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The Witch 4: Insurrection - Capítulo 6

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Capítulo 6: Investigación Previa

(Namwon-ri, Jeju, 25 de mayo de 2021, 16:30 PM)

Aquella casa era amplia, un ejemplo de minimalismo pétreo y pulido, de puertas herméticas con placa de madera de caoba. Sus blackouts inteligentes se quedaron a medio cerrar para tapar el exceso de luz solar, reflejado en las aguas frente a la playa que el chef privado observó desde su mesón. Fuera, el corto césped decoraba un patio con flanco interno de arbustos podados en forma de malvavisco, mientras en una plataforma segmentada de cemento, descansaba un jeep eléctrico, con dos líneas de luz arriba y abajo del morro. Varios guardias trajeados, Uno punto Cincos, vigilaban el perímetro y desde el balcón, con enormes gafas de sol encima; se mantenían cruzados de manos, sin interactuar nunca.

En la televisión de la sala, de amplios sofás y alojando a más guardias en descanso, un periodista en corbata roja regresaba a la pantalla, tras el segmento comercial, para continuar con su programa de opinión:

“Y en otras noticias, los tiburones pequeños siguen en crecimiento. En un inesperado movimiento de fichas, Lee Kyu-jin, fundador de la recientemente establecida Fundación K, ha adquirido en remate el 65% de los activos incautados a Babel Group, a un año de la desaparición de su presidente, Jang Han-seok, investigado por lavado de activos, conspiración para traficar drogas, y múltiples asesinatos. Lee, conocido anteriormente como abogado del extinto Grupo Cheong-ah, ha declarado que estas polémicas adquisiciones están enfocadas en ‘darle propósito humano’ a dineros ilícitos, que sirvan a la comunidad en vez de perjudicarla. Está por verse si el meteórico ascenso de esta ONG es un vuelco en el historial corporativo criminal que durante los últimos años ha manchado la reputación de este país, y por supuesto de parte de este que les habla, esperamos que así sea.”

— Huh, sí cómo no.

Aquella queja provino de un cuarto en concreto liso, más similar a un búnker, totalmente cubierto por la penumbra. La única fuente de calor eran los servidores y el CPU principal de una computadora ensamblada de forma casi demencial, mientras que la luz procedía de una línea LED arriba y otra abajo, al igual que de las pantallas múltiples del computador, cerrándose como una media luna sobre la cabeza de largos cabellos de la mujer que la manejaba. Los dedos de ella danzaron como si su esqueleto y el de la máquina estuviesen no solamente sincronizados, sino como si ambas hubieran nacido siendo parte de una sola unidad original.

No ladeó la cabeza esta vez, mientras luchaba por irrumpir en el territorio digital de, justamente, la plataforma empresarial de “K-Philantropy2”. A pesar de que la pantalla llevaba iluminación amarillenta de noche, y las LEDs rojas parpadeaban en la frecuencia precisa para retardar al máximo la fatiga visual, la visión de la pobre se comenzaba a tornar borrosa. Sus ojos los sintió adoloridos, a punto de sangrar por el tiempo que había dedicado a su labor hasta ahora.

— Vamos, ya casi—

Entre terabytes de datos siendo procesados dentro, y las mentes simples de los que se la pasaban fuera, rotando días y noches en que no había visto ese sol de los que ni se molestó en contar su número, ella se permitió soltar un largo y sonoro suspiro.

— Ya te tengo, ¡por fin!

Levantó los brazos con agotado júbilo, antes de quitarse los audífonos y retroceder en su silla ergonómica, recostándose para respirar un momento. Allí reposada, estuvo varios minutos, mirando cómo el terminal de aquella empresa había aceptado al fin sus llaves de acceso al perfil personal de un hombre de aspecto muy ordinario. El diseño web era en extremo sencillo, gris con azul como si lo hubiesen sacado de los años 90; ella lo observó como si estuviese pasando algo por sí mismo, o esperando a que ocurriese.

Con los brazos pesándole cual anclas, estuvo por dormirse, y sus oídos filtraron los sonidos de múltiples pares de botas. Ensimismada con los naranjas negativos mentales de las líneas de código, fue arrancada, con un grito figurado de dolor, por una sombra cubriendo la luz sobre su escritorio:

— ¿No te diviertes, Seo Mi-ri?

