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The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 25

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Capítulo 25: Capitulo 25 – Madre, berrinche y solución

Capitulo 25 – Madre, berrinche y solución

Tres semanas después, Leo estaba en su trabajo, revisando unos documentos cuando su teléfono comenzó a sonar. Al mirar la pantalla, vio el nombre de Mary Cooper.

Leo contestó de inmediato.

“Hola, Mary, ¿cómo se encuentra?”, dijo con tono cordial.

“Hola, Leo. Bien… aunque te llamo porque estaba hablando con Shelly y lo noté algo extraño, más de lo usual. ¿Sabes si pasó algo?”, preguntó Mary con cierta preocupación.

Leo se acomodó en la silla y suspiró.

“Bueno, Mary, si te soy sincero sí pasó algo. Sheldon tuvo un problema con el decano Gablehauser. Lo despidieron, y desde entonces ha estado ocupando su tiempo en experimentos raros y rutinas nuevas. No se ha detenido, pero está… diferente.”

Mary guardó silencio unos segundos antes de responder.

“Me siento mal de que no me llamaras, Leo”, dijo con un tono suave, casi reproche.

Leo bajó la mirada.

“Creí que Sheldon aún necesitaba más tiempo. Tú lo conoces mejor que yo, pero pensé que lo mejor era dejarlo procesar las cosas. Aunque creo que ya es casi el momento, y si vinieras a verlo tal vez le darías el impulso que necesita. ¿Quieres que te compre los vuelos?”

Mary negó con calma.

“Leo, no es necesario. Iré a verlo mañana. Gracias por contarme y por cuidar de Sheldon.”

Leo sonrió.

“Mary, no te preocupes. Sheldon es mi amigo. Te espero mañana entonces.”

—

Cambio de escena.

Con un momento libre en la oficina, Leo se recostó en la silla y abrió su teléfono. Sus mensajes eran un reflejo de la vida que había estado llevando esas últimas tres semanas, una vida que parecía un sueño… aunque también cargada de contradicciones.

Primero revisó la conversación con Summer. Ella había sido un torbellino en su rutina: encuentros que empezaban con risas y terminaban con susurros en la penumbra. Siempre pedía un poco más de tiempo, como si quisiera estirar cada instante hasta que el cansancio la vencía y caía rendida en sus brazos. Leo recordaba la manera en que se acomodaba contra su pecho, con esa mezcla de dulzura y fuego que la hacía irresistible. Con Summer todo era espontáneo, como si cada cita fuera una aventura que se desbordaba en caricias y miradas que pedían saciarse hasta el hartazgo el uno del otro.

Después abrió los mensajes con Chelsea. Ella seguía atrapada en los problemas con su novio, y en esas semanas se habían visto dos veces. Sus encuentros eran distintos: Chelsea buscaba desahogo, alguien que la escuchara, pero también alguien que le recordara que aún podía sentirse deseada. Entre confesiones y quejas, había momentos en que sus ojos brillaban con una chispa traviesa, como si quisiera olvidar por completo sus problemas. Leo sabía que ella encontraba en él un refugio, aunque breve, y que esa mezcla de vulnerabilidad y atracción hacía que cada encuentro tuviera un aire prohibido, cargado de tensión.

Por último, los mensajes con Penny. Con ella la dinámica era diferente: prácticamente eran una pareja sin título. Noches largas llegando a casa, muchas veces durmiendo en su departamento en lugar del suyo. Con Penny había complicidad, bromas, planes improvisados y esa sensación de pertenencia que lo hacía sentir cómodo. Pero también había pasión: miradas que se encendían de repente, besos que empezaban como juego y terminaban con ambos perdiendo la noción del tiempo. Penny era la mezcla perfecta entre ternura y deseo, alguien con quien podía reírse hasta las lágrimas y, minutos después, perderse en un abrazo que parecía no tener fin.

