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The Witch 4: Insurrection - Capítulo 11

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Capítulo 11: Resistencia silenciosa

(5 de noviembre de 2020, Seúl, 12:03 PM)

Todos los pujantes se habían reunido en la sala de eventos, y estaban sentados ante la tarima, donde un funcionario gubernamental se hacía ya presente, seguido por varios otros. Estos se inclinaron en saludo, antes de tomar sus asientos, y los fotógrafos enloquecieron con sus flashes, mientras estos preparaban sus folios, y los revisaban. Tras un breve silencio, el viejo del centro comenzó a hablar, y las luces se fueron apagando, mientras una pantalla bajaba; esta tenía el título de lo que se venía a hacer:

— Buenos días, damas y caballeros. Les agradecemos su asistencia a este evento. Soy el juez de la Corte Nacional de Justicia, Cho Kang-shik, y esta es la subasta de bienes y activos pertenecientes a—

En los asientos de más atrás, dos mujeres se sentaban. Reconoció a la primera, con su corto cabello y la misma chompa blanca de aquella noche; Kim Kwon-sook. Pero la otra—al ver sus formas, su porte y elegancia, recubierta de sombrero y un velo mortuorio, se le heló la sangre, su mente no lo procesó. No podía ser aquello que estaba pensando, esa mujer hermosa en vestido azul no podía ser ella.

“Imposible.”

Siguió, sin darse cuenta que el silencio había sido incómodo para todos:

— Disculpen —se excusó— Ejem, bueno, como iba diciendo, los bienes y activos pertenecientes al Grupo Cheong-ah serán sometidos a una subasta con fines de interés público y caritativo. Por ningún concepto se emplearán para fines de lucro corporativo, o para uso directo e indirecto de grupos o personas de interés en el sector público. Solamente individuos particulares, organizaciones sociales, no gubernamentales, y de la sociedad civil pueden enviar representantes a esta puja. Con esto nuevamente aclarado, y si todos los presentes continúan de acuerdo con los términos previamente enviados a cada uno por correo electrónico—

Miró a todos los pujantes, y entre ellos, allí estaba aquel hombre desgarbado, de apariencia ordinaria, mismo al que debía ayudar a ganar, si la foto que le dieron, y observó de reojo, no mentía:

— Se procede a dar apertura a la subasta.

Tocó con el mazo tres veces. Y la primera imagen apareció. Era un terreno que todos conocían dada su aparición relativamente reciente en las noticias, y el impacto histórico del caso al que se vinculaba. El juez dijo:

— El predio antes correspondiente al edificio Hera’s Palace, valorado en novecientos mil millones de wones. Comenzaremos con un valor base de trescientos mil millones.

La gente comenzó a cuchichear entre sí, mientras que Lee Kyu-jin cruzó una pierna con calma. Otro de los funcionarios comenzó el conteo regresivo:

— Trescientos mil a la una. Trescientos mil a las dos.

Todos se vieron las caras, excepto el abogado, quien confiado levantó su paleta. El juez se apresuró a pegar el martillazo, e incluso los camarógrafos comenzaron a murmurar:

— ¡Vendido, al número 66! —apuntó el funcionario.

Todos estaban francamente sorprendidos, sobre todo cuando los periodistas comenzaban a hacerse preguntas entre sí, tanto cómo los pujantes, sobre quién era aquel hombre.

“Esto fue por ti, mi Sang-ah. Todo el mundo pronto va a ver; cuando tenga poder de nuevo, me vengaré de Koo Ja-yoon. Y de esa maldita de Seo-jin por arruinarme.”

________________________________________

(11:02 AM, una hora antes)

Yendo a toda marcha por un paso elevado, cada vez más cerca del complejo judicial, un grupo de personas escuchaban a través de una estación de radio sobre el evento de subasta a ser abierto. Mismo evento que, por ese medio solamente, haría que entre los oyentes muchos miles más se quedasen mudos; aquellas personas llevaban ansias al seguir oyendo ahora un gris recordatorio:

“Dentro de poco, la recién aprobada subasta de activos de Grupo Cheong-ah comenzará; se ha revelado por fuentes de este canal, que serán incluídos todos los bienes muebles, inmuebles, y capital de la empresa antes perteneciente a la familia Cheon. Tres años atrás, la dueña de esta fortuna, Cheon Seo-jin, unió su patrimonio a los esquemas de construcción fraudulentos de su cónyuge, el falso empresario y suplantador de identidad, Baek Joon-ki.”

