The Witch 4: Insurrection - Capítulo 9
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Capítulo 9: Péndulo afilado
(17 de junio de 2021, Jeju)
De vuelta en el Cuartel General, Ark-1 fue quien guió a Mi-ri entre los corredores de las áreas burocráticas, el infame subsuelo 1. La hacker miró de un lado a otro, con un portafolio abrazado estrechamente a su pecho, en tanto era vista por los trabajadores que la desconocían. Y con encogimiento, siguió a la muchacha dentro de una zona con divisiones de vidrio, hasta alcanzar la sala más grande.
Vio estampada en las puertas opacas el emblema del dragón dorado, en mucho mejor detalle que en las escarapela de los empleados o los parches de los guardias.
— Nuestra última conversación—no fue muy bien —mencionó la hacker.
— Descuida, si intenta algo, sabes que la enfrentaré. Entra tranquila, esperaré aquí por si me necesitas.
Ark-1 le puso la mano en el hombro a Mi-ri, y esta, como por mero instinto y reciprocidad, lentamente puso su propia mano encima, aunque todavía con preocupación:
— ¿Estás segura?
La muchacha pálida asintió. La hacker espiró por la nariz, resignada, y se comenzó a adelantar.
Al abrirse esta, la esperaban dentro dos hombres, uno trajeado que chasqueaba sordamente sus dedos y otro en bata de ingeniería, todavía con sus guantes puestos. Presidiendo se encontraba la propia Ja-yoon, vestida en una camiseta de estampa borrosa y calentador blanqueado del uso; esto alertó a Mi-ri, que entendió el mensaje.
— Seo Mi-ri.
La joven le hizo una seña con el brazo extendido, tocando el asiento con tres dedos. Su rostro parecía iluminado y sonriente, pero sus ojos estaban helados como siempre.
— Ven, siéntate. Debemos hablar.
La hacker no perdió tiempo para sentarse, su sien vibrando con un recuerdo somático que le hizo sentir la inflamación bajo su venda.
— Seguro que tienes mucho qué contarnos sobre este pequeño “detalle” tuyo.
Mi-ri se aclaró la garganta, antes de responder con poco entusiasmo:
— No puedo mentirle. Es verdad; este era mi respaldo desde antes—de conocer a asu hermana.
— Adelante. Explícanos a todos, ¿de qué es respaldo esto? Claramente tu retiro dorado, de momento, huh, no es una opción.
Ja-yoon mostró entre sus dedos el disco externo que Ark-1 y Bae-rin habían recuperado.
— Sí, por supuesto. Esa memoria sólida contiene paquetes de información altamente sensible. En los círculos donde yo me movía, lo conocíamos como el Archivo Guillotina.
El hombre trajeado enarcó la ceja, interrumpiendo:
— ¿Archivo Guillotina dices? Mira, te he estudiado ya un rato desde que viniste aquí, conozco el caso Babel a la perfección para este punto. Tenía entendido que ni existían copias, y que solo una persona poseía esa información.
— Pero usted y yo sabemos que eso no es cierto, ¿o sí? —replicó Mi-ri— Vamos, no creerá que sería así de tonta. Darle el archivo a un solo individuo, y olvidarme del asunto como si nada, es una estupidez.
— Sí, eso es obvio.
— Hasta ahora, sólo había observado su fotografía colgada en el mando del área de seguridad. Usted es el supervisor Kim, ¿o me equivoco?
— Sí, así es. Pero usted no está para hacerme las preguntas a mí.
— Además —intervino el de bata— Gracias al análisis de lo que tenemos, hemos podido rastrear varias copias más alojadas en servidores profundos.
— Ah, usted sí que es un amante de la informática. Pero si ya tienen lo que necesitan, ¿por qué hablar conmigo, por qué sigo viva?
Ja-yoon respondió a ello:
— La misma razón por la que el creador de zombis mandaría a alguien para acceder a los datos, como el tipo al que imitó Bae-rin. O en este caso también, los agentes del NIS que tenían el disco, y que claramente saquearon Geumga Plaza tras el incidente. Sabes que tu misión es decodificarlo; sólo así podrás garantizar tu supervivencia ante esta Mesa Directiva.
— No pueden matarme si no les digo nada. Sobreviví a dos intentos anteriores, ¿qué les hace pensar que les permitiré ver los trapos sucios?¿Por qué los ayudaría, más allá de para mantenerme con vida?
— La misma razón por la que tienes una herida grave en la cabeza, y la misma por la que decidiste no llevarte el secreto de este Archivo a la tumba y decirle a mi hermana. Sé que no estás dispuesta a morir, ni siquiera por quienes llamas amigos, sin hacer lo que te parece lo moralmente correcto.
