Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Telarañas y Omnitrix - Capítulo 12

  1. Inicio
  2. Telarañas y Omnitrix
  3. Capítulo 12 - 12 Un año y medio después
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

12: Un año y medio después 12: Un año y medio después Capítulo 12: Un año y medio después Ha pasado más de un año y medio.

El tiempo no se siente igual cuando siempre estás haciendo algo.

Leo ya no estudia como un niño normal.

Las clases… son más una formalidad que otra cosa.

Hace tiempo que va adelantado.

A nivel universitario en varias cosas.

Pero eso no es lo que le interesa ahora.

Ahora está enfocado en dos cosas: mecánica… y biología.

La biología empezó por necesidad.

Entender su propio cuerpo no es opcional cuando tienes habilidades que no deberían existir.

Reflejos, fuerza, resistencia… y otras cosas que todavía está descifrando.

La mecánica… Bueno.

Eso empezó como curiosidad.

Y terminó como obsesión.

— El sueño es simple.

Construir su propio auto.

Y una moto.

Desde cero.

Como debe ser.

— Sus padres no tardaron en notarlo.

Y tampoco en apoyarlo.

Primero fueron libros.

No básicos.

Manuales técnicos, guías de ingeniería, esquemas reales.

Después herramientas.

Y luego… piezas.

Piezas de verdad.

— —¿Te gustan?

—dice su padre, cruzado de brazos con una sonrisa apenas contenida.

Leo está frente a la mesa de trabajo en el garaje.

No responde de inmediato.

Está mirando.

Sorprendido y emocionado.

Bloque del motor de aleación ligera.

Sistema de inyección de combustible de alto rendimiento.

Componentes electrónicos de precisión.

No son piezas cualquiera.

—…Son demasiado buenas —murmura.

Su padre suelta una pequeña risa.

—Claro que lo son.

Leo levanta la mirada.

—¿De dónde sacaste esto?

—Importadas.

Pausa.

Sonrisa.

—Marca Stark.

Leo se queda quieto un segundo.

Luego vuelve a mirar las piezas.

—…Tiene sentido.

No pregunta más.

Pero en su cabeza ya está conectando cosas.

—Bueno, genio —dice su padre, dándole una palmada en el hombro—.

Vamos a armar eso.

—Sí.

Las siguientes horas pasan entre herramientas, metal y concentración.

El padre ayuda con lo que requiere fuerza o precisión física: soldaduras, ajustes estructurales, ensamblaje pesado.

Leo se encarga del resto.

—Si alineamos el eje aquí —dice Leo, señalando— reducimos la vibración en altas revoluciones.

—¿Y eso en qué ayuda?

—En todo.

Pausa.

—Menos desgaste.

Más estabilidad.

Mejor respuesta.

Su padre lo mira.

—A veces olvido que tienes ocho… bueno, ya casi nueve.

—Ocho y medio —corrige Leo sin levantar la vista.

—Peor todavía.

Desde la puerta, su madre observa.

Con los brazos cruzados.

Sonriendo.

—¿Y esto qué es?

—dice—.

¿Un taller mecánico o un club secreto?

—Ambas —responde Leo.

—Hmm… —ella inclina la cabeza—.

Lila estaría impresionada.

Silencio.

Leo no reacciona.

—Seguro le gustaría ver esto —continúa ella, con tono inocente.

—Mamá.

—¿Sí?

—No empieces.

—¿Empezar qué?

—Eso.

—¿Qué cosa?

Leo levanta la mirada lentamente.

Ella sonríe más.

—Nada, nada.

Continúa, ingeniero.

El padre se ríe por lo bajo.

—Tu madre no tiene remedio.

—Lo sé.

—Y tú tampoco.

—También lo sé.

— Pero no todo es trabajo.

— En la Casa Famiglia, las tardes siguen siendo ruidosas.

Caóticas.

Y bastante entretenidas.

— —¡No puede ser!

—grita Tommaso (9), golpeando la mesa—.

¡Otra vez!

—Negocios son negocios —dice Leo, recostado en la silla con total tranquilidad.

Sobre la mesa, el tablero de Monopoly es un campo de guerra.

—Estás abusando —dice Martina (14), cruzándose de brazos.

—Estoy ganando.

—Eso no lo hace mejor.

—Para mí sí.

Giulia (18) suspira mientras cuenta sus billetes.

—Estoy sobreviviendo… de milagro.

Sara (10) mira sus pocas propiedades.

—Creo que ya perdí.

—No —dice Leo—.

Aún puedes endeudarte más.

—Eso no ayuda.

Luca (16) y Marco (15) están en una situación similar.

—Si caigo otra vez en tu hotel, estoy muerto —dice Marco.

—Eso es lo que pasa cuando no diversificas —responde Leo.

—Tiene ocho años y habla como un empresario corrupto —murmura Luca.

—Ey, soy eficiente, no corrupto.

Lila mira su tablero.

Silencio.

Mucho silencio.

—…Estoy en bancarrota.

Leo sonríe.

Error.

Grave error.

—Bueno —dice él, inclinándose hacia adelante—, si sirve de consuelo… No termina la frase.

Porque Lila se le lanza encima.

—¡ES TU CULPA!

—¡Oye!

—Leo intenta apartarla—.

¡Eso es agresión financiera!

—¡Me arruinaste!

—¡Es el juego!

—¡Eres un tramposo!

—¡No hay trampa en el capitalismo!

—¡CÁLLATE!

—¡Oigan, ayúdenme!

—dice Leo, mirando al resto.

Nadie se mueve.

Todos sonríen.

—Se lo merece —dice Tommaso.

Eso rompe todo.

Risas.

Incluso Lila se detiene un segundo… solo para volver a intentar estrangularlo.

— Toc toc.

La puerta.

—Voy yo —dice Giulia, levantándose.

Camina hacia la entrada.

Abre.

—Señora Durand —dice con una sonrisa—.

¿Cómo está?

—Bien —responde Marie, devolviendo la sonrisa—.

Y ya te dije que me digas Marie.

—Lo siento… Marie.

—¿No viene su esposo?

—pregunta Giulia.

—Está en el auto.

Señala afuera.

A lo lejos, el padre de Leo levanta la mano con una sonrisa algo torpe.

Giulia saluda de vuelta.

Marie vuelve a mirar adentro.

—Vengo a buscar a un niño que parece haberse perdido… y olvidó cómo volver a casa.

Giulia parpadea.

Mira hacia la sala.

Mira afuera.

Está oscuro.

—…Está adentro —dice, riendo un poco nerviosa—.

Pasen.

—¿Quién es?

—se escucha desde la sala.

Marie entra.

Y Leo la ve.

Se queda congelado un segundo.

—…Mamá.

—Léo.

Silencio.

—¿Ha pasado algo?

—pregunta él, confundido.

Ella cruza los brazos.

—¿No has visto la hora?

Leo abre la boca.

Se gira hacia la puerta.

Oscuro.

Muy oscuro.

—…Mierda.

Se levanta de golpe.

—No me di cuenta —dice rápido—.

Perdón, perdón, de verdad no vi la hora.

Los demás ya están en la entrada.

Observando.

—La próxima vez avisa —dice Marie, suspirando—.

Nos tenías preocupados.

Su tono ya no es duro.

Nunca lo fue del todo.

Leo asiente.

—Sí… lo siento.

—Despídete.

—Sí.

—Adiós —dice Leo al grupo.

—Adiós —responden varios.

—Te lo ganaste —dice Tommaso.

—Te veo mañana —añade Lila.

—Sí.

El auto arranca de vuelta a casa.

— Presente.

— El garaje.

El auto está terminado.

Casi.

Leo sostiene la pistola de pintura, dando la última capa negra al vehículo.

La forma es familiar.

Inspirada en un Nissan Skyline GT-R R34.

Pero no es eso.

No realmente.

Es más bajo y agresivo.

Mucho mejor que el original — Mientras trabaja, su mente repasa todo.

— Motor: Diseñado desde cero.

No es un motor convencional.

Sistema híbrido modificado con combustión optimizada y asistencia eléctrica de alto rendimiento.

Capacidad de mantener velocidades cercanas a 360 km/h durante largos periodos.

Refrigeración mejorada con circuito cerrado de líquido + disipadores térmicos avanzados.

— Transmisión: Secuencial.

Cambios ultrarrápidos.

Respuesta casi inmediata.

— Suspensión: Ajustable.

Sistema activo que adapta la rigidez según velocidad, peso y ángulo de giro.

Permite estabilidad incluso en curvas cerradas a alta velocidad.

— Neumáticos: Compuestos reforzados.

Diseñados para resistir calor extremo y fricción prolongada.

Durabilidad anormalmente alta.

— Aerodinámica: Carrocería optimizada para reducir resistencia.

Flujo de aire canalizado.

Mayor adherencia sin sacrificar velocidad.

— Leo baja la pistola.

Observa.

Sonríe un poco.

—Nada mal… —¡Léo!

—se escucha desde arriba.

Su madre.

—¡A comer!

Suspira.

—Ya voy.

Deja todo.

Apaga las luces.

Y sube.

— El verano está a la vuelta de la esquina.

Y sin saberlo… todo está a punto de cambiar.

— La cena ya está servida.

El sonido de los cubiertos, el leve roce de los platos, el olor de la comida… todo es normal.

Tranquilo.

Como cualquier otra noche.

Pero Leo no.

Leo lleva varios minutos jugando con la comida más de lo que la come.

