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The Witch 4: Insurrection - Capítulo 10

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Capítulo 10: Espejos de hierro

(18 de junio de 2021, Jeolla del Norte rural, 14 horas antes de la filtración)

La mañana iba a despuntar.

En un camión junto a aquellos diez lobos de abrigo negro, Ja-yoon había cruzado ya aquel puente metálico cerca del pueblo, e iba llegando por un camino de tierra al parteaguas entre dos grandes campos de arroz:

— Jefa —preguntó Jae-woong— ¿Está segura que en este lugar encontraremos al Director Cho?

— La información dice que aquí lo encontraremos. El activo que recuperaron fue transferido con su conocimiento.

— ¿Cómo dice?

— Sí, y ahora parece que ha intercambiado otro. Con gente de Horang.

La chica del equipo habló:

— Pero—ellos se darían cuenta, ¿no es verdad? Sus cargos altos son demasiado leales a su agencia. Alguien lo descubriría.

— Altos cargos, sí, pero medios no tanto, Da-mol. Lo importante ahora es recuperar el arma que intentan adquirir.

— Es cierto, dejen de hacer preguntas que no llevan a nada. —reprochó Seo-yi— Guarden su energía para la incursión.

Hubo entonces silencio, pues sabían que aquel no abría la boca ni hacía nada sin que lo hubiese consultado a Ja-yoon antes.

“Sí, mejor cállense. No puedo decirles que vinimos a proteger—a Koo Sung-hwan y—Koo Mi-young—con un ataque preventivo. Estos animales—no lo comprenderían.”

El conductor habló por micrófono:

“Señora, nos acercamos al puesto avanzado de Horang.”

— Entendido. Posiciónanos en el punto de reunión A.

“Estamos a 100 metros. Corto.”

Ja-yoon se levantó, y los otros entendieron que debían seguirla, o sufrir las consecuencias. Esperaron con sus miradas afiladas detrás de ella:

— Listos para comenzar.

Pronto el camión, y la compuerta trasera del camión, bajo su camuflaje anti-LIDAR, se activó, bajando al suelo con sus pistones. Descendieron por la rampa, y allí tenían, el objetivo que debían alcanzar:

— No dejaremos nada. Quemaremos hasta la última gota de sangre de esos mediocres. ¿Lo entienden?

A su tiempo, cada uno dió respuesta afirmativa, asintiendo, y se pusieron en marcha.

Avanzaron como borrones entre las sombras de los arrozales modificados crecidos alrededor de aquel sitio. Lo primero fue cortar con sus cuchillos las cercas eléctricas, usando guanteletes aislantes ya en sus manos, sin jamás detenerse. Luego estaban los escáneres genéticos, que levantarían el muro de energía.

— Listos —jadeó Ja-yoon— Hora de saltar.

Llegaron al radio de alcance de los escáneres, y estos se encendieron en rojo, emitiendo el primer pitido de alerta.

— ¡Ya!

Cuando ella rebasó el muro con su brinco propulsado, los otros la imitaron, llegando del otro prontamente para unírsele. Desde la explanada de aquel sitio fueron rodeados por torretas EM, con el logo del tigre, abriendo sus fauces con ojos saltones, pintado en la pared frontal, mirándolos con ira. Se dispersaron como manchones, disparando sus propias armas, Ja-yoon pegando tiro mortal tras tiro mortal con un revolver EM de cañón largo, capaz de traspasar los visores. Fueron cayendo, mientras Jae-woong y Seo-yi se encargaban de desviar a la IA primitiva de la artillería, que intentaba alcanzarlos sin éxito.

Se cruzaron justo delante de la compuerta principal, que como había previsto Ja-yoon, se abrió como medida de protección. Ella y Da-mol fueron las primeras en lanzarse al combate adentro, y alli fueron recibidas por un equipo de metahumanos con sus distintivos trajes. Ja-yoon miró a todos y cada uno, mientras esquivaba sus ataques iniciales, barriéndose bajo ellos, esquivándolos.

Uno la tomó de la cabeza e intentó freírle el cerebro con microondas de sus manos, pero ella le cortó el hígado antes de completar su ataque, y rematándolo con una decapitación

Este se puso en guardia de inmediato, mientras los demás del equipo hacían lo suyo. Otra metahumana de Horang comenzó un duelo de artes marciales usando el contacto con su piel, desnuda excepto el torso, recubierta de cilios tóxicos. Esta usó su fuerza para arrancar las protecciones del cuello y brazos de Ja-yoon para golpearla, pero la joven fue más rápida, apareciendo detrás:

— No te lo dijeron tus superiores.

— ¡Hah!

Puñalada en la cabeza al voltear, desclavada y pateada con fuerza hacia atrás:

— No están a mi nivel.

Tres sujetos Ark fueron noqueados y Seo-yi saltó hacia atrás, por un golpe que hizo temblar el suelo. Ja-yoon miró al hombre bestia de pelaje dorado con rayas, molesto y rugiéndole; era como dos cabezas más alto que ella, y bastante musculado. Caminó dando pasos retumbantes con sus pies punteados de garras, mostrando los colmillos.

— ¡¿No te enseñaron a respetar a tus mayores, niña insolente?!

— Créeme que si lo hicieron.

Un zarpazo de inesperada velocidad casi le desgarra los intestinos, y ella hizo un salto mortal hacia atrás, cayendo de cuclillas:

— ¿Por qué tan molesto, héroe?

Los otros sujetos Ark no perdieron el tiempo; Da-mol y Jae-woong se enfrentaron en una acrobacia de saltos y cuchillos a un metahumano con espinas afiladas y a otra envuelta en un campo empíreo morado. Los otros tres salieron de su noqueo gracias al suministrador de suero regulador, que actuaba ahora como estimulante; alegremente, usaron su mente para hacer estallar una reserva de combustible. Otro metahumano con una boina, un ser de huesos segmentados, gritó entonces:

— ¡Cuidado, deténganlos—!

Las baterías y reservas de hidrógeno líquido estallaron en un bólido aullante que hizo mucho daño a ala estructura. El ser peludo se cubrío, retrayéndose, mientras los sujetos Ark usaron sus propias barreras empíreas para sobrevivir. La del fuego morado miró aterrada cómo varios de sus compañeros fueron carbonizados, pegando un grito desesperado al atacar a Jae-woong. Este esquivó, y usando su frenesí momentaneo, esquivó las ráfagas moradas sin coordinación, cortó poco a poco el cuerpo de la mujer, profundamente.

— Su entrenamiento es un chiste. —dijo él.

En poco tiempo, esta desactivó su poder por la pérdida de energía, y trastabilló desangrándose. Sacó su arma de mano, un tranquilizador, pero el joven sólo le tuvo que dar un manotazo para que lo tirara. Se preparó con el cuchillo, sonriendo alegremente por la adrenalina a la que estaba tan acostumbrado, antes de Ja-yoon, antes de Ark-1. Cuando era nada más que un esclavo, pero se sentía tan libre; cuando era enviado a matar.

— Tienen algo que no es suyo. Vamos a llevarlo de vuelta.

— ¿Qué? —dijo la metahumana, perpleja— Pero, pero eso no—¿cómo que—? No hemos robado nada, eso no—

Fue Seo-yi quien le rajó el cuello por detrás, haciéndola caer. Miró a Jae-woong, y ambos al ser peludo, con su espalda quemada. Este había volteado, mirando con horror:

— ¿Qué significa—toda esta locura?¿Qué fue lo que hicieron? No hemos hecho nada.

Ja-yoon usó su poder psíquico para paralizarlo, y camino hasta estar al lado de su rostro. Se arrodilló a su lado, envolviéndole el cuello con el brazo:

— Ah, pero sí que lo han hecho. Trataron de robarme lo que no debieron. Si no, ¿por qué otra razón vendría?

El metahumano puso una mueca severa, incómoda, intentando soltarse.

— Creyeron que no sé—¿que han estado esperándome por meses?

— Tsk.

— Ah, sí, ahí está. Sabes que es cierto. Esa es su misión principal. En este puesto que no le importa a nadie.

— Huhuhuh—

— ¿Qué te da tanta risa?

— Vienes aquí, haces este desastre, y sólo para delatarte sola.

— Cállate.

— Mira cómo tus secuaces buscan. Sabes que aquí no hay nada para ti. Vinimos anoche, los otros chicos ya nos contaron. Nuestra misión.

Un brazo segmentado se estiró con rapidez, cuando en su odio, Ja-yoon dejó caer su arma al suelo.

— Dime qué les prometió K a cambio. Te dejaré vivir si lo haces.

El peludo negó con la cabeza:

— No entiendo—de qué demonios estás hablando. —tosió del esfuerzo— Huh, pensar que la nación entera te tiene lástima ahora—por lo de esa gala. Pero veo por qué viniste aquí en verdad, Musa del Campo.

Ja-yoon le dio un puñetazo desde arriba, respirando con pesadez, y otro más, y otro. Aquel cráneo, a diferencia del de Mi-ri, era robusto, grueso, esponjado como colchón.

Este se levantó gestículando de dolor, pero siguió diciendo:

— Incluso un monstruo como tú—tiene algo por lo que pelear. Si te vieran así, en casa estarían decepcionados. Debiste dejar—que los vigiláramos. No era sólo ver si venías. Íbamos a protegerlos—de ti.

Ja-yoon estaba al límite, y le dio un puñetazo potente, que le rompió la cara, gruñendo con rabia. Alzó su cabeza por detras inmediatamente después, con los ojos desencajados:

— Deja de jugar conmigo, y fingir que son mejores que yo. —su respiración era entrecortada— Dime el nombre del esbirro de K para el que trabajan, ¿quién les ordenó venir a matarlos? Habla o—

Una ronda EM atravesó el ojo del metahumano, y este cayó sorprendido para siempre por quien lo había hecho. El perpetrador, con sus articulados brazos, se levantó, y Seo-yi, que reaccionó más o menos a tiempo, volvió de un par de zancadas para derribarlo sobre el piso. Jae-woong le quitó el arma, mientras Da-mol le pisaba la cabeza con frialdad.

Ja-yoon se volteó, miró al suelo, y sonrió:

— Entiendo. Estos inútiles no sabían nada ¿verdad? —fue caminando a pierna suelta— Tú eres el maldito al que K le dio la orden.

— Hahahahah —rio él, lento— Te crees muy lista, ¡¿o no?!

Forcejeó pero lo mantuvieron allí.

— Llegas tarde, Koo Ja-yoon, mi mano derecha ya se fue, la diana ya apunta a sus cabezas mientras hablamos—

Ja-yoon le quitó los contactos. Su piel, tras la explosión, había quedado medio chamuscada, pero lo sano era grisáceo y añrededor de su cara, venas verdes. Y ojos brillando en el mismo tono maligno:

— Me temía que fuera verdad.

— Sí, sí lo es, niña. Ah, el Señor de toda Carne estará complacido conmigo.

— Atraerme acá como una distracción fue buena idea. Pero descuida.

Miró a Da-mol, y esta asintió. De inmediato le aplastó el cráneo y este pegó un grito.

— Siempre hay un plan B.

El hueso crujió bajo la bota, y Ja-yoon miró a los otros:

— Parece que no había un arma aquí, después de todo. Vámonos.

Los demás la siguieron por la entrada, tras reventar la compuerta con su telequinesia conjunta. Da-mol se quedó atrás, y echó combustible sobre el dos veces muerto:

— A ver si revives luego de esto, debilucho.

Lejos de allí, en el perímetro de la residencia Koo, un francotirador de blanco, con el parche de Horang, apuntó desde la colina al otro lado del río. Tenía en la mira la ventana del cuarto principal, en donde la anciana se había quedado dormidos plácidamente; sería la primera a la que mate. Afuera en la granja, Sung-hwan alimentaba a los cerdos. Rastrilló el arma, y comenzó a halar el gatillo.

Disparos inhibidores lo alcanzaron desde varios ángulos, y no pudo disparar. Quedó gruñendo en el piso.

— ¡No te muevas, traidor!

Dos agentes más de Horang se abalanzaron sobre él en la espesura, poniéndole la rodilla a la espalda y quitándole el arma; lo esposaron de espalda y lo levantaron. El resto de aquel equipo, comenzó a escoltarlos, tras bajar sus propias armas y salir de entre los árboles; uno de ellos, sin casco y con una boina le dio un cachazo:

— ¡Camina imbécil! Tienes mucho que explicar.

El agente que iba a asesinar a los Koo se quedó en casi silencio, emitiendo sonidos ahogados de garganta bajo el casco, chasqueando los dientes.

Mientras fuera del puesto, las fuerzas de Horang comenzaron a acercarse, el equipo de Ja-yoon ya se había alejado destruyendo su vehículo, entre los arrozales.

“Señorita Koo. Señorita Koo, ¿está ahí?”

— Sí, aquí estoy. ¿Terminaste la tarea?

“El aviso al equipo de Horang de la rotación anterior fue enviado a tiempo, el operativo fue un éxito. Según las comunicaciones, llevarán al sospechoso a una instalación de presidio en Jeonju. Lo transferirán a Seúl en dos días”

— Seguro explotará antes de eso, y con más potencia, seguro. K y sus cómplices no son tan estúpidos.

“No se preocupe, tampoco se reportó de daños a—”

— Está bien. No digas más, lo entiendo. Tengo que irme.

Desconectó las comunicaciones, y siguieron avanzando fuera del alcance de los drones con sus arneses de camuflaje.

________________________________________

(Buljaso Snow Park Preserve, Gangwon, 4 horas antes de la filtración)

Un tumbo, y la última “ardilla” cayó del arbol, mostrando sus circuitos y la lente antes de deshacerse en arena. Al lado, una chica fue la primera en pasar, de cabello largo ondulado, caminando pacíficamente como si no hubiese visto nada. Tomó aire, y se dijo a sí misma:

— Llegamos.

