The Witch 4: Insurrection - Capítulo 5
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5: Asignaciones por encargo 5: Asignaciones por encargo (14 de mayo de 2021) Aquella joven de rozagantes mejillas miró el puerto de Seogwi-dong desde el techo de un edificio, dejando ir sus últimos pensamientos en silencio, sin que nadie más lo supiese.
Su mente era su mejor arma, y lo que más libre era, lo más apto para la misión a mano, bajo el sol de la tarde que se mantenía aún alto en su crepuscular amarillo.
Bajo ella, lejos a la vera de la bahía, los muelles estaban bullentes de actividad, y justo bajo sus pies, su objetivo, sin testigos, sin inconvenientes.
Con los tibios rayos anaranjados reposando sobre su arnés de combate ligero, llegó para ella el momento que había esperado.
“Allí está.” La meta de una carrera oculta contra el tiempo.
Un toque de estática la devolvió al presente por acabar: “Señorita Koo.” Esta se llevó un dedo al comunicador en su oído, y respondió con confianza: — Tengo el lugar a la vista, supervisor Kim.
“Lo reitero.
Esos activos no deben dejar nuestro territorio soberano.
Te quedan veinte minutos, así que suerte.” Ja-yoon hizo una sonrisa: — Los juguetes estarán con usted pronto.
Lo veo luego.
Al colgar vio remotamente el interior del objetivo, un edificio abandonado del antiguo mercado, con vista del puerto antes de que el plan habitacional de alrededor se erigiese y obligase a los dueños a irse.
No se sorprendió al ver allí dentro varias cajas metálicas de gran tamaño, siendo custodiadas por una tropa de exagentes con emblemas de Yongsadan tachados con una X roja de pintura.
Estos permanecían rodeando los objetos, bamboléandose lentamente, o estirando las piernas, incluso con uno de ellos bostezando a pesar de estar supervisados por un trajeado.
Ella lo reconoció como un sujeto de primera generación, por los cortes quirúrgicos en el filo de su cuero cabelludo, y una necrosis a nivel de uno de sus hombros.
Este era flaco, de mejillas hundidas, y se mantenía mirando al resto con desinterés, sentado aspirando una bolsa sobre uno de los paquetes; al exhalar, tiritó de gusto, echándose allí.
Ja-yoon solamente sintió diversión combinada con asco al ver una defensa tan patética, y se dispuso a tocar un panel en su peto.
“Esto es lamentable.” El arnés emitió un campo que reflejó la luz de sus alrededores, volviéndola efectivamente invisible.
— Acabaré rápido con su sufrimiento.
La joven saltó varias terrazas, pegando largas zancadas hasta que bajó por la pared de uno de ellos, sujeta a sus botas de planta adamantina y guanteletes.
La joven se dejó deslizar con una combinación de fricción y destreza telequinética para no desprenderse del contacto, dejando tras de sí apenas una estelilla de polvo que la brisa se llevaba de inmediato.
Al final saltó, alterando su aceleración de caída con la mente para no hacer ruido sobre la plana terraza del lugar, rodándose un par de veces por el suelo.
El sitio estaba custodiado por matones tatuados, gente contratada claramente, con rifles inhibidores a la espalda para cualquier eventualidad, que pudieran percibir.
No tuvo que hacer mucho, más que saltar sobre el primero y hacerlo caer a su muerte tras romperle la pantorrilla de una patada, antes de saltar delante de otro, apuñalándolo con saña sobre el corazón.
Fue hacia el tercero, cortándole la pierna y luego la mandíbula para finalmente clavarle el cuchillo desde el paladar, sujetando su cabeza con frialdad.
Percibió entonces: — Demonios.
—se oyó mascullar.
Uno de sus enemigos trató de escaparse a las escaleras y avisar a los demás, pero fue halado a un lado, y roto en espiral cuando ella se trepó tras él para romper su columna girándola parte a parte, usando hombros y caderas.
Ja-yoon lo descendió con suavidad mientras un quinto hombre maldijo entre dientes y disparó las ondas inhibidoras sin saber a dónde apuntar; ella pegó una risotada, colocándose de lleno en el rango de tiro, caminando sin poderes hacia él.
Estas no interrumpieron su camuflaje, y simplemente corrió a él a velocidad humana; se rodó a un lado levantando polvo, pero cuando el oponente quiso girar, ella le había cortado en la lumbar, y al caer le enterró la hoja tras la nuca.
Esta bajó a toda prisa, aligerando su peso específico antes de dar un brinco largo hacia el de las mejillas hundidas, casi dormido con su bolsa en mano.
Jamás vio venir el golpe de gracia antes de caer como un despojo al piso, dando un chapoteo que los demás sí escucharon antes de disparar hacia arriba; se colocaron los goggles con la visión térmica, notando una anomalía.
Estos corrieron entre las cajas para rodearla, y un par pegaron sendos saltos para interceptarla desde arriba, rozando su cuerpo uno de abajo con las rondas EM de su rifle subfusil.
La distorsión fue notoria, iniciando el combate cuando Ja-yoon notó la presencia de una barrera inhibidora bajo la loza del techi.
Esta desactivó el campo tras concentrarse en agrietar la pared debajo, las cámaras con todo y techo, generando una reacción en cadena inmediata; las fracturas rasgando el resto de la loza superior, pedazos de esta cayeron por aparente azar.
Los atacantes disparaban, acertando varios tiros en ella cuando intentaba no se raplastada por su propia trampa; herida, solamente fue su capacidad analítica lo que la salvó de ser aniquilada de un tiro a la cabeza.
— Huh…
Al mismo tiempo usó la mente para desviar los escombros de caerle encima, y lanzarlos a supervelocidad hacia los agentes.
— ¡Maniobras evasivas, ya!
gritó el jefe.
Pero ya era tarde.
Uno fue destrozado, luego otro, y tres saltaron esquivando a medias, ganando huesos y tendones; eso a Ja-yoon le demostró que eran también de primera generación.
Fue con estos últimos que la joven se enfrascó en una pelea, con la nube del concreto derrumbado rodeándolos; se hizo hacia atrás del cuchillo de uno, girándose de los tiros de otro a distancia, cubriéndose con el cuerpo del primero al apresarlo en una llave.
Tomando en cuenta el potencial de que los pocos civiles en los viejos edificios aledaños la vieran, reactivó el camuflaje, no sin primero arrojar lejos un ya cadáver, impactando al que trató de sorprenderla por detrás.
— Hicieron que me doliera, bravo —jadeó pesadamente— Pero nunca les será suficiente.
Conforme se fue regenerando, y a pesar de sus molestias, se movió como desvaneciéndose de un lugar a otro para dar con aquel que había lanzado, rompiéndole la cabeza de un golpe bien propulsado.
Fue con el último, quien estaba agonizando entre los restos, y el cuerpo del otro encima; Ja-yoon apartó este con un pie, y mirándolo por arriba del hombro, le preguntó: — ¿Dónde está?
Este señaló, apretando los dientes de dolor a través de su visor infrarrojo roto, viendo a un fantasma o ángel rojizo titilante sobre él: — Nunca fue—sólo una, niña estúpida.
—rio el jefe— Es—todo el cargamento.
Están detrás—de ti.
Las últimas dos palabras fueron un suspiro, antes de dejar caer el brazo y comenzar a cerrar los párpados.
Ja-yoon lo miró con falsa lástima antes de seguir, acuclillándose sobre su pecho: — No, inútil.
Me refiero a dónde está él.
Para cuando terminó de aclarar, el sujeto ya estaba muerto; la joven se levantó, mirando al puerto, y de reojo las cajas, brillando apenas con el sol dentro de aquellas paredes ahora frágiles.
Usó su percepción extrasensorial solo para cerciorarse; sintió el rastro de energía contenida, vio de cerca los resortes EM de la artillería en las cajas, y los detonadores de las granadas y proyectiles cubriendo la carga principal.
Pero más que nada el brillo invisible de la radiación tras paredes de plomo-vibranio que blindaban como caja interna las cabezas cónicas de un color gris azul oscuro.
Ninguna dañada, según lo planeado, todas ellas alineadas en perfecta quietud dentro de espacios de espuma viscoelástica con la misma forma.
— Hmh…
— ¡Quédate ahí, perra impura!
Al voltear donde provino el grito, vio a un hombre en uniforme verde pasto, de tono apagado, sus goggles color ocre polarizados y máscara cubriendo su rostro; apuntaba una pistola EM a la sien de un señor trajeado, al que guiaba del hombro con su otra mano.
La máscara que llevaba era peculiar, con filtros laterales delgados de forma rectangular, un modelo muy específico que jamás había visto, al menos no en persona, hasta entonces; pero ella, en los últimos años, ya había hecho los deberes: — Y tú debes ser—un Escudero Obersturmführer, de Hydra.
Reconozco la insignia de rango sobre tu parche.
Era un galón pegado a su hombrera, imitando el viejo simbolo de ese rango, de color dorado en vez de plateado.
La insignia en sus mangas ceñidas era lo mismo, y del mismo color, dorado en vez de verde oscuro.
— Supongo—que tus compradores no llegaron en el tiempo acordado.
Porque si —implicó— Es raro, si hubieran llegado antes— — ¡Ya cierra tu sucia boca!
Este idioma suyo me provoca náuseas.
—y rio por lo bajo—No estaba planeado, pero si le entregó la cabeza de un sujeto Ark a mi comandante, recibiré incluso mejor paga por mi servicio.
El trajeado lo miró de reojo, con una frialdad que cortaba.
— Ló único que ganarás —dijo Ja-yoon— Será un balazo en la frente.
Nunca permitirá que tú seas recompensado, esbirro idiota.
Este pegó una risotada, distorsionada por la pieza sobre su boca: — Sí, puedo verte perfectamente, no puedes intimidarme, bastarda de Hoffenstein, así que no intentes nada, y mejor ven conmigo, que tenemos prisa.
Hacia los flancos del edificio se estaban ahora aproximando unos treinta milicianos con el mismo equipamiento, portando rifles con un skin del mismo color.
Entraron y rodearon a la joven, quien no cambió su expresión de ojos gélidos, brillando con el orgullo de quien hubiere hecho caer a un dios caminando entre los vivos.
Esta dijo, haciéndose la tonta con una fingida preocupación: — Oye, te veo algo ansioso, es malo tensarse así.
Y lo estás haciendo mal, no pongas tan cerca a ese tipo, o te vas a lastimar la mano con el retroceso.
Llegó un gran camión de carga, abriéndose paso por la callejuela con dificultad y parqueando en retro detrás de aquel secuestrador, sus luces pulsos rojos.
Las puertas del vehículo se abrieron, la rampa fue bajada por un riel y sujetos en escafandras negro verdoso se bajaron, listos para cargar las cajas cuando su jefe diera la orden.
— Mejor no perdamos tiempo, apártate de esas cabezas.
Te puedes enfermar, y no quiero vender tu amarilla sangre envenenada.
— Eso no será posible.
Quieren esto de vuelta, y para ser honesta, yo también.
Habló entonces con el rehén trajeado: — Administrador Jung— Este, que en ningún momento demostró miedo, siguió manteniendo la calma al mirarla, y asintió en un gesto tan leve que la joven se inclinó antes de responder: — No se mueva de donde está, terminaré pronto.
Los terroristas se rieron apenas su líder se partió a carcajadas; ella se mantuvo quieta mientras estos terminaban de menospreciarla, a pesar de la evidencia frente a sus ojos.
Y cuando hubo silencio, y el jefe estuvo por abrir la boca, el cuchillo se clavó en su frente, haciéndolo caer al tiempo que halaba el gatillo, que rozó la oreja del administrador; este se puso la mano en la herida al caer de rodillas.
Cuando levantó la vista, los demás dispararon sus emisores de ondas inhibidoras, en la parte baja de sus armas EM, antes de percatarse de que Ja-yoon ya no estaba allí.
Ella estuvo por saltar sobre uno de ellos, cuando otro cuerpo chocó con el suyo y la lanzó contra un muro que se quebró por el impacto; los milicianos de Hydra comenzaron a disparar contra algo más.
— ¿Qué es eso?
— Rápido, abran fuego.
— ¡Apunten!
— ¡Feuer.
Feuer!
Pudo sentirlos recién, y se extraño al observar con atención que había varios nuevos enemigos presentándose en tropel; salieron de ventanas, la alcantarilla cercana, y también de los callejones.
Cuando se enfocó, con el tiempo de su percepción regresando a la normalidad, se hizo a un lado para evitar ser empalada por un pseudópodo negro.
“Cazadores” pensó Ja-yoon “Creí que sólo habían cinco de ellos.” El cadáver ambulante se lanzó sobre ella con salvaje abandono, azotando sus apéndices serpentinos como látigos húmedos para acertarle en varios ángulos.
Le hizo un corte en el costado, justo cuando creyó que podría esquivarlo, gracias a que el enemigo hizo una contracción muscular de último minuto para desviar su golpe unos centímetros arriba.
Ella volvió a descender y saltó en zigzag a gran velocidad para un golpe directo al rostro; al acercarse, la joven vio un destello esmeralda en sus muertos ojos: “Ah.
Así que—la misma marca de agua.” El monstruo hizo la cabeza a un lado y agarró su puño, sin esperar que su enemiga, con su telequinesia, hiciese volar el cuchillo que había lanzado como una rueda mortal para decapitar la cosa, haciéndola caer.
La joven no perdió tiempo, y aunque abrió el tanque de combustible del camión a la distancia, hizo subir el concreto para encapsular en él a la criatura; esta comenzó a agitarse con extrema violencia al minuto.
Pero ella, sin tiempo en las manos, debió atraer de vuelta su arma blanca, cortando los seudópodos de dos enemigos más que la acorralaron, o eso creyeron.
Sus cuerpos fueron brevemente paralizados antes que Ja-yoon disparara su pistola EM de tambor al cinto, desmembrando entre splashes almizclados a los seres.
Estos cayeron desparramados, y ella cerró la tapa de gasolina al mismo tiempo que los demás cazadores despachaban a los milicianos supervivientes.
Aunque unos tres habían sido destruidos, sus partes humana e inhumana “arrancadas” violentamente entre sí por los inhibidores, los cinco restantes se estaban dando un festín, figurado y literal.
Ella levitó las cajas al camión ante la vista aterrada de los elementos en escafandra que quedaban, sus colegas muertos o huidos de la escena.
Una a una, fueron encajadas en el amplio cajón, pero justamente al momento que iba dejando descender la última, fue mordida por la cabeza del primero que enfrentó, desplazándose en un cuerpo hecho del tyrant, como de oruga deforme.
Otros de aquellos engendros ya reptaban y se arrastraban rodeándola, bocas de afilados dientes como ónice goteando saliva pestilente.
— No, no podrán.
Hizo chispa raspando el piso con la punta de su bota, y se dejó quemar parcialmente debajo de la pantorrilla para purgar con las flamas aquello tan horripilante.
Pegó un salto y corrió sobre el camión antes de colgarse a la puerta del conductor, rompiendo el vidrio de un puñetazo.
Este, que se había quedado dormido hasta entonces, sacó su pistola e intentó darle en la cabeza, pero sólo logró hacerla enojar; salió despedido por la fuerza invisible de su breve adversaria, y quedó tirado.
