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The Witch 4: Insurrection - Capítulo 12

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Capítulo 12: Triple Diosa

(19 de junio de 2021, 22:35 PM)

Kwon-sook entró a la oficina, y K, sentado tras su escritorio, se colocó la máscara de inmediato, pero con antinatural elegancia. Esta lo miró de arriba a abajo con un dejo de desprecio disfrazado de respeto reverencial. Sonrió de forma serenamente calculada, con mirada soberbia, cruzando de brazos y lllevando la chaqueta sobre los hombros:

— Se ha hecho como quería, Señor. Jang Han-seok ha sido llevado al límite. Irá por los sobrevivientes de Geumga Plaza. Y por ella.

Este, revisando los canales de información confidencial en su computadora, respondió con anticipación:

— Bien. Todo marcha de acuerdo a mis planes.

Esto no le gustó nada a la mujer, quien cambió de semblante a uno más preocupado, sin miedo alguno, sino inquisitivó, con cierta frustración oculta:

— No lo entiendo. La filtración ha sido detenida, y tomaría demasiado tiempo preparar una destrucción reputacional pública contra Koo Ja-yoon.

— Correcto, señora Kim.

— ¿Por qué dice que ha sido un éxito? La interferencia de Seo Mi-ri provocó que esos monstruos hallaran el sitio antes de tiempo.

— Un daño colateral, calculado, pero todo ocurrirá como debe al final, no debe ponerse tan—ansiosa.

Esta tragó saliva, sin cambiar su semblante de piedra:

— ¿Cómo, Señor? ¿Cómo piensa hacerlo?

— He puesto en marcha un plan de emergencia, y sin que mis manos ejecutoras sean conscientes de ello.

— ¿Cómo que plan de emergencia? Eso no fue parte de lo que me dijo al principio.

— La desconfianza —bamboleó un vaso de ron— ya ha sido sembrada hacia frentes como ADP, Hoffen y sus experimentos. Un héroe de la gente destapando a la vieja Yongsadan—es lo que anhelarán, el jaque.

— ¿Información directa—a la prensa? El gobierno nacional y sus perros tratarían de hallarnos.

— No, señora Kim. No la prensa oficial; ella es inepta, corrupta, amarillista. Algo más—confiable, más—probado y respetado.

— ¿De quiénes habla? Dígamelo.

— Y mientras el fuego lento cocina a mi víctima del sacrificio, los oficialistas de Horang se acercarán a la verdad, y cuando lo hagan, serán barridos como la paja.

El cambio de tema fue obvio, pero ella siguió el hilo del juego:

— Pero, Señor, se perdió la bomba inhibidora, y todavía —apartó la vista— no he conseguido más. Aún no se cierra el pacto con los anti-superhumanistas en Gyeongsang del Norte; son tercos.

Mr. K rio de forma lenta, confiada:

— Ah, ah, ah—

Kwon-sook se sintió inquieta por la realidad patente de que, aunque creyera haber hayado el fondo de aquel barril, todavía quedasen capas que no consideró:

— Uno no muestra la mano sin ver la del oponente bajo la mesa, ni arroja todas sus cartas sobre esta a la misma vez. Sólo cuando la mano ganadora está lista.

Esta alzó un poco el tono de voz, fue más severa en la siguiente afirmación que hizo:

— Pero todavía usted no está listo para ganar, señor. Y yo—soy parte de esa mano. No lo olvide.

— Aún no ha llegado el tiempo de recuperar las inhibidoras, pero llegará. No tome este retraso por la victoria de unas tristes maruta, hechas para quemarse en el fuego.

— El margen—para la llegada de nuestros suministros de guerra—se agota rápido. Con Daejeon de su lado, esas cosas controlarán Chungcheong por completo en pocas semanas.

K gruñó muy bajo, muy lento. Sus ojos verdes se tornaron gélidos al romper el vaso de ron, y encontrarse con los de Kwon-sook.

— Sólo será un respiro, antes del plañir. Todo cuerpo es como un motor, cada parte importa. Y sí, usted es mi mano.

El enmascarado se reclinó hacia delante sobre sus codos, cruzando las manos bajo sus guanteletes con tensión:

— Pero como toda mano, y como toda pieza del motor, pueden aflojarse.

Kwon-sook bajó los brazos.

— A veces. Las piezas. Necesitan ser. Ajustadas.

K presionó un botón en el pulgar de su guantelete, al dar un chasquido, y Kwon-sook sintió que se ahogaba. La asfixia la abrumó, poniéndola de rodillas, luchando por tomar aire, llevando una mano a su cuello mientras su mirada se tornaba borrosa. Tornó con dificultad su vista al Señor de la Carne:

— ¿Se cree acaso una jugadora más? Debo recordarle una sola cosa, señora Kim.

K retrocedió en su asiento y se puso de pie, llegando frente a ella, mirando hacia las cápsulas siendo mantenidas en el Taller:

—Esa función es mía, nada más. No olvide quien la sacó del polvo, supervisora Kwon-sook.

Este se arrodilló frente a ella, acariciando el lado derecho de su rostro. Aquel tacto frío del polímero adamantino hizo a la antes intocable supervisora tiritar involuntariamente. Entreabrió los labios, pero la expresión de su mirada no se ablandó

— Usted—es meramente una mano, y yo—soy la mente que le da uso.

Otro chasquido, y la asfixia terminó. Quiso ponerse de pie, pero K la paralizó usando su propia telequinesia, que ella no pudo repeler.

— Señor, mi Señor, por favor—

Esta se tragó de forma inteligente cualquier viso de orgullo, de ira e indignación, incluso aquella que su actual amo pudiera percibir. El enmanscarado se divertía con el tormento, mientras miraba cómo aquella que consideraba otra “creación” suya más, se postraba con la frente en el suelo. Esta tenía espasmos, contrayendo los dedos, y tras un rato de dejarla en la más mortal incertidumbre, le puso un pie a la espalda.