El viento entre las montañas del Gangwon rural golpeaba con fuerza, como caricias afiladas de fantasmas cuyas tumbas hubieran sido profanadas. Entre los árboles, varias sombras se movían con pasos silenciosos sobre la hojarasca, que parecía no doblarse ni romperse bajo sus pies; la que lideraba se enfocó en el objetivo. Recorrió mediante la proyección la distancia faltante, hasta avistar de cerca el edificio e intentar internarse.

Los demás sólo vieron cómo quien les dirigía paró en seco, agachándose con la nariz sangrando. Esta tosió, mientras que uno de ellos, aparentemente un oficial de Yongsadan con pistola en mano, le tomó del hombro:

— ¿Qué ocurre?¿Encontraste algo más?

Esta le apartó la mano de una sacudida incómoda, antes de sorber por la nariz y voltearse a responderle:

— Hay algo mal aquí —susurró, carraspeando— La señal electromagnética de las antenas es normal, pero—

— Me topé con una interferencia al entrar; no era una barrera, ni siquiera pude tocarla. Realmente dolió, nunca había sentido algo así.

— ¡Aish, deja de lloriquear! —exclamó Ryo-dan, más atrás— ¡¿Ves por qué le insistí a Ja-yoon que me diera la tarea a mí? Tú eres demasiado sensiblona!

— ¡Shhh! —la calló el oficial con expresión pálida— ¿Acaso tienes serrín en el cerebro? Harás que nos descubran.

Ryo-dan hizo un puchero, y dijo:

— Claro, como ordene “señor”. Tu disfraz es tan feo como el anterior. —y sonrió— Ser su peón personal te ha hecho valiente, Bae-rin, ya te hacía falta.

Bae-rin suspiró, diciendo sin mirarlos:

— Debemos continuar —y le dijo a la de delante— Ji-won, continúa con el escaneo cada 30 segundos, debemos saber lo que pueda esperarnos.

— Entendido.

“Puede ser un campo inhibidor nuevo. Debo entrar y desactivarlo tras entregar el paquete.”

La chica continuó, y el resto del equipo la siguió en silencio. Avanzaron hasta la cerca electrificada, una paradoja si se comparaba con el edificio vetusto, rodeado por una explanada de concreto recubierta de follaje. Los dedos de Ji-won rozaron el suelo cercano, y percibieron restos carbonizados, al parecer un neoguri joven, según vio.

—No nos fue tan bien, ¿o sí, amiguito?

Sacó una cuchilla de cortar cuerda de su bolsillo, y depositó la oreja achicharrada de la criatura en una fundita hermética. Bae-rin se estremeció al verla hacer eso, igual que hicieron los dos jóvenes de abrigo negro en sus flancos, tanto el chico de mentón fuerte como su compañera. De inmediato levantó su mano; no sintió campos inhibidores, así que se concentró, y en cuestión de segundos los cables de alta tensión cedieron.

A excepción de Ryo-dan, todos de asombraron en silencio, un entreabrir de dientes silencioso y estrecho. También su miedo y cierta envidia admirativa surgió en sus auras, a las capacidades que los sujetos Ark tenían el potencial de desarrollar. Aquello, ver los alambres derretirse sin hacer ningún ruido, la chispa diluida en una luz ténue mientras caían a un lado.

Fue extrañamente sublime para los otros.

— Ji-won, me encanta cuando haces eso.

Quien habló fue el demoledor, con un tono casi lascivo, incomodó a la chica de abrigo negro, y Ryo-dan hizo gesto de asco sacando lengua.

— Déjate de tonterías, sirviente. —e hizo ademán con la cabeza— Podemos seguir, no podemos demorar más.

La expresión en aquellos ojos de loba era la de “aquí no”, antes de voltear y seguir de prisa dentro de la explanada. Ryo-dan hizo una sonrisa fruncida con los ojos entrecerrados, allí acuclillada, y Ji-won pudo visualizarla remotamente. Eso es lo que la otra quería, y el sobresalto emocional en el aura de la primera le resultó divertidísimo.

Bae-rin y los de abrigo siguieron justo detrás, y luego Ryo-dan misma, dándole un codazo cómplice al gordo, que la apartó de la cara con hastío.

—No te me pegues, loca —masculló.

Bae-rin dio las órdenes por el comunicador, mientras todos tomaban sus posiciones:

— Jae-woong, Da-mol —dijo a los de abrigo negro— Puntos de inserción ahora, entren sólo cuando oigan de nuevo la estática.

— Estaremos observándola, órdenes de la jefa Ark-1 —insistió Jae-woong.— Esa maldita sensación, ugh —se llevó una mano a la cara— Hace que me duela la cabeza.

— Después de lo de Dangjin—tiene razón en no haber venido. —miró a los lados— Entiendo que no se recupera del todo aún.

— Como sea, el reporte a Ark-1 lo llenas luego. —dijo Ji-won— Bae-rin, prepárate para entrar.

— Sí. Y Hwang, Ryo-dan, planten las cargas de demolición, cronometren 8 minutos.

— Déjamelo a mí, chica nueva.

— Y tú Ryo-dan, no dejes escapar a nadie si sale del edificio. —ordenó Ji-won— No hagas ninguna estupidez.

— Suena muy difícil para ella —se burló Bae-rin.

— ¡Cierra el pico, labios de cerdo!

Ella le hizo un saludo militar con su sonrisa burlona, dando un medio paso de ganso desde la distancia:

— Sí, señora.

Bae-rin negó con la cabeza, antes de acercarse junto con Ji-won a la entrada de un ducto:

— Llegaré a la sala de servidores, desconectaré todo sin que me vean.

— Y yo me encargó de la distracción como practicamos, bien.

Ji-won asintio en silencio, antes de internarse por el estrecho conducto con su delgada figura.

— Comienza la función.

El falso oficial entonces puso la mano en el panel de entrada, y la puerta frontal se abrió de par en par para dejarle ver el corredor principal. A cada lado, había habitaciones y cámaras, varios de ellos abandonados, todo recubierto de polvo, mientras otros estaban llenos de cajas con armas y otra clase de suministros. Llegaron un grupo de guardias con sus armas arriba, y les apuntaron con miras laser; Bae-rin los observó, sus uniformes blanqueados, visores verdes.

El emblema de Yongsadan en sus parches estaba rodeado por dientes afilados irregulares, de color pizarra, rayados desde el filo del círculo. En esa distancia, la cabeza comenzó a sentírsele más pesada, y parpadeó brevemente para espabilarse; respiró por la nariz para intentar relajar el dolor. En instantes, de detrás de ellos surgió un hombre joven de cabellos largos, con las manos cruzadas detrás.

Aquel ser de piel gris llevaba el uniforme excepto por el casco, y verlo hizo pasmar a Bae-rin por un momento:

“¿Este—es que este es el Director Jang? Pero es imposible” lo miró con más detenimiento, intentando calmarse “No, espera, no es él, pero por todos los cielos, se le parece.”

— Bienvenido, teniente coronel Maek. Lo estábamos esperando.

