The Witch 4: Insurrection - Capítulo 16
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Deudas pagadas (Primera Parte) 16: Deudas pagadas (Primera Parte) (3 de julio de 2021, Gangrim, 4:00 PM) El detective miró por detrás de la cortina; vio a aquellos cazadores de ojos verdes pasar por la avenida, deteniéndose frente a la puerta.
Estos olisquearon el aire, pasando de un lado al otro frente a la fachada, y tras un rato estos desistieron, dirigiéndose a otro lugar.
Suspirando en silencio, volvió a la habitación de billar en aquel segundo piso, donde Seok-kyung se aferraba al palo con impaciencia.
Los demás esperaban sentados con expresiones graves, a la vez que Kwon-joo revisaba las defensas de la casa.
La oficial se halló revisando una barricada hecha con un sofá y un piano viejo, empujándola con un pie para cerciorarse de que no se moviese.
— ¿Y bien, oficial Kang?
Veo que está bastante preparada.
— Vi lo que esos monstruos eran capaces de hacerse entre ellos.
No dejaré nuestra supervivencia a la suerte: — Oigan, ya es tarde, ¿seguros que alguien vendrá?
Tal vez ya no se interesen por nosotros.
—exclamó Je-ni.
— Uish, pero qué tonta eres.
¿No ves?
Quieren que bajemos la guardia —replicó Seok-kyung— Y luego ¡bam!
—llevó el palo a frente a las narices de Je-ni— Nos atraparán desprevenidos, y acabarán con todos y cada uno hasta el último.
— ¿Tú cómo lo sabes?
Seguro irán por esa tal Koo Ja-yoon primero.
No somos tan importantes para K, o quién sea que esté haciendo esto.
Ni siquiera creo que esa chica vaya a venir.
— Dijo que vendría, pero pienso buscarla, y le partiré este palo en la cabeza si se le ocurrió mentirme.
Cuando se haya acabado el peligro, iré a Seúl y le daré una lección a Cheon Seo-jin yo misma.
— Sigues siendo la misma bravucona.
¿De qué te sirve en este punto?
No las podrías ni tocar antes de que te vuelvan a arrestar.
Y esta puso una expresión grave, mirando cómo sus propias manos de habían enrojecido en aquella impulsividad.
Dio un respiro, mirando a otro lado: — No lo menciones.
— ¿Y cómo no, si la otra vez casi te—?
Seok-hoon le dio un par de palmadas en el hombro, negando con la cabeza, y Je-ni se quedó en silencio.
Una ventana abajo se oyó estallar de forma repentina, al mismo tiempo que el detective olía algo en la dirección del golpe.
Corrió, diciéndoles a todos: — Basta de charla.
Prepárense que aquí vienen.
Al llegar a la habitación justo arriba de la que había sido rota, vio que el zombi a nivel de la calle se retorcía, haciendo traquetear su cuello como un timbre de escuela.
Contorsionó su cabeza arriba para mirarlo directamente, y dibujando una sonrisa exagerada, pegó tres carcajadas sin ninguna emoción antes de que su cuerpo explotara.
La explosión destruyó parte de la fachada, y el borde comenzó a consumirse en llamas; el detective había sido arrojado hacia atrás, pero tras contorsionarse se puso de pie.
Los demás estaban aterrados, y de inmediato Kwon-joo había asumido el mando, llevando a Seok-kyung de la muñeca: — ¡Espera, espera, ¿a dónde vamos?
— Hora de ver si tu valor es igual a tu lengua, toma esto.
La dio una pistola en mano, y el pulso de la chica temblaba de forma descontrolada.
Kwon-jol tomó aire por la nariz, a pesar de técnicamente no necesitarlo, y la abofeteó.
— ¡Ah!
— ¡Despierta, esto no es un juego!
—la tomó del cuello de la camiseta— ¡La vas a tomar de este lado, mantente alerta, si ves algo apunta y dispárale!
Seok-kyung negaba con la cabeza, pero la oficial la zarandeó, los gruñidos emergiendo de los tablones rotos de abajo, los pasos y uñas rasgando la madera: — ¡Ve, ya, a ese lado!
—señaló, y la lanzó en esa dirección— Mantente agachada.
Allí, de rodillas, esta se mantuvo temblorosa, cuando vio el primer cazador caminar como si fuera un robot indetenible, enseñando los dientes listo para arrancar carne.
Seok-hoon corrió hacia ella, llevando el palo de billar para dárselo, cambiándolo por la pistola; este, aunque ansioso, la revisó y se dispuso a apuntar.
— Tú cúbreme, ¿de acuerdo?
Mira, allí.
Aunque algo perdida, Seok-kyung vio a donde su hermano señalaba, tomando el palo por reflejo.
Su hermano.
Era la primera vez que dejaba que ese término llegase a gran profundidad en su pensamiento, incluso tras estos meses.
Vio la estantería horizontal parte de la barricada, y los libros dentro; sonrió, porque recordó de repente cuando los arrojaba contra él.
— Sí, claro, Seok-hoon.
Haré—lo haré.
Con titubeo, dejó el palo cerca y avanzó al sitio, y tomó un manual de carpintería y una guía telefónica.
Seok-hoon pegó los primeros tiros, derribando a un par de tiros a los tobillos, mientras el detective atravesaba una pared arrancando en dos partes a uno tras otro del otro lado.
Volvió de su lado pegando un brinco sobre sus cabezas, interponiéndose entre los jovenes y el enemigo.
Je-ni y Ro-na se habían ocultado bajo la mesa de billar, gimoteando y sollozando.
Fue cuando, tras derribar a tres, del lado humeante, la oficial tiró de su carabina ver dos con cilindros de propano amarrados a su cuerpo.
— ¡Cúbranse!
Esto diseminó el fuego al pasillo y sobre sus cabezas, mientras la mitad de la casa se desparramaba.
Pero para su desgracia, los enemigos no pararon de venir, y además estaban entrándose a las casas de alrededor, masacrando a quienes vivían dentro.
El barrio se convirtió en una cacofonía de terror a su alrededor, conforme más explosiones sucedían en las cuadras aledañas.
Kwon joo jadeó: — Ese maldito.
Ahora comenzaste a jugar rudo, ¿eh?
Seok-kyung gritaba arrojando libros tras libros, maldiciendo a gritos: — ¡Monstruos horribles, muéranse!
Comenzaron a surgir otros, de menor estatura, portando máscaras atadas a un tanque y una flexibilidad atroz, que corrieron por paredes y techos chillando y aullando.
Treparon al segundo piso también desde otros ángulos, mientras el detective iba corriendo de un lado a otro, pegando tiros a dos manos con sus pistolas contra varios, reforzado por los cartuchos de metralla de Kwon-joo.
Varios se despedazaron al caer, pero más tomaban su lugar, y mientras Seok-kyung le aplastaba la cabeza a uno con un libro pesado, pronto rompieron la ventana del cuarto de billar.
“Parece que al final sí viniste por mí” pensó Kwon-joo.
— ¡Aquí estoy, desgraciado!
Las dos chicas ocultas gritaron.
Seok-hoon volteó: — ¡Ro-na!
La mesa fue volteada, y las pequeñas criaturas, grisáceas y llenas de costuras, se prepararon para despedazar a las dos con sus garras de metal.
Lo siguiente fue una ráfaga de fuego desde las alturas que destrozó el mueble; tirándose al suelo, las chicas evitaron morir acribilladas igual que las criaturas, las cuales quedaron esparcidas por todo el piso y los pasillos.
En el corredor, también estos quedaron destruidos, sus partes moviéndose en convulsiones que rompían su propia carne; en el caso del detective, este logró cubrirse parcialmente bajo una cama, pero estaba herido.
Igual era el caso de Kwon-joo, que vio la fuente de la artillería ligera a través del techo agujereado y en cenizas.
Un helicóptero de combate pasó por encima de sus cabezas, y otros tres estaban en el campo visual de la sala destruída, surcando los cielos en un esfuerzo de contención.
El símbolo del ejército era visible en sus lados; para la opinión pública no habría dudas: — Parece que llegó la caballería.
Dicho eso, Kwon-joo perdió su fuerza, justo cuando el detective ya había salido de vuelta al pasillo.
Se apresuró a tomarla en brazos de una zancada, consternado; miró a un lado, y aunque con golpes, la chica además con una cortadura en el brazo, los hermanos Joo estaban bien.
Seok-hoon presionaba la herida de Seok-kyung, mientras Moo-young le echaba un vistazo a los agujeros que las rondas .50 sí dejaron en la oficial.
— No son los militares.
No con lo que pasó en Busan.
— Sí, ya sé.
Parece que Koo Ja-yoon no nos tenía en sus cálculos.
— Tuve tiempo de revisar la información que me dio.
Parece que son aliados suyos en esta provincia.
— Me pregunto—cuándo se volverán sus peones.
Oye— — Está hecho.
Quien te envió ya sabe todo.
Debo sacarlos de aquí rápido.
Los hermanos se habían acercado a la oficial, asustados al ver cómo aquel líquido verde fluorescente escapaba de su cuerpo: — Es tarde para mí.
—tosió, y sonrió— y ya llevaba retraso.
Seok-hoon se lo pensó y dijo: — Podemos arreglarte.
— Seok-hoon, basta.
—musitó Moo-young.
— Estas cosas—¿son como tú o no?
Tienen esa—sangre verde.
Seguro podemos— Ella negó, y los apartó con un ondeo débil de su brazo: — No, por favor.
Váyanse de una vez, mocosos tontos.
Una enorme sensación de culpa embargó a Seok-kyung, que se tomó del pecho: — Perdóname, Kwon-joo.
No hice lo que me dijiste, si hubiera vigilado mi lado— Con algo de enojo, la oficial respondió: — Da igual.
Tú no me disparaste, así que ya deja de azotarte, ¿ok?
— No te vayas así.
Yo—fui una idiota con ustedes.
Lo siento.
— Hah.
Hasta que al fin te das cuenta.
— No te rindas, por favor.
— Tranquila.
Seguro ustedes irán a un mejor lugar que yo.
Pero que no sea pronto, ¿está bien?
Ro-na se llevó la mano a la boca, cerrando los ojos con pena.
Je-ni puso la mano en el hombro de Seok-kyung, pero ella se la quitó de encima, diciendo: — Quítate.
— Ey —dijo la oficial— No vuelvas—a hacerlo.
La última palabra se escapó de sus labios en un último suspiro.
Sus ojos se volvieron vidriosos, y finalmente su alma dejó de estar atrapada en una carcasa embalsamada.
El detective le cerró los párpados.
— No puede ser.
Lo siento, perdóname, sólo vuelve conmigo, vuelve, ¡vuelve!
Tanto Ro-na como Je-ni se acercaron caminando lentamente al verla llorar, ahora que todo estaba más o menos silencioso.
Se estremecieron por el impacto de misiles en varios lugares, antes de que los helicópteros se retirasen en la lejanía, dejando todo el barrio hecho un desastre.
No pudieron percatarse que, a su espalda, desde una casa carbonizada por dentro, uno de los cadaveres se levantó.
Este se apoyó al borde de una pared derrumbada, poniendo en frente un rifle de francotirador.
Al estar enfundado en un uniforme blanco, el detective, a quien apuntó en la nuca, fue incapaz de olerlo.
Rastrilló el arma, con el bipode fijo, y de forma automática, llevó su dedo al gatillo.
— ¡Cuidado!
Ese grito fue el de Je-ni, al mirar el brillo de una lente en el rabillo del ojo.
Empujó al detective a un lado, y se puso como barrera entre el proyectil y los dos hermanos.
Ro-na por su lado se había hecho a un lado, cubriéndose la cabeza.
Seok-kyung quedó de rodillas, completamente paralizada al ver a Je-ni caer sin vida en el piso, un tiro limpio que atravesó desde el flanco izquierdo su corazón.
El terror se apoderó de ella al ver su mirada sin luz, y en esos instantes de completa reactividad emocional, creyó que estaba siendo terriblemente castigada.
El detective apenas se levantó, y se los llevó corriendo a los tres, tironeandolos del brazo a cada uno, y practicamente se los llevó halando.
Seok-hoon fue el primero en correr sin ayuda, protegiendo a Ro-na, mientras que Seok-kyung tuvo que ser agarrada por la cintura, pataleando y gritando.
Su mano se estiró hacia las dos muertas, sin jamás poder alcanzarlas.
Otros siguieron, y ellos bajaron las escaleras, hasta salir por un agujero en la librería.
Los tiros siguieron retumbando no solamente en el aire pero también lo hicieron en su pensamiento una, y otra vez, hasta que su cabeza misma dio vueltas.
Salieron por un callejón, y luego doblaron una esquina, un tiro en el asfalto, otro en el poste, pero pronto perdieron la visibilidad del tirador.
Atravesaron un jardín en llamas lleno de restos carbonizados, y allí fue que vieron aproximarse un humvee blindado.
Este se detuvo frente a ellos, descendiendo de él un escuadrón de uniformados, con el símbolo nuclear bajo su parche opacado.
— Aquí está —dijo uno mirando la foto— Es la que la jefa Koo pidió.
— Tráiganla —ordenó el sargento.
— Quiero ir con ustedes, ¡no pienso dejarla sola!
Recibió un cachazo en el rostro, y el detective se interpuso con el brazo extendido al soldado: — Está bien.
Ya entiendo.
—miró al joven con cierta resignación— Llévenla a Seúl a salvo, y no se detengan.
— No, espera, ¿qué haces?
¿Confías en esa chica?
— Tengo pocas opciones, chico, un trato es un trato.
Lo lamento.
Este la entregó en brazos del soldado, y el detective entonces tuvo que retener al chico entre sus quejas mientras los de Imugi se subían tan rápido como bajaron y arrancaban el vehículo.
Moo-young lo soltó entonces, y corrió detrás de ellos inútilmente, cayendo de rodillas cuando se cansó, tras un largo tramo.
Golpeó el suelo, pegando un berrido.
Miró cómo aquella sombra se alejaba más y más: — Iré por ti, hermana.
Sólo espérame.
(Área médica, Cuartel General de Yongsadan) Aquel sujeto se despertó inquieto sobre la oxidada camilla, mirando a los lados de la habitación de paredes grises.
Se quitó rápidamente la sábana y se levantó, sintiendo un dolor terrible en el pecho, que vio que había sido vendado.
Donde estaba su corazón, sintió la punzada más aguda de su vida, que ni siquiera su peor herida del pasado le había proporcionado.
Se quitó los sueros de la muñeca, sentandose al pie, pero pronto llegó por la puerta una enfermera con mascarilla: — Señor Cassano, no haga eso.
Por favor espere— Este la miró con desconfianza, y le puso la mano al hombro con ojos de águila: — Dígame dónde estoy.
Esto no parece un hospital.
¿Y por qué sabe mi nombre, señorita?
— ¡Vincenzo!
Era Mi-ri, de pie en el umbral, jugando ansiosamente con las manos y sonriendo.
Corrió a abrazarlo, y le acarició enfaticamente detrás de la cabeza, bamboleándose.
— Ah, ayayay, au— Este retorcedió adolorido y se sentó, mirandola fijamente sin entender: — Ay, perdón.
— Seo Mi-ri.
Dime qué pasa.
¿Qué hace aquí?
— La respuesta es que yo la traje.
Igual que a usted; a fin de cuentas, ese era el acuerdo.
Ja-yoon se presentó al lado de la hacker, con su abrigo largo y zapatos de charol bajos.
Vincenzo se fijó en el brillo de su mirada, y en cómo se manejaba con sus gestos, dándose cuenta de que no estaba tratando con una simple veinteañera: — Acuerdo ¿con quién?
—este dio una risa por bajo con desprecio— No me diga que usted trabaja para los traidores que me pusieron una bomba en el pecho.
Dígame, ¿fue Paolo, no es así?¿Qué quiere ese insensato ahora?
Ja-yoon devolvió el gesto entornando los ojos: — No, Paolo Cassano no tiene idea de lo que pasó, sigue pudriéndose en prisión.
Pero primero, agradézcame gentilmente haberlo rescatado con mi gente.
Sabe, no es fácil enviarlos tan lejos, y menos con Interpol y la OTAN tan cerca.
— Mejor dígame quién es usted y qué quiere.
Conozco a la gente de su tipo, intercambiando favores como si fuera—cualquier cosa.
Me desagrada esa clase de alimaña.
— Ah, qué dulce.
Con razón Hong Cha-young lo ama tanto.
Este, al oír el nombre de la abogada, se puso de pie trastabillando, con el alma al suelo y el rostro pálido.
Ojos bien abiertos y el labio tiritando con una serena rabia interna: — ¿Por qué la menciona?¿Qué fue lo que le hizo?
Mi-ri lo tomó del brazo: — Está a salvo.
Lo que la señorita Koo dice —la miró con algo de miedo— Es verdad, ellos estuvieron a punto de matarla.
— ¿Quienes?¡Responde!
Esta se asustó, y se apartó, pero Ja-yoon se mantuvo impasible: — No sé qué tan al tanto ha estado de las noticias en Corea.
Pero de todos modos le diré el nombre que oirá.
Fundación K.
En el pasillo afuera, Ryo-dan y Jae-woong hablaban seriamente, a pesar de su asignación típica frente a otros dos del otro lado del corredor, que se mantuvieron parados sin moverse.
La chica tenía una expresión levemente pucherosa: — Quieres decir—¿que vas a dejarme—en paz?
— No voy a dejarte.
Ni siquiera te he acogido para empezar.
— Y todavía lo dices así.
— Soy incapaz de entender cómo pudiste hacerte—de todas esas ideas extrañas.
— Uhm, bueno, ya te he dicho que los malos a los que interrogaba hablaban hasta de sus detalles más íntimos.
Es parte de mi trabajo habitual.
— ¿Lo ves?
A eso me refiero.
Debes aceptar nuestra naturaleza.
No somos como ellos, lo que hacemos tampoco.
Lo que haces tú menos.
Ryo-dan se indignó: — Eso me lo dices ahora.
Y encima lo dices como si no hubieras matado ni a una mosca.
Y—bien que te he visto cercano a Da-mol —la señaló al otro lado— Dime la verdad, ustedes tienen algo, a que sí.
— Deja de inventar historias en tu cabeza.
Ni siquiera teníamos concepto de esa clase de tonterías antes de—este desastre.
Siempre hemos sido cercanos—podrías llamarlo amistad, es todo.
— ¿De verdad piensas que creeré eso?
— Eres libre de pensar como quieras.
Pero por favor, esta idea tan bizarra de que tú y yo—oye, eso no va a pasar.
Ryo-dan, como muy pocas veces, mostró tras la diversión retorcida en sus ojos, la alegría infantil de su sonrisa, un viso de algo que ni ella se llegaba a admitir.
Un inmenso dolor, y en respuesta a ello juntó las manos, bamboleándose como si le hubiesen la cosa más linda del mundo, moviendo un pie desde la punta del zapato: — Claro, claro, está—bien Jae-woong.
Ya entendí, seré buena contigo y no te molestaré nunca más.
Discúlpame, ¿está bien?
Este volteó, con cierta incomodidad, mirando hacia Da-mol, que se pasó lls dedos por un mechón de cabello, para de inmediato pasarse la mano sobre la boca, negando con la cabeza.
Este se encogió de hombros, sin entender por qué se molestaría, o peor aún, por qué se suponía que importase.
— Ehm, ejem.
Sí, claro, no hay ningún problema.
Ya—mejor sigamos siendo sujetos Ark normales.
Asegurémonos—que ese tonto de adentro no quiera escapar.
Ryo-dan sonrió a labio cerrado de forma exagerada, mirándole.
— Como tú lo quieras, compañero.
Tienes razón, lo mejor será evitar que huya.
No querría gastar mis juguetes en él.
Allí Ja-yoon se mantuvo, explicándole los pormenores de todo lo relevante, hasta llegar a la parte que Cha-young jugaría a cambio.
Vincenzo se quedaría reflexivo: — Dice que—¿ella está en Seúl ahora mismo?¿Lista para presentar lo que básicamente es una teoría de la conspiración en un tribunal nacional?¡¿Acaso perdiste la cabeza?!
— Verá que mis resultados hablarán por sí solos.
Todas las piezas están en su lugar.
________________________________________ (3 de julio de 2021, Gangnam, Seúl, 7:11 PM) La entrada albergaba a mucha gente, y una cinta rosa bloqueaba la entrada al Sarang Childcare Center.
Todos aplaudieron cuando llegaron Lee Kyu-jin, en sus mejores atavíos desde hace buen rato, junto con un grupo de doctores y un par de inversores privados.
Estos se sentaron en las bancas a los lados, mientras el abogado tomaba el podio; este saludó inclinándose.
Los camarógrafos de varios canales tenían toda la cobertura en vivo.
Había varios periodistas a la espera, y uno de ellos llevaba sombrero, pero más allá de ello, llevaba un atuendo muy normal.
A su lado, una joven tomaba fotos del evento por iniciar: — Gracias —dijo el abogado, tomando la palabra— Muchas gracias a todos por venir, de verdad se los agradezco.
Todos hicieron silencio.
— Lo que hoy nos reúne es una causa noble.
Todos sabemos lo que aquí ocurrió, hace más de tres años.
Fue una tragedia, es cierto, pero yo creo, sobre todo incluyéndome, que fue un llamado de atención para toda nuestra sociedad.
Nos mostró lo que puede llegar a ocurrir cuando llegan a nuestras vidas la fama, el dinero, la capacidad de influir a los demás, pero nos desviamos hacia nuestros propios deseos mezquinos.
Pelear por títulos, prestigio, trofeos, nada de eso sirve cuando no lo usamos para el bienestar de los demás.
Fue por eso, y en honor a la gente que una vez consideré colegas, amigos y familia —se le hizo un nudo en la garganta— que decidí tomar un nuevo rumbo, cuando experimenté y vi la necesidad de la gente vulnerable allá afuera, la inseguridad.
Creí que necesitarían a alguien que les de ese refugio que muchos no tuvieron, que muchos no tuvimos.
Este tomó aire: — También le dedico este momento a mi esposa —miró hacia arriba— Sang-ah, si me estás viendo, he cumplido nuestro sueño.
Puedes descansar tranquila, mi cielo.
Hubo un momento de ternura aparente entre el público, pero sobre todo morbo amarillista por parte de la prensa.
Kyu-jin tragó saliva, y terminó diciendo: — Es así que, dándoles las gracias a estas manos amigas que están junto a mí —hizo además mostrando a los que le flanqueaban— Podemos dar por inaugurado un lugar de refugio, un lugar para el bienestar y el cuidado de una de las poblaciones más vulnerables de Corea; niños sin hogar, niños de bajos recursos, pero sobre todo niños que buscan esperanza.
Aquí, en este edificio, en sus especialistas y aportantes amigos que apoyan a Fundación K, lo van a encontrar.
Un sujeto le pasó las tijeras, y el alcalde se puso de pie para tomarse la foto frente a la cinta de apertura, con la escritura notariada en mano.
Se saludaron con mesurado entusiasmo, y estos mostraron la tijera dorada enorme ante las cámaras, antes de proceder con el corte.
Hubo aplausos con mayor entusiasmo aún, incluso por parte de los periodistas y miembros de ONGs que habían asistido.
Pero apenas cayó al suelo aquel listón, una persona enfundada en jeans negros, chompa, gorra y mascarilla se paró en el borde de la entrada.
En cada mano enguantada llevaba una piola, y lo que hizo fue halarlas, tras asegurarse de que todas las cámaras estuvieran fijas en ella.
Esta asintió muy ligeramente, pasando su vista sobre todos; buscó y buscó, hasta ver a quien buscaba, una mujer en vestido, sombrero y velo tapándole el rostro.
Sonrió satisfecha cuando dos pancartas de tela con una afirmación en pintura de spray roja se desenrrollaron para vista de todo el mundo.
“SUBASTA AMAÑADA, JUSTICIA CORRUPTA.” rezaba una.
“ASESINOS DE NIÑOS, TRAFICANTES.” decía la otra.
La prensa enloqueció, igual que el barullo y miradas asustadas entre los presentes.
Kyu-jin miró las pancartas boquiabierto, sudando frío, mientra Cheon Seo-jin le lanzaba una mirada asesina detrás del velo.
Y luego, la mirada de ella, y de Joo Seok-kyung allí aupada, se encontraron al fin.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com