La mujer se encogió de hombros por el sonido de melodiosa amenaza en aquella voz, sintiendo cómo el aire a su alrededor se tornaba denso de repente, y la presión de los vasos sanguíneos aumentaba de golpe. No necesitó voltear para saber de quién se trataba, pues su presencia gélida detrás del respaldo, y la mano delicada sobre él se sentían como si atenazaran su pecho:

— Seño—señorita Koo —se excusó— Por favor, discúlpeme, yo sólo—

— Perdías el tiempo, en vez de extraer la información que necesitamos.

Esta levantó las manos temblorosas, y se acercó nuevamente al teclado, dando una mirada de reojo muy breve a la joven, vestida en su largo abrigo negro. Los hombres de traje ni siquiera se fijaban en ella, y era como si contemplasen un horizonte indefinido detrás de su hombro; se miró los moretones de agarre en sus antebrazos, como evidencia de la devoción que aquellos tenían a su tarea asignada. Comenzó a teclear nuevamente, buscando entre las diferentes pestañas y ventanas abiertas los paquetes de datos que había estado desencriptando:

— Mire, encontré los datos bancarios que quería. Ese sujeto no estaba usando el sistema financiero coreano para sus transacciones, nunca lo hizo. Es—demasiado anormal que ninguna alarma haya saltado desde el 25 de noviembre del año pasado, en que la organización recibió permiso para operar.

Ja-yoon se cruzo de brazos, entreabriendo los labios en una casi sonrisa:

— Continúa.

— Como ordenó, acabo de ingresar a la plataforma fantasma de Fundación K. —se aclaró la garganta— Agradezco su—generosidad.

— Más te vale, si tan sólo no holgazanearas en el trabajo—

Mi-ri la ignoró, y siguió con:

— De no se por las herramientas de rastreo de grado militar que me proporcionaron, jamás habría rastreado el origen de las apps VPN encriptadas que usaba Lee Kyu-jin para “perderse”. Y tengo la dirección de los servidores de la Fundación, también de los dominios extranjeros donde se alojan sus carteras digitales; descubrí—que uno de sus funcionarios ha estado—

— Dime.

— Es que—no tiene sentido. No entiendo por qué a una ONG le interesaría—comprar armamento y equipo militar en Rusia, Omán y Myanmar. No me gusta nada.

Ja-yoon se quedó pensativa, y sonrió:

— Así que los ángeles de la caridad tienen negocios más sucios de los que imaginaba entre manos, ¿o no?

— Aún no descubro a dónde envían los cargamentos comprados, y eso me preocupa. Podría ser para participar de la venta, o—

Ja-yoon supo que era grave, pero no lo aparentó:

— ¿Dónde debo atacar? —dijo con falsa ligereza— Si no tienes la respuesta a eso, es mejor no adelantar conclusiones.

Mi-ri mantuvo gacha la cabeza:

— Con todo respeto, no se lo recomiendo. Si sabe que sabemos, probablemente use el flujo blockchain de sus tokens digitales para pagarse otros servidores y desaparecer. En el mejor caso nos retrasaría para detener sus operaciones, sean—del alcance que sean; al menos sabemos que no es algo local.

— ¿Qué más lograste saber de la nómina de K? ¿Qué cómplices le ayudan? Su eliminación lo retrasaría a él. Y este comprador de armas, ¿quién es?

— Lamentablemente, señorita, no he encontrado datos claros. La identidad de ese hombre tiene una irregularidad, y es que no he hallado ninguna imagen. En ningún lado.

— Explícate.

— Es como si nunca hubiera existido fuera de Fundación K, lo que refuerza la teoría de que es una identidad falsa. Pero no podemos conectarlo directamente con Lee Kyu-jin sin pruebas.

— Pues ese es tu trabajo ahora. Claro que—si no quieres, puedo tirarte a la calle. Y a ver cómo te defiendes de ellos.

Ella se estremeció, pero tragó saliva, concentrándose en la labor frente a sus monitores:

— Lo hallaré, señorita, lo juro, sólo deme más tiempo. Por ahora, puedo decirle cons seguridad que hay más.

— Hmh.

— Las personas que deberían estar a cargo de la IT y las áreas de comunicación e internet dentro de Fundación K—constan como muertas en las bases de datos públicas.

— Es algo típico cuando una operación tiene un aspecto clandestino, y evita que las instituciones formales investiguen.

— ¿Señorita Koo?

— Ya que ahora trabajas para un grupo así, es decir nosotros, es tiempo de que lo sepas.

— No, por favor, no me diga.

Mi-ri tenía algo en claro. En cualquier organización clandestina o ilegal, saber sus secretos era una sentencia de muerte. Lo sabía por propia experiencia.

— No voy a matarte, Seo Mi-ri. Mientras no reveles la existencia de la agencia, claro está. Mi hermana, la conociste—

Ella recordó a la muchacha pálida y gentil que la llevo con esta otra, a su parecer, descorazonada pero letalmente inteligente jovencita, que aseguraba ser un agente de orden.

— Ark-1. Sí, claro, esa chica. —y pausó antes de decir— Qué triste debe ser. Que te llamen con un número.

Ja-yoon reposó al filo del escritorio, con una rodilla doblada, mirándola con menos severidad:

— Aunque no lo creas, ella tiene un RRN emitido. Ella te dijo la verdad, no tiene nombre; dice que lo quiere escoger. El que puse en su identificación no le sonaba tanto. Así que no lo usa.

Si, consideró ella, era verdad lo que le decía Ja-yoon, le parecía cuanto menos curioso. Era verdad, lo sentía, sólo que ella no podía creerlo, no de alguien con la lengua de Koo.

— Suena bonito. Elegir tu nombre, cuando ya tienes criterio para hacerlo. Huh.

— Si me temes, recuerda que ella es tu garantía de vida. No por eso creas que te dejaré ilesa si me fallas. O mis subordinados.

La hacket vio sus moretones de nuevo. Y con cierto recelo, respondió:

— Entonces—dígame más. Aceptaré lo que me pase, si puedo ayudar a detener—a gente como esta.

— Excelente decisión. —se levantó— Pues somos Yongsadan, una agencia adjunta al Servicio Nacional de Inteligencia. Compartimos eso con otras tres agencias más, por eso en comunicaciones internas nos llaman los Cuatro Cardinales. Juntos, vigilamos el país en un solo ecosistema de seguridad paralelo.

— ¿Cuatro? Entonces, ¿quienes son los otros tres?

— Los conoces ya. Son grupos públicos, pero como los conoce la gente, ellos son independientes. Aunque es verdad que los cuatro grupos tenemos autonomía en la práctica. En la actualidad, somos muy grandes para que el NIS nos administre a todos.

— Ok. Entonces, esos otros grupos— ¿Podría ser—? Por ejemplo—Gombumun, tal vez—

— Correcto.

— Y otro podría entonces ser la Horang-i-Buseo.

— También correcto.

Y en esa conversación, Mi-ri siguió trabajando frente a las pantallas.

— No se me ocurre otra agencia como esa.

— Geobugsadan. Se encargan de asuntos paranormales. Su estudio, defensa, recolección. Su relación es más estrecha con Horang que con los demás.

— Y ustedes—¿con quien se relacionan mejor?

— Con nadie. Solamente ciertos altos cargos del gobierno y los otros cardinales saben que existimos. Es por lo que hacemos. Es un asunto de seguridad nacional, ultraclasificado.

— Pero hay algo que debes saber, además de eso. Porque es vital que sepas—quien es tu aliado. Y quién tu enemigo.

— Supongo que las otras agencias.

— Sí, así es. Pero también hay otros. Desde la—caída del anterior Director, nuestra agencia se encuentra fragmentada. Hasta ahora, las diferentes facciones principales hemos hecho más o menos lo mismo. Preservamos los secretos, seguimos funcionando siguiendo mandos separados. Pero no puede durar para siempre.

Mi-ri se asustó de oir aquello, pero realmente no comprendía demasiado el alcance de esta información que le estaban dando:

— ¿Y cómo—sabré quiénes son los suyos, señorita, y los otros? Seguro—lleven el mismo parche —señaló a uno de los escoltas.

— Ese emblema; sí, podría confundirte. Habría que iniciar despacio; en esta isla había una banda de desertores, con una X roja encima. Los eliminamos este mismo mes; tienes acceso a la información sobre ellos en estos servidores, pero necesitas—

— Ah, se refiere a estos archivos, sí, listo, ya lo desencripté.

Ja-yoon pegó una risotada:

— Pareciera que sí quieres morirte. Wah, ese fue un gran trabajo. No deberías intentarlo a mis espaldas. No sobrevivirías.

Mi-ri quiso volver al tema:

— Dígame señorita Koo. Usted, ¿a qué facción pertenece?

— No pertenezco, la dirijo. Llámale la facción de Jeolla si quieres, controlamos las provincias norte y sur de esa región. Ahora, también el Cuartel General de Yongsadan, y por extensión toda el área de Jeju. Osea, donde nos encontramos ahora. No tachamos ni modificamos el uniforme.

— Sí, eso lo complica. Otros habrán pensado igual

— En efecto. Facciones de Chungcheong del Norte, y en partes del Sur, sobre todo la costa. El resto de esa región ya la hemos pacificado. Ahí se encuentran los restos más dispersos, que tachan sus emblemas, o añaden parches como—

— Estos.

— Sí.

En la pantalla; se podían ver símbolos de todos los tipos, formas y tamaños. Cráneos rojos de carnero, azul de toro con cuernos de luna, esotéricos grafitis o letras de otros idiomas, cimitarras cruzadas, tachones en diagonal, ondas, zigzags o triángulos invertidos, también símbolos de alas de dragón, ojos de pupila vertical, caras de insectos, diablos, o garras y símbolos mágicos o astrológicos. Incluso uno llevaba la cruz celta, con un cráneo coronado de espinas.

— Varios de esos grupos no tienen mas de mil miembros, y otros ni siquiera más de cien; escoria, muchos sujetos Ark, poca cohesión. En su mayoría, están tratando de prosperar en el bajo mundo, y sin una mano que los alimente, su naturaleza violenta los lleva a matarse entre ellos. Y sí, prefieren a las tríadas o las familias mafiosas rusas antes que la atención de Horang o Gombumun. A veces de Geobug también, pero a ellos no les suele interesar que las bandas locales sean asimiladas por supersoldados fuera de control. Lo ven por debajo de sus funciones.

— ¿Y qué más hay? Dijiste que otros no tachan sus símbolos.

— Sí. El mejor ejemplo es la facción de Gangwon, controlados por una clica de altos mandos; antes comandaban un cuerpo paramilitar crítico, y ahora toda la agencia en la región. Ellos, usarían una táctica como la que describiste hace rato, del hombre misterioso de Fundación K, para suministrarse o conseguir financiación. Pero no son los únicos que desvían fondos o reconstruyen sus fuerzas para atacarse entre sí.

— ¿Quiénes más? Descuide, ya comencé a buscar en las bases de datos que me dio— dijo, viendo los servidores.

— Estamos negociando con facciones en Daejeon y Busan, son fortalezas logísticas para la agencia desde hace décadas. Tampoco han cambiado sus emblemas, excepto algunos desertores, pero ellos pueden encargarse solos. Si tuviesen algo que ver con Fundación K, debes investigarlo.

— Supongo que es más o menos todo lo relevante.

— Sí, los sitios de Gyeongsang son más como fortalezas y almacenes de armas. Por lo general, ahuyentaron o a veces mataron a sus sujetos Ark, eran pocos, y darán su lealtad a quien el gobierno escoja en Seúl.

— Es decir que usted señorita—

— Un sucesor de Jang In-hyuk no ha sido escogido. El administrador del Cuartel General que me precedió es su favorito, por vender a altos cargos de Hoffen International. Y lo será —se rio bajo— mientras crean que sigue vivo.

Mi-ri nada podía decir de aquello, si no sólo seguir crispada por todas las revelaciones.

— Los de Seúl, paradójicamente, están acuartelados en las Oficinas Administrativas de Incheon, luego de que Horang les ayudó a limpiar los cuerpos. Luchan por controlar Gyeonggi, incluso hoy; no son más que burócratas con rabo de paja.

— Pero los necesita—

— No es mentira, hasta cierto punto. Pero no conozco a ninguno de ellos, excepto por uno. Él Director Cho antes dirigía Yongsadan, pero lo ascendieron por la eliminación de—un traidor.

Baek Sang-na, a quien el tal capitán Choi había matado, y por lo que su superior tomó crédito.

— Dirige el NIS desde 2019; podría estar relacionado a esto, y también deberás buscar pruebas de eso.

— ¿Y de los otros? ¿Sospecha algo?

— En Daegu nadie sabe lo que ocurre, y en Gangwon y Ulsan conozco a sus líderes principales. Quieren refugios seguros y poder de disuasión para sí mismos antes de concentrarse en cualquier otra cosa. Si encuentro quién está detrás de esa Fundación, o tengo buena evidencia, podrían aliarse a mí.

La hacker lo pensó todo un momento; toda la explicación no fue gratuita, pensó. Era claro para ella que aquella jovencita era calculadora y paranoica. Se preguntaba realmente si era pariente de la que la salvó, mientras veía el panorama. Quería usar los secretos de los demás en su contra. Y usar los propios como escudo, y para hacer tiempo.

Era obvio. En esta Yongsadan, no existían los amigos.

— ¿Esta segura—de que los conoce? —preguntó Mi-ri.

— ¿Por qué preguntas? —replicó Ja-yoon— Tampoco es algo que debas saber con más detalle del necesario. Ya sabes demasiado con lo que te dije.

— Porque, señorita Koo, los datos que estoy recibiendo ahora mismo—hablan de traslados físicos en valores, y desembolsos de cripto hacia direcciones en la provincia de Gangwon. —y enfatizó— Según lo poco que he hallado mientras hablábamos, no coincide con los detalles de ubicaciones conocidas o vinculadas a esos socios suyos.

Esta prestó más atención a la pantalla, y efectivamente, las direcciones, los valores mencionados entre mensajes y “recibos de pago” con usuarios temporales o carteras temporales, no coincidían con las locaciones que conocía de sitios en esas provincias o áreas.

— Sitios secretos. O quizá una organización superterrorista como proxi. Una molestia, pero no algo mayor.

— Lo diría también, de no ser por las rutas seguidas. No coincide con lo que usted me ha compartido, ¿o acaso reconoce alguna?

Ja-yoon guardó un reflexivo silencio.

“Miren nada más. Tal parece que sí existe ese grupo no registrado detrás de los ataques. Hasta ahora ninguna facción ha demostrado poseer compuesto tyrant, o dispositivos iguales al regulador de Shanghái. Quienes quiera que manden sobre esos seres de ojos verdes—¿son los únicos?”

— Sólo puede ser un fantasma, algo que ni siquiera usted haya encontrado, señorita Koo.

Ja-yoon respondió entonces.

— Si es así, la Fundación K es nuestra única conexión para llegar al fondo, y debes seguir averiguando todas las rutas posibles.

Mi-ri, sobándose los ojos del cansancio, le dijo:

— Entiendo, eso haré. Tardaré más días en hacerlo, seguro hasta semanas en verificar a todos sus rivales.

— Vendré en 3 semanas, entonces, para saber lo que has encontrado.

— Claro.

Mi-ri bostezó, y Ja-yoon, antes de irse, pregunto:

— Dime una cosa más. ¿Sabes qué otras transacciones existen entre la Fundación y el sector privado?

— Uhm, sí, déjeme revisar—qué cosa más rara.

— A ver.

— Tenemos—sistemas de filtración y ventilación de aire para un lugar llamado “Sarang Childcare Center”.

— Suena a un orfanato.

Ja-yoon miró en su celular, encontrando como resultado un proyecto con el mismo nombre en noticias de la ciudad de Seúl. Esta enarcó la ceja con una sonrisa:

— ¿De verdad?

— ¿Qué fue lo que halló?

— Dime, Seo Mi-ri, si fuera tu caso, ¿por qué construirías un orfanato anexado con un hospital de especialidades en pleno Gangnam?

Le mostró el artículo, de hace dos semanas, y la imagen en renders de un gran complejo que, de acuerdo al resumen, se hallaría ya en construcción.

— Lo segundo suena plausible, pero adoptar niños allí—a menos que haya muchos ricos caritativos por el lugar, diría que —asintió con el labio fruncido— es lavado de dinero.

— Buena observación.

— Y el modelo de sistema que dice allí —señaló una pantalla— Se utiliza en instalaciones industriales con elementos contaminantes, químicos nocivos. No tienen sentido en un hospital. La factura de luz se dispararía.

— Si eso es cierto, no quiero pensar en lo que ocurrirá si permitimos que se inaugure un lugar así, ¿o sí, verdad?

— Debo ver en sus compras, espere, si hay productos así—

Se pausó, y miró las órdenes de compra, con firmas de un alto ejecutivo de la ONG. Pero lo más importante eran las imágenes y denominación de los productos. Revisó otros envíos a otros destinos con direcciones supuestamente fantasma. Se repetía la fórmula.

— Reconozco una de las sustancias en este manifiesto. Mire, parece que los mismos que proveerán la ventilación le darán otra cosa. —y añadió con acento más grave— El nombre lo reconozco—

Vieron una planta con un tallo lleno de pelillos urticantes, y un bulbo floral en su punta, a punto de florecer, de un color blanco amarillento, y la sustancia lechosa goteando de una ramita cortada.

— Khoisánico. —respondió Ja-yoon— Ah, sí. Papaver khoisanica, es una opiácea originaria de Namibia.

— Y este compuesto analgesico—es el mismo subproducto que iba a ser comerciado por Babel Group hace un año.

— La pregunta es si nuestros jugadores invisibles se arriesgarán a reabrir pruebas médicas en la clandestinidad, sólo para traficar pastillas analgésicas.

— Esta gente—que dice que se le opone, o ese enemigo desconocido suyo—bien podrían usarla—para volver dependiente un ejército entero.

— Sobre todo—si el producto final no es sólido.

Mi-ri se estremeció ante la idea. Ja-yoon supo de inmediato que, por las cantidades del subproducto que estaba leyendo, era posible.

— Como pretendía Babel hacer con gente inocente. Es terrible. —terminó la hacker.

Pero la joven nuevamente quiso desviarla de la verdad, pero para enfocarla en otra. Lo que generaba a aquellos monstruos pálidos que ella y su hermana se habían encontrado. Y eso el khoisánico no lo hacía, pues por más adictiva, era un narcótico ordinario.

— ¿Has visto adictos a la heroína peleando guerras? ¿O fumadores de opio ganándolas? No, sería ineficiente a la larga. Pretenden otra cosa. ¿Qué más tienes?

— Sí, claro, por ejemplo aquí. Estos compuestos los reconozco también de los que Babel solía tener, y también de la lista que me dio. Dice que su organización dejó de producir, por ejemplo—estos de aquí.

Ja-yoon asintió:

— Correcto. Yongsadan no está en un estado como para coordinar su creación. Son complejos, y los sitios de China se están quedando sin reservas.

— Pues parece que ellos están triangulando valores de cuentas estatales “no específicas” para la compra, según este documento. Al menos una sección parece una lista que tiene nombres parecidos.

— Son precursores químicos, de eso estoy segura.

— Donde sea que estén destinando estos recursos, deben tener la infraestructura necesaria, y como dije, usar mucha energía. Si tuviéramos una forma de detectar la firma térmica, sería una bendición.

— La tengo.

La hacker se sorprendió:

— ¿Oh?¿En serio la tiene? —y pensó— “Wow, esta mocosa sí que tiene recursos.”

— Pero debes estar segura de que lo que debo buscar, el producto final, está en Gangwon, Daejeon, o Ulsan para cuando vuelva. O perderé un aliado—y tú perderás las manos.

En un hilillo de voz aterrada, la hacker dijo:

— ¿Cómo?

— Traeré a una amiga mía, ella es muy—animada. Se divertirán mucho juntas, chillarán de alegría.

— No, no, espere, no piense hacer eso.

Ja-yoon sonreía, deleitándose en el miedo de la humana, quien la miraba con piedad.

— Oh, pero lo haré, sobre todo si tratas de mentirme, o te equivocas. Ella disfrutará quitándotelas, una tira a la vez.

El labio de Mi-ri tembló, y está inclinó la cabeza hacia delante. Pero Ja-yoon, sorpresivamente, dejó de detectar miedo. Esta volvió a alzar la vista, con una sonrisa nerviosa, el pelo tapándole la cara.

— Oh, no, esté tranquila, he ubicado las direcciones a antenas retransmisoras de Wifi en la zona metropolitana de Chuncheon. Las ubicaciones precisas están en diferentes lugares de la provincia, como dije, pero seguramente sean puntos intermedios.

— Bien. Confiaré en tus hallazgos. Más te vale no estar errada.

La mujer cerró los ojos, y expresó preocupación interna, pues su acto de susto podría pronto ser descubierto

“Ay, por todos los cielos, ¿dónde está el señor Cassano cuando se le necesita? Por favor, no se olvide de nosotros.”

Volteó para darle la espalda con rapidez, pero Ja-yoon habló, al percatarse de su cambio emocional:

— Oye, no he terminado contigo.