Hizo a los otros bajar las armas, y tomó a Bae-rin por el hombro, volteando junto con ella hacia el interior del sitio:

— ¿Quién es usted? —preguntó ella, recuperando la compostura— Nadie me informó que enviarían a alguien más a recibirme. ¿Dónde está la señora Kim?

El tipo se guardo una mano al bolsillo, y Bae-rin pensó en las implicaciones del problema a mano:

— Ah, es cierto. Kwon-sook no pudo venir, pero descuide, le prometo ser un buen anfitrión. Llámeme señor Baek.

— ¿Es familiar de esas superhumanistas?

Eso se le salió, poniéndola tensa, pero el sujeto se rió ligero en respeuesta, relamiéndose una muela:

— Nah, es sólo una coincidencia. Al contrario, yo y el resto de mis socios, estamos bastante aliviados de que —ghgh—la presa, Ja-yoon—acabara con esas viejas malditas. Eran nuestro mayor obstáculo —y susurró— Quisieron matar a mi amo, que solo les servía con humildad, lo traicionaron.

Bae-rin improvisó:

— Huh, sí, esas dos eran un par de malditas. Su arrogancia nos arrastró a esta situación.

— Ya lo creo. Pero dígame, ¿obtuvo lo que le pedimos?

— Primero quiero ver el dinero.

La soltó e hizo un ademán hacia una puerta desvencijada:

— Por supuesto. Pase por aquí.

La guió finalmente a una habitación, percudida por el tiempo. A través de una ventana vieja, se podía observar todo un centro de control, con numerosos técnicos trabajando incansablemente en terminales y elementos computarizados en medio del frío. Sobre una mesa metálica, reposaba el maletín, que el hombre abrió haciendo un gesto sobre él a la distancia; ella intentó no inquietarse, pues esto hacía todo más peligroso.

Se acercó al bagaje abierto para revisar los dólares en el interior. Discretamente llevó un dedo a su oído, y haciendo como si se rascara brevemente, activó su comunicador:

— Así que aquí está todo.

— Como se lo prometimos. Y no se preocupe, ya nos hicimos cargo de su itinerario de vuelo.

Desde fuera, todo el equipo escuchó, y se dispusieron a actuar, justo antes de que el hombre se acercara a ella por la espalda. Este recogió una varilla de hierro oxidada, oculta en las sombras de una esquina que el foco colgante en el techo no lograba alcanzar. Lentamente la levantó, apuntando directamente a la base del cuello, pero a pesar de su postura, su tono casi no sufrió cambio:

— Pronto verá a su familia, oficial. No nos volvamos a ver, por favor.

Bae-rin puso un gesto despectivo al verlo venir:

— Seguro.

Se volteó, descubriendo su fachada psíquica, y la chica dio una patada giratoria al metal, que saltó de la mano de Baek. Este giró en el aire, clavándose en el vidrio, y fracturándolo hasta hacerlo reventar. En los segundos intervinientes, sin embargo, el sujeto usó su otra mano de imprevisto para tomarla de la canilla y estrellarla a la mesa.

Lo que Bae-rin no esperó, es que debajo se activó una trampa de espinas que la empaló en varias partes del cuerpo. Incluso uno de sus hemisferios cerebrales fue atravesado, pero ella, al percibirlas levantarse, logró usar su telequinesia para aminorar la velocidad de impacto. Eso fue lo que, “milagrosamente” evitó su muerte de momento, pero ella quedó con espasmos debido al daño, los billetes cayendo como lluvia sobre ella.

El hombre aplaudió lentamente:

— ¿En serio piensas que me creí tu teatro? —rio por lo bajo— En toda mi experiencia, te aseguro que—

Y se inclinó sobre ella, mirándola a su ojo funcional, causándole pánico:

— Aprendí a oler el miedo.

Esta emitía quejidos lastimeros, temblando, pero por más que intentó no pudo zafarse. No ayudó que las espinas comenzaran a titilar en rojo, provocandole un inmenso dolor. El tipo se puso entonces a explicarle lo que estaba sucediendo, señalando las espinas con un dedo que giraba, muy cerca:

— Están emitiendo ondas inhibidoras en pulsos. Impedirán que te regeneres, pero también impedirán que puedas morir. No soy científico, pero esto— levantó los antebrazos y los dejo caer, sonriendo boquiabierto —es maravilloso. Que lo estés sintiendo hasta me da envidia.

Bae-rin pegó un grito en frustración, lo que provocó que él contuviera una carcajada con un puño en la boca, antes de continuar:

— Ah, y otra cosa. No esperes que tus amigos monstruos vengan a ayudarte. Todo está muy bien planificado, sin fisuras; haremos que Ark-1 venga a salvarlas. Lo quiera o no; es débil y no podrá evitarlo.

El edificio tembló, y el suelo cimbró, aumentando el dolor de la infiltradora. Pero para su desesperación más profunda, el edificio no sólo no había colapsado. El tipo se levantó, y miró a la zona de servidores todavía intacta, fingiendo sorpresa:

— ¿Qué ocurre? —y la miró boquiabierto— ¿Acaso su pequeño plan fue delatado antes de lo que pensaban?—¡¿Creyeron que mi amado Señor no lo prevería?!

Este se partió de risa, doblándose como si le hubiesen contado el más gracioso chiste. Una voz emergió de la cámara de servidores, y las personas trabajando allí se encogieron, física y emocionalmente, de miedo. No fueron capaces de mirarlo, agachando sus vistas al piso:

— ¡Oigan, vean el lado bueno! —decía alegremente— ¡Al menos el buen Maek fue enviado con su esposa e hijos, gracias por eso!

Entre el humo gélido del refirgerante, ya permeando el lugar donde estaban, y ayudando a que Bae-rin no se desangrase rápido, un perfil alto y de anchos hombros surgió. Llevaba un traje azul ceroso, zapatos de cuero pardo, y un lazo negro al cuello; su expresión era oscura, sus ojos verdes más sombríos incluso que los del otro, quien se apoyó a una pared, cruzando los brazos. Esta abrió los ojos como platos, y se maldijo internamente por no haber anticipado semejante movimiento, mientras el nuevo hombre entraba con la chica de abrigo, agarrada de la capucha, muerta.

— Seguro ya conociste a mi buen amigo. Hah, yo también me tomé mi tiempo para hablar con esta zorra. Tenía su encanto —se la llevó casi a los labios— so pretty.

— ¡Déjala—déjala en paz, hijo de puta!

Este se rio con crueldad, y tiró el cuerpo de Da-mol a un lado, sangrando. Bae-rin sintió mucho frío, mientras miraba aquel rostro rapaz, sonriéndole con asco, rascándose su cabello rizado:

— Well, well, well, pero si aún quiere picar. Ojalá tus nuevas jefas se hubieran dado cuenta de lo que los subvertidos hicieron bajo sus narices.

— ¿Qué—estás diciendo?

— Bueno, es que—parece que alguién ordenó cambiar las etiquetas de los explosivos antes de irse de Jeju. Hoh, aigo, tienen la peor logística del mundo, creí que ya lo habrían resuelto, it’s a fricking joke. Cuartel General, mis polainas.

Los dos comenzaron a hacer una conversación performativa, con Baek dándole un golpecito en el hombro:

— Oiga, señor Han-seok —dijo— Ellos todavía no han venido a salvarla. Se habrán dado cuenta que algo anda mal.

— Si tienen materia gris habrán corrido a avisar. Aunque no sé cómo, recuerdo que tomé una medida, era— agh, lo tengo en la punta de la lengua.

— Pero, si se van, Koo Ja-yoon sabrá lo que pasó y se preparará. Y como sabotearon las cámaras, no sabremos a dónde huirán.

— Oye, no le des un nombre a esa cosa. —señaló a Baek con un dedo en el pecho— No es un ser humano real; nosotros somos reales, tú y yo. Ella es un error que K pronto eliminará.

— Ah, sí, sí es cierto. Perdón, señor Han-seok.

Este sonrió agachando la vista, y el otro le puso la mano tras el cuello:

— Está bien, tranquilo, ellos no pueden ir lejos de todas formas. —señaló el techo y las paredes con un dedo, y chasqueó los dedos— ¡Oye! Ya recordé cual era el as bajo nuestra manga.

Baek señaló, con una sonrisa, un trozo de piedra que el otro sacó del bolsillo de su traje. Sus ojos sangraron en un hilillo, muy fino, de verde brillante, en tanto el pelilargo exclamaba:

— ¡Ah, ese!¡Ese infeliz de K es todo un genio!

— Sí, por desgracia. El punto es que a nosotros no nos afecta tanto como a ellos. —dio unas risotadas— Por eso se esconden, seguro se dieron cuenta que sus poderes están disminuyendo.

El otro se encogió con una risa similar, y exclamó asintiendo:

— ¡Sí, es cierto, todo salió bien al final!

El rizado lo soltó y levantó la mano con una sonrisa de oreja a oreja, entusiasmado:

— ¡High-five!

— Oh, ¿qué?

— ¡Ay, Hee-sung, pero qué idiota! —se enojó— ¡Dame esos cinco!

Este entendió, y chocaron manos, sosteniéndoselas un par de segundos antes de mirar a Bae-rin. Sus expresiones pronto cambiaron a los ojos depredadores de siempre, y se prepararon para dar la vuelta:

— Veamos si la hermana buena viene como dijo K. Sólo hay que esperar —dijo Baek.

— Mientras eso pasa, encárgate de los otros. —abrió un cancel en la pared— Pronto debo entrar a hacer mi acto final.

Topeteó con el dorso de la mano un uniforme de hockey sobre hielo, con todo y el palo. El Cazador Tipo III asintió al verlo, y dijo:

— Y mientras, las fuerzas de seguridad deben estarlos cazando según mis instrucciones. Los tres tontos que quedan deben estar corriendo en círculos por el bosque, como estúpidos—

Rio, pero el rizado ya no estaba para más chistes. Dijo con tono amenazador:

— Sólo acábalos. Y no vuelvas hasta que hayas terminado —le dio unas leves cachetadas— ¿Sí entendiste?

Este se inclinó, y el Han-seok le dio un gancho que lo dobló en otra risa, ahogada.

— Aish, mira cómo me haces enfadar. Lárgate.

El otro asintió, sobándose el estómago antes de salir caminando algo tratstabilloso. El trajeado se arregló el tiro y dijo antes de tomar algo del bolsillo de su víctima. Miró el disco duro de color negro, y lo rompió en su puño, dejándolo caer al piso:

— Así que estos eran los temibles sujetos del PROYECTO: ARCO ese. Vaya broma.

Una lágrima salió del ojo de Bae-rin, preguntándose cómo su libertad había quedado tan lejos, después de estar a nada de obtenerla. Solamente un nombre resonó en su mente antes de perder el sentido:

— Ji—Ji-won.

El susurro fue tan bajo, y mal articulado, que los oídos del tipo no captaron un vocablo coherente antes de irse, ya aburrido, directo a los servidores. Caminó por donde los trabajadores se mantuvieron en sus asuntos, y este al verlo se acercó a uno de ellos, sobresaltándolo al acariciar sus cabellos:

—¡Ah!

—¿Qué pasa, compañero? Parece que hubieras visto un fantasma.

Este negó enfaticamente, inclinándose en disculpas:

—¡No señor, sólo estaba atento al monitor, lo juro—! —se frotó— Perdóneme, por favor.

Este se regodeó en aquel susto:

— Todo esta bien, tú —le hizo seña ondenado la mano— Tú sólo sigue, ¿would you kindly?

Este se volteó asintiendo, y siguió escribiendo líneas de código para entrar a un sitio llamado “HQYong”, igual que varios otros; sólo el estaba en el subservidor “HQYong-Info”. Y sólo fue a él al que le pegó un tiro en la nuca; el estruendo puso a todos a tiritar más que por el frío que hacía, y viendo esto, se puso contento, soplando el cañón de su pistola. Luego los miró con desprecio a todos:

— Mejor no se hagan esperanzas, malditos gusanos. Nadie vendrá a salvarlos. ¡¿Son de mi propiedad ahora, entendieron?!

Varias de las chicas estornudaron, tosieron, lloriquearon, gimieron de horror, aunque con bajo tono, como si aquello pasase seguido.

Fue a una cámara trasera, descendiendo una larga rampa hasta una puerta blindada que unos guardias de ojos verdes le abrieron por puro reflejo. Al entrar, volvieron a cerrar, mientras su jefe se dirigía al centro de una cámara de concreto redondeada, al estilo de un búnker, pero totalmente vacío.

Excepto por el proyector tridimensional, que este activó de pie en el sensor. Pasaron unos segundos, hasta que la computadora respondió:

— LLAMADA. ACEPTADA. BIENVENIDO SEA, SEÑOR DE TODA LA CARNE.

Las cámaras alrededor del cuarto se activaron, y en el centro, las luces comenzaron a armar la imagen del enmascarado, que dio dos pasos al frente, haciendo al otro retroceder un paso de forma involuntaria:

— Ah, Jang Han-seok, eres tú. Al fin.

— Ja-yoon no vino, tal como predijiste. Pero pronto su hermana lo hará, y podremos hacer la presentación. ¿Qué te parece, boss?¿Genial, no es cierto?

— Veo que el ambiente laboral hoy ha sido bueno. Quizá demasiado.

Han-seok sintió una punzada en el esternón, y de inmediato se puso de rodillas. Este contrajo la mandíbula y apretaba los dientes, mientras las venas esmeralda de su cuello pulsaban como para ahorcarlo. Miró a su nuevo amo lleno de odio:

— Tú y yo no somos iguales, criatura mía. No vuelvas a hablarme con tanta confianza, o la próxima vez, serás reemplazado. Si no quieres que tu utilidad llegue a su límite, redímete ahora.

La presión terminó y este cayó sudando frío, antes de levantarse lleno de rencor.

— ¿De qué me—está hablando? Hice todo lo que me ordenaste. He estado trayéndote los químicos, las drogas, las armas, y los hombres para tu estúpido gran día. La tonta sujeto Ark que nos traicionó fue neutralizada. Ark-1 la salvó una vez, no podrá evitar venir, por ser más tonta aun.

— Ese es su defecto. Lo que los seres inferiores llaman humanidad es sólo una limitación en el instinto de manada. Uno que pronto lograré eliminar, cuando tenga su cadáver, y su cerebro, y su sangre, sean míos.

— Entonces, señor K, ¡¿por qué demonios me está castigando, eh?!

— No te dado permiso de hablar.

El dolor de pecho fue menor, pero lo mantuvo genuflexo.

— Cuando el Señor habla, sus siervos escuchan. Ahora tú me vas a oír, observa.

Su propia imagen cambió por un video plano, de varios ángulos de cámara.

— Es el—Cuartel General.

— Sigue observando.

La imágen cambió, y en la esquina de la imagen decía “LOGISTICS-HQ”, donde un oficial caminó fuera de un depósito. Hubo un zoom, se notaba que eran explosivos, y dentro había varios cadáveres de gente en escafandra, que fueron embalados en plástico por otros dos. Luego el oficial se dirigía a un pasillo, y doblando, veía a una chica de cabello largo reposada a la pared, e inmediatamente su forma se perdía:

“¿Lo hiciste, nueva?”

“Dile a tu líder que está hecho. No sospecharon nada.”

Pronto apareció, entre dos jovenes de abrigo negro, el verdadero oficial, golpeado y esposado, y al verlas asintieron, antes de que Bae-rin se les uniese en el camino. Ji-won se dirigió a la bodega, y antes de que los de escafandra pudiesen salir con su carga oculta en una plataforma con cajas grandes, ella entró intempestivamente y los hizo estatuas de sal; estas las pateó con suavidad como si de castillos de arena se tratase.

— Ese sujeto es Ark-01306. Sus habilidades telequinéticas son altamente peligrosas. Y fue enviada aquí con los demás.

Vieron cómo por toda el area de logística, varios empleados eran ejecutados, reunidos en el patio, y Ja-yoon los revisaba; todos tenían ojos verdes. Al volver la toma de la bodega, Ji-won sonrió a la cámara, despidiéndose con una mano antes recolectar el polvo.

Allí se detuvo.

— Y después, tu gente perdió el acceso al sistema de seguridad.

Han-seok se llevó la mano a la cabeza, molesto:

— ¿Qué—pero qué—?

— Por tu estupidez, perdí el contacto con mi criatura en la sala de interrogatorios. Su implante—se desconectó. Seguro habló, y tú lo permitiste.

Han-seok estaba desencajado, enrojeciendo de rabia, y golpeó el suelo, quebrándolo.

— No puede ser, no hallé ninguna evidencia de eso, las ratas —negó— no me dijeron nada sobre un contraataque de Koo Ja-yoon en el Cuartel ese. La maldita que enviaste—

— Es seguro que murió, mi criatura, por tus malas elecciones. Mi pacto con los elementos aliados en Seúl pende en un hilo si se enteran. Y todo porque tú lo permitiste.

— ¿Cómo se atreve—?

— El que acabaste de matar fue quien lo descubrió. Y además ¡estuvo en contacto—con esa maldita hacker!

— No.

— ¡Lo acabaste de ver, estúpido, ¡y no ibas a decírmelo, ¿no?!

— ¿De—de qué diablos hablas? yo no—

— Si tengo que hacer las cosas yo mismo, no te necesitaré más.

El dolor se volvió insoportable, y Han-seok se retorció en el piso, por varios segundos, mientras el holograma de K se desvanecía:

— Acaba con el sujeto 3016 y tráemelo también. Ella y Ark-1 son las últimas piezas para terminar a mi obra maestra. Si fracasas, volverás al polvo del que te recogí.

Pero la transmisión se cortó en seco, y todas las luces se apagaron. Lo que lo tomó por sorpresa fue la puerta misma, que saltó por los aires, directamente hacia él.

— ¡Ustedes—!

Quienes entraron fueron el gordo, y Jae-woong.

— Nadie lastima a Da-mol y se sale con la suya. —dijo este último— Acabemos con este idiota.

— No necesito levitar cosas para hacerte pedazos, niñito de mami. —secundó el gordo.

Han-seok se limpió los pantalones y se rio cansado:

— Ella es muy lista, ¿no? Los despojos, la traidora y una bola de manteca asquerosa. —y los provocó— No se si sentirme insultado, o halagado por que su dueña me tenga tanto miedo.

Hwang gritó con el golpe ya listo, una granada oculta en su puño, y los dos jóvenes se lanzaban al combate a mano limpia mientras arriba, Ji-won, temblorosa y escupiendo sangre por la boca, respiraba con dificultad mientras sostenía un disco duro, insertado en uno de los servidores. Los servidores se sobrecalentaron, y la refirgeración falló, los tubos reventando; luces rojas envolvieron todo, y los monitores entraron en cortocircuito. Para ese punto, si acaso uno estaba muerto antes, ahora todos lo estaban, sin una sola gota de sus interiores fuera, solamente arena fría:

— Listo, está hecho jefas. —dijo al aire gélido, acariciando su arnés de camuflaje— El mundo puede esperar más para conocernos.

Recibió una comunicación:

“Kim Ji-won, ¿lograste destruir los servidores?”

— Afirmativo, ya no habrá ninguna filtración esta noche, señorita Seo.

“Muy bien; debes llevar a los demás fuera de allí.”

— Ese bloqueador de señales portátil del que habló en Jeju, ¿sirvió?

“La medida de emergencia de K fue anulada, y ninguna transmisión pudo salir de donde estás.”

— Qué bien, ahora es seguro.

“Tumbé una transmisión del enemigo hace unos momentos, y apagué el bloqueador para hablar contigo. Volveré a activarlo para evitar que llamen refuerzos.”

— Entendido, reuniré a los demás para evacuar. Corto.

Ji-won salió pronto del lugar, y se dirigió al cuarto aledaño lista para pelear, pero no halló a nadie. Ver a Da-mol muerta y Bae-rin sufriendo la molestó, así que se puso a lidiar con la situación para revertirlo. Primero, desactivó la trampa desintegrando las espinas, de a poco, cada ves que se apagaban.

Bae-rin cayó agonizando en su tormento, sin poder hablar. Sus heridas por empalamiento se comenzaron a cerrar, aunque no del todo, y siguió saliendo algo de sangre. Mientras, Ji-won sacó dos sueros reguladores de su cinturón, y los inyectó en la frente de Da-mol.

Esta regresó de su estado catatónico arqueando la espalda, tomando una bocanada sonora de aire antes de girarse:

— Hasta que dejas de dormir. —risoteó.

— ¿Dónde están los otros?¿Bae-rin, ella—?

— Estará bien cuando dejemos este lugar. Los chicos están ocupados con uno de ellos. Andando.

Tomó a Bae-rin en brazos y salieron pronto.