De inmediato, el que hasta hace rato había sido víctima de los terroristas, se subió como si nada, sin aparente mancha en su traje azul de finas rayas blancas: — Felicidades, señorita Koo.
Sigue demostrando el por qué nuestra sociedad sigue en firme.
Ella dijo con tono humilde, mientras encendía el vehículo: — No me halague tanto, ya se lo dije.
Sólo sirvo a este país donde nací como mejor puedo.
Es lo menos que se puede hacer, con lo que nos dejaron.
Arrancaron, y ella cerró las puertas traseras con la mente, saliendo del lugar lo más lentamente posible para no raspar las paredes del callejón.
— Y ahora no sólo los demás Cardinales están sobre nuestros talones, sino esta clase de oportunistas.
Si lo de hoy se llegara a saber, se repartirían lo que queda entre ellos.
Saliendo del atolladero, se pusieron camino en dirección sur, justamente hacia donde se veía el puerto al descender la suave pendiente.
— La Sede Central debió ser más cuidadosa antes de elegir director a un inepto como Jang.
Pero qué se le puede hacer, no sirve quejarse del pasado.
Se mantuvo conduciendo con total calma por la calle principal, a una velocidad bastante aceptable como para que la atención de la Gombumun, visitante poco regular de aquel suburbio, no fuese llamada hacia donde estaban todavía.
— Baek Jeong-na tenía votos clave comiendo de su mano; claro—que no a mí.
Gracias a usted, el tiro que se dio al pie le rebotó a la cara.
— Sí, por suerte usted votó correctamente en ese entonces.
De otro modo, no sé qué habría hecho al encontrarnos.
Este se acomodó el cuello de la camisa, y tragó saliva para responder.
— Ahora, ejem—deberíamos regresar, me cansé de este paseo.
Una vez llegaron cerca de la línea costera, tomaron la dirección este, marcada geográficamente por unos acantilados blancos que ellos apenas llegaban a ver.
Ja-yoon miró al administrador con una sonrisa despectiva apenas disimulada, en tanto este se recostaba del lado opuesto, distrayendo su vista en el perlado océano.
Quitándole la vista de encima, continuó en silencio, encendiendo la radio con baladas clásicas de los 70s y 80s, alegres y de sutilmente granulosa grabación.
— Ah, mire, es mi canción favorita para pasear.
—dijo ella — Ya lo creo.
—pensó— “Pueblerina.” Habiéndose alejado, volvieron a tomar una carretera en sentido norte, pasando las casas y conjuntos residenciales bañados en el pan de oro estelar, hasta que una nube proveniente de la zona montañosa comenzó a cubrir el cielo.
Primero hubo una brisa fresca, más dulce que la de la playa, antes de que comenzase a caer una brisa sobre el vehículo, y la zona habitada diese paso a los bosques de pinos que parecían no tener final de lado y lado; tardarían poco en hallar el camino.
Dando un giro por un sendero de tierra en sentido sureste, se adentraron entre los árboles, ruedas pasando por el terreno, empolvado con piedra en polvo, chasis rechinando relativamente poco en tanto la brisa daba paso a una gentil lluvia.
Para cuando el agua se detuvo, mas no las nubes grises de rodearles con rayos dorados traspasándolas aquí y allá, arribaron a un par de puertas blindadas, que se aparecieron como si se tratase de un espejismo.
El puente de paso se extendió desde el interior a través del foso de espinas emisoras segmentadas, con entresijos pulsantes por víctimas, y los escáneres genéticos delanteros, cilindros de metal negro, emergieron y titilaron rojo en los flancos conforme pasaban.
Un segmento de barrera como estática roja se volvió verde justo antes que la atravesasen, y las puertas se abrieron lateralmente lo suficiente como para que pasasen a un espacio de desembarco, con helipuertos y plataformas de descenso oxidados.
Fueron guiados por un par de personas en overoles amarillos con naranja, hasta detenerse en el estacionamiento asignado.
Guardias hicieron una especie de calle de honor con las armas en espera delante del vehículo, a la vez que Ja-yoon y el administrador se bajaban, una de un salto, y el otro con unos escalones puestos por los de overol, cuya ayuda ignoró la primera.
Delante se encontraron, caminando lado a lado, el primero con una mano enfundada en el bolsillo derecho de la leva, en dirección a una rampa descendente, que daba al edificio principal.
Por debajo estaba la puerta doble de entrada, en la planta a nivel del suelo nada había sino concreto liso, y el segundo piso, en cambio, estaba recubierto de ventanales negros completamente reflectivos.
Conforme caminaron, detrás de sus visores y lentillas, los empleados en general se pusieron más rígidos que de costumbre; más quietos, más ansiosos, Ja-yoon sintió, que la primera vez que ella entró allí, hace un par de meses que parecían haber sido ayer.
Los muros internos, las cercas, los postes que sobre estos sobresalían, pasaron de tener luces verdes a rojas estáticas, y la joven se detuvo, mirando a lado y lado.
El trajeado volteó, sonriente, juntando las manos frente a sí, con una pistola que rastrilló.
Apuntó a la cara: — Ha hecho un gran trabajo hasta ahora.
Pero si queremos que Yongsadan vuelva a funcionar como se debe, primero hay que “reestructurar” a cierto personal.
La joven sonrió, justo cuando los guardias subían sus armas de collar inhibidor: — Lo mismo digo yo.
Unos sonidos ahogados, y las luces rojas estallaron en cortocircuitos por todo el perímetro, alarmando a todos.
El administrador también fue tomado por sorpresa, y miró alarmado a sus subordinados, que comenzaron a retroceder, dejándolo en medio de un redil de formas encogidas por el incierto miedo.
Las armas seguían levantadas, pero los guardias estaban menos seguros de lo que debían hacer.
— Oh, mira eso.
—continuó Ja-yoon, acercándose— ¿En serio me creíste tan tonta— Un grupo de diez jóvenes vestidos en atavíos negros muy elegantes saltaron desde los muros, destrozando a los guardias del propio límite, y en los nidos de artillería ligera rodeando aquel complejo.
Cuando los que estaban cerca de la joven quisieron disparar, quedaron paralizados y comenzaron a flotar como rocas en el vacío sideral, ascendiendo lentamente en medio del pánico y los gritos; pronto los vehículos cercanos, incluyendo el camión, también flotaron.
Un helicóptero aterrizado también levitó a lo lejos, junto con los mecánicos que le estaban dando mantenimiento, pero solamente la hélice rodó como una condena hacia una de las filas de hombres armados, moviendo el cabello de Ja-yoon.
— como para venir aquí yo sola—desde un inicio?
Esta se quedó quieta, avanzando hacia el administrador, quien tampoco pudo halar el gatillo de su pistola.
Este emitía sus quejidos entrecortados, con la cara en un rictus de sufrimiento indescriptible al sentir que cada intento de moverse era un latigazo a su sistema nervioso.
Sus ojos estaban por salírsele de sus órbitas.
— Pero como sea.
—dio un resoplido, divertida— La Alianza se llevó a la cárcel a los otros cómplices de Baek tras Busan.
Ellos son los afortunados.
Sin mover un dedo, el miserable fue arrancado de abajo a arriba, lentamente, en dos hemisferios, como quien rompe una hoja de papel especialmente dura.
Cuando terminó, y los alaridos inhumanos terminaron, se dijo a sí misma: — No debiste intentar buscarme para tenderme trampas.
Adiós, Jung Wang-pil.
La fila de guardias que no fue despedazada por la hélice fue liberada de su agarre; cayó con las piernas temblorosas y depuso inmediatamente las armas.
Los demás empleados gimoteaban asustados, y se arrodillaron con las manos entrelazadas sobre sus cabezas pidiendo misericordia; Ja-yoon les vio con una sonrisa orgullosa.
“Ahí es donde pertenecen, los gusanos como ustedes.” Los jóvenes de negro la rodearon en un muro circular, mirando con ojos vacíos, o bien miradas cargadas de sádico deseo u odio, a los humanos reducidos a nada.
Desde las puertas que Ja-yoon iba a cruzar antes, salieron tres filas de hombres con subametralladoras y carabinas; fueron acercándose, y algunos de estos jóvenes cómplices frotaron, al verlos, frotaron los dedos de sus manos, jugaron con sus armas blancas, o daban pequeños pisotones impacientes al asfalto.
Pronto los tuvieron, no en una formación de asalto, sino que, en cambio, se formaron en tres escuadras más de 300 de ellos, progresivamente, con sus oficiales, de rostros descubiertos y gorras.
Una llovizna hasta entonces suave se endureció por momentos, y al terminar de formarse, en su golpe celestial, Ja-yoon exclamó, con la voz potenciada psíquicamente.
Un retumbar: — ¡Aquí está!¡Les he mostrado el cumplimiento de mi promesa!
Nadie emitió un sonido, y los hombres en formación permanecieron con las expresiones frías, posicionados en firmes, sus armas elevadas al pecho.
Mientras que la mayoría portaba rifles EM, las primeras dos filas llevaban las armas pesadas, y las tres siguientes las de alcance cercano, pero todas ellas, junto al equipo, bañados por el agua como en un ritual purificador.
Desde los ventanales, tanto los guardias al lado de las consolas de vigilancia como los técnicos en uniforme formal de oficina veían de lejos el acontecimiento.
Al interior de la base, científicos y demás personal escuchaban por parlante.
— ¡El superhumanista Jung, perro de Hoffen International, está muerto!
Muchos en el interior se alzaron en celebración, dándose gritos y abrazos, alivio temporal de los trabajos tan pesados que debían llevar a cabo en la oscuridad del anonimato, desde los burócratas al personal sanitario y otros puestos irrelevantes.
En cambio, muchos de los científicos y técnicos e ingenieros fueron menos optimistas, varios de ellos con miradas graves o meditabundas.
Pero, más que nada, los supervisores, en la sala de conferencias de la base, observándose de reojo con suspicacia, se mantuvieron cruzados de brazos.
— Tomó tiempo que nuestra causa ascendiera de las cenizas, porque ellos nos dividieron, pues sabían lo que pasaría si trabajábamos juntos.
Si el ideal de nuestra agencia era levantado por las dos manos que le han dado su poder, y estabilidad, en armonía.
El proyector holográfico en el centro de la mesa mostraba la grabación de seguridad en vivo de los drones patrulleros sobre la explanada de fuera, a su aparente “salvadora”, las tropas paramilitares delante de ella y sus lobos de la segunda generación, formados en fila detrás.
— Con esta acción, que vino desde y para todos ustedes, y gracias a la participación de quienes hemos decidido ser valientes, defender ese ideal, nuestro Cuartel General ha sido restaurado.
Pero no se confíen— Al oír eso último, los encargados departamentales pusieron más atención que nunca.
— Como ya saben, fue por la rebeldía de las hermanas Baek y la arrogancia de Jang In-hyuk, el Director entreguista, hijo del nepotismo, que la agencia recibió duros golpes.
¡Y por sus acciones insensatas, Yongsadan se ha tambaleado, volviéndose presa fácil de nuestros rivales, y de agentes externos como los que hoy estuvieron por robarnos lo nuestro!
Varios de los de escafandra comenzaron a descargar y transportar en palanquines robustos, con el emblema del dragón dorado, las cajas del camión, que fueron a parar a las plataformas, que una vez todo estuvo puesto encima, bajaron al subsuelo con su valiosa carga: — Me da profundo alivio informarles que todo fue recuperado, gracias a la invaluable labor de inteligencia realizada por Kim Woo-min, nuestro supervisor de seguridad.
