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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 18

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  3. Capítulo 18 - 18 El Zenkai Sigue Siendo Clave
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18: El Zenkai Sigue Siendo Clave 18: El Zenkai Sigue Siendo Clave  —Mierda…— murmuró Cecil Stedman con el ceño fruncido, escaneando la devastación en tiempo real gracias a sus satélites.

Se encontraba atendiendo otros asuntos más apremiantes para su país cuando Donald lo instó a prestar atención a la situación de Sharurah.

Crisis había por todas partes y francamente no podía perder su tiempo con un único suceso en una ciudad remota en Arabia.

La única razón por la que envió los Guardianes tan rápido fue para tener una excusa al momento de ingresar personal de la ADG en territorio Saudí de manera más sencilla y poder investigar adecuadamente otro asunto que le molestaba.

Jamás esperó que la amenaza hiciera papilla la mitad de la ciudad tan pronto.

—¿Cuánto tardará Inmortal en llegar?— preguntó Cecil, esperando una respuesta insatisfactoria.

Ya se disponía a llamar a Nolan cuando Donald contestó.

—Unos minutos, Señor.

—…¿Y entonces por qué demonios me llamaste?— volvió a preguntar Cecil con un temblor en el párpado.

Donald se volvió a uno de los operadores y asintió.

El hombre cambió la imagen en su monitor a momentos antes del avance de la criatura gigantesca, centrándose en el lado norte de Sharurah.

—Observe y juzgue usted mismo— instó Donald.

Cecil estudió las imágenes tomadas desde el ángulo vertical de los satélites, así como las cámaras del lugar que lograron intervenir remotamente.

Sus ojos se clavaron en las figuras borrosas de Leonardo y Rafael, abatiendo monstruos a raudales, partiéndolos con duros golpes, usándolos como armas contra las demás criaturas con una fuerza decente.

—Mocosos prometedores.

¿Y qué?

Seguro son las mascotas secretas de los Saudíes— comentó el Director de la ADG con tono indiferente.

Naciones como esa no eran dadas a dejar libres a individuos particulares.

—Eso supuse, Señor, pero indagué en nuestros registros más actualizados y no hay mención alguna de niños con una fuerza semejante.

No creo que Arabia Saudita los haya apadrinado— refutó Donald con seguridad.

—Hmm…

¿Qué tan actualizados?— inquirió Cecil, mostrando más interés.

—Dos meses— afirmó Donald.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Inmortal era mucho más rápido que el Jet de los Guardianes.

Aún así, le tomó casi una hora completa llegar hasta el otro lado del mundo.

Y eso apresurándose cuando Donald le informó hace unos minutos que la criatura más grande había mostrado actividad de nuevo.

Partiendo el cielo en Mach 7 y superior, el Héroe más fuerte de los Guardianes entró en territorio saudí al mismo tiempo que el monstruo aplastaba Sharurah con un Tsunami de arena.

En la propia ciudad, Rafael y Leonardo emergían de un montón de escombros resultante de la caída de un edificio de hotel sobre sus cabezas.

La presión aplastante provocó laceraciones y un muy fuerte dolor de cabeza para Rafael.

El impacto de una columna o quizás una pared lo dejó mareado y desorientado.

Tuvo que recibir ayuda de Leonardo para salir.

El propio Leonardo no estaba mejor.

Las piernas le dolían y temblaban, debido al masivo peso que soportó.

Ni siquiera estaba en las mejores condiciones para empezar, y esto sólo hizo que deseara echarse en el suelo y dormir.

Ya no podía seguir luchando.

El agotamiento alcanzó el límite de su resistencia y sus músculos simplemente no podían más.

En la distancia, el ruido de las sirenas de policía y ambulancias resonaron débilmente, mientras su visión era invadida por el movimiento sinuoso de la capa de arena que ocupaba la sección norte de la ciudad.

Un manto de al menos diez metros de grosor en su punto más estirado que se retraía como la marea de un mar a punto de escupirles otro desastre a la cara.

—…R-Rafael, la arena se mueve de nuevo— comentó con desgana, respirando pesadamente.

El sudor lo empapaba y las extremidades gritaban de agonía.

Con semejante nivel de cansancio era tentador lanzarse junto a su amigo contra el monstruo y recibir una paliza gratuitamente, retirarse con vida para recuperarse y cosechar los beneficios después.

El problema es que Rafael estaba en peores condiciones y seguía siendo su turno.

Que ambos recibieran la paliza brutal al mismo tiempo era estúpido, ya que no habría seguridad de salir ilesos.

Era la regla que establecieron hace años.

Uno debía rescatar al otro antes de que las cosas se salieran de control y llevárselo lejos del peligro.

—¡Nhgh…

Ya sé, ya sé!— gruñó Rafael en respuesta, levantándose con dificultad.

—Leonardo, ya estoy cansado de esta mierda.

Sólo…

Sólo arrójame a la cara de ese maldito y déjame recibir mi aumento de poder.

A su pesar, Leonardo se rio.

Le sentaba mal todas las vidas perdidas, y las que se perderían una vez que se fueran, pero habían llegado a su límite y no era tan desinteresado como para poner en riesgo la vida de su amigo o la suya propia por gente que no conocía.

Rafael era lo único que le quedaba, y para bien o para mal, siempre sería su prioridad en este nuevo mundo.

—¡Oye, deja de pensar homosexualidades!— reprendió Rafael.

—Tú deja las ofensas innecesarias— Leonardo hizo una mueca.

Con el cuerpo magullado y la cabeza palpitando de dolor, Rafael cargó contra la monstruosidad con sus fuerzas restantes, seguido de cerca por Leonardo.

Subieron al mar agitado de arena, saltando y evitando ser engullidos por la misma mientras se acercaban rápidamente.

Mamá Ciempiés ni siquiera había puesto una pata en la ciudad todavía, lo que hablaba de su inmenso poder…

¿Psamoquinético?

La masa de arena continuaba retrayéndose, arrastrando trozos enormes de edificios y un sin fin de escombros que Rafael y Leonardo usaron para moverse más rápido.

Cubrieron la distancia en pocos segundos, alcanzando el epicentro de la calamidad.

El mar de arena se bifurcaba y elevaba en el aire, rodeando la figura no majestuosa de la Reina Ciempiés.

Mandíbulas salvajes del tamaño de camiones, un caparazón extremadamente resistente de color obsidiana, perfecto para el entorno subterráneo y falto de luz en el que habitaba.

Patas puntiagudas, clavándose en la tierra varios metros para soportar el peso del monstruo.

Antenas con pelos largos y vibrantes se agitaban lentamente.

Dada la falta de ojos, supusieron que así fue como los detectó en aquel agujero.

Esa teoría quedó confirmada cuando la gran cabeza se volvió en su dirección.

Las mandíbulas se abrieron a cámara lenta antes de cerrarse violentamente, desplazando el aire en su camino y desatando una explosión al impactarlas en un chasquido enorme.

—…¿Sabes qué?

Mejor espero la próxi— empezó Rafael, deteniendo su avance de repente.

Fue interrumpido cuando Leonardo lo sujetó de la cola y la nuca, repitiendo la estrategia que usaron contra el calvo con el mismo poder de Psamoquinesis.

Sólo que esta vez Rafael no estaba para nada encantado con la idea.

—¡¡MALDITO SEEEAAAS!!— chilló al ser lanzado como un proyectil por su mejor amigo a las fauces del monstruo.

En ese momento, para alivio de Rafael y desconcierto de Leonardo, la criatura se giró bruscamente hacia otra dirección.

Con desdeñosa facilidad, agitó una de sus antenas y azotó a Rafael en el aire, mandándolo a volar por donde vino y más allá.

Leonardo miró a su amigo pasar sobre su cabeza el doble de rápido que antes, perdiéndose en la distancia entre los edificios de la ciudad que seguían en pie en la mitad no afectada.

Corrió tras él, muy seguro que eso bastaría para dejarlo en la mismísima mierda misma y recibir el impulso del Zenkai más tarde.

Ignoró el estruendo a su espalda y el temblor siguiente, haciéndose una idea de la razón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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