La joven se acercó a ella, y al ponerse tras su asiento, masajeó sus hombros brevemente. Mi-ri se notó incapaz de moverse, y comenzó a sudar frío:
— Quiero que trabajes con el jefe Hae, aquí presente —hizo la mano hacia el de bata— Quiero saber todo lo que el Archivo realmente contiene, hasta el último bit. Si hizo caer a corporaciones enteras con un poco de su contenido, me interesa saberlo todo.
— ¿Otra más que juega por obtener poder? Había alguien como tú, era una arrogante, una asesina diabólica dispuesta a todo, y acabó mal por ello.
Ja-yoon fue volviendo a su asiento:
— La cosa, Seo Mi-ri, es que nosotros no trabajamos para nadie más. No queremos trepar dentro del sistema que otros amañaron. —cruzó piernas— Pero tampoco me importa dar el jaque mate, no mientras todo fluya como debe. Primero quiero saber qué piezas debo mover, usando un juego que nadie más tenga.
— Yongsadan. No sé aún de dónde salieron, desde cuándo están, o sus verdaderas intenciones. Pero por todo lo que me ha contado, y por las cosas que ya descubrí, señorita Koo, no debe ser bueno para nadie.
— Sabes que puedo borrar tu pasado. Sabes que podemos reubicarte a ti, financiarte como maestra de música, montarte una escuela—y si nos ayudas, incluso puedo prometerte algo más.
— No, gracias. Aprendí a rechazar esa clase de acuerdos hace tiempo.
— Incluso cuando sabes que no tienes opción, sigues tan terca. Si te prometiera darte de vuelta a la gente que murió en Geumga Plaza esa noche—
— No, haz silencio. No quiero escuchar más.
— Tengo la manera, más de donde vino—esto —sacó un vial celeste de su bolsillo— Si colaboras sin hacer más escándalos por una moral de la que careces, todos pueden volver. Parecerían un poco—esos zombis a los que imitabas por una limosna, al inicio; todos regresarían, como algo más que simples humanos—
Mi-ri sintió el pesar retorcerle el corazón, y con su visión remota, Ark-1, allí afuera, reconoció aquel engaño, y se sintió indignada de ver a su hermana reutilizarlo. Tomó su comunicador, mientras que la mujer se crispaba, con la voz quebradiza:
— Puedo ver lo que quieres. Jamás colaboraría con quienes sólo intentan chantajear un país entero por impunidad. Las consecuencias—¡serían catastróficas, ¿no lo entiendes, maldita?!
Se puso de pie y retrocedió, mientras que Ja-yoon bajaba lentamente la mano a una pistola con silenciador, oculta en el cinturón bajo su floja camiseta.
— Me niego a ser parte de ello. —reafirmó la hacker— No lo haré.
Varios guardias entraron de imprevisto, y a la mitad de todos ellos, Ark-1 exclamó:
— Ya no sigas con eso Ja-yoon.
Esta evitó la mirada de su melliza, incómoda, pero aún así dijo:
— ¿Qué es lo quieres, hermana? ¿Seguirás protegiéndola? Si no nos sirve de nada, juro que—
— Ella debe saberlo, dile la verdad, sólo así podrá ver por qué debe abrir ese disco.
Los otros dos se miraron de reojo, mientras Ja-yoon replicaba:
— Sabe lo suficiente. Demasiado, diría yo. No le tengas lástima, ella no es inocente.
Ark-1 se dirigió entonces a Mi-ri.
— Nosotras no queremos usar esos datos para destruir, sino para traer estabilidad, orden. No nos interesa que este país se desintegre, a pesar de que fuimos víctimas de su corrupción. Queremos evitar que los errores del pasado se repitan, y ese archivo tuyo nos ayudará a cambiar las cosas. Horang, Gombumun, NIS—debemos saber más sobre la corrupción en ellas, si queremos consolidar a Yongsadan. No como una prisión, sino como algo que realmente de seguridad a las personas. Y mi hermana, ella—también tiene algo qué proteger, al igual que tú.
— ¿De qué hablas?
— Cierra la boca hermana.
— No puedo decirlo aquí. Pero puedo decir que es tan importante como los amigos que tenías en ese edificio.
— Pero, Ark-1, no puedo dejar que usen esto como arma arrojadiza.
— Mi-ri, lo que dijo Ja-yoon no es del todo verdad. Varios de ellos viven, y han estado recuperándose en hospitales de Seúl. Yo misma me he estado encargando de su seguridad.
— No, no puede ser, ¿lo dices en verdad?
Mi-ri, quien todavía tenía sus dudas antes, ahora tenía lo que creía que perdería; esperanza. Se llevó las manos a la boca, y se puso de rodillas, llorando de la alegría, con Ark-1 mostrándole las fotos en el pad.
— Si nos ayudas, podrás volver como te prometí, y también a tus amigos. Me aseguraré de que vuelvan a salvo, cuando se recuperen, cuenta con ello.
— Oh, santo cielo. Gracias, muchas gracias.
Se apresuró a abrazarla, y Ark-1, sin importarle la opinión de sus superiores, acarició su espalda para calmarla. La ayudó a levantarse, y esta les dio la espalda a todos para pensárselo nuevamente, pues al fin tenía una oportunidad de salir.
Ja-yoon, en cambio, exhaló con frustración diciendo:
— Aigo, no pienso esperarte. Llévenla de vuelta. Jefe Hae —dijo al de bata— Que permanezca en el laboratorio hasta que haya desencriptado el Archivo. No comerá, no dormirá, ni se levantará de esa silla hasta que lo haya hecho.
Mi-ri se estrechó en Ark-1, ansiosa:
— ¡Hermana—!
— No podemos esperar a que esa serpiente haga otro movimiento. Debemos darnos prisa.
Ark-1 cerró levemente los puños, antes de mirar el semblante angustiado de Mi-ri.
— Eso lo entiendo. Pero no dejaré que vuelvas a excederte, ni sobreexigirle, o no podrá curarse. Te sirve más viva, así que yo la llevaré, y seguirá la indicación médica; cuatro horas máximo al día. Si la obligas a más, te las verás conmigo.
Ja-yoon comenzó a sentir la sangre hervirle, pero miró de reojo a los otros dos, y decidió responder con un:
— Adelante, ya pueden irse. Y si dicen algo más, o de lo que acaban de ver, considérense despedidos. Para siempre.
Kim y el ingeniero se miraron, antes de que el supervisor de seguridad agregase:
— Señorita—señorita Koo, si no tiene nada más que decirnos, será mejor que me retire.
— Antes de eso —dijo ella, levantando la mano— Necesito que tu gente en Chuncheon encuentre de una vez los rastros que la—señorita Seo halló. Si hay otra facción de Yongsadan en Gangwon, sería bueno saber lo que han estado haciendo bajo las narices de los que conocemos. Sólo con esa data podremos poner a estos últimos a nuestro favor, y nos deberán.
— Se está haciendo ya, jefa Koo, ordenaré que tripliquen su esfuerzo de búsqueda. Le informaré de lo que encontremos tan pronto como tengamos evidencia concluyente.
— Quiero que lo hagas a primera hora, mañana. Han pasado semanas y seguimos en lo mismo.
Ese tono de voz en sus últimas palabras no fue algo menos que aterrador, a pesar de la negativa de su cuerpo fibroso, curtido por décadas de presión y experiencia, de admitirlo. Por otra parte, el de la bata se comenzó a despedir:
— Usted lo dijo, señorita Koo. Tenemos que apresurarnos, así que le daremos noticias para esta misma noche. Con su permiso.
Mi-ri, ya saliendo más allá de la puerta con Ark-1, se sorprendió en silencio por aquella declaración, y se volteó brevemente, cuando el de bata reclamó:
— ¡¿Qué cosa, esta noche?!¡¿De qué está hablando ese tonto?!¡Es muy poco tiempo, mis equipos no podrán hallar nada en pocas horas!
El supervisor le sonrió a su “colega” de reojo con mirada maliciosa, antes de que los guardias lo acompañasen a la salida. El cabello de Mi-ri se agitó a su paso, antes de mirar con desconcierto a Hae, por cómo había pasado a la histeria absoluta:
— ¿Acaso Kim tiene idea de cómo se hacen estas cosas?¿Cuánto tiempo he estado sentado frente a esa pantalla como para que no lo sepas ya? Sus espías no hallarán nada sin apoyo, es absurdo.
Ark-1 y Mi-ri se alejaron hasta doblar una esquina a la salida de las salas, perdiéndose las quejas masculladas en los ecos de los pasillos. Ja-yoon le hizo un ademán al tipo de la bata con la cabeza, tras haberle oído en tolerante silencio:
— Sal de aquí, y mejor será que encuentres información útil en ese disco, o ya sabes quién va a reemplazarte.
Este tragó saliva y se puso de pie, inclinándose en despedida:
— Lo entiendo. Por favor discúlpeme por—haber sido poco riguroso con mi comentario.
— Si, ya lárgate.
Este se alejó, haciendo una leve mueca de disgusto, y una ceja temblándole por la preocupación. Cuando se quedó allí sola, encendió una semiesfera en medio de la mesa, observando videofeeds varios. Uno de estos trataba del rescate de Mi-ri, la llegada del NIS horas más tarde, y otro de un interrogatorio a uno de los desertores que habían hallado en el sitio oculto. Habló al aire:
— Sigues burlándote de mí, y crees que no pasará nada si lo haces, Director Cho. Veamos cómo les va a tus jefes cuando les mostremos el Archivo; mejor será que Seúl no intenten nada estúpido. Seguro vendrás a negociar, o a robármelo, la pregunta es, ¿cuánto tardarás?
Fue cuando recibió una llamada, y ella tomó su comunicador:
— Señorita Koo…
No reconoció la voz:
— Más te vale que no estés usando un canal privado sin autorización superior. Identifícate.
— Soy el nuevo especialista en análisis de vigilancia que reclutó. Le envío mi CV a DM interno por si no lo recuerda. Sé que usted es alguien ocupada, no querría molestarla.
— Ve al grano.
— Detectamos múltiples señales de LIDAR acercándose a nuestro perímetro. Son de Yongsadan; los escáneres faciales los identificaron, vienen de Seúl.
— ¿Por qué no me sorprende? Parece que todavía no lo entienden.
— ¿Cuáles son sus órdenes? Si vienen por los activos que trajo—
Ja-yoon sonrió en acuerdo, con gracia por oírle mencionar algo así de relevante:
— Exactamente por eso vienen. —y ordenó— Que el personal de la cerca esté listo. Y avísale que ya es hora.
— Entendido.
Mientras, afuera del perímetro, un convoy grande de camiones, tanquetas y cañoneras rodeó la base en tres de cuatro flancos. Por el camino frontal, cuatro vehículos oficiales se detuvieron, y de ellos descendieron un grupo de funcionarios con escoltas armados. Uno de ellos llevaba chaqueta negra, y una escarapela de dragón; fue este quien exclamó:
— ¡Queremos hablar con Jung Wang-pil!¡Su silencio ha sido tomado como un acto de alta traición!¡Que salga ya, o abriremos fuego!
Los micrófonos de lejanía claramente escucharon el mensaje, y de ese modo, una voz masculina le respondió:
“Vaya, inspector Han. Es una sorpresa verlo hasta acá” —y bromeó— “creo que no medí el tiempo aquí dentro.”
El de afuera, con la expresión despectiva, ojos predatorios y faz imperturbable, respondió con un dejo de fastidio:
— Déjese de juegos, Jung. Seúl fue claro con mis órdenes; o sale en un minuto o reduzco este sitio a escombros.
En las tanquetas había antenas con proyecciones oblongas. Estas se posicionaron, y comenzaron a emitir ondas durante varios segundos, antes de que la barrera se apagase. La instalación quedó visible, y las cañoneras activaron sus baterías, sólo esperando la orden de derribarlo todo. Las tropas se desplegaron, mientras que por debajo del foso, sombras oscuras comenzaron a moverse.
Y pronto, por las puertas apareció aquel a quien esperaban, levantando las manos con su semblante carente de sorpresa:
— ¡Alto!
El de fuera entrecerró los ojos antes de responderle, y caminar hacia él:
— Administrador Jung —masculló— Hasta que por fin da señales de vida.
El supuesto Jung miró a su alrededor con calma, antes de acercarse a través del puente, que se fue activando mientras respondía:
— ¡¿Qué es lo pasa aquí?! ¡¿Era necesario desperdiciar recursos en esto?!
— Uno nunca puede estar seguro, señor.
Los dos se encontraron cara a cara, y el supuesto Jung suspiró con elegancia silenciosa antes de fruncir los labios, ajustando sus lentes.
— Mira, si no tienes nada más qué decirme, será mejor que vuelva a mis asuntos.
Han lo interpeló, con sospecha:
— ¿Y que—asuntos serían esos?
El supuesto Jung sonrió.
— Se trata de Koo Ja-yoon. La maldita intentó traicionarme, ¿sabes? Hemos estado bastante ocupados estudiando su cerebro. Puedes decirle a la Sede Central y las Oficinas que pronto daremos inicio a algo nuevo.
— Huh, suena ambicioso, administrador. Justo lo que esperaríamos. Aunque es raro, hay algo que no entiendo.
El otro le hizo ademán con la mano para que lo escupiera.
— Adelante. Dígalo, ya lo sé.
Han caminó a un lado, y le puso la mano al hombro, acercándose a su oído:
— El sujeto Ark-1 Datum Point. —y preguntó— ¿Cómo ha logrado contenerlo después de lo que le hizo a su hermana?
Hubo silencio por varios segundos, antes de que que Jung diera una leve risotada, cruzando las manos tras la espalda:
— Eso fue fácil, y es que su muerte no está en mis manos. No directamente.
Han asintió, entendiendo, o creyendo entender, que la había mandado a una misión suicida.
— Supongo que los reportes de inicios de abril eran ciertos, después de todo.
— Pero si quiero mantener la paz, no podré darle más detalles. No aquí.
Retrocedió un par de pasos, y Han quedó algo extrañado. Respondió, más insistente en su línea que nunca:
— Pero, igualmente no. —rezongó— Mejor no rete su suerte, mis superiores no tolerarán más omisiones.
— ¿A qué se refiere?
Desde el comunicador abierto, Ja-yoon escuchaba lo que se decía cuidadosamente, y preguntó al supuesto Jung, con serena inquietud:
“¿De que está hablando?”
