Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

The Witch 4: Insurrection - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. The Witch 4: Insurrection
  3. Capítulo 22 - 22 Sueño del pasado
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: Sueño del pasado 22: Sueño del pasado (5 de abril de 2022) Para Joo Seok-kyung, los últimos meses habían sido bastante duros ciertamente, aunque no en la forma que ella habría esperado antes de que todo sucediese.

La conmoción interna que había afectado el año pasado al país, desde la devastación en Busan, hasta el breve pero destructivo conflicto armado interno en las grandes ciudades contra el misterioso atacante redivivo, había creado gran cautela y recelo en la psique colectiva.

La gente trataba de mantener sus vidas normales, tras las miles de pérdidas humanas que causaron pesar en el corazón del país, pues decían, el tiempo continuaba inexorable, y había que levantar la nación.

Por supuesto, sabía ella por las noticias, varias cabezas en el gobierno rodaron, y por suerte o fatiga, funcionó como para que el Presidente Moon fuese visto como el hombre que perduró en las circunstancias y sancionó a los funcionarios irresponsables, sobre todo militares.

Su mandato ya terminaba, así que nadie quiso destituirlo de todos modos; y así, mientras los políticos continuaban sus cálculos en sus torres de marfil, los jóvenes de preparatoria no iban tan ansiosos por sus parciales, ancianos paseaban a sus perros, y turistas mayormente de Asia tomaban fotos, ella misma caminando entre todos ellos.

Siguió por el gran sendero central de aquel, el expansivo Seoul Forest Park, recubierto de la frescura silvana de los árboles en primavera, duraznos, ciruelos y azaleas de profundos tonos dejando caer sus pétalos con la brisa suave y tibia de la media tarde.

No tenía ninguna prisa en andar todo el camino, o de regresar a la oficina mañana, pero debía reconocer que prefería la tensión de pasársela frente a un computador procesando información y redactando archivos que volver a fregar pisos o rejillas mugrientas todo el día.

Suspiró de alivio, y pensó en que definitivamente merecía pasársela todo el día trabajando como un animal de tiro, de sol a sol, fuera cargando cajas o pilas de papeles, si con ello podía de alguna disciplinar el centro y la fuerza de carácter que le habían faltado cuando vivía en el Hera’s Palace, y toda su farsa de vida antes de entonces.

Pero tanto cuando pasaban las 10 de la noche en uno u otro entorno, un peso regresaba a su pecho, la cerrazón a su garganta, agravando la expresión de su rostro, justamente como en ese momento le estaba pasando, antes de tiempo por ser en soledad con su mente.

Por su memoria pasaron viejas sombras mientras iba en busca de una banca, desviándose del camino de la mayoría hacia un sendero aspero entre el pasto y la fronda, la luz intensa del sol, la caricia del aire siempre acompañándola.

Se internó más y más, llegando al asiento que buscaba, alrededor del cual el pasto ya crecía más alto, las colas de caballo silvestres ondeando a su alrededor, mientras su propia sonrisa en el recuerdo llegaba para torturarla, una mueca de absoluto desdén, de burla, de reproche.

Aquel aire puro entrando por sus pulmones la estaba poniendo aún así cada vez más pesada, y tomó aire profundamente al estar allí reposando durante minutos y más minutos en un intento de calmar las voces de su interior, los actos que al revivirse dolían.

________________________________________ Lo que comenzó a ocurrir a continuación la dejó más pesada aún, pues era claro que el ambiente había sufrido un cambio abrupto; todo se veía igual al principio, pero el aire mismo se tornó más gris a la vista, un plomizo denso que fue dificultándole la respiración con cada segundo relativo.

Pronto los sonidos, que se fueron agravando, volviéndose como susurros, gritos escuchados desde debajo del agua, también se apagaron por completo, y ya no se escuchó la brisa, ni el canto de los pájaros; esta ausencia fue llenada por el zumbido que emergió de sus propios oídos.

La realidad de su alrededor vibró, giró lentamente, distorsionándose, estirándose en diagonales como un baile que se burlaba de ella, y sintió que su cabeza estallaría, llevándose las manos a la cabeza, gruñendo al tiempo que su percepción se doblaba sobre sí misma, amenazando con romperse.

De repente ya no se encontró en la banca de aquel parque, cuando salió corriendo desesperada por entre el agitado paisaje.

No supo si fueron dos pasos, cien o cinco mil, pero lo seguro es que cuando abrió los ojos ya no se encontraba al aire libre en el bosque.

En cambio, tropezó sintiendo que sus talones reventarían por el esfuerzo, cayendo rendida con las pantorrillas hacia fuera.

Pegó un quejido, al chocar sus manos contra el frío y duro suelo de marmol blanco romano, sutilmente veteado en gris claro.

Se vio rodeada de las difusas paredes lamimadas en piedra pulida, las columnatas, un candelabro de delicioso fuego naranja.

En el centro del recinto se erigía una escalera en espiral, y detrás de ella un ventanal de suelo a techo mirando la noche.

— ¿Qué?

—se oyó mascullar en ecos— ¿Cómo es que—?

Esto no puede ser—esto es— Era el lugar donde vivió durante tres y medio años de decadencia y absoluta destrucción, el lugar que, como él mismo al final, la vio hundirse hasta lo más hondo.

No era ni más ni menos que el penthouse del Hera’s Palace, el pináculo de la arrogancia de un ser malvado, el Olimpo del que un día, por fortuna, los dioses debieron caer.

Y así, en un fuerte parpadeo, ella cayó, de repente siendo arrojada por aquella sombra de sonrisa psicopática y anteojos que había tenido la desgracia de llamar padre.

Sus largos gritos no fueron con respondidos piedad, sino con el abrupto cambio de paisaje; se agitó como un gusano al sentir el concreto frío, que humedeció su mano.

Miró el suelo de aquella entrada, y fue llenada por el asco, el horror, levantándose abruptamente empapada en la inequívoca huella del crimen; sangre, espesa, podrida.

La antes soberbia entrada al Palace, manchada en ella, ahora era un monumento para los tábanos picándola, y la compasiva estatua alada de Hera lloraba en negro.

Ella se abrazó sintiendo el tormento, su labio temblando, su culpa devorándola, gimoteando con miedo al verlo de frente.

La fuente frente a la mirada desdeñosa de la diosa era roja y hervía con un miasma humeante, burbujeante, varios cadáveres en ella.

Su mirada quedó desencajada al reconocerlos todos de forma tan íntima, y una voz desconocida, perruna, le exigió: — ¡Dime, hija de la muerte, ¿quiénes son aquellos flotando en la fuente?!

Esta derramó una lágrima negando enfáticamente con la cabeza, y agachó la vista.

Un gruñido seguido de un grito que parecía ladrido, una breve visión de un hocico en la oscuridad de sus ojos cerrados, esta vez gritó posando su infernal vista.

Ella se encogió de miedo, retrocediendo ante el desafío diabólico: — ¡Sé que lo sabes!¡Ya dímelo, sus nombres!

Seok-kyung fue forzada a ver por una fuerza que no entendía, y su dedo señalaría cada cuerpo en la fuente, movido contra su voluntad.

Ella pegó boquidos, a garganta cerrada, el hilillo de un lamento, de una sinfonía funebre y degenerada llevándola a la realización dolorosa.

Fue así como su confesión comenzó, luego de rogar entre balbuceos.

Habló fuerte y claro porque sintió el aliento fétido de algo invisible, hambriento, en su nuca: — Yoo—Je-ni.

Era—mi amiga.

Frunció el labio inferior, incapaz de soportar el dolor de un pesar todavía fresco.

La imagen de su muerte al recibir el tiro, su cuerpo sin vida, el horror de los engendros que lo hicieron.

Cuando el polvo se asentó, ocurrió el funeral, y la madre de ella al verla, reclamándole, golpeándola, culpándola; tuvieron que separarlas entre varios.

“Tú—¡Tú fuiste la causante!” “Yo—señora Kang, yo no—” “¡Ven aquí, maldita!” “¡No, por favor, déjeme!” “¡Mi Je-ni murió por tu culpa!¡Devuélvemela!” “Señora Kang, perdóneme—” “¡Nunca!—Mi Je-ni.

Te llevaste a mi niña—” “Perdón, perdón—” Se había postrado en el piso, tiritando de dolor, mientras una risa similar a la de una hiena la rodeaba: — Ella tiene razón.

Je-ni murió—protegiendo a un pedazo de basura como tú.

— No es verdad—ella, ella quería proteger al detective Kim— — Sabes que eso es mentira —gruñó— Lo hizo porque tú no pudiste protegerlos.

¡Eres una cobarde!

— ¡No!

— ¡Levántate!

Y dime su nombre.

Fue levantada a la fuerza, y su dedo fue obligado a señalar al siguiente cuerpo; al ver a su objetivo, esta sintió sus piernas temblar, y su rostro ardió en el llorar: — Sh—Sh—Shim.

Shim Su-ryeon.

Mi mamá.

Otro funeral vino a su mente, esta vez en el silencio de la completa rendición.

El día que cualquier rastro de su propia arrogancia fue borrado, y sólo quedó ella misma para recoger los pedazos.

Su mente no pudo procesarlo; fue el baldazo de agua fría que la trajo aquí.

— Ella no escogió su destino, hija de la muerte.

Fuiste tú nada más— — No— — Pensar que lo hizo para probar la culpa de Cheon Seo-jin, ¿eso suena mejor?

— No— Su corazón latió a mil, abrumada cada vez más por el dolor, las maldiciones, los insultos, el resentumiento y odio que no solamente había guardado, sino demostrado hacia Su-ryeon, al despreciarla, humillarla y escupir sobre el amor que le dio.

— Pero no.

Tú y yo sabemos la verdad.

Su propia hija—la empujó al vacío.

Seok-kyung se tomó de los cabellos, chillando al tapar sus oídos, sufriendo: — ¡No!

La risa de hiena reverberó por todas partes, se intensificó, hasta el punto en que se convirtió en el mundo entero de su experiencia, girando de forma vertiginosa.

Seok-kyung, asediada por aquellos insectos enfermizos, cayó desfallecida, sintiéndose como uno de los cadáveres en la propia fuente, o más bien, como la carcasa despreciable y vacía que era indigna de estar con ellos, incluso en aquel infierno.

Fue arrastrada por la misma fuerza invisible, y ella rogaba, pataleaba, mientras se acercaba entre gritos a la fuente sangrienta.

Fue dejada al borde de la burbujeante miasma roja, mientras su torso era pegado al borde como si el cemento se pegase a él.

Sus antebrazos fueron sumergidos en el líquido hirviente, que la quemó como ácido a pesar de dejar su carne sin ninguna mácula.

Su dedo de nuevo fue sacado para señalar un tercer cuerpo.

Este era diferente, era el que ella había estado evitando ver; descansando en el regazo de Hera alada, aquella jovencita.

Seok-kyung sintió que sus lágrimas ardían como fuego.

Se resistió, negando y negando, pero su vista fue alzada, imposibilitándole enfrentar la mirada de ojos vidriosos de aquella: — S—Seol.

Seol—Min-ah.

Comenzó a pegar gimoteos ahogados.

— Mi hermanita.

Su frente se dio contra el borde de la fuente, pero el dolor del golpe no fue sino una caricia junto al tormento que la hizo derrumbarse en un amargo lamento.

Recordó cada cosa, y cual el rico que ni Lázaro pudo consolar, plañió el no haber visto la luz que una sencilla tutora de matemáticas traía a su vida de delirios.

Ella, en cambio, había hecho todo lo posible por pisotear y ensuciar aquel brillo, por no tenderle la mano; si tan sólo hubiera visto.

Antes de la caída.

Figurada y literal de su cuerpo, desde decenas de pisos de altura.

— ¿No te cansas de arrepentirte?

La falsa universitaria no era más que una sucia pueblerina.

Oír esto la partió como una rayo, pero no tuvo las fuerzas de defenderse con firmeza.

Dijo aún así: — No hables—así de ella.

— Yo no he dicho nada.

Esa sigues siendo tú, la pobre víctima de las circunstancias.

Pensó en los años sin fin, antes y durante el maldito monumento frente a ella, y en las noches de tormento, de castigo.

Ella gritaba, peleaba, pedía piedad de rodillas, dentro y fuera de un cuarto secreto, para que los golpes, las humillaciones y otros vejámenes se detuvieran.

Nunca lo hicieron, y tan poco lo hicieron que su corazón se había cerrado cuando la mano derecha de su salvación se acercó a su socarrona sonrisa de desprecio.

Sabía ahora también de la mano izquierda que movió otras, incluyendo la que a Min-ah empujó.

Tragó saliva, dejando salir en voz agria: — Fue Joo Dan-tae—no, Baek Joon-ki.

Sí mi padre biológico no hubiera muerto.

Si ese monstruo—si él no hubiera existido— — ¿Tú qué?

Se estremeció al oír esa voz infernal.

Y al verle de reojo, temblando—estaba esa sombra de nuevo, con sus anteojos, y su despectiva sonrisa.

De pie con arrogancia, extendió su brazo detrás de su cabeza, y ella chilló, intentando soltarse.

— ¿Habrías sido buena?

La risa perruna fue un eco.

— No me hagas reír, ¡bastarda mediocre!

Azotó su cabeza contra el filo de la fuente.

Una.

Dos.

Tres veces.

— Eres inferior.

Yo soy superior.

Quise elevarte.

La levantó, malherida, y la sumergió en la fuente de cabeza, donde se comenzó a ahogar.

— Hacerte mi viva imagen.

Ibas a tenerlo todo, serlo todo.

La sacó, y le susurró al oído: — ¿Y qué hiciste?

Llorar por una sucia, una vagabunda, ¡¿y los débiles?!

La tiró lejos, haciéndola rodar por el suelo.

Seok-kyung comenzó a levantarse, riendo llena de un renovado resentimiento: — El único aquí—que no es nadie.

Y nunca fue nadie —se puso de pie, gritando— ¡eres tú!

Joon-ki la derribó de un sonoro manotazo.

Cuando quiso volver a verlo para devolverle el favor, había desaparecido.

Seok-kyung se extrañó: — ¿Dónde?

¡¿A dónde te fuiste, maldito?!

— Él se ha ido.

Se volteó al lugar del que venía la voz, y lo que vio la pasmó.

Era Joo Seok-kyung, ella misma, pero claramente distinta.

— No pudo soportar la verdad.

Por eso cayó.

— ¿Q—quién eres?

Esta sonrió, de una forma arrogante que le dio escalofríos.

Lo que veía ante ella no era la Seok-kyung que estaba encallando sus manos recién ahora por lavar, cocer, refregar o dándoles tendinitis en un teclado.

Aquí delante se hallaba la que hace 3 años asistió a la Escuela de Artes Cheong-ah, vestida en la voluptuosidad de un uniforme de blazer azul y falda plisada.

Pero algo era ominoso; su piel cenicienta, sus ojos con el brillo de eones de fuego, y el hecho de estar manchada de sangre, de pies a cabeza.

Vio la mancha más grande, extendida desde su hombro, recorriendo como una raíz corrupta hasta manchar su lazo.

Aquella era una efigie de locura, el monumento de un estatus que jamás regresaría, de una farsa producto no solamente de su propia trampa, sino de 15 años de lo que nunca fue suyo.

El peso de verse a sí misma puesta aquella prenda del oprobio le mantuvo sudando cual si cargase una armadura de plomo.

Y sin embargo, tras las ascuas que halló en aquellos ojos que vio, estuvo muy segura de no ver absolutamente nada; estaban vacíos.

El eco cortante de su voz entonces la sacó del trance de aquella visión.

— Soy lo que has sido siempre, eres y puedes llegar a ser.

Si tomas la decisión.

— Yo no volveré nunca—a ser como tú.

— Te azotas, te torturas a tí misma y te castigas por cosas que no son culpa tuya, no tiene sentido, ¿a quién diablos le importa?

— Es lo menos que merezco por lo que les hice.

A todos.

— Ugh, ¡ahí está de nuevo!¡En serio, ya para!

Eres ridícula —risoteó.

— Ya cierra la boca —miró a los lados— Y dime cómo salgo de aquí.

Esta chasqueó la lengua, negando con el dedo: — Tú no vas a ir a ningún lado, no hasta que dejes de huir.

Esta caminó hacia ella con el tap tap de sus tacones bajos, relamiéndose la encía con una sonrisa burlona.

Seok-kyung advirtió con voz entrecortada: — Déjame sola.

Ya te rechacé.

No quiero saber nada más de ti.

¡Vete!

Esta se rio.

— ¿De verdad creíste—que romperte la espalda a diario hasta el cansancio borraría el pasado?

— Aléjate de mí.

— ¿Crees que ponerte una gabardina barata y esconderte del mundo en una oficina—tapará lo que somos?

— Hah…

Ahora la tenía frente a los ojos, diciéndole en el tono del veneno que le había quemado las manos, mientras temblaba: — ¿Crees que de nosotros depende lo que merecemos o no?

Nacimos en la cima.

Y los que nacen en la cima, siempre tienen derecho a estar en la cima.

No importa cómo.

— Estás loca.

Prefiero morir a tocar esa fortuna mal habida.

La otra pegó una carcajada divertida, antes de ponerle una fría mano donde el espectro de Joon-ki la había golpeado.

— Eres demasiado dulce, como mami; me das asco.

—y esta dijo acongojada— Por eso es que papi nos golpeaba, porque fuimos débiles.

—siseó— Él tenía razón sobre nosotras, ¡debimos matarlo nosotras mismas cuando tuvimos la oportunidad!

Seok-kyung negó, recordando el rencor, que prendió el edificio entero en llamas.

La otra la miró, desencajada, mordiéndose el labio: — Mira en tu interior, sabes que es verdad, pudimos haberlos detenido, pudimos haber protegido a Seok-hoon en vez de dejarlo recibir castigo por nosotras.

— Huh…

— Pudimos haber disparado esa arma, pudimos haber evitado la muerte—de la pobrecita de Je-ni.

— Basta.

— Tu mami merecía lo que le hicimos, esa maldita mentirosa, esa maldita negligente, seguro sabía todo, ella nos quiso amarrar, nos quiso limitar, no le tengas lástima; sin ella en nuestro camino, seamos lo que estábamos destinadas a ser.

— Eso no—es cierto.

No es cierto.

— ¿Y tu pecho—qué te dice?

Seok-kyung, con todo el asco del mundo, cayó resignada en el hombro de la otra, que le acarició, sonriendo: — Bien, muy bien.

Te mostraré el camino, dejaremos finalmente de sentir la culpa, y el dolor.

— ¿Qué es lo que debo hacer?

— ¿Recuerdas cómo nos divertíamos?¿En los viejos tiempos?

Ella apretó los dientes; no quería aceptar la sensación que aquello que hizo entonces le provocó.

— Era toda una aventura, la euforia que provocaba hacer trampa y copiar en esos estúpidos exámenes, nadie podía descubrirnos.

Sólo mira ahora, ¿de qué demonios te sirvió esa escuela inútil?

En eso, la otra tenía un punto.

— ¿Y qué tal—cuando los indignos pululaban los pasillos de nuestros dominios?

¿Recuerdas ese placer, esa justa retribución para los que no conocían su lugar?

Seok-kyung comenzó a sonreír: — Me acuerdo, sí.

Les robábamos sus útiles, uno a uno, luego hacíamos—hah, desaparecer sus libros.

Y cuando nadie les prestaba nada para igualarse en las materias, los expulsaban.

Esos pobres.

— Sí, sí, perfecto.

Siéntelo, comienzas a entenderlo, progresas más rápido de lo que imaginé.

El dolor es placer.

El placer es dolor.

Seok-kyung, su vista se estaba nublando, su aliento se enfriaba, sus venas se llenaban de oscuridad, perdida en su autocomplacencia: — Yo recuerdo, cuando llegó esa tonta de Anna Lee, que decía haber estudiado en América.

La maldita era un escollo en mis planes, así que yo y mis amigos—fue tan divertido—llevarla de a poco—a la locura.

Verla pedir piedad en la piscina, culparla de robar, tirarle champaña—yo—lo gozaba; el incinerador—si tan sólo yo hubiera— — Ah, sí, ¿ya ves?

Ese imbécil de Baek no tuvo nada que ver.

Tú misma habrías buscado esos—sabrosos gritos.

Cuando chilló al caer ahí— Señaló el cuerpo podrido en la estatua.

— Ojalá hubiéramos estado en ánimo de disfrutarlo.

Tú no lloraste por ella, ¿o sí?

No, lo hiciste porque ese infeliz nos quitó nuestro juguete favorito.

— ¿Ah?

— Su sangre es nuestra sangre derramada, con orgullo, aquí —la separó y se agarró el blazer, con una risa entre dientes— Es nuestra elegancia y maldad, destilada, y si me dejas entrar, este placer—no tendrá fin.

Ella se quedó muda, su garganta cerrada, mientras su doble terminaba: — Hablemos de sufrimiento.

Tu patetismo actual me da náuseas, sólo mírate, tanta humillación autoimpuesta, sirviendo a agendas ajenas, ¿y para qué?

No te has quedado con nada.

— ¿Y—qué pasa con—?

— ¿Tu sufrimiento?

No seas ridícula, nosotras estamos por eso.

— No, no.

Digo, el de— — Ah, sí, el de tu amado hermanito.

¿Y desde cuándo te ha importado?

Sus ojos comenzaron a aclararse, y su mente comenzó a procesar todo lo que había estado oyendo de esta réplica suya abrazándola, y ahora apoyándole la cabeza en el muslo.

No supo cuándo acabó en semejante posición sumisa, y sumado a cada palabra, su corazón comenzó a removerse, no sólo con pánico de sus más bajos impulsos del Id, también de sus propias emociones pasadas.

Se estremeció, cuando Anna Lee y Seol-ah se volvieron una en sus recuerdos, y la otra notó su lágrima, dispuesta a jugar la última carta de su mano: — Sólo viviste para usarlo de escudo humano, lo usaste, como carne de cañón hasta ahora—y por tí Cheon Seo-jin y sus monstruos casi lo mataron.

Mira.

Y abrió los ojos, viendo el cadáver de su hermano flotando boca abajo, la espalda tras la que siempre se había cubierto.

Seok-kyung puso una mueca amarga, apartando la vista, limpiándose un ojo.

— Manipulaste su patético amor, fue divertido ¿no te parece?

Y cuando esto ante ti sea verdad, no sentirás remordimiento alguno.

La culpa —acarició su cabello desde atrás— habrá desaparecido.

Ella miró entonces el cuerpo al lado del suyo.

La chica allí sostenía la mano del otro por dos dedos, con una sonrisa en su rostro sin vida.

— ¿No sientes que la envidia te consume?

Incluso cuando él caiga, ella estará allí, quitándotelo todo.

Esa arrastrada criatura a la que ahora ama tanto; ah, tú usabas eso para herirlos, separarlos.

Querías que se quedara contigo, con Baek, sufriendo tu infierno de oro.

Al fin, Seok-kyung se dio media vuelta, quitándole la mano de encima.

— No es verdad.

Seok-hoon nos ama también.

Merece ser feliz.

La otra se burló, y la sorprendió con una condena, y una propuesta, un golpe, luego una caricia: — ¡Tú no eres mejor que yo, perra!¡Yo soy tú, no puedes escapar de mí!

Sigues temiendo ser abandonada.

Pero si te entregas a mí, ya no tendremos que sentirnos en deuda hacia nadie, y seremos libres, podremos devorarlo todo sin límite ni peso alguno.

¡Bae Ro-na será bañada en su propia sangre esta vez!

—y sonrió con malicia— Por llevarse lo que no le pertenece.

Ella tomó entonces la decisión, y las venas negras fueron desapareciendo: — ¡Nunca dejaré que la lastimes!

No de nuevo, por mi hermano.

También por ella; no porque se lo debo.

Es lo correcto.

En ese momento una onda expansiva como un flash permeó todo, y los tábanos del onírico lugar cayeron muertos, y las larvas consumiendo la carne de la chica se vaporizaron.

— Pero mírate, qué valiente te muestras.

Sigues huyendo.

— No.

Sé que disfruté de las cosas horribles que hice.

Pero ahora entiendo.

No por eso mi arrepentimiento es falso.

Por eso trabajo duro, por eso ayudé a la oficial Kang, y ayudo a Koo Ja-yoon.

Ayudaré a que otros no sufran como yo lo hice.

La otra hizo una mueca llena de odio, y comenzó a retroceder, mientras la verdadera Seok-kyung se acercaba a ella.

— No debo taparme.

Voy a aceptar lo que sentí entonces, y aunque me tome toda la vida, dejar que pase.

Sólo así recordaré que lo que siento ahora es real.

La voz de la otra comenzó a dejar de sonar como la suya propia, adquiriendo un cariz gutural.

— Mientes, quieres venganza contra Cheon Seo-jin por lo que ha hecho.

— Lo quise, es cierto.

Pero sé que si lo hago, no revivirá a Je-ni, ni a mi mamá o a mi hermana.

No puedo vengarme de Baek, porque está muerto.

Es mejor así, y reconozco que quiero hacerlo.

Pero debo soltarlo, ¿sabes por qué?

— Ghgh.

— Porque no sirve para nada, eso es lo ridículo.

Debo cuidar de quienes siguen vivos; protegerlos de ti, dejando que sigan con su vida.

No pienso seguir viviendo con miedo; tú sigue con eso.

El Hera’s Palace fue llevado por el viento, la fuente de la diosa alada ahora un estanque limpio, con una sola flor de loto en el centro.

.

— ¿Quién te crees, repulsivo parásito emocional?

Sólo destruyes lo que te rodea, perteneces a la oscuridad, regresarás a castigarte todos los días, porque eres Joo Seok-kyung, eres maldad inagotable.

No hay redención para ti, admítelo y ríndete a mí.

Seok-kyung arrinconó a la doble a una pared: — Nunca haré eso, tú eres el parásito.

Y ahora puedo verlo claro.

Tú no eres yo, ¿o sí?

La forma del ser entonces cambió, y la chica fue impulsada hacia atrás, pero se levantó de inmediato, estremecida.

Lo que vio era una bestia inhumana que no era de esta Tierra, una abominación vagamente similar a un gran perro de caza, en su gran mayoría una masa giratoria, etérea, negra con veteados carmesíes.

Su cuello y cabeza, suficientemente grandes para engullirla de un mordisco, parecían ser las de un animal putrefacto de carne hecha de la misma sustancia negra.

Lo más aterrador eran sus tres ojos flamígeros rojos y tres cuernos espiralados coronando su cráneo: — Contempla entonces, la forma del final.

Seok-kyung se quedó boquiabierta, tiritando, pero tomó aire por la nariz, no dispuesta a ceder un solo milímetro: — Qué asqueroso.

— Humana.

No tienes ni idea de las fuerzas que pronto van a desatarse.

No eres más que polvo bajo mi pata.

Una zarpa horripilante con garras afiladas pisó al lado suyo, y ella no evitó dar un chillido, sin quitarle aún así la vista de encima: — ¿Qué—cosa eres?

¿Por qué—viniste a mí?

La criatura dislocó la mandíbula, y el crack se oyó cuando esta pegó una carcajada de hiena desde el fondo del averno.

— Toda la muerte.

Toda la podredumbre, es un perfume tan exquisito.

En su ambición hicieron el sacrificio humano perfecto.

— ¿Qué?

— Yongsadan.

Recordó la palabra que Healer había mencionado.

Aquello que quería investigar a continuación.

Los uniformes con símbolo de dragón que ella mism usó.

Entendió por qué Ja-yoon estaba luchando.

— Ella está aquí, al fin.

Llévame con ella.

Su forma, sin embargo, comenzó a cimbrar, vibrando con más transparencia: — ¿De qué—?¿Con quién—?

—y lo pensó— ¿Con—Koo Ja-yoon?

— Con que así se llama.

Koo Ja-yoon.

Seok-kyung no entendió lo que pasaba, y la criatura, todavía disolviéndose más, respondió a una pregunta que ella jamás planteó, para atormentarla: — Supe tu nombre apenas lo oí dentro de una vasija mal hecha, y tu farsa estalló en llamas.

Por eso pude alcanzarte, alimentarme de tu miedo, y ahora que siento tu presencia cerca de la suya, he venido.

La vasija perfecta —rio— ahora será mía, y todo gracias a ti.

Esta se quedó pálida, no sabiendo lo que aquel ser pensaba hacer, pero sí sintiendo que la corrupción y herrumbre de mil tumbas inundó el aire, cuando el ser se disolvió en humo poco a poco.

Corrió a él, sin saber que haría, pero sabiendo que intentaba hacer algo: — No, ¡no harás nada, caniche feo!

Ella llegó al humo y lo azotó con un golpe, y una onda de luz se esparció en el traslúcido ente: — ¡No!

Seok-kyung sonrió con satisfacción, jadeando.

Sintió que el plomo se había convertido en rocío, la pestilencia en perfume.

El rostro del ser se quedó en una mueca de realización iracunda.

La vio: — ¡Maldita mortal, me engañaste!¡Esa a tu lado no es Koo Ja-yoon!

El vínculo a ti, ¡se ha roto!

La criatura chilló llena de visceral odio hacia los cielos, que de la penumbra pasaron a una claridad dorada sin sol, quemándole hasta que desapareció, y de su grito se desvanecieron incluso los ecos.

Seok-kyung vio que el suelo de concreto empapado había sido reemplazado por verdes pastos, y alcanzada por un soporoso cansancio, se tiro, con una sola pregunta en su mente: “¿Quién es—la que está a mi lado entonces?” Vacío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo