Translator Device - Capítulo 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: CAPÍTULO 1: El arribo 2: CAPÍTULO 1: El arribo Seúl en marzo es fresco y seco, con ese frío que avisa que el invierno se está yendo.
Ese día el sol pegaba fuerte, pero Matías, caminando por el aeropuerto de Incheon, sentía un picor en los ojos y la nariz tapada; el famoso “polvo fino” le estaba dando la bienvenida.
—Veintiocho horas de viaje —pensó mientras se sobaba el trasero—, y estoy muerto de hambre.
De pronto, el eco rítmico de unas pisadas rompió la calma de la terminal.
A lo lejos, vio a una chica corriendo hacia él.
Llevaba jeans, bototos negros, una mascarilla negra y la capucha de su sudadera cubriéndole la cabeza.
Matías no alcanzó a reaccionar cuando una ráfaga oscura le pasó a centímetros.
Fue un segundo: un perfume floral, caro y frío chocó con el olor rancio del aeropuerto.
Sus ojos se cruzaron por un instante y él no vio a una celebridad; vio un par de pupilas dilatadas por el pánico.
Pasó de la extrañeza al asombro cuando notó que una treintena de jóvenes corría tras la chica.
—¡Qué mier…!
—alcanzó a decir antes de que la “ola” lo golpeara.
Pasaron como una estampida, empujándolo con hombros y bolsos.
Matías tuvo que clavar los talones para no terminar en el suelo junto a su maleta, que salió despedida por el impacto.
—¡Uf!
Qué locura —suspiró, recuperando el equilibrio y recogiendo su equipaje—.
Esa chica tiene que haber sido una de esas cantantes famosas de las que me habló mi hermana.
Mientras buscaba el cartel de “TAXI”, pensó que la fama era contradictoria.
Te da todo en la vida, menos la libertad para vivirla.
Al salir, le sorprendió el color de los autos de alquiler; en Chile son negros, pero acá son variados.
Un chofer en un taxi naranja le hizo una seña.
Matías se acercó mientras encendía el traductor y se acomodaba el auricular.
—¿Va a Seúl?
—preguntó.
El dispositivo hizo lo suyo: Usuario: Matías Castillo / Idioma destino: Coreano / Diálogo detectado: ¿Vas a Seúl?
/ 서울로 가시는 건가요?
El taxista contestó y la pantalla cambió: Género: Masculino / Idioma detectado: Coreano / 네, 물론이죠.
서울에 갑니다.
타세요 / Sí, claro.
Voy a Seúl.
Sube.
Ya arriba, el conductor sacó el mismo modelo de traductor y le pidió enlazar los equipos.
—Este aparato es una maravilla —dijo el hombre—.
Tengo clientes de todo el mundo y me ha salvado de varios aprietos.
¿De dónde vienes?
—De Chile, Sudamérica.
— ¡Chile!
Muy buenos vinos —contestó entusiasmado el taxista—.
¿Y qué te trae por acá?
No me digas: los dramas y el K-pop, ¿cierto?
Matías ladeó la cabeza y entrecerró los ojos.
—No, no sé nada de eso.
Vengo a estudiar negocios y aprender cómo operan las compañías de acá.
Mi familia tiene una pequeña empresa de importaciones.
—¡Ah!
El milagro del río Han —exclamó el taxista con orgullo.
Una hora después, Matías caminaba por Bukchon Hanok Village con un mapa de papel en las manos buscando la casa de Miguel, su amigo de la infancia.
Estaba absorto con la arquitectura tradicional; las pendientes de Gahoe-dong no le pesaban, estaba acostumbrado a los cerros de Viña del Mar.
En ese rincón de Seúl, el silencio de los muros antiguos contrastaba con los rascacielos modernos del horizonte.
—¡Matías!
—gritó Miguel desde la reja—.
Pasa, pasa.
Matías levantó la vista y sonrió al reconocerlo.
Miguel seguía casi igual, quizá un poco más delgado.
El cabello oscuro le caía hasta la nuca con ese descuido de siempre, y la barba corta le daba un aire más adulto del que recordaba.
—Estás igual —dijo Matías al acercarse.
—Mentira —respondió Miguel con una sonrisa— Corea me tiene sobreviviendo a punta de trabajo y ramyeon.
Su español sonaba intacto, pero había algo en su ritmo, en la forma de soltar las frases, que delataba los años fuera.
Aun así, la fraternidad seguía intacta.
—Pasa —repitió, abriendo la reja—.
Te estaba esperando.
—Qué lindo nido de amor tienes, ¿eh?
—comentó Matías al entrar a la casa, sin sacarse los zapatos.
Miguel no dijo nada.
Sonrió apenas.
En su casa no hacía falta quitarse el calzado; la trataba como una pequeña embajada, un trozo de Chile en medio de Seúl.
—Debes traer a muchas coreanas para acá —soltó Matías revisando la decoración.
—Un caballero no tiene memoria —contestó Miguel, dándose aires.
—Ya, o sea que no has traído a nadie —sentenció su amigo.
—¿Te costó llegar?
—Para nada, el traductor que me recomendaste es una joya.
—Obvio, es el mejor; tecnología coreana.
—Hablando de lo mejor —Matías hurgó en su maleta— te traje tu vino favorito.
—¡Carmenere!
—Miguel agarró la botella como si fuera un tesoro—.
Hace siglos que no tomaba uno bueno.
Al rato, el choque de copas y un sonoro brindis selló el reencuentro: —¡Al que al mundo vino y no toma vino, pa’ qué chucha vino!
Después de las anécdotas de rigor, Miguel le mostró su habitación.
—Este es tu lugar por los próximos tres semestres.
Yo casi no estoy, el trabajo en la empresa de smartphones me consume la vida.
A veces me quedo en un hotel cerca de la oficina para dormir una hora más.
—Sigues igual de bueno para la pestaña, por lo que veo.
—¡Ahora más que nunca!
— dijo riendo, casi con orgullo — Relájate y descansa un poco del largo viaje; a partir de mañana tendrás unos días agitados.
Ya solo, Matías miró el techo con una sonrisa.
Por fin estaba en Corea.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com