TerraMonsters - Capítulo 25
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Capítulo 25: Capitulo 25: El Subterráneo
El sol resplandecía sobre el lugar, mientras unos pasos se escuchaban entre el bosque. Los insectos empezaban a desaparecer y, poco a poco, el canto de los pájaros se apagaba.
Hiro y el resto caminaban con alerta, procurando no ser emboscados por algún monstruo.
—Hiro, mira —la voz de Stiches hizo que Hiro se volteara.
Frente a ellos había un rastro de tierra removida. Hiro y el equipo comenzaron a seguirlo, hasta que llegaron a la base de un muro. Allí, debajo, había una especie de túnel inundado con agua que les llegaba hasta los pies.
Hiro inspeccionó el lugar y entendió al instante cómo los monstruos habían logrado ingresar a los subterráneos donde se administraba el agua del baluarte.
—Los monstruos de aquí excavaron y se dirigieron hacia el subterráneo —dijo Hiro señalando el túnel.
—¿No crees que sería mejor usar los vehículos militares? —preguntó alguien con voz nerviosa.
—Confíen —respondió Hiro con firmeza, y empezó a caminar. El resto lo siguió.
Algunas personas sacaron linternas para iluminar el túnel hecho por los Xerps.
Talón sentía un asco terrible al caminar sobre aquella agua de color enfermizo. Sin embargo, Ian y Sakeichi avanzaban como si no les afectara en lo más mínimo.
Pero el verdadero asco llegó cuando las linternas iluminaron esqueletos… aunque aún conservaban carne en descomposición. Moscas y gusanos se acumulaban sobre los cadáveres.
Sakeichi e Ian sintieron náuseas al igual que la mayoría del grupo.
—Dios mío… —murmuró Rei, tapándose la nariz.
Tuvieron que caminar entre aquellos cuerpos. El olor era insoportable, y el asco crecía a cada paso.
Ian, intentando romper la tensión, dijo:
—Oigan… ¿y si esos esqueletos se mueven solos?
—¡Cállate, Ian! —gritó Talon, furioso.
Mientras los murmullos llenaban el túnel, Hiro levantó la mano y detuvo al grupo.
—Miren ahí.
Stiches señaló un agujero oscuro al costado. Hiro alumbró con la linterna y descubrieron un pasillo de paredes grises.
—Ahí está, muchachos… el subterráneo.
El grupo comenzó a entrar por el agujero, lo suficientemente grande para una persona. Una vez dentro, observaron múltiples pasillos que se ramificaban en diferentes direcciones.
—Hiro… ¿sabes cuál es el camino para salir del subterráneo? —preguntó Hanzo mientras preparaba su pistola.
Stiches tocó el hombro de Hiro y señaló una pared. Debajo, había un conducto de ventilación.
Había manchas de sangre fresca en las paredes y en el suelo. Hiro recordó que ese era el mismo lugar donde había muerto un equipo entero… siendo solo Stiches y él los únicos sobrevivientes.
“Vaya mierda de recuerdo…”, pensó Hiro.
Stiches lo miró de reojo, entendiendo perfectamente el amargo pensamiento.
Sin embargo, un sonido estruendoso retumbó en la distancia: algo había caído en algún lugar del pasillo.
El ambiente se volvió pesado.
Todos se alistaron.
Lo que se asomó no era un Xerp ni un Nerp.
Era un gusano de sangre.
Sakeichi sintió que el miedo le apretaba el pecho. Ese monstruo le provocaba verdadero pavor, pues recordaba con claridad la vez que casi fue devorado… si no fuera por Hiro.
La situación se volvió confusa cuando el gusano de sangre no fue directo hacia ellos. En cambio, se introdujo en una de las paredes y desapareció en segundos.
—¿Se fue? —preguntó Ian, confundido y nervioso.
El silencio se volvió insoportable. Algunos sudaban.
—No… está preparándose para emboscarnos —murmuró Stiches.
BROP!
No hubo tiempo de reaccionar.
El gusano apareció desde una pared y, con su mandíbula, atrapó a una persona. Mordió con tanta fuerza que la sangre salpicó por todas partes, arrancándole la mitad del cuerpo.
—¡Disparen! —gritó Hiro.
Todos comenzaron a disparar.
Pero las balas no atravesaban la coraza del gusano: rebotaban y apenas lo dañaban. El monstruo gruñó y se lanzó hacia otra persona. Abrió su mandíbula y, de un mordisco, arrancó ambas piernas, dejando el cuerpo desplomado.
—¡Las balas no sirven, carajo! —gritó Stiches.
Hiro saltó encima del gusano y clavó su lanza cerca de la mandíbula, listo para recargarla y hacerla explotar.
Pero el gusano, astuto, se movió violentamente y se golpeó contra una pared, arrojando a Hiro con fuerza.
Hiro cayó al suelo y escupió sangre.
El gusano se preparó para atacarlo… pero una explosión cayó sobre la criatura.
La flecha explosiva de Rei había impactado con precisión.
Rei se preparó para disparar otra, pero Castro lo empujó de golpe y al mismo tiempo saltó hacia atrás, esquivando la embestida del gusano, que chocó violentamente al final del pasillo.
El gusano gruñó con ferocidad y desapareció, perforando el suelo y dejando un agujero.
En ese momento, gritos salvajes se escucharon por los pasillos.
Eso solo significaba una cosa:
Los Xerps habían llegado.
—¡Atentos con los pasillos! —gritó Castro.
Ian, Talón y Sakeichi estaban en el centro junto a otros niños, personas mayores y gente con discapacidad.
El primer Xerp apareció volando desde un pasillo. Hanzo se agachó esquivando la garra y, con reflejos rápidos, disparó con su escopeta directamente a la cabeza.
El Xerp cayó moribundo.
Pero luego aparecieron muchos más.
Los Xerps volaban en grupos, obligando a la gente a separarse para no quedar atrapada. Algunos fueron derribados y los monstruos comenzaron a arrancarles carne, tripas y piel, como si fueran bestias psicópatas.
Talon, Ian y Sakeichi, siguiendo las órdenes de Castro, se refugiaron en una habitación junto a otras personas.
Afuera se escuchaban disparos, gritos y gruñidos.
Con el paso del tiempo, los Xerps empezaron a caer poco a poco. El grupo de Hiro sufría bajas, pero también lograban ganar ventaja.
—Mierda… ellos estarán bien, ¿verdad? —murmuró Ian, asustado.
Sakeichi tenía a la bebé Estrellita en brazos, que lloraba desconsoladamente. Él intentaba calmarla.
—Son soldados, Ian… no dudes de sus capacidades —respondió Talón.
Talón miró a un hombre sin manos abrazando a su hija.
—Tranquila… todo estará bien. Papá está aquí —murmuró el señor.
Talón apartó la mirada y notó una puerta dentro de la habitación. No era para salir al pasillo… sino que conducía a otro espacio interno.
Se acercó con curiosidad y la abrió.
—¡¡¡AHHHHHHHHHH!!!
El grito de una persona sin piel, tirada en el suelo, mostrando carne viva palpitando, hizo que Talon retrocediera horrorizado. Gritó y cayó de espaldas, golpeándose contra una mesa.
Quedó inconsciente.
—¡Talón! —gritaron Sakeichi e Ian mientras corrían hacia él.
El ruido afuera se apagó. Ya no se escuchaban disparos ni gruñidos.
Las personas dentro del cuarto se acercaron, viendo con horror al hombre sin piel. Sin embargo, el cuerpo estaba inmóvil.
Había muerto.
En ese momento la puerta se abrió.
Era Hiro, Rei, Stiches, Hanzo, Castro y el resto de sobrevivientes.
—Bien, la zona está despejada. Lo único que preocupa es si vuelve ese gusano de…
Hiro se quedó en silencio al notar la expresión de todos. Luego vio a Ian y Sakeichi levantando a Talón inconsciente.
—¿Qué sucedió? —murmuró Rei acercándose.
Sakeichi señaló hacia la habitación contigua.
Todos se quedaron helados al ver el cadáver.
El hombre estaba despellejado.
Hanzo y Rei tuvieron que contener las ganas de vomitar. No era solo la sangre… era la agonía marcada en el cuerpo.
Lo único que podían pensar era:
“¿Cómo rayos seguía vivo con ese dolor?”
Castro, que permanecía en silencio, observó con atención.
—Esto es extraño… ¿lo sabían?
—¿Qué el tipo está despellejado como una fruta? —respondió Stiches.
—Aparte de eso… observen bien la sangre —dijo Castro.
Cuando miraron con detalle, se dieron cuenta:
La sangre era fresca.
Demasiado fresca.
—¿Realmente un Xerp hizo esto? —pensó Rei, inquieto.
Castro respondió como si hubiera leído su mente:
—Lo dudo. Un Xerp será salvaje, pero no haría esto con precisión. No dejaría a alguien en ese estado solo para que sufra. Un Xerp mata y ya.
Ian le dio palmadas a Talón en la cara.
—¡Talón, despierta, amigo!
Talon parpadeó lentamente.
—Díganme… si estoy en el cielo…
—Estamos en la tierra —respondió Sakeichi.
—Entonces… estoy en el infierno —se lamentó Talon, incorporándose.
Cuando volvió a ver el cadáver, se asqueó aún más.
—Sigamos andando. Se nos están acabando las municiones y el suministro. Debemos llegar a la base militar ahora —ordenó Hiro.
Todos asintieron y comenzaron a salir de la habitación.
Sin embargo, Hanzo se quedó quieto observando el cadáver.
Sus ojos se fijaron en los pantalones del hombre.
Aquello le resultaba familiar.
—Hanzo…
La voz de Castro lo sacó del trance.
Hanzo reaccionó, se disculpó en voz baja y se retiró.
Ayer en la noche, mientras todos dormían, Hanzo había permanecido despierto leyendo un periódico viejo que encontró en la torre de control.
Le daba nostalgia. Antes de que el mundo se fuera a la mierda, ese tipo de cosas eran normales.
Mientras leía, vio a un hombre salir de su choza. No parecía saber a dónde iba.
Hanzo lo reconoció.
Se llamaba Danny.
Era alguien que pasaba desapercibido. No hablaba mucho, pero Hanzo sabía que sufría ansiedad: tartamudeaba y se ponía pálido cada vez que veía monstruos.
Hanzo pensó que solo había salido a hacer sus necesidades antes de dormir.
Pero pasó una hora… y Danny no regresaba.
Hanzo se preocupó un poco, pero el sueño lo venció y terminó durmiéndose.
Sin embargo, antes de caer rendido, escuchó algo más:
Una canción.
Se escuchaba a lo lejos, como si alguien cantara en un idioma que Hanzo no lograba descifrar.
Hanzo sacudió esos pensamientos y siguió caminando con el grupo.
Pero en el fondo lo sabía:
La posibilidad de que existiera un monstruo capaz de arrancar la piel con precisión era escalofriante.
Ojalá todo esto quedara solo como una anécdota.
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