Da vueltas con el tenedor, corta algo que ya estaba cortado, mira a sus padres… y vuelve a bajar la mirada.

No sabe cómo empezar.

Miedo a elegir mal las palabras.

— Su madre lo nota primero.

Siempre lo hace.

—¿Qué pasa?

—pregunta con suavidad, apoyando el codo en la mesa—.

Tienes cara de estar pensando demasiado.

Leo levanta la mirada.

Su padre también lo observa ahora.

Es el momento.

Suspira.

—Señora mamá… señor papá… —empieza, llamándolos como cuando quiere aligerar el ambiente de lo normal— quiero decirles algo importante.

Ambos se miran de reojo.

Esa forma de hablar nunca trae algo pequeño.

—Lo he estado pensando desde hace tiempo… Hace una pequeña pausa.

Y lo suelta.

—No creo que necesite seguir yendo a la escuela.

— Silencio.

Su padre se queda quieto, con el tenedor en la mano.

Su madre parpadea una vez.

Dos.

Procesando.

— El primero en reaccionar es su padre.

—Leo… hijo… —empieza con calma— mira, sé que la escuela puede ser aburrida a veces, pero sigue siendo necesaria.

Leo niega suavemente.

—Sí, pero para niños normales, pa.

Se inclina un poco hacia adelante.

—Acabo de terminar de armar un coche desde cero.

No solo montarlo… diseñé el sistema completo.

Modifiqué la carrocería para mejorar el coeficiente aerodinámico, optimicé la distribución del peso, ajusté la suspensión con un sistema de respuesta adaptativa para mantener estabilidad en curvas a alta velocidad… Su padre deja el tenedor.

—También rediseñé el motor.

Es un sistema híbrido con asistencia eléctrica acoplada a un bloque de combustión optimizado.

Tiene mejor eficiencia energética y puede mantener velocidades muy altas sin sobrecalentarse.

Silencio otra vez.

Pero diferente.

Su padre… no tiene respuesta inmediata.

— La madre interviene, es más suave, pero firme.

—Hijo… aunque todo eso sea cierto… necesitas algo de lo que vivir.

Algo estable.

Un título sigue siendo importante.

Hace una pausa.

—Y la escuela no es solo estudiar.

Es convivir, hacer amigos… Leo levanta ligeramente una ceja.

—Mamá… puedo ganarme la vida como mecánico si quiero.

Podría montar un taller ahora mismo y funcionaría.

Los dos lo miran.

No suena como una fantasía.

Eso es lo inquietante.

—Y por los amigos, ya tengo eso, mamá.

Ambos lo miran.

—Tengo a Lila… —dice— y a los demás.

Levanta los dedos, contando sin pensar demasiado.

—Giulia, Martina, Luca, Marco, Sara, Tommaso… paso casi todas las tardes con ellos.

Se encoge de hombros.

—No estoy solo.

Eso… sí les llega.

Leo respira otra vez.

—Además… —añade— no es que quiera dejar la escuela para siempre.

Los dos levantan un poco la mirada.

—Solo… quiero parar un tiempo.

Pausa.

—Quiero empezar otro proyecto.

—¿Qué proyecto?

—pregunta su padre.

Leo sonríe apenas.

—Una moto.

Su padre deja escapar una pequeña risa por la nariz.

—Claro.

—Y quiero hacerlo bien —continúa Leo—.

Desde cero.

Diseño, estructura, motor… todo.

Mira a ambos.

—Y cuando tenga trece… puedo volver a la escuela sin problema.

Leo suspira.

—Y… hay algo más.

Saca el teléfono.

Lo desbloquea.

Y lo gira hacia ellos.

— ”’ 📱 Canal: Tout en Musique 👤 Suscriptores: 723,418 🎵 Videos: 1.

Reminiscencias – 3.2M vistas 2.

Till I Collapse – 4.1M vistas 3.

Maps – 4.8M vistas 4.

Stolen Dance – 3.9M vistas 5.

Shape of You – 5.6M vistas 6.

Stressed Out – 1.2M vistas 7.

El Efecto – 980K vistas 8.

No voy a llorar por ti – 740K vistas 9.

Mujeres Divinas – 510K vistas 10.

La Costa del Silencio – 880K vistas 11.

Figa de Guiné – 1.6M vistas 12.

Sexy Chick – 1.1M vistas 13.

La Vaca – 420K vistas 14.

El Baile del Beeper – 300K vistas 15.

Yendo a la casa de Damian – 120K vistas ”’ — Sus padres se inclinan.

Primero curiosos.

Luego… Se quedan quietos.

— —…Espera —murmura su madre.

Se acerca más.

Sus ojos recorren la pantalla.

Se detienen en un nombre.

“Maps.” Frunce el ceño.

—Yo… he escuchado esta canción.

Leo la mira.

—¿Sí?

—Sí… —dice, más bajito— me gusta mucho.

Su padre levanta la mirada lentamente hacia Leo.

—¿Este canal… es tuyo?

Leo asiente.

—Sí.

Pausa.

—Y esto también.

Cambia de pantalla.

Les muestra su cuenta.

El total.

— Silencio.

Otra vez.

Pero ahora es distinto.

Más denso.

— Su padre es el primero en reaccionar.

—Espera, espera… —dice, levantando una mano— ¿cómo que tienes una cuenta bancaria?

Se gira hacia su esposa.

—Yo no recuerdo haberte llevado a abrir ninguna.

Ella sigue mirando la pantalla.

Luego reacciona.

—Yo tampoco… Ambos miran a Leo.

— Leo suelta una pequeña risa nerviosa.

—Bueno… señor padre… ¿recuerdas cuando hace unos años estabas con esa receta nueva de repostería?

—Sí… —Y que te hice firmar unos papeles “para la escuela”.

El ceño de su padre se frunce lentamente.

Muy lentamente.

—…Leo.

—Puede que… te haya dado algo más para firmar.

Silencio.

—…Los papeles para abrir una cuenta.

—Oh, Leo… —dice su madre, llevándose una mano a la frente.

Su padre se recuesta en la silla.

Suspira.

—No voy a enojarme porque abriste una cuenta —dice finalmente—.

Eso… en realidad está bien.

Pausa.

—Pero mentir para hacerlo… y no decirnos nada de esto… Levanta la mirada.

—¿No confías en nosotros?

Leo se tensa.

Eso no era lo que quería.

—No, no, no—dice rápido— no es eso.

Los mira a ambos.

—De veras, yo los quiero.

Mucho.

A los dos.

Respira.

—Solo… no lo veía importante en ese momento.

Pensé que sería un pasatiempo.

Algo pequeño.

Se encoge un poco de hombros.

—Y lo de la cuenta… sí, fue un error.

Podría habértelo dicho.

Sonríe apenas, autocrítico.

—No te hubieras negado.

Su padre resopla.

—Claro que no me habría negado.

De hecho, me habría gustado saberlo.

Su madre interviene, con una sonrisa que mezcla orgullo y un poquito de reclamo.

—A mí también.

Sabes cuánto me gusta la música… Lo mira.

—He estado celosa, ¿sabes?

Pasas más tiempo con tu padre por el coche.

Leo parpadea.

—… —Y resulta que también haces música —continúa—.

Y bastante buena.

—¿De verdad has escuchado mis canciones?

—pregunta él, sorprendido.

—Sí —responde ella, sonriendo—.

Son muy conocidas.

Se inclina hacia él.

Y sin aviso— lo abraza.

—Mi hijo es famoso… Y empieza a llenarlo de besos.

—Mamá—intenta apartarse Leo— mamá— —¡Mi hijo!

Su padre observa la escena.

Suspira.

Pero sonríe.

—Bueno —dice él al final— esto lo vamos a hablar con calma.

Se cruza de brazos.

—Además, ya casi terminas el año escolar.

No hay prisa.

Mira a su esposa.

Ella asiente.

—Nosotros también tenemos algo que decirte —dice él.

Su madre toma aire.

Hay algo de duda en su expresión.

—Leo… he decidido renunciar a mi trabajo.

Leo parpadea.

Una vez.

Dos.

Tres.

—…¿Y ya?

Silencio.

—¿Eso es todo?

Su madre se queda mirándolo.

—¿Perdón?

—No me digas que eso es lo que te ha tenido preocupada tanto tiempo… Ella suelta una risa nerviosa.

—Bueno… Leo se encoge de hombros.

—Mamá… tú ganas más con tus inversiones que con ese trabajo.

Y papá también gana bien.

Si se te hacía tan pesada, podías haber renunciado hace tiempo.

Su padre asiente de inmediato.

—Eso mismo le dije.

—¡Oye!

—protesta ella— ¡No me ayudes!

Se cruza de brazos.

—A mí me gusta la música, ¿sí?

No quería dejarlo.

Pausa.

Luego mira a Leo.

Con una mirada muy directa.

—Y si alguien me hubiera dicho antes que su “pasatiempo” era escribir canciones que escucha medio mundo… Leo sonríe, incómodo.

—…habría renunciado hace tiempo.

—Lo siento, mamá.

—Más te vale.

Su padre niega con la cabeza, divertido.

Mira a los dos.

A su esposa.

A su hijo.

Y por un momento… no hay problema.

Solo ellos Y vuelven a cenar.

Es una de esas que… se recuerdan.

— Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Imitadora La gente está demasiado ocupada pensando en sus propias inseguridades como para fijarse en ese grano que tienes o en que te trabaste al hablar.

Relájate.

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo