Telarañas y Omnitrix - Capítulo 6
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6: La niña del rincón 6: La niña del rincón Capítulo 6: El primer día Entro al aula detrás de la maestra.
Hay mesas pequeñas en filas, dibujos pegados en las paredes, un rincón con juguetes y alfombra de colores.
Los niños ya están sentados, algunos hablan bajito, otros miran por la ventana.
La maestra me lleva hasta una mesa vacía cerca de la ventana.
Maestra: «¡Chicos, atención!
Hoy tenemos un nuevo amigo.
Se llama Léo y viene de París.
¡Démosle la bienvenida!» Todos me miran.
Algunos dicen -hola- o -ciao- en voz alta.
Yo sonrío y digo -hola a todos-.
La maestra me señala la mesa del fondo, al lado de una niña que está sentada sola, con la cabeza baja y las manos cruzadas sobre el regazo.
Pelo castaño largo tapándole un poco la cara, vestido azul sencillo, sin lazo ni nada brillante.
No levanta la vista cuando me acerco.
Maestra: «Puedes sentarte aquí, Léo.
Al lado de Lila.
Ella es muy buena niña, te ayudará si necesitas algo.» Me siento.
La niña —Lila— sigue mirando la mesa, dibujando círculos pequeñitos con el dedo en la madera.
No dice nada.
Yo dejo la mochila en el suelo y digo bajito: « Hola.
Soy Léo.» Ella se tensa un poquito, como si le hubiera dado un susto.
Levanta la mirada despacio.
Ojos verdes grandes, pero tristes.
Asiente apenas.
Lila: «…Hola.» Su voz es muy bajita, casi un susurro.
« ¿Tú eres Lila?
» Lila: «Sí.» Se queda callada otra vez.
Mira hacia la ventana, como si quisiera desaparecer.
‘Parece que no quiere hablar con nadie.’ La maestra empieza la clase.
Nos pide que dibujemos nuestra familia.
Yo saco mis crayones y dibujo la panadería de papá, la casa de Milán y a mis papás abrazándome.
Lila dibuja muy despacio: una casa pequeña, dos figuras adultas lejos, y una niña chiquita sola en un rincón.
No hay colores brillantes.
Solo gris y azul oscuro.
Yo miro de reojo y digo bajito: « Tu dibujo es lindo.
¿Esa eres tú?
» Lila se encoge de hombros.
Lila: «Sí…» « ¿Y esos son tus papás?
» Lila: «Sí.
Pero siempre están ocupados.» Se queda callada otra vez.
Yo no insisto.
Termino mi dibujo y se lo muestro.
« Mira el mío.
Esta es la panadería de mi papá.
Siempre huele a pan caliente.» Lila mira el dibujo un segundo más largo de lo normal.
Lila: «…Se ve cálido.» « ¿Quieres que te preste un crayón rojo?
Para ponerle flores o algo al jardín.» Lila duda.
Después asiente muy despacio y extiende la mano.
Le paso el crayón.
Ella lo toma con cuidado, como si fuera algo frágil, y pone una flor pequeñita al lado de la niña sola.
Lila: «Gracias…» Durante el recreo salimos al patio.
La mayoría de los niños corren a jugar a la pelota o a las hamacas.
Lila se queda sentada en un banco, sola, mirando el suelo.
Yo me acerco con una pelota que me prestó un niño.
« ¿Quieres jugar?
» Lila: «No sé… no soy buena.» « No importa.
Podemos patearla suave.
O solo sentarnos y hablar.» Ella levanta la vista, sorprendida.
Lila: «¿De verdad quieres hablar conmigo?» «Claro.
Además, hablar es mejor que quedarse mirando la pared.» Lila se muerde el labio.
Lila: «Los otros… no me hablan mucho.
Dicen que soy rara.» «¿Rara?
¿Por qué?» Lila: «Porque no hablo mucho… y porque mis papás casi nunca vienen a las actividades de la escuela.» Yo me siento a su lado en el banco.
« A mí me da igual.
Mis papás sí vienen, pero eso no hace que sea mejor que nadie.
¿Quieres que juguemos a algo tranquilo?
¿A adivinar formas en las nubes?» Lila me mira fijamente, como si no creyera que estoy ahí.
Lila: «…Está bien.» Nos quedamos mirando el cielo.
Señalo una nube.
«Mira, esa parece un cohete.» Lila: «Y esa… parece un pájaro triste.» «Entonces hagamos que no esté triste.
Mira… ahora es un águila.» Lila sonríe por primera vez.
Muy chiquita, pero sonrisa al fin.
Lila: «…Gracias, Léo.» «De nada.
Además, somos vecinos de mesa, eso nos hace amigos.» El timbre suena y volvemos al aula.
Lila camina a mi lado, un poco más cerca que antes, aunque todavía con la cabeza algo baja.
Lila: «¿Mañana… te sientas conmigo otra vez?» «Claro.
Si quieres.» Lila: «Quiero.» Y así termina mi primer día: sentado al lado de una niña tímida que casi no habla, pero que al menos hoy sonrió un poquito.
Tal vez solo necesitaba que alguien le dijera hola de verdad.
Ojalá mañana vuelva a sonreír.
— Ya nose que poner aquí.
Buenos días, buenas tardes y buenas noches REFLEXIONES DE LOS CREADORES Imitadora Tus acciones tienen consecuencias