Steven Universe: ¿Soy que? Sobrecarga - Capítulo 85
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Capítulo 85: Capitulo 85: Soy un monstruo
Campo de batalla — Diamante Amarillo vs Bismutrine
Te convencimos mal… y lo sentimos.
Lo sientes.
Eres nosotros.
Pero no podíamos dejar esto así.
Ese pensamiento cruzaba la mente de la fusión mientras el suelo se partía bajo sus pies.
Bismutrine.
Así se había llamado.
Y no tenía tiempo para dudas.
—
Diamante Amarillo se estabilizó en el aire tras el impacto anterior.
Su mirada se afiló.
Evaluando.
Midiendo.
“Una fusión…” murmuró. “Y una bastante inestable.”
Bismutrine no respondió.
Sus manos ya estaban en el suelo.
La tierra vibró.
Se elevó.
Columnas enormes surgieron como lanzas intentando atravesar a Amarillo desde abajo.
Pero Amarillo reaccionó al instante.
Su cuerpo brilló.
Saltó.
Giró en el aire.
Y con un solo movimiento de su pierna—
BOOM
Destruyó las columnas antes de que la tocaran.
Fragmentos volaron por todas partes.
“Patético,” dijo.
Y descendió.
Rápida.
Directa.
Un golpe.
Bismutrine cruzó los brazos—
Los guantes de Garnet se materializaron.
Impacto.
El choque sacudió el terreno.
El suelo se hundió bajo sus pies.
Bismutrine aguantó.
Pero apenas.
“…Es fuerte,” pensó.
No había margen de error.
—
Activó todo.
Peridot.
Control.
La tierra se movió bajo Amarillo.
Intentando atraparla.
Encerrarla.
Pero Amarillo sonrió.
“Predecible.”
Descargó energía.
El suelo se desintegró a su alrededor.
Se liberó.
Y contraatacó.
Un puñetazo directo.
Bismutrine no lo bloqueó.
Se transformó.
Su cuerpo cambió.
Se deslizó.
El golpe pasó de largo.
Y desde abajo—
Un martillo.
Formado por Bismuto.
Golpeó la pierna de Amarillo.
CRACK
No la rompió.
Pero la hizo retroceder.
Eso bastaba.
—
“Bien,” dijo Amarillo.
Por primera vez…
Interesada.
—
Bismutrine respiró.
No podía ganarle en fuerza.
Ni en velocidad.
Pero—
“Podemos preverla.”
La voz de Garnet dentro.
Futuro.
Caminos.
Decisiones.
—
Amarillo avanzó otra vez.
Pero esta vez—
Bismutrine ya lo había visto.
Se movió antes.
Esquivó.
Contraatacó.
Guantes.
Golpe.
Tierra elevándose detrás.
Encerrando.
Presionando.
Amarillo rompió la estructura.
Pero—
Llegó tarde.
El segundo golpe impactó.
Directo.
La empujó hacia atrás.
—
“…Interesante,” murmuró Amarillo.
Ahora sí.
Seria.
—
Elevó ambas manos.
La energía amarilla creció.
Más intensa.
Más peligrosa.
“Entonces deja de jugar.”
El aire vibró.
La presión aumentó.
Bismutrine apretó los puños.
La tierra respondió.
Armas se formaron.
Escudos.
Picos.
Martillos.
Todo al mismo tiempo.
—
Dos fuerzas.
En choque.
—
Y en el fondo—
Steven.
Transformándose.
—
Bismutrine lo sabía.
No podía fallar.
Porque si Amarillo pasaba—
Todo se iba a la mierda.
“…Vamos otra vez.”
Y se lanzó.
Sin dudar.
Contra una Diamante.utrBi smutrine
Campo de batalla — Diamante Azul vs Violette
No lo estaban pasando bien.
Desde el momento en que Garnet dijo que Steven pelearía contra una Diamante… no hubo discusión.
Solo una aceptación silenciosa.
Tres contra una.
Y aun así…
No era suficiente.
—
Violette cayó al suelo con fuerza, levantando polvo a su alrededor. Su respiración era pesada, pero sus ojos no se apartaron ni un segundo de la figura frente a ella.
Diamante Azul.
Inmensa.
Inalcanzable.
Pero… distraída.
Su mirada seguía clavada en la cápsula.
En él.
“…No tocarás a mi niño,” dijo Violette, levantándose lentamente.
La voz salió firme.
Sin temblar.
Diamante Azul parpadeó.
Como si apenas hubiera regresado al presente.
“…¿Hablas de Rosa?” murmuró, sin apartar la vista de la cápsula. “No entiendo qué está pasando… pero volvió.”
