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The Big Bang Theory: Un Nuevo Leonard [Español] - Capítulo 33

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Capítulo 33: Capitulo 33 – Sueño, Distancia y Promesa [R18]

Capitulo 33 – Sueño, Distancia y Promesa [R18]

Día siguiente, 11:00 am

Leo llegó puntual al lugar de la cita, estacionando su auto en el punto acordado. El lugar parecía extrañamente tranquilo y, tras echar un vistazo rápido y no ver a nadie, decidió quedarse en el asiento del conductor disfrutando del aire acondicionado. Pasaron apenas unos minutos hasta que un golpe rítmico en la ventana lo hizo reaccionar. Era Summer.

Leo estiró el brazo para abrir la puerta del copiloto y ella subió de inmediato, cerrando tras de sí. Antes de que él pudiera decir una palabra, Summer se inclinó hacia él y lo recibió con un beso en los labios, cargado de un romanticismo que parecía buscar reafirmar algo.

“Te extrañaba mucho”, dijo ella al separarse, mirándolo con intensidad.

Leo soltó una risa ligera mientras acomodaba sus manos en el volante. “Hace poco nos pasamos todo el día en un hotel, Summer. No ha pasado tanto tiempo”.

“No importa, igual te extraño”, respondió ella con un suspiro. “Me haces sentir maravillosa de múltiples formas, Leo, y es difícil estar lejos de eso”.

Leo asintió con una media sonrisa, apreciando la devoción de la chica, pero decidió ir al grano. “Bueno, ¿a dónde quieres ir? ¿Para qué me citaste aquí exactamente?”.

“Necesitaba contarte algunas cosas… pero mejor sácame de aquí, llévame al muelle”, dijo ella, señalando hacia la carretera.

Leo encendió el motor y el auto comenzó a moverse con suavidad hacia el *pier*. Mientras conducía, Summer empezó a hablar, dejando salir lo que claramente le estaba rondando la cabeza.

“He notado que desde que formalizaste las cosas con Penny ya no me llamas tan seguido”, soltó ella, mirando por la ventana lateral.

Leo se rió suavemente y le lanzó una mirada rápida. “¿Acaso estás celosa, Summer?”.

Ella no dijo nada, simplemente guardó silencio mientras se mordía el labio inferior. Sin embargo, Leo, gracias a su agudizada percepción y empatía, no necesitaba que ella hablara. Podía notar sus emociones fluyendo casi físicamente: veía en ella una mezcla confusa de inseguridad, miedo y angustia, pero curiosamente, esos sentimientos estaban entrelazados con emoción y una profunda alegría. Era un torbellino interno que Summer intentaba ocultar tras una máscara de normalidad.

Summer extendió su mano y la puso sobre la de Leo mientras él conducía, buscando el contacto físico para anclarse a la realidad. Para aligerar el peso de lo que acababa de decir, empezó a contarle cosas cotidianas, historias triviales sobre sus amigas y su día a día, aunque ambos sabían que la verdadera razón de la reunión todavía estaba por salir a la luz.

Llegaron al pier y el sonido de las olas rompiendo contra los pilares de madera llenó el ambiente. Leo estacionó el auto y ambos bajaron, caminando unos metros hacia el barandal para sentir la brisa marina. En cuanto se detuvieron, Summer se movió con rapidez hacia él y lo rodeó con sus brazos, hundiendo su cabeza con fuerza en el pecho de Leo, como si buscara refugio.

“¿Qué sucede, Summer?”, le preguntó Leo con calma, mientras comenzaba una caricia rítmica en su cabeza, pasando sus dedos por su cabello para transmitirle tranquilidad.

Ella permaneció en silencio un momento, aferrada a la firmeza de su torso, hasta que finalmente levantó la cabeza para mirarlo a los ojos. Su expresión era una mezcla de nerviosismo y una chispa de triunfo.

“Dejé mi trabajo, Leo”, le dijo ella, con la voz vibrando por la emoción. “Justo hace unos días me llegó una propuesta oficial… es una invitación para estudiar diseño de modas en Nueva York. Siempre ha sido mi sueño, y finalmente he juntado el suficiente dinero para irme y vivir esa experiencia de lleno”.

Leo se quedó en silencio un instante, asimilando la noticia. Ciertamente no se lo esperaba; era un giro repentino en la rutina que compartían, pero no sintió esa punzada de miedo o molestia que otros sentirían ante una partida. Al contrario, la miró con una sonrisa genuina. Él la quería y, por encima de cualquier posesión, deseaba que ella triunfara en lo que amaba. Entendía que la vida es movimiento y que los ciclos cambian, y que ella persiguiera su sueño era algo que él, con su mentalidad, solo podía apoyar.

“Es una noticia maravillosa, Summer. De verdad”, dijo Leo, manteniendo sus manos sobre ella para transmitirle su calor. “Pero… dime qué es lo que te preocupa. Hay algo que no te deja ser feliz del todo con esto, puedo sentirlo”.

Summer apretó los labios y, con un movimiento brusco cargado de frustración, le dio un golpe en el pecho.

“¡Tú! ¡Es que eres un idiota!”, exclamó ella con la voz quebrada. “Todo esto… al principio solo iba a ser una aventura, ¿sabes? Un pequeño gusto, algo pasajero en medio de este mundo tan extraño”. Ella hizo una pausa, refiriéndose con un gesto amargo a su profesión como escort. “Pero en este tiempo me fue imposible no enamorarme de ti. Y no solo es por ese físico de animal incansable que tienes, Leo… es por cómo me has hecho sentir”.

Leo guardó silencio, dejando que ella se desahogara. Summer levantó la vista, y él pudo ver cómo sus ojos se humedecían rápidamente.

“Las veladas, las citas, las bromas… me hiciste sentir en paz. Es algo que no sentía en mucho tiempo”, continuó ella, mientras una lágrima rodaba por su mejilla. “A veces me sentía menos al compararme con Penny o con Chelsea. Sé que físicamente soy valiosa, sé que mi trabajo no me define como persona, pero las inseguridades son traicioneras y siempre vuelven. Pero tú… tú nunca me viste así. Para ti, cuando estábamos juntos, yo era tu mundo y tú el mío. Me hiciste sentir amada como persona, comprendida sin ser juzgada. Y lo más increíble es que jamás tuve que decirte cómo me sentía; aun así, supiste ayudarme de formas que yo ni siquiera sabía que necesitaba”.

Summer lo tomó de la camisa, sacudiéndolo levemente.

“Idiota, lo que tengo es miedo. Tengo miedo a perderte. Miedo a que perseguir mi sueño en Nueva York te haga olvidarme… a que me dejes atrás como a una simple… escort”.

Leo miró esos ojos cristalinos y sintió un vuelco. Mientras la abrazaba con fuerza y comenzaba una caricia lenta en su espalda, su mente navegaba a toda velocidad. Recordó las noches de sexo frenético donde sus cuerpos se volvían uno, las tardes tranquilas viendo películas, las risas en la pista de baile. Él siempre lo había hecho por disfrutar del momento, pero el impacto de sus acciones había sido un golpe tremendo en el alma de ella. Sin darse cuenta, la había amado justo como ella necesitaba ser amada.

“Escúchame bien, Summer”, dijo Leo, separándola apenas para obligarla a mirarlo, con una voz profunda que buscaba darle seguridad. “Tú eres mucho más de lo que cualquier trabajo o etiqueta pueda definir. ¿Crees que las citas, las salidas y cada momento que pasamos fueron solo por compromiso? Mis ojos no mienten cuando te miran; te ven a ti, a la mujer talentosa, divertida y hermosa que eres. No veo a una escort, veo a Summer, la mujer que está a punto de conquistar Nueva York”.

Leo la tomó de la cintura para pegarla más a él en un gesto de posesión y apoyo, reafirmando su presencia física.

“Quiero que vivas ese sueño sin un gramo de miedo. No permitas que el temor a lo que dejamos aquí te frene. Muévete, vuela, vence ese miedo. El hecho de que te vayas no borra lo que somos ni lo que hemos construido. Nueva York es una oportunidad para que el mundo vea lo que yo ya sé que eres capaz de hacer. No eres ‘simple’, Summer. Eres extraordinaria, y no hay distancia que pueda hacer que olvide cómo me haces sentir cuando estamos así, juntos”.

“¿Si me voy… estarás aquí? ¿Seguirás teniendo un lugar para mí cuando regrese?”, preguntó Summer con la voz en un hilo, buscando una promesa a la cual aferrarse mientras el miedo a la distancia seguía presente en su mirada.

Leo no respondió de inmediato con palabras. En su lugar, la tomó del rostro y la besó de forma apasionada, un beso que sabía a una mezcla de despedida temporal y una promesa silenciosa. Al separarse, la miró con esa chispa juguetona que siempre lograba romper la tensión.

“No voy a ir a ningún lado, Summer. Aquí estaré”, le aseguró con una sonrisa tranquila. Luego, soltó una pequeña risa y añadió en tono de broma: “Aunque, quién sabe qué depare el futuro. A lo mejor en Nueva York conoces a un modelo de pasarela extremadamente guapo, alguien que te dé esa felicidad y, sobre todo, esa exclusividad que a lo mejor desearías”.

Summer soltó un bufido y volvió a darle un golpe en el pecho, aunque esta vez con menos fuerza. En su mente, ella solo podía pensar que Leo no era consciente de lo verdaderamente maravilloso y perfecto que era; ningún modelo, por muy perfecto que fuera, podría compararse con la profundidad y la seguridad que él le brindaba.

“Pero si al final del día, después de conquistar el mundo de la moda, todavía tienes ganas de visitarme… aquí estaré esperándote”, concluyó Leo, suavizando su expresión.

Summer no pudo contenerse más. Entre lágrimas de alivio y una explosión de afecto, se lanzó hacia él con todas sus fuerzas. Leo, con sus reflejos y su físico imponente, la atrapó en el aire sujetándola con firmeza por las nalgas para que ella pudiera enredar sus piernas alrededor de su cintura.

Ella rodeó su cuello con los brazos, sosteniéndose con desesperación, y lo besó de una manera apasionada y profunda, entregándose por completo en ese contacto. Las manos de Leo se cerraron con posesión sobre su trasero, apretando su carne con fuerza y masajeando cada curva de su nalga mientras la mantenía pegada a su cuerpo. En ese momento, en medio del muelle y bajo la brisa, el resto del mundo desapareció; solo existía el calor de sus cuerpos y el trato implícito de que, sin importar los kilómetros, ella siempre tendría un hogar en los brazos de Leo.

“Te amo”, susurró Summer apenas se separaron del beso, con la respiración entrecortada y los ojos fijos en los de él, desnudando su alma por completo.

Leo mantuvo esa sonrisa tranquila y segura que tanto la desarmaba. “Lo sé”, respondió con una confianza que, aunque honesta, hizo que Summer soltara un bufido de frustración. Volvió a darle un golpe en el pecho, pero esta vez no dijo nada; simplemente se quedó ahí, disfrutando del calor de su torso y de la firmeza con la que él la sostenía.

“Me voy en unos días”, dijo ella finalmente, bajando de sus brazos y recuperando un poco de compostura, aunque sin soltarle las manos. “Así que no quiero pasar lo que queda de tiempo lamentándome. Hoy quiero una cita espectacular, Leo. Quiero recuerdos que me duren todo el viaje hasta Nueva York”.

Sin esperar respuesta, lo tomó de la mano y tiró de él con entusiasmo, llevándolo hacia la zona de las atracciones del muelle. La melancolía de hace unos momentos se transformó en una energía vibrante.

La tarde se convirtió en un montaje de escenas románticas dignas de una película. Caminaron entre los puestos de juegos bajo las luces de colores que empezaban a encenderse. En uno de los puestos de tiro, Leo demostró esa precisión casi inhumana que poseía, ganando para ella el peluche más grande del lugar. Summer reía como una niña mientras abrazaba al oso gigante, pegando su pecho al brazo de Leo mientras caminaban.

Se tomaron fotos en una cabina instantánea: en la primera salían riendo, en la segunda Leo le daba un beso en la mejilla, y en la última, él le daba una nalgada juguetona que capturó la expresión de sorpresa y diversión de Summer justo antes de que la tira de fotos saliera de la máquina.

“Mira mi cara, ¡eres un desastre!”, decía ella riendo, guardando las fotos en su bolso como si fueran tesoros.

Entre algodones de azúcar, el sonido de la rueda de la fortuna y las constantes caricias de Leo en su cintura o en su trasero mientras esperaban en las filas, Summer se sentía en la cima del mundo. Leo se encargó de que cada momento fuera perfecto, llenándola de detalles y atenciones que le hacían olvidar cualquier inseguridad. Para él, verla así de feliz era la mejor forma de despedirla, asegurándose de que el último sabor que tuviera de él fuera el de una tarde perfecta bajo el sol que se ocultaba en el horizonte.