Leo pensó un momento. Sonaría mal decirlo, pero era una vida de ensueño. Tenía compañía, afecto y momentos que lo hacían sentir vivo. Summer le daba intensidad y espontaneidad, Chelsea le ofrecía esa chispa de lo prohibido y Penny le brindaba estabilidad y pasión. Sin embargo, pesaba el hecho de sentir que las defraudaba o engañaba, en especial a Penny.

Lo curioso era que todas sabían de las otras. Por alguna razón no se peleaban ni le reclamaban. Tal vez tenía que ver con que nunca se habían visto entre sí, y que siempre terminaban sumamente agotadas después de estar con él, sin querer verlo por uno o dos días. Ese espacio mantenía la paz, como si cada una aceptara que Leo era un secreto compartido, un deseo que no necesitaba etiquetas.

Leo cerró el teléfono y se recostó en la silla, mirando el techo de la oficina. Era consciente de que estaba caminando en una línea delgada, pero también sabía que cada una de esas mujeres le aportaba algo distinto. Su vida estaba llena de intensidad, ternura y lujuria, un equilibrio extraño que lo hacía sentir pleno… aunque también culpable.

—

Cambio de escena.

Al día siguiente, Mary y Leo subían juntos las escaleras del edificio. La conversación era ligera, casi casual, Mary preguntaba por el clima de la ciudad y Leo le contaba un par de anécdotas del trabajo, tratando de mantener el ambiente relajado antes de llegar al departamento.

Cuando llegaron a la puerta, Leo se detuvo un momento y la miró con una sonrisa divertida.

“Bueno, Mary, esta última obsesión ya es la más rara que vi”, dijo mientras abría la puerta para que ella pudiera mirar dentro.

Mary asomó la cabeza y se quedó sorprendida. Allí estaba Sheldon, sentado frente a lo que parecía un telar improvisado, con una especie de poncho a medio terminar sobre sus piernas.

Sheldon se giró al escuchar la puerta y, al verlos, abrió los ojos con sorpresa.

“Mammi?”, dijo confundido.

“Hola, bebé”, respondió Mary caminando hacia él y abrazándolo con ternura.

Sheldon, aún en shock, miró a Leo con gesto molesto.

“¿Llamaste a mi madre?”, preguntó con tono acusador.

Leo se rió y levantó las manos, haciendo señas de que él no había sido.

Mary lo dejó de abrazar y miró el telar con curiosidad.

“¿Te compraste un telar? Qué lindo”, dijo con una sonrisa maternal.

“Gracias”, respondió Sheldon con seriedad.

“Cielo, ¿para qué quieres un telar?”, preguntó Mary, genuinamente intrigada.

Sheldon se acomodó los lentes y contestó con solemnidad:

“Bueno, siempre quisiste que yo luciera y fuera un estelar… y me dije: un telar.”

Mary y Leo intercambiaron miradas raras, sin saber si reír o corregirlo. Sheldon, sin notar la confusión, continuó:

“Pero mamá, dime, ¿qué haces aquí?”

Mary suspiró.

“Te noté raro el otro día que hablamos y llamé a Leo para ver qué te pasaba. Como tú no me contaste nada, decidí venir.”

“Pero mamá, estoy bien”, dijo Sheldon, cruzando los brazos.

Leo intervino.

“Sheldon, no has salido de la casa en mucho tiempo.”

“No es cierto, fui con Penny al supermercado”, replicó Sheldon con rapidez.

“Eso fue hace tres semanas, Sheldon”, dijo Leo con calma.

Leo se acercó un poco más, señalando el telar y recordando los peces luminosos.

“Sheldon, tu valiosa mente no se puede romper tejiendo o alterando peces para que produzcan luz.”

Mary lo miró con dulzura.

“Cielo, tú amas tu trabajo y todo eso de la ciencia. Esto que haces… no eres tú.”

Sheldon apretó los labios y los miró con firmeza.

“Soy un hombre adulto y sé lo que hago. No pueden tratarme como a un niño haciendo un berrinche.”

Acto seguido, se levantó y caminó hacia su cuarto.

“¿A dónde vas?”, preguntó Leo.

“A mi cuarto, y nadie puede entrar”, respondió Sheldon, con un tono que sonaba exactamente como un niño pequeño haciendo un berrinche.

Mary lo vio desaparecer por el pasillo y luego giró hacia Leo.

“De su padre heredó el carácter”, dijo con un suspiro.

Leo asintió, sonriendo.

“Pero tiene mis ojos”, agregó Mary con orgullo.

“Muy lindos”, respondió Leo con sinceridad.

Mary comenzó a desempacar sus cosas en la sala.

“Lo científico le vino de Jesús”, dijo con naturalidad, como si fuera una verdad absoluta.

Leo soltó una risa y respondió:

“Amén por eso.”

Después la ayudó con sus maletas y le preparó su habitación una habitación para que descansara.

—

Cambio de escena.

Era de noche y en la cocina se encontraban Mary, Leo, Howard, Raj y Penny. El ambiente estaba lleno del aroma del pollo recién hecho, mientras Leo y Mary terminaban de cocinar juntos.

“Sheldon, tu mamá hizo la cena”, dijo Leo, levantando la voz hacia las habitaciones.

“No tengo hambre”, dijo Sheldon desde su cuarto.

“Leonard, Shelly es muy necio, no te preocupes. Tal vez se quede ahí hasta morir”, dijo Mary con naturalidad.

La frase hizo reír a Leo, que no pudo contenerse.

“¿Y no es eso malo, señora?”, dijo Penny, algo preocupada.

“Escucha, lo amo como loca, pero ha sido difícil desde que se me cayó del carrito del supermercado”, dijo Mary mientras servía comida y miraba a Penny.

“Discúlpeme por ser tan poco intelectual, pero ahora veo de dónde sacó Sheldon su belleza sin igual”, dijo Howard acercándose a Mary con una sonrisa atrevida.

“Cielo, no me meterás a la cama, pero sigue intentando”, dijo Mary riéndose y dándole una palmada ligera en el brazo.

Mary se movió junto a Raj y le habló directamente.

“Hice pollo, espero que no sea uno de esos animales que tu pueblo cree que son mágicos”, dijo Mary con tono curioso.

Leo y Penny se aguantaban las ganas de reír. Penny pellizcaba a Leo para contenerse, y como a Leo no le dolía, se metía algo a la boca para masticar y disimular.

Raj hizo la seña de “no” con la cabeza, avergonzado pero divertido.

“En mi iglesia hay un conocido, otro indio de la India, que va cada domingo. Y ahora, gracias a Dios, nos ofrece descuentos en laxantes. ¡Imagínense qué bendición!”, dijo Mary con entusiasmo.

La mesa entera estalló en risas, incluso Penny que intentaba mantener la compostura.

“Bien, ahora todos tomen un plato y un lindo mantelito… que Sheldon no tejió”, dijo Mary levantando las manos como si organizara todo.

El grupo se acomodó alrededor de la mesa, con la sensación de que aquella cena sería inolvidable, no por la comida, sino por la energía que Mary había traído consigo.

—

Todos se sentaron en el sofá y empezaron a comer.

“¿Y Sheldon se había puesto así alguna vez?”, preguntó Penny, mirando a Mary con curiosidad.

“Ah sí, todo el tiempo. Recuerdo una vez, un verano a los 13 años, quería construir un reactor nuclear y le dijo a todo el pueblo que les daría energía gratis. El único problema es que no tenía eso llamado materiales fusionables. Entonces, cuando fue a internet a conseguir unos, un hombre del gobierno vino y lo detuvo con gran ternura y le dijo que era ilegal tener tartas de uranio amarillo”, dijo Mary con naturalidad, como si contara una anécdota común.

Leo, Raj y Howard se miraban entre sí, sorprendidos.

“¿Y qué pasó?”, preguntó Penny, cada vez más intrigada por la historia.

“El pobre enfureció, se encerró en su cuarto y fabricó un rayo láser letal”, dijo Mary con calma.

“¿Un rayo letal?”, preguntó Leo, arqueando las cejas.

“Bueno, eso dijo. Ni siquiera asustó a los niños del barrio”, dijo Mary riendo.

Luego miró a Leo y a Penny.

“Ustedes dos hacen una linda pareja”, dijo Mary con una sonrisa maternal.

“Gracias”, dijeron ambos al mismo tiempo, girando para mirarse y tomarse de la mano como un gesto cariñoso.

“Cómo te envidio”, dijo Howard mirando a Leo con Penny.

Raj se inclinó hacia Howard y le susurró al oído.

“Sí, lo sé. Parece comedia romántica, pero Leo se niega a enseñarnos cómo lo hace.”

Howard miró a Raj con gesto cómplice, y eso hizo que Mary, Penny y Leo se rieran.

Justo cuando iban a empezar a comer, y Raj ya tenía puré de papa en la boca, Mary cerró los ojos y comenzó a orar.

“Dios, te damos gracias por permitirnos consumir estos alimentos…”, dijo Mary con solemnidad.

Raj y Howard se atragantaron un poco, incómodos porque Mary los tomó por sorpresa. Leo y Penny se reían de ellos, disfrutando la escena.

Mary continuó el rezo, pero al ver la incomodidad de los chicos, agregó con dulzura:

“No se sientan obligados.”

Aun así, tomó la mano de Howard, y Howard, sin saber qué hacer, terminó tomando la mano de Raj para que todos rezaran juntos.

Ahora sí, empezaron a comer, entre risas, miradas cómplices y la sensación de que aquella cena se había convertido en un momento único gracias a la espontaneidad de Mary.

—

En eso, Sheldon salió de su habitación para servirse comida, tratando de no ser notado. Caminaba con pasos cuidadosos, como si quisiera pasar desapercibido.

Howard abrió la boca para decir algo, pero Mary lo detuvo con un gesto firme.

“Es como un venadito, lo vas a asustar, solo espera a que venga a ti”, dijo Mary en voz baja, con tono protector.

Cuando Sheldon se sintió observado por todos, giró para mirarlos. Sin embargo, todos bajaron la cabeza y siguieron comiendo como si nada. Sheldon frunció el ceño y se fue a encerrar de nuevo en su cuarto.

“Entonces no entiendo, ¿cuál es el plan?”, dijo Howard, confundido.

“Creo que con Mary aquí, Sheldon empezará a notar que extraña su anterior vida o rutina y regresará a la universidad”, dijo Leo con calma.

“¿Y la universidad lo aceptará? Digo, no todos los jefes quieren a empleados con los que discuten”, dijo Penny, con cierta duda.

“Bueno, Sheldon es un recurso valioso, de renombre en su campo. Pese a sus peculiaridades, muchas universidades lo quieren”, dijo Leo con seguridad.

“Bendito sea el Señor”, dijo Mary, juntando las manos brevemente.

Terminaron de cenar. Los chicos se despidieron y se fueron, Penny también. Quedaron solos Mary y Leo en la sala.

“Es una linda chica la que te conseguiste, Leo”, dijo Mary con una sonrisa maternal.

“Lo sé, y eso solo es el exterior. Vieras qué interesante chica es por dentro”, dijo Leo, presumiendo a Penny con orgullo.

“Aunque no te voy a mentir, siempre tuve esperanzas de que conocieras a Missy”, dijo Mary con un dejo de nostalgia.

“¿Qué te digo, Mary? Dios es el que pone el plan, ¿no?”, dijo Leo sonriendo.

“Así es. Oraré por tu relación, pero si no funciona ya tienes el número de Missy”, dijo Mary con naturalidad.

“Descansa, Mary. Nos vemos mañana”, dijo Leo con respeto.

“Descansa, Leo”, dijo Mary, acomodándose en su habitación.

Leo salió del departamento y caminó hacia el de Penny, quien ya lo esperaba con una copa de vino en la mano, lista para recibirlo con una sonrisa.

—

Cambio de escena.

Al día siguiente, Mary entró en la habitación de Sheldon. Él estaba sentado en el suelo, concentrado en unos trenes a escala que giraban sobre las vías. Mary se acomodó en la cama de su hijo, observándolo con paciencia.

“¿Qué haces, cielo?”, dijo Mary con voz suave.

“Reviso mis trenes a escala”, dijo Sheldon sin apartar la vista de las locomotoras. “¿Qué quieres, mamá?”, preguntó Sheldon con tono directo.

“Sabes que tu padre decía que solo se puede pescar previamente al lanzar un cartucho de dinamita al agua”, dijo Mary con aire reflexivo.

“Sí”, dijo Sheldon, recordando la frase.

Mary se levantó y abrió el armario de Sheldon, revisando la ropa colgada.

“Bueno, terminé de pescar. Ponte esto”, dijo Mary lanzando un conjunto de ropa sobre la cama.

“¿Para qué?”, preguntó Sheldon, confundido.

“Porque ahora vas a ir a la oficina, te vas a disculpar con tu jefe y vas a volver al trabajo”, dijo Mary con firmeza.

“¡No!”, dijo Sheldon, cruzando los brazos.

“Disculpa, ¿cómo dices? ¿Inicié una oración con las palabras ‘se le place a su alteza’?”, dijo Mary, arqueando una ceja.

“No me voy a disculpar. No dije nada que no fuera verdad”, dijo Sheldon mirando al suelo.

“Escucha esto: estuve diciéndote que es correcto ser más listo que todo el mundo, pero no tienes que ir a decírselo”, dijo Mary con tono maternal.

“¿Por qué no?!”, dijo Sheldon, levantando la voz.

“Porque a las personas no les gusta. ¿Recuerdas las palizas que te dieron los chicos del barrio?”, dijo Mary con calma.

Sheldon solo pudo callar, bajando la mirada.

“Bien, ahora dúchate, ponte la ropa, loción y date prisa”, dijo Mary antes de salir de la habitación.

“No me habrían dado una paliza si el maldito rayo letal hubiera funcionado”, dijo Sheldon en voz baja, mientras recogía la ropa.

—

Mary llegó a la cocina, donde Leo estaba tomando un café.

“Problema resuelto”, dijo Mary con seguridad.

“Genial, es impresionante”, dijo Leo, sorprendido por la rapidez con la que ella manejaba la situación.

“Leo, Dios no nos da más de lo que no podemos soportar. El Señor me bendijo con otros dos hijos que son súper torpes. Exitoso el mayor, pero súper torpe”, dijo Mary sacando un jugo del refrigerador y bebiendo un poco.

—

Cambio de escena.

Más tarde, Leo salió de su oficina y se topó con Sheldon en el pasillo.

“Entonces, ¿funcionó?”, dijo Leo cuando Sheldon salió de la oficina de Gablehauser.

Sheldon asintió.

“Sí, aunque parece que mi madre ahora está coqueteando con él y puede que acepte sus avances para una cita, si no más”, dijo Sheldon con naturalidad, haciendo que Leo se encogiera de hombros.

“Eh, míralo de esta manera: ella puede divertirse y tú no tienes que disculparte ni decirlo en serio”, dijo Leo con una sonrisa.

“Es cierto. ¿Quieres ir a la cafetería? Creo que es el día del pudín”, dijo Sheldon.

Leo se encogió de hombros y asintió, mientras ambos se alejaban juntos, dejando atrás el peso de la discusión y retomando la rutina con un aire más ligero.

—

Hola, como ven esto, no escribir cada reunion porque seria muy largo y abran escenarios para cada chica, se puede sentir forzado el que no haya peleas entre chicas. Pero nose le vi sentido, si quieren que profundice en las razones, dejen sus preguntas y respondo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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