Su expresión cambió.
Se endureció.
“Y no dejaré que la rompan otra vez.”
Ahora sí miró a Violette.
Directamente.
Y eso…
Fue suficiente.
—
El aura de Azul se expandió.
Pesada.
Densa.
Triste.
El aire mismo se volvió lento.
Las lágrimas comenzaron a flotar a su alrededor, suspendidas como pequeñas esferas brillantes.
Cada una cargada de emoción.
De dolor.
De pérdida.
Pero Violette no se detuvo.
No podía.
No con Lapis en la fusión.
No con esa determinación.
No con Steven ahí.
—
Azul alzó la mano.
Las lágrimas se dispararon.
Como proyectiles.
No destructivos…
Pero abrumadores.
Intentando aplastar la voluntad.
Doblegar.
Violette desplegó sus alas.
De luz.
Brillantes.
Firmes.
Y respondió.
Su arco apareció en sus manos.
Tensó.
Disparó.
Las flechas de luz atravesaron el aire, cortando entre las lágrimas, disipándolas en su trayecto.
No eran solo ataques.
Eran cortes precisos.
Decisiones.
—
Azul descendió.
No huyó.
No esquivó.
Soportó los impactos.
Las flechas chocaban contra su cuerpo, disipándose antes de causar daño real.
Pero la obligaban a avanzar.
A moverse.
A reaccionar.
—
“Persistente…” murmuró Azul.
Y entonces—
El suelo bajo Violette se volvió agua.
De la nada.
Un charco enorme se formó.
Y la atrapó.
La jaló.
Intentando inmovilizarla.
Lapis reaccionó al instante.
El agua respondió.
Se separó.
Se elevó.
Y explotó hacia afuera, liberando a Violette.
—
No había pausa.
Violette giró.
Sus alas cambiaron.
Se fragmentaron.
Se endurecieron.
Se transformaron en sierras de luz.
Las lanzó.
Girando.
Cortando el aire.
Directo a Azul.
—
Azul levantó un brazo.
Intentó bloquear.
Pero esta vez—
Sintió el impacto.
Las sierras no eran suaves.
No eran emocionales.
Eran físicas.
Reales.
La empujaron.
Un paso.
Luego otro.
—
Violette cayó al suelo.
Sin alas.
Por ahora.
Respirando.
Midiendo.
—
“…Interesante,” dijo Azul.
Pero ya no estaba distraída.
Ya no estaba dudando.
—
El aura aumentó.
Mucho más.
Las lágrimas ahora no eran pocas.
Eran cientos.
Miles.
Llenando el espacio.
Presionando.
Aplastando.
No el cuerpo.
La mente.
—
Pero Violette no cedió.
No podía.
No cuando sabía lo que estaba en juego.
Alzó el arco otra vez.
Aunque no tuviera alas.
Aunque estuviera en desventaja.
—
“Ven,” murmuró.
—
Azul avanzó.
—
Y el choque volvió a comenzar.
Más serio.
Más peligroso.
Porque ahora…
Ambas estaban peleando en serio.
Campo de batalla — Steven vs Diamante Blanco
Diamante Blanco apretó los dientes.
No dijo nada.
Pero su mirada cambió.
Evaluó la nueva forma de Steven… y actuó.
Sin que él lo notara.
Un gesto mínimo.
Suficiente.
La Perla Blanca fue arrastrada hacia ella, como un reflejo obediente.
Y entonces—
La luz aumentó.
Más.
Mucho más.
La presencia de Blanco se intensificó al fusionarse.
No cambió demasiado su forma.
Pero el poder…
Subió.
Y se sintió.
—
Steven lo notó.
Recordó a Peridot.
A cómo se movía cuando no era ella.
Apretó los dientes.
Pero no dudó.
Porque esta vez…
No había espacio para eso.
—
Ambos se miraron.
Silencio.
Y luego—
Se movieron.
—
Steven creció.
Su cuerpo se expandió hasta igualar el tamaño de Blanco.
Su nueva forma era imponente.
Inestable.
Peligrosa.
Y se lanzó.
Su puño subió directo a la barbilla de Blanco.
Un golpe limpio.
Pesado.
Pero Blanco reaccionó.
Lo detuvo con una mano.
El impacto resonó.
El aire vibró.
El suelo tembló.
—
Pero Steven no se detuvo.
El segundo golpe ya venía.
Directo.
Rápido.
Sin aviso.
A la gema.
—
Blanco lo vio.
En el último instante.
Su expresión cambió.
Palideció.
Y esquivó.
Por poco.
El puño pasó rozando.
La presión del golpe distorsionó el aire a su alrededor.
—
Silencio.
Un segundo.
—
Blanco lo miró.
Y lo entendió.
No era Rosa.
No del todo.
Esto era… otra cosa.
Y la intención en sus ojos—
No era duda.
Era matar.
—
“…Así que este es tu límite,” murmuró.
Y atacó.
—
Su velocidad aumentó.
Desapareció de la vista.
Reapareció a su lado.
Un golpe descendente.
Steven cruzó los brazos.
Impacto.
El suelo se hundió bajo él.
Pero no cedió.
Empujó.
Y contraatacó con una ráfaga de energía rosa a quemarropa.
Blanco la bloqueó.
Pero la explosión la empujó hacia atrás.
—
Steven no dio respiro.
Se lanzó.
Giró en el aire.
Y formó múltiples estructuras de energía rosa.
No como proyectiles simples—
Sino como extensiones.
Como brazos.
Como garras.
Intentando atraparla desde varios ángulos.
—
Blanco respondió con control.
Su luz se expandió.
Desintegrando algunas.
Desviando otras.
Pero una—
La alcanzó.
Se cerró sobre su brazo.
—
Steven jaló.
Con fuerza brutal.
La arrastró.
Y con la otra mano—
Golpe directo al rostro.
—
El impacto la lanzó.
Por primera vez—
La lanzó.
—
Blanco chocó contra el suelo.
El terreno se fracturó.
Se levantó casi de inmediato.
Pero ya no sonreía.
—
“…Esto ya no es un juego.”
—
Su aura explotó.
Más pura.
Más intensa.
Más peligrosa.
—
Steven descendió.
Lento.
Pesado.
Su forma vibraba.
Su energía desbordaba.
Sus ojos no se apartaban.
—
“Lo sé.”
—
Y volvió a lanzarse.
—
Esta vez no hubo estrategia.
No hubo pausa.
Fue fuerza contra fuerza.
Golpes que sacudían el entorno.
Impactos que partían el suelo.
Choques de energía que distorsionaban el aire.
Steven empujaba.
Blanco resistía.
Blanco contraatacaba.
Steven se regeneraba.
Se adaptaba.
Se volvía más agresivo.
Más rápido.
Más… monstruoso.
—
Cada intercambio era más violento que el anterior.
Cada segundo…
Más peligroso.
—
Y en medio de todo—
Una verdad se hacía clara.
Steven ya no estaba peleando para convencer.
—
Estaba peleando para ganar.
A cualquier costo.
El aire estaba pesado.
No por el poder.
Por el desgaste.
Ambos respiraban distinto ahora.
Steven… porque esa forma era nueva.
Blanco… porque él no lo era.
—
Se miraron.
En silencio.
Un segundo que duró demasiado.
“…Rosa,” dijo Blanco.
Steven alzó una ceja, limpiándose con saliva la sangre que ya se cerraba al instante.
“¿Qué?” respondió seco.
“No ves… el daño que estás causando al Imperio.”
Hizo un gesto alrededor.
Miles.
Millones de gemas observando.
Nadie se movía.
Nadie intervenía.
Solo… miraban.
Steven siguió su mirada.
Y luego volvió a ella.
“¿Es en serio?” dijo.
Plano.
Sin emoción.
—
Blanco frunció el ceño.
No funcionó.
—
Steven miró de reojo.
Azul.
Lo estaba viendo.
Con esa cara.
Esa que dolía más que cualquier golpe.
Le hizo un gesto.
Tranquila.
Azul asintió.
Bajó el ritmo.
—
Amarillo.
Más allá.
Seguía peleando.
Seria.
Totalmente enfocada.
No había espacio ahí.
—
Steven volvió a Blanco.
Silencio.
…
“Te…”
…
“Ma…”
…
“Ta…”
…
“Ré.”
—
Blanco negó con la cabeza.
“¿Así es como me agradeces, estrellita?” dijo, casi decepcionada. “¿Haciéndome… esto?”
Steven no cambió la expresión.
Nada.
“…Ash,” soltó Blanco. “Antes sí caías en eso.”
—
Steven pensó.
Jasper.
Estrategia.
Agresividad.
Ritmo.
No.
No servía.
Esto era distinto.
—
Se acomodó.
Pie al frente.
Pie atrás.
Centro bajo.
Estable.
—
La energía respondió.
Garras de luz.
Se formaron en sus manos.
Filosas.
Inestables.
Una armadura rosa cubrió su cuerpo.
Compacta.