— Tu me has hecho hacer esto, criatura mía. Has traído sobre tí misma el castigo de la justicia por tus múltples iniquidades. Tu fracaso.

— ¿De—de qué habla? Yo—he seguido—sus órdenes, mi Señor—desde el primer día.

— ¿Lo has hecho? ¿Estás segura?

— Sí, lo juro—es verdad—

— Mi caminante de pieles se ha perdido, y tú has estado perdiendo el tiempo sin rastrearla. ¿Por qué, Kwon-sook?

Esta comenzó a sentir cómo sus músculos se desgarraban en espasmos terribles.

— Ghgh…ghgh..

— Si perdiste Daejeon y Busan, fue por tus asuntos pendientes; la subversión aún no había sido completada.

— Park Sook-hee—ella atacó y expuso la operación. No sé cómo pudo seguir nuestro rastro. Alguien debe estar dándole información—

— ¿Y por qué no te anticipaste cuando tu gente en el NIS estaba dentro? ¿Por qué aún no ha sido exterminada?

— Esa desgraciada—siempre ha sido escurridiza. —y jadeó, con resentido orgullo— Después de todo—la entrené yo.

— Me estoy cansando de tus juegos.

— He puesto a mis redes—en cada provincia de este país a tus pies. He cumplido—

— Manejar los hilos burocráticos no bastará. Necesito que la gente correcta en Seúl tema, y Gyeongsan abra sus almacenes. Sólo así me aseguraré de que falsos ídolos como los Ark y Horang no interfieran.

— Todo marcha a su ritmo en Gangwon; pronto—haré que la facción se arrodille ante su Gloria.

— Tus errores están colmando la copa de mi ira. Será mejor que lo hagas de inmediato, y des el golpe. Sólo así nuestro socio en Incheon entenderá que hablamos en serio.

— El Director odia a Koo Ja-yoon más que nadie. Mantendremos su apoyo—cuando Gangrim grite.

— Pues más te vale que lo haga. Porque cuando finalmente el caos estalle en la ciudad, mi pequeño títere involuntario sabrá a quién apuntar su dedo.

— No ha sido—fácil, señor. Koo Ja-yoon—usó a Seo Mi-ri, esa maldita—fue quien advirtió en Daejeon, Busan, Ulsan. Si avisan en Gangrim, la facción de Gangwon llegará y—

— Traslada allí mi Obra Maestra, entonces. Prepara el altar para que el cordero de Koo Ja-yoon sea asado en la brasa. Tengo ya la sangre de Ark-03016, sólo falta ella; así la fase final podrá comenzar.

Kwon-sook tomó aire con silenciosa desesperación, al tiempo que el enmascarado se levantó, dándole la espalda. Esta siguió con una acción que parecía más un protocolo aprendido, extendiendo una mano temblorosa a su zapato. Levantó la vista como si suplicase, y con su cuerpo suelto, regenerándose con dolor, se despojó de toda su rabia para besar sus pies.

“No, a mí no me usan. Yo uso. Pronto lo descubrirás, maldito carnicero.”

La satisfacción de verlo, la satisfacción de él al verla odiarlo con impotencia, le excitaba a niveles tan inhumanos como él mismo.

— Levántate, criatura mía.

Esta asintió con la mirada vacía, y se mantuvo cabizbaja un momento. K la tomó del cuello, poniendo su frente contra la de ella, y dijo con cizaña:

— Los que se humillen serán exaltados, en mi nuevo orden. Tú que te has postrado ante mí y me adoras, recibirás Corea entera a tus pies. Tendrás el servicio de inteligencia, todos sus rebaños, y los guiarás en mi nombre. El poder prometido estará—en la palma de tu mano.

Esta dijo, en voz temblorosa, en frustración contenida. Sus ojos desencajados miraron a un lado.

— Con tu aveniencia, Señor mío.

— Ahora ve.

Caminó hacia atrás sin perderlo de vista, y salió. Su mirada allí fuera se encontró con la de Moon-jo, quien con una sonrisa macabra lo había observado todo. Relamió sus dientes:

— Estás a un error de ser parte de mi galería, Kim Kwon-sook. Finalmente mi amo verá lo que eres, serpiente —la señaló.

Esta mostró los dientes, y siguió caminando, empujándolo a un lado. Pronto se adentró en las habitaciones grises, herrumbrosas, húmedas, que K había preparado para sus “huéspedes” antes de revivirlos. Sin embargo, no entró:

— ¿Puede ver ahora?¿Puede oír?

Quien dijo eso en tono burlón, desde las sombras alrededor de la débil lámpara, fue Seo-jin, enfundada en un traje negro. Kwon-sook sacó de debajo de su blusa, de debajo de una ranura en su propia carne, un aparato extraño, similar a un balón de tensiómetro. La heredera de Cheong-ah contempló con grande, pero ya acostumbrado, asco, mientras se lo mostraba:

— No. Ya no.

— ¿Y por qué creerlo?

— Habría venido.

— Huh, tienes razón.

— Dime ¿Visitaste la morgue de nuevo?

— A ti no te incumbe.

— No estés tan tensa, Seo-jin. Envejecerás más rápido.

Caminó un paso más cerca, apartando su velo:

— Eso sería una pena. Incluso muerta, tienes un rostro hermoso. Me da envidia.

Esta le quitó la mano de encima:

— Cierra la boca, pueblerina, y dime si lo conseguiste.

— Aquí está. No podrá seguir nuestros pasos con esto, pero no sería suficiente. ¿Lo sabes, no?

