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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 El Héroe Más Grande
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20: El Héroe Más Grande 20: El Héroe Más Grande  El sonido bajo y casi imperceptible del comunicador asaltó los oídos de Nolan Grayson, sacándolo de su dormitación.

Suspiró con fastidio, alcanzando el dispositivo en su mesita de noche.

—¿Qué?— gruñó, demasiado cómodo entre sus mantas como para mostrar cortesía.

No es como si el bastardo al otro lado de la línea la mereciera.

—Tenemos un problema en la Península Arábiga.

Los Guardianes atendieron el llamado, pero están pateándoles el culo justo ahora— informó Cecil Stedman, igualmente irritado.

Nolan miró su reloj, frunciendo el ceño más que antes.

—Son las seis de la mañana Cecil.

¿No pueden esperar hasta mi desayuno siquiera?

—Dile eso a mi cena.

Apresúrate Nolan, esto puede salírsenos de control muy pronto— instó Cecil en un tono más serio.

Nolan estaba a punto de hacerlo esperar, pero su esposa también despertó y pellizcó su brazo, advirtiéndole con una mirada intensa que sacara su trasero de la cama y fuera a trabajar.

—…Bien— dijo Nolan secamente, dedicándole una disculpa silenciosa a Debbie.

Sin más remedio, se dