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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 16

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16: Arena Viva 16: Arena Viva  Sammún maldijo fervientemente toda la ascendencia de Leonardo y Rafael.

Fragmentos de diente fueron escupidos, mientras las encías debilitadas con los años ardían de dolor.

El dolor era cegador.

Tan cegador que le impidió percatarse de los movimientos en la arena.

La marea de insectos alcanzó su posición y lo rodeó, excavando hacia arriba bruscamente y saliendo a la superficie con chillidos y chasquidos amenazantes.

Sammún se congeló en el lugar, viéndose repentinamente asaltado por miles de criaturas más grandes que él desde todas direcciones.

El amuleto en su carne destelló con energía y Sammún recuperó el control de sí mismo, así como de la arena.

Batió sus brazos desesperadamente y el terreno imitó sus movimientos.

Zarcillos densos arremetieron contra los monstruos, arrollando a muchos de ellos con cada impacto.

El suelo se agitó y atrapó cientos de extremidades, partiéndolas como ramitas en segundos.

Sammún formó una plataforma y se elevó en el aire, escapando de los primeros chorros de ácido disparados contra él.

A cada segundo, más y más criaturas segmentadas salían de la tierra y el horror empezaba a asentarse en su corazón.

—I-imposible…— pensó, olvidándose del dolor en su mandíbula y la afrenta de los mocosos de hace un momento.

Determinó que no podría hacer nada y movilizó la arena bajo sus pies, no dispuesto a perecer en semejante lugar.

Aumentó la altura de su vuelo y fijó el rumbo a Sharurah.

Tenía que advertir de este desastre lo antes posible.

De repente, la arena gritó y se sacudió debajo de su posición.

La percepción de Sammún detectó algo masivo abriéndose paso a la fuerza y un escalofrío recorrió su espalda.

El desierto se partió y una columna de escombros y arena creció más que las dunas mismas, lanzándose contra el Héroe local.

—¡¡No no no no!!— gritó Sammún en pánico, viendo con horror fauces gigantescas abriéndose de par en par.

El olor pútrido alcanzó su nariz y las fauces lo alcanzaron a él poco después, cerrándose de golpe y enviando a Sammún a la oscuridad.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Black Samson se movió rápidamente hacia la consola principal de la sede de los Guardianes, atendiendo la llamada entrante.

Detrás de él, algunos de los miembros de la agrupación esperaban pacientemente, ya equipados con sus trajes para salir a enfrentar la amenaza que el Director de la ADG iba a anunciarles.

El rostro familiar de Cecil Stedman apareció en la pantalla, hosco y severo como de costumbre.

Escaneó a los miembros presentes y asintió, fijando su mirada en el líder.

—Tenemos un problema en Arabia Saudita.

Una infestación de insectos enormes de cientos de miles, espero no millones, se dirige a Sharurah, cerca de la frontera con Yemen— informó Cecil mientras su imagen era reemplazada por los escaneos satelitales de la ADG, mucho más avanzados que los de aquella Nación.

Actualizándose cada pocos segundos en tiempo real, el mapa de la península se vio manchado por una superficie roja y ondulante, con un gran punto azul destacándose como un pulgar adolorido.

—¿Eso no es lo que creo que es?— inquirió Green Ghost con un tono disgustado.

—La madre de todos los bichos.

Probablemente una reina o un patriarca, no lo sé ni me importa.

Vayan y mátenlo antes de que las cosas se salgan de control— respondió Cecil secamente antes de terminar la comunicación.

—¡Ya lo oyeron, muévanse!— ordenó Inmortal, instando al equipo a abordar el Jet mientras él se adelantaba con su vuelo a alta velocidad.

—Red Rush ya está en camino.

Aquarus y Martian Man siguen ocupados con el ataque en Canadá y dudo que puedan reunirse con nosotros pronto— informó Darkwing a través de los comunicadores, ya abordando la aeronave.

—Deberíamos contactar a Omni-Man.

Podríamos necesitarlo si este bicho reina resulta ser más duro de lo esperado, o si su muerte provoca que los millones de seguidores se vuelvan locos en lugar de huir— advirtió War Woman, dirigiéndose a su líder.

—Podemos manejarlo— afirmó Inmortal, desechando la idea por el momento.

War Woman estaba a punto de protestar, pero el Héroe despegó con un estampido sónico en dirección a la Península Arábiga.

War Woman lo miró brevemente antes de suspirar.

Ya sea que quisiera o no, Inmortal sabía que si él no contactaba a Omni-Man, Cecil lo haría.

De hecho, Cecil Stedman ya estaba ubicando a Nolan Grayson para mantenerlo al tanto de la situación en caso de necesitarlo.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Sin que la ADG, los Guardianes o la ciudad de Sharurah y sus dirigentes lo supieran, Rafael y Leonardo no sólo la habían cagado al arrojarles esta invasión repentina a la cara, sino que la habían súper cagado al abandonar al hombre con un artefacto mágico y misterioso en las mandíbulas de los monstruos.

Mientras el cuerpo de Sammún era aplastado y digerido en el interior de la Reina Ciempiés, el amuleto que le otorgaba el poder de mover las arenas con su voluntad abandonó al huésped inútil y buscó al siguiente candidato.

Con un proceso de elección fuera de la norma, incomprensible para nadie más que su creador, el amuleto no tuvo mejor idea que adherirse a las paredes estomacales de la criatura, fundiéndose con su carne como lo hizo una vez con Sammún.

La energía contenida era limitada, como todas las cosas.

Sammún permaneció en una condición delgada y calva debido a la succión de esencia vital del artefacto, empleada para seguir operando como lo hacía.

Y ese mismo artefacto encontró una vasta esencia vital en la Reina Ciempiés.

Absorbió ávidamente, condensó y transformó las ganancias en puro poder mágico.

Oleadas de poder emergieron hacia afuera, recorriendo el cuerpo del monstruo hasta alcanzar su diminuto cerebro y bombardearlo con información que no podía comprender.

La masiva criatura se detuvo en seco, confundida por los cambios que sufría desde el interior.

No fue una mera alteración biológica.

El amuleto cambió algo fundamental, primario.

La Reina Ciempiés chasqueó sus mandíbulas una vez, rompiendo el aire con un poderoso crujido.

La arena en un radio de cientos de metros se agitó no por la onda expansiva, sino por la voluntad de la criatura.

Las dunas explotaron y se levantaron de su reposo, danzando como un torbellino de arena furiosa alrededor del monstruo.

Recuperando el aliento a casi medio kilómetro de distancia, Rafael y Leonardo observaron con la mandíbula pegada al suelo el fascinante nacimiento de una tormenta de arena antinatural.

—¿¡Q-q-qué mierda!?— balbuceó Rafael, incrédulo.

La pequeña excursión que emprendió por curiosidad se había salido de control de manera espectacular.

—¿¡Esa cosa se comió al calvo y adquirió sus poderes o algo así!?— se preguntó Leonardo, atinando la respuesta.

Rafael respiró hondo y se levantó, sacudiéndose las manos con expresión complicada y mirando a su amigo.

—…

Eso no importa ya.

Quiero irme a casa, bañarme y comer comida de verdad— dijo con una sonrisa tensa.

—Uh, ah sí claro.

Mejor nos…— Leonardo se detuvo de repente, aguzando el oído.

Rafael lo miró extrañado hasta que él también escuchó el zumbido bajo y lejano.

Se miraron un momento antes de correr a la cima de otra duna, viendo helicópteros en la distancia volando en su dirección.

Mucho más allá de los trastos, la silueta de una ciudad se hizo vagamente visible.

Leonardo se puso rígido y Rafael maldijo para sus adentros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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