Seo-jin sacó algo de su bolso, dos aparatos en forma de esfera humeante. Le dio uno a Kwon-sook, dejándolo caer al suelo, y esta lo tomó en el aire.

— Buena niña, lo hiciste muy bien.

— Más te vale que funcionen. Casi me tengo que ensuciar las manos en Daegu por tu culpa.

Ella miró la esfera con un brillo en los ojos.

— Créeme, funcionará. Lo sé de mis días como supervisora.

— Se ve que fue hace mucho. Espero que aún te funcione la memoria. —la vio de arriba a abajo— Hah, ya que lo demás—

— Estos pequeños interfieren las ondas cerebrales de cualquier observador, humano o metahumano, da igual. Les hace ver lo que quieren ver, sea lo observado directamente, o a través de una cámara.

— Igual que ella.

— Sí, pero estas duran más tiempo activas. Se recargan con el calor interno del cuerpo. Igual que esto.

Le pasó el aparato que se había sacado.

— Ya tengo el mío, y ella también. Sólo faltas tú.

El gesto de asco de Seo-jin regresó, al ser depositada la cosa en su mano. Dio un jadeo, y abriendo una herida en su fosa ilíaca, se encogió de dolor al insertarla. Bramó apretando los dientes, y sacó la mano; pronto la herida se cerró sola.

— Me pregunto—cuántos hombres habrían dado todo por tener algo suyo—dentro de ti. Yo les gané; ni ese inútil de Ha llegó tan profundo.

Seo-jin cerró su puño sangrante con furia, pero mantuvo una media sonrisa de desprecio. Sus ojos centelleaban:

— Debo irme ahora; tengo cosas qué preparar. Será mejor que tú también, si no quieres que te enseñe tu lugar.

Kwon-sook sonrió:

— El campo de efecto de ambos dispositivos tiene 3 metros de diámetro. Si algo se acerca más, verán lo que eres en realidad.

Kwon-sook se alejó de a poco, y ya alejada exclamó con sorna:

— Y me refería a tu corazón y buenos sentimientos, ¿de acuerdo?

Y entre dientes, con Seo-jin internándose de vuelta en las sombras, con sus dos lumbreras verdes para alumbrar el camino, la supervisora masculló:

— Como si alguien de verdad los tuviera.

________________________________________

(17 de junio de 2021, Cuartel General de Yongsadan, 6:06 PM)

Ja-yoon estaba de pie ante la mujer de traje que habían amarrado con cadenas pesadas:

— ¿Y estás cómoda? No puedo tomar más riesgos después de tantos problemas. —miró al horizonte— Ojalá tus amigos de ojos verdes hubiesen tenido el aviso que te estoy dando. Me sorprende que no te dieras cuenta del cambio.

Esta respondió más bien, con una sonrisa confiada:

— Más bien dime, jefa operativa Koo, ¿o quizá debería llamarte administradora de una vez? Dime cómo te fue con lo que te dije.

— No confío en toda esa palabrería tuya, así que tuve que confirmarlo antes. Es una suerte para ti que haya sido verdad esa ubicación de la gente del señor K en Gangwon. Te daré una mejor cena por eso.

— Ah, pues espero que estés logrando lo que quieres, pero recuerda—que todavía mi otra oferta está firme.

Ja-yoon la miró con cierto desdén, como si esa mujer quisiera tratarla como la niña que alguna vez fue, dentro de una celda. La representante entonces sentenció, ya con cierto hastío, más o menos fingido, para herirla en su orgullo:

— Ambas sabemos que Seúl jamás aceptará la jurisdicción de una—maruta como tú sobre toda la agencia pero—¿qué tal si—en vez de eso—me dejas ayudarte, niña? solamente a ti. Puedo abogar con ellos para obtener trato preferencial, cuando esto termine, y créeme cuando te digo—que será pronto. Te conviene la protección del Director Cho, y no su cañón—en tu linda cabeza.

— Ya basta de esas tonterías. No crea que he estado haciendo todo esto durante años —tomó una pistola EM de la mesa frente a ella— solamente para conformarme con las migajas que usted o la Alianza pretendan darme como premio de consolación. Verás, personalmente he adoptado una idea distinta de cómo deben organizarse las cosas tras el fiasco de Jang.

— Jamás ocurrirá. Debes escucharme, jefa Koo, si quieres sobrevivir a lo que viene.

— ¿Y qué otra oleada de inútiles piensa enviar Seúl esta vez? Debieron dedicar su tiempo a enfrentar a las otras facciones como, así no estarían perdiendo terreno en Gyeonggi como unos incompetentes. Tienen suerte de que a la facción de Gangwon no le haya interesado expandirse, sino ustedes ya serían historia.

La mujer hizo entonces una mueca maliciosa:

— Sé sobre las investigaciones de Horang, sé de lo que discutían con la Mesa Directiva cuando mis representados se reunieron con ellos. Van tras el rastro de aquel que benefició a Lee Kyu-jin, y sospechan de usted, naturalmente—porque claramente no podemos ser nosotros, no nos convendría. Eso lo sabes, ¿verdad?

— ¿Por qué sospecharían de mí? —dijo con falso miedo— ¿Acaso yo tengo suero verde en mis venas?¿Lo tengo en el Cuartel General? No trates de acusarme sin pruebas.

— No solo el NIS, sino también alguien más ya ha estado ayudando a Horang a seguir pistas. Han empezado a rastrear viejos sitios de experimentación en Gyeonggi, además de que hubo un ataque en uno de ellos. Con algo muy similar a lo que había en Dangjin; y claro, el ataque posterior a su sitio no les hizo gracia.

— Huh, suena todo a una gran coincidencia. Y yo también tengo ese metraje. Su puesto estaba infiltrado por ellos; ¿creerías que no tomé evidencias de todo? Los otros sujetos Ark no son tan razonables como yo. Pero tampoco son estúpidos.

— Incluso han hallado documentos de sitios—que usted saqueó desde hace dos años.

— Hasta nosotros mismos—tuvimos una infiltración enemiga muy interesante hoy, ¿sabe? E incluso hace un rato, con sus colegas supuestos. Todos llevaban los mismos rasgos—

Ja-yoon le puso un dedo en la cara, y esta se difuminó, y por un momento se vio un rostro diferente. Y bajo el maquillaje, la piel grisácea; esta, al verse descubierta, comenzo a agitarse divertida. Pronto hizo la cabeza hacia abajo, y comenzaron las risotadas, seguidas de varias carcajadas:

— Usted y yo sabemos, y Seúl sabe, del video que circula en el caso del asesinato de Ha Eun-byeol; no se ha hecho público, pero la investigación interna ya está en marcha. La relación directa de la muerte a la lucha por la herencia de los activos de Cheong-ah que despiertan tanto murmuro público.

— Esa no soy yo. Saben que sería imposible, Yongsadan es consciente de que estuve robándoles suero regulador—y más cosas en otra parte en ese día, como tú misma dijiste. Y de eso no le hablarán ni a Gombumun ni a Horang, porque no les conviene que sepan de sus demás operaciones clandestinas a través de Hoffen. La que destapé yo les bastó.

— Heheheh—pero qué lista te crees—

— A la Alianza le gustaría aún menos saber que no sólo hubo disidentes interceptando el Tyrant en 2019, sino que todo el árbol es corrupto. Al punto que, luego de que estos perdieran a Chae Ja-gyeong, alguien más recogió muestras, y ha estado cultivando muestras del compuesto desde entonces. Me pregunto a dónde irían—además de a crear a más basura como ustedes.

— ¿Y qué piensas que le dirán a Horang?¿Que golpeaste un laboratorio clandestino que los comprometa de forma inconveniente con la Alianza?¿O preferirán cargar las culpas sobre ti por robarles sus tan preciadas armas experimentales en suelo coreano, protegidas por leyes de seguridad nacional? Ese es el caso que yo y los abogados —sus ojos brillaron con satisfacción— hemos estado armando por órdenes de nuestros superiores.

— ¿Cómo se atreven a ser tan mediocres?

— ¿Y qué esperaste que pasaría, jefa Koo?¿Que Gombumun y Horang optarían por buscar un fantasma cambiaformas o a un ilusionista anónimo, o a alguien con un nombre qué señalar? ¿Buscarían de cero a seres hipotéticos, o más bien harían caso a la directiva legítima, cuando apuntasen el dedo a una terrorista que usurpó sus bienes? Aquí la única villana, qie secuestró a funcionarios legítimos, y la que saldrá perdiendo, serás tú.

— Dime entonces —la reto Ja-yoon, firme— ¿Qué es eso que quieres decirme en realidad? Te he dicho que no quiero sus migajas, y si vaz a repetirlo será mejor que te elimine para que no hables más. No saldrás de este cuarto, no hasta que todo termine, y no te garantizó seguir respirando hasta ese día. Ya sabe que los sujetos Ark pueden ser—difíciles de controlar.

Ja-yoon comenzó a darle la espalda, e hizo finta de retirarse mientras le miraba de reojo. La mujer hizo una mueca despectiva, anonadada por aquella arrogancia, dijo entonces:

— Los activos de Cheong-ah, que Fundación K posee—

— ¿Qué hay con eso? No tiene nada que ver conmigo, y de eso no hallará nada la policía, aunque ustedes busquen inculparme. ¿O van a implantar pistas contra una pobre cantante pueblerina con leucemia? Es así como me ve el mundo, ¿o no?

— Huh, veo que eres como dicen. —replicó la jurista— Pues sí, sería complicado.

Se reclinó hacia Ja-yoon.

— Pero hay una mejor alternativa para todos. Y es deshacernos del verdadero origen de este problema.

Ja-yoon aplanó los labios en escepticismo:

— Me pregunto por qué querras que vaya por otro de ustedes —dijo esperando respuesta.

— Ten por seguro que no es de los nuestros. Mas bien será un dolor de cabeza si la Alianza lo vincula a nosotros. Y a ti.

— ¿De quién se trata esta vez?

— Estamos en un punto en que—si te digo que la legítima dueña de Cheong-ah camina de nuevo entre nosotros, vas a creerlo.

Ja-yoon pegó una risotada, apoyada a la mesa:

— Ay, señorita Ahn. Usted no deja de sorprenderme. Pero como sea, si eso es todo, le deseo una buena noche.

Las luces de la sala de interrogatorios quedaron encendidas, y dos guardias entraron. Usaron las cachas de sus rifles para golpearla varias veces; al romperse sus lentes de contacto, lo hicieron con más ganas. Sin nunca mirar atrás, Ja-yoon se fue tranquila.

________________________________________

(21 de junio de 2021, 4:03 PM)

La estática cobró vida en su comunicador, y ella, alejándose, abrió la puerta de la sala y salió a la antesala, donde apagó la consola usando la mente. Sólo entonces presionó el botón y dijo:

— ¿Qué ocurre?

“Señorita Koo —dijo en tono apagado— Lo encontré.”

— Ah, así que ellos lo tenían en su poder. Parece que alguien tampoco quiere hacer un escándalo.

“Estaba bastante escondido en el archivo de evidencias virtual, pero a veces Horang tiene esa tendencia a colocar barreras delgadas donde no quieren que uno busque.”

— ¿Qué tienes?

“Principalmente fotografías, y un par de grabaciones del 119. Comparé su perfil al que tenía la policía; está confirmado. Es Cheon Seo-jin, en realidad—ha vuelto.”

Ja-yoon asintio levemente con una sonrisa, y volteó a ver a la jurista a través de la ventana espejo, inexpresiva en aquella silla.

— Así que no mentía. Con razón alguien con el perfil psicológico de Lee Kyu-jin cambió tan de repente.

Salió de ese lugar, y se dirigió subiendo unas gradas desde una zona mal iluminada, por los pasillos con luces blancas:

“La muerte de su esposa, lo investigué y hay más de lo que dijeron. Conseguí los informes de Gombumun, hablan de muestras. También—la noche que Baek Hee-sung la atacó cerca del Centro Nakwon; ellos hallaron rastros de la sangre, y los ordenadores que vio.”

Para entonces había llegado a un elevador, y pulsó el botón “-1” del panel:

— Gombumun es buena reuniendo evidencia. Pero son procedimentales, muy lentos para actuar, y normalmente lo hacen de forma proporcional. Todavía tenemos margen de maniobra con ellos. Cuando tengan un caso, lo habremos resuelto nosotros.

“Exacto, y tiene razón en lo de la evidencia. Veo sus comunicaciones internas, y sospechan que no fue un accidente, pero no han logrado atrapar a ningún sospechoso. —y afirmó con preocupación— Señorita, de verdad todo parece llevarnos a misma persona, pero ¿quién es este tal K en realidad?”

— Pronto lo sabremos. Si alguien lo sabe, y ha estado ayudándolo directamente, además del psicópata de Babel, es ella. Hay que atraparla, para que nos lleve a él.

“¿Por qué no—a Jang Han-seok mismo?”

— ¿Lo quieres de roomie, acaso? Huh, no, no, ese sujeto es inestable, y aunque haya estado reuniendo armas, dudo que tenga el panorama completo, o siquiera le importe.

“¿Y qué tal—si K se da cuenta, y se mueve de locación? Será aún más difícil rastrearlo si cambia su dirección física.”

— Si está detrás de experimentos tan peligrosos, sus instalaciones tienen equipos complejos, complicados de desacoplar y transportar, dudo que pueda hacerlo sin que lo vea nadie. No antes de dar con él.

— Eso espero. ¿Y enviará a su hermana por ella?

— No, de eso me encargó yo. Avísale que se encargue del otro asunto. Por cierto—

“Dígame.”

— ¿Pudiste confirmar la identidad de la justiciera—en Daejeon?

“Sí, su nombre es Park Sook-hee. Según los expedientes de Yongsadan, es una Uno Punto Cinco con numerosas misiones exitosas. Estaba dentro de una unidad especial; asesinos durmientes.”

— Excelente. Supongo que ahora sabemos el nombre de su manejador.

“Fue difícil. Tuve que—salvar un respaldo tras el ataque informático de hoy, pero aquí lo tengo. Y también—el de la mujer que escapó; de verdad no lo va a creer.”

En su celular recibió los archivos de sus expedientes, y sonrió al verlas, en sus viejas apariencias humanas.

— Con razón ese K podía ser tan molesto.

________________________________________

(Jongno-gu, Seúl, 9:56 PM)

El callejón apenas era alumbrado por las farolas de LED amarilla, mientras un par de tacones pisaban con rítmica anticipación el pavimento. Las puntas de un cabello largo y naturalmente reseco se bamboleaban con serenidad de lado a lado, y los hombros a cada lado tensos. Un rostro bajó levemente, suspirando, antes de que una mano hicera para atrás mechones frente a un par de ojos, y la otra sacase una llave del bolso.

Esta persona al entero abrió la puerta pequeña de la casa compartida, y tras dos metros de estacionamiento entró a su piso. Pasó a su vestíbulo, dejando los tacones con cansancio, bufando y sobando rápidamente sus talones enrojecidos. Subió el escalón ya en medias nylon, y bamboleándose por el cansansio levantó la vista y parpadeó con fuerza, hasta el sofá.

Se tiró encima, dando un suspiro inculso más largo y sonoro que el anterior. Apenas pasaron unos instantes antes de que el sueño la venciera, a pesar de las luces encendidas. Hubo mucho silencio, hubo gran paz, nada existía ni importaba allí, desapareciendo al otro lado.

Un sonido seco. Otro, y a continuación más.

Abrió los ojos apenas y las luces ahora estaban apagadas. Miró a un lado, su bolso había quedado en el suelo y colgando todavía, sus pies acomodados en el reposabrazos. Se removió de hombros sobre el cojín, su corazón pasando del sopor al latido angustioso.

Su memoria era lo suficientemente clara.

Detrás de su respaldo, un par de ojos verdes brillaba en la penumbra, como los de una pantera cazando, al acecho de una presa fácil. Luego aparecerían otros varios, y la nuca de la mujer sentiría los vellos en su nuca erguirse, su postura tensa casi por el instinto. Ella todavía estaba despertándose a oscuras, pero su cuerpo ya percibía por puro instinto el peligro de los acechantes.

Había estado deslizando su mano lentamente dentro del sofá, sus labios entreabiertos en violenta anticipación.

Como si un rayo de vitalidad la hubiese poseído, se levantó cual resorte, volteando con una pistola entre ambas manos. Su pulso vaciló al encontrarse con aquellas miradas, un grupo de extrañas personas pálidas e inexpresivas, todas con traqueotomías, en posturas incómodas. A excepción de quien estaba en medio, sonriéndole con maliciosa expresión.

Aquella era una mujer de cabello corto y chompa perfectamente blanca, que le dijo:

— Buenas noches, abogada Hong Cha-young.

