamente y sin que nadie se diera cuenta.”
Joder…
Fin del recuerdo.
“Bueno… dijo que antes de que yo naciera simplemente las destruyó, así que esto se puede destruir.”
Dejé una planta rosa en el suelo mientras miraba a los alrededores.
Rápidamente me acerqué a lo que parecía una puerta… y que era, claramente, una puerta. (Gracias, cerebro, muy útil la aclaración).
Cambié a una forma súper pequeñísima y pasé por debajo.
[No pregunten sobre la gema y por qué también se hizo pequeña. Yo tampoco tengo ganas de entrar en crisis existencial ahora mismo.] [alien x lo hizo]
Steven miró por debajo de la puerta, notando cómo había dos amatistas por ahí. Antes había guardado varias plantas rosas dentro de su gema por si necesitaba regresar, pero quería tener más… por si acaso. Porque claro, nunca está de más tener un plan B, C, D y el abecedario completo.
Poco a poco se fue alejando de las amatistas, aunque notó cómo estas recibieron algún tipo de comunicado y se marcharon.
Negando con la cabeza, Steven salió corriendo, volviendo a un tamaño más normal. En el camino dejó otra planta rosa escondida en un hueco, mientras se mantenía atento a sus alrededores por si aparecían más amatistas.
¿Que si venían amatistas?
Se encogía.
Ahora, gracias a haber desbloqueado los poderes de Pink, ya no gastaba energía como antes. La tensión tampoco lo drenaba tanto. Todo era… más fluido. Más natural.
Steven miró hacia el frente y se detuvo en seco.
En una puerta gigante estaba Diamante Azul, que al parecer estaba dando órdenes a la Ágata de ese lugar.
Al acercarse lo suficiente, pudo escuchar su conversación.
“Ágata.”
La voz de Diamante Azul era suave… pero cargada de autoridad.
“Cuida a ese humano que traje. Es… un último recuerdo.”
La Ágata se inclinó de inmediato.
“Por supuesto, mi Diamante Azul.”
Hubo una breve pausa.
“Aunque creo que pronto dejaré de necesitarlo… así que asegúrate de mantenerlo en buen estado hasta entonces.”
La Ágata asintió con firmeza.
“Será tratado exactamente como usted ordene.”
“Bien,” continuó Azul, con un dejo de melancolía. “No quiero… inconvenientes. ¿Está entendido, Ágata?”
“Perfectamente entendido, mi Diamante.”
Steven, desde su escondite, solo pudo pensar una cosa:
Mierda… sí soy importante.
Negando con la cabeza, me hice más pequeño por si acaso y corrí hacia ellas. No notarían algo en el suelo a menos que se fijaran bien… y la única que podría hacerlo sería la Perla. Pero, por si acaso, cambié al tono rosado que me daba mi transformación para mezclarme con el entorno y así moverme más rápido.
Llegué al lado de la puerta justo cuando la Perla la desbloqueó. Sin pensarlo, entré rápidamente.
Al cruzar, me di cuenta de algo.
Aquí era donde guardaban a las cuarzos.
Otra cosa más que arreglar. Genial… más trabajo. Porque claramente no tenía ya suficientes problemas encima.
Rápidamente me oculté junto a una columna mientras Diamante Azul se arrodillaba y comenzaba a llorar. Definitivamente, la pose en la que estaba no era la más decente del universo… pero, bueno, ¿quién era yo para quejarme?
Ahora que sabía que me iban a dejar aquí, tenía un plan: salir justo cuando la nave se fuera e ir al Planeta Madre. Tal vez podría hablar con Diamante Blanco…
Y si no funcionaba…
Bueno.
A pelear.
Fácil. Sencillo. Cero probabilidades de salir mal. Ajá.
Volví a mi forma normal mientras me recostaba, tranquilo. La Perla y la Diamante estaban concentradas en lo suyo, sin moverse mucho.
Todo iba… sorprendentemente bien.
Lo cual, obviamente, significaba que algo iba a salir mal.
De la nada, la puerta se abrió.
Y apareció la única figura que Steven definitivamente no quería ver.
Diamante Amarillo.
La mencionada entró junto a su Perla, sin siquiera darle una segunda mirada a la Ágata.
