The Dark Dreams Book: Dragon Hunt - Capítulo 135
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- Capítulo 135 - 135 La caída del Dios Rey
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135: La caída del Dios Rey 135: La caída del Dios Rey Eogrash echó una mirada hacia la masiva magia de Li Wang, entonces era cierto, la humana de Arazan pudo dominar a Noche Sangrienta, a una parte de este al menos y no solo eso, si no teniéndolo por esclavo, cosa que ni Gar’Dal se había atrevido a hacer.
Pero, en fin, no podía desconcentrarse de los enemigos que tenía por delante.
Uso su propia magia de sombras para cubrirse completamente de negro, tal cual había hecho hace unas horas, técnica que había aprendido de Fenrar.
Un par de alas se desplegaron de su espalda y la impulsaron hacia delante chocando contra una de las diablesas, eran menos que antes, pero le daba la sensación que eran tan terriblemente poderosas que habría bastado solo una para vencer a todos los cazadores.
Kuro sentía como su corazón se agitaba, si se exigía tan solo un poco más quedaría al borde de la muerte, su magia era peligrosa, más de lo que había contado a sus compañeros, ¿ya eran amigos?, su corazón estaba a nada de explotar y cortar el linaje de los Corazón de Dragón para siempre.
Borgol agitaba la Lanza del Destino de lado a lado, muy magistralmente, pues había vivido de usar ese tipo de arma toda su vida.
Como si supiera lo peligrosa que era, la diablesa que los asechaba mantenía la distancia, sentía, en su pérfida conciencia, que era un poder que podría borrar su existencia con tal solo un toque.
Kalair estaba aterrada, más que nunca, estaba temblando, siempre había tenido a Redhand para protegerla, aunque no de la forma que hubiera deseado, ahora debía confiar en su amigo más preciado, pero sabía que su fuerza era una fracción minúscula de lo que era Orion.
Otra de las hijas de Diablo miraba amenazadoramente, altivamente, menospreciando a su rival, al poderoso Radjedef, que ya era solamente un guerrero del montón, había perdido la Fe, y por consiguiente el inmenso poder que Kal le había dado.
Agito su martillo, una pesada marra de acero gris, hacia arriba y dando un salto que le esforzó mucho, atacó a la diablesa.
El arma choca de lleno en la cara del demonio, pero ni siquiera le hizo cerrar los ojos, se rio, por el contrario, había sido advertida por los cultistas que al grupo lo acompañaba un campeón de Kal, pero no pensó que era uno tan débil.
Se le lanzó entonces, volando velozmente, estuvo a tan solo un momento de matar sin remedio al Rey caído, pero ni se enteró cuando dejó de existir.
Un rayo de energía cósmica la desarmo en partículas.
Li Wang bajó del cielo impulsada por la fuerza de Noche Sangrienta y se unió al combate de Radjedef.
-me ayudas, hechicera-.
-eres un valor importante, más aún un humano, a diferencia de ti y esta tropa de villanos de dudosa moralidad yo soy una heroína-.
-una muy humilde- concluyó el Faraón esbozando una leve sonrisa; – pero en estos momentos soy el más débil del grupo-.
-hiciste bien en perder la fe en lo que fuera que te hubiera dado poder, no te conozco, no sé qué clase de luz te eligió, ni en qué crees, pero sea lo que sea, si Gar’Dal le temía, era algo tan malvado como él-.
-Gar’Dal… se cree a sí mismo como a un dios, lo más cerca que estuve de uno fue de Sok Kal, ahora sé que todos son demonios y algo como Dios, no existe, solo quedamos los mortales, alguna vez fui Rey y Dios de mi pueblo, les esclavice, les torture y los llevé a la guerra…-.
-habrá otro momento para hablar, ahora, pelea Radjedef- interrumpió Li, cansada ya de hablar de seres poderosos que trataban de dominar sus actos en una trama de dioses de nunca acabar.
Aunque Li era ahora en términos de fuerza imponente, a niveles reflejos y visión, aunque destacable, era humana, no vio, como incluso antes de terminar de hablar, una ráfaga de viento cruzó impetuosamente su espalda.
Miró aterrada, al darse vuelta, como la mitad de Radjedef estaba de pie y el resto yacía a metros, aún vivo, llorando, impotente hacia su destino.
Corrió hacia él, pero su asesina se paró frente a ella tapándole el paso.
Li, furiosa, se impulsó con energía arcana hacia delante y chocó sus palmas contra el torso deforme del demonio.
Sin embargo, su rival pareció desaparecer, miró hacia arriba, intuyendo sus movimientos y la vio descender rápidamente hacia ella.
Pero la ira de la arcanista se había desbordado, hizo una tremenda descarga de energía que desintegro al demonio cuando estaba a poca distancia de alcanzarla.
Miró hacia el resto de la prole de Diablo, volvió a gritar furiosa, y de su cuerpo salieron numerosos haces de luz arcana que cortaron la cabeza de todas las diablesas.
El resto de cazadores quedaron impactados, ese era el poder de quien se había enfrentado a Gar’Dal y sobrevivido.
-estos insectos- le susurró Noche Sangrienta; – no comprenden tu poder, tu tampoco, eres un contenedor interesante, hechicera-.
Fingió no escuchar, y se acercó rápidamente al agonizante Rey, posó su mano en la mejilla del egipcio que no paraba de llorar.
El restó se congregó a una distancia prudente.
-Por favor, hechicera- le dijo el faraón que ya contaba sus últimos momentos, ¿volvería a aparecer en otro lugar?, al mundo de los muertos, o todo dejaría de ser, y su alma de diluiría en la nada; – no mueras en vano-.
-tu salvaste este mundo- le dijo Eogrash con sequedad; – nunca olvidaremos que fue tu fe la que salvó Xera, quizá el universo completo, cree en tus dioses, en algún lugar existen, estoy segura de ello-.
-entonces…- Radjedef cerró lentamente sus ojos; – solo espero… que perdonen… mi maldad-.
-no respondes ahora al mal, Radjedef- Li Wang no pudo evitar llorar, no conocía al faraón, ni menos su historia, pero el respeto que le dio ese último instante fue tremendo; – tu eres un héroe-.
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