— Ah, sí, dígame, ¿qué más necesita de mí? Con gusto le ayudo.

— Puedo sentirlo. Algo más te asusta. Y no soy yo.

Aquello no era una pregunta, y a Mi-ri no le quedaba más que responder, sin dar nombres. Al menos no el de aquel en que pensaba; tenía algo mejor para su captora:

— Quise tener todas las confirmaciones posibles antes de avisarle, pero es claro que no pueden ser coincidencias.

— Habla.

— Hay dinero, del que Lee Kyu-jin entrega como donaciones; no solamente realizó desvíos físicos a aduanas en Gyeongsang del Norte.

— Pero si tú nunca dejas de sorprender.

— Hubo transferencias desde cuentas fantasmas en Bali a un banco en Islas Caimán, a cuentas inactivas. Son dos, pero pertenecen a gente fallecida; una está a nombre de Jang Han-seok, expresidente de Babel, y seguro podría estarla usando para sí, pero la otra me intriga—

— Y eso es—

— Es una cuenta a nombre de Cheon Seo-jin. Es un nombre conocido, la expresidenta de Cheong-ah. Se dedicaban a la construcción y la promoción artística principalmente, al menos hasta que la arrestaron por homicidio. Murió el año pasado, en septiembre, es por eso que no explico cómo es que la actividad se reanudó en octubre, antes de que la red de intercambio que encontré se activase.

— Pudieron ser sus familiares.

— Tenía una hija, no había otros parientes cercanos, según lo que hallé. Pero desde el incidente del Hera’s Palace, ella—bueno, en los documentos judiciales, consta su declaración, de renunciar a su herencia y todos sus bienes, por considerarlos mal habidos.

— Suena a una excusa ridícula para que la prensa lo encuentre y redima su reputación lejos de su madre.

— Diría lo mismo, si no fuera porque ella murió. Casi una semana después; para entonces, llevaban tres años sin verse.

Ambas se quedaron viendo. Mi-ri finalmente la bomba, cambiando su expresión. Ahora se notaba la desconfianza que sentía hacia Ja-yoon.

— ¿Qué te ocurre ahora?

— ¿Por qué no me lo dijo? ¿Segura que—nunca tuvo relación con la familia Cheon?

— ¿A qué viene eso?

Fue cuando Mi-ri colocó una filmación de videocámara, encontrada en los archivos de un caso por superterrorismo en el registro policial. El logo del oso en la esquina Ja-yoon lo reconoció con desagrado:

— Gombumun.

La filmación mostró a una chica entrando a su apartamento:

— Esa de ahí es la hija de Cheon Seo-jin, Ha Eun-byeol.

Ella adelantó la cinta al momento culmen, y fue cuando la joven de abrigo negro retrocedió un par de pasos, no tanto asustada como perpleja por lo que estaba viendo:

— Usted fue quien la mató, después de que la otra mujer murió. ¿Por qué no me lo dijo?

Ja-yoon tardó en hallar palabras, al ver su propia cara en el cuerpo que halaba el gatillo de una ejecución. Ella había matado antes, así que explicó el motivo de su sorpresa con calma:

— Huh, esos malditos —sonrió, y añadió— Esa no soy yo, Seo Mi-ri. Seguro es un montaje.

— Un cambiaformas cualquiera—¿la conocería a usted? —miró a su alrededor— He sentido en carne propia cuántas molestias se ha tomado sólo para mantenerme vigilada. Usted es alguien que se oculta del público cuando puede hacerlo, y no conocen su verdadera cara.

Procedió a cambiar de escritorios, para mostrarle videos que ya tenía por olvidados de su mente, sin dejar de mirarla.

— ¿Reconoce este video, no es así? Me pareció muy raro que solamente en febrero de este año lo bajasen de YouTube.

Ja-yoon tuvo que verse a sí misma de nuevo, cantando en “El Nacimiento de una Estrella”. Las dos rondas en las que participó, y elaboró un plan del que, posiblemente, la hacker no supiese aún nada. Si lo sabía, se aseguraría de sacárselo de la mente a golpes.

— Estas de aquí—son las grabaciones del de la Gala Hoffenstein, que conseguí de dos fuentes anónimas independientes, luego de que las borrasen de internet.

Ja-yoon se vio a sí misma enfrentando a los Cazadores, en aquel vestido negro con tacones. No recordaba haber sentido a nadie cerca; todo aquello podía llegar a ser el peor desastre de todos.

— Pero también me dieron un video grabado en un lugar destruido de Busan, el mismo día del Incidente.

Era el campo con un cráter en medio que había conocido hace tres meses, donde un combate se desarrollaba entre tres mujeres metahumana, con intervención de una cuarta hacia el final.

— Se pueden ver las caras de cerca en partes. Una de ellas es Ark-1 —y sentenció— y la otra es usted, señorita Koo.

Ja-yoon, anonadada de que semejante material existiese. Y encima, de que ella miró en un momento directamente a la cámara. Sintió lo que quiso infundir en Mi-ri.

Miedo. Miedo a que algo que no vio, a pesar de tenerlo al frente por unos segundos, y podía arruinar todo lo que había logrado.

La joven entonces tomó del cabello a Mi-ri, hecha una furia:

—¡¿Qué significa esto, eh?! —reclamó Ja-yoon— Te equivocas si crees que me puedes chantajear así nada más. No podrás decir nada mientras uses los servidores de este cuarto, ¿me oíste?

— Los primeros dos videos. Usted es una artista nata, igual que yo —sonrió satisfecha, adolorida.— Pero para ser honesta, fue su hermana quien me mostró su actuación en el concurso. Su voz es hermosa, debo reconocerlo.

El cuerpo de Ja-yoon tembló de rabia:

— No te atrevas a hablarme de tus opiniones personales. Tus tonterías—se acaban ahora.

Le dio un manotazo y ella cayó al piso, con una fisura en la cabeza que comenzó a sangrar profusamente. Mi-ri sintió un mareo monumental, pero reunió fuerzas para verla, mientras dos de los trajeados la levantaban para llevársela. Rio jadeando, débilmente;

— La firma encriptada—del que transfirió dinero—ayer apareció en los registros inmobiliarios —balbuceó— en Seúl.

— En donde antes había un edificio de cien pisos, deduzco, y ahora una obra en construcción. El terreno del Hera’s Palace, antes uno de los más altos del mundo.

— Qué—perspicaz. Ya sabe dónde buscar—Señorita Bruja.

Ordenó a los hombres:

— Ustedes dos, llévenla al auto y estabilícenla. Espérenme allí.

Estos asintieron, pero una visitante inesperada se presentó, entrando de forma intempestiva al cuarto.

— ¡Seo Mi-ri!

Apartó a los dos escoltas, llevándola a un sillón para recostarla, asustada de ver aquella herida en una humana normal.

Ja-yoon la siguió y miró, alzando la vista, todavía incapaz de dejar ir la rabia:

— ¡¿Qué estás haciendo tú aquí, Ark-1?!¡Te envié en otra misión!

— ¡Ya sé que era una distracción, para que no viniera yo aquí! —ella revisó a Mi-ri, aliviada de que su rotura de cráneo no fuera mortal— Espera, voy a colocar bien el hueso, ¿sí? Va a doler, toma esto—

Puso un pañuelo en la boca de Mi-ri, y usando su telequinesia, acomodó la fractura en su lugar, para detener la presión. Ella gritó, basicamente volviendo a una consciencia que le hubiera gustado perder producto de tanta fatiga. Miró a los escoltas:

— Ustedes dos, ahora sí me pueden ayudar a llevarla.

Estos asintieron y tras levantarla entre ambos comenzaron a irse bajando por las escaleras, con ella siguiéndoles de cerca. En tanto se perdían de vista, Mi-ri susurró un ahradecimiento para Ark-1, y de inmediato gritó, con su mundo vigil convertido en dolor:

— ¡No mereces una hermana como ella!¡No mereces ganar!¡Eres una delincuente como todos ellos!¡Eres un monstruo!

Se dirigió al resto, que iba a irse del sitio, y los devolvió dentro del cuarto. Les dijo entonces tras bloquearles y cerrarles la salida:

— En cuanto a ustedes. Lo que acaban de ver en esas pantallas—jamás saldrá de aquí.

Y desde fuera, nadie escuchó nada. Desde fuera, cuando la puerta volviese a abrir, nadie vería nada, ni se desharía de nada. Pues nada existió, más allá de un procedimiento de extracción de información entre Seo Mi-ri y ella, dentro de aquel cuarto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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