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TerraMonsters - Capítulo 30

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Capítulo 30: Capitulo 30: EL Monstruo De La Melodía

Hanzo estaba recostado en una de las habitaciones, descansando plácidamente después de un viaje jodido.

En sus manos sostenía un libro.

El título era “Infernal Suicide”.

La historia trataba de un chico que había caído en el infierno tras suicidarse y que, en su optimismo absurdo, intentaba llegar al cielo convencido de que todo había sido un malentendido.

—Jajajaja… qué humor de mierda tenía este autor —pensó Hanzo mientras leía los caóticos diálogos de los personajes.

Leer siempre había sido su pasatiempo favorito.

Para Hanzo, cada libro era un mundo distinto. Un pedazo de la mente del autor, lleno de creatividad, ya fuera para hacer reír, criticar o dejar una enseñanza.

Lo prefería mil veces más que perder el tiempo en redes sociales viendo a gente pelear por estupideces.

De pronto—

Grrrr…

El sonido de su estómago rompió el silencio.

—Bueno… dejaré esta obra maestra aquí y veré qué hay en la cocina.

Se levantó y dejó el libro sobre la mesa. La verdad, el libro lo había enganchado bastante.

Pero justo cuando salió de la habitación…

Escuchó algo.

Una melodía.

“Gira, gira, piccolo cuor,nel silenzio sento il tuo rumor…chiudi gli occhi, vieni qua,la mia mano ti prenderà…”

Hanzo frunció el ceño.

Giró la cabeza lentamente hacia el pasillo.

A unos metros, vio a dos adultos y tres niños completamente quietos… mirando fijamente la puerta que conducía al segundo piso.

Hanzo se acercó.

Uno de los niños lo sujetó del brazo.

—Hanzo… tienes que decirles a los demás que algo horrible está llegando —dijo Talón con la voz temblorosa.

—A ver, a ver… tranquilos —intentó calmarlos Hanzo.

Pero Talón estaba fuera de sí.

—¡Vamos a morir, Hanzo! ¡Lo que viste en las cámaras… es esa maldita cosa de los dibujos! ¡Nos va a matar a todos!

Ian reaccionó rápido y le tapó la boca.

—Talón, por favor, cálmate —dijo con nerviosismo.

Hanzo observó cómo la tensión empezaba a crecer.

Varias personas comenzaron a acercarse, alertadas por el grito.

Un hombre dio un paso al frente.

—Disculpa… ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué se está escuchando esa melodía?

Hanzo apretó los dientes.

—Bien… por favor, todos cálmense. Voy a… voy a avisarle a Hiro.

Sacó su radio rápidamente.

—Señor Hiro, reporta Hanzo. Algo se está acercando al segundo piso.

Hubo un breve silencio.

—Hanzo, ¿a qué te refieres con “algo”? No había ningún monstruo siguiéndonos —respondió Hiro desde el otro lado.

Hanzo dudó un segundo.

—Hiro… en realidad no te expliqué, pero—

Toc. Toc. Toc.

El sonido fue claro.

Seco.

Lento.

Todos se quedaron completamente inmóviles.

La puerta.

Algo… estaba tocando la puerta.

—Hiro, necesitamos—

La radio se apagó de repente.

Un silencio sepulcral invadió el lugar.

Y la melodía…

Seguía sonando.

—Mierda, malditas pilas, justo ahora —murmuró Hanzo nervioso.

Toc, toc, toc.

—Nadie abra esa puerta —murmuró Ian.

—Alisten sus armas —dijo Hanzo con voz baja, mientras las personas presentes sacaban sus armas.

Los golpes en la puerta eran tan fuertes que esta crujía. Los tres niños que observaban retrocedían atemorizados.

—Oigan, niños, avisen a los demás. Rápido, corran —dijo Hanzo, haciendo que Sakeichi, Ian y Talón salieran corriendo.

La melodía seguía ahí, con intensidad, acompañada de los golpes.

Hanzo tenía los dientes apretados. Esa maldita melodía era una tortura mental para todos los presentes.

De repente, todo se detuvo.

No hubo melodía. No hubo golpes. Todo quedó en un silencio sepulcral.

—¿Se acaba de ir? —dijo uno de los presentes.

Pasaron unos segundos y todo era silencio.

—Bueno, yo—

No terminó de hablar, porque la puerta salió disparada de manera repentina, haciendo que todos los presentes saltaran hacia atrás por puro instinto, cayendo al suelo.

Pero una persona no tuvo la misma suerte.

De hecho, el borde de la puerta golpeó su cabeza con tanta fuerza que el hombre cayó al suelo, con sangre saliendo de su cabeza.

Había muerto.

Todos rápidamente se levantaron y apuntaron sus armas hacia la absoluta oscuridad que había frente a ellos.

En eso, surgieron dos enormes garras, y la melodía volvió a sonar.

De repente, las dos enormes garras que sujetaban los bordes desaparecieron nuevamente en la densa oscuridad.

—Ahí que dispa—

No terminó, porque esa cosa salió disparada en una embestida impresionante. La persona fue golpeada y cayó al suelo, escupiendo sangre, mientras su arma caía muy lejos de él.

La apariencia de esa cosa describía con perfección lo que Talón decía. Realmente era la personificación de un monstruo, sin rasgos humanos.

La cosa empezó, con sus garras, a abrirle el estómago, haciendo que la persona gritara de dolor.

—¡Disparen! —gritó Hanzo.

Todos empezaron a disparar. Las balas salieron en dirección al monstruo, que con una agilidad aterradora comenzó a esquivar, dejando a la persona en el suelo agonizando.

La cosa empezó a saltar entre las paredes, esquivando balas de manera aterradora y acercándose cada vez más a las personas.

—¡Un grupo dispare a la izquierda y otro a la derecha, ya, ya, ya! —gritó Hanzo.

Las personas, llenas de terror, obedecieron y comenzaron a disparar. Pero en ese momento el monstruo hizo un movimiento que los llenó de pavor: saltó al techo, quedándose pegado como una araña, y empezó a correr tan rápido que no les dio tiempo de reaccionar.

Luego saltó hacia el centro.

El monstruo atrapó a uno y cayó sobre él. El resto retrocedió por la inmensa fuerza del impacto.

El monstruo abrió la mandíbula y mordió la cabeza del soldado. De un tirón, le arrancó un trozo del cráneo junto con parte del cerebro. La sangre y el líquido cerebral salieron disparados, haciendo que el cuerpo tuviera espasmos descontrolados antes de morir.

—¡Agh! —gritó un soldado horrorizado mientras disparaba.

El monstruo se acercó rápidamente a ese soldado, acorralándolo en una habitación.

—¡Mierda, retrocedan! —gritó Hanzo.

Algunas balas impactaron contra el monstruo, pero ni siquiera lo distrajeron. Su piel era demasiado dura.

—¡No, no! ¡No me dejen con este monstruo! —gritó el hombre, llorando, mientras disparaba desesperadamente.

De pronto, su arma dejó de disparar.

Se había quedado sin munición.

—¡No… aléjate… no, no, no…! ¡Agh!

El monstruo solo hizo un movimiento con su garra.

Un corte profundo.

Los intestinos del hombre salieron de su cuerpo y cayeron al suelo.

El hombre cayó de rodillas, en shock, intentando sostenerlos.

El monstruo ya ni lo miraba.

Salió rápidamente de la habitación, buscando al resto.

El hombre finalmente cayó al suelo.

Murió en el acto.

—¡Estrellita! ¡Tengo que ir por ella! —gritó Sakeichi, recordándola, y corrió hacia la derecha.

—¡Sakeichi, no! ¡Te vas a quedar con esa cosa! —gritó Talón.

Pero Sakeichi no obedeció y siguió avanzando por el pasillo hasta desaparecer por una puerta.

—Vámonos, Talón. Sé que Sakeichi estará bien. Recuerda que sobrevivimos en la neblina —dijo Ian, agarrándolo del hombro.

Ambos comenzaron a alejarse.

—¿Hanzo? ¡¿Hanzo?! —gritó Hiro, sosteniendo la radio mientras salía de la sala de control del barco.

—Mierda… ¿qué está sucediendo allá? —dijo Stiches, con su arma lista, avanzando hacia la dirección de los hechos.