— Hnh, no entiendo a qué se refiere, señor Han, sea un poco más claro.
— Como dije, recibimos los reportes a inicios de abril. Y no más que eso; sus informes posteriores no han llegadoxa nosotros.
El supuesto Jung se quedó en silencio.
— Reporte lo que ha estado haciendo, administrador, o puede que el hilo del que pende nuestra alianza se rompa definitivamente.
— Debió existir un malentendido.
— Malentendido o no, no querrá—que la Alianza se entere de sus vínculos con Baek Jeong-na, ¿no es así?
Han le limpió el cuello del traje con una mano a Jung, y tras retroceder, el segundo miró arriba, relamiendo su mejilla por dentro:
— Hah. Tus amenazas son tan vacías, esbirro. Eres muy valiente ahora.
— Tómelo como un consejo amistoso.
El Jung supuesto se acomodó la corbata.
— Claro. De todos modos—
Uno a uno como una cadena de fuego, las tanquetas explotaron, lanzando esquirlas mientras la termita devoraba lo que quedaba de los chasis. El escudo de energía del Cuartel General volvió a activarse, y en el perímetro, en tanto las tropas del cerco volvían en sí, en los aires chocaron unos borrones, saltando los unos hacia los otros. Las baterías en respuesta lanzaron su artillería pesada arriba, girando con relativa lentitud respecto a los Despiertos luchando entre sí. Y mientras los jóvenes de negro se enfrentaban con los agentes más adultos de Seúl, Han salió de su aturdimiento inicial, y al pararse, rápidamente sacó su pistola EM:
— ¡Lo sabía! Te aliaste a esa cosa, ¡traidor!
Unas manos rechonchas lo agarraron por detrás, y aplastaron su cráneo. El tiro salió, pero ya detrás de la barrera, el supuesto Jung sólo vio su choque inofensivo, estremeciéndose con la escena. Frente a este, un joven gordo con una sonrisa repulsiva y granos en la cara levantó ambos pulgares, goteando sangre:
— ¿Qué le pareció, :administrador”? Esa no se la esperaban.
— No dejes que los otros se vayan, Hwang. Captúralos y ve a las celdas. Ja-yoon te estará esperando.
Por un momento, el demoledor pudo ver cómo, al voltear y correr de vuelta al interior del muro con rapidez inusitada, Jung se volvía borroso, mostrando visos de cabello largo y una estatura menor. Este sonrió con sorna:
— ¿Nueva, y te crees la favorita? No has pasado aquí suficiente.
Él se dispuso a buscar con su visión remota, y recorriendo el camino de llegada, se comunicó con otros dos, que acababan de matar a varios agentes más:
— Ustedes, rápido, no dejen que se vayan.
Los autos se estaban alejando rápido, y llegaron al bosque, donde los dos de negro saltaron dando zancadas entre los arboles. Derribaron un par de pinos delante y detrás, lo que trajo la reacción de los uno punto cincos escoltando a los funcionarios. Estos comenzaron disparando con endiablada precisión, logrando que sus enemigos cayeran al fango rodando y sangrando. Poco les tomó pararse, pero sus contrincantes, como seis de ellos, se habían lanzado ya con sus cuchillos para golpear sus cabezas.
El primero recibió varias puñaladas al cuello, hasta que logró romper el brazo del agente con un apretón, pateándolo de lado contra otro. Con lanzagranadas, tres de los agentes interceptaron el salto del otro joven, quien con una pierna colgando, se escudó tras árboles para evitar más impactos. Con esfuerzo y un rictus de dolor, se arrancó el apéndice dañado, ocultándose a rastras tras un montículo de raíces.
Cuando el agente restante estaba guiando a sus VIPs fuera del peligro, el demoledor llegó, lanzando una de las puertas como un disco horizontal, y luego otra verticalmente. La primera fue apartada de un manotazo, haciendo que la mujer en el grupo, vestida de traje coctel, gritara y se cubriese la cabeza. La segunda había recorrido el suelo raspando la tierra a su paso, y dejó atrapada la mano de otro, que cayo inconsciente por el shock.
El agente desclavó el metal del arbol en que se había ensartado, sin consideración por el miserable herido, y la azotó contra el demoledor, que había saltado hacia él. Fue lanzado a un lado, pero fue como una raqueta golpeando una pelota; el gordo sintió el impacto hacer vibrar sus carnes, pero más allá de ello, se mantuvo ileso. Tras limpiar sus pantalones, atrapó el puñetazo que iba dirigido a él, y reventó internamente al agente con el contragolpe.
Lo tómo de la quijada, debilitado, y le chocó la frente contra la suya, haciendo un crac grotesco antes de dejarlo tirado. Viendo una aparente oportunidad, se comenzó a acercar lentamente a los VIPs de Yongsadan, pero pronto sufrió una parálisis telequinética.
Uno de los agentes, llevando de la cabeza al joven que había perdido la pierna, sonrió limpiándose los mocos con un puño empapado de rojo:
— Menudo payaso —exclamó el demoledor— Ese ni siquiera era de los buenos.
Sin aviso, el otro joven de negro le estrelló el auto como un bólido volador, que el gordo hizo prenderse en llamas de un chasquido. La carne se cocinó, los gritos subieron con el humo, y los tres agentes restantes los cercaron en un perímetro de 20 metros.
Comenzaron a dispararles ráfagas de sus rifles, que ahora no les sorprendieron con la guardia baja. El gordo le señaló al otro las ramas de los pinos, y este asintió, haciendo que las mismas comenzasen a desprenderse de sus troncos. Ellos, mientras, se concentraron, sobre todo demoledor, quien manifestaba escudos psíquicos para absorber los proyectiles.
Sus enemigos no pudieron apuntarles correctamente. Intentaron desviar las rondas con su propia telequinesia, pero las barreras, combiandas con la separación de sus objetivos les impidieron acertar un tiro limpio. Estos se colocaron tras varios troncos, cuando pedazos de los vehículos volaron como esferas picudas hacia ellos, partiendo los árboles.
— ¿Qué ocurre? Maldición…
— Desde cuando es que—
— Algo ocurre, ¡miren, arriba—
Sólo fue un momento, ruido de aire movido a gran velocidad en pequeños impactos sónicos, la madera penetrando la tierra, y el combate terminó. De igual manera, ya en el perímetro, los supervivientes de Yongsadan habían sido reunidos en un gran montón circular, mientras los muertos eran trasladados dentro de la instalación. Desde los monitores en la sala de vigilancia, Ja-yoon había ido a supervisar el desarrollo de los acontecimientos por sí misma.
— Así que—eso fue todo por ahora.
Un muchacho de lentes, regordete y de hombros tensos, asintió a lo que dijo mientras revisaba los varios ángulos de cámara que apuntaban hacia fuera del Cuartel General. Uno de los feeds era la filmación de los Despiertos muertos siendo llevados a una de las plataformas en la explanada; los demás cuerpos eran llevados hacia el cuarto pequeño, de donde no salían. Viendo a su jefa cada vez más cerca, y sentir su mano en el hombro apretándole, el sujeto dijo:
— ¿Por qué cree usted que pasó? No tiene sentido, se suponía que todo estaba arreglado.
— Hmh. Ese sujeto mencionó que Jung estuvo en silencio.
Lo miró con ojos fríos, agazapándose a su lado, y el chico no evitó temblar levemente al sentir la vibración de su voz cerca de él.
— Pero eso es imposible, se enviaron comunicaciones regulares, y los reportes periódicos desde el Cuartel General.
— Claro, ehem. No pudo ser un error, aunque esa ya no es mi área, así que no puedo decirlo con certeza.
— No necesito que tú me des respuestas, sino que llames a quien puede dármelas. Háblale al área de logística, que descubran lo que realmente pasó.
— Pero señorita Koo, si hubo una omisión intencional en los envíos de documentación, es posible que—
— Hayan ratas entre nosotros. Lo sé; tengo a alguien que se encargará de desenterrarla. Ahora haz lo que te ordeno.
Este se puso a tipear el código de llamada para esa parte de la base, mientras la joven misma se quedaba observando al demoledor desde otro de los monitores, llevando delante de sí a los VIPs, apuntalándolos con el rifle de un enemigo caído.
— Bien, debo irme. Tengo más cosas qué hacer.
— Ebtendido, le diré la respuesta de logística por interno, y si existe daño físico en las antenas. Por si acaso, enviaré un equipo de mantenimiento.
— Hazlo, pero manda a Ark-524 con ellos, que no piensen que camparán a sus anchas.
— Sí.
En un instante, la joven se invisible para sus sentidos, y creyendo que se había ido, el de lente, miró torciendo el cuello hacia atrás. Un gruñido ahogado salió de su boca, y tomó un comunicador oculto bajo su camisa, su tono de voz agravándose:
— Señora Kim, ¿se encuentra allí?
Una voz femenina le respondió:
— ¿Tienes noticias?
— Tal como predijo, Koo Ja-yoon está paranoica por lo que descubrió tras el ataque en Dangjin.
— Supongo que me llamaste porque Seúl se movió.
— Sí, mi ama, ella no supo por qué sus reportes no llegaron.
Sonrió con sorna, e hizo un rápido tictac de dientes, sin darse cuenta, alli agazapado, que los demás miembros del personal recibían un aviso. En sus comunicadores, se les daba una advertencia de seguridad para abandonar la sala de telecomunicaciones, y estos se movieron en forma discreta. Ja-yoon, todavía sin haberse despojado del todo de la ira contra su hermana, ahora estaba ebullendo fríamente antes de estallar.
— Dime —siguió la mujer— ¿Nuestros aliados de NIS ya entraron?
— Capturó a un par de ellos. Pronto los interrogará, y ellos la llevarán a la trampa. No escapará esta vez del gas, me emociona.
El cuerpo de la joven tuvo un leve estremecimiento, y el supuesto pasante babeó sobre la consola, con un gruñido gutural. Se limpió la boca rápido, y la mujer la reclamó:
— Estúpido pedazo de carne, no hagas eso o nos descubrirá.
— Sí, ama mía. Perdóneme.
— Coordina tus acciones con los subvertidos, prepárense para incendiarlo todo y preparar Su llegada.
— Así hare, mi Señora.
Entonces la joven puso la mano en el respaldo, y volvió a hacerse perceptible:
— Sí, así los harás, mi buen amigo.
El ser volteó, nervioso y poniendo la voz falsa de antes, la voz humana, poniendo los brazos tontamente como barrera entre ellos:
— Ah, Jefa Koo. Volvió, estaba justamente.
Muy tarde se había dado cuenta de su error:
— Es cierto que el área de logísitca coordina esto, y otras cosas —dijo, señalando el lugar vacío girando su dedo que apuntaba arriba— Pero por otra parte es verdad que las comunicaciones de estado regulares deberían haber salido de esta sala.
— Tiene—tiene razón —dijo tocando su consola— comenzaré por allí, sí—
Ahora puso la mano en su hombro:
— ¿Sabes? dijiste que eras el nuevo especialista en análisis de vigilancia, ¿o no?
— Ah, sí, sí, ese soy yo. Heheh—
— Pero eso es lo raro. Hmh, yo no recuerdó haber contratado a ninguno. De hecho, no tengo uno fijo desde que el anterior presentó su renuncia. Gritándome por piedad.
El ser se vio descubierto, no pudiendo decir más, y Ja-yoon dijo:
— Mi hermana tampoco te contrató, se lo pregunté ayer cuando volvió. Y yo le creo a ella.
Se inclinó hacia el rostro del ser, cuyo maquillaje comenzó a sudar:
— Jefa Koo, ¿qué—qué hace? Es inapropiado—
— Yo no soy tu jefa, ¿o sí? Ya sabes lo que dicen. Uno no puede servir a dos amos—¿o sí, Mr. K?
Ja-yoon lo levantó de la cabeza, y arrancó el botón que tapaba su cuello. Una traqueotomía, bien disimulada, con una bocina pequeña soldada.
— Hicimos algunas autopsias para confirmarlo. Ya sé, seguro que puedes verme y oírme. Así que deja de ocultarte tras tus marionetas. Y háblame.
El ser se retorció, traqueteando la columna, gruñendo, antes de que una voz nueva hablase:
Esta estaba distorsionada, riendo por bajo:
— Ah, así que tu pequeña esclava Seo Mi-ri finalmente pudo encontrar mi rastro.
— Tu nombre de usuario comenzó a aparecer demasiado pronto; fuiste descuidado.
— Al contrario, es parte de mi gran obra. Pronto llega la hora, y nadie la sabrá, solamente yo, el Señor de toda Carne.
— Tus creaciones son una copia barata patética. Mi hermana pudo sola con ellas. ¿Qué te hizo creer que eres rival para mí?
— Ese fue su campo de pruebas, y ha sido considerada digna; muy pronto, tendrá su recompensa. Pero tu prueba, ¿disfrutaste el regalo que te dejé? Me aseguraré de que no estés segura en ninguna parte, no hallarás el descanso, esa es mi condena para ti.
— Ya mejor deja de decir estupideces, y enfréntame a la cara de una vez. Seguro no soportas verme viva aun, ¿o sí?
— Es irrelevante. Cuando llegue el momento, la venganza por la muerte de una—pobre niña inocente—te será también cobrada. Y no volverás a escapar.
Ja-yoon abrió los ojos, y entreabrió la boca enseñando los dientes, mientras el enmascarado reía del otro lado, con regocijo.
— Ah, así que eras tú. Bien, no importa a quién hayas usado para lograrlo. Nadie me suplantará sin pagar. Y tu lo harás caro.
Una nueva carcajada salió de K:
— Oh, Koo Ja-yoon, niña de Baek, nada puede hacer la cabra ante el trono del Juicio. Tu sentencia ya fue dictada, y has sido considerada—obsoleta. Irredimible.
Ja-yoon recibió entonces una comunicación interna de Mi-ri:
“Señorita Koo. Lo tengo. Tengo el origen de la llamada. Puede terminar ahora.”
Ja-yoon sonrió, y dijo entonces a K:
— Ya cierra la boca. Y no me hagas perder más el tiempo.
— Es cierto. Nuestro tiempo se acabó. Disfruta de este nuevo regalo, porque pronto papá y mamá recibirán el suyo.
Ja-yoon apretó más al oír eso, y comenzó a agitarse:
— Qué dijiste—
“Señorita, ignórelo, quiere provocarla para hacer tiempo. Detecto intentos de infección—”
— ¡¿Qué es lo que has dicho, infeliz?!¡¿Qué es lo que has hecho?!
Este rio:
— Nada, aún. Sus vigilantes actuales de Horang han probado ser—difíciles de convencer. Pero su turno cambiará pronto; deberías apurarte. Adiós.
— Maldito—
Le rompió el cuello al muerto viviente, apagando aquellos ojos verdes bajo sus lentes de contacto, que le quitó. Sin embargo esto tiró de una fibra al interior conectada a su cerebro, que a su vez accionó el dispositivo plateadi en su corazón. Ja-yoon lo observó a tiempo, y saltó hacia atras cuando la cosa se hinchó u explotó en una nube de gas esparciéndose con rapidez. Iba a alcanzarla, cuando Seo-yi entró, y le puso una máscara filtradora.
— Jefa Ja-yoon, pronto.
— Salgamos de aquí, y que requisen a los que estaban aquí. Hay más de ellos, debemos encontrarlos.
Ja-yoon salió de allí, cerrando la puerta tras de sí. El escolta, ya cuando se alejaron por el corredor elevado, el gas nervioso tras el vidrio, fue detenido por un toque de Ja-yoon en su brazo.
— No. Será mejor que nuestros invitados no vean nuestra cara.
El subordinado asintió, y bajando por el elevador, llegaron en medio del estacionamiento interno, donde los guardias habían estado a la espera. Ese era un lugar bien cerrado, con varios vehículos estacionados a sus flancos, y los accesos al Cuartel alejados detrás; la joven se limpió la camiseta, y un tipo en escafandra la descontaminó con una neblina humeda.
— ¿Está lista? No se ve—muy formal.
— Eso no me importa. Si debes usar un traje para intimidar a la gente, quiere decir que no eres nada, Seo-yi. Abran la puerta.
Un guardia accionó el botón del panel, y estas comenzaron a abrir sus fauces, hasta desaparecer. Vio al gordo llegar por las puertas entreabiertas, y por detrás de ellos se apersonó un segundo equipo de guardias con inhibidores. Era medida de protección extra, cortesía del Supervisor Kim tras el aviso de Mi-ri; Ja-yoon notó de inmediato que a dos de los tres funcionarios les mareaba la frecuencia.
“Parece ser verdad. Son de ellos. Veamos hasta dónde son capaces de llegar.”
Por el contrario, la mujer de traje se mantuvo erguida, pero evitando miradas. Las alarmas mentales de la joven saltaron, al detectar una serenidad tan plana en su aura que hasta se le hacía antinatural. El gordo intuyó que su jefa la miraba, así que le dio un empujón brusco en su dirección:
— Tienes mucha suerte —se burló Hwang— Parece que a mi jefa le agradas.
— Cierra la boca.
Este hizo silencio abrupto, mirando a otro lado. Ja-yoon ahora se dirigiría a la mujer:
— Así que dime, ¿qué los trae por aquí? —y mintió— El administrador Jung no tiene tiempo para más molestias.
Uno de los hombres reclamó:
— ¡¿Cómo te atreves a tratarnos así? Rata de laboratorio!
El otro escupió al suelo en apoyo, pero a pesar del fuego en sus venas, ella lo canalizó deliciosamente hacia su lengua:
— Su desconfianza me extraña mucho, señor Hoong, jefe Wang.
Sí, sabía sus nombres, Mi-ri investigó a los líderes de Seúl como primera cosa, tras ser capaz de fijar la vista en una pantalla tras el golpe. Había dado sus frutos:
— ¿Qué es lo que está pasando aquí?
— Pues nada raro, más que lo que se les dijo. Todo funciona con normalidad, y hasta mejor que cuando el Director Cho estaba a cargo.
— Eso me parecía.
Era la mujer la que hablaba; se mantuvo inexpresiva, su maquillaje en su sitio, como si nada la pudiera tocar. Ja-yoon hizo gala de toda su cortesía de manera especial, demostrando sin tapujo alguno su interés
— Y dígame—¿no nos han presentado antes?
— Mi nombre es Ahn Sang-joon, representante legal de las Oficinas Administrativas de Yongsadan. Y miembro de la Mesa Directiva, naturalmente. Un placer.
Ambas se saludaron con la mano, y Ja-yoon dijo entonces:
— Ahora que hemos dejado los formalismos de lado, quiero que me acompañe, señorita Ahn.
Un guardia tras cada VIP le enfundó la cabeza con un implemento ajustable de color negro, mientras el demoledor reía tontamente, y forzaban a los tres a seguirla.
Sabiendo que no la oían, Ja-yoon dijo:
— Estoy muy segura de que disfrutarán de su visita. Espero le cuenten—al buen Director del NIS que los traté bien.
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