Viva.
—
Blanco también cambió.
Seria.
Sin sonrisa.
Sin máscara.
Una lanza de luz apareció en su mano.
Larga.
Perfecta.
—
Se miraron.
—
Y se movieron.
—
Blanco fue primero.
Un avance limpio.
Sin ruido.
La lanza atravesó el aire directo al torso.
Steven no retrocedió.
Giró.
La dejó pasar rozando su armadura.
Y cerró la distancia.
Sus garras chocaron contra el asta de la lanza.
Chispas.
Presión.
Empuje.
—
Blanco giró la muñeca.
La lanza cambió de ángulo en un instante.
Buscando la gema.
Siempre la gema.
—
Steven la vio.
Tarde.
Se inclinó.
La punta rozó su pecho.
Dolor.
Pero no se detuvo.
—
Contraatacó.
Una garra directa al cuello.
Blanco soltó la lanza.
Desapareció.
Reapareció a su lado.
Golpe.
—
Steven lo bloqueó.
Pero el impacto lo arrastró.
El suelo se abrió bajo sus pies.
—
No cayó.
Clavó una garra en el terreno.
Se impulsó.
Volvió.
—
Más rápido.
Más agresivo.
—
Esta vez no buscó golpear.
Buscó romper ritmo.
Sus garras atacaban desde ángulos raros.
Irregulares.
Impredecibles.
No era técnica.
Era instinto.
—
Blanco retrocedió.
Por primera vez.
No por daño.
Por cálculo.
—
La lanza volvió a su mano.
Esta vez—
Más rápida.
Más precisa.
Cada estocada buscaba terminar.
No probar.
—
Steven empezó a recibir.
Cortes superficiales.
Golpes.
Presión.
—
Se regeneraba.
Pero el desgaste se notaba.
—
Entonces cambió.
—
Dejó de seguir.
Empezó a anticipar.
—
Bloqueó una estocada.
Desvió otra.
Y cuando Blanco intentó retroceder—
La atrapó.
—
Su garra se cerró alrededor del brazo de Blanco.
Fuerte.
—
“Te tengo.”
—
Blanco no respondió.
Su mirada bajó.
A la garra.
—
Y sonrió.
—
La luz explotó.
—
Steven salió disparado.
Rodó.
Se levantó.
Más lento esta vez.
—
Blanco descendió.
Intacta.
Pero…
Respirando distinto.
—
Ambos estaban sintiendo el desgaste.
—
El siguiente intercambio sería peor.
—
Porque ya no estaban probando.
—
Estaban aprendiendo cómo matarse.
Steven no esperó.
Corrió.
Y el suelo explotó bajo sus pies cuando ambos despegaron.
No fue un salto.
Fue vuelo.
Velocidad pura.
Dos fuerzas ascendiendo mientras el aire se distorsionaba a su alrededor.
Chocaron en pleno cielo.
Impactos que no sonaban…
Retumbaban.
Se movían a velocidades absurdas, cruzando el espacio mientras intercambiaban golpes que dejaban ondas visibles en el aire.
Abajo—
Peridots grababan.
Ilegal.
Prohibido.
Pero imposible de ignorar.
Una batalla de dioses.
—
Steven lanzó ráfagas de energía rosa.
No al azar.
Presión constante.
Obligando a Blanco a moverse.
A bloquear.
A reaccionar.
Cada explosión iluminaba el cielo vacío.
Sin nubes.
Sin vida.
Solo ellos.
—
Blanco atravesaba los ataques.
A veces bloqueando.
A veces ignorando.
A veces simplemente apareciendo en otro punto.
Su lanza brillaba con cada movimiento, buscando siempre la gema.
Siempre.
—
Steven lo notó.
Y empezó a adaptarse.
—
Fingió un ataque frontal.
Blanco respondió.
Estocada directa.
Steven giró.
Dejó pasar la lanza.
Se acercó.
Demasiado.
—
Golpe.
Directo.
Al centro.
—
El impacto fue brutal.
Su puño se hundió en el abdomen de Blanco.
Justo donde estaba la gema de la Perla.
—
Por un segundo—
Todo se detuvo.
—
Blanco abrió los ojos.
No por dolor.
Por sorpresa.
—
Steven no dudó.
Su mano se hundió más.
Agarró.
—
Y tiró.
—
La gema salió.
Arrancada.
—
Silencio.
Un segundo imposible.
—
Steven la encapsuló al instante.
Una burbuja rosa.
Sellada.
—
Y sin perder tiempo—
La absorbió.
Guardándola dentro de su propia gema.
