The Witch 4: Insurrection - Capítulo 8
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Capítulo 8: Rutas Convergentes
(15 de junio de 2021, Dangjin, 15:50 PM)
Ryo-dan estaba en problemas. Amarrada a una cadena, y con un collar inhibidor grueso, esta se agitó mientras lentamente era descendida hacia el aparato desintegrador. Los emisores de ondas mantuvieron a la muchacha pálida sin un rango de acción mucho mayor al de mirar de lejos, con los fusiles de los desertores apuntándole por la espalda todo el tiempo.
— ¡Suéltame, payaso de uniforme!¡Déjame pelear libre, ven aquí!¡Espera que te corte en pedazos—!
El oficial rio antes de voltear hacia Ark-1:
— ¿Y bien? Ya he sido muy paciente contigo. Dime cuánto han descubierto los del Cuartel General sobre nosotros, y sobre nuestro molesto asociado sin rostro en Gangwon. Una vez tu amiga pase por el primer aro, su cuerpo se verá reducido a la nada.
— No hemos podido ubicarlo a él, pero sí sus operaciones usando a Fundación K. Y el dinero que mueven, es más de lo que todos creen.
— ¿Una ONG que salió de la nada? —lo pensó e hizo algo de sentido— Tal vez, pero nada me garantiza que estés diciéndome la verdad.
— Escúchame. Seguro preparan algo más grande que tú o que yo. Esto que haces sólo te hundirá, tarde o temprano. No hay forma en que le ganes tú solo.
— Huh, me crees un regatero codicioso de mala muerte, ¿eh? No me intentes engañar, es tu última oportunidad.
— Y también la tuya. Si nos entregas el inhibidor voluntariamente, y juras lealtad al Cuartel General, tendrás la protección de mi hermana. También la mía.
— No creo querer una protección tan inútil. Sólo mírate, arrodillada ante mí.
— Asumir que soy sumisa, o que me he rendido, será tu mayor error.
— Esta conversación ya no tiene ningún sentido, Ark-1. Así que mejor cállate, y mira cómo la niña tonta se muere.
Ryo-dan siguió bajando y bajando con el pulsar de un mando, y esta chilló entre maldiciones mientras veía cómo sus zapatos se acercaban cada vez más a los haces de plasma restallantes.
— ¡No, no, no, maldita labios de carpa, tú—!
De repente sus retorcidas neuronas hicieron una conexión que sólo ella conocía, y la muchacha pudo notarlo en su expresión, al abrir los ojos como platos. Enarcó la ceja cuando volvió a mirar al sujeto, y se apeó del revés, sujetándose a la cadena para evitar caer tan fácil antes de pegar una carcajada y gritarle:
— ¡Oh, no puede ser, eras tú todo el tiempo—!
Una muy sutil mueca se dibujó en la boca de aquel, y Ark-1 aprovechó su distracción para ponerse por detrás de su enemigo y dándole un rodillazo preciso en la espalda, obligándolo a desactivar el botón con su propia mano. Lo había halado dentro del perímetro de las ondas, pateando lejos el control, y como si se tratase de un fantasma, la silueta del hombre comenzó a difuminarse, sus subordinados dudando por un momento antes de que diese otra orden. Su voz igualmente se distorsionó, de un tono grave autoritario a uno más fino e hirientemente reseco:
— ¡Alto, cabezas de chorlito, no disparen!
Ark-1 mantuvo su agarre de llave con no poca dificultad, a pesar de recibir golpes continuados por parte de la chica de labios carnosos que apareció antes sus ojos, cuando la forma del oficial desapareció. Esta, como de unos 20 años de edad, tenía un rostro ancho, su pelo de cabellos marrones rojizos y los dos ojos con párpados como dos gotas de agua mirándose. La figura de ella era chata, de baja estatura pero ruda, y de piel gruesa, sus manos que habían visto el combate que un auténtico sujeto Ark habría visto en su adolescencia:
— Diles que apaguen todo— exigió Ark-1.
Ryo-dan se sujetó fuerte y no la desintegró un rayo por poco, mientras que los esbirros bajaron la guardia por sólo un instante de duda. Gritó:
—¡Apúrate!
Fue allí que oyeron las puertas estallar en pedazos, y chispazos eléctricos que resultaron en que todo se apagase; cuando la luz roja volvió, los gritos de la batalla iniciaron. Con su mente, rompió la cadena y grilletes de Ryo-dan, que sd liberó lista para unirse a la reyerta, con un rifle EM en mano, apuntado a lugares donde la muerte de cada enemigo era lenta y dolorosa. Ark-1 no tatdó en darles a los últimos de aquellos su piedad, dando golpes mortales, hasta que cayó el silencio.
La atención de ella y Ryo-dan regresaron a la chica Ark, quien al verse a sí misma sola, rodeada por los muertos en el suelo, se aprestó a salir corriendo antes de ser detenida en seco. Fue Ryo-dan quien la detuvo, saltando, corriendo por una pared y dando un salto de vuelta, chocando su cuchillo con el de ella, varias veces, pasando por su guardia más de una vez para cortarla. Ark-1 se dio cuenta; su acompañante conocía el patrón de ataque de aquella a la que se estaba enfrentando, en medio de gruñidos desesperados.
Pronto las manos de esta y las de Ryo-dan chocaron, entrelazándose, comenzando una pulsión de fuerza que fracturaba el suelo bajo sus botas:
— ¡¿A dónde crees que vas, labios de cerdo?!
Se quedó fría al ver a Ryo-dan manchada de la sangre de sus hombres, notando cómo se había grabado un saludo en la frente que pronto se regeneró por completo:
“Largo tiempo sin vernos”
— Aléjate de mi, maldita tonta. —la apartó de una patada— Te lo advierto.
Se separaron, pero siguieron enfrentadas, Ryo-dan manteniendo su rostro con expresión divertida. De inmediato se reajustó un brazo, colgando de pocos tendones por el corte de la hoja que había seguido e ignoró. Sintiendo tiesa la articulación, se revisó sin mirarse físicamente, quitándose un trozo de proyectil de su codo abierto:
— ¿Acaso—ya no mecuerdas, Bae-rin? Extrañaba jugar contigo. ¿No fue divertido, cómo la pasábamos en la isla Iki?
La otra estaba nerviosa, y su pulso comenzó a temblar, mientras comenzaba a dar una vuelta, mirándose con intención asesina:
— Retrocede, o terminaré lo que iniciamos allí. Volveré a Gyeongju—y enterraré tu cabeza en Jardín-09, a ver si brota algo. —se burló— Pero lo dudo.
Recordaron aquel alto cuarto gris, los científicos observando desde un balcón con vidrio blindado, y por un momento, se vieron en aquellas pijamas grisáceas, siendo niñas. Luego recordaron el día que la masacre fue ordenada, y la mayoría de sujetos murieron; ellas fueron llevadas por el segundo equipo fuera del país, en cajas de adamantio; recién llegadas las enfrentaron entre sí de nuevo, y el ciclo de hostigamiento mutuo siguió.
— Ryo-dan. Tú—la conoces. —musitó Ark-1— “Puedo sentir—cómo sus auras se enfrentan. Ese rencor—es viejo.”
Ambas se recluyeron mentalmente a sus experiencias, lanzándose la una a la otra, golpeándose, agarrándose, bloqueando golpes, tomando armas, esquivando ametralladoras. Una vez, ella entró haciéndose pasar en la mente de la adolescente Ryo-dan como un doctor, y la inyectó con veneno en su celda; en otra ocasión, fue Ryo-dan quien entró y le cortó cientos de veces la cara.
— Ah, ¿y recuerdas nuestra escuelita también? Vivías arrastrándote en el piso, ¡rogándo que parara!
— Desgraciada. Demente—¡me vengaré de todo lo que me hiciste! No te mataré hoy, ¡te arrancaré la cara antes!
Ambas chocaron con su telequinesia, usando lluvias enfrentadas de restos. Todo quedó manchado, sus cuerpos con proyectiles improvisados en carne, y la falsa oficial la miró, resentida y asqueada:
— Jamás llamaría así a ese maldito sitio.
Ryo-dan sonrió de forma diabólica:
— ¿Recuerdas cómo sangrábamos juntas al pelearnos, Bae-rin?
De la garganta de esta última salió un quejido amargo, y la otra siguió, como si fuese un chiste:
— Cómo nos miraban los de las batas. Ah, estaban tan orgullosos.
Pero algo inesperado comenzó a suceder, cuando la torturadora tuvo un tic en el labio inferior. Su sonrisa desquiciada, sus ojos buscando algo que no existía, las risas guturales convirtiéndose en lamentos. Suspiros, humedad corriendo por sus mejillas, el sudor enfriándose al llevar sus manos a la cabeza.
— Tú cómo puedes—esos malditos abusaron de nosotras. Ellos nos lastimaban, no lo merecíamos.
De repente, Ryo-dan se paró, y bajó las manos cerrando sus puños en una especie de berinche desencajado al gritarle:
— ¡Ya sé! ¡Ellos se divertían así que yo también!
— ¡Estás enferma! ¡Nunca fue un juego!
— ¡Retráctate!
Esto descolocó a Bae-rin, que pudo sentir el pico emocional del aura de Ryo-dan, pues era dolor, punto. Así los ánimos comenzaron a ponerse más pesados, sus auras más densas, a pesar de volver a atacarse con saña; el único idioma que conocían. El vacío devorador que la muchacha pálida había visto en Ja-yoon ahora lo tenían las dos, visible y desnudo. Bae-rin gritó:
— ¡Tú no sabes lo que es sufrir!¡No tienes alma, maldito monstruo!
— ¡Nadie me quitará mi diversión! ¡No los dejaré aguar mi fiesta nunca más!
Fuera, los disparos y los slashes, los booms sónicos de zancadas, de proyectiles. Ark-1 los vio con su visión remota, una oleada de seres con auras planas, y ojos verdes, lanzándose con abandono al combate. Acabaron con los defensores externos y abrumaban la artillería oculta, emergida y humeante.
— Aquí vienen. Ryo-dan, detente—
Dentro, las dos seguían sacándose toda la sangre que podían, a cuchillazos y golpes. Finalmente, Ryo-dan sujetó a Bae-rin del cabello, comenzando a cortar su cuello:
— Sí, sé que esos malditos sólo nos usaban.
Bae-rin se sóltó dándole un codazo, y con su propia visión remota, también se estremeció al ver formas de ojos verdes meterse por los ductos al almacén, mientras las demás trataban de tumbar la puerta. Ark-1 ya se había movido fuera de allí hacia la galería principal del almacén para coordinarse con los de adentro; era la única forma de poder escapar, usando su fuerza para resistir:
— ¡Escúchenme, el enemigo ya viene!
Estos le apuntaron y dispararon, pera ella detuvo las balas con su barrera psíquica. Una vez terminaron, esta siguió acercandose a los desertores de Yongsadan, arrojando lejos a un suboficial que se lanzó con una granada. Estos comenzaron a sentirse asustados, a murmurar; la muchacha confirmó sus temores:
— ¡Soy yo!¡Ark-1 Datum Point!¡Jefa Operativa del Cuartel General!¡Y deben escucharme!
Y mientras varios caían de rodillas, rindiéndose, en el lugar que había dejado, la pelea seguía. Bae-rin trataba de advertir a la otra, pues tenía más miedo visible a lo que venía de fuera que odio por su vieja rival:
— Ryo-dan, espera, tu visión, úsala. Van a entrar—
— Sé que jamás sintieron nada por nosotras. Ellos no se divertían—se vio las manos— ¡Nunca fuimos suficiente para sus juegos estúpidos!
No tenía remedio, con cada milímetro destajándose su cuello, debía preguntarlo:
— ¿Y por qué —tosió— trabajas para el Cuartel General, entonces?
Ryo-dan le hizo un corte en la cara por puro enojo infantil, y la tiró al piso:
— No es para ellos, Bae-rin. —y sonrió— Las cosas cambiaron, ahora somos los superiores. —extendió los brazos— Los rotos, los olvidados, sí, al fin. Hemos tomado nuestro lugar, somos—como una retorcida familia feliz.
Esta se rio a diente entrecerrado. Finalmente los muertos vivos entraron a tropel, disparando con mecanico eficiencia sus fusiles de flechetas afiladas. Los que quedaban de la base abrieron fuego, comenzando la batalla campal por el arsenal que protegían. En el cuarto cerrado del desintegrador, el drama seguía, y Ark-1 esperaba, manteniendo la vista remota en las otras dos, mientras ordenaba:
— ¡Todos a sus posiciones!
Se formaron en grupos de asalto, tras diferentes barreras que habían improvisado, revisando su munición, y surtiendo las cajas de la misma en puntos estratégicos. La puerra principal se estremeció, cuando la última pieza de artillería en la antesala del pescado podrido cayó en silencio:
— ¡Listos!¡Apunten!
Oyendo el grito, las otras dos ahora se miraban, en guardia:
— Conozco las historias. —dijo Bae-rin— Sé lo que Ark-2 ha estado haciendo. Sólo es una manipuladora.
— Eso no cambia lo que dije. Pero si prefieres servir a los seres humanos, o crees que puedes tener una vida lejos—sí, sigues siendo una niña tonta idealista.
— Nunca volveré a Yongsadan, no después ¡de esto!
Desarmó un rifle y afiló varias partes con la mente antes de lanzarlos al pecho y cabeza de Ryo-dan. Esta reaccionó tarde para detener los que la atravesaron de lado a lado, perdiendo de momento el ojo con otro a medio enterrar. La chica no dejó de sonreír, y tras distraerla con un par de cadáveres, lanzados desde lados opuestos, chocó con Bae-rin. Esta se libró, lanzandole uno de vuelta, que Ryo-dan cortó por mitades antes de lanzarse hacia su cabeza.
Bae-rin rodó hacia delante, y vació una pistola EM en el cuerpo de su oponente, dejandola tirada y malherida. Se volvió a acercar, tratabillando agotafa:
— Ya basta, Ryo-dan —bufó— Estoy cansada de esta mierda.
Esta, intentando y fallando en levantarse, rio adolorida con gusto, replicando al verla de reojo:
— Yo también. Al fin—pensamos igual.
Las oleadas entraron, y Ark-1 subió sobre una barricada:
— ¡Fuego!
Y al tiempo que ellos abrían fuego, la muchacha pálida se lanzó contra los muertos, destrozándolos a golpes. Estos rugían en la agonía que sus cuerpos no podían sentir, sus traqueotomías resonando como bramidos abomimables al caer, hasta que de la primera línea no quedó nada. Los desertores, envalentonados por ver aquello, avanzaron disparando al unísono en una línea doble, logrando reducir considerablemente al segundo grupo. Usaron sus lanzamisiles para reventar a varios, y otros brincaron fuerza sobrehumana para desgarrar a los más adelantados, recibiendo granadas en respuesta.
Estos, al avanzar más, hacia la antecámara, y limpiar el sitio, derribaron hasta el último, a pesar de que en el avance ya varios habían caído. Al terminar, levantaron el brazo en victoria y celebraron brevemente, pegando gritos de alegría, abrazándose y dandose palmadas en el hombto. Ark-1, sin embargo, sintió que no había acabado, y luego lo vio.
— ¡No canten victoria! —advirtió, pasmando a todos— ¡Debemos cubrir los flancos internos, formación en U, rápido!
Pronto el sitio vibró, con cientos de tic tics traqueteando por lls ductos, y los desertores obedecieron, sin resistencia, a la orden:
— ¡Aquí vienen!
Fue cuando una segunda oleada los atacó por los ductos, y desde el reguero de afuera, avanzaron en una tercera línea de ataque un grupo de enemigos. Estos últimos no eran ya simples cadáveres, sino homúnculos hibridos, más grandes, más fuertes, resistentes, ensamblados de tejidos de más de un cuerpo, tanto humanos como animales, y varios llevaban partes de estos cosidas a su estructura. Una cosa con cabeza de toro semipelada rugió lanzando una columna de gas nervioso, y Ark-1 tuvo que retroceder sintiéndose débil.
Se tomó tiempo de respirar, y disparó un lanzagranadas hacia la cosa, mientras otras de esas aberraciones avanzaron, resistiendo los proyectiles como esponjas. En los flancos las cosas no eran mejores, pues allí, Ark-1 nuevamente pudo ver los seres que vio cuando llegó, pero vivos esta vez; cuerpos pequeños de piel gris azulosa, lampiños, con máscaras soldadas a su rostro y un tanque al arnés, por la espalda. Eran decenas de ellos, quiza cientos, ágiles y flexibles, reptando por suelo, paredes y techo, al tiempo que unas con cabeza de craneo vacuno disparaban ametralladoras.
— ¡Mantengan su posición!— gritó ella.
Los guardias comenzaron a caer como moscas, molidos por la calibre .50 y los seres pequeños, que arrastraban lejos y despedazaban a otros con sus garras de cuchilla soldadas al hueso. Ella se lanzó de nuevo al combate directo, lanzando un cañón medio desensamblado, cortandoles ma cabeza, pero su fuerza psíquica se había visto afectada, así que dos siguieron en pie. Por las barreras comenzaban a entrar los pequeños, pero también algo peor; criaturas que eran amalgamas lineales de cuerpos humanos, cual ciempieces, con sus ojos verdes bullendo en odio, y hambre.
Se alzaron varios metros antes de caer sobre más desgraciados con sus cuchillas y esfintéricas mandíbulas dd tijera. Ark-1 sabía que nadie quedaría si no actuaba, a pesar de que los huesos comenzaban a dolerle, y le hormigueaban las piernas.
Se concentró. Y el tiempo se detuvo. Sus ojos lloraron sangre y los abrió.
Corrió en una masacre detenida, partiendo a aquellas infernales quimeras en pedazos con sus propias manos. Miró con tristeza, los rostros contorsionados ocultos bajo la piel soldada y suturada, y susurró varias palabras en otro idioma, al tiempo que brincaba de uno a otro ser, destruyéndolo con el viento de restos de tecnologicos. Se aseguro que la bomba, en el centro de la formación, no fuera tocada, mientras pegaba um brinco sónico hacia los híbridos animales, haciéndolos reventar con golpes de su codo, y el empeine de su antebrazo. Los levantó, levantó los restos, y echando sangre por la boca, doblada de dolor físico y mental, al sentir auras planas apagarse, formó un terrible torbellino de sal; debía agraderle a Ji-won ayudarla con eso.
Una vez este alcanzó una masa crítica, pegó un grito de agonía y fatiga, salpicada, lanzándola en todas direcciones. La sal se convirtió en estacas que atravesaron puntos letales del sistema nervioso de las criaturas pequeñas, y al unísono, todas ellas pegaron un chillido animal antes de apagarse.
El tiempo volvió a su curso normal para ella, pero para los supervivientes, fue una hecatombe tan rápida que los dejó aterrados, sorprendidos, y cuando pudieron procesar que todo había terminado, también aliviados. Ark-1 sentía un dolor insoportable en todo su ser, y entendió lo que la había debilitado al punto de hacer que varios de sus órganos estuvieran fallando.
“Ese gas. Ja-yoon debe saberlo. Debo decirle. Cuando salga de este lugar.”
— ¡Muere maldito!
Un desertor le disparó a uno de los pequeños, que había quedado vivo. Ark-1 lo apartó con suavidad firme, y miró al ser, sintiendo la energía sutil a su alrededor que se les iba escapando a sus iguales. Se dio cuenta de qué se trataba, y se arrodilló delante, sintiendo una enorme compasión por ellos, juntando las manos:
— No es ser. No es no ser. Todo es Unidad en el Vacío. En el Vacío, todo es posible. La chispa, y el Vacío, son lo mismo.
El desertor la miró extrañado:
— ¿Pero qué dice?
Pero ella no hablaba con él:
— Como todo es en el Vacío. Ya has cruzado el río, pequeño.
Miró todos los cuerpos, y vio la misma horrible verdad. La verdad de vidas que pagaron un karma que no era el suyo. Era de quien les hizo esto.
La muchacha pálida cerró los ojos, mientras los demás se acercaban, debiles, magullados, muchos en cambio malheridos. Muchos a punto de morir.
Cerró sus ojos. Y todos vieron vieron el brillo azul que la envolvió, y se volvió un capullo, cuando los pequeños cuerpos emanaron similar energía, comp chispas brillantes que fueron a ella. El espectáculo lo vieron, paralizados por las sensaciones que los embargaron, un viento espiral suave, que duró un par de minutos.
Cuando toda la energía llegó a Ark-1, esta extendió los brazos, juntando medio y pulgar de cada mano. Todo el tiempo recitó intenciones, nuevamente, en un idioma que nadie allí entendió, y el capullo se abrió. Surgió de él una hermosa flor de loto azul que estremeció a los presentes, que reconocieron lo que veían.
— Es verdad.
— Sí fue ella.
— Busan.
— Esa flor.
Esta giró lentamente, y se iluminó; conforme giraba, la gente herida y moribunda volvió gradualmente a recuperarse. Muchos recuperaron la consciencia para ver un milagro que les había salvado la vida, mientras los demás, al ver sus heridas cerrarse, se asustaron. Todos cayeron de rodillas, sobrecogidos, no por miedo, sino por agradecimiento.
Hélices sonaron, y descendió un cuatrimotor delante del sitio.
En el otro cuarto, Ryo-dan también había sido curada por la luz, sostenida en brazos por Bae-rin, a la que el influjo la dejó en un sensible estado. La abrazó, con alivio repentino, y Ryo-dan chilló, atrapada en aquel abrazo de atención como no había recibido:
— Veo que te gusto más de lo que dices, Bae-rin, ¿de verdad tanto te traumé?
— Da igual. Es esta—magia rara. No te hagas ideas raras.
La muchacha pálida entró en escena:
— ¿Están bien las dos?
A su lado estaba Ark-1, sucia y con la camiseta rasgada debajo; esta las ayudo a pararse, tirando fácilmente con ambas manos. Trastabillaron tosiendo, al tiempo que Ryo-dan emitía una bocanada similar a risa al estirarse la espalda, parpadeando con fuerza:
— ¡Otra jefa, ¿por qué se quedó ahí parada? ¡Se perdió la mejor parte!
Detrás de la muchacha pálida había 5 jóvenes en abrigos negros. Estos miraron a Bae-rin, quien se comenzó a alejar despacio. Comenzaron los demás a acercarse, la mayoría todavía con ganas de pelear a pesar de haber llegado tarde a la batalla donde eran necesarios. En cambio, Ark-1 se acercó a ella adelantándoseles, y frente a sus ojos, estiró una mano hacia su recién conocida “hermana de experimento”.
— ¡Por favor, no!
Bae-rin se desprendió del abrigo de oficial, forcejeando brevemente contra ninguna resistencia. Ark-1, que se lo quedó agarrado, lo soltó en manos de uno de los otros, y este entendió que debía llevarlo con ellos a su regreso. Para la sujeto Ark, el alivio temporal había sido reemplazado por su miedo al futuro, ahora que, comprendía, había perdido. Ark-1 dijo:
— El rostro del hombre que nos mostraste—ahora sé por qué me era tan familiar.
— ¿Qué más importa el maldito monstruo al que le quité eso?
— Yo lo ví ese día, en el edificio de Incheon. Murió defendiendo aquello en lo que creía, estuviese bien o mal.
Con la muchacha pálida sobre sus talones, cayó de espaldas al suelo, aterrada, agachando la vista y cerrando fuerte los ojos:
— Me importa aún menos lo que creyera. Deja de hablar, y mátame de una vez.
— No.
Bae-rin levantó la vista, pero no dijo nada, preguntándose si acaso se burlaba de ella, o tenía preparado algo mucho peor, más lento. Si aquella chica tenía a Ryo-dan allí al lado, quitándose los fragmentos que le sobresalían, debía ser porque su superioridad era abismal. Y, temía, quizá también su crueldad.
Se acuclilló a su lado, para darle la mano. Ella iba a retraerse con miedo, pero no pudo, cuando sintió de manera inequívoca el sentimiento de su aura. No era engaño, no era violencia ni arrogancia, sino más bien una serenidad fuerte como el mármol blanco. Se dejó levantar, y su instinto no pudo, ni quiso, oponerse:
— ¿Qué—qué es—qué fue eso?¿Lo que hiciste?
Un par de los otros se miraron, sus expresiones un reconocimiento a lo que ya habían pasado. Uno de ellos, de barbilla ancha y cuadrada, rostro oblicuo y pequeños ojos, miró de reojo a Ryo-dan, quien enarcó la ceja con intriga. Ark-1 continuó:
— Entiendo que quieras escapar. Dejar que Yongsadan se hunda. Pero lo que has provocado con tus actos es más caos. El que está detrás de esta trampa—
Una chica entre los de abrigo fue por algo a la entrada del cuarto. Trajo a rastras a uno de los científicos de aquel lugar, vestido de civil y con ojos brillando verde. Manos y pies rotos, no cejó sin embargo en señalarla con malicia:
— ¡Ella!¡Ella es la que ha estado suplantando a su líder! —rio
Bae-rin, con el corazón en la boca, negó con la cabeza:
— ¡No, no, es mentira!¡Yo nunca hice eso!
El corazón de Bae-rin se cayó al suelo, y comenzó a negar tontamente. Ryo-dan se crispó, y pasando al lado de Ark-1, la levantándola tomó sonriente por el cabello:
— ¡¿Sabes lo que hiciste? Te jodiste sola! Sí, la jefa me premiará si le doy tu cabeza como taza.
Ark-1 la interrumpió, poniendo la mano en su hombro:
— Eso no va a pasar.
El chico de barbilla dura intervino:
— Pero jefa, si es verdad, ella es muy peligrosa para dejarla viva. Su hermana no lo pasará por alto—
La muchacha pálida levantó la mano delante de él:
— Aceptará que use el recurso de nuestro enemigo en su contra, mientras se pruebe su culpabilidad o inocencia. Pero—
— Ah, sólo quieres usarme —retó Bae-rin.— Me lo esperaba.
— No puedo dejar que te vayas después del daño que has hecho. Y sea que suplantaste a mi hermana o no, lo descubriremos. Pero tampoco puedo obligarte a venir, no sin pelear. Sabes que no me ganarás, ¿verdad?
Bae-rin se soltó de Ryo-dan, y los demás ya la habían rodeado, por lo que difícilmente podría salir corriendo ilesa. Agachó la vista para pensárselo dos veces, llegando a la inevitable conclusión lógica distinta al suicidio.
“Si acepto la protección de Ark-1, el otro maldito no podrá tocarme. Lo de recurrir a su empatía interpersonal era buena idea, pero es mejor ser yo el objeto de ella. Si funciona, etonces hola Cuartel General; luego veo cómo fugarme.”
Suspiró, resignada, pero a la vez aliviada. Esa sensación, incluso ahora, en aquel cuerpo sutil. Era como quitarse un costal de encima.
— Está bien, me uniré a ustedes.
— Espera, ¿qué? —se cuestionó el científico— ¡Pero no sean estúpidos, ella seguro intentará engañarlos, por eso vinimos por la bomba!
La chica de abrigo negro lo abofeteó:
— No te he dado permiso de hablar, imitación barata.
— Pero ella no tiene lealtades—vende a cualquiera.
— Son ustedes quienes la traicionaron viniendo a quitársela —sentenció a Ark-1— En eso no son mejores.
— ¡Eres un mentiroso!¡Sabes que no he hecho lo que dices!¡Seguro fueron ustedes!
Bae-rin avanzo hacia él dandole una patada, luego comenzó a pisotearlo mientras él reía:
— Ryo-dan, detenla.
La otra chica tuvo que detenerla por un brazo antes de que ella retrocediera, exclamando:
— Pues si el maldito Mr. K está escuchando a través de esas orejas podridas tuyas, dile que el trato se cancela.
Le dio otro pisotón, y el de la barbilla actuó rápido, esposándola por detrás con grilletes inhibidores.
— No somos ingenuos como tú crees —dijo Ark-1 al científico.
Se dirigió a todos:
— Tomen la bomba. Salimos ahora.
— ¡No, deben matarla, animales!¡Matenla ya!
Y alejándose los demás, la chica de aquel grupo en abrigo reactivó el desintegrador con la mente:
— ¡Da-mol, espera! —exclamó Ark-1.
Esta no perdió tiempo, arrojando al científico dentro con telequinesia, pero este se rio de ellos al morir.
— Lo oyó, jefa. Si Bae-rin dice que sus ojos tienen cámaras—yo le creo.
Los otros se habían quedado mirando, y Bae-rin se sintió sobrecogida.
— ¿Y por qué crees en lo que dice? —preguntó Ark-1.
— Cuando crecí en Jardín-07 con ella. Jamás dijo una sola mentira.
Ark-1 asintió a los otros, y estos se llevaron a Bae-rin hacia el vehículo. Luego hizo ademán con la cabeza para que salieran. Ya por la entrada principal, Ryo-dan se juntó al chico del mentón. Subiéndose al ciatrimotor, se sentó a su lado, preguntando con curiosidad:
— Oye, tú —tocó su hombro— ¿Cómo te llamas?
Este, concentrado en seguir con la vista a la chica que salía con Ark-1, volteó el rostro levemente hacia ella:
— Jae-woong es el que me puse. Sonaba bien.
— Recuerdo tu cara también, hoh —y dio un sobresalto, señalando— ¡Estuviste conmigo en Jardín-07!
La mirada del joven se ensombreció en sus propias memorias, pero respondió con media sonrisa al ver a Ryo-dan:
— Quizá, fui criado allí.
— Soy yo, Ark-00724, ¿recuerdas la mía? —señaló su rostro.
— Perdón, pero había muchos más niños, así que—no logro recordarte aún.
Sin mucho entusiasmo, agachó la vista, tomándose del codo que había vuelto a pegarse hace rato. Raspó la punta de su bota de su bota en el suelo, alejándose con las manos cruzadas sobre los muslos:
— Ah. Sí, claro. Bueno.
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(16 de junio de 2021, 11:32 PM)
Desde la espesura, Ark-1 observó los restos de un edificio en ruinas, recubierto de plantas y maleza, ventanas rotas y paredes manchadas de moho.
— Mi-ri, ¿segura que es aquí?
“Es a donde pude triangular la ubicación por última vez. Por ahora, es nuestra mejor pista del paradero; es lo que tu hermana quería de mí—más que a mí, después de todo. Era obvio para mí desde el inicio.”
Ark-1 pensó en la masacre en el Geumga Plaza. Y suspiró pensando que su hermana no estuviera interesada en Mi-ri más que un pedazo de plástico. Cuando le contaron, cada una plr separado, de qué se trataba, entendió la necesidad de tenerlo. Pero al menos a la hacker le dio su cuarto de empleada con camilla:
— ¿Pero estás segura de esto? No detecto ninguna presencia en el lugar. No siento nada.
“Lo estoy. Es un alivio que al menos podamos recobrar esto.”
— Está bien. Confiaré en ti. Y
“¿Te he—decepcionado antes?”
Ark-1 lo pensó por un momento, y sonrió;
— Comenzaré la misión. Cambio.
“Oye. Gracias por ayudarme otra vez. Sé que haces lo posible.”
— Tranquila. La tendré vigilada. Y lo siento.
Hubo un silencio incómodo, breve.
“Está bien.”
— Cambio y fuera.
Cortando cominicaciones, apareció a su lado “Ja-yoon”:
— ¿Entonces, soy idéntica o no?¿Me veo bien, no crees?
A Ark-1 no le hizo gracia:
— ¿Asesinaste a una mujer inocente o no?No presiones tu suerte.
— Ya te lo dije. No fui yo.
Y en un destello, pudo ver el rostro real de la chica, con su cabello largo amarrado en su final con una coleta. Cambió nuevamente la percepción de la muchacha, esta vez un hombre de cabeza cuadrada y un muy bajo copete, con gafas. Bae-rin miró al lugar donde debía ir, y afirmó:
— Debemos hacer esto rápido, ¿o no?
— Procede. Llega a la puerta principal, yo tomaré mi ruta.
— ¿Y eso dónde será?¿En dónde te encuentro si todo sale mal?
— No lo harás. Te aseguro que nadie más saldrá de este lugar si fallas, así que usa bien tu chance. No puedo ayudarte más que eso.
La muchacha se desvaneció mientras que Bae-rin, ya sola, se fue dando zancadas sigilosas hacia aquel umbral recubierto por trepadoras. Al cruzarla, se internó por el amplio lobby, en busca del punto de emisión entre las oficinas y los pisos rotos por la maleza; recorrió todo a pie, caminando lentamente. No queriendo llamar la atención hacia su persona por algo que no quisiese mostrar, se asomaba a cada cuarto con una mirada aparentemente perdida.
Sintió una palmada en la espalda.
— Ey, tú. Viejo.
Comenzó así el juego de performancia:
— ¿Quién, yo? —se señaló.
Se encogió de hombros, agachada, con la boca entreabierta. El sujeto que lo había hecho, portando un chaleco de Yongsadan, le respondio hastiado:
— Sí, tonto. ¿A quién más le estoy hablando?
Entonces ella expresó en su falsa realización, señalándolo:
— ¡Aaah!¿Es usted la—persona que me llamó?
— Sí, soy yo. Ven conmigo.
El desertor la arreó del hombro hasta que llegaron dentro de una especie de baños, o lo que fuese aquel rincón de baldosas rotas antes. Se deslizaron al cubículo más lejano, y allí se encontró con todo un terminal de estilo vintage, con un monitor cúbico de gruesa carcasa, chirriando bajo. No había teclado, ni otros mandos para interactuar, solamente un aparato con diferentes tipos de entradas y una sola de ellas ocupada.
Con su telequinesia, Bae-rin activó el comunicador en su zapato, antes de decir:
— Así que ese disco es—¿por lo que quería mis servicios? Es el Archivo, el que usó Cassano contra Babel Group ¿o no? No creí que recobraran el original.
Varias plantas más arriba, Ark-1 escuchó fuerte y claro. Asintió con cautela, y se dispuso a esperar el siguiente movimiento.
El sujeto de Yongsadan le apuntó la pistola a la nuca a Bae-rin, haciendo que se adelante un par de pasos:
— Vuelve a gritarlo en voz alta, y te mueres aquí.
Ella levantó las manos con fingida timidez:
— Oh, sí, por supuesto, qué tonto soy. Lo lamento, perdóneme. Por favor no dispare.
El tipo se pasó la mano a la cara antes de obligarlo a sentarse de un empujón, señalándole su asiento frente a la pantalla. Esta se sentó, pero mirando todo, no supo qué más hacer, a lo que otros dos aparecieron detrás, al tiempo que el primero lo apuraba:
— ¿Qué?¿No trajo su mando remoto?¿Es chiste?
Bae-rin no tenía idea de a qué se refería. Ark-1 pronto se comunicó con Mi-ri:
— ¿Mi-ri, me escuchas?
“Sí, aquí estoy.”
— Algo salió mal. Necesito información.”
“Dame los detalles.”
— Le piden un terminal remoto.
“¿Qué cosa?”
— Eso le dijeron, le piden que use un mando. Confirmo por visión remota, no hay teclado en el terminal.
“Demonios.”
— El real no dijo nada sobre eso, ¿ahora qué?
“Supongo—que tendrás que hacer tu entrada. Le diré a la señorita Koo.”
— No hay de otra, actuaré antes. Y otra cosa, lo que dijiste parece que sí era cierto. Hay un disco conectado al computador con el nombre que dijiste en el computador.”
El nombre de este leyó allí. “Guillotina.”
La hacker, desde el otro lado, estaba ahora con el corazón en la boca. Se hallaba en una sala de computadoras gris bien iluminada, junto con varios operadores informáticos más.
“¿Es de color gris oscuro? Debe tener dos marcas que le hice con una llave.”
Ark-1 observó de cerca, y entre la luz del monitor y las manos de Bae-rin, retrayéndose nerviosas, pudo avisorar las susodichas, asentadas y bien rayadas en el dorso medio de la cosa.
— Sí, es el mismo.
“Debes ser muy cuidadosa. El Archivo es frágil, y creí que sería mi garantía—hasta que apareciste. Hah, qué cosas trae la vida, ¿no?”
— Entiendo.
Se desconectó, tomando aire.
Al volver a abrir los ojos, se deslizó como una sombra, y todo el sitio comenzó a enfrarse. El verde se cubrió de escarcha, mientras corría hacia la posición de Bae-rin, cada vez a menos distancia hasta que los desertores apuntaron sus pistolas. Justamente cuando los tiros salieron de los cañones, y la chica posaba con su máscara hasta el final, es que la ayuda le llegó.
— ¡Es una trampa, díganle a—!
El que quiso correr fue destrozado de un solo golpe, rompiendo varias paredes antes de perecer. El siguiente fue asesinado por la espalda por el cuchillo del supuesto experto que habían traído. Por último, el otro cayó mientras Bae-rin tomaba el disco, parando lo que fuese aquel procedimiento.
Al verse el abdomen, la chica se vio una herida de bala, dándose cuenta de que estuvo a punto de perderlo todo. La trayectoria iba directo a aquello que ahora sujetaba en su mano.
Ark-1 se paró frente a ella, y pensó en lo que podría haber ocurrido de no haber tapado el tiro, con ella sobre su cabeza. Tragó saliva en tanto le decía:
— Es una suerte. Y tampoco se destruyó el disco.
Bae-rin, siendo percibida en su forma real por la muchacha pálida, sólo acertó a responder con un alivio que rápidamente adquirió:
— Sólo espero—que no se haya dañado al sacarlo tan de repente.
Lo extendió hacia Ark-1:
— Tómalo.
Esta le cerró la mano:
— Llévalo contigo, es igual. De no ser por ti, Mi-ri y yo no habríamos sabido dónde empezar a buscar. Gracias
Bae-rin sonrió, en cauta aprobación.
Mi-ri se comunicó:
“¿Lo lograron?¿Lo pudieron recuperar?”
— Aquí lo tenemos.
“Ah, qué bien. Fiuf, al fin puedo estar tranquila. Mas o menos.”
— ¿Qué ocurre?
“Los videos de ese otro hacker—lo que contiene el disco que es incluso peor para los de arriba. Políticos, grandes chaebols, funcionarios, corporaciones; sé que tu hermana lo querría. Para contraatacar por si algo de Yongsadan o la parte de Hoffen que le conviene se filtra.”
— Es verdad. Pero tranquila, eso no pasará.
“Faltan menos de 48 horas, ni sé si aún habrá tiempo para hallar a ese hacker.”
— Tienes un equipo más grande ahora, ¿o no? Seguro lo haces.
“Gracias. Por la confianza. Y convencer a la señorita Koo.”
— No hay de qué.
“El transporte llegará a su ubicación en cinco minutos. Alcancen el punto de reunión ya.”
— Casi llegamos, todo está despejado. —vio el cielo estrellado— Nos vemos más tarde.
“Cambio y corto.”
— Cambio y fuera.
La comunicación ceso, y Bae-rin miró con serena intriga a su nueva jefa. Luego, solo la acompañó a mirar al cielo, y creyó entender por qué lo hacia. Se sentía bien.
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