La puerta se cerró detrás de ellas.
Diamante Amarillo avanzó y se sentó directamente frente a Diamante Azul, que seguía arrodillada.
El ambiente se volvió pesado.
Tenso.
De esos en los que sabes que algo está a punto de explotar… y no precisamente en sentido figurado.
…
…
…
“Entonces… ¿por qué llegaste tan rápido, Azul?” dijo Diamante Amarillo, cruzándose de brazos.
Diamante Azul no respondió de inmediato.
Su mirada seguía baja, sus manos apretadas contra el suelo.
“Recibí el informe… y vine,” respondió al final, su voz ligeramente tensa. No era tristeza desbordada… aún no. Más bien, frustración contenida. Como si algo no encajara.
Amarillo frunció el ceño.
“‘Vine’, dice… como si eso cambiara algo,” soltó sin mucho tacto. “Rosa está hecha pedazos. No hay nada que hacer.”
Silencio.
Azul apretó un poco más los puños.
“Lo sé.”
Pero no sonó convencida.
Amarillo ladeó la cabeza, observándola.
“Entonces deja de actuar como si hubiera una solución escondida por ahí,” continuó, directa como siempre. “Las cosas se rompen. Las gemas se rompen. Eso es todo.”
Azul cerró los ojos un momento.
“Rosa no era ‘todo’,” respondió, con un leve temblor en la voz. “Era…”
Se detuvo.
Amarillo suspiró, claramente incómoda.
“Era irresponsable. Inmadura. Un desastre constante,” dijo sin filtro alguno. “Pero era nuestra.”
Azul alzó la mirada ligeramente.
Amarillo desvió la vista, como si admitir eso ya fuera suficiente vulnerabilidad por un siglo.
“Escucha,” continuó Amarillo, con ese tono seco que intentaba ser práctico… aunque claramente no ayudaba mucho. “Llorar no la va a reconstruir. Quedarte aquí tampoco.”
Azul frunció el ceño.
“Necesito tiempo.”
“¿Tiempo para qué?” respondió Amarillo de inmediato. “¿Para seguir pensando en ella? ¿Para obsesionarte con lo que ya pasó?”
Azul no respondió.
Y eso, para Amarillo, ya era respuesta suficiente.
“Rosa tomó decisiones estúpidas. Eso tuvo consecuencias. Fin de la historia.”
El ambiente se volvió aún más tenso.
“Puedes quedarte aquí si quieres,” añadió Amarillo, levantándose un poco. “Pero no esperes que el Imperio se detenga porque tú no sabes soltar.”
Azul bajó la mirada otra vez.
“…Solo… necesitaba verlo por mí misma,” murmuró.
Amarillo chasqueó la lengua suavemente.
“Pues ya lo viste.”
Pausa.
“Ahora supéralo.”
“…sí, definitivamente cero sutil”, penso steven con cara de WTF desde la columna.
“Voy para el Planeta Madre… ¿me acompañas?”
Dijo finalmente Azul, levantándose un poco, aunque su postura aún mostraba ese peso que no terminaba de soltar.
Diamante Amarillo la miró.
Por un segundo… no supo qué decir.
Y eso, en alguien como ella, ya era raro de cojones.
Su expresión se tensó apenas, como si estuviera decidiendo entre soltar otra frase fría… o simplemente aceptar.
“…Tch.”
Desvió la mirada por un instante.
“Claro que voy a ir,” respondió al final, recuperando su tono habitual. “Alguien tiene que asegurarse de que no hagas nada… imprudente.”
Azul no respondió de inmediato.
Pero por primera vez desde que había llegado…
Su expresión se suavizó apenas.
“Entonces vámonos,” dijo con calma.
Amarillo asintió, girándose hacia su Perla.
“Prepara todo. Nos vamos ya.”
La Perla de Amarillo hizo una reverencia rápida.
“Sí, mi Diamante.”
El ambiente seguía siendo pesado… pero ahora tenía dirección.
“Hazlo tú también, Perla.”
“Sí, mi Diamante,” respondió la Perla de Azul con una reverencia.
“¿No lo llevamos, cierto, mi Diamante?” preguntó la Perla de Azul, refiriéndose claramente al humano.
…
…
…
Diamante Azul se quedó pensativa durante unos segundos.