________________________________________

Afuera, el bosque se había transformado en una trampa mortal, y cerca de uno de los cuerpos, una sombra corrió riéndose en la oscuridad. Cuando dos de los esbirros de blanco sobrevivientes, espalda con espalda, llegaron al borde de un acantilado, las pisadas iniciaron. Estas se aproximaron ruidosamente, sin mostrar nada que sus ojos pudieran percibir; paraban muy cerca, luego volvían de otra dirección. Y luego una varilla se clavaba en la muñeca de uno de ellos, sacándole un gruñido al caer de rodillas.

El otro estaba aterrado, y su pulso vacilaba en la penumbra; su visión de infrarrojos estaba llena de estática, por lo que los puntos de calor de una liebre y el enemigo eran indistinguibles.

— ¡Sal de una vez!¡Ven por mí, bruja!

Y el mundo se detuvo, la percepción del tiempo y la realidad comenzaron a difuminarse cuando el silencio fue sucedido por un índice y un medio caminando por su espalda. El otro trató de levantar su arma, pero fue arrastrado lejos por la telequinesia de su enemigo, perdiéndose en la fronda; momentos después, una explosión incendiaria cortó los gritos. El joven guardia finalmente se armó de valor para voltear a mirar quién estaba detrás, con un labio tembloroso.

Fue inicuo ver aquella cara sonriente, de brillantes ojillos, salpicada de sangre. Su casco se partió en dos, y su rostro quedó expuesto a la mano empapada de Ryo-dan, quien estaba de puntillas ante él. La tibieza cruda se posó en su mejilla, y la voz fina de una inocencia engañosa habló:

— Dicen que debes ser gentil con la persona que es especial para ti. ¿Sabes? Yo tengo a alguien así, y quiero vivir para poder serlo con él. Practicaré contigo.

Este gimoteó, mientras ella le tomaba una mano con fuerza sobrehumana. En su palma abierta, colocó una granada, y sus dedos se estrecharon en esta. Tembló, mientras Ryo-dan bajaba la mano tocando su lóbulo y retrocedía risueña.

— Esto me lo regaló mi amigo Hwang. —y puso la mano en el mentón— Él no sabe que es mi amigo, o eso creo, la verdad no sé, llevamos 5 años siendo del mismo equipo. Ahora, este chico diría “gracias, Ryo-dan, por el regalo—”

El seguro se aflojó por mente de la chica, y el joven quedó paralizado, mientras el bosque sufría un incendio.

— Luego lo abrazaría, pero mi jefa ya me llamó la atención por autodestruirme, así que—

El desgraciado estalló por los aires, salpicándola, y ella se quedó en silencio por la interrupción.

— Ups. Creo que volví a hablar de más.

— Desgraciada, ¡tu y yo aún no termiamos!

Un golpe súbito la derribó, resquebrajándole el tenporal izquierdo. Esta cayó desorientada, y chilló como un perro al ser pateada lejos contra un tronco en llamas. Las ascuas ardiendo cayeron en su piel desde la copa inflamada, pero ella se levantó en un quejido optimista:

— Pero ¡¿por qué no te quedas enterrado de una vez?!

El otro se acercó con prosa, aunque parecía que su cadera le doliese al andar. Se revisó y sacó un pedazo de metralla de su espalda baja, para luego tirárselo sin fuerza en la frente. Esta se quejó, y se sobó en tanto Baek llegaba justo delante:

— ¿Y por qué, “Ryo-dan”? tú, pedazo de carne, ven aquí y vamos a divertirnos. Aún no he terminado de jugar.

— ¡Pues yo sí, idiota!

Esta sonrió con ira y comenzó a apuñalarlo en todos lados tras saltar sobre él. Una y otra vez regó el suelo con cada golpe de su cuchillo serrado, hasta que no supo dónde más atacar; rasgó su rostro, sus hombros, llenó de heridas su pecho y abdomen, usando cuchillas ocultas en sus zapatos para cercenar sus muslos a patadas. A pesar de los temblores, de cómo fue retrocediendo, al borde del barrabco, el resultado, su expresión lo demostraba, fue uno que ya conocía, y maldijo entre dientes antes de ser tomada del cabello en el aire.

— Vamos, ¿por qué no gritas?, ¡grita ya—!

Esta se aferró con sus manos a la de aquel monstruo sangrante, que se reacomodó los huesos rápidamente, con rostro de éxtasis, y le pegó un nuevo manotazo:

— Oh, eres tan dulce. ¿Cómo podría querer matarte? Koo Ja-yoon, ella era aburrida, pero tú—

Esta, entre agitaciones, se quedó paralizada por la telequinesia de Baek, mientras este pasaba lls dedos por su cuello, con el corazón en la garganta:

— Sólo hubo una persona que me ha hecho sentir esto. —y dijo con emocionada melancolía— Jamás dejaría ir a alguien como tú, no de nuevo.

— Suéltame, maldito pesado—

Varios proyectiles se insertaron entonces en su carne, y el dolor repentino, aunque para él exquisito, le hizo voltearse luego hacia el bosque en llamas. El fuego se dobló de forma imposible para darle paso a dos chicas, una de ellas cargando a una tercera herida:

— ¡Bae-rin!

El gritó de Ryo-dan le provocó a Baek una sonrisa llena de divertida malicia, y que le volviese a prestar atención:

— Ah, mira esto, tus amigas quieren ganarse mi atención también.

— No hables por mí.

Ji-won, tras decir aquello, le arrancó los tendones de Aquiles cortándolos limpiamente, y trayéndolos a su mano. Pero lo que a este le estaba haciendo carcajear por lo bajo era la aparición presente de alguien que vio dejar de moverse, y percibió sin aura:

— Esto es increíble. Los sujetos Ark no son tan inútiles como creía. Debes enseñarme ese truco.

La de abrigo respondió, con la vista afilada:

— Adivina. Ahora, adiós.

Los proyectiles que seguían clavados en el dejaron de titilar, y la distracción sirvió para que Ryo-dan lo patease lejos, arrancándose un buen mechón de cabello para soltarse.

— ¡Volveremos a vernos, mi musa!

Esas fueron las últimas palabras de Baek Hee-sung antes de quedar partido en fragmentos, su pedazo de torso con brazo y cabeza sonriendo mientras caía al vacío.

Ryo-dan se frotó las mejillas con furia:

— Iugh, qué asco. Ese sujeto es insoportable.

Ji-won corrió hacia ella, y miró lo que había caído desde el filo antes de informarle:

— Está hecho, destruímos la filtración de Hoffen. Hay que volver.

Ryo-dan miró con la ceja enarcada por detrás de su hombro:

— ¿Dónde están Hwang y Jae-Woong?

— Nos darán tiempo. Debemos ir al punto de extracción, Bae-rin necesita atención médica.

— No sé ni por qué la llevas tú —reclamó la del abrigo— es peso muerto así, deberías despertarla.

Eso a Ryo-dan le chocó.

— Pero nosotros no necesitamos doctores, y de lo otro, Ja-yoon nos curó—

Esta hizo un gesto de preocupación por aquel chico, y uno de cuasiinfantil fastidio, pero de todas formas obedeció.

— Hay que partir —dijo la de abrigo— No creo que nos quede mucho.