Al final de la jornada, con la adrenalina de la feria aún recorriendo sus venas, se dirigieron a un hotel cercano. En cuanto la puerta de la habitación se cerró tras ellos, la urgencia que habían contenido durante las últimas horas estalló como una tormenta. No hubo preámbulos lentos; sus bocas se buscaron con un hambre voraz, un choque de lenguas y aliento que lo decía todo.

Leo la empujó suavemente contra la pared mientras sus manos expertas comenzaban a despojarla de su ropa. Las prendas caían al suelo sin importancia, dejando al descubierto la piel de Summer, que resplandecía bajo la tenue luz de las lámparas. Él se detuvo un segundo para admirarla, recorriendo con sus palmas la curva de sus pechos, sintiendo la firmeza y el calor que emanaba de ella. Summer, por su parte, trabajaba con desesperación en los botones de la camisa de Leo, ansiosa por sentir ese torso esculpido contra el suyo.

“Graba todo tu ser en mí, Leo”, susurró ella contra su cuello, su voz cargada de una devoción casi religiosa. “Quiero que mi cuerpo te recuerde cada segundo que esté lejos. No me dejes olvidar nada”.

Leo respondió con una caricia profunda que bajó por su espalda hasta llegar a sus nalgas. La sujetó de su trasero con fuerza, elevándola para que ella envolviera su cintura con sus piernas, mientras sus pechos se aplastaban contra el firme pecho de él. El contacto de la piel desnuda encendió un fuego aún más intenso. Leo la llevó hacia la cama, depositándola con una mezcla de rudeza y cuidado sobre las sábanas blancas.

Él terminó de desnudarse, revelando su físico imponente, ese cuerpo que parecía diseñado para el placer y la resistencia. Summer estiró una mano, rozando con sus dedos el miembro de Leo, maravillada una vez más por la potencia y el tamaño que la hacían sentir pequeña y, a la vez, completamente plena. Leo se posicionó sobre ella, repartiendo besos por su vientre y sus muslos, mientras una de sus manos seguía masajeando una nalga con una posesión absoluta.

“Vas a llevarte cada parte de mí contigo”, murmuró Leo, mirándola fijamente a los ojos antes de unir sus cuerpos en un movimiento lento y profundo.

—

El movimiento lento y profundo de Leo al unir sus cuerpos hizo que Summer jadeara con fuerza, sintiendo cómo su polla gruesa la llenaba por completo, estirando sus paredes internas con una presión deliciosa que la hacía arquear la espalda contra las sábanas. Sus ojos se cerraron por un instante, abrumada por la sensación de plenitud, mientras sus uñas se clavaban en los hombros anchos de él. Leo se mantuvo quieto un segundo, permitiendo que ambos se acostumbraran al calor húmedo que los envolvía, su respiración entrecortada rozando el cuello de ella.

Lentamente, comenzó a moverse, retirándose casi por completo antes de hundirse de nuevo, estableciendo un ritmo que era a la vez tierno y posesivo. Summer gimió, sus caderas elevándose instintivamente para encontrarse con cada embestida. “Sí, así… más profundo”, susurró ella, su voz ronca de deseo. Leo obedeció, acelerando el paso, sus caderas chocando contra las de ella con un sonido húmedo y rítmico que llenaba la habitación del hotel.

Sus bocas se encontraron en un beso intenso, lenguas entrelazadas en una danza salvaje, mordiéndose los labios con urgencia. Leo succionó el inferior de Summer, dejando un chupetón rojo que marcaría su piel por días, un recordatorio tangible de esta noche. Ella respondió mordiendo su hombro, saboreando el sudor salado de su piel mientras sus manos exploraban la dureza de su espalda, trazando los músculos que se contraían con cada movimiento.

No pasó mucho tiempo antes de que Summer sintiera el primer orgasmo construyéndose en su interior, una oleada de calor que se extendía desde su clítoris hasta sus pechos. Leo lo notó en la forma en que sus muslos temblaban y en los gemidos ahogados contra su boca. Bajó una mano entre sus cuerpos, sus dedos ásperos encontrando el botón hinchado de su placer, frotándolo en círculos firmes mientras continuaba follándola con embestidas profundas.