Sin él, mi misión nunca habría sido posible.
En una bizarra muestra de poder, los jóvenes detrás de ella aplaudieron al unísono sin ningún animo más que el formal, y sin querer saber qué consecuencias tendría no seguirlos, todos los empleados civiles en la base aplaudieron también, incluyendo los de fuera.
En ese ambiente, de forma completamente conveniente, los demás supervisores en la sala de conferencias le aplaudieron a aquel hombre de mediana edad bien trajeado, de rostro amargado y con las líneas de la edad endureciéndole el rostro.
Este se inclinó una sola vez, de forma solemne, ante ellos.
Mientras tanto, en la lluvia, los guardias que se habían rendido fueron puestos bajo arresto por otro grupo de hombres y mujeres, todos ellos vestidos elegantemente, aunque no formales; eran de la primera generación, depredadores veteranos marcados por suturas, cortes o quemaduras.
— La situación se ha normalizado en los sitios en Chungcheong del Sur, Daejeon, Jeolla del Norte, y del Sur.
Los sitios del exterior en Shanghái, Yancheng, Hong Kong, Guangdong y Macao han sido puestos bajo nuestro control; hemos conseguido mucho, pero todavía hay mucho por hacer.
Si no estamos unidos, caeremos.
Finalmente, las tropas oyeron lo que querían escuchar: — ¡¿Quieren volver a las luchas fratricidas de palacio por el poder?
¿A la disidencia vil de los que querían satisfacer sus deseos personales?
¿Al las ansias de lucro de Hoffen sobre nuestra real misión?!
Al unísono respondieron los hombres armados, dando un pisotón potente: — ¡No!
Ja-yoon, tragando saliva por lo que estaba por decir, respondió: — ¡Entonces déjennos guiarlos!¡Que los burócratas refugiándose en Seúl, los que buscan venderlos a todos ustedes por impunidad, ardan en las llamas de nuestro fuego!¡Que los rebeldes y renegados dispuestos a rendir nuestro legado por monedas sean aplastados por sus botas!
La tropa levantó sus armas en celebración, dando hurras y vítores atizados por sus oficiales, que levantaban el puño en alto.
— ¡Koo!¡Koo!¡Koo!
— Que los ilegítimos y los enemigos que buscan demolernos sean superados por nuestra astucia, aventajados por nuestra ciencia, siempre a la vanguardia, para emerger cuando las sombras sean más largas.
Los labios de todos se entreabrieron en expectativas, en sueños, en el inicio de un camino ascendente que veían como el sol poniente que en esos momentos fue disipando las nubes.
— ¡Sígannos, y devolvámosle a Yongsadan el lugar que nunca debió dejar!
Sígannos, y juntos defendamos la nación de los débiles de Gombumun, y los arrogantes de Horang —e hizo una expresión de sorna— que creen que pueden reemplazarnos.
Los guardias rieron en son de burla.
— ¡Muéstrenles a los pretendientes que somos superiores, y a nuestros colegas bajo el yugo de las serpientes, quién es el dragón verdadero!
La aclamación fue universal.
Y, en silencio, sentada al borde del muro trasero, la muchacha pálida permaneció sentada bajo el escaso sol, mirando una construcción gris, con una plataforma circular, y escaleras de una puerta que permaneció abierta.
Ark-1 conocía muy bien ese lugar; hoy en día, estaba completamente abandonado, una oquedad de tierra inestable donde había estado la bóveda de Ark-0, sangre limpia, cuerpos recogidos, pero restos dejados al polvo.
Según Ja-yoon, lo dejó así en su nombre, para que nadie olvidara lo que pasaba si volvían a tratar de hacerles daño.
Antes de conocer a su hermana, Ark-1 amás se habría imaginado volver a ver, ni siquiera de lejos, aquel terrible lugar donde existió.
Sin vida.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com