“No… déjalo. Luego lo llevaremos cuando esté más tranquila.”
La Perla de Azul asintió y caminó detrás de la Perla Amarilla.
“¿Qué cosa?” preguntó Amarillo, mirando de reojo a Diamante Azul.
“Nada… solo un orgánico que traje,” respondió Azul con una sonrisa forzada.
Amarillo negó con la cabeza, pero no dijo nada más y comenzó a caminar hacia su nave.
Diamante Azul la siguió…
Sin notar que, en su vestido, había una persona pequeña.
“Carajo…” murmuré.
Corrí en mi forma pequeña y rosada hacia Diamante Azul. Claramente no me iba a quedar aquí. Ya era más que suficiente con las plantas rosas que dejé como puntos de regreso.
Cuando llegué, me subí al vestido justo cuando empezó a avanzar.
Steven, con su IQ claramente superior al promedio (ejem), se metió por debajo del vestido de Diamante Azul para evitar ser visto… porque ahí sí sería bastante obvio.
Todo estaba oscuro.
Bastante oscuro.
Pero Steven activó su forma rosada, iluminando un poco el entorno.
“Ok… esto no es nada raro,” pensé. “Meterse bajo el vestido de una dictadora espacial gigante. Plan perfecto. Cero fallas.”
Se acomodó como pudo y decidió quedarse quieto.
Esperando.
A que entraran a la nave… sin ser descubierto.
Porque si lo descubrían…
Bueno.
Ahí sí valía madre todo.
“Mis Diamantes,” dijeron todas las soldados, despidiéndose.
Ninguna de las dos se dignó siquiera a mirarlas.
Simplemente se dirigieron a sus naves, entrando en sus respectivas canicas junto a sus Perlas.
Diamante Azul, al entrar, caminó tranquilamente…
Y una personita cayó sin que nadie se diera cuenta, rodando hasta meterse en un pequeño hueco.
Claramente, era Steven.
Sin perder tiempo, dejó unas cuantas plantas rosas en el lugar e hizo un pequeño agujero para que la hoja no saliera volando por alguna razón absurda del universo. Porque sí, con su suerte, eso pasaba.
Steven miró la planta un segundo…
Y sin pensarlo demasiado, se metió dentro.
Al entrar, todo se sintió… familiar.
Miró a su alrededor.
Había árboles por distintos lados, el ambiente tranquilo, casi irreal.
Steven asintió para sí mismo.
“Yep… sigue siendo raro.”
Sin perder más tiempo, regresó por donde vino.
Al salir, miró a los alrededores…
Y casi le da un infarto.
“¿Rosa?” preguntó un guijarro, claramente confundido.
Steven casi saltó del susto.
…
…
Ambos se quedaron mirándose fijamente.
…
“Hola,” dije, levantando la mano como si nada.
El guijarro asintió lentamente y luego miró a los alrededores.
“¿Quieres esconderte o algo así?” preguntó.
“Puede ser,” respondí, mirando hacia el fondo.
Luego volteé hacia la planta.
El guijarro también la miró.
“¿La cuidas cuando no esté?” pregunté.
“Claro. Todo sea por Rosa,” dijo el guijarro sin dudar.
Asentí.
Caminé hacia él, que había hecho un pequeño hueco…
En el que claramente me metí.
Porque sí.
Mi vida ahora consistía en esconderme en plantas y agujeros.
Evolución de personaje, le dicen.
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2000 palabras
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Pasaron los días.
Me quedé con los guijarros. No quería volver a Ciudad Playa por dos razones: la primera, si iba con ellos, probablemente no regresaría. La segunda… iba a ir directamente con Diamante Blanco, y lo que estaba planeando hacer era peligrosamente estúpido. Nivel: ¿en qué momento pensé que esto era buena idea?
Los guijarros, como buenas tías chismosas profesionales, me contaron todo lo que había pasado durante mi ausencia. Y claro, Peridot había “olvidado” uno que otro detallito. Qué raro.
Primero: las Diamantes se volvieron aún más estrictas.
Segundo: las rebeldes de la Tierra ahora eran básicamente satanás con glitter.
Tercero: Diamante Blanco estaba como Rapunzel en su torre, sin salir.
Y cuarto… Diamante Azul.
Bueno.
Digamos que no estaba exactamente… bien.
—
“Te lo digo yo, yo lo vi,” dijo Guijarro 1, cruzándose de brazos como si fuera la fuente más confiable del universo. “La Diamante Azul estaba llorando. ¡Llorando!”
“Sí, sí, eso ya lo dijiste como diez veces,” respondió Guijarro 2. “Pero no es normal. Antes solo daba órdenes y ya. Ahora… se queda quieta. Como pensando.”
“Eso es peor,” intervino Guijarro 3. “Cuando una Diamante piensa demasiado, alguien termina hecho pedazos.”
“Gracias por la tranquilidad,” murmuré.
Guijarro 1 me señaló.
“Y tú, Rosa—”
“Steven,” corregí automáticamente.
“—Rosa,” continuó, ignorándome por completo. “Todo esto empezó cuando tú… ya sabes.”
“…Morí. Sí, puedes decirlo.”
Guijarro 2 negó con la cabeza.
“El Imperio cambió. Más control, más vigilancia. Las Ágatas están más pesadas que nunca.”
“Y las Amatistas ni se diga,” añadió Guijarro 3. “Ahora patrullan más seguido. No puedes ni moverte sin que te miren como si fueras a explotar o algo.”
“Bueno, técnicamente podría,” murmuré.
Los tres guijarros me ignoraron.
“Y las rebeldes…” continuó Guijarro 1. “Ahora son el peor enemigo del Imperio. Las pintan como monstruos.”
“Peor que antes,” dijo Guijarro 2. “Ahora cualquier cosa relacionada con la Tierra es sospechosa.”
“¿Y Diamante Blanco?” pregunté.
Los tres se quedaron en silencio un momento.
“Encerrada,” dijo Guijarro 3 finalmente. “No sale. No habla. No hace nada.”
“Eso da más miedo que si estuviera destruyendo planetas,” añadió Guijarro 2.
“Porque cuando salga…” Guijarro 1 dejó la frase en el aire.
“…algo va a pasar,” terminé yo.
Silencio.
“Ah, y otra cosa,” dijo Guijarro 2, como quien recuerda un chisme importante. “Las otras dos Diamantes siguen haciendo lo suyo… pero Azul…”
“Azul está rara,” concluyó Guijarro 3.
“Llorando, ya te dije,” insistió Guijarro 1.
“Sí, Marta, ya entendimos que llora,” respondió Guijarro 2.
“¡No me llamo Marta!”
Suspiré.
Sí.
Definitivamente eran como tías chismosas.
Pero entre todo ese caos…
La cosa estaba clara.
El Imperio no estaba mejorando.
Estaba empeorando.
Y yo estaba a punto de meterme directo al centro del problema.
Genial.
Plan perfecto.
Otra vez.
me mame en esta parte XD
“Oh, vamos, no es tan difícil,” dijo Guijarro 1, como si estuviera hablando de ir a comprar pan y no de infiltrarse en el núcleo del Imperio.
La miré.
Luego miré a las otras.
Y suspiré.
“Ok… les voy a decir el plan,” dije, rascándome la cabeza.
“Pero si me dicen que es una estupidez… no me sorprende.”
“Ya lo es,” respondió Guijarro 2 sin dudar.
“Ni lo ha dicho,” añadió Guijarro 3.
“Confío en mi instinto,” remató la 2.
Las ignoré. Profesionalmente.
“Voy a ir al Planeta Madre.”
Silencio.
“…”
“…”
“…”
“Ah, con razón,” dijo Guijarro 1. “Sí estás tontita Rosa.”
“Gracias por el apoyo emocional,” respondí seco.
“Continúa,” dijo Guijarro 3, interesada.
“Voy a hablar directamente con Diamante Blanco,” solté.
Ahora sí.
Silencio incómodo.
Del pesado.
Del esto va a salir muy mal.
“¿Directamente?” repitió Guijarro 2. “¿Con Diamante Blanco?”
“Sí.”
“¿La misma que está encerrada, loca, y que podría borrarte de la existencia con solo mirarte raro?”
“Esa misma.”
Guijarro 1 se llevó las manos a la cabeza.
“¡Ay, no, Rosa volvió pero más imprudente!”
“Steven,” corregí automáticamente.
“¡Rosa!” insistió.
Guijarro 3 me miró fijamente.
“¿Y cuál es el plan exactamente? Porque hasta ahora solo suena a suicidio con pasos extra.”
“El plan es… hablar,” dije.
…
…
…
Las tres me miraron como si acabara de decir la mayor estupidez del universo.
“¿Hablar?” dijo Guijarro 2. “¿Ese es tu gran plan?”
“Sí.”
“¿Sin armas? ¿Sin ejército? ¿Sin nada?”
“Sí.”
…
…
…
Guijarro 1 negó lentamente.
“Esto no es un plan. Esto es una matanza.”
“Escuchen,” dije, levantando la mano. “No puedo pelear contra ella. Nadie puede. Pero… tal vez pueda hacerla escuchar.”, eso dijo pero no les dijo que habría plomo.
“¿Y por qué te escucharía?” preguntó Guijarro 3.
Señalé mi gema.
“Porque soy… bueno.”
“Rosa,” dijeron las tres al mismo tiempo.
“…Steven,” corregí otra vez, ya por inercia.
“Como sea,” dijo Guijarro 2.
“Aun así, no puedes simplemente llegar y tocar la puerta como si nada.”
“Exacto,” añadí. “Ahí es donde entran ustedes.”
Las tres se quedaron en silencio.
Oh no.
Ya captaron.
“Necesito que me guíen,” continué. “Ustedes saben cómo se mueve todo aquí. Rutas, zonas, vigilancia… caminos que no estén tan vigilados.”
Guijarro 1 cruzó los brazos.
“¿Nos estás pidiendo que te ayudemos a colarte hasta la parte más peligrosa del Imperio… para hablar con la gema más peligrosa del universo?”
“Sí.”
Guijarro 2 suspiró.
“Esto es una pésima idea.”
“Totalmente,” añadió Guijarro 3.
“Va a salir mal,” remató la 1.
Pausa.
“…Pero quiero ver cómo termina,” dijo Guijarro 2.
La 3 asintió.
“Yo también.”
Guijarro 1 me señaló.
“Si nos metemos en problemas, es tu culpa.”
“Anotado.”
Suspiraron.
“Está bien,” dijo Guijarro 3. “Te vamos a guiar.”
“Pero haces exactamente lo que te digamos,” añadió Guijarro 2.
“Y si te decimos corre—”
“Corro,” respondí.
“—corres,” terminó Guijarro 1.
Asentí.
“Entonces tenemos trato.”
Las tres se miraron entre ellas.
Y luego a mí.
“Esto va a ser un desastre,” dijo una.
“Un desastre enorme,” dijo otra.
“Un desastre histórico,” terminó la tercera.
Sonreí un poco.
“Sí… pero es mi desastre.”
Y, honestamente…
Ya estaba demasiado metido como para echarme atrás.
“¿Y por qué no estás con Azul?”
La pregunta cayó así, directa.
Sin filtro.
Como todo lo que salía de ellas.
Me quedé en silencio un segundo.
“…Es complicado,” dije al final.
“Claro que es complicado,” respondió Guijarro 2. “Nada contigo es normal.”
“Gracias por el apoyo,” murmuré.
Guijarro 3 me miró fijamente.
“Explica.”
Suspiré.
“Ok… primero que nada, no soy exactamente Rosa.”
Las tres se quedaron quietas.
“Ajá…” dijo Guijarro 1 lentamente. “Eso suena a algo que Rosa diría.”
“En serio,” insistí. “Soy… su hijo.”
Silencio.
Silencio del pesado.
Del procesando información crítica.
“…¿Qué?” dijo Guijarro 2.
“¿Cómo que su hijo?” añadió Guijarro 3.
“Biológicamente raro, emocionalmente más raro,” respondí. “Pero sí. Soy Steven.”
Guijarro 1 me señaló como si hubiera descubierto una conspiración.
“¡Entonces sí eres Rosa!”
“No—”
“¡Pero versión 2.0!”
“¡Que no!”
Me pasé la mano por la cara.
“Soy yo… pero no soy ella. Tengo sus poderes, su gema, recuerdos a veces… pero no soy Rosa.”