—
Blanco retrocedió.
Su forma tembló.
La fusión…
Se rompió.
—
Por segunda vez—
Diamante blanco tenia una mirada de miedo absoluto.
—
Steven flotaba frente a ella.
Respirando pesado.
Mirándola.
—
“…Ahora sí.”
—
Porque la pelea acababa de cambiar.
El golpe de Steven no fue normal.
Entró.
Literalmente.
Su energía rosa se filtró dentro de la forma de luz de Diamante Blanco… y en ese instante entendió.
No podían coexistir.
No así.
No sin ser una fusión.
Y ellos no lo eran.
—
La reacción fue inmediata.
Violenta.
Absoluta.
REPULSIÓN.
—
Diamante Blanco salió disparada.
No como antes.
Mucho más lejos.
El impacto al caer abrió un cráter…
No.
Un vacío.
Del tamaño de una ciudad.
—
Steven descendió lentamente.
El aire aún vibraba.
Sus ojos no se apartaban de ella.
—
Las otras Diamantes se detuvieron.
Las fusiones también.
Todo se congeló.
—
Las cuatro llegaron.
Y vieron.
Diamante Blanco.
En el suelo.
Rota.
No completamente…
Pero lo suficiente.
—
Steven caminó.
Lento.
Pesado.
Se detuvo frente a ella.
La miró.
—
Y aun así…
Ella lo miraba igual.
Como si supiera.
Como si entendiera que no lo haría.
—
“No lo hagas,” dijo Bismutrine.
—
Steven no apartó la mirada.
“Sabías… ¿no?”
—
Bismutrine asintió.
—
Silencio.
—
Steven habló.
“Te salvaste.”
—
Dio cuatro pasos atrás.
—
Y entonces—
Blanco atacó.
—
Un rayo.
Directo.
A Bismutrine.
—
“¡—!”
El impacto fue limpio.
Brutal.
La gema de Bismuto—
Se partió.
—
Silencio.
—
La fusión se rompió.
Cuerpos cayendo al suelo.
Inertes.
—
Nadie se movió.
Nadie habló.
—
Steven abrió los ojos.
—
Y algo dentro de él…
Se rompió.
—
Miró a Blanco.
—
Ella sonreía.
—
Yo gané.
—
No.
—
Steven levantó la mano.
Una burbuja apareció.
Encerró a las gemas.
Las protegió.
—
Y desapareció.
—
Apareció frente a Blanco.
—
Y golpeó.
—
Un puñetazo directo a su gema.
—
Otro.
—
Y otro.
—
No era técnica.
No era estrategia.
—
Era rabia.
—
“¡¿POR QUÉ?!” gritó.
Golpe.
—
“¡¿POR QUÉ SIEMPRE—?!”
Golpe.
—
“¡—TIENE QUE TERMINAR ASÍ?!”
—
Sus manos temblaban.
Sus ojos…
Lloraban.
—
Lágrimas caían.
Sobre ella.
—
Y la sanaban.
—
La gema de Blanco brillaba.
Se reparaba.
—
Solo para—
—
CRACK
—
Romperse otra vez.
—
Steven no se detenía.
—
Golpeaba.
Sanaba.
Rompía.
—
Una y otra vez.
—
“¡TE DIJE QUE PARARAS!” gritó.
—
“¡TE DIJE QUE—!”
—
Su voz se quebró.
—
“…que no lo hicieras…”
—
Golpe.
—
Más débil.
—
Pero seguía.
—
Sus manos estaban cubiertas de luz rosa.
De lágrimas.
De grietas.
—
“…no quería esto…”
—
Sanaba.
—
Y volvía a romper.
—
Blanco ya no sonreía.
—
Ahora—
Había miedo.
—
Real.
—
“…por favor…” murmuró Steven.
—
Pero no se detuvo.
—
Porque ya no podía.
—
Cada golpe era más pesado.
Más lento.
Más desesperado.
—
Hasta que—
—
CRACK
—
La gema se fracturó por completo.
—
Silencio.
—
Steven se quedó ahí.
Con la mano levantada.
Temblando.
—
Llorando.
—
Sin moverse.
—
Porque esta vez…
—
No se estaba regenerando.
Diamante Blanco… había muerto.
El silencio cayó.
Pesado.
Absoluto.
Nadie habló.
Nadie se movió.
El aire mismo parecía haberse detenido.
Steven seguía ahí.
De pie.
Con la mano temblando.
Las lágrimas aún cayendo.
Mirando lo que quedaba.
Sin decir nada.
Sin poder decir nada.
—
Fin del Capítulo 85
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