The Witch 4: Insurrection - Capítulo 7
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 7: Búsquedas infructuosas
(29 de mayo de 2021)
Mi-ri despertó, y lo primero que vio el cegador foco blanco, alto como el techo del que estaba sujeto, zumbando infinitamente como un susurro, una erosión constante. Y despertó así, drenada, adolorida, con media cabellera cortada al ras, cosa que al sentir le dejó boquiabierta, pegando el hilillo de un gemido, echándose sobre la almohada en desconsuelo. Al asentarde así, el dolor húmedo, chapoteante y cálido la hizo tensarse, apretar los dientes al tiempo que procuraba acomodarse de forma que no fuese tan molesto.
— Espera, no te muevas tanto, o las suturas a láser podría abrirse.
Al mirar delante de sí, de los edredones cubriéndola en la dura camilla, vio el rostro de la muchacha pálida, con un uniforme táctico encima, y el cabello amarrado.
— Despertaste.
— Tú, Ark-1—
Recordó por qué tenía esa herida, y posó la mano del lado donde se la habián hecho; no se atrevió a tocar, pues la punzada anterior le había dolido como el infierno, como golpe.
— Así que —dijo la hacker— ustedes son metahumanas. Por eso la fuerza, y por eso venciste—a esas cosas.
— Soy una persona con dones que no pidió, y tenerlos no me hace más especial que nadie, quiero dejarlo claro; tú en cambio no sólo tienes talento, sino que trabajaste por mejorar, hasta ser la mejor en tus talentos.
— Claro. Es—un buen resumen. Aunque lo del hacking lo dejé por un tiempo. Huh.
Mi-ri no supo qué más decir, mientras su rescatadora se sentaba al pie de su camilla, cerrando la puerta del cuarto sin tocarla;
— Yo misma ahora hago eso, como cualquier otra persona —dijo mirando a ningún lado en específico— No me quedo cómoda en mi capacidad nata, entreno a diario para ser más fuerte. Aún me falta mucho, claro.
— No entiendo—el punto de lo que me dices.
— Que no lo hicimos—por nosotras mismas solamente. Queríamos ayudar—a otras personas con ese trabajo, a nuestra familia. Y hace días, yo no pude llegar a tiempo a ayudarte.
Mi-ri sintió cierto encogimiento, pero respondió:
— Trabajas para ella. Sólo seguías sus órdenes.
Ark-1 se puso en pie, encarándola:
— Eso sería muy fácil decirlo. Pero ambas sabemos que puse mi palabra. Y yo sé que tengo una responsabilidad, un objetivo.
— ¿Y—cuál es—ese objetivo?
— Salvarte.
Mi-ri se quedó en blanco un instante, parpadeando con los ojos bien abiertos:
— ¿A mí?
— No solo a ti. A toda la gente inocente que sufrió debido a Yongsadan en el pasado. La que podría sufrir en el futuro, si no hago nada.
La hacker se quedó en silencio.
— Tampoco llegué a tiempo cuando te rescaté de tu casa en el Geumga Plaza.
Ark-1 se puso de rodillas, y Mi-ri negó con las manos:
— Espera, ¿qué haces? En verdad, eso no es—
Se puso de rodillas, y bajó la frente hasta el suelo, despacio:
— Te pido perdón. Perdóname por tener que traerte a este lugar. Lamento—que mi hermana haya decidido usarte para esto. Pero créeme que es por una causa justa.
— ¿Cómo puede ser justa?
Mi-ri fue abrumada por la congoja, y sus manos temblaron.
— Sólo busca más poder—para su propio beneficio, y esos ojos—los he visto antes.
Ark-1 levantó su vista, y se quedó sentada de rodillas.
— ¿Dónde?
— En el tipo de gente que solía contratarme—para robar algo a alguien—a quien habían matado.
Ark-1 agachó la vista:
— Es por eso que estoy aquí; Ja-yoon—es verdad que—tiene odio en su corazón. Mucho. Por lo que Yongsadan la hizo pasar.
— Pero si de veras es alguien así, ¿cómo puedes tú—?
— Mi razón de caminar a su lado es—que quiero que vea—debajo de esa oscuridad un día. Yo he visto a la humana que se niega a ser, para protegerse, aún así—sé que ella también podrá verlo. Cuando quiera.
— No —lloró Mi-ri— Yo no—creo que haya algo bueno en ella. Dime, ¿qué pasa si es así, y estás equivocada?
Ark-1 tenía certeza de la respuesta a esa pregunta, pero era demasiado oscura como para ser pronunciada de forma directa:
— No pido perdón por ella, Seo Mi-ri. Dependerá de ella ver o negarse a hacerlo. Al final. Pero si toma ese camino—
— Ella amenazó—con quitarme mis manos. Son todo lo que tengo.
— Esa es la cosa. No importa cuánta oscuridad quiera traer a sí misma con tal de luchar con ella. Me aseguraré de cumplir mi promesa.
Se levantó:
— Sostendré su mano, no seré yo quien la deje caer en las tinieblas. Y sostendré la tuya, para que nunca más vuelva a ocurrir esto.
— Ark-1. No sé—si eres muy ingenua —slnrió— o muy noble. Lo segundo—suena mejor para mí; pero si me quedo, no estaré salvo. Dijiste que me salvarías, ¿no? Por favor, te lo pido —se acercó a ella, y se arrodilló delante de ella en el suelo— Sácame de este lugar horrible, quiero regresar a mi casa.
Mi-ri finalmente se derrumbó sobre su hombro. Ark-1 puso sus dos manos en su espalda, sintiendo desde su propia aura la desesperanza de la hacker. Pero también su fe:
— No puedo hacer eso—no ahora.
Mi-ri se apartó, negando con la cabeza, gimoteando.
— Te prometo que cuando este asunto termine, haré que vuelvas a casa. Lo juro.
Ark-1 le secó las lágrimas con compasión, y la ayudó a levantarse, abrazándola en medio de sus sollozos. Se quedaron así un rato hasta que la hacker se hubiese calmado, aún tiritando levemente como una niña. La punzada en su cabeza la obligó a sentarse:
— Ay.
— Debes descansar. Y descuida, estamos cambiando las camas en las habitaciones para personal. Ordené que te traigan una para mañana.
— Gracias. Al menos—tengo eso. —y pensó— “Espero que Ja-yoon tenga razón, y seas mi garantía de vida. Y la de salir de aquí.”
Fueron interrumpidas por el repiqueteo de la puerta. Una exclamación melódica:
— ¡Toc, toc—!
Ark-1 volteó a ver, y reconoció a Ryo-dan, sonriente, a través de los barrotes de la ventanilla. A Mi-ri le sobresaltó la forma en que sonreía, estaba segura, al mirarla directamente a los ojos.
— ¡¿Q—quien, quién es?!
— Tranquila Mi-ri, no te pasará nada.
Ryo-dan dijo entre risitas:
— Sí, Seo Mi-ri, mi amiga la jefa Ja-yoon me envió a cuidarte.
— Ah —tembló, encogiéndose en la cama— ¡No, no, por favor aléjate, no me hagas nada—!¡Aléjate!
Ryo-dan abrió la puerta, con un pelador dentado, y un escalpelo en las manos. Comenzó a caminar hacia ellas, pero Ark-1 se interpuso.
— A la jefa le pareció que áun necesita tus manitas. Pero quiere que sepas el precio por provocarla. Pelaré la piel nada más, y sí, te dolerá, te haré gritar. —y cada vez más emocionada musitó— Al menos tendré eso.
La muchacha pálida le puso la mano en el hombro:
— No harás nada, Ryo-dan.
Esta hizo rabieta mirando con tristeza cómo su presa se le iba a deslizar entre los dedos:
— Pero, otra jefa. No he jugado en semanas.
— Si lo haces—no te ayudaré más a buscarlos. Mira—
Ark-1 mostró sus propias manos:
— Hazlo con mis manos, si no puedes contenerte. Vamos.
Ryo-dan miró. Ella salivaba por dentro, pero por otro lado el aura misma de Ark-1 la hacia sentir reticencia. Miraba a su cara de mármol, y a sus manos, varios segundos. Finalmente tiró los instrumentos:
— ¡Ay, está bien!¡Ya entendí! —dio una pataleta, y bajó los.hombros— No lo haré, porque tú me lo dices, otra jefa.
Mi-ri, en aquella bizarra interacción, pudo ver que aquella chica, que le había causado tanto pavor hace momentos, no era sino alguien digna de lástima. Una chica ya grande actuando como una niña, y vio ya no la chispa del depredador, sino la tristeza de ojos que nunca habían visto la luz, como ella antes de—
— Oye —dijo tragando saliva— En serio, no—necesitas cortar mi piel, ¿sí?
— Ya, como sea —dijo Ryo-dan— Tienes suerte de caerle bien a la otra jefa. No te burles de mí.
— Ryo-dan.
— Sí, ya—
Pareció que, de verdad, Ark-1 cumplía con su palabra.
________________________________________
(15 de junio de 2021)
(Daejuk-dong, ciudad Dangjin, Chungcheong del Sur)
(15:22 PM)
Ark-1 llegó al punto de reunión que Mi-ri le había indicado en sus búsquedas; a pesar de aún llevar la cabeza vendada, había vuelto a aquella casa días atrás, y al terminal por orden de Ja-yoon, pero esta vez la muchacha pálida se quedó con ella. Recordó lo que le había advertido:
“Sabemos que el Director del NIS no está involucrado en el contrabando de los químicos, pero mira esto—”
“¿Qué es ese objeto?”
“La verdad no tengo idea. Pensé que tú sabrías.”
“No, jamás lo he visto. Pero se puede notar que es un arma de gran calibre, de algún tipo.”
“Ese hombre hizo transportar esto fuera de Seúl, pero a medio camino, algo sucedió.”
“Eso es—”
“Se detienen los dos camiones, en el camino, pero aunque se cruzan, no es un saqueo.”
“Lo intercambian.”
“Los que entregan el real se llevan uno falso a este sitio en Pucheon. Pero al llegar.”
“Un pulso PEM”
“No sólo frió la red eleéctrica, también el sistema nervioso de todos en el radio. No hubo supervivientes por eso.”
“¿Y a dónde fue el verdadero?¿Por qué—lo haría? Ese sitio estaba bajo control de Seúl.”
“A esta zona porturaria en Dangjin. Y posiblemente porque—se lo quiere vender a alguien más.”
“Hay que averiguar a quién.”
“Sí. Y si el falso hizo lo que hizo, siendo sólo una fachada—”
“El verdadero es peor.”
“Pero no puedes ir como Ark-1. Debes ser más discreta, ir como compradora. Tengo información de un prototipo, que ellos robaron hace meses—dirás que quieres eso.”
“Será lo que iré a pedir cuando lo vea. ¿Qué más?”
“Mira, encontré información del lugar. Un congelador de pescado de una empresa fantasma, pero en realidad es un almacén de armamento. Pertenece a una facción local de Yongsadan.”
“Traficantes. Bien, te lo agradezco.”
“No hay de qué. Le informaré—a la señorita Koo. También crearé una identidad nueva para ti en la red, para que no te reconozcan. De otro modo podrían abandonar el sitio.”
“Bien hecho. Prepararé un equipo. Nos vemos cuando termine.”
Y en efecto, en aquel puerto, ella no era más un sujeto Ark, ni la hermana de una contendiente al poder, sino una desertora de nombre Hwan Jae-jin, llegando en busca de lo prometido. Durante el vuelo en el cuatrimotor hacia la ciudad, Mi-ri se volvería a comunicar con ella a través de control, dándole más detalles para la operación en su fase activa, y actualizaciones:
“Recuerda, no deben sospechar, ni debes ser rápida. Tómate tu tiempo, y luego incapacita a su comandante. Es este hombre.”
Lo vio en el pad.
“Entendido. ¿Qué hay de otros sitios similares en la provincia?¿Hallaste algo similar?.”
“Negativo. Este sería el último sitio que queda por revisar. Y en cuanto—a la mayor parte de los cargamentos químicos—pasan por Gyeonggi, según las comunicaciones interceptadas.”
“¿Informaste a Ja-yoon?”
“Sí, ya ordenó el envío de redadas a los almacenes de puerto reconocidos. Temo que también los pasan por costas en la periferia, así que tardaremos rato en detener el tránsito completamente. O a la gente dentro que esté cooperando con ellos.”
“¿Y qué hay de la gente de este sitio? ¿Averiguaste alguna otra cosa?”
” Pertenecen a un grupo más grande, como de 500 desertores pero hubo una pelea interna entre sus sujetos Ark, así que ahora están solos. Los mensajes que intercepté no demostraban un mando externo al lugar, lo que confirma lo que te acabo de decir.”
“Que sean independientes facilita las cosas; nadie llamará refuerzos significativos si algo ocurre. “
“Y que estén tirando la casa por la ventana, también ayuda. Hay muchas llamadas desde allí hablando de compradores y ventas. Lo que se intercambia no se menciona de forma específica, sólo usan sobrenombres.”
“¿Hallaste algo más sobre el lugar?”
“Era un laboratorio de tecnología armamentística no convencional, de acuerdo a lo que encontré. Podría ser importante—extraer información del oficial al mando; o extraerlo si puedes. No hay tecnllogía inhibidora en el perímetro, no buscan dejar una huella energética grande.”
“Es cierto, hay que estar seguros. No puedo dejar ni una sola instalación de Yongsadan sin revisar. Y no podemos dejar que la bomba salga del país.”
“Es difícil saber si la bomba saldrá del país, pero entiendo tu punto. Es una posibilidad.”
“Con grupos criminales como este, es imposible confiarse. De no ser por ti, seguro habríamos pasado por alto el intercambio.”
“Lo que me contaste. Tu historia. Es increíble que exista alguien tan—vil como para hacer un proyecto así.”
“La gente común no tiene idea. Por eso debo ser yo, Mi-ri. Debo estar atenta, o puede volver a pasar. No pienso permitirlo.”
De vuelta en el presente, vio las inclinadas paredes planas de aquel bajo y extenso edificio de hormigón, que llevaban consigo todos los signos de diseño que la Yongsadan empleaba en sus instalaciones. La mayor diferencia radicaba en el logo, que mostraba que allí no había laboratorio alguno, así como no lo mostraban los papeles de la empresa fantasma dueña del edificio; un pez negro agarrado a un anzuelo, dragones chinos azules como olas.
— ¡Otra jefa, aquí estoy!
Ark-1 no se volteó, solamente extendió una mano hacia atrás, colocando de repente el índice sobre los labios de Ryo-dan:
— Es mejor no llamar la atención. Vamos, pronto es el encuentro.
Se aproximaron a las inmediaciones, donde aparcaban un par de jeeps negros junto a un camión blanco, sin placas u otros identificadores. Al llegar a la puerta de bodega, se encontraron con un grupo de malvivientes mal uniformados, el signo del dragón tachado con un rayo blanco de dos zigzags, jugando a las cartas mientras bebían.
Ark-1 los “saludó” parándose delante de ellos:
— ¡Vengo a llevarme mi compra!
Todos la vieron, se miraron entre sí y se rieron a carcajadas. Uno robusto se levantó con mala cara y le iba a poner un dedo encima:
— Oye, tonta enclenque, mejor llévate a tu amiga de la escuela y vayan a hacer la tarea—
El alarido de terror fue sonoro, pero se disipó rápidamente mientras el tipo desaparecía por los aires, luego de ser lanzado con una sola mano por la muchacha pálida. Los otros retrocedieron y un pelado les señaló a sus compinches que abrieran la puerta de par en par, permitiéndoles pasar; la otra chica pegó una risita gutural y un saltito. Caminaron hacia donde las cajas de supuesto pescado congelado estaban apiladas, despidiendo un olor repugnante; Ryo-dan se relamió el labio.
— Delicioso —dijo— Habrá hoedeopbap para cenar.
Ark-1 no hizo caso, solamente se adentró por el engañosamente corto “almacén” hasta el otro lado de unas puertas selladas. Allí, por los pasillos, un montón de burócratas con pilas de documentos corrían lo más rápido que podían a una sola dirección. Con su visión remota observó el punto de destino de ellos; una cámara con un gigantesco agujero giratorio, sus varios anillos corriendo en sentidos opuestos. El interior estana encendido con una especie de energía y rayos de plasma naranja, fríos, pero que destruía en polvo incandescente lo que le arrojaban.
Se preguntó si su hermana ya sabría de aquel artilugio. ¿Cuánto tardarían en miniaturizar la tecnología? fue la pregunta que quedó en la mente, y más aún ¿por qué nadie entre los vendedores la mencionaría? La respuesta quizá no era tan compleja; otras facciones querrían intentar algo con ello, si supieran que existe.
No era eso, aún así, lo que venía a ver. Llegó hasta una amplia zona de pruebas, donde los distintos artilugios permanecían inertes. La mayoría parecían experimentos de concepto, o aparatos desguazados, mientras otros eran misiles u otras armas. Y en medio, ya empacado excepto por la tapa, un armatoste plateado con forma de tictac, con el símbolo helicoidal de riesgo genético.
Llegaron al lado de la caja, y Ryo-dan acarició la cosa como una niña acariciando un poni.
— Bienvenidas, chicas.
Quien se apareció ante ellas parecía un oficial de Yongsadan, pero llevando su chaqueta formal sobre los hombros, sujetada por un solo botón. La muchacha pálida sintió la familiaridad en su aura, pero al mismo tiempo sintió que la figura delante de ella tenía un perfil muy inusual, como si alguien lo hubiese pegado en su propia cara. Entrecerró los ojos, pero a Ryo-dan no le importó; envalentonada por quien tenía a su lado, rodeó como una loba al sujeto:
— ¿Qué es eso que siento?¿Qué cosa intentas disimular frente a mi jefa? Será mejor que no estés intentando nada.
— Para, ahora. —ordenó Ark-1.
Esta retrocedió, poniéndose a pies puntillas como si le colocaran alfiler al cuello. La muchacha continuó, dandole una ojeada a todo el lugar incluso más alla de las paredes:
— Veo que han estado ocupados. Debieron estar desmantelando todo desde hace poco. Ustedes solos no podrán defender un sitio así, ¿no es verdad?
— No, no es necesario; simplemente se llama “prevenir”. Pocos dentro de la agencia, y por tanto de las facciones, saben de la existencia estas instalaciones. Del Cuartel General sabían incluso menos, sólo altos mandos. El administrador Jung o el Supervisor de Seguridad, Kim Woo-min son de los que saben.
— Déjese de sarcasmos, y cerremos el trato. Quiero ese desintegrador:
Pero el oficial no era tonto; notó a leguas el interés de las chicas por el objeto cerca de ellas:
— Sabe, no todas las maravillas dentro de mi base son originarias de su interior. Con el tiempo hemos obtenido herramientas, y buenas monedas de intercambio. Uno encuentra escollos, pero siempre hay formas de superarlos.
— Y por eso quieren vendernos—dijo Ark-1
— Una bomba inhibidora de grado regional. Prohibidas por tratados internacionales tras el Día M, un etnocidio andante. Si quieres más como esta, puedo proporcionarlas, con más tiempo.
— Vendes a unos y a otros para mantener el equilibrio. Así te salvas de que te asimilen, mientras desapareces con todo lo demás. Traidores de doble cara como tú me desagradan.
— Y a mí me agradaría que el Director Cho,—y masculló— o el maldito de la máscara —volvió al tono— no vayan detrás de mí, si le doy la mejor arma biológica jamás creada en suelo coreano.
Los Ark-1 no tardó en invocar sus vientos empíreos, derrumbando todo a su alrededor, pero al mismo tiempo poniendo la bomba en riesgo de explotar.
________________________________________
(15 de junio de 2021, Seúl, 19:40 PM)
Ja-yoon bajó de un taxi, pagando la carrera amablemente con efectivo, antes de bajarse en la acera opuesta de aquella cuadra oscura. Al mirar, se encontró frente a frente con un terreno abandonado, y el edificio medio derrumbado en medio cubriendo la mayor parte, con manchas negras en los marcos de las ventanas rotas. Se preguntó a sí misma si las reticencias de Seo Mi-ri tendrían un viso de realidad, cuando se lo sacó en el Cuartel General.
________________________________________
(15:11 PM)
Poco después de que la hacker cortara contacto con Ark-1 de camino a Dangji, dos guardias se la llevaron del Área de Comunicaciones, gritando y pataleando. Cuando se dio cuenta, la habían llevado a un área penumbrosa, arrojándola de cara al polvo, dentro de un cuarto diminuto. Su rostro quedó justo ante los botines de tacón de Ja-yoon:
— ¿Huh?¿Qué—?¿Qué sucede? —alzó la vista, con frío— ¿A dónde me trajeron, qué es aquí?
Allí estuvieron, en la parte más sucia y lúgubre del complejo, donde la humedad se filtraba por las paredes, dejando su marca negruzca. Hasta los focos recientemente instalados sufrían de filtraciones, goteras lentas, constantes, que habrían vuelto loco a cualquiera que fuera dejado en las cadenas dentro de cada una de las celdas. Habían llegado justo frente a una, especialmente oscura y estrecha, recubierta de baldosas y con un drenaje, aunque faltaba tina.
La joven dijo finalmente:
— Un lugar donde no desearás estar más luego de un par de horas.
— Yo no he hecho nada malo” forcejeó “Por favor, señorita Koo, no me deje aquí.”
— Piénsalo dos veces antes de volver a desafiarme. Recuerda que tu utilidad te salvó antes, y mi hermana lo hizo también hoy. Pero no habrá tercera; aquí, nadie vendrá a salvarte.
La había lanzado ella misma dentro de ese horrible cuarto, cerrando la puerta con telequinesia detrás de ella. La hacker quedó de pie:
— No lo entiendo, ¿por qué usted hace todo esto?¿por qué trata así a quien no le ha hecho nada? —y terminó con— Está siendo injusta, no conmigo ni con Ark-1. Sólo con usted misma.
Ja-yoon miró a otro lado, y sacó una pistola silenciada de su bolsillo, haciendo que retrocediera la mujer asustada. La joven apuntó a diestra, luego a siniestra, disparando a sus dos escoltas en la cabeza; Mi-ri gritó tapándose la boca. Se quedó temblando, con la mirada saltona a la espera de que el cañón se dirigiera a su frente.
— No tienes derecho a decirme lo que es justo o no. Eres una rata oportunista, como todos los de tu tipo. Disfruta tu visita.
No pasó, y en cambio Ja-yoon había añadido:
— Ah, y antes de que te instales, dime de dónde provenía la otra señal. Esa de la que no me hablaste.
— ¿Cómo?”
— ¿Pensaste que sólo miraba las pantallas por gusto? No sé por qué lo omitiste, y a decir verdad, tampoco me importa.
Mi-ri se burló:
— Qué tontería, ¿verdad? Bueno, realmente quise creerle a su hermana, que usted no era—una mala persona. Pensé que merecía que la ayudase, después que revisé los servidores, y vi—”
Ja-yoon la cortó en seco, elegantemente:
— Mi pasado no es el tema del que te pregunté. Mejor habla.
La mujer se quedó en silencio unos momentos antes de seguir:
— Pues entonces no diré más de lo que ya sabe. Creí que era una trampa lo que vi, un cebo para atraerla y sacarla del juego. Es por eso, porque no hay nada allí, que no mencioné ese otro lugar en Seúl donde detecté—las mismas señales que en Gangwon. Fue abandonado después de una explosión de gas en cotubre de 2017; no tiene sentido que haya algo allí.
— ¿Y qué había allí?¿Antes de la explosión?
— Encontrará los planos del lugar en mi computadora. Solía ser un hospital psiquiátrico para pacientes que nadie quería cuidat. El nombre del sitio es Centro de Bienestar—”
________________________________________
Ya en el presente, Ja-yoon pronunció la palabra:
— Nakwon.
Eso decían también los restos del letrero en letras doradas, percudidas por las lluvias y dejadas en el piso sin ceremonia.
Ya se encontraba en la entrada, de vuelta al hoy, y atravesó en silencio el patio repleto de maleza reseca, un solo camino de gravilla dejado por retroexcavadoras que jamás terminaron su trabajo, dejando a su paso cajas con propiedades que nunca se reclamaron. Pronto descendió por el umbral colapsado al subsuelo actual, y se adentró en la oscuridad del lobby principal, revisando sus alrededores en busca de pistas, usando su visión remota en conjunto con un aparato detector de comunicaciones inalámbricas en su mano. Barrió el sitio con su percepción, ampliamente, de un final al otro de los pasillos transversos, cada habitación, encontrando solamente desolación por unos breves momentos, entre techos derrumbados, ratas y mobiliario cubierto de polvo y agua de lluvia.
— Allí. Esa es la fuente —murmuró.
En una de las áreas del segundo piso, formas y un brillo inconfundible, y el aparato en su mano marcaba la zona titilando con la aguja como si hubiese enloquecido. Fue así que continuó por una ruta improvisada a su izquierda, hasta un montón de escombros que tuvo que trepar hasta alcanzar el nivel superior, y de allí tomó el camino al pasillo. Siguió a diestra, se hizo atajos por un par de habitaciones derruidas, hasta que alcanzó un sitio que no estaba en penumbras.
— Bingo.
En cambio, estaba bien iluminado por el zumbido de un generador portatil.
— Veamos que preparaste, creador de zombis.
Siguió el rastro hasta un cuarto de refrigeración, un lugar que no debería estar allí, ni mucho menos lanzando sus vapores blanquecinos. Más extraño fue que, al entrar, al mismo tiempo, tenía aquel sitio el escritorio y silla paupérrima típicos de un consultorio médico público. Las dudas de Ja-yoon aumentaron, al ser, de repente, incapaz de mirar a sus lados, mientras al frente una laptop se mantenía conectada a varios aparatos y una antena.
— ¿Quién más querría traerme aquí, Seo Mi-ri? Huh, si piensa que podrá conmigo, sea quien sea, debe de estar muy desesperado.
Ja-yoon se acuclilló y revisó las pestañas, encontrando solamente aquello, y la sala de espera de una transmisión en vivo. Remotamente, se sabía visible por parte de una cámara de vigilancia en la esquina del techo, así que se mantuvo quieta, calma. No tendría que esperar demasiado, pues el contador de segundos justamente se agotó.
La imagen mostró un fondo de pantalla verde, con el logo de Hoffen International rasgado con saña. Sentado tras una mesa larga, un individuo con el rostro velado por pasamontañas, gafas y un casco de hockey. Este comenzó a gesticular con sus manos enguantadas, en tanto se abocaba a explicar con emoción en su voz afinada:
“¡El tiempo de espera ha terminado!¡Y como les prometí a los miembros de este, mi canal, traigo noticias jugosas para todos!”
Ja-yoon estaba extrañada, pero se mantuvo atenta. Efectos de pantalla como estrellitas alrededor de la pantalla, al tiempo que el chat en vivo bajaba a gran velocidad. Tomó un stick y tocó con ganas la imagen:
“¡¿De qué se trata? Se preguntarán! ¡Hoffen International—”
Fue cambiando el tono a uno de palmaria seriedad.
“Ellos han escondido más que ADP Medical, la sospecha que todos tenían pero nadie vio hasta ahora—”
Las imágenes comenzaron a aparecer, tomas que a Ja-yoon no la sorprendieron, sino que sirvieron de confirmación absoluta. Tomas de cámara donde los pasillos estaban infestados de sujetos en bata, arrojándose hacia los científicos. Estos dejaban masacres atroces, imposibles de contener; por cada uno de aquellos monstruos caídos, dos seguían matando.
“¡¿Hasta cuándo tendremos que soportar —decía el anónimo— que los empresarios—que los políticos del complejo militar industrual sigan jugando con la vida humana de esta manera?!”
En otras tomas, podían observarse metrajes más antiguos, con trajeados y otros en uniformes dando caza a niños por pasillos. En escenas distintas, la joven notó que las etiquetas bajo las fechas decían “Jardín-06”, “Jardín-02”, “Jardín-09” y “Jardín-01”. Lo peor no era que no apareciese el logo de Yongsadan, pues se lo esperaba, sino que en cambio el logo de Hoffen estuviera.
“Miren esto, miren las cosas que han estado haciendo. Mis fuentes confiables me compartieron todo lo que pueden ver en este live, por las principales plataformas de video online y hay mucho más material de donde salió esto.”
Esto a la joven no le hizo nada de gracia, así que comprobó la veracidad de una de aquellas afirmaciones, pues el resto sabía, era cierto. Ingresó con la laptop a Twitch, YouTube, Okvideo, Vimeo y StreamYard, y en todas ellas, tanto como en Trovo y lives de redes sociales, la transmisión estaba siendo vista, por decenas de miles de usuarios. Desconocidos que veían, sin saberlo en forma concreta, cómo fue el final de su infierno, y el inicio de su viaje.
¿Querría tentarla a revelar su naturaleza al mundo?¿Querría que otros tuvieran las pistas para perseguirla?¿O acaso era una maniobra para disuadirla? Esas fueron las preguntas de Ja-yoon mientras el otro seguía:
“Pareciera sacado de un película, ¿o no? Pero es la cruda realidad bajo la fachada de nuestro sistema, y si queremos que no se repitan estas injusticias, ¡debemos levantarnos, Hoffen debe pagar el más alto precio!”
— Qué buena máscara te estás haciendo. Veamos cuánto dura.
Los emoticonos y donativos, celebrándole estas supuestas “gracias” que tenía para con la comunidad, a la joven le revolvían la bilis, la infamia de burlarse de su historia. Estuvo por hacer reventar el monitor, pero el tipo completó sus palabras, tras agradecer el apoyo:
“Díganle a la policía que no intente buscarme, jamás podrán hallar mi rastro. Díganles a estos victimarios que no he terminado con ellos y, a esos detractores en los comentarios, que dentro de 72 horas, liberaré pruebas definitivas.”
Más videos fueron mostrados, de pruebas médicas, inyecciones en pacientes involuntarios. También videos antiguos, con soldados y otro personal de seguridad siendo operados. Eran clips sin mayor contexto, partes de los videos estaban muteadas.
“Lo digo y lo reitero, lo que recien vieron no es IA, las evidencias a las que podrán acceder con los links que dejaré tampoco. Difundan este mensaje, compartan los archivos antes de que los tumben.”
Ja-yoon sintió algo venir con rapidez, desde varias direcciones:
— Veamos qué tienes, justiciero social.
“No olvidaremos las acciones de Hoffen, y no perdonaremos sus crímenes. Si la justicia se mantiene neutral por más tiempo, estará en manos del mundo su juicio.”
La transmisión se cortó en un pantallazo negro, y la joven se apresuró fuera de allí. Los compartimentos de cadáveres fueron impactados por el cortocircuito del PC a través de unos cables, conectados a clavos. El correntazo sonó como si quisiera devorarla, y el metal de aquellos cajones sonó con golpes y gruñidos desde el interior.
En el pasillo, se colocó enhiesta, y vio como a ambas direcciones, personas en bata corrían hacia ella, venas verdes en la piel. Las puertas de los compartimentos metalicos habían sido arrancados y pateados a la fuerza, dejando salir más enemigos. Ja-yoon sin embargo no perdió tiempo, y empleó su telequinesia para derrumbar el cuarto entero con todo aquello dentro.
Así sólo quedó el cielo nocturno a su espalda, las criaturas delante:
“Demostraste sin lugar a duda que los Cazadores Tipo I eran un experimento interesante, pero más una molestia que otra cosa.”
Aquello provino de un casillero cercano, en cuyo interior había una grabación. La joven vio el cable transparente, ahora cercenado, atado al mecanismo de play. Los de bata tenían la piel grisácea como aquellos, pero su aura estaba incluso más vacía.
“El compuesto tyrant puede ser impredecible, y su origen era incierto. A mí no me gustan esas variables, así que usé mis estudios de campo para desarrollarlos.”
— Más zombis.
“Mis Cazadores Tipo II tampoco fueron hechos para enfrentar Despiertos de segunda generación. Ni en grupo podrían acabar contigo, no; su propósito es muy distinto, como verás dentro de unos segundos.”
Se oyeron varias explosiones siseantes, secas, y una nube amarillenta comenzó a recorrer la instalación entera, si es que aún se le podía llamar así. Los seres corrieron, mordiendo una de ellos, una niña, en la mano a la joven de lo rápida que fue; los otros siguieron, y a pesar de estar sangrando profusamente, esquivó fácil. Contragolpeó a varios, luego los arrojó con su telequinesia contra las paredes, aplastando a la pequeña contra el piso.
Ella sonrió confiada, cuando el polvo comenzó a deslizar su frío abrazo, cada vez más cerca. Fue entonces que sintió la resequedad en la boca, y luego su dolor pareció desvanecerse, al tiempo que era tomada por los que había hecho caer antes. Habían emergido de debajo del concreto, su fuerza no afectada por aquel miasma.
Ja-yoon vio remótamente, con una proyección que se desconectaba a tiempos, dentro de ellos, e identificó un plateado familiar. Los golpeó, pateando a la niña a un lado antes de deshacerse de ellos con lanzamientos telequinéticos de pedazos del edificio, bloqueando el ataque de los demás.
Supo que no podía quedarse, pero era incapaz de retomar la velocidad de siempre:
— Maldición —respiró, pesada— Tengo que encontrar a ese bastardo. Debo esconderme.
Corrió lejos del edificio, pero no era capaz de pegar las zancadas de siempre. La grabadora todavía estaba en su bolsillo, y la revisó en tanto se alejaba por la vereda, hacia la oscuridad que con su mente indujo por una calle al reventar las farolas del tramo. La policía estaba llegando al lugar, mientras ella se ocultaba bajo la tapa de una alcantarilla.
“¿Te gustó mi nuevo gas nervioso? Baek te subestimó, pero yo no. Ya tengo la versión final entre manos, y más te vale desaparecer, si no quieres que lo libere cerca de tu aberrante hermana. Mientras tanto, te dejaré un entremés divertido para recordarme; el Cazador Tipo III, una de mis varias obras maestras. Que este adiós sea el último, eso más te vale, porque nunca descansarás. Ni en la tierra ni en el infierno.”
La joven rompió la grabadora en la mano, y se adentró por los desagües de Seúl. Se sentía cansada, su visión era débil, el equilibrio de su cuerpo endeble al chapotear sus botas en el agua del canal. Se tuvo que sostener a la pared en medio de brutales náuseas, y se agachó a respirar.
Aquel descanso no duró mucho:
— Koo…
Esa voz desconocida hizo eco en las paredes mojadas y el metal de las tuberías. Sonaba tan similar en todas direcciones que fue imposible para ella discernir la procedencia sólo con los oídos. Quiso expandir la percepción extrasensorial, pero cuando se alejó más de 10 metros, sintió caerse.
— Ja-yoon…
Su visión se nubló, y comenzó a ver destellos en cada reflejo mínimo del agua contra la luz tímida pasando por la tapa de una alcantarilla. Fue cuando el chapoteo comenzó a aproximarse, dolorosamente, paso a paso, pero Ja-yoon se cayó de rodillas cuando quiso usar la visión remota. Comenzó a escuchar susurros, como si le llegasen al oído, las pisadas se incrementaron, su cadencia ensordecedora a sus oídos sensibles.
— Koo Ja-yoon —canturreó.
Ja-yoon se levantó, jadeando entredientes, tomando una posición lateral para no ser atacada por detrás. Se había quitado el abrigo, y lo empapó en el agua potable para usarlo como arma, enrollándolo en su brazo. La carrera paró, los ecos siguieron, pero con cada vez mayor distancia, justo cuando parecían doblar la esquina.
— Déjame jugar contigo.
La voz estuvo allí, respirándole al cuello, pero dándole el crédito a su victima, esta disparó ladrillos al tiempo que se alejaba. Y dándole el crédito, esta evitó que el cuchillo del atacante llegase a tocar su cerebro, pero dejando un terrible corte inclinado. Media oreja le fue cortada, y parte de su cabello quedaron rapados por el filo, pero reventandole un ojo verde de un azote.
— ¿Ves qué divertido?
Acabó tropezando al sentir la torsión de un ligamento.
— No te irás.
Su rodilla se torció a un lado, y ella cayó gritando; se vio la herida en su rodilla, dandose cuenta de la precisión en en corte.
— Te dije que quería jugar…
Usando un inesperado golpe de telequinesia, la elevó en el aire. Ella se habría soltado con facilidad de no ser porque aún se sentía débil; incluso su regeneración encontraba en aquel gas un problema. Y así fue que él usó su cuchillo para cortar sobre sus tobillos, ambos lados de sus manos, hasta llegar sobre la lumbar.
— Los juguetes…
Dejó el filo sobre su espalda.
— No deberían moverse…
Comenzó a cortar de lado a lado, profundo.
— Solos.
Y se detuvo, con su mano alejándose, quebrándose a pesar de la fuerza. El misterioso joven, de mejillas hundidas y cabello largo hasta los hombros, hizo una mueca feliz, y comenzó a reírse al romperse sus huesos. Disfrutaba de lo que la joven comenzó a hacer, a costa de hacer sus ojos quedar ciegos, su boca sangrar, y sus oídos reventar del esfuerzo.
El sujeto sintió su cuello apretarse:
— Ah, sí. Esto es—maravilloso. Quiero más.
— Ugh.
La joven cayó en el agua, tosiendo, mascullando:
— Tu jefe no tomó en cuenta una cosa.
El otro, recuperando el aliento, negó con la cabeza, divertido:
— Él no es mi amo, Koo Ja-yoon. Es mi nueva razón. Me ama y yo lo amo a él, mi Señor, el que redime la carne.
“Ah, así que es un narcisista de esos.” —y le dijo al asesino— Como sea —respondió ella— Esto acabó.
El techo sobre ellos colapsó en varios agujeros, y por ellos descendieron varios jóvenes de abrigos negros, que no esperaron. No hubo poses de combate, no hubo maniobras de confusión, ni tampoco la ventana que el enemigo habría necesitado para escapar, solamente uno cortando un miembro distinto. Fueron cinco de ellos, de forma prácticamente simultánea, quienes usaron machetes de combate, forjados de vibranio, ligeros, cada uno realizando un corte limpio con su filo molecular.
Así fue que el quinto corte fue por el cuello.
Esta se partió en dos horizontalmente, y junto con el torso solitario, chapoteó sin ceremonia. Ja-yoon lo miró con asco, mientras se paraba, y uno de los jóvenes recogía su abrigo mojado entre manos.
— Yo también se hacer tiempo, novato. O te llamabas—¿Baek Hee-sung?
Los restos, a pesar de su estado, se retorcieron, y la cabeza habló, sorprendiendo a los escoltas:
— Esa ya—no es mi nombre. Porque he sido hecho nuevo por mi amo. Soy su mano ahora.
Ja-yoon entonces le respondió, aplastando su cabeza hasta reventarla:
— Eres un asesino serial patético. Pero el mundo no volverá a verte en televisión—
Uno de ellos, el más alto, recio, de barbilla fina y cabello cortado en alto flequillo, dijo:
— Jefa Ja-yoon.
Esta lo miró de vuelta, frunciendo el labio.
— Demoraste, Seo-yi. ¿Por qué?
— Discúlpame. Nos emboscaron de camino aquí.
“No parece que haya usado el gas con ello. Ah, no me digas que tratas de aislarme. ¿En serio me subestimas tanto, creador de zombis?”
— Ya veo. Vámonos, antes que traigan refuerzos.
Los agentes de Gombumun estaban llegando a aquella calle agujereada, y mientras unos cercaron el área, los otros revisaron los daños con rifle y linternas en mano. Debajo de sus pies, una terrible transfiguración comenzó a tomar lugar, carne que parecía tener vida propia, reensamblándose en la inmundicia.
Cuando miraron a los ductos, ya no encontraron nada, ni siquiera los restos. Sólo sangre, con iluminación esmeralda.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com