El conductor, un joven bien vestido, iba tan rápido como podía al retomar la autopista, en un jeep marca BYD de alta gama.

— ¿Cómo pudo pasar esto? —se quejó el chico— No se suponía que lo subastaran, ¿por qué justo ahora?

— De no haberlo escuchado en el aeropuerto anoche, ni siquiera nos habríamos enterado.

Aquella que había hablado era quien iba a su lado, una chica de cabellos ondulados con ojos algo saltones, labios entreabiertos en preocupación. En respuesta a lo que dijo, habló con labios que parecían siempre fruncidos una de las chicas que iba atrás, con su flequillo, cabello liso corto y ojillos con bolsas:

— Esto tampoco me gusta, Seok-hoon. Algo huele mal aquí. ¿Cómo es que la empresa del tal—Logan Lee no pudo hacer nada para detenerlo, ah?

— Supongo que—al ya no estar él—simplemente los otros retiraron la oferta. Les importaron más las relaciones públicas que evitar que la rata de Lee Kyu-jin—. Lo supieron, supieron que estaría, y aún así no van a intentar nada. Sólo llamaron a avisarme.

Seok-hoon le tocó la mano a quien tenía al lado, y brevemente le asintió con una sonrisa. Entonces la chica del cabello ondulado, tras dudar con algo de tristeza, dio un respiro, y volvió a hablar. Esta vez se dirigió a la del flequillo, con el corazón en la mano:

— Oye, Seok-kyung.

Esta se sintió algo incómoda, pero suspiró contra el vidrio, con una mirada igual de pesada.

— ¿Qué pasa, Ro-na?

— No pude darte las—gracias antes.

Esta apartó la vista a la venta, pretendiendo molestarse:

— ¿Y—eso por qué?¿Qué pasa contigo?

— Por ir a vernos al teatro antes. Y también hoy—por venir con nosotros.

Seok-kyung tragó saliva, pegando la frente entera al vidrio. Ro-na la vio acongojada por el retrovisor, mientras esta decía:

— Yo—sólo fui a ver a mi hermano—no—te hagas ideas.

— Seok-kyung, no—seas tan dura con ella. Sólo quiere agradecerte. —dijo Seok-hoon, en tono apagado.

— Sí. Perdón, no quería—que te molestes. —dijo Ro-na.

— Claro, no importa, par de tórtolos. Por algo acepté cenar con ustedes, ¿o no? Me ayudaron. Se los debo.

Seok-kyung entonces habló al chico, con cierto tono burlón.

— Sabes que me van a llamar la atención por esto, tonto. No se supone que esté aquí de paseo.

— Ah, claro, sí—

Esta dio una media sonrisa con los ojos cerrados, enderezando su postura y poniendo las manos sobre sus rodillas:

— Pero esto es más importante. Por eso estoy sentada aquí, para que nadie toque esa sucia fortuna ¿o no?

Seok-hoon respiró con alivio, y miró a su copiloto:

— Al menos creo que todos estamos de acuerdo en algo, ¿no Ro-na?

La susodicha, en el asiento del copiloto, estaba reflexiva, pegada a la ventana.

— Ro-na, cariño, ¿qué ocurre?

— Ese dinero mal habido—tu hermana tiene razón, no podemos arriesgarnos a que ese tipo lo tenga. Nadie—debe tenerlo.

— Hay que detener esa subasta de alguna manera, ¿pero cómo? Pensé en varias cosas, pero no creo que funcionen.

— Es propiedad del estado ahora. —dijo Seok-kyung— Supongo que hay que empezar por ese hombre, detenerlo de llegar al lugar de la subasta, no sé—pegándole con un palo o algo.

— Hablas del juez. No creo que sea buena idea tampoco, hay cámaras. Te reconocerían de inmediato.

Ya cuando estaban tomando el desvío por calles secundarias en dirección a la avenida del edificio judicial, una tercera chica, pelilarga, de nariz ancha y rostro ovalado, intervino tras dejar de chatear en su celular:

— Seok-hoon tiene razón, sólo nos vas a meter a todos en problemas. Y ese tal juez Cho debe saber lo que está pasando, estoy segura. Tiene más sentido que le saquemos información, en vez de golpearlo.

— Pues habrá que empezar por algo, Je-ni, pero sigo sin saber cómo haremos que nos diga por qué aprobaron esta subasta. —dijo Seok-hoon.

— ¿Cuánto falta para llegar? —preguntó Ro-na.

El chico miró el mapa en el pad pegado al panel frontal, pero justo cuando bajó la vista, y tomó el desvió por una calle secundaria, lo interceptó un camión por la intersección, que aceleraba de antes, e impactó su lado. El vehículo giró fuera de control, y rodó perdiendo una de sus ruedas, hasta estrellarse contra la fachada vítrea de una tienda de abalorios; un cliente fue aplastado de la mole, los otros fueron heridos. Cuando se detuvo todo, el chico apenas respiraba, con las costillas rotas y un pulmón reventado, su visión borrosa encontrando al culpable, detenido en la esquina.

— ¿Qué—?

A su rostro bajó un dron, flotando con un zumbido ululante hacia su rostro, y los escaneó a los cuatro con su luz roja:

— Qué—

El robot pronunció en voz grave:

— OBJETIVO LOCALIZADO. RECOGER DE INMEDIATO.

Del vagón se bajaron varios hombres y mujeres en ropas negras, con parches de dragón en los hombros. Pudo verlos él, con sus pieles pálidas, venas y ojos verdosos, emitiendo un hedor tan nauseabundo que no evitó su boca expulsar sangre. Trató de zafarse el cinturón tan rápido como pudo, hasta que cayó dolorosamente sobre el techo del jeep.

Se quejó, pero tomó impulso como pudo, reptando hasta Ro-na, que seguía colgando:

— Vamos, Ro-na, debemos salir de aquí. Ya vienen.

Pero fue muy tarde. El sujeto fue arrastrado fuera con grande facilidad, y al voltearse a ver, a pesar de la contusión, estuvo seguro de que lo que veía era real. Del cuerpo de uno de esos atacantes, salía un pseudópodo negro repugnante, que agarraba su tobillo.

Este ser no habló, sino que abrió la boca por reflejo, torciendo el cuello de manera antinatural, mientras que otros de los suyos tomaban a las tres mujeres:

— Desgraciados—suéltenlas. Déjenlas—¡en paz!

Sacó sorpresivamente una pistola de su blazer y vació el cargador en el que lo tenía atrapado. El otro fue impactado de lleno, pero para su horror, este solamente se puso a convulsionar un par de veces, antes de seguir de pie como si nada. Las balas fueron sacadas de su tejido protoplásmico, y tintinearon en el suelo de porcelanato.

Los otros tomaron a las mujeres sobre sus hombros, dispuestos a llevarlas al camión, a pesar de los pataleos y gritos de Je-ni. Nadie esperó lo que pasó a continuación, cuando un pulso expansivo hizo un chirrido en los aires, causando que los sujetos extraños gritaran de forma salvaje. Se agitaron boquiabiertos, y el chico fue soltado, aunque este no se pudo mover mucho más antes de perder noción de la realidad.

Oyó disparos, y un par de sombras se movieron con prestedad, derribando a los hostiles. Uno de ellos corrió a las chicas, cargándolas de una en una a un lugar que no podía ver, mientras la otra sombra remataba a los monstruos con explosivos inflamables. Los chillidos de agonía martillaron su delirio, y lo último que sintió fue terrible calor antes del frío de unas manos, y luego la nada.

________________________________________ (8 de noviembre de 2020, 4:36 PM)

Cuando se despertó se sintió tan agitado que se levantó lleno de miedo, y sintió con sus manos una superficie inestable, acolchada. Jadeó lleno de ansiedad por el destino de su novia, su hermana y amiga, pero pronto una voz conocida lo calmó, posando sus dos manos en su hombro. Este, descolocado, solo calmó su mirada cuando vio el rostro de mentón pequeño y ojos dulces de su amada:

— ¡Ro-na—!

Acarició su cabello y la acarició contra su regazo. Se levantó para abrazarla, y con las manos sobre su cabeza, la miró con detenimiento. Su voz aún se entrecortaba:

— ¿Estás bien? Esos monstruos—te hicieron daño?

— No, no. Fue el choque—¡Agh!

— ¡No, espera! No te muevas más.

Se tocó las vendas en sus costillas, recostándose en el respaldo de aquel sofá. Ella le tomó las manos y se las bajó suavemente, tomándolas con las suyas, con cierta preocupación. Seok-hoon dijo entonces:

— No te preocupes por mí. Voy a estar bien.

Fue cuando notó el exoesqueleto ortopédico en uno de los brazos y la espalda media de Ro-na. Se sintió inútil, y apartó la vista:

— Perdónenme, fui un tonto. Debi haber ido yo sólo, las puse en peligro—yo—

— Oye.

Ella tomó su rostro con insistencia ligera:

— Oye, escúchame. Estaremos bien, yo y las chicas estamos a salvo ahora.

Él mismo, al agachar la vista, se vio enyesado de una pierna, y recién ahora notó la molestia que el ortopédico aminoraba.

Detrás de ello, una puerta se abrió. Seok-hoon se paró como un resorte, y adelantándose a su novia, tomó un palo de golf, sacándolo de la bolsa posada al lado de un escritorio. Ro-na se apoyó de junto a él para que no cometiera ningún acto apresurado, cuando la persona que entró se quedó quieta. El chico pudo ver de frente a frente sus ojos verdes, con aquella iridiscencia malsana.

— Joo Seok-hoon, espera— dijo la desconocida.

Pero en ese momento, otro par de ojos se posaron en él, apareciendo detrás del primero, cosa que llamó su atención. Al verla, con la cabeza vendada y el ortopédico en la cadera, este sonrió sobrecogido, pero sin soltar el palo, al decir aquella, ansiosa:

— Seok-hoon.

Corrió a ella, y la mujer ojiverde se hizo a un lado:

— Seok-kyung—

Justo cuando los hermanos se abrazaron, felizmente preocupados uno del otro, una chica llegó, con un yeso en el brazo y ortopédico en la cintura escapular:

— Ah, Seok-hoon —sonrió— Ya despertaste.

Su hermana prontamente puso mala cara y le dio un golpe en el hombro, reclamándole:

— ¡De dónde sacaste una pistola!¡Eres un tonto!

— ¡Ah!

— ¡No vuelvas a hacer esa clase de estupideces, ¿me oíste?!

— ¡Ay, ¿por qué?!

— Porque llevar armas ocultas es un crimen en este país. Pero eso ya lo sabías, ¿verdad, chico?

Esa respuesta provino de la mujer, y el chico puso a las chicas tras él. La voz bajo aquellos cristales esmeralda ahora apoyaba la mano en el escritorio, vestida en chaleco antibalas y pantalones de policía. Tenía el cabello corto, su piel era casi traslúcida de lo pálida y grisácea que se veía. Seok-hoon preguntó, apuntándole inmediatamente el palo al rostro:

— ¿Qué quieres de nosotros? No te atrevas a mentirme.

— Mi nombre es Kang Kwon-joo, estoy a cargo del equipo de respuesta rápida Golden Time, de la policía en Seúl. —esta miró a la ventana tapada por persianas— O más bien, lo estaba.

— ¿Kang Kwon-joo? Con razón se me hacía conocida tu cara cuando desperté.

Esas palabras vinieron de Je-ni, quien sostenía el palo de golf de un lado para evitar que el chico lo utilizase.

— En verdad, yo me acuerdo de ti, vi tu foto en el noticiero una mañana antes de ir a la escuela. Pero dijeron que moriste, persiguiendo a un doctor asesino, o algo así.

— Eso es cierto.

— Fuiste la que atrapó al asesino serial Mo Tae-gu, ¿o no?

— Ah, pero tú si sabes mucho de mí; y es cierto, atrapé a ese tipo, pero no lo hice yo sola. Cuando morí, lo hice junto al detective Moo Jin-hyuk. —y concluyó en tono resignado— Él era mi amigo. Fueron esos malditos, ellos lo asesinaron.

Su mirada se ensombreció, y sus manos apretaron los filos del escritorio, haciendo fracturas.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó el chico, bajando el palo de a poco— Será mejor que nos expliques todo, o no respondo.

La policía lo vio, sonriendo con lástima:

— Ay, pero qué tierno. — le replicó, y comenzó a decir— Es una larga historia, y será importante que la conozcan si quieren sobrevivir a lo que viene.

Ro-na dijo entonces a su novio:

— Es lo que quería decirte, Seok-hoon. Ella nos salvó la vida, junto a uno de los suyos. Fue quien nos rescató.

— Y pagaron nuestros gastos médicos. —dijo Seok-kyung— Si no, estarías muerto.

Kwon-joo reclamó:

— ¿Creíste que tenías el yeso por arte de magia? No tienes idea de lo difícil que es conseguir un matasanos discreto. U órtesis piratas—que sirvan.

El chico respondió, bajando el palo, pero todavía tenso, alerta:

— Me es difícil creerte. Tú tienes esos ojos, los de esas cosas. Si no eres una de ellos, ¿quiénes eran los otros?¿Por qué nos atacaron?