Sin que sus ojos alcanzasen a verlo, los otros la rodearon, uno de ellos dándole un manotazo que la elevó por los aires, haciendo que rompiera la mesa de cristal en el medio de la sala. Los cortes en su rostro fueron inmediatos, y trozos de vidrio quedaron clavados en todos lados; su grito inicial por el golpe se había transformado en un lamento sonoro.

— Una disculpa, mis—empleados no saben medir su fuerza. Al saludar.

Su aliento era entrecortado, su miedo palpable, su cuerpo era un infierno de dolores, posiblemente de huesos rotos. Fue así, apenas recobrando aliento, que casi incapaz de moverse balbuceó, con la frente sangrando:

— ¿Quién—quiénes son?

La mujer en chompa avanzó dentro del círculo:

— Ha sido un día duro, por lo que he visto.

En una mano llevaba un folio, y de su interior, comenzó a sacar documentos con un logo que la abogada ya tenía interiorizado. Esta se quedó boquiabierta, tratando de respirar por la boca pues su nariz se había roto, y de milagro mantenía aún el sentido. Su interlocutora se agachó brevemente y le apartó un mechón de cabello, con una sonrisa gélida:

— Me pregunto si alguien más sabe lo que ha estado haciendo en estos últimos meses.

Se levantó, limpiándose el rojo de sus manos con un spray, que luego dispersó suobre su cabeza. Su víctima tosió, mientras ella continuaba.

— Es más, me pregunto si Seo Mi-ri sabe quién la ha estado ayudando a seguir los activos de Babel en la red.

Cha-young levantó apenas la cabeza, respondiéndole débilmente con una sonrisa despectiva que apenas podía mantener, una mirada como puñal que apenas sostenía:

— Eres más ordinaria de lo que creía. Kim Kwon-sook.

El semblante de la mujer ojiverde cambió, y los otros comenzaron a mostrar sus dientes.

— Sí—ya sé—quién eres. Tu querido juez Cho—ya habló.

Kwon-sook soltó una carcajada elegante:

— Así que no puedes probar nada aún.

— ¿Fundación K?¿Por qué una jefa—espía estaría—en su nómina?

La abogada se echó de nuevo en el suelo, sin fuerzas, mientras su respiración se debilitaba. Pero Kwon-sook enarcó la ceja, genuinamente intrigada por la supuesta revelación.

— ¿Qué pasa? ¿Por qué tan—sorprendida?

Esta volvió a su compostura habitual, aclarándose la garganta para responderle, llena de arrogancia:

— Esto no cambiará en nada tu destino. —y la menospreció— Debiste quedarte ayudando pobres diablos sin esperanza igual que tu patético padre.

Esta atrajo la pistola hacia sí con telequinesia, mirándola con detenimiento, y Cha-young tosió con una sonrisa:

— Da igual—lo que me hagas. Se sabrá todo, tu nombre estaba en el Archivo. Sabrán de tus crímenes para mañana. Y de Lee—Kyu-jin.

— Huh —e hizo una mueca de sorna— Ya me imaginaba que una pequeña rata corrupta como tú haría algo así. Por eso yo preparé mi propia carta.

De su bolsillo saldrían fotografías, que arrojó sobre su rostro. Cuando se despejó de aquello, la abogada extendió sus dedos temblorosos, incrédula. Kwon-joo miró hacia una ventana, pecho henchido:

— Me imagino lo que dirá la prensa cuando tu pequeño secretito sea viral en todas partes.

Fotos de ella descendiendo del auto de un hombre en frente de un hotel, fotos del hombre entrando a su casa en la noche, fotos de ellos dos caminando juntos. Lo peor eran las fotos sacadas de grabaciones de seguridad donde el hombre estaba solo, ejecutando a otro en un ascensor, o en un apartamento, o con pistola en mano revisando un automóvil con cadavéres. La foto donde ella besaba al hombre, tomada de una grabación de seguridad pública, era el menor de los problemas.

— Yo sólo vi —afirmó Kwon-sook, divertida— que una abogada corrupta engatusó a un mafioso para vengar la muerte de su padre, y luego quiso chantajear al mafioso con fotos reveladoras. Luego el mafioso la mandó matar por meterse con él.

Cha-young tenía el rostro blanco, estaba aterrada.

— Eso podría significar que ciertos métodos cuestionables pudieron haber sido empleados en los juicios contra Babel. Quizá lo hecho esté hecho, pero me pregunto qué le ocurriría a esa abogada corrupta; sí, pasaría a la historia. En prisión.

— Eso—no es verdad.

— Yo puedo desaparecer cuando quiera. Pero tú—lamento decir que no eres tan inteligente como crees. Me preguntó que ocurrirá con ese apuesto joven cuando la Interpol se entere…

— No.

— Tú puedes evitarlo. El dolor del presente —mostró la pistola— y el del futuro —pisó la foto de ambos— pueden desaparecer, si me dices dónde alojaste la información de mí y Fundación K. Nadie sabrá de nuestra amena charla.

En un acto de repulsión final, la abogada sólo dijo:

— Mátame ya. Me cansé—de oírte.

— Dolor será, entonces.

Kwon-sook levantó el arma, pero apuntó al hombro, y disparó. Sin embargo, la bala nunca llegó, sino que se quedó girando muy lentamente a medio camino. El gesto de la mujer denotó curiosa admiración, cuando la puerta se abrió.

— Ah, maldición. Qué remedio.

Por la luz de la noche, emergió un perfil femenino, llevando a rastras un cadáver. Este supuraba sangre verdosa por los poros, sus ojos color esmeralda ya vidriosos. Esta lo dejó de un lado, revelando su piel pálida a la luz de la luna, y su largo cabello, de puntas recogidas en coleta. No habló, simplemente todo objeto salió volando hacia su objetivo mientras se desintegraba en esquirlas afiladas.

Los proyectiles acertaron en todos los muertos vivientes, y giraron como un anillo de destrucción. Cha-young en ese momento perdió la consciencia, cuando vio a toda aquella “gente” ser desintegrada en polvo. Los pasos de la muchacha pálida hicieron crujir todos los fragmentos dejados tras concluir su primer ataque:

— Esto se acaba aquí, Kim Kwon-sook.

— No. No ha terminado. Ark-1.

Por el suelo habían rodado esferas negras, hasta que se esparcieron en todo el lugar. Explusaron un humo espeso, y la muchacha lo vio como si le recordase de algo muy malo. En efecto al inhalarlo, tosió bilis, y esto lo aprovechó Kwon-sook para perderse de vista, sangrando por los ojos.

En el suelo, los papeles y otros restos orgánicos se derritieron de a poco por el miasma en el aire.

Manteniendo el oxígeno en los pulmones, Ark-1 localizó a Cha-young y la recogió, saliendo de la casa y saltando por el techo del siguiente edificio. Otros inquilinos ya habían llamado a la policía, pero al verla alejarse de aquella manera, seguramente Gombumun no tardaría en llegar. Kwon-sook no salió por el frente, sino que trepó un muro de un brinco, y cayó en un patio trasero.

Le rompio el cuello a un perro y se fue huyendo. Llevó la mano a su comunicador:

— ¿Estás lista? Ya terminé aquí.

Otra voz femenina le respondió:

“Puedo sentirla, sus pisadas, la maldita ya viene.”

— Informaré a K del fallo de la misión.

“Será mejor que sepas lo que haces.”

La comunicación se cortó, y saliendo de aquella casa aledaña, se fue caminando cual sombra incorpórea por un callejón.

________________________________________

(Centro Cultural, ciudad Ansan, 10:17 PM)

En la terraza alta al centro del ancho edificio, Ja-yoon descendió en su última zancada, sin uniforme táctico, solamente una camiseta cuyo dobladillo ondeaba en el viento, y unos calentadores grises de basta abombada. Su cabello lo llevaba bien atado, listo para confrontar a quien tenía en frente:

— Así que al fin te dignas en aparecer. Cheon Seo-jin.

La mujer iba en un vestido blanco bordado y largo hasta los tobillos. La falda era de línea A, y aún así, apenas se movía sobre los zapatillas de cuero fino que calzaba. Esta se acomodó el sombrero de ala ancha, mirando a la joven fijamente tras el velo.

Sonrió.

— Eres una mocosa irrespetuosa. Llamarte a tí misma jefa de algo. Tsk, hasta suena insultante.

— No hemos venido a hablar de mis modales. Ni de tu debilidad mental. —se acercó dos pasos, mirando brevemente sus zapatillas— Por cierto, mi sentido pésame; seguro ella habría querido llevar algo así —sonrió— Eres muy vieja y arrugada para usarlos.

La sangre de Seo-jin hirvió, su corazón bombeó aquel líquido viscoso, y sus venas presentaron un suave aumento en su luminosidad. Sin embargo, su rostro se mantuvo con la misma serenidad, su garganta vibrante:

— Suerte que Horang tiene el ojo puesto en esos viejos detestables, ¿o no? De otro modo, los habría escarmentado yo esta vez. Por educarte tan—mediócremente.

Ja-yoon sintió el fuego interior arder para devorarlo todo, pero debía esperar, sólo un poco más:

— Habla de una vez, ¿por qué tu cómplice quería que te viera aquí?

— No nos malentiendas. El acuerdo que tengo con esa basura de baja ralea es contingente. Necesario. ¿Crees que me importa en lo más mínimo tu guerra secreta?

Ja-yoon comenzó a sentir algo que nunca pensó que volvería. El tinnitus la hizo ponerse de rodillas, y sus vísceras comenzaron a dolerle. Sentía amortiguados los músculos, los huesos como que iban a estallar.

— ¿Cómo se siente, Koo Ja-yoon? —espetó Seo-jin con odio— ¿Cómo se siente estar impotente frente a la muerte?

Tomó a la joven de la nuca, y le estrelló la cara contra el concreto. Le dio un manotazo, luego otro, y otro en el rostro, gruñendo hasta que gritó llena de odio. Los nervios de Ja-yoon enviaban las señales incorrectas, y más allá de espasmos dolorosos, fue incapaz de reaccionar, cuando en el suelo, comenzó a recibir manotazos más potentes.

— Vamos, vagabunda, ¡ya párate!

Tomó a la joven por ambos lados de la cabeza, con el rostro desencajado de duelo y furia, llorando en recuerdo al rostro de una asesina. Apretó más y más, pero lo hizo tan lentamente que parecía más un masaje o un dolor de cabeza normal al inicio. Sólo entonces, viendo que Ja-yoon realmente estaba en sus manos ahora, se dispuso a regodearse en una explicación a aquel tormento:

— Ellas querían cerrar un trato contigo, las muy infelices, huh. Pero cuando me dijeron que vendrías a mí, supe que no podía perder mi oportunidad. Seguí su juego, y ahora vas a pagar tu idiotez.

Ja-yoon, echaba sangre por todos lados, incapaz de fijarle la vista por lo mareada que estaba, al tiempo que intentaba mover los músculos de su cara correctamente.

— Mi pequeña Eun-byeol —su voz se quebró, mirando al cielo— estoy dispuesta a irme al infierno de verdad si es por ella. —miró al cielo— Te doy la sangre de quien derramó la tuya, mi niña, y al fin podrás irte en paz.

Seo-jin se sintió victoriosa, pero aquel sufrimiento que la había abrumado, y del que antes no había logrado escapar, no se estaba disolviendo. La satisfacción creciente estaba dando al mismo tiempo paso a una realización terrible; el hecho de que, de verdad, nunca volvería a ver a su hija. Sin importar cuán lejos había llegado, recordaba cuán lejos llegó antes, y el motivo por el que ella no estuvo allí para protegerla.

