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Translator Device - Capítulo 45

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Capítulo 45: CAPÍTULO 44: Soy yo

Ye In no había dormido en toda la noche. Apenas se había quitado la ropa del evento para ponerse un buzo deportivo; tenía los ojos hinchados de tanto llorar y el alma apretada por la impotencia de no poder avisar a la policía. Ni siquiera se atrevió a decírselo a Ahn Myong; él era de armas tomar y temía que su reacción empeorara las cosas. Solo le pidió a Yang Mi que revisara los videos de la universidad de la noche anterior, actuando como una novia celosa para no levantar sospechas.

—¿Pudiste ver las cámaras? —preguntó Ye In con la voz rota.

Yang Mi estaba en la sala de seguridad de la universidad revisando las grabaciones.

—Matías se fue con esa compañera nueva, la que me pediste que vigilara.

—¿Segura de que no había nadie más?

—Solo estaban ellos dos. Se fueron al estacionamiento y salieron juntos en el auto —respondió Yang Mi, y luego añadió—: ¿Qué pasa? Te oyes rara.

—Nada, prima… solo estoy un poco resfriada. Luego te llamo.

Ye In colgó y se echó a llorar desconsolada. Estaba destruida.

—Amor, quién te ha hecho esto… todo es mi culpa —se repetía. De pronto, se incorporó de golpe; una revelación cruzó su mente como un relámpago:

—Espera un segundo… Jin Ah llegó de la nada justo cuando apareció el antifan. Ella es rica, pudo contratar el camión, y dijo que el tipo al que amaba había muerto… ¡Jin Ah es la cómplice del sasaeng que me raptó!

Se puso las zapatillas y salió rauda hacia la puerta.

—¡Tengo que detenerla!

Poco después, Ye In estaba en la calle haciéndole señas a un taxi mientras hablaba con Sofía por teléfono.

—Sofía, ¿Jin Ah está contigo?

—No. ¿Pasa algo, Ye In?

—¿Sabes dónde vive?

—No, pero Juan sabe. Te doy su dirección para que le preguntes.

Un rato más tarde, Ye In aporreaba la puerta del departamento de Juan. Él abrió, sorprendido.

—Ye In, qué sorpresa. Si buscas a Matías, no está aquí.

—Busco a Jin Ah —dijo ella jadeando—. ¿Sabes dónde vive?

—Claro que lo sé, pero si quieres hablar con ella estás de suerte… ella está acá.

—¿Ye In? ¿Qué haces aquí? —preguntó Jin Ah apareciendo tras él.

—¡¿Dónde está Matías?! ¡¿Qué le hiciste?! —espetó con furia.

—Oye, tranquila —le dijo Jin Ah retrocediendo—. No sé dónde está Matías. Anoche me dejó en casa y no lo he visto desde entonces.

En ese instante, el recuerdo de lo ocurrido se hizo presente. El departamento de Jin Ah era lujoso al extremo; los grandes ventanales daban hacia el río, que esa noche lucía iluminado de forma espectacular por los edificios y el neón. Matías estaba asombrado; pensó que el departamento de Ye In era inmenso, pero el de Jin Ah era el doble de grande.

Jin Ah le pasaba una lata de gaseosa.

—¿Te gustó el ramyeon?

—Mucho —contestaba Matías.

—No disimulaste tu cara de disgusto; te molestó que hiciera tanto ruido al comer, ¿cierto?

—Para ser honesto, sí. Es algo a lo que aún no me acostumbro en Corea —decía rascándose la cabeza—. En mi cultura, hacer ruido al comer es de mal gusto.

—Entonces no haré más ruidos cuando esté comiendo contigo.

—No, no… yo soy el raro acá. Debo acostumbrarme a su cultura, no ustedes a la mía.

Matías abrió su lata, dio un sorbo y preguntó:

—¿Y qué era eso tan importante de lo que querías hablarme?

—Matías, creo que me estoy enamorando, pero algo me frena —decía Jin Ah, enrojeciendo—. Dime… ¿crees que Juan siente lo mismo por mí?

—Uf, gracias a Dios era él —susurró Matías aliviado.

—Espera, ¿pensaste que hablaba de ti? —preguntó ella ladeando el cuello.

—Por un momento lo pensé, pero por suerte no fue así —rio él—. Sabes que Ye In lo es todo para mí; me hubiese apenado mucho tener que rechazarte.

—Debo admitir que eres guapo, Matías, pero eres muy parco… pareces coreano. En cambio, Juan tiene ese ritmo. Cuando lo vi enseñándoles a bailar a las chicas de B6, algo despertó en mí.

—¿Y qué te frena? Él es un buen hombre.

—Ustedes los latinos son muy bromistas —decía Jin Ah algo confusa—. No sé si las cosas que me dicen son en serio. ¿Tú crees que le gusto de verdad?

—Los hombres somos básicos y simples —le decía Matías dejando su lata sobre la mesa—. Vemos solo siete colores. Un sí es un sí, un no es un no. Y sobre todo: dejaríamos todo por la mujer que nos mueve el piso. Él ahora está con las B6, es su fan… llámalo. Dile que quieres verlo y comprueba si lo que te ha dicho es verdad.

Jin Ah sacó su teléfono y marcó. Tras una breve charla y un par de “Sí, mmm. Entiendo”, cortó la llamada y miró a Matías radiante.

—¡Dejó todo por mí! En un rato nos juntaremos en su departamento.

—Lo sabía. Él también está loco por ti.

Matías se puso la chaqueta para marcharse.

—No olvides decirle lo que sientes; recuerda al chico que amaste y murió en ese accidente. Nunca temas expresar tus sentimientos; un amor cobarde no tiene derecho a llamarse amor.

—Lo haré —prometió ella.

Al rato, Matías estaba abriendo su automóvil cuando una voz femenina, muy conocida, le habló a sus espaldas. Matías giró y quedó paralizado por la sorpresa.

—Eres tú… —alcanzó a decir.

—Soy yo —respondió ella. Y una potente descarga de un taser lo dejó tirado en el suelo, sin sentido.

Juan los devolvió al presente:

—¡Es verdad! —dijo él, defendiendo a Jin Ah—. Ella ha estado conmigo desde anoche. Pero, ¿Qué sucede? ¿Le pasó algo a Matías?

El teléfono de Ye In vibró. Un nuevo mensaje decía: “Te envío la dirección donde está tu novio. Te espero en la azotea”.

Ye In dio media vuelta sin decir palabra y salió corriendo.

—¡Ye In! —gritó Juan, confundido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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