The strongest warrior of humanity - Capítulo 205
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Capítulo 205: Capitulo 205 una gran escala estar por despertar
La atmósfera en el Reino Platinos del Amanecer se volvió densa, como si el oxígeno hubiera sido reemplazado por plomo líquido. Hina retrocedió un paso, su rostro pálido mientras sus sentidos de Soberana gritaban ante la aberración que tenía enfrente.
—”¿Cómo diablos tienes el Poder Nocturno?”, exclamó Hina, su voz temblando por tercera vez en siglos.
Astaroth soltó una carcajada seca, un sonido que parecía el crujir de huesos viejos.
—”Fue difícil… todo gracias a Lucifer. Esto es solo el comienzo de su plan. Recuperé todo mi poder original y ahora, con esta mejora, podría matarte en segundos”.
El Choque contra lo Imposible
Hina apretó los dientes y desenvainó su Espada de la Oscuridad, una hoja que parecía absorber la luz de las explosiones cercanas.
—”¿Crees que podrás vencerme? Daré lo mejor de mí misma”, sentenció, lanzándose en un ataque que debería haber cortado el horizonte.
Pero el impacto nunca llegó. Astaroth ni siquiera levantó una mano; el ataque de Hina se detuvo a centímetros de su cuerpo, como si hubiera golpeado una pared invisible de densidad infinita.
—”¿Bloqueó mi ataque sin mover un dedo?”, pensó Hina, con el sudor frío recorriendo su nuca. “Esto va contra las leyes físicas. Es como el Infinito… un muro que no puede ser atravesado. Solo hay tres linajes con esa capacidad: la familia Akinori, esos monstruos de las eras antiguas… pero yo soy algo más. Mi poder es como un agujero negro, una existencia destinada a devorarlo todo”.
Hina miró de reojo a Carlos, quien intentaba levantarse entre los escombros. Sabía que Shiro y su hermano estaban en una categoría que superaba al universo mismo, seres invencibles en cualquier mundo… pero su hijo era la verdadera anomalía, el punto de quiebre de toda lógica.
—”Mi hijo…”, murmuró Hina para sí misma, mientras Astaroth se regodeaba en su nueva invulnerabilidad. “Desde que despertó su poder a los siete años, sentí esa adaptación peligrosa en mi corazón. Sus ojos no son solo galaxias… son el centro de un agujero negro que lo consume todo”.
Hina recordó la verdad que había intentado ocultar incluso de sí misma: el linaje de Carlos no era solo Nocturno, era el portador del Phoenix, la entidad más grande y peligrosa de todas.
—”Si mi hijo llega a usarlo o siquiera a mencionar ese nombre…”, pensó con horror, “no podrá resistir tal magnitud. El Poder Nocturno del Phoenix es un incendio existencial. Si lo invoca, su cuerpo podría no ser suficiente para contener a la bestia que renace de las cenizas”.
Astaroth, impaciente, extendió su mano hacia Hina, y la gravedad a su alrededor empezó a colapsar, formando esferas de vacío que amenazaban con desintegrar la realidad.
—”¡HINA, CUIDADO!”, gritó Josué, lanzándose para intentar romper la barrera de Astaroth con su propia energía vital.
Carlos sintió un calor abrasador en su pecho, justo donde Lucifer le había “arrancado” la llave. El vacío estaba siendo llenado por una llama carmesí y dorada que rugía con el nombre que su madre temía pronunciar. Sus ojos empezaron a brillar con una intensidad que eclipsaba la oscuridad de Astaroth.
A pesar del caos apocalíptico que se desarrollaba a pocos metros, donde el cielo se partía bajo la presión de Astaroth y sus padres, Carlos se tomó un respiro forzado. El dolor de su brazo recién regenerado era un recordatorio constante de su fragilidad humana, pero la presencia de sus alumnas era el único ancla que le impedía convertirse en el monstruo que su linaje exigía.
—”Esto que estoy sintiendo no tiene nada de lógica…”, murmuró Carlos, observando sus manos temblorosas. “Zani, ¿cuánto crees que pueda tardar esto en sanar?”.
Zani examinó las heridas con ojo crítico, sus dedos brillando con una tenue luz medicinal.
—”Bueno, eso va a tardar un poco. Podrías usar tu regeneración acelerada, pero veo que no quieres que nadie se dé cuenta, ¿verdad? Quieres guardar esa carta bajo la manga”.
Carlos soltó una pequeña risa contenida, una chispa de su antiguo humor volviendo a sus ojos azul oscuro.
—”Vaya, no tienes fallas en tu lógica. Ni Angélica se atrevió a tanto… Dime, Zani, ¿cómo la pasaron después de mi muerte?”.
El rostro de Zani se ensombreció por un momento. El brillo de la batalla parecía apagarse mientras recordaba los días de vacío.
—”No te voy a mentir… la pasamos horrible. Emilia fue la única que nos apoyó; ella nos contó cómo moriste, pero la verdad no entendíamos qué te estaba pasando realmente. Y ahora que estamos aquí de nuevo… quería preguntarte, ¿por qué nos diste todo ese amor? ¿Por qué arriesgarte tanto por nosotras?”.
Carlos suspiró, y por un instante, el aura del Soberano desapareció, dejando ver solo al hombre que alguna vez fue un niño cuidado por Hina.
—”Porque ustedes dos son mi mayor tesoro”, respondió Carlos con una sinceridad que hizo que el aire se sintiera más ligero. “Son como mis hijas. Ustedes me hicieron darme cuenta de todo lo que la vida me arrebató. Me siento horrible por lo que pasaron, pero agradezco que estén a salvo. Eso es lo que me motiva a seguir adelante… porque tú, mis guardianes, mi hija, mi prometida… son lo único que me queda. Al igual que Shiro, Shirou y mi familia”.
Zani asintió con una sonrisa tierna, conmovida por las palabras de su maestro. Pero, de repente, la información terminó de procesarse en su cerebro y su expresión cambió drásticamente. El aura de “alumna ejemplar” se rompió en mil pedazos.
—”Tienes razón…”, comenzó Zani, pero la sonrisa le duró un suspiro. Sus ojos se abrieron de par en par y señaló a Carlos con el dedo índice, casi perdiendo el equilibrio. —”¡Espera, espera, espera! ¿Cómo que una hija y una prometida? ¡Carlos Tanaka Sánchez, explícate ahora mismo!”.
Shadow, que estaba a unos metros recuperando su energía carmesí, también giró la cabeza tan rápido que se escuchó un crujido en su cuello. Incluso la batalla entre Hina y Astaroth pareció quedar en segundo plano ante el chisme de nivel continental que acababa de soltar el protagonista.
A lo lejos, Fer soltó una carcajada nerviosa mientras bloqueaba un ataque de Ling.
—”¡Vaya momento para soltar la bomba, Carlos!”.
Sigues siendo un niño después de todo mi señor pero.. una mirada bastante desanimada salió de su rostro tu solo sabes comprender como es el mundo realmente que a veces tu depresión y tú soledad es lo que realmente define ser el más fuerte aunque trates de caer tu siempre te vas a levantar por qué tu voluntad es lo que te hace ni rendirte eres fuerte niño nadie está equivocado en a verte conocido y mucho menos nosotros tu eres alguien que debemos respetar y admirar todo el esfuerzo pero tú mayor debilidad es que las más importantes para ti mueran.. a lo largo de la vida por qué sabes que tú vivirás una eternidad por el resto de tu vida un niño que se tuvo que convertí en un adulto para no caer de nuevo sentirse débil es lo que te hace pensar pero usted no es débil usted es fuerte de corazón de acero..
Las palabras de Fer resonaron como un martillo sobre un yunque, cortando el aire cargado de estática y magia oscura. Como Usuario del Sol, su percepción iba más allá de lo físico; él podía ver las grietas en el alma de Carlos, esas que se formaban cada vez que cargaba con el peso de un mundo que no dejaba de exigirle sacrificios.
—”Y eso lo he visto yo…”, intervino Fer, con su aura solar estabilizando la distorsión gravitatoria de Astaroth. “Como usuario del sol, sé que mi deber es vigilarlo para que no pierda el control. Usted nos salvó con todo lo que tenía, pero tarde o temprano se va a quebrar… y eso es exactamente lo que Kai quiere: que regrese a ser quien era antes”.
Fer dio un paso al frente, su capa ondeando por el calor que emanaba de su cuerpo. Miró a Carlos con una mezcla de respeto y advertencia.
—”Voltstrike… tantos apodos que heredó durante años. Usted sigue impresionando a los demás, pero no por su fuerza bruta, sino por una determinación que nadie más puede soportar. Carga con el peso de los caídos y con esas culpas con las que se ha maldecido por no poder salvar a todos”.
El silencio se apoderó del campo por un instante. Incluso Astaroth detuvo su avance, intrigado por la verdad que el guerrero solar estaba desenterrando.
—”Pero eso cambiará cuando llegue el momento de tu gran llegada”, sentenció Fer, apretando el puño. “Porque sé que hay dioses peores que el Dios Nocturno allá afuera. Si logras derrotarlo, ellos aparecerán para tomar el control de todo este mundo. Te necesitan entero, Carlos. No roto”.
Carlos sintió cómo las palabras de Fer golpeaban las defensas que había construido alrededor de su corazón. La mención de Kai y de su antiguo alias, Voltstrike, hizo que un relámpago azul cruzara sus pupilas por una fracción de segundo.
“Tienen razón”, pensó Carlos, mientras el calor del Phoenix en su pecho dejaba de ser un incendio descontrolado para convertirse en un motor de voluntad pura. “Si caigo ahora, si me quiebro por el odio hacia Astaroth, les estaré entregando el mundo en bandeja de plata a esos otros dioses”.
Zani, que seguía procesando lo de la “hija y prometida”, se puso seria de inmediato al sentir el cambio en la atmósfera.
—”Maestro…”, susurró ella, sintiendo cómo el poder de Carlos empezaba a vibrar en una frecuencia que nunca antes había sentido. Ya no era solo el Poder Nocturno; era algo que contenía el brillo del sol de Fer y la oscuridad del abismo de Hina.
Astaroth soltó una carcajada que hizo temblar el Reino Platinos.
—”¿Dioses peores que yo? ¿Una gran llegada? ¡Qué cuentos tan patéticos inventan para consolarse antes de morir! No habrá ‘momento exacto’, Carlos. Solo habrá cenizas”.
El levantó ambas manos, y el Infinito a su alrededor se expandió, creando una zona de aniquilación absoluta.
—”¡Prepárense!”, rugió Josué, colocándose en posición de vanguardia.
La escena se congeló bajo el peso de una memoria que se negaba a morir. Hina se quedó estática, con la mirada clavada en Astaroth, mientras de entre las capas heladas de la realidad emergía una criatura colosal: un Dragón de Hielo de escamas traslúcidas y colmillos como estalactitas, cuyo rugido hizo vibrar los cimientos del Reino Platinos.
—”¡Jajaja! ¿Crees que eso va a funcionar dos veces?”, se mofó Astaroth, su voz goteando una malicia que hería los oídos. “¿En serio piensas que ese dragón podrá hacerme algo? Eres tan patética que incluso Sara fue la que dio su vida porque alguien no fue lo suficientemente fuerte para soportar el poder nocturno”.
El demonio descendió lentamente, disfrutando del tormento de Hina como si fuera un manjar.
—”Ahora entiendes la diferencia entre un demonio con poder nocturno y una simple humana que no sabe cómo vivir con esa culpa… que no puede usar su poder porque sabe perfectamente que explotaría sin dejar rastro. Qué nefasta eres, en verdad. Me divertí mucho devorando tu dolor por todo lo que has vivido… y gracias a eso, puedo usarlo a mi favor, miserable humana”.
Hina apretó los dientes con tanta fuerza que el sabor metálico de la sangre llenó su boca. “Quise salvarla, lo sé… es mi culpa… pero no puedo permitir que los recuerdos de mi vida me afecten ahora. Tengo que darlo todo”.
De pronto, un recuerdo inundó su mente, nítido y cálido, transportándola lejos de la carnicería:
Estaba con Sara, abrazadas y felices bajo el sol del mundo oriente, sentadas en la academia.
—”Si yo fuera tú, no sería nada sin ti, Hina”, decía Sara con esa voz que siempre le devolvía la paz. “Eres la única persona que más quiero en el mundo. Sé que te dolería si yo no llegara a cumplir una promesa que nadie más ha podido cumplir. Mi mayor debilidad es que tú sufras… quiero convertirme en tu legendaria heroína. Es mi mayor sueño ser una de los 10 Legendarios Héroes”.
Sara sonreía, mirando hacia el horizonte con determinación.
—”A veces darlo todo o arriesgar es parte de ser un héroe que está encadenado. Es difícil creer que los 10 legendarios hayan desaparecido sin dejar rastro… Quisiera conocer al Héroe del Arco. He leído historias sobre su origen y fue lo que me inspiró a seguir este sueño. No es sencillo, pero quiero que comprendas… él siempre fue odiado, la gente lo rechazaba y lo criticaba por su arco, pero todo cambió cuando llegó su primera guerra contra un ejército. Sus compañeros pensaron que todo estaba perdido… recuerda”.
Sara la miró con una sonrisa juguetona y eterna.
—”Tú siempre serás la única persona que estaría dispuesta a salvarte, porque para mí eres mi única mejor amiga”.
Aquel recuerdo, el último antes de que Sara sacrificara su vida solo por ella, encendió un fuego gélido en el alma de Hina. Ya no era trauma; era el combustible de una promesa que cruzaba la frontera de la muerte.
Hina levantó la cabeza. Sus ojos, antes nublados por la culpa, ahora brillaban con un azul absoluto que empezó a agrietar el aire a su alrededor. El Dragón de Hielo rugió de nuevo, pero esta vez su voz llevaba el eco de un legado heroico.
—”Hablas de Sara como si su sacrificio fuera tu victoria”, siseó Hina, y su espada de oscuridad empezó a cubrirse de una escarcha negra impenetrable. “Ella murió para ser mi heroína, no para ser tu trofeo. Si ella dio su vida por mí, lo mínimo que puedo hacer es usar este dolor para borrarte de la existencia”.
Carlos sintió la vibración. El Phoenix en su pecho se sincronizó con el frío de su madre. La temperatura del campo de batalla bajó a niveles imposibles, deteniendo incluso los ataques de energía de Astaroth en pleno vuelo.
—”Astaroth”, rugidó Carlos, desenvainando su propia voluntad. “Cometiste el error de recordarle quién la amaba. Ahora prepárate para conocer el poder de un héroe que no tiene miedo a perderlo todo”.
Hina parpadeó por varios segundos, lanzándose contra Astaroth con una fuerza puramente destructiva. Liberó una masa colosal de poder mágico, un torrente de energía que evocaba el eco del entrenamiento que le había enseñado a Lucía meses atrás. El impacto fue devastador: tras canalizar su aura y su fuerza en un solo punto, lanzó el ataque con una precisión letal, proyectando a su objetivo hacia el horizonte. Al final, solo quedó un hueco enorme en la tierra, marcado por una explosión fatal.
—¿Esa técnica… qué es? —preguntó Lucía, visiblemente traumatizada. Al sentir esa energía, sintió cómo su propia voluntad se doblegaba y caía ante ella.
Hina respiró hondo, recuperando su postura en estado base. Se sentía más ligera, a pesar de la magnitud de lo que acababa de hacer.
—Bueno, en verdad, esta técnica la he desarrollado durante toda mi vida —respondió Hina con una calma melancólica—. Digamos que es una posibilidad que sea un poco molesto explicarlo… Como has visto, solo puedo usar el 40% de mi poder y de mi magia, pero en este estado me siento más ágil. Si llegara a usar solo un poco más, podría durar varias horas luchando. Por eso tengo que perfeccionar esta técnica de la Espada Hoja Sombría.
Hina bajó la mirada, con el peso de la maternidad reflejado en sus ojos.
—Quisiera ser la mejor mamá del mundo para mi hijo. Para mí, mis hijos son lo más valioso que tengo… por ahora.
—Hina, sé que esto es raro —interrumpió Lucía, con una mezcla de admiración y temor—. Usted es alguien realmente amable que adora a sus hijos, y eso es bueno… pero darle amor a una sola persona hace que sus otros hijos mayores se sientan distintos. Extraños.
Lucía tragó saliva antes de mencionar el nombre
—Por ejemplo, Kronos. Hay algo en él que no entiendo. He investigado… y lo único que recuerdo es que él mató a alguien dentro de la academia, en el festival del año. El chico estaba pidiendo ayuda, pero nadie hizo nada… y él lo mató a sangre fría. Tengo miedo de que le haga algo a Carlos, a Karen o a Abrán.
—Y sobre Dani, él…
—No sigas, por favor, Lucía —la cortó Hina, y su voz se quebró como el cristal—. Dani… lamento mucho que mi hijo haya desaparecido.
Hina se volteó rápidamente para que Lucía no viera su rostro. Estaba sumergida en una depresión profunda, una mezcla de enojo y esa culpa punzante de no sentirse lo suficientemente capaz. Sin embargo, apretó los puños; sabía que la vida sigue y que debía avanzar más allá de los límites de la vida humana.
—Siento que todos mis días se están acabando, Lucía.
Hina volvió a mirarla, esta vez con una sonrisa desanimada.
—Trato de mejorar lo más que puedo. No quiero que termines como yo, Lucy. Si mi hijo significa algo para ti… trátalo con amor. Un amor que nadie más pueda comprender. Sé que Natsuki lo ama más que a nada en este mundo y ese amor jamás será reemplazado por nadie… pero si él tuviera a alguien más a su lado, eso me haría muy feliz.
Hina suavizó su expresión, permitiéndose un último pensamiento de ternura.
—Tengo una adorable nieta. Aunque sea una semi-humana, es la criatura más adorable del mundo, ¿sabes?
Lucía se ajustó la postura, sosteniendo con firmeza la Espada del Dios del Corazón Mundo. El aire a su alrededor comenzó a distorsionarse por la presión de su linaje.
—Si, eso lo sé, Hina —respondió Lucía, con una mezcla de orgullo y cansancio—. Aunque me hayas aceptado para entrenar, es difícil… incluso siendo una princesa con un talento enorme.
Hina la observó con una mirada analítica, reconociendo el peso de ese linaje real.
—Es verdad. Tienes un talento que nadie podría vencer… el Poder Cósmico, ¿no es así? Dime, ¿cómo funciona realmente esa magia? No solo tienes esa espada legendaria, sino que desarrollaste algo increíble: la Armadura de Zeus. Es una técnica bastante peligrosa, Lucy… ¿serás capaz de dominarla por completo?
Lucía esbozó una hermosa sonrisa, aunque cargada de una molestia competitiva que hizo brillar sus ojos.
—Por supuesto que lo haré, sin duda alguna. Bueno, me tengo que ir —sentenció, antes de desaparecer de la vista de Hina.
De vuelta en la actualidad, el caos retoma su curso. Astaroth ha sido disparado a una distancia colosal tras el último impacto, perdiéndose de vista entre los escombros y el polvo. Hina no desperdicia ni un segundo.
—Nos vemos luego, Lucy… —susurró para sí misma, antes de liberar su verdadera naturaleza de combate.
Hina aprovechó el vacío dejado por el enemigo para activar su técnica definitiva. Una ráfaga oscura y violenta de la Espada Hoja Sombría comenzó a rodearla, envolviendo su cuerpo como un torbellino de obsidiana. A su lado, la presencia de su Dragón de Hielo se manifestó con una elegancia aterradora.
El dragón se preparó, acumulando una energía gélida en sus fauces que congelaba el oxígeno a su alrededor.
El dragón rugió con una fuerza destructiva que hizo vibrar los cimientos del mundo. En un instante de conexión absoluta, los ojos de Hina y los de la bestia se conectaron, compartiendo una misma voluntad de exterminio.
Hina, a pesar de que su pecho subía y bajaba mientras respiraba con dificultad por el agotamiento, lanzó su ataque con una velocidad cegadora. La sombra de su espada y el hielo del dragón se fundieron en una sola trayectoria mortal, dirigiéndose directamente hacia el punto donde Astaroth intentaba reincorporarse.
Continuará
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