“Nunca podré—verte de nuevo.”

No esperó una voz interrumpir sus pensamientos hundidos en el delirio:

— En—

Su mirada enloquecida se fijó en los labios de Ja-yoon, que dibujaron una sonrisa temblorosa:

— En realidad—yo no diría que me siento tan mal.

Seo-jin hizo una mueca de rabia al ver que su propio cuerpo era ahora el que se paralizaba, mientras la joven, con dificultad y entre jadeos, lograba recuperar la compostura mediante sus piernas debilitadas.

— Tus infrasonidos estuvieron a punto de matarme, de verdad casi lo creí. Noté que tus cuerdas vocales vibraban de manera extraña cuando me acerqué. Me inyecté doble suero regulador, para probar una pequeña teoría mía.

— ¿Pero de qué ha—?¿Suero qué? No tiene ningún sentido. Tú no podrías haber sabido que yo—no a menos que—

— Bingo.

Esta no necesitó abrir los ojos como platos, pues su mirada desquiciada había quedado estática en su rostro.

— Ustedes me han creído—¿tan soberbia? Mi tasa de regeneración se duplicó, y por eso estamos en esta situación. Si siguen subestimándome—de verdad será fácil para mí.

— Miserable —masculló, ansiosa— ¡eres un demonio—!

— No, yo soy mucho más real que eso.

Comenzó a provocar que Seo-jin se contorsionara, regenerándose en consecuencia de formas erróneas, provocándole pegar chillidos. La elevó en el aire, y esta dijo:

— No eres soberbia, no—pero sí confiada cuando disfrutas—de herir a otros. Lo veo en tus ojos, no tienem alma los que son como tú.

Esta rio guturalmente, y Ja-yoon, imperturbada, replicó:

— Dile a Kim Kwon-sook que acepto su trato.

Seo-jin pegó un chillido final, esta vez una hecatombe de ondas sónicas. Ja-yoon perdió el agarre de forma automática, pero como si viese el tiempo en cámara por la sobredosis de suero, saltó cuando la sección media del Centro colapsó. El derrumbe se fue llevando todo de dentro hacia fuera, fracturas y luego sólo escombros, pero la joven saltó alejándose con cada zancada.

Seo-jin, en cambio, comenzó cayendo destrozada como una muñeca maltratada entre el derrumbe. Usó su garganta prodigiosa para destrozar planchas de loza que casi la aplastan como manos a un mosquito, y apretando las encías hasta sangrarlas, la mujer reconstruyó su forma exterior a punta de esfuerzos físicos que le fueron un tormento. Los gritos fueron como los de una banshee retorciéndose en su eterna condena a atormentar el mundo mortal, estirando su brazo, enderezando su columna, reacomodando su rodilla.

Ambas, sin embargo, quedaron exhaustas a pesar de lo corto del encuentro. Varios Despiertos se habían aprestado a capturarla, rodeándola con rifles inhibores. Sin embargo, cuando las ondas la golpearon, las armas se descompusieron. Ella sonrió, con su garganta vibrando, mientras del parque circundante emergían decenas de no muertos rugiendo.

Corrían con hambre larga, y se arrojaron a los sujetos Ark, que comenzaron a defenderse con sus cuchillos de dotación. Eran pocos, pero más que suficientes para desmembrar a sus oponentes usando poca telequinesia, como sus enemigos eran suficientes eran para distraerlos. Cuando el líder de escuadrón, el más alto de ellos, miró de vuelta, la magnate revivida ya no estaba.

Se comunicó:

— Jefa, el objetivo logró escapar.

Usó su visión remota, pero las ondas sonoras de Seo-jin rebotaban entre la espesura y el aire mismo, imposibilitando ubicarla. Ja-yoon se dio cuenta de esto, y pegó una risotada, respondiendo:

— Está bien, Seo-yi. Nuestra fuente en el Cuartel General tampoco se quedó a esperarla, ¿o sí?

— Es cierto, tiene razón. Cambio y corto.

Vio a los demás.

— ¡Se acabó, vámonos de aquí!

En el césped, Ryo-dan se había acuclillado para quedarse con la oreja de un chico muerto que le pareció particularmente “perfecta”:

— Listo, tú serás mi nuevo confidente, ¿sí? Pero, shhh, que nadie más lo sepa. —y susurró entre risas— Si te ve, Ark-1 podría llevarte lejos de mí.

— ¡Muévete!¡Quiero ir a comer!

Ella gritó, levantándose y corriendo a los otros, guardando la oreja en el bolsillo:

— ¡Sí, esperen, ahí voy!

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(17 de junio de 2021, 11:11 PM)

En Jeju, durante una revisión rutinaria de celdas, un par de guardias liberaron a uno de sus compañeros, amarrado a una silla en alguna sala de interrogatorios.

Estos sin embargo, no pudieron reaccionar cuando ya en el pasillo este colega los dejó tirados en el piso, sangrando por los oídos, mientras se alejaba corriendo. Pidió ayuda en el área médica, pero cuando el galeno llegó, también cayó al suelo, y uno que todos pensaron que era él llevo tres cuerpos de guardias a la morgue.

No pasó mucho antes que una jurista, ahora visible en la forma de uno en escafandra, pasase frente a Bae-rin y quemara cuatro cadáveres en el incinerador afuera. La chica bajó al área de celdas, y encontró la de la representante Ahn vacía. Para entonces, un chofer salió del cuartel para traer suministros del puerto. Una operación normal, como los cinco cadáveres que se hicieron cenizas en el incinerador.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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