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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 12

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12: ¿¡Este Mundo Es…!?

12: ¿¡Este Mundo Es…!?

Los ojos de muchos estaban puestos en la propiedad de Lord Eimerich.

Un escándalo semejante no pasaría desapercibido en un entorno tan hostil cual estanque de pirañas.

Cámaras, miras telescópicas, drones, nanobots y otro sin fin de métodos de métodos de observación se emplearon para presenciar la batalla entre Leonardo, Rafael y Abbeizer.

Ojos curiosos, ojos codiciosos y un par deseosos se fijaron en ambos niños.

La fuerza nada despreciable, la resistencia envidiable, la brutalidad con que actuaron.

Nada escapó a las miradas escrutadoras de la escoria de Qasar al-Zill.

Por supuesto, esto era algo que Rafael no tenía en cuenta mientras destrozaba el cráneo de su oponente con una interminable lluvia de puñetazos.

No es como si se hubiese dado cuenta y aunque lo hiciera, seguiría sin importarle.

Sangre salpicó, fragmentos de hueso salieron volando junto a trozos gelatinosos y repulsivos.

El suelo se agrietaba más y más, la tierra se hundió.

Poco quedó de la cabeza de Abbeizer, el monstruo y mayor activo de Lord Eimerich.

Rafael dio un último golpe, encontrando más tierra que otra cosa bajo sus puños.

Se detuvo un momento, respirando pesadamente por el subidón y bajón de adrenalina.

Miró con asco el desastre sanguinolento que era la criatura, así como él mismo tras un arrebato de ira primitiva.

No le dedicó demasiada reflexión al asunto.

Había un enemigo, él lo mató.

Fin de la historia.

Se levantó y corrió hasta la ubicación de Leonardo, quien yacía inconsciente con sangre brotando de sus oídos y nariz.

Buscó rápidamente heridas en la cabeza, pero afortunadamente no encontró más que raspones y un par de secciones sin cabello.

—¡Mierda que somos duros!— susurró con alivio y alegría, cargando el cuerpo de su amigo y empezando su marcha de regreso al burdel.

Nada más salir a la calle, ignorando los cadáveres tirados en el patio de la propiedad como si no fuera su problema, Rafael se dio cuenta que no tenia idea de como regresar.

No era particularmente atento a las cosas y sólo había recorrido el camino hacia aquí una vez, mientras perseguía a los mercenarios y esquivaba sus balas.

Por supuesto que no iba a recordar cada maldita curva y callejón.

Se encogió de hombros y simplemente se dirigió a la dirección general, esperando lo mejor.

Quizás lograra refrescarse la memoria si exploraba un poco y no era como si Leonardo estuviese en riesgo de morir.

Le tomó una hora de vagar sin aparente fin antes de desechar su orgullo y tratar de comunicarse con los transeúntes, cosa que era igualmente difícil por la barrera del idioma y el hecho de que Rafael sólo podía preguntar por Amira y hacer gestos referentes a sus tetas.

No sabía como decir burdel en árabe o cual sea el idioma de esta gente.

Tras media hora, logró encontrar un borracho que amablemente lo guio por el buen camino.

Probablemente recordó que existía tal burdel y tuvo antojos de una simpática jovencita para pasar la noche.

Al llegar, fue rápidamente atendido por Lulu mientras Halima y Amat tomaban a Leonardo con expresiones tan sorprendidas como preocupadas.

Rafael suspiró de alivio, sabiendo que su amigo estaría en buenas manos.

Él intentó dirigirse por su cuenta al baño, pero la tímida Lulu sacó valor de algún lugar y lo llevó en sus brazos a pesar de los rechazos de Rafael.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Un nuevo día comenzó y Rafael despertó en una amplia cama, envuelto en los brazos de una mujer y con el rostro enterrado en sus pechos.

No se molestó en averiguar de quién se trataba y simplemente disfrutó la sensación.

Sólo se lamentó por el hecho de ser un niño, pero el tiempo cambiarías las cosas.

Rafael se despegó de los brazos de Lulu cuando recordó que tenía un amigo al que le dieron una paliza por su culpa.

Se movió por los bulliciosos pasillos del burdel, ignorando a las sirvientas y las prostitutas que arrastraban a los clientes a sus habitaciones.

Fue interceptado por Amat a mitad de camino, quien simplemente dijo el nombre de Amira y señaló en una dirección diferente, instándolo a seguirla.

Luchando entre ir a ver aquellas bellas areolas o a su amigo vivo, Rafael finalmente decidió que Leonardo podría esperar.

Fue conducido a la oficina, o algo similar, de la mujer a cargo del burdel.

Sheikh Amira (que Rafael pensaba era su nombre) despidió a un par de mujeres y ordenó a Amat que cerrara la puerta.

—¿Tú qué?— saludó Rafael distraídamente, buscando entre el escote de la mujer las llamativas areolas sin encontrarlas.

Fue decepcionante.

Amira parpadeó, poco acostumbrada al lenguaje informal en ese idioma específico.

Carraspeó y enderezó su postura, mirando seriamente a Rafael.

—Lo que hicieron ustedes dos anoche fue imprudente— dijo ella en un tono suave de reproche.

—Era más que suficiente detener el asalto enemigo, Rafael, no contraatacar su base.

—¿Y esperar oleada tras oleada de mobs por días o meses?

No gracias— Rafael se encogió de hombros, poco interesado en darle explicaciones a esta tipa que recién acababa de conocer.

—No estás comprendiendo la gravedad de este asunto, muchacho— advirtió Amira.

—¿Qué crees que pasará ahora que Lord Eimerich está muerto?

—Algún loco tomará su lugar y aprenderá a no meterse contigo— señaló Rafael secamente.

Amira sintió una abrumadora necesidad de abofetear al mocoso por la falta de respeto con que le hablaba.

Respiró hondo y calmó sus emociones, manteniendo una expresión ligeramente disgustada pero aún así dócil.

Imponerse a estos niños de manera prematura le podría traer un desastre incluso mayor.

—Sí y no.

Alguien sí tomará el lugar de ese hombre, pero no significa que de repente nos libremos de consecuencias.

Eimerich no era un señor absoluto, Rafael.

Era parte de la pirámide de poder en esta ciudad y aquellos por encima de él buscarán represalias.

—Lo sé— Rafael se encogió de hombros nuevamente, imperturbable ante las noticias de Amira.

—¿Crees que soy estúpido o algo así?

Obviamente hay alguien más arriba que no estará feliz con el resultado, pero eso no cambia nada.

Se acercó con paso tranquilo y rodeó el escritorio, subiéndose al mismo de un salto y mirando cara a cara a la mujer.

—Dependiendo de la hospitalidad, Leonardo y yo podríamos quedarnos aquí un tiempo indefinido.

No me importan los juegos de poder ni las intrigas que muy probablemente hay en este agujero.

Sólo quiero buena comida, mujeres atendiendo mis necesidades y una cama confortable para dormir.

Tú nos vas a dar eso, Amira.

Sino, encontraremos a quien sí lo haga.

A cualquiera que intente perturbar nuestra comodidad lo mataremos, y si continúan jodiéndonos después de esto no tendremos más opción que derribarlos a todos.

Así que no, no me importan las consecuencias, no me importan los mafiosos o quien mierda domine el lugar.

Compórtate como es debido, atiéndenos como corresponde y no habrá problemas.

¿Nos entendemos?— concluyó Rafael, dejando claros sus términos.

Amira lo escrutó con la mirada, encontrando sinceridad en sus ojos.

Asintió lentamente.

—¡Bien!— aplaudió Rafael con una sonrisa, abandonando el supuesto aire amenazante que él creía haber exudado.

—Bueno, voy a ver a Leonardo— se despidió de la mujer, bajando de un salto del escritorio.

Antes de cruzar la puerta, se detuvo de repente y se volvió hacia Amira.

—Y haz un cambio en tu armario.

Prefiero ver tus activos en todo momento.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Leonardo despertó una hora antes que Rafael.

Fue recibido por una habitación amplia y bien iluminada, vendajes alrededor de su cuerpo y una cama tan cómoda que casi gimió de placer.

Recostada al borde de su cama estaba Halima, dormida en una postura incómoda.

Leonardo la llamó y pidió que Amira viniera.

En cuestión de minutos, la morena de cuerpo voluptuoso apareció con expresión preocupada y aliviada, una máscara que no engañó a Leonardo en lo más mínimo.

—¿Y Rafael?— fue lo primero que preguntó.

—Él está bien.

Mucho mejor que tú, de hecho— respondió Amira, tranquilizando a Leonardo con sus palabras.

—¿Tú como te sientes?

¿Necesitas algo?

Lo que sea, lo conseguiré para ti, mi niño.

—Sí, estoy bien.

Y ya que lo mencionas…

¿Podrías prestarme tu laptop, por favor?

Aunque confundida por la petición, Amira ordenó traerla y continuó entablando una amena conversación con Leonardo, asegurándose de demostrar lo preocupada que estaba y lo mucho que le importaba la seguridad del niño.

En cuanto Leonardo tuvo la laptop en su regazo, pidió que lo dejaran solo para investigar.

Rápidamente se conectó al navegador y buscó toda la información relevante que necesitaba.

Como ya se lo esperaba, no le sorprendió descubrir que esta era la tierra del siglo XXI.

Ahí fue donde terminaron las cosas simples.

Para empezar, él y Rafael había retrocedido poco más de dos décadas en el tiempo, encontrándose en el año 2003.

La zona en la que aparecieron resultó ser un desierto en la península arábiga, que se extendía a porciones de Omán y Yemen.

Los países conocidos por Leonardo parecían ser los mismos aquí y la historia del mundo tuvo un trayecto bastante similar.

Fue ligeramente decepcionante saber que estaban en la Tierra y no algún mundo loco y desconocido.

Por otro lado, había tiempo suficiente para aprovechar la ola del Bitcoin, sin es que llegase a existir aquí también.

Sin embargo, cuando Leonardo ingresó a la sección de noticias más recientes se llevó una desagradable sorpresa.

Pensó que eran tonterías de los primeros trolls de la red, pues no había prácticamente ningún canal de noticias con página web propiamente dicha.

Sin embargo, la abrumadora cantidad de tales tonterías superó el límite saludable.

Héroes, Villanos, batallas que dejaron devastación increíble por allí, monstruos aterrorizando a la gente, alienígenas.

Pero lo peor de todo fue la figura más mencionada y llamativa.

Un hombre, un bigote inconfundible y hazañas que lo ponían por encima de todo lo que el mundo considerase poderoso.

Omni-Man.

Nolan Grayson para Leonardo, un Viltrumita que vino al mundo con intenciones menos que loables.

—No me puto jodas— murmuró Leonardo con un creciente dolor de cabeza ahora que era consciente del Universo en el que habían caído.

Este mundo, esta realidad de ficción tan real a sus ojos en este punto no era otra que el Universo de

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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