Las tres se miraron entre ellas.
“…Ok, eso explica muchas cosas,” dijo Guijarro 2.
“Y complica muchas otras,” añadió Guijarro 3.
“¿Y Azul?” preguntó Guijarro 1. “¿Por qué no estás con ella si prácticamente eres su trauma caminando?”
“Porque me secuestró,” respondí sin rodeos.
…
…
“…¿Perdón?” dijeron las tres al mismo tiempo.
“Sí. Me sacó de la Tierra y me trajo aquí como si fuera un recuerdo bonito que guardar en una caja.”
Guijarro 2 frunció el ceño.
“Eso es… bastante jodido.”
“Lo sé.”
“¿Y no estás… enojado?” preguntó Guijarro 3.
Me quedé pensando un segundo.
“…Sí. Pero también la entiendo un poco.”
Las tres hicieron cara de este tipo está raro.
“Perdió a Rosa,” continué. “Y ahora aparezco yo con su cara, sus poderes… todo. Es como… echarle sal a la herida.”
Guijarro 1 hizo una mueca.
“Sal con limón y chile.”
“Exacto.”
Pequeña pausa.
“Entonces, ¿por qué no te quedaste con ella?” insistió Guijarro 2.
“Porque no soy Rosa,” respondí, más firme esta vez. “Y no puedo quedarme siendo un reemplazo.”
Silencio.
“Además…” añadí, cruzándome de brazos. “Esto me dio una oportunidad.”
“¿Oportunidad de qué?” preguntó Guijarro 3.
Sonreí un poco.
“De llegar hasta aquí.”
Las tres parpadearon.
“Azul prácticamente me trajo directo al centro del Imperio,” continué. “Sin querer, pero lo hizo.”
Guijarro 1 abrió los ojos.
“…No jodas.”
“Así que voy a aprovecharlo,” dije. “Si ya estoy aquí, voy a hacer lo que vine a hacer.”
“Hablar con Diamante Blanco,” murmuró Guijarro 2.
Asentí.
“Exacto.”
Guijarro 3 negó lentamente con la cabeza.
“Sigues estando loco.”
“Sí,” dije. “Pero ahora soy un loco con acceso VIP.”
Guijarro 1 suspiró.
“Esto cada vez suena peor.”
“Y aún no empiezo,” respondí.
…
“Definitivamente es hijo de Rosa,” dijo Guijarro 2.
“No hay duda,” añadió Guijarro 3.
“Confirmadísimo,” cerró Guijarro 1.
“…Voy a dejar de corregir eso,” murmuré.
Nota del autor: Puse esas personalidades a las guijarros, xp da risa XD, a demas son más comprensibles a esto ya que bueno Rosa digamos que no era sutil en lo que hacia y practicamente le contaba todo a la primera guijarro que pasara.
“Al parecer ya llegamos…” murmuró Guijarro 3.
De la nada, se escucharon unos pasos.
Otra guijarro apareció, claramente apurada.
“Oigan, Rosa tiene que ponerse abajo para irse con Diamante Azul.”
Las demás asintieron.
Yo las seguí rápidamente.
Nos acomodamos en el suelo, esperando la señal, todos en silencio. El ambiente se sentía… pesado. Como si el mismo planeta supiera que esto era una pésima idea.
Otra guijarro asintió y, sin perder tiempo, abrió un pequeño hueco, justo del tamaño necesario para que pudiera pasar en mi forma reducida.
Eficiente. Me gusta.
Rápidamente me encogí y me metí, subiéndose junto a Guijarro 1, que sería la que me ayudaría a moverme.
Activé mi forma rosada para iluminar un poco.
“Ok… misión suicida en progreso,” murmuré.
“Silencio,” susurró Guijarro 1. “Aquí cualquier ruido se escucha.”
Asentí.
Y entonces…
Se escuchó una voz.
“Bienvenidas, mis Diamantes.”
Sentí cómo el ambiente cambiaba al instante.
Más frío.
Más… tenso.
Guijarro 1 se quedó completamente quieta.
Yo también.
Porque si esa voz era quien creía que era…
Entonces ya no estábamos jugando.
Habíamos llegado.
Directo.
A la boca del lobo.
Fin capitulo 82.
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