— El demente que los creó los llama Cazadores, son cadáveres reanimados mediante un compuesto verde, de ahí el color. Diez de ellos eran básicamente zombis glorificados, Cazadores Tipo I. Cuatro, uno para cada uno de ustedes, eran Cazadores Tipo II. Y los atacaron porque querían llevarlos con uno de sus líderes.

— ¿Por qué—con su—líder? No tiene sentido. Y—entonces, pero si no eres de esos, por qué tú—

— Cada tipo de Cazador tiene una versión distinta de—esto en mis venas, en resumen.

Cortando un poco con una hoja de afeitar en su bolsillo, extendió el brazo, y con un corte, le mostró el fluido verde en que su sangre se había transformado. Las chicas fueron a sentarse al sofá de la impresión, y a Seok-hoon le quedó sólo el reposabrazos para posarse, mientras ella se limpiaba con un paño húmedo:

— Aunque—mi versión del suero es única, fue—una especie de mutación inesperada. Terminé—como uno de sus prototipos.

Se apoyó de manos, y se sentó sobre el escritorio. Seok-hoon preguntó:

— ¿Y tú también tienes—esa cosa negra, en tu interior? —recordó y sudó frío— Como el que me atrapó a mí.

— No, no llegué hasta esa parte, eso fue para los Tipo II. Se regeneran, no sienten, y pueden atacar incluso si los cortas en partes. La sustancia que dices la pusieron en pocos, así que podemos considerarnos afortunados. Imaginar un ejército de esas cosas—no está en mi lista.

— Pero nosotros—no tenemos nada que ver—con experimentos, o con asesinatos a policías. Las chicas debieron decirle, sólo fuimos a—

— Detener la subasta de Cheong-ah, ya sabemos. Lamento informarte, pero eso ya ocurrió, y Lee Kyu-jin ahora tiene los activos en sus manos. Nadie superó sus pujas.

— ¿Lo ve? Se lo dije, no tiene que ver. Si trataron de secuestrarnos—es porque—de seguro nos confundieron con alguien más.

— Y es en eso que se equivoca, joven Joo. No los confundieron. Por cierto, bienvenido de vuelta con los vivos.

Aquel era un hombre de chamarra vieja, tan percudida por el tiempo que su color original era difícil de adivinar. Iba con el rostro oscurecido por una gorra, y también gafas con una mascarilla negra angular, de apariencia tiesa.

— El dron los identificó, y ellos huelen el aroma exacto de sus presas. La que tenía la correa los conoce muy bien.

Cerró detrás de sí, y dejó la gorra en el perchero, lo que reveló su cabello corto liso, negro como ala de cuervo. La mujer lo miró u dijo:

— Llegaste antes —dijo Kwon-joo— Justamente les estaba hablando del peculiar incidente que les acaba de cambiar la vida. —y fue a sentarse en un sillón polvoriento, en una esquina.

El hombre se quitó la mascarilla, sus guantes de cuero, y los dejó sobre el escritorio. Se sentó y descansó una pierna sobre la otra, cruzando los dedos frente a sí, su rostro triangular sin mostrar emoción. Ladeó ligeramente la cabeza, obervándolos con detenimiento:

— Es una lástima, su caso. Cuatro chicos con pasado problemático, dos de ellos con papis ricos muertos, dos de ellas—con mami muerta pobre, y la otra con mami rica sola. Todos—en la flor de la juventud.

— No hable tan ligeramente de mi madre o la de—ella. —dijo Seok-kyung— Sino, con gusto empezaré a darle cumplidos a la suya.

— Está bien, dejemos eso de lado, empecemos otra vez —bajó los pies y ahora puso los codos— Bueno, pregúntenme, adelante. Y tú, el del palo, déjalo en su bolsa.

Su tono de voz era apagado, pero tan lleno de una carga que no entendieron del todo. El chico no tardó en obedecer, y lo dejó donde estaba. Esta vez fue Ro-na la que quiso seguir con sus preguntas:

— La oficial Kang nos mencionó a esos— Cazadores, y a alguien que los creó. ¿De quién se trata?¿Por qué fuimos su blanco?

— Su nombre era Kim Do-yun, hijo del dueño de un manicomio aquí en Seúl. El loquero asesino, habrán oído de él, y—no, ustedes no le interesan. Es alguien revivido por su fórmula—a quien sí le interesan, sobre todo usted, señorita Bae.

— O eso creemos. —acotó Kwon-joo— La memoria del dron tenía tu cara primero en su lista de perfiles.

Je-ni asintió, como si le viniese algo a la memoria, pero los otros la miraron, y esta se quedó encogida de hombros un instante antes de interrumpir, levantando la mano:

— Uh, yo, yo me acuerdo del tipo ese.

— Aish, ¿Por qué interrumpes, cabeza hueca? —reclamó Seok-kyung— ¿Cómo que te acuerdas de un asesino en serie, acaso eran novios o qué?

— No, no, es verdad; en el canal sobre crímenes hablaron de él. Dijeron que usaba a sus pacientes para experimentos médicos, y a su padre ausente no le importaba. Eso hasta que Golden Time se involucró en el caso.

Señaló a Kwon-joo:

— Usted también sabe, ¿o no? Él fue quien mató a Mo Tae-gu en realidad, era el autor intelectual. Usó a sus pacientes para perpetrar el crimen y cubrir sus huellas.

— Pero hay algo que no entiendo, espera —interrumpió Seok-kyung— El tipo era un psicópata, claro, ¿y de dónde se sacó una fórmula para revivir gente? Todo esto es absurdo —risoteó— ¿Y por qué alguien que la usó persigue a Ro-na para matarla?

— Porque había un nivel de cosas más arriba, trabajando para encubrir el caso entero. —replicó Kwon-joo— Kim Do-yun jamás trabajó solo, tenía mecenas, superiores que le suministraban el material. Quien revivió a su perseguidora debe tener relación con la misma clase de gente.

— Esa gente que era la verdadera razón por la cual su padre ignoraba sus actos. —dijo el hombre— Los experimentos los hizo bajo el auspicio de ese actor externo, y al buen director le pagaban para ver a otro lado. Ahora que están muertos, el que le hizo—esto—a mi socia Kwon-joo—tiene una nueva asociada que los quiere sacar del camino.

— Es por eso que en verdad lo eliminó su hijo. Él aseguraba que recibía órdenes cuando lo encontré, y luego comprobé que era cierto —secundó Kwon-joo— Quien sea que continuó su trabajo sólo puede tener interés en alguien que los quiere matar, porque iban a recuperar esos activos.

— Activos que seguro también quiere —dijo el hombre— hacer un compuesto así, o un ejército de revividos, debe ser costoso.

Eso puso a los chicos a pensar en dos posibilidades, una de ellas tanto o más funesta que la otra, y esperaban que ninguna fuera cierta. Si había un suero que resucitaba gente, sabían que podía tratarse de cualquiera de los que murió luchando por ese dinero en el pasado; no querían volver a esa guerra ajena. Incluso ahora, aquel oro regresaba de los infiernos para maldecirlos.

— Después de todo, señorita Bae, señorita Joo, parece que es su destino resolver esto. Sin importar cuánto lo nieguen, siguen siendo las más legítimas herederas de esa fortuna, o al menos una parte de ella. El problema es que, como habrán comenzado a deducir, hay alguien más legítimo, pero antes—

Sacó del cajón un folio de documentos clasificados y los extendió sobre el escritorio. Papeles con líneas censuradas, fotografías de cadáveres abiertos, fórmulas químicas, muestras. Y por último, un símbolo de dragón oriental dorado siendo mordido por dientes blancos alrededor.

— Debo hablarles de la organización enemiga. Básicamente esto que ven es lo que la oficial Kang me informó cuando la encontré, hace cerca de unos tres años. Se hacen llamar los Redimidos en la Carne, y la inmensa mayoría de los miembros que hallamos—

— Son muertos vivos; como dije antes, yo no fui el único prototipo, había muchos más. Aquel que continuó con el trabajo de Kim Do-yun tras matarlo, o eso asumo, tenía planes ambiciosos, comenzaba a modificar. Nunca vi su cara, portaba máscara, pero había un nombre por el que se hacía llamar.

— El Señor—de la Carne —leyó Je-ni— Qué nombre tan asqueroso. Debe estar del todo orate, este sujeto. Esa foto da cringe.

— Fue peor, yo que estuve allí lo sé. Al verme creyó que era otra zombi igual a los monstruos que creó, pero algo debió fallarle, porque mantuve mi consciencia. Me oculté, mantuve mi cabeza baja para robarle datos antes de escaparme, y tener que ocultarme.

— Luego me encontraste. Y gracias a esos documentos y las fotografías muy buenas que mi oficial tomó —la halagó el hombre— pudimos saber que quien fuera esta persona, también había estado planeando un esquema de jerarquías para su organización.

— Es decir —dijo Ro-na— Que lo del ejército—

— No es una broma —replicó Kwon-joo— Pero si se prepara algo así de grande, el que está detrás no busca visibilidad por ahora. Es en realidad este sujeto quien busca los activos para financiarlo, es lógico que no se haya dado a conocer; todavía no está listo. Y en vez de actuar solo, usa dos niveles de cobertura para acceder a la subasta de hace tres días.

Seok-hoon se quedó frío al saber aquello, que había estado ese tiempo inconsciente, y fue cuando Ro-na lo envolvió entre brazos, para mantenerlo en calma, y este fue obsecuente a ello, porque quería saber.

— Quiero que lo diga de una vez —exigió él, casi sin aliento— Las personas qué trabajan para ese sujeto y quieren matarnos, ¿quiénes son ellos? Hable.

Llegaría al fondo de tanta información que aquellos dos desconocidos le compartían, y cuyas respuestas más trágicas ya estaban esperando.

— El primer nivel es el hombre al que ya conocen.

Les mostró la imagen de Lee Kyu-jin en el computador, bajándose de una limusina.

— Es Lee Kyu-jin, ¿o no? —señaló Je-ni.

— ¿Trabaja para este—loco que usa zombis con baba alienígena? —dijo Seok-kyung, incrédula— ¿Eso es lo que me están diciendo? ¡Por favor!, el tipo es un cobarde, no podría estar metido en una—loca conspiración tan rebuscada.

Seok-hoon cerró los puños, y negó frustrado:

— Mi hermana tiene razón. Ese sujeto no pudo ordenar que nos maten. No tiene agallas para eso, no sin—

Kwon-joo les respondió:

— No sin correa para llevarlo, correcto. Tienen razón de creer que no trabajaría para alguien así. Es ahí que entra el segundo nivel, y quien sí obedece al maldito de la máscara.

— ¿Y quién es la que usa al abogado Lee? —cuestionó Seok-hoon.— Entendí por cómo lo dijo que es una mujer. Dígame.

El hombre sacó unas fotografías , y cuando a su vez Kang se las pasó, ninguno de ellos dio crédito a lo que veían sus ojos sobre aquel celuloide entre sus manos.

— Digamos que no tenía planeado revivirme como lo hizo. Pero como vi su computadora mientras no estaba, bueno—. Esta persona estaba en la lista de deseos—junto con otras más.

— De verdad lamento su situación. No tuvieron suerte en la vida, ustedes cuatro.

Veían cada uno una imagen, desde un ángulo distinto, desde una cámara distinta, pero una misma mujer. Belleza florecida, elegancia sin parangón, y una regia vestimenta color azul eléctrico, cubierta de sombrero, su rostro velado. Pero tanto Seok-kyung, como especialmente Ro-na, se estremecieron al reconocer su figura:

— No es real—¡esta basura son mentiras!

Seok-kyung, con la vista desencajada, y las manos temblorosas, fue quien tomó las imágenes y las rompió, tirándoselas al hombre, que en ese punto estaba con los zapatos sobre la mesa, reposado en su silla:

— Si ya terminaste, escúchame bien—

— ¡No, ya basta!¡Seguro nos estás manipulando!¡Quieres el dinero para ti!

Je-ni la tomó del brazo:

— Seok-kyung, tranquilizate—

— Si quisiera lo que dices, habría dejado que Cheon Seo-jin se los lleve.

— Todo es verdad. Ella fue devuelta a la vida —afirmó Kwon-joo— Igual que yo.

Seok-hoon seguía confundido por una sola cosa, todavía perturbado, pero que Ro-na entonces preguntó:

— Pero ella—ella se rindió en el juicio hace tres años, ¿por qué actuó hasta ahora?¿Que la—hizo cambiar de parecer?

— No estamos seguros, aunque—investigamos un poco de su familia con su primer esposo. Hallamos esto.

Se ladeó para usar el teclado y el mouse, hasta que la imagen cambió a una filmación de video de una jo en caminando en la noche, y metiéndose a su departamento:

— Pero ella. Esa cara, esa es— balbuceó Je-ni.

— Nuestra—excompañera de la escuela, Ha Eun-byeol. —mencionó Seok-kyung, bajando la vista— La hija de Seo-jin. No entiendo—qué quieres que veam—

— Esta parte.

Vieron otro clip del video, y a ella siendo arrastrada fuera por un grupo de misteriosos individuos en ropajes negros, como los que los habían atacado. El fuego consumía el edificio, cuando aquella pobre mujer reducida a nada rezaba con su crucifijo, y una mujer de abrigo negro le daba el tiro de gracia.

No supieron qué decir, pero sí aquel hombre:

— Son las grabaciones que recuperó la Gombumun tras el ataque a unos departamentos, el pasado septiembre. Y por lo que veo en esas caras, ustedes ni enterados.

Ro-na tenía la mano en la boca, y los ojos aguados.

— Ella—ella era mi media hermana—qué horrible.

Je-ni se mordía un dedo, y Seok-kyung se pasó la mano por el cabello. Seok-hoon buscó la respuesta de quien la tenía.

— Fue un montaje, por así decirlo. Lo hicieron frente a la cámara de vigilancia por algún motivo. Pero la pregunta queda, ¿sabe Cheon Seo-jin que su hija murió ejecutada?

— Si lo sabe, seguro culpará a la que se ve en ese video. Y para nuestra desgracia, no es una figura tan desconocida como nos gustaría. Muéstrales.

— Miren muy bien la imágen más de cerca, cada rasgo—

Los cuatro distinguieron su forma redonda, los ojos de infernal vivacidad, las mejillas rozagantes.

— Ahora, quiero que miren esto.

Y puso otro video, de YouTube, de una niña cantando, y luego realizando un truco metahumano. La identidad común de la chica en ambos metrajes quedó muy clara para el grupo, sobre todo para Je-ni.

Esta fue a quien se le salió un chillido ahogado, tapándose la boca con una mano:

— ¿Qué—qué sucede contigo ahora? —preguntó Seok-kyung.

— ¡Ni puedo creérmelo, no puede ser!

— Ya dinos.

— ¡Es la Musa del Campo, la concursante Koo Ja-yoon del concurso El Nacimiento de una Estrella!

— Sí, en efecto —interrumpió el hombre— Participó de un concurso y de repente, poco después desapareció. La grabación la tumbaron del sitio, pero guardamos la copia.

— ¿Qué es lo quieren de nosotros, a fin de cuentas? —preguntó Ro-na.

— Serán aquellos que prueben al fin cuál es el vínculo entre Koo Ja-yoon, Cheon Seo-jin, y el creador de monstruos. Sólo así reuniremos pruebas suficiented de sus intenciones ultimas, y evitaremos una tragedia a gran escala. Ya vieron de lo que son capaces, así que no los subestimen.

Seok-hoon se puso de pie, con un hormigueo en la pierna. Su hermana lo ayudó a pararse, antes de que él dijera:

— Bien, acepto ayudar. De una u otra forma, si pueden traer a esa gente ante la justicia, pienso contribuir.

— Y que los activos de Cheong-ah no sean malutilizados nunca más. Se lo debemos a mamá —miró a Seok-kyung— y a Su-ryeon.

— Algo más. —dijo Seok-kyung— Usted no nos ha dicho quién es. Y por qué le interesa esto. Sé que no nos ayudó gratis. Nadie lo hace.

El hombre se levantó de su asiento y la saludó con ambas manos estrechando la suya. Fue tan repentino que nadie pudo evitarlo, pero este fue sobradamente amable y gentil mientras decía:

— Ha sido un gusto charlar con ustedes. Me llamo Seo Jung-hoo, y soy periodista de investigación independiente. Hago esto por un viejo amigo. Él fue asesinado.

Kwon-joo lo miró con cierta pena, claramente ya sabía.

— Si resolvemos este caso, también podremos saber qué sucedió de verdad en ese maldito hospital—

— La noche que Kim Do-yun lo asesinó. El por qué, y quiénes dieron las órdenes.

Je-ni enarcó una ceja, y recordó dónde había oído:

— Ah, claro —chasqueó los dedos— Eres Healer, el que destapó el escándalo de Omega Holdings, y resolvió la muerte de sus padres por difundir opiniones pro-democracia en los 80. Dijeron que habías muerto.

Seok-kyung le dio una mirada enrarecida de reojo.

— ¿Qué? Veía la tele durante cada comida. Aún lo hago.

Healer risoteó por lo bajo, sobándose la nuca:

— Vaya que sabes demasiado, lo dedujiste rápido. Te iría bien estudiando esta carrera, deberías pensártelo. No te prometo que sea bonito.

— Ah, sí. Gracias.

— Sólo no presumas el alias afuera, ¿está bien?

Je-ni asintió, sonriente.

— Entonces díganos señor Seo —intervino Seok-hoon— ¿Qué necesita que hagamos primero?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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