Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 13
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13: Zenkai Es Clave 13: Zenkai Es Clave —No creo que sea una buena idea— comentó Leonardo, tragando saliva profundamente mientras estudiaba con recelo el agujero en la arena.
—¡Y-yo tampoco lo creo!— susurró temerosamente un hombre atado y magullado, llevado a hombros del otro terror con cola de Qasar al-Zill.
—¡Cállate Rashid, perdiste tu derecho a opinar en el momento en que intentaste traicionarnos!
¡Y tú también cállate Leonardo, compórtate como un hombre y entra en el maldito agujero desconocido en medio del maldito desierto!— replicó Rafael severamente.
Él también se tensó un poquito al observar el pozo sin fondo de apenas un par de metros de ancho que, por razones que no comprendía, la arena no lograba cubrir a pesar de las semanas desde que lo descubrieron.
Apartado de cualquier rastro de civilización, lejos de las rutas habituales tanto de traficantes como de turistas en el Desierto, este misterioso agujero picó tanto la curiosidad de Rafael que hoy decidió investigarlo a fondo.
Y obviamente arrastró a Leonardo porque por qué demonios no iba a hacerlo.
Existía una gran probabilidad de encontrarse con monstruos del desierto o algo así.
—Uh, tu comprensión de mi lengua ha m-mejorado mucho, amigo Rafael.
T-te felicito— dijo Rashid halagadoramente, recibiendo un cálido agradecimiento de Rafael en la forma de ser arrojado de cabeza por el agujero.
Leonardo le dirigió una mirada de desaprobación que Rafael fingió no notar mientras esperaba, contando los segundos que le tomaba a Rashid dejar de gritar.
—¿Tenías que ser tan cruel?
Empiezas a preocuparme de verdad— negó Leonardo con la cabeza.
—No te me hagas el santurrón.
Pudiste haberlo salvado pero no te moviste— Rafael puso los ojos en blanco.
En ese momento, Rashid dejó de gritar abruptamente y Rafael silbó con una ceja alzada.
—Cinco segundos.
¿Unos 80 metros?
Considerando los rebotes y eso.
—Ni siquiera recuerdas las fórmulas para eso— señaló Leonardo, haciendo una estimación rápida.
—Te faltaron más de treinta metros.
—¡Siempre fuiste el bueno para estas cosas!— se rio Rafael de buena gana, palmeando la espalda de su amigo amistosamente.
—Siendo así, deberías asegurar el valor que obtuviste.
Leonardo abrió los ojos de par en par y maldijo todo el árbol genealógico de Rafael cuando éste lo empujó al agujero traicioneramente.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Superado el tramo inicial del descenso, ambos se adentraron en las oscuras y sorprendentemente amplias cavernas.
Leonardo sacó las barras luminosas que traía en la mochila y pateó a Rafael para que fuera en frente y diera la cara a cualquier horror misterioso de las profundidades.
En cualquier caso era el turno del idiota de cabello rebelde.
Los años habían transcurrido desde aquel extraño despertar en el desierto en forma de niños Saiyanos desnudos.
Contra todo pronóstico, habían empezado a crecer a pesar de la tendencia de esa raza a permanecer enanos hasta el momento del repentino estirón.
A cinco años tras su llegada a este mundo, Rafael y Leonardo se veían como niños comunes de 9 años, a excepción de su peculiar físico robusto debido a años de acondicionamiento intensivo, brutal e inhumano.
Eso y, obviamente, las colas a medio entrenar que ya no se molestaban en esconder bajo la ropa.
Rafael había propuesto cortarlas hace años para no limitar su crecimiento, pero cuando intentó hacerlo se retractó, confesando que se sintió como si fuera a amputarse un dedo él mismo.
Acordaron encontrar una forma de llevar las colas al dorado y más allá, cueste lo que cueste.
A lo que sí no pudieron negarse fue al método comprobado, certificado y doloroso del Zenkai, razón por la cual se adentraron en estas cuevas de mierda en primer lugar.
Conociendo un poco sobre las amenazas futuras, los dos transmigrantes suspiraron con resignación y lanzaron una guerra total en Qasar al-Zill, presionando durante más de dos años a los mafiosos y poderosos de la ciudad.
¿Por qué?
No por hambre de territorio o querer desplazarlos de sus negocios turbios, sino porque así ellos se verían obligados a encontrar enemigos capaces de hacerles frente, de combatir en igualdad de condiciones o incluso superarlos, darles una paliza real e impulsar su crecimiento.
Básicamente se convirtieron en masoquistas busca pleitos, pinchando dragones con un palo cada que podían, agitando todos los avisperos visibles para sufrir las consecuencias, sanar y volver a lo mismo.
Un ciclo de conflicto que sobrellevaron en oleadas, tomándose descansos para entrenar y medio matarse entre sí en el desierto mientras las avispas y los dragones de la ciudad se recuperaban.
Entonces Rafael y Leonardo regresaban para molestarlos de nuevo.
Cinco años bastaron para agotar los fondos de esos criminales de supuesto alto perfil.
Algunos se marcharon con promesas de muerte, y otros lanzaron ataques desesperados contra el burdel y sus chicas.
La pobre Amira se vio obligada a capear la tormenta, sufriendo especialmente el primer año de conflictos en los que su burdel perdió clientes constantemente, sus rameras eran perseguidas y asesinadas en las calles y su palacio objetivo de ataques diarios.
Al final las cosas le salieron bien, pues la pequeña ramera que aún debía vender su cuerpo cuando Rafael y Leonardo la encontraron ahora dominaba casi toda la ciudad, incluyendo burdeles, tabernas y otros nichos abandonados por la competencia.
No tardaría mucho en poner Qasar al-Zill bajo sus tacones.
De cualquier forma, la tarea de los transmigrantes estaba lejos de terminar.
Ninguno tenía la fuerza para levantar más de quince a veinte toneladas con un solo brazo, ninguno había podido volar todavía y los ataques basados en energía eran un sueño húmedo.
El Ki resultó ser más esquivo y difícil de dominar de lo que habían imaginado.
Apenas estaban en la etapa de manifestarlo físicamente, de manera similar a Videl en su entrenamiento con Gohan.
Con Qasar al-Zill desgastada, empezaron a considerar viajar por el mundo y enfrentarse a Villanos, monstruos marinos y tal vez algunos Héroes.
Este mundo tenía todo tipo de amenazas capaces de patearles el culo, así que era hora de buscar esas amenazas.
El primer paso serían estas cavernas misteriosas, donde sospechaban que habrían monstruos fuertes.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – —¡¡Demasiado, es demasiado fuerte!!— chilló Rafael, saltando como un conejito asustado entre las paredes de la amplia caverna.
Un gigantesco y segmentado cuerpo acorazado se agitaba violentamente, aplastando la roca con desdén en un intento furioso por hacer mierda al chico.
—¡Aguanta unos minutos!— alertó Leonardo, enfrascado en su propia lucha contra una aglomeración retorcida de bichos tan grandes como autos y más largos que autobuses.
Mandíbulas amenazadoras chasqueaban y chorros de ácido corrosivo se escupían en rápida sucesión contra él, obligándolo a evadir en cuestión de respiraciones para no ser derretido como la roca que la sustancia golpeaba.
El olor provocaba náuseas y la vista no era mucho mejor.
Decenas de ciempiés enormes escalando unos sobre otros para alcanzar a Leonardo y comérselo.
De haber sido alguien con pánico por los insectos, se habría desmayado hace mucho.
Como todo buen hombre, la única cosa a la que Leonardo temía era a las cucarachas cuando volaban.
Todo lo demás era insignificante.
—¿¡Te volviste loco!?
¡¡No duraré un minuto!!— exclamó Rafael en pánico, embistiendo inútilmente a la cosa gigante.
Sus puños demoledores se estamparon contra el caparazón sin siquiera hacer retroceder al monstruo.
Leonardo no había acabado con todas las criaturas con las que lidiaba cuando más emergieron de otros agujeros esparcidos por la cámara.
Ante la inminente invasión, decidieron ejecutar una retirada táctica y se abrieron paso a través de uno de los túneles, sin saber si era por el que habían venido o no.
No volvieron a ver la luz del día hasta muchas horas después, que en realidad fue casi una semana.
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