En ese momento, la puerta se abrió.

Eran Ian y Talón.

—Hiro… estamos en peligro. Una cosa entró al barco… algo mucho peor que los monstruos a los que nos enfrentábamos —dijo Ian, jadeando, lleno de pavor.

—Espera… ¿dónde está Sakeichi? ¿Y dónde están Hanzo y el resto? —preguntó Rei, preocupada.

—Ese idiota se fue a buscar a la bebé por la parte derecha… y Hanzo se está enfrentando a esa cosa —dijo Talón con frustración.

En eso, detrás de los niños llegó un padre con su hija.

—Esa cosa está acabando con los demás —dijo el padre, mientras su hija lo abrazaba aterrada.

—Bien, ustedes se quedarán aquí. Nosotros nos ocuparemos —dijo Stiches.

Rápidamente, el grupo de Hiro entró por la puerta con sus armas listas.

“¡BRRRRRRT!”

—¡Agh! —gritó una persona mientras disparaba con una metralleta al monstruo.

Pero la criatura, con un movimiento rápido, se acercó y agarró el brazo del hombre. De un tirón, se lo arrancó por completo, junto con la metralleta.

—¡Ah! ¡Ah! —gritó la persona.

El monstruo sujetó su cabeza… y se la arrancó junto con la columna vertebral.

Hanzo y un grupo de soldados estaban apuntando mientras retrocedían lentamente.

No tenían otra opción.

Debían pelear.

Huir de esa cosa dándole la espalda era la peor decisión.

—Las balas no le hacen casi nada, Hanzo. Necesitamos un arma más potente —dijo uno de los hombres, sosteniendo una pistola.

Hanzo apretó los dientes.

—La lanza de Hiro, el arma venenosa de Stiches y las flechas versátiles de Rei podrían dañarlo. Ni hablar del rifle de Castro, que tiene más potencia que nuestras armas… pero el problema es que esa cosa es muy rápida y no parece estúpida.

El monstruo se colocó en posición para lanzarse.

—¡Hanzo!

Una voz se escuchó.

Hiro, Castro, Rei y Stiches llegaron, uniéndose al grupo.

—Mierda… justo llegaron. Pensé que moriría —dijo Hanzo.

Los demás, aunque en silencio, estaban de acuerdo.

—Qué ser tan horripilante… —murmuró Stiches al ver a la criatura.

El ambiente era tenso.

Silencio absoluto.

Dedos en los gatillos, listos para disparar.

De repente, el monstruo se lanzó… pero no hacia ellos, sino hacia la derecha.

—¿Se acaba de asustar? —dijo uno de los hombres, bajando el arma.

—No… escuchen. Está yendo a la derecha —dijo Castro.

—Creo que nos quiere embos—

—No… esa cosa está yendo a donde está Sakeichi —dijo Hiro.

Sus ojos se abrieron.

—¡Rápido, síganme!

Todos comenzaron a correr detrás de él.

—¡Estrellita! —gritó Sakeichi al entrar en una habitación.

Ahí la encontró.

La bebé estaba acostada en una cuna, llorando.

Sakeichi se acercó rápidamente y la cargó.

—Está bien… estoy aquí. No tienes que temer —dijo, intentando calmarla.

Pero entonces…

Escuchó algo.

Una melodía.

“Sotto terra io respiro,senza luce… senza Dio…passo lento… ti avvicino…sei già mio… sei già mio…”

A Sakeichi se le congeló la sangre. Rápidamente vio a esa cosa, a lo lejos, corriendo en cuatro patas hacia su dirección.

—¡NO, NO, NO, NO, NO! —gritó, asustado, cerrando la puerta y poniendo el seguro.

Pero en ese momento…

La garra de esa cosa atravesó la dureza de la puerta.

Sakeichi cayó al suelo por el miedo, viendo la garra del monstruo.

El monstruo empezó a mover el seguro hasta abrirlo con éxito.

Sakeichi comenzó a llorar de terror mientras abrazaba a Estrellita, que empezó a sollozar con jadeos.

La puerta se abrió.

Ahí, Sakeichi vio la figura del monstruo mirándolo, con un hambre evidente de hacerlo gritar de dolor.

Sakeichi cerró los ojos, esperando su destino.

Entonces, una flecha salió disparada en dirección al monstruo.

Era la flecha de Rei, que estaba con el grupo de Hiro a lo lejos, viendo cómo esa cosa estaba a punto de atacar a Sakeichi.

El monstruo, sin embargo, atrapó la flecha en el aire.

Todos quedaron en shock.

Pero Rei recuperó la compostura rápidamente.

El monstruo no se dio cuenta de que la flecha empezó a brillar.

Un resplandor intenso iluminó toda la habitación.

El monstruo chilló, cubriéndose los ojos.

—¡Sakeichi, rápido, corre! —gritó Hanzo.

Sakeichi abrió los ojos y, al ver al monstruo cegado por la luz, aprovechó el momento.

Salió corriendo.

Por puro instinto, esquivó un garrazo del monstruo que le cortó un mechón de cabello.

Cuando Sakeichi estaba a mitad del camino, el monstruo recuperó la visión y comenzó a correr nuevamente, saltando entre paredes y techo.

Rápidamente, Hanzo, Stiches y Castro empezaron a disparar.

La mayoría de las balas eran esquivadas.

Sin embargo, Castro logró acertar un disparo directo a la cabeza del monstruo.

La criatura cayó del techo, cubriéndose la cabeza.

—Buen tiro, Castro —dijo Hanzo.

—Concéntrense. Miren lo que hace el enemigo —respondió Castro.

El monstruo no retrocedió.

Con los brazos cubriendo su cabeza, empezó a correr directamente hacia ellos.

—¡Mierda! —gritó Stiches.

Todos dispararon.

Las balas impactaban, pero no lo detenían.

Solo los disparos de Castro lograban frenarlo por un segundo antes de que continuara avanzando.

Hiro rápidamente escoltó a Sakeichi, que llegó junto al grupo con Estrellita en brazos.

Sin perder tiempo, Hiro avanzó con su lanza para apuñalar al monstruo mientras este resistía los disparos.

Pero ocurrió algo inesperado.

El monstruo dio un salto.

Una voltereta en el aire.

Pasó por encima de Hiro.

Cayó de pie… y, aun cubriendo su rostro con los brazos, siguió corriendo.

Hiro lo entendió.

Esa cosa va por Castro y el resto.

—¡Esquívenlo! —gritó Hiro al ver que Castro, Rei, Hanzo, Stiches y los demás estaban sorprendidos, con el monstruo ya a pocos metros.

Justo en ese momento, el monstruo dejó de cubrirse y saltó sobre Castro.

Castro, con sus años de experiencia, saltó hacia atrás. La garra rozó parte de su cuello.

Pero cuando iba a usar su rifle para disparar…

“¡Sshhk!”

El monstruo no le dio tiempo de reaccionar.

Le lanzó un corte a su pierna izquierda, tan profundo que Castro jadeó de dolor y cayó de rodillas, incapaz de mantenerse de pie.

El monstruo sintió algo punzante en su espalda.

Era una flecha de Rei.

La flecha empezó a electrocutarlo intensamente. El monstruo gritaba de dolor, mezclando su grito con su melodía.

Pero no perdió tiempo.

Se arrancó la flecha, evitando la electrocución, y se fijó en que todo el grupo se había retirado hacia la puerta, escoltando a Castro.

Cerraron la puerta.

—Mierda, mierda… Castro —dijo Stiches al ver su estado.

—Estoy bien… solo necesito unos vendajes… —murmuró Castro.

“¡CRASH!”

El monstruo irrumpió, lanzándose contra una persona y estrellándola contra la pared.

Luego la agarró como un trapo y la azotó contra el suelo.

Antes de que pudiera gritar…

Las patas del monstruo aplastaron su cabeza.

Saltó.

Los sesos y la sangre salieron disparados por el suelo.

Ian, Sakeichi y Talón sintieron náuseas al ver la escena.

Rápidamente, la sala de conferencias y la cocina se volvieron un caos.

Rei estaba por disparar una flecha que quemaría al monstruo.

Pero la criatura agarró una silla y la lanzó con fuerza hacia ella.

Rei apenas logró esquivarla.

Pero el monstruo ya estaba encima.

Lanzó un corte con su garra.

Rei retrocedió, pero no lo suficiente.

La garra le cortó el ojo izquierdo y parte del rostro.

—¡AHH! —gritó Rei de dolor, cayendo al suelo y llevándose la mano al ojo herido.

—¡Mierda, Rei! —gritó Hiro.

Saltó entre las sillas e intentó apuñalar al monstruo con su lanza.

Pero la criatura dio una voltereta y apareció detrás de él.

Hiro se giró—

Pero ya era tarde.

Las garras le hicieron un corte profundo en el torso.

Hiro retrocedió del dolor, aunque logró mantenerse de pie.

Se escucharon disparos desde varias direcciones.

El monstruo se fijó en Castro.

Él tenía el arma más potente.

La criatura saltó desde varios metros de altura, casi rozando el techo.

Castro, sorprendido, saltó de su posición y esquivó por poco.

Pero el monstruo no se detuvo.

Con su pata, le dio una patada directa al pecho.

El impacto fue brutal.

Castro se quedó sin aire.

Cayó al suelo.

El monstruo rápidamente agarró el cuello de Castro con esa mirada vacía y abrió su boca.

—Hijo de perra… —murmuró Castro—

La sangre empezó a salpicar.

Hiro, Sakeichi, Rei, Stiches, Hanzo, Ian y Talón miraron la escena.

Castro tenía sangre en la cabeza y el rostro, pero no porque la cosa lo hubiera mordido, sino porque el monstruo empezó a vomitar sangre.

Luego lo soltó.

El monstruo comenzó a retorcerse.

Era por el efecto de las balas de veneno de Stiches.

—¡Rápido, mátenlo! —gritó Stiches.

Castro intentó acercarse rápidamente para agarrar su arma.

CLACK

La pata del monstruo aplastó el arma de Castro, dejándola hecha pedazos.

—Mierda… —murmuró Castro.

En ese instante, recibió una fuerte patada del monstruo que lo lanzó por el aire, dejándolo inconsciente.

—¡Mierda, Hiro, rápido, mátalo! —gritó Stiches.

Hiro se acercó rápidamente con su lanza.

El monstruo empezó a atacar de manera errática, pero veloz.

Hiro esquivaba con dificultad debido a la herida en el torso que le había dejado el monstruo.

“Aún no…” pensó Hiro.

“Aún no…”

Buscaba el punto ciego.

—¿Qué esperas, Hiro? ¡Mata a esa mierda ahora! —gritó Hanzo.

Los demás también comenzaron a gritar.

Hiro finalmente encontró el punto ciego.

La lanza avanzó directo hacia el rostro del monstruo.

Sin embargo…

Clack

El sonido de metal rompiéndose llenó todo el lugar.

Todos quedaron paralizados.

Incluso Hiro.

La boca del monstruo había atrapado la lanza.

Con una fuerza descomunal, arrancó gran parte de la punta, partiéndola en dos.

El pedazo restante cayó al suelo.

El arma de su padre…

Se había roto.

—No… —murmuró Hiro.

En ese momento, el monstruo lo agarró por el cuello.

Y comenzó a repetir una melodía.

“Vieni piano, senza voce,sotto pelle, nella notte…non resistere al richiamo,io ti vedo… io ti chiamo…”

La misma melodía…

Que Hiro, sin saberlo, fue lo último que su padre escuchó antes de morir.

Un golpe fuerte se escuchó.

Era Stiches, que golpeó la cabeza del monstruo con su brazo robótico.

El monstruo, con un movimiento rápido, atrapó el brazo de Stiches mientras con la otra mano seguía sujetando a Hiro.

Entonces—

Arrancó el brazo robótico de Stiches… y lo aplastó.

—No… otra vez… —murmuró Stiches, quejándose, mientras caía al suelo.

El monstruo le dio una patada, enviándolo volando contra una mesa de vidrio, rompiéndola.

—Van a matar a Hiro… lo van a matar… —murmuró Talón, escondido detrás de una mesa de cocina junto a Sakeichi, que cargaba a Estrellita, Ian y el padre con su hija.

—Tenemos que hacer algo —dijo Sakeichi con miedo.

—¿Cuál, amigo? ¿¡CUÁL!? Ese monstruo acabó con todas las oportunidades que teníamos para matarlo —respondió Talón, casi gritando.

—Acá está, chicos…

La voz de Ian llamó la atención de todos.

Vieron lo que sostenía.

Una bomba.

Con el título: “Rampage”.

—¡Suéltalo! —gritó Hanzo, disparando junto a otros.

Pero las balas eran inútiles.

El monstruo, a pesar de escupir sangre, seguía de pie. Su piel no cedía ante los disparos.

De repente…

Las balas se agotaron.

—A ver, dime, genio… ¿cómo carajos vas a lanzar eso a esa cosa? Lo más probable es que la mande a volar o simplemente la rompa —respondió Talón, histérico.

Los tres comenzaron a discutir.

El padre escuchó todo.

Recordó las instrucciones de esa arma.

Y vio la situación.

Empeoraba.

—Papá…

La voz de su hija lo sacó de su trance.

El hombre la miró.

Sonrió.

—Hija… sabes que papá te quiere mucho, ¿verdad? —dijo con una voz calmada.

—Sí, papá… yo también te quiero mucho —respondió la niña, sin entender lo que sucedía.

—Y así será, hija… donde vayas, donde estés… papá siempre te amará.

Luego miró a Ian.

—Muchacho… pon esa bomba en mi pecho.

Ian, Sakeichi, Talón… y la propia niña abrieron los ojos, sorprendidos.

—¿Qué…? —murmuró Ian.

—Papá… ¿qué vas a hacer? —dijo la niña.

Talón tomó la bomba… y la colocó en el pecho del hombre.

Al hacerlo, la bomba se incrustó en su cuerpo.

El hombre hizo una mueca de dolor al sentir cómo algo perforaba su carne.

Cuando la bomba ya estaba implantada…

El hombre levantó la mirada.

Vio a esa cosa…

Acercando la cabeza de Hiro hacia su boca.

—Niños… cuiden de mi hija, ¿sí? Es una buena muchacha —dijo el padre.

Le dio un beso rápido a su hija y, sin dudar, se alejó.

—¡PAPÁ, NOOO! —gritó la niña con todas sus fuerzas.

El monstruo estuvo a punto de voltearse.

Pero en ese instante—

Rei, aún en el suelo y adolorida, cargó su última flecha y la lanzó rápidamente.

El monstruo la atrapó en el aire… y la rompió antes de que se activara.

Sin embargo, la flecha liberó un humo negro que cubrió su rostro.

Cuando el humo se disipó…

El monstruo sintió algo abrazando su espalda.

Era el hombre.

A pesar de no tener fuerzas, lo sujetaba con todo lo que le quedaba.

—¡Ahora! —gritó.

Ian, temblando, apretó el botón.

—¡PAPÁ, NOOO! —volvió a gritar la niña, llorando.

el monstruo soltó de inmediato a hiro que cayo al suelo y empezo a retroceder.

El monstruo intentó retroceder, chocando contra la pared. El hombre escupió sangre… pero no lo soltó.

Se mantuvo firme.

—Te quiero, hija…

¡BOOM!

El entorno se iluminó.

Una explosión brutal sacudió todo el lugar.

Todos cayeron al suelo, sintiendo la onda de choque. El polvo y los escombros cubrieron el ambiente.

Cuando todo se calmó…

El lugar era un desastre.

Había sangre, órganos y vísceras esparcidas por todas partes.

También un líquido negro.

No quedaba rastro del hombre.

El monstruo…

Tenía el cuerpo partido a la mitad.

Solo quedaba una pata… y una garra.

Su pecho tenía un enorme agujero.

El monstruo emitió una última melodía corta…

Y luego—

Silencio.

No volvió a moverse.

El monstruo había muerto.

Y lo único que quedó fue el silencio…

Los jadeos…

Y el llanto de Estrellita…

y de la hija.

Un Capitulo Mas para terminar el primer Arco de esta historia. Agradecido con el apoyo nos vemos!.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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