Se retiraron prestas, perdiéndose por el bosque. En ese trayecto es que Ryo-dan le preguntaría, viendo su arma, aunque sin muchas ganas. Le dijo:

— Oye tú.

— ¿Qué?

— ¿Te llamas Da-mol, verdad?

— Sí, así es.

— ¿Hwang tiene buernas armas, no crees?

Ella miró el lanzador de flechetas.

— Era lo más útil para la misión. Como pudiste apreciar antes.

— Sí, ya sé. Uish.

Siguieron en silencio a partir de allí, y aterrizando en alguna pista clandestina, un bimotor se posó en su espera.

________________________________________

Del otro lado, los dos jóvenes estaban agotados, jadeando con pesadez. Heridos, sucios, con sus ropas rotas, mientras Han-seok caminaba hacia ellos, quitándose el traje, que estaba rasgado. Se acomodó el lazo del cuello:

— ¿Sabes cuánto cuesta un traje como ese, meteorito de granos? Haré que lo pagues.

— Dile a tu mami que te compre otro. Pero espera a que yo le pague primero.

Ambos chocaron, y fue cuando el de ojos verdes sonrió de forma socarrona, haciendo finta de una patada antes de saltar sobre Hwang y pegarle un codazo en la espalda que destrozó los fundamentos de la estructura sobre sus cabeza. No tardó en tomarlo del brazo y arrojárselo a Jae-woong, quien había saltado por techos y paredes, usando pulsos sónicos para interceptarlo, pero fue incapaz de corregir su curso en el último segundo; y con todo colapsando, pieza por pieza, se dispersaron.

Más bien, Hwang fue arrojado fuera, rompiendo concreto en su velocidad crítica antes de salir rodando del precinto, inconsciente. El otro joven dio zancadas entre los escombros, y empleó los restos de los terminales para retrasar el inexorable avance de un confiado Han-seok. Este lo miraba con divertida lástima:

— ¡Vamos, ¿qué no eras muy valiente hace un rato?!

Lanzó varios trozos de pared con su telequinesia, que Jae-Woong contraatacó con los suyos propios, generando una nibe de polvo, iluminada por la débil luz de las estrellas entre nubes rápidas. Este se estaba cansando, y en cambio su enemigo, a pesat de que sus bastas estaban desteozadas, parecía tan intacto como en el segundo uno; lanzó una barra de hierro, y esta se rompió en dos sobre el pecho de aquel ser de pesadilla. Peor aún, esta se reflejó de vuelta al lanzador, girando como dos ventiladores mortales, que mediante la mente de Han-seok, volaron por los flancos, en el rabillo de sus ojos, para volverlo pulpa.

Jae-Woong esquivó, pero los metales volvieron, y tuvo que lanzar trozos de puertas y ventanas para rasgar la carne de su oponente. Esto fue lo que ocurrió, y debajo, encontró aquella razón por la que no habían podido con él hasta ahora; placas de blindaje, como un exoesqueleto, inmunes a todo lo que les lanzaran. Y ese dolor nervioso que los afectaba al golpearlo directamente; eso fue lo que intentó una vez más, con todas sus fuerzas restantes, pero de nada sirvió.

Al impactar el rostro de Han-seok, este no tuvo que hacer nada, pues un rebote de la energía cinética lo mandó lejos con un boom sónico. Cayó entre los arbustos espinosos, atravesándose una rama en el páncreas, y mientrad tratana de retomar la compostura, olió el humo, y con su visión remota vio el fuego. Hwang, en otra parte del campo de batalla, se levantó también con ese olor en la nariz.

El gordo sopló mocos, y con un ojo morado, vio a Han-seok subiendo por pedazos de escombro flotantes como escaleras hasta su compañero de equipo. Jae-Woong no tenía más fuerzas para ponerse en pie, y viendo su debilidad incluso en el aura, Han-seok atrajo hacia sí los dos hierros, con una expresión anticipada a una diversión violenta:

— ¿Creen que lo dejaré así?

De lejos, el gordo pegó el aplauso más fuerte que pudo, y la onda psiquoca resultante evitó que el rizado diera el golpe de gracia. Oyeron el ruido de hélices a la distancia, y apenas Han-seok se levantó, recibió el golpe cercano de un misil; saltó hacia atrás, dejando caer su piel, pero dejando atrás la armadura reflectiva en todo su esplendor sobre su musculatura roja. Este se miró las manos, sulfurando de rabia, y pegó un grito de frustración.

— ¡Lo arruinaron todo!

Rondas del cañón automático cayeron sobre él, y ni Hwang ni Jae-Woong perdieron tiempo, al ver que la puerta corrediza lateral se abría. Asomando la cabeza con curiosidad firme, nadie más que Ark-1 en persona, dando la orden de que saltaran hacia el vehículo, sin decir una sola palabra. Ambos saltarían, y Han-seok, lleno de rabia, lanzaría una montaña de escombros hacia ellos para destruirlos.

Su grito fue desgarrador, al punto de hacer lo mismo con el aire circundante y su propio cuerpo dañado. Ark-1 no movió un solo dedo, y activó un campo de fuerza alrededor de ellos, pero tuvl que acuclillarse, al sentir que le faltaba aire. Sintió que los impactos del tornado de restos, girando y golpeando, la golpeaban a ella misma; sabía que debían irse pronto.

Usando su enfoque empíreo, hizo girar su barrera, y poco a poco devolvió el ataque, llenando el bosque de piedras que antes no tenía, levantando géiseres de tierra húmeda con cada impacto. Han-seok, en medio de su agonía, saltó hacia atrás, y tras reventar varios trozos de la antes base avanzanda con los puños expuestos, se dispuso a retirarse.

Miró por última vez a la cabina de la aeronave. Allí estaba la chica que había atrapado, aferrándose a la vida, la maldita por él Ji-won, y los otros sujetos a quienes no conocía. Pero lo que heló su sangre un momento, al ver el asiento del copiloto, le hizo entender todo.

Esa mujer de cabello largo, con un casco de volante encima, que también lo estaba mirando a él, tiesa de incredulidad; vio el pad modificiado entre sus manos. Las puertas se cerraron una vez los restos no eran una amenaza, desintegrados en fragmentos más chicos, caídos gentilmente en el campo.

— ¡Rápido, sácanos!

Ante el grito de la muchacha pálida, el bimotor se puso en marcha, usando su propulsión a chorro, alejándose a una velocidad que parecía imposible.

Rendido por todo el poder usado, Han-seok cayó sobre uno de los restos de columnata, donde reposó con agotada rabia:

“Seo Mi-ri. Por ti han podido montar todo este circo y ponerse un paso adelante, ya veo. Eres más un estorbo de lo que imaginé. Debí matarte antes que a Cassano.”

Se sentó, entre quejidos, su piel regenerándose con lentitud:

— No cometeré el mismo error. Pero no podría entrar a Jeju solo, no.

Miró el punto del bimotor desvanecerse con las demás estrellas:

— Primero voy a quebrarte. Y también a él. Lamentará no haberse quedado a mirar mi muerte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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