The Witch 4: Insurrection - Capítulo 15
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15: Asuntos zanjados 15: Asuntos zanjados (2 de julio de 2021, Chuncheon, 4:53 PM) — ABANDONAR ÁREA.
ABANDONAR ÁREA.
CICLO DE PRUEBA NÚMERO 43 INICIADO.
Su respiración era entrecortada, su percepción de alrededor confusa, su cuerpo estaba agarrotado por el esfuerzo mental.
Ark-1 fue sometida a otro choque fotónico en su cabeza, pero ella se mantuvo respirando, a pesar de su vista nublada.
El aparato se levantó una vez más, el gas nervioso fue soltado, haciéndola sangrar, volviendo sus sentidos incluso más borrosos.
Un sufrimiento horripilante se apoderó de ella, cerrando su pecho, cuando espinas le atravesaron de hombros para abajo de nuevo.
Ella sin embargo no gritó, pero si abrió la boca, tuvo un espasmo al sentir las ondas inhibidoras ir y venir en pulsos desde aquellas herramientas de tormento en plastiacero.
Vio los entresijos de sus segmentos pulsar en una luz roja, y al mismo tiempo fue lanzada la nueva oleada: — Ja-yoon, ¿por qué?¿por qué lo haces?
Y eso era lo que veía, a Ja-yoon en el palco, junto a uno de los científicos que la estudiaba en el Cuartel General por órdenes de Baek hace meses.
Pero todavía, incluso viendo a sus conocidos entre los Despiertos lanzarse en contra de ella, su imágen era granulosa, en baja resolución.
Cerró sus ojos, y con su concentración al máximo.
— No, nada de—esto— Al instante, provocó que las cabezas de esos atacantes, equipados con aquella extraña piedra negra, estallasen al unísono.
— Nada de esto es real, no es real —exclamó.
Las imágenes volvieron a su forma real, una tropa de muertos vivos, cuyos cuerpos sin cabeza la buscaron trastabillando hasta caer.
— Será mejor que lo aceptes.
Este es tu mundo, siempre lo ha sido.
Existes para servirnos— La voz de la supuesta Ja-yoon, antes firme, se distorsionaba como el canto de los demonios, antes de que Ark-1 levantase la vista.
La forma de su hermana se difuminaba, sus perfiles se volvían distintos, y por un momento vio el rostro de la realidad, sonriéndole con arrogancia.
— Kim—Kwon-sook.
Esta apretó el puño.
Volteó hacia Moon-jo, que se estremeció al sentir su enojo.
— ¡¿Qué está sucediendo?!¡Les dije que aumentaran la potencia!
Este respondió, apretando su collar de dientes al pecho, poco feliz: — Ya está hecho, no hay manera de aumentarla más.
Si seguimos a este ritmo, la computadora explotará.
— Pues hazlo posible.
O el Señor sabrá que fuiste un cobarde.
Sabes que la necesitamos.
Aumenta el gas nervioso.
— Sí, sí, ya sé.
Para que el plan del Amo de toda Carne funcione, debe obtener el arma definitiva para su Obra Maestra.
Ya sé eso.
—¡¿Y entonces que esperas?!¡Aumenta el gas nervioso, aumenten la potencia!
Detrás, el cuarto de máquinas bulló en actividad, preparando las simulaciones del casco con sudor en la frente.
Se dirigió a uno de los terminales, y de forma discreta, señalando y dando comandos, se dispuso a presionar un botón debajo.
— “¿Qué es eso?
Puedo sentir—algo ahí.” —caviló Ark-1.
En efecto, un par de puertas blindadas se abrieron poco a poco, y de adentro emergió lentamente un tanque cilíndrico, lleno de líquido verde.
“¿Qué es este agujero—que consume?” Moon-jo, por su parte, se apresuró al cuarto aledaño, donde el tanque principal del gas estaba siendo llenado con cargas.
Los asistentes voltearon a mirar, todos ellos cadáveres andantes que gruñían siguiendo una rutina preprogramada.
— ¡Apártense, estúpidos!
Este se precipitó sobre el conducto principal en el interior, abriendo las llaves al máximo, lleno de apremio.
Luego les gritó a los esbirros para que continuasen depositando y ajustando las cargas faltantes; pronto fue allí un instante, cerrando el compartimento.
Fue al cuarto de máquinas: — ¡Está listo!
Kwon-sook ya se hallaba de pie, viendo cómo Ark-1 enfrentaba la caída de granadas con su telequinesa, lanzando casi simultáneamente objetos diversos que caían encima desde el techo en dirección hacia una jauría de perros con implantes cibernéticos.
De lejos todos eran difíciles de agarrar por los campos inhibidores a su alrededor, pero ya de cerca quedaban aplastados.
Con un pulso de su mente las criaturas eran magulladas, rotas por las granadas desviadas en rebotes imposibles, pero la muchacha pálida murmuraba cada vez que mataba a uno.
Leyendo sus labios, la mujer entendió que era una especie de mantra, repetido y repetido; ella lo desestimó, y por otro detestó: — ¿Cómo alguien con tu podee puede ser tan—deficiente y patética?
Rogar por tu vida no servirá de nada.
La muchacha la ignoró; su rostro era impasible, enfocado, como si estuviese perdida en ningún pensamiento.
— ¿Cómo puede alguien tan boba—?
Aigo.
Se llevó una mano a la frente en frustración, tratando de entender si había algo mal en el cerebro de aquel sujeto, antes tan alabado por el equipo científico de ADP Medical.
— Pronto, debemos terminar la programación epigenética para la transferencia de tejido El de bata replicó eufórico, chasqueando los dientes: — Pronto, serpiente.
Pronto acabará, y Ark-1—se terminará Ya Moon-jo la observaba, sin mucho entusiasmo, cuando más gas salió del suelo de la cámara, nublando la visión detrás de su vidrio blindado.
— Ahg, ¡no!, ahora me voy a perder la obra.
— Eso no importa, debemos asegurarnos de que cada célula —dijo en tono calmo.
— Sea condicionada.
Sí.
Un crujido de vidrio roto, y vieron una fractura en el suyo.
Cuando el gas se dispersó, la muchacha sangraba por todos los poros, todavía con vida, y fue cuando otro apareció, asustando aún más a Moon-jo, que hizo berrinche: — ¡No!¡No!¡No!¡¿Que hace fuera él?!¡Aún no estaba listo!
El Amo va a castigarnos.
— Silencio.
—interrumpió— Este fue el primero, su gran “Obra Maestra”.
— Ha trabajado años en él; si es dañado en su refinación, mi Señor no me perdonará.
— Pues él ya ha demorado demasiado en refinar su tan preciado prototipo.
Dejemos que se gane a fuerza su última “actualización”.
El otro dijo en un hilillo de voz, encorvado: — ¿Pero cómo—?
—siseó— Tú, maldita— Abajo, podía verse a un hombre desgreñado, vestido solamente con una pantaloneta, el cual había salido del tanque dándole un puñetazo.
Este sonreía con los ojos entecerrados, salivando como si anticipase devorar un banquete como nunca, sus zancadas acercándole peligrosamente.
Ark-1, que veía doble para ese punto, se percató de una pesada realidad: “Es mi oportunidad.
Es ahora.” Cerró los ojos con suavidad, y con sus reservas agotadas de energía empírea, tocó el aura plana, pero vibrante, de aquel ente.
Recorrió mentalmente su cuerpo, conectó con ese vórtice negro en su centro, donde había una oscuridad infinita devorándolo.
Desde allí irradió su percepción hacia su cuerpo sutil, el tiempo ya casi detenido mientras lo hacía, llevando su propio enfoque hasta allí.
Recorrió su pecho, espalda, abdomen, sus piernas y brazos tiesos, la piel pálida llena de costuras, los músculos ennegrecidos gritando traumas que no le pertenecían.
El cerebro de este carecía de emoción, no por elección, sino en la forma del patrón neuronal.
Empujó más fluidamente, hasta llegar a la energía que emitía su enemigo.
La sintió pulsar con anhelo frustrado, impactando las paredes, el suelo, el techo, los objetos.
Estos causaban, poco a poco, fracturas, primero pequeñas, que crecían más y más.
Pero también en las espinas que la dañaban.
Y como una tibieza, una ola que fue calmada en una sola caricia, soltó su poder a través de él.
Para ese punto, el tiempo volvió a correr, y el hombre llevó una mano al mentón de ella para intentar arrancarsela.
Apenas si hubo rozamiento, cuando todo estalló, y él fue lanzado con un tintineo sónico contra el vidrio desde donde los otros dos miraron.
La camilla entera se cayó a pedazos como si le hubiesen arrojado una granada, y ella cayó libre al suelo.
— ¡No, maldita sea, corre!
—gritó Moon-jo.
Se apartaron, y el sujeto atravesó la ventana violentamente.
Como un bolido, cayó sobre el terminal principal, destruyéndolo.
Los esbirros, estos sí humanos, salieron huyendo del lugar a pesar de sus esposas y grilletes.
Kwon-sook, que se había acuclillado, se levantó con tranquilidad antes que el polvo se asentase, limpiándose las mangas.
— Sí, se enojará cuando se entere.
—se burló.
Miró a Moon-jo.
— De que tú sacaste a su as bajo la manga antes de tiempo.
—risoteó.
Este, desgraciadamente, estaba yendo de aquí para allá en la sala de máquinas.
Miraba todo destruído, y el tanque doblado, entre paredes que estaban cediendo, comenzando a liberar su contenido dentro.
No volteó hacia Kwon-sook, tan sólo corrió cuando vio al ente despegarse dolorosamente del metal, un brazo a la vez.
Y cuando parecía que este iba a atacar a la mujer, con una mirada asesina, todo el techo cayó sobr él, pero no de forma natural, sino que, cual pitones, los restos lo envolvieron con fuerza en un capullo que no pudo romper.
— Kim Kwon-sook.
Cometiste un error.
Kwon-sook quedó paralizada, y Ark-1 ya había saltado sobre el filo de la baranda, pasando a su lado.
— No idealicé jamás a mi hermana, la acepté tal y como es.
Por eso jamás la odiaré.
— Ella es un monstruo.
— No.
Todos somos humanos, aunque no quieran aceptarlo.
Incluso tú.
— ¿Así que no me odias tampoco?¿No nos odias a nosotros, a Yongsadan, por lo que te hicimos pasar?¿Quién te crees que eres?
— Yo—no me creo nadie especial.
Y no, no los odio, de nada sirve hacerlo; no salva a nadie.
La muchacha pálida se alejó subiendo los restos a la planta superior, arrastrando las mangas de su camisa de fuerza, y extrayendo el chip en su pantorrilla derecha.
— Sé lo que Ja-yoon pactó contigo —dijo Ark-1 sin voltear— Aprovecha tu segunda oportunidad, y aléjate de esto cuando termine.
Tu ambición es demasiada; no te traerá nada.
Varios no muertos la atacaron, pero ella, con movimientos suaves, los lanzaba a un lado para seguir avanzando, con la frente en alto y sin estrés visible.
Kwon-sook fue tirada con delicadeza hacia atrás por una brisa telequinética, y gritó al caer antes de estamparse contra el suelo.
Esta quedó allí, resentida.
Sus huesos y órganos se rompieron, varios de ellos, y comenzaron a regenerarse con un calor ácido, infernal: — Des—graciada criatura.
—y negó, gimoteando— No se quedará así, no.
Tú sólo espera, verás que nadie se burla de mí.
La muchacha ya se internaba por el corredor, hacia la entrada.
Al pararse bajo el umbral, vio delante de sí una bodega polvorienta, y detrás el reguero de zombis que había dejado.
Miró con un dejo de lástima aquellos cuerpos en fluido verde, inclinando levemente la cabeza: — Kṣantavyaṃ yan-mama muktir-bhavatāṃ vināśam apekṣate.
Ayaṃ vaḥ antyaḥ kleśo bhavatu.
Siguió su camino, y en la siguiente puerta, se halló dentro de un almacén de ferretería abandonado, lleno de herramientas oxidadas.
Por la amplia puerta principal, corrida con urgencia, entraron a trompicones un grupo de uniformados de Yongsadan, y adelantándose un par de conocidas.
Estas se detuvieron al verla, y sin ser conscientes del todo, le devolvieron la sonrisa de la muchacha, de pie al lado de un estante.
Ryo-dan preguntó de forma retórica: — ¿Otra jefa, ya salió de ahí tan pronto?
La muchacha pálida pronto estuvo frente a ellas, posando sus manos bajo las mangas con serena alegría: — Estoy bien.
Gracias, por venir a buscarme.
Bae-rin, con un pequeño temblor de pierna, respondió: — La jefa Koo nos—envió a buscar el sitio donde se esconde K.
¿Lo encontró?
Ark-1 bajó sus manos, negando con la cabeza, mientras los efectivos bajaban con sus armas por donde ella había venido, y su intención de querer “limpiar” ella la palpó.
— No creo que haya estado aquí para empezar, sólo era un campo de pruebas.
Su cuartel general debe estar en otra parte.
Ark-1 observó el exterior un momento con su visión remota ahora que no estaba limitada.
Supo dónde estaba; la ciudad de Chuncheon.
— Entiendo.
—replicó Bae-rin.
— Oye, Bae-rin.
— ¿Sí?¿Qué ordena?
— No es eso.
Quería preguntarte cómo va tu recuperación.
— Ah, sí señora.
Los del laboratorio médico dijeron que tomaría unas semanas para que mi cuerpo volviera a estar bien del todo.
— Me alegra escucharlo.
Bae-rin apartó la mirada: — Como sea, iré a dar apoyo.
Kim Kwon-sook no debe escaparse.
— Claro.
Tengan cuidado con el que encerré en escombros.
Está en el cuarto de máquinas, diles que lo muevan despacio.
— Sí.
Ryo-dan vio a Bae-rin irse, antes de decirle a la muchacha: — Oiga, otra jefa, ¿y ahora qué hacemos?¿Le informamos a la jefa que la misión se cumplió?
— Algo se sentía extraño.
No sólo fue Kwon-sook.
La cantidad de enemigos fue poca.
Hay que estar alertas.
— ¿Y te sorprende eso?
Llegó a ellos una joven mujer de rostro redondo, vestida en uniforme táctico y un abrigo azul.
Ark-1 la miró, reconociéndola.
— Espera, la mujer de Daejeon— señaló Ryo-dan.
Ark-1 la detuvo: — Descuida, está con nosotros ahora.
— Espera, ¿qué?
— Dame un momento.
Se dirigió a la mujer entonces, asintiendo: — La atrapamos, Sook-hee, como te prometí.
Ya no debes preocuparte por ella.
— Ella lleva más que yo en esto, te aseguro que sabe jugar muy bien a dos, tres, o las bandas que le convengan.
Si no la vas a matar una segunda vez, mantenla bien vigilada; aunque, hah—ne te lo recomiendo.
Era cierto; antes de partir a Malta, Seo Mi-ri le había dado un mensaje de uno de sus contactos para localizar a K.
Este caso había sido especial, pues justamente decía tratarse de la Uno punto Cinco, la desertora de una fuerza encubierta.
Luego la localizó sin decirle a Ja-yoon, y comprobó la veracidad de sus afirmaciones.
Y la ubicación del lugar al que no podía entrar.
— Trató de lavarme el cerebro como hacía contigo.
Me aseguraré de que jamás vuelva a pasar cuando ganemos.
Sook-hee respondió con cinismo: — Eso lo tengo que ver.
A ellas se acercó un oficial de los que habían venido.
Notó la muchacha el mismo parche con el símbolo nuclear bajo el regular de Yongsadan: — Usted debe ser Datum Point, ¿me equivoco?
Veo que no fue una molestia, después de todo.
La felicito por su éxito en la misión.
— Ese no es mi nombre.
Llámeme Ark-1 por ahora.
— Soy el teniente coronel Hong Baek-han.
Un gusto hacer negocios con ustedes.
Ella le tomó la mano, saludándolo.
— Y dígame, ¿ustedes por qué causa nos ayudan?
— Esos burócratas de Seúl quieren entregar nuestra autonomía a los otros cardinales, al NIS o a quien sea con tal de sobrevivir.
Desde el Cuerpo Imugi eso nos ha parecido una mala idea, si le soy sincero.
— Lo comprendo.
Gracias por venir, pero—¿tiene algo más que decirme, no es verdad?
Este la apartó a un rincón llevándola suavemente del brazo: — Solamente usted debe saber esto.
Interceptamos esta comunicación con nuestros satélites, viene de la gente de K.
Léala con calma luego.
Este se retiró, directamente al camión de mando, subiendo por la rampa laterla al saludo de sus subordinados.
Una vez lo sintió retirarse, desdobló el papel con el mensaje codificado.
Sus ojos se abrieron como platos, y su boca se entreabrió, dejándolo caer.
— Oiga, ¿qué es eso?
Era Ryo-dan, inclinándose para leer el código.
Ark-1 lo atrajo hacia sí, guárdandolo dw vuelta.
— Déjalo así.
Ni siquiera tiene sentido.
— Ok.
De todos modos yo ni sé leer eso.
Pudo sentir que la chica mentía a sabiendas, y sólo acertó a decirle: — No le digas a Ja-yoon.
Ella no necesita perder el tiempo en cosas como esta.
________________________________________ (2 de julio de 2021, Gangrim, 5:55 PM) En los edificios abandonados, ocurría una batalla campal en cada habitación y corredor, agentes de Yongsadan luchaban con sus fusiles contra una horda de no muertos armada hasta los dientes.
La infraestructura había quedado con los vidrios rotos, las puertas destrozadas, y barricadas improvisadas de lado y lado.
Rodeando todo el perímetro, agentes del NIS se movían en grupos de tres o cuatro.
La zona había sido acordonada y rodeada de barreras, e individuos que parecían del ejército rodeaban todo con sus ametralladoras, apuntando pacientemente.
Los otros, en cambio, recorrían los edificios cercanos, ordenando a las personas que evacuasen, confiscándoles en el proceso los teléfonos celulares y otros dispositivos.
Los tiros sonaban, la gente estaba asustada, pero aún así, hubo quienes se asomaron por las ventanas tratando de ver de lejos, mientras la luz e internet eran apagados.
En la terraza del edificio, Ja-yoon golpeaba rápido al Cazador Tipo III, pero Hee-sung era esta vez incluso más rápido: — ¡No puedes detenerlo, pequeña tonta!
Este se hizo a un lado, rajándole del costillar al brazo con un machete.
Vio la sangre, y con brillante mirada, relamió su labio al hacer girar la hoja.
Recibió de repente un ataque que le partió el espinazo, un ventilador pesado que lo hizo partirse hacia atrás.
— Pronto todos sabrán a lo quebse atienen—si intentan acabar con él.
— Deberían rendirse ahora que aún pueden.
Tu jefe debería unirse a mí.
—retó Ja-yoon.
— Eres tan agria.
Qué chiste tan malo.
Este, tras acomodar los huesos de su cara con muecas grotescas, comenzó a reírse, reacomodándose.
El armatoste destrozado regresó en pedazos, atravesándolo de lado a lado por partes, dejando un reguero alrededor para luego elevarse en el aire.
Se reconformó de manera imperfecta, manchada, y volvió a ser lanzado hacia él: — No tengo tiempo para jugar contigo.—sentenció Ja-yoon— Aquí yo tengo la ventaja así que no trates de detenerme.
— Aish, pero por qué tienes que ser tan sosa.
¡Vamos, diviértete conmigo!
Le lanzó el machete girando y con su telequinesia lo hizo rebotar en parábolas alrededor de la joven, quien con su percepción extrasensorial fue siguiendo su ubicación.
Dos metros, noreste, tres metros, sur, 40 centímetros, oeste, y cuando intentaba usar su telequinesia de nuevo, un nuevo objeto le era arrojado, fuera una bicicleta, un perro o el cadáver de un combatiente, todo acababa aplastado como una mosca en un parabrisas.
Incluso a Ja-yoon le pareció molesto, más que lo repulsivo que era: — Eres demasiado burdo.
Qué vergüenza debiste provocar en vida a todo el mundo.
Pero descuida— Se lanzó, tomando el machete que intentó rebanarle el cuello, y ya bajo su control corrió girando la hoja, y esquivando en giros ella misma alrededor del hombre.
Este contraatacó usando sus golpes, dándole en el hígado, y luego una patada al cuello que la mandó al palo de un un tendedero.
De nuevo caería de rodillas, aún si a Ja-yoon la había atravesado aquel mismo fierra por el intestino, una vez se alejó de su oponente.
Perdió la fuerza en los brazos, y temblorosa miró de reojo a Hee-sung, que todavía burlón trató de pararse de vuelta.
Eso al menos hasta que se dio cuenta de que no podía moverse a pesar de intentar con fuerza, hasta el punto de herirse.
Las líneas, comprimiéndose cada vez más, eran los alambres de todos los tendederos que, con el enfoque psíquico de Ja-yoon, se mantuvieron templados en sitio.
Cada uno tenía su agarradera clavada en el suelo de la terraza, rodeando al asesino como una tétrica tienda de campaña en la que este era la carpa.
— Les evitaré el sufrimiento de deshacerse de ti.
— Hahah, pero qué aburrida.
Insistes en esto, sabes que me regeneraré aunque me partas en pedazos.
No podrás matarme.
— Mi objetivo no era cortarte.
Este comenzó a sentir un calor viniendo de su diafragma, y sus pulmones inmediatamenre colapsaron, haciéndolo doblarse de agonía: — ¿Qué—hiciste—?
— ¿En serio pensaste que no averiguaría tu debilidad?
Su torso comenzó a ser carcomido, y este se ahogaba, mientras los vapores amargos emergían de su interior.
Se vio, y notó un fragmento de metal derritiéndose mientras su columna era consumida de adelante a atrás, su estómago desapareciendo en un engrudo.
Al haber puesto su mano, sintió la quemadura, y también comenzó a consumirse en aquel brillante compuesto naranja.
— Fue difícil importar esto.
No iba a desperdiciarlo, no contigo fastidiándome.
Este trató de hacer algo, pero sus piernas quedaron tiesas, y en cuestión de segundos estaban siendo continuamente consumidas.
Sus manos brazos, su pecho era consumido, aún suspendido en el aire por los cables hasta que quedaba sólo su cuello.
— Te odio —chilló infantilmente— ¡Me has apartado de ella, mi juguete perfecto—!
Su mirada, llena de odio, se congeló en un terrible tormento, y de él nada quedó, sus ojos lechosos y cerebro en el piso desapareciendo en el brillo maligno.
— Mi musa.
Ryo-dan —estiró la mano— Se desliza—lejos de mí— Cuando no hubo nada qué devorar, el viento mismo se llevó las cenizas.
Ella se sacó con un gesto de dolor el tubo que llevaba atravesado, usando su mente para arrancarlo hasta que salió del todo.
Se echó de manos al suelo, jadeando con pesado alivio, a pesar de la hemorragia.
Un enemigo rompió la puerta corriendo hacia ella, pero antes de que tuviera que actuar, fue atravesado por un tiro de carabina en la cabeza.
Este gorgoteó agitado en el piso, y quedó tieso a la vez que pasaba a su lado el tirador, quien acomodó su gorra de oficial con la otra mano.
— Ni—siquiera—lo intente.
De repente, ya el escolta alto Seo-jin, y Da-mol, estaban con sus cuchillos apuntados en puntos vitales del tipo: — No me atrevería, sería contraproducente —respondió este con seguridad.— Nuestro trato sigue en pie mientras cumpla su promesa.
Con molestia, Ja-yoon se fue levantando, apoyada al borde de la terraza.
Sin mirarlo contestó: — ¿Y qué hay de lo que me prometieron ustedes a mí?¿Está listo?
— Lo estará pronto, se le avisará con tiempo.
— Cuento con su palabra, claro, pero como ve también con otras cosas.
Supongo que todo terminó.
— Los últimos de ellos están llegando, pero Horang ya llega, mire.
Ciertamente las tanquetas seguían por la autopista, escoltadas en el aire por drones y helicópteros.
Los robots pronto se desviaron directo a su posición, y aunque le fastidiaba, la joven se puso en marcha fuera de allí, con dolor y todo.
El oficial la miró marchar primero y la siguió, atentamente observado por los jóvenes de negro, que quitaron sus cuchillos.
— ¿Está lista la ruta?
Veo que ya nos tienen ahorcados.
Observó el cerco de la inteligencia en todos los sentidos, bloqueando las rutas de la superficie, por lo menos.
— Mis hombres la están esperando en el túnel.
Y yo puedo convencerlos por el tiempo suficiente para que salga a la casa segura.
Además, ellos saben que no tienen la vara tan grande al lado nuestro.
________________________________________ (3 de julio de 2021, Seúl, 1:30 PM) — ¡Bien, pónganlo ahí!
Un grupo de trabajadores levantó el letrero en la entrada de un gran edificio.
Lee Kyu-jin sonreía con los puños a la cintura, pero su expresión pronto se volvió grave.
Jadeó boquiabierto: — Ojalá esto sí funcione.
Es por ti, Sang-ah.
Es por ti.
Los pasillos y cuartos bullían de actividad, el personal y diversos empleados d emantenimiento montaban equipos en habitaciones, laboratorios y en los consultorios de diferentes áreas.
Otros limpiaban todo, y otros más se llevaban los restos de cartón, plástico y empaques de espuma flex al depósito de basura.
En otra área, la de los almacenes de medicamentos, varios camiones blancos sin placas comenzaron a entrar.
Al cerrarse las puertas, se bajó de ellos un grupo de uniformados de blanco con el sello de dragón dentado.
Por uno de los pasillos, lleno hasta el tope con tanques enormes de productos químicos, hicieron tap tap un par de tacones de aguja.
Uno de los oficiales, la vio, y se acercó a ella como si sufriera contracturas de músculos fuera de lugar.
Se encontraron entre el espacio de cajas de medicamentos y los estantes.
Y tal cual como apareció, desapareció, convirtiéndose ante ella en otra mujer, trajeada de azul: — Señora Cheon.
— Así que por fin regresa, jueza Jung.
— Se cree muy graciosa.
— Y dígame, ¿qué ocurrió con el tribunal?
— Arreglé todos los detalles.
— ¿Qué hay con su viejo amigo, el juez Kang?¿Estará ocupado?
— Jamás estará ocupado de nuevo.
— Eso espero.
La jefa Kim está lista para el último movimiento.
— ¿Segura de que su absurda idea funcionará?
— Si no lo hace, nosotras estaremos seguras.
Y si lo hace, bueno, podemos decirle hola a una nueva etapa de este negocio.
Después de todo, lo importante es eso; no cometeré el error de sentir culpa por ello.
Nunca.
La de azul se cruzó de brazos: — Qué conmovedora historia de superación, la anotaré en un diario y la publicaré.
Y dirán, Jung Sun-ah, la abogada sin licencia que pudo.
Se habían adentrado por el pasillo, llegando hasta el ascensor.
— Ya estoy harta de tus chistes.
—le acomodó el cuello del traje— La próxima vez, yo misma me encargaré de cortarte la lengua con mi lima de uñas.
Pero esperemos a que esa cacatúa de Hong Cha-young se hunda primero, ¿está bien?
— Sí, eso haré.
— Bien.
Ahora debemos ir a mi oficina, tenemos que tener nuestras contrarréplicas listas.
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