“Córrete para mí, Summer”, gruñó él contra su oreja, su voz grave enviando vibraciones por su espina dorsal. Ella explotó entonces, su pussy contrayéndose alrededor de su polla en espasmos incontrolables, un grito escapando de sus labios mientras el placer la atravesaba como un rayo. Leo no se detuvo, prolongando su clímax con movimientos precisos, hasta que ella se relajó jadeante debajo de él.

Pero no había tiempo para pausas. Leo se retiró de golpe, su polla reluciente de sus jugos, y se posicionó sobre su pecho. Summer, aún recuperándose, abrió la boca instintivamente, sabiendo lo que vendría. Él guió su miembro hacia sus labios, y ella lo tomó con avidez, chupando la punta con la lengua plana, saboreando su propia esencia mezclada con el pre-semen salado de él.

Leo empujó más profundo, su polla deslizándose por su garganta en un sexo oral profundo que la hizo toser ligeramente al principio, pero ella se adaptó rápido, relajando la mandíbula para tomarlo todo. Sus manos subieron a sus bolas, masajeándolas suavemente mientras succionaba, el sonido obsceno de su garganta trabajando llenando el aire. Leo gruñó, sus caderas moviéndose en embestidas cortas, follándole la boca con control.

Summer alternó, bajando la cabeza para lamer y chupar sus testículos, metiéndolos uno a uno en su boca caliente, rodándolos con la lengua mientras su mano bombeaba la base de su polla. Él jadeó, una mano enredándose en su cabello rubio, guiándola sin forzar. “Joder, tu boca es perfecta”, murmuró, y ella sonrió alrededor de su piel, intensificando la succión hasta que sintió sus bolas tensarse.

Con un gemido gutural, Leo se corrió, su semen caliente inundando la boca de Summer en chorros espesos. Ella tragó todo, lamiendo cada gota que escapaba, sus ojos fijos en los de él con una mirada de pura lujuria.

Leo la volteó con facilidad, colocándola de rodillas sobre la cama, su culo redondo y firme expuesto ante él. Summer miró por encima del hombro, mordiéndose el labio mientras él separaba sus nalgas, admirando la vista. “Quiero follarte así”, dijo él, y sin esperar respuesta, azotó una nalga con la palma abierta, el sonido resonando seguido de un jadeo de ella. El escozor se mezcló con placer, y ella empujó hacia atrás, invitándolo.

Él se hundió en su pussy de nuevo, esta vez en posición de perrito, su polla golpeando profundo contra su punto sensible con cada embestida. Sus manos agarraron sus caderas, tirando de ella hacia él, mientras alternaba nalgadas en sus nalgas, dejando marcas rojas que contrastaban con su piel clara. Summer gritó de placer, sus pechos balanceándose con el movimiento, y pronto otro orgasmo la golpeó, sus paredes internas apretando su polla como un vicio.

Leo la folló a través de él, sin piedad, sus bolas chocando contra su clítoris con cada empuje. Cuando sintió que ella se relajaba, la giró de nuevo, colocándola en misionero. Sus piernas se envolvieron alrededor de su cintura, y él se hundió una vez más, esta vez más lento, besando sus pechos mientras lo hacía. Sus labios capturaron un pezón endurecido, succionándolo con fuerza, dejando otro chupetón morado alrededor de la areola rosada.

Summer arqueó la espalda, sus manos en su cabello oscuro, empujándolo más cerca. Él alternó entre pechos, lamiendo, mordiendo suavemente, chupando hasta que ella gemía sin control. Sus embestidas se aceleraron, el sudor goteando de su frente sobre su piel, y ella sintió un tercer orgasmo acercándose, más intenso que los anteriores.

“Dentro de mí, Leo… lléname”, suplicó ella, y él obedeció, embistiendo profundo una última vez antes de correrse, su semen caliente inundando su pussy en un creampie vaginal que la hizo temblar. El calor de su corrida la llevó al borde, y ella se corrió con él, sus jugos mezclándose en un desastre húmedo entre sus muslos.

Aún no satisfechos, Leo la ayudó a montarlo en vaquera. Summer se posicionó sobre su polla, aún dura y reluciente, y se hundió lentamente, gimiendo al sentirlo llenarla de nuevo. Sus manos en su pecho para apoyo, comenzó a cabalgar, sus caderas girando en círculos que lo volvían loco. Él subió las manos a sus pechos, amasándolos, pellizcando los pezones mientras ella aceleraba el ritmo.

Summer se inclinó para besarlo intensamente, sus lenguas batallando mientras rebotaba sobre él, su culo chocando contra sus muslos. Otro chupetón en su cuello, uno en su clavícula, marcas que ella llevaría con orgullo. Leo azotó sus nalgas desde abajo, el impacto enviando ondas de placer que la hicieron apretar alrededor de él.

Ella se corrió de nuevo, el cuarto orgasmo dejándola sin aliento, su pussy convulsionando mientras lo ordeñaba. Leo la sujetó por las caderas, follándola hacia arriba con fuerza hasta que sintió su propio clímax acercándose otra vez. Pero esta vez, quería más. La levantó, colocándola de lado en la cama, y se posicionó detrás de ella.

Sus dedos lubricados con sus jugos exploraron su culo, masajeando la entrada apretada antes de presionar un dedo dentro. Summer jadeó, pero empujó hacia atrás, confiando en él. “Relájate, te voy a follar aquí también”, murmuró Leo, besando su hombro mientras añadía un segundo dedo, estirándola con cuidado.

Cuando estuvo lista, reemplazó los dedos con la punta de su polla, empujando lentamente. Ella gimió, la sensación de plenitud diferente, más intensa, mientras él se hundía centímetro a centímetro en su culo. Una vez completamente dentro, esperó, dejando que se acostumbrara, sus manos acariciando su clítoris para distraerla con placer.

Comenzó a moverse, embestidas cortas al principio, luego más profundas, follándole el culo con un ritmo que la hacía gemir alto. Summer se tocó el pussy, frotando su clítoris mientras él la penetraba por detrás, y pronto el placer dual la llevó a un quinto orgasmo, su cuerpo convulsionando alrededor de él.

Leo aceleró, sus gruñidos animales mientras se acercaba al final. “Voy a correrme en tu culo”, avisó, y con una embestida final, lo hizo, su semen llenando su interior en un creampie anal caliente que goteaba cuando se retiró. Summer colapsó, exhausta pero satisfecha, múltiples orgasmos dejándola temblorosa y sonriente.

Él se acostó a su lado, atrayéndola contra su pecho, besando su frente mientras sus cuerpos se enfriaban. La habitación olía a sexo y sudor, un testimonio de su pasión desatada. Summer trazó patrones en su piel, sabiendo que cada marca, cada sensación, la acompañaría por mucho tiempo.

—-

Leo despertó tiempo después, cuando la luz del mediodía ya bañaba por completo la habitación, revelando el rastro del caos de la noche anterior. Al estirar el brazo buscando el calor de Summer, sus dedos solo encontraron las sábanas frías. Se incorporó lentamente, sintiendo el silencio del lugar, y notó una nota doblada con cuidado sobre la almohada.

La tomó y comenzó a leer. En ella, Summer confesaba con honestidad que le había mentido: su vuelo no era en unos días, sino esa misma mañana. Para el momento en que él terminara de leer esas líneas, horas después de su partida, ella ya estaría en el aeropuerto o surcando el cielo rumbo a Nueva York. Escribió que lo hizo por miedo; sabía que si lo tenía frente a ella, mirándola con esa seguridad que tanto la desarmaba, jamás habría tenido la fuerza de voluntad para dejarlo.

Hacia el final de la carta, el tono cambiaba a uno de sus reproches clásicos. Se quejaba de nuevo de que era un “animal” y una “bestia incansable”, mencionando con humor que tuvo que salir de la habitación casi a rastras y sujetándose de las paredes al caminar, agotada tras la intensidad de su despedida. “Pero en parte por eso te amo, idiota”, terminaba la nota, dejando un rastro de su esencia en el papel.

Leo dejó caer la nota sobre su regazo y se quedó mirando el techo, procesando el silencio. No había tristeza en su rostro, sino una satisfacción profunda y una media sonrisa de orgullo por ella. Se estiró, disfrutando de la calma de la habitación, y soltó un suspiro largo.

“Carajo… mi vida es buena”, se dijo a sí mismo en voz baja, aceptando con una sonrisa que el rumbo que estaba tomando su historia era, precisamente, lo que la hacía tan interesante.

Me siento sucio con tanto R18, pero siento que ya que decidi meterlos, queda raro si no los agrego

aunque tambien, buscare no abusar y usar lo menos posible, pero alguien dijo que cada personaje importante merece minimo una escena de esas.

Le decimos adios a Summer, ya veremos cuando regresa, adios Brooklyn Decker

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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