TerraMonsters - Capítulo 28
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Capítulo 28: Capitulo 28: Algo anda mal
El texto corregido y mejorado quedaría así:
Hiro estaba mirando fijamente a un punto en la nada cuando una voz femenina lo sacó de su trance.
—¿Hiro, estás bien?
Desde que Hiro observó a su alrededor, un recuerdo doloroso volvió a su mente. Aquel fatídico día en el que ese monstruoso gusano había matado a su madre. La imagen de los colmillos atravesando su carne y el grito de dolor seguía grabado en su memoria.
La experiencia de ver morir a su madre frente a sus propios ojos era algo que lo perseguiría incluso con el paso de los años.
Sin embargo, sabía que debía seguir adelante.
Aún tenía una labor que cumplir. No como un soldado más, sino como un guía para su gente, para todos aquellos que ahora confiaban en él… junto a sus amigos.
—Sí… Rei, estoy bien. Solo un poco…
Hiro no terminó la frase porque Rei se acercó a su rostro, lo suficiente para murmurarle suavemente:
—Estamos contigo, Hiro.
Luego de esas palabras, Hiro soltó un suspiro profundo. Sentía como si un peso se hubiera aligerado un poco en su pecho.
—Gracias —respondió con una energía renovada.
Rei le dedicó una pequeña sonrisa y ambos caminaron hacia donde se encontraba el grupo, en la zona militar donde el resto de las personas se estaban equipando y armando.
—Mira esto, Talón —dijo Ian mientras sacaba una pistola de una caja.
Hanzo reaccionó de inmediato y se la quitó de las manos.
—Aún no estás listo para eso, muchacho.
—Pero, señor Hanzo, ¿Cuándo vamos a aprender a usar esas armas? —preguntó Ian con frustración.
—Todo a su debido tiempo, Ian. Aún tenemos un objetivo que cumplir —respondió Hanzo mientras guardaba la pistola.
Ian se dio la vuelta y observó a su alrededor.
Muchas personas estaban tomando armas, armaduras y municiones de las cajas que había en la zona. Entre la multitud también pudo ver a su amigo albino, Sakeichi, que estaba tratando de impedir que Estrellita agarrara algo que claramente no debía tocar.
—Oye, Ian.
La voz apareció de repente y lo hizo sobresaltarse.
—¡Ah! Talón… ¿qué sucede?
Ian notó que Talón cargaba una pequeña caja. Cuando la abrió frente a él, pudo ver varios frascos en su interior.
—Encontré esto en un rincón. Agarra uno y tómalo.
Ian tomó uno de los frascos. Al abrirlo y beber su contenido, un sabor agridulce llenó su boca.
—Hmg… ¿Qué es esto?
—Como dice su nombre, son vitaminas. Ayudarán a nutrir nuestros cuerpos. Pero Stiches me dijo que solo los niños deben tomarlas.
Después de decir eso, Talón se retiró y caminó hacia donde estaba Sakeichi para darle uno de los frascos.
Mientras tanto, a su alrededor las personas seguían revisando las cajas del almacén militar.
Ian se acercó a una puerta lateral. Al abrirla, descubrió otra habitación llena de cajas, aunque la mayoría ya estaban abiertas y vacías.
Estaba a punto de irse cuando notó una caja que aún permanecía cerrada.
—¿Qué habrá adentro? —se preguntó a sí mismo.
Cuando Ian abrió la caja, encontró un extraño artefacto con forma circular. En el centro había un pequeño círculo rojo.
Al inspeccionarlo con más atención, pensó que parecía algún tipo de linterna… aunque el círculo rojo parpadeaba débilmente.
Dentro de la caja también había un control guardado en un compartimento transparente, junto a un pequeño manual.
Ian tomó el manual y observó el título.
“Bomba Rampage”Autor: Rooney
“El siguiente artefacto es un arma de área explosiva con una potencia y letalidad enormes, creada debido a que los monstruos poseen una durabilidad extraordinaria, llegando a soportar enormes cantidades de balas.
Obtendrá una caja con varias de estas bombas. Su uso será de la siguiente manera.
Lance la bomba directamente hacia el monstruo. Esta misma perforará la carne del objetivo y quedará firmemente adherida, como si se pegara a su piel.
Si llega a fallar el lanzamiento, no se preocupe. La bomba no explotará ni quedará pegada.
Cuando logre lanzar la bomba, asegúrese de tomar una distancia considerable y presionar el botón rojo del control para activar la explosión.
Esto garantiza la muerte instantánea del monstruo.
Se recomienda tener buena puntería o lanzar la bomba cuando el monstruo esté distraído.”
Ian, al terminar de leer todo aquello, se quedó fascinado.Tenía en sus manos un arma increíblemente poderosa.
Al parecer solo había una. Probablemente porque un artefacto así debía ser extremadamente valioso.
Justo cuando Ian quería inspeccionar el control, alguien abrió la puerta.
Por instinto, dejó caer rápidamente el arma dentro de la caja y la empujó hacia atrás, haciendo que se hundiera entre varias cajas vacías para que no fuera detectada.
—Oye, Ian. Te vi entrar aquí y quiero que mires lo que encontré —dijo Sakeichi con entusiasmo, mostrando una pequeña mochila.
—Eh… ¿solo una mochila? —respondió Ian frunciendo el ceño.
—Mira lo que tiene dentro.
Sakeichi abrió la mochila.Dentro había un paquete con un título que llamó la atención de ambos.
“Barras de chocolate”.
—¡¿Barras de chocolate?! —casi gritó Ian de emoción.
Pero cuando Sakeichi abrió el paquete, la expresión de felicidad de ambos cambió inmediatamente a una mezcla de asco y tristeza.
Un olor horrible salió de la caja.
Los chocolates estaban completamente en mal estado, probablemente por el tiempo que había pasado.
—No puede ser… pensé que estaban frescos —dijo Sakeichi con tristeza.
Ian tomó la caja de chocolates y la arrojó a un lado.
—Bueno, no te preocupes, Sakeichi. Seguro algún día probaremos esos chocolates.
Sakeichi sonrió ligeramente.
—Ian, vámonos. Los demás ya están listos para irse.
Cuando Sakeichi salió de la habitación, Ian fue rápidamente hacia donde estaba la caja con la bomba y el control. Los guardó con rapidez dentro de la mochila que había dejado Sakeichi.
Luego salió de la habitación como si nada hubiera pasado.
Pasaron unos minutos y el grupo finalmente estuvo listo para partir.
Sakeichi miró a su lado y notó que Ian llevaba la mochila.
—Oye, Ian… ¿por qué llevas la mochila? —preguntó con curiosidad.
Ian respondió con naturalidad:
—Por si encontramos algo en el camino. Así puedo guardarlo.
Talón entrecerró los ojos con cierta duda.
—Dudo que encontremos algo de valor cuando ya estamos por salir de la isla… pero bueno, no me quejo. Después de todo, llevar esa mochila al menos ayuda en algo.
Finalmente dirigió su mirada hacia donde estaba Castro.
—Escúchenme todos. Este lugar lo conozco como la palma de mi mano. Solo necesito que me sigan y que estén atentos a cualquier indicio de un monstruo, ¿entendido? —dijo Castro con voz firme.
Todos asintieron con la cabeza.
—Excelente. Castro, dirígenos al barco —dijo Hiro.
Castro comenzó a marcharse mientras el resto del grupo lo seguía.
Sin duda, rescatar a Castro había sido fundamental. Gracias a él no tendrían que perder tiempo buscando el paradero del barco.
Después de un tiempo caminando, el grupo se adentró en un enorme pasillo.
Hiro observó el lugar y recordó con amargura la vez que descubrió lo que ocultaban los superiores.
—Me parece increíble que este lugar siga en pie después de la horda de monstruos que llegó —mencionó Hiro.
Cuando llegaron a una sala, vieron que a la derecha toda la pared estaba destruida, con escombros amontonados. A lo lejos se podía ver cómo había quedado el baluarte tras la devastación.
Al voltear hacia la izquierda, encontraron unas enormes escaleras que descendían hacia la oscuridad.
Todos comenzaron a bajar.
Cuando Hiro puso un pie en la parte inferior, reconoció inmediatamente el lugar.
Era la celda donde había sido encerrado.
—¿Y esto, Castro? —preguntó Rei con confusión.
—Tranquila. Sé lo que hago. No por nada fui el soldado más confiable de los superiores.
Castro caminó hasta una pared aparentemente normal y dio un golpe firme contra ella.
De pronto, la pared se movió y desapareció, revelando un largo pasillo oculto.
—En el barco había cinco maneras de entrar. Esta es una de ellas. Afortunadamente logró mantenerse en pie —explicó Castro—. Pero tengan cuidado. No sabemos si esos monstruos siguen dentro del barco.
El grupo avanzó más profundo por el pasillo.
Finalmente llegaron a una puerta.
Hiro fue el primero en abrirla.
Cuando lo hizo, sus ojos se abrieron con sorpresa… y una leve felicidad apareció en su rostro.
Habían llegado.
Mientras todos se adentraban en el interior del barco, Rei observó a su alrededor.
—Este es el piso número tres, ¿verdad?
—Sí. El tercer piso —respondió Castro mientras caminaba hacia otra puerta—. Aquí es donde se guardan herramientas, armas y suministros.
Las personas que llevaban armas comenzaron a inspeccionar todo el tercer piso para asegurarse de que no hubiera ningún monstruo escondido.
—¡Estamos en un barco, Sakeichi! Es increíble —dijo Ian con emoción.
—¡Sí, Ian! ¡Y lo mejor es que vamos a salir de esta isla! —respondió Sakeichi mientras abrazaba a su amigo con alegría.
Talón los miró y soltó un suspiro.
No entendía qué celebraban.
El apocalipsis seguía ahí afuera, firme y brutal, sin importar si lograban salir de la isla o no.
—Al menos vamos a tener unos días de paz… —pensó para sí mismo.
—Bien… parece que no hay ningún rastro de esas mierdas —dijo Stiches, soltando un suspiro de alivio.
—Aún no cantemos victoria —mencionó Castro con seriedad—. Vayamos al segundo piso.
Los más armados y experimentados se dirigieron a una de las dos puertas que conducían hacia el segundo piso.
Al subir, lo primero que vieron fue un enorme pasillo lleno de puertas, lo que indicaba que probablemente eran habitaciones. Sin embargo, el lugar también estaba marcado por rastros de sangre seca y varios esqueletos esparcidos por el suelo.
—Miren nomás… estos bastardos tuvieron una muerte despiadada. El karma en su máxima expresión —dijo Stiches mientras observaba un esqueleto al que le faltaba el cráneo.
—Concéntrate, Stiches —mencionó Hiro con seriedad.
Avanzaron por el pasillo abriendo cada habitación con cautela. Revisaron incluso los baños.
No encontraron nada.
Algunas habitaciones, sorprendentemente, todavía estaban en buenas condiciones.
Cuando llegaron al final del pasillo y abrieron la última puerta, encontraron una enorme sala de conferencias. En el lado derecho había muchas mesas organizadas, mientras que en el lado izquierdo parecía haber una cocina.
Como era de esperar, no encontraron ningún monstruo.
Solo más rastros de sangre seca… y esqueletos destrozados.
Mientras tanto, Hanzo se encontraba en el tercer piso junto al resto del grupo, sosteniendo su radio mientras esperaba noticias.
De pronto, el aparato emitió un sonido.
—Área despejada. Pueden subir sin problemas.
La voz que habló era la de Hiro.
Hanzo bajó el radio y miró al resto.
Sakeichi, Ian, Talón e incluso la pequeña Estrellita no entendían completamente todo lo que pasaba, pero aun así estaban llenos de felicidad.
Finalmente saldrían de la isla.
En el segundo piso, Hiro estaba frente a la puerta que conducía a la sala de control del barco.
—Oye… Castro. ¿Se puede saber por qué el lugar para dirigir el barco está aquí y no en el piso de arriba? —preguntó Hiro.
Castro cruzó los brazos antes de responder.
—La función del primer piso es más que nada por protocolo de seguridad. Los monstruos pueden nadar y treparse en el barco para llegar al primer piso.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—De esa forma, la persona que controla el barco no corre el riesgo de exponerse directamente al peligro.
—Además —añadió—, el segundo piso es el más blindado de los tres. Incluso a un gusano de sangre le resultaría difícil penetrarlo.
—Bien… eso es genial —sonrió Hiro.
Sin perder tiempo, abrió la puerta.
Lo que vio lo hizo saltar hacia atrás del susto.
Un Xerp estaba tirado en el suelo.
—¡Mierda! ¿Está vivo? —dijo Stiches mientras levantaba su arma, listo para disparar.
—Espera… está… muerto —susurró Rei mientras observaba con atención el cuerpo de la criatura.
Castro se acercó y examinó el cadáver con más detalle.
Lo que vio lo dejó inquieto.
—Alguien lo perforó —dijo finalmente.
En el cuerpo del monstruo había cinco enormes y profundas líneas de corte, como si algo extremadamente afilado lo hubiera atravesado.
Mientras tanto, en una de las habitaciones del segundo piso…
—Oye, Talón. ¿Por qué no estás feliz de que saldremos de esta isla? —preguntó Sakeichi mientras se dejaba caer sobre una de las camas.
Ian, por su parte, estaba en el baño de la habitación haciendo sus necesidades.
Talón, que estaba mirando toda la habitación, soltó un suspiro y miró a Sakeichi.
—Escúchame, Sakeichi. No pienses que soy el tipo de persona que solo ve lo malo y nunca lo bueno… pero, ¿no les parece raro que cuando llegamos al baluarte no tuvimos dificultades?
—¿Y qué hay de los Xerps de los túneles? —gritó Ian desde el baño.
Talón soltó una pequeña risa.
—Oh, vamos, Ian. Esos Xerps no eran complicados para soldados como Hiro o Castro.
—Bueno… ¿pero no es algo bueno eso? —respondió Sakeichi—. Digo, tal vez solo tuvimos buena suerte. Y la verdad, ya era hora.
Talón lo miró fijamente.
—¿Ya se olvidaron tan fácil de ese dibujo?
La sonrisa de Sakeichi desapareció al instante.
—¿Ves? Hasta tú sabes que todo esto es raro. Y ni hablar de la persona que murió… viva… despellejada.
Talón no terminó la frase.
Ian salió del baño con una expresión preocupada en el rostro.
—Oigan, chicos… encontré esto.
En su mano sostenía una hoja con un dibujo.
Era la silueta de una figura negra… aparentemente tarareando una canción.
Talón observó el dibujo y luego levantó la mirada.
—Escúchenme. ¿Recuerdan que les dije que luego les contaría más sobre lo que pasó en el túnel?
Sakeichi e Ian asintieron.
Talón respiró profundo antes de empezar.
—Primero que nada… cuando desperté en el campamento, donde todos estábamos durmiendo, escuché una música muy rara. Pero estaba tan cansado que solo quería volver a dormir.
Hizo una pausa antes de continuar.
—Luego, cuando estuvimos en el subterráneo y me encontré con ese tipo despellejado… aún vivo… recordé algo que dijo Castro. Ningún monstruo haría algo así. Ninguno dejaría a su víctima agonizar de manera prolongada.
—Eso solo significa una cosa… —continuó Talón—. Que hay algo peor que los monstruos.
El ambiente en la habitación se volvió pesado.
—Y lo confirmé cuando revisé ese libro —dijo Talón mientras se secaba el sudor de la frente—. Lo que había en ese libro eran registros de varias personas desaparecidas… que luego fueron encontradas aún vivas.
Ian y Sakeichi lo escuchaban en silencio.
—Pero eso no es lo peor —añadió—. En ese libro también había testimonios de personas que decían haber escuchado… una canción.
Talón señaló el papel que tenía Ian.
—Uno de los testigos dijo haber visto su silueta. No sé cómo explicarlo… pero ese dibujo que tienes, Ian… es idéntico al rostro que aparecía en el libro.
Ian tragó saliva.
—Y tampoco olviden lo que dijo Hanzo —continuó Talón—. Cuando mencionó que vio algo extraño en la cámara… o cuando dijeron que uno de los monstruos murió de una manera desconocida.
Talón soltó un largo suspiro.
Su rostro estaba cubierto de sudor mientras conectaba todas las piezas en su mente.
—Todo esto solo me hace pensar una cosa…
Miró hacia la puerta de la habitación.
—Tal vez… esa cosa ya está aquí.
En la sala de control del barco…
—Aquí está el control para zarpar, soldado Hiro —dijo Castro.
Hiro se acercó con una sonrisa llena de felicidad.
Todo el camino, todo el sufrimiento… había valido la pena.
El barco seguía funcionando.
Hiro se dio la vuelta y miró a Castro, Rei y Stiches.
—Quiero agradecerles —dijo con sinceridad—. De verdad. Sin ustedes… nunca hubiéramos conseguido esto.
—Nosotros también estamos agradecidos contigo… incluso si perdí un brazo —dijo Stiches, levantando su brazo robótico como broma.
Los tres soltaron una pequeña risa.Incluso Castro dejó escapar una leve sonrisa debajo de su máscara.
—Bien… entonces empecemos un nuevo camino —dijo Hiro mientras acercaba su dedo al botón para zarpar.
Presionó el botón.
Durante un segundo… solo hubo silencio.
Entonces la voz del sistema del barco habló.
—SIN GASOLINA.
El mensaje resonó en la sala.
—SIN GASOLINA.
Hiro y los demás se quedaron completamente inmóviles.
—SIN GASOLINA.
—¿Pero qué carajos…? —murmuró Castro.
—Oye, Castro… no hay gasolina. Esto… todavía tenemos suministro de gasolina, ¿verdad? —dijo Stiches con una mezcla de confusión y nerviosismo.
Castro frunció el ceño.
—Ese es el problema, Stiches. Se supone que la gasolina ya estaba equipada desde el momento en que el barco fue construido.
Hizo una pausa.
—Eso solo puede significar una cosa… alguien la quitó.
Rei negó con la cabeza, nerviosa.
—Eso no tiene sentido, Castro. ¿Cómo puede desaparecer la gasolina así sin más? No es como si los monstruos pudieran hacerlo. Incluso los Xerps solo saben organizar ataques… no arrancar gasolina como si fueran humanos.
Un silencio incómodo llenó la sala.
Mientras tanto, en la habitación…
Sakeichi e Ian se quedaron petrificados después de escuchar todo lo que Talón había explicado.
Ninguno de los tres dijo una palabra.
El ambiente era pesado.
Entonces…
Algo llegó a sus oídos.
Una voz lejana.
Una canción.
Una voz masculina… tarareando de manera extraña.
—“Dormi, dormi piccolo fiore,la notte canta per te,chiudi gli occhi piano piano,nessuno ti troverà…”
La melodía resonó en el pasillo del barco.
Talón levantó lentamente la cabeza.
Su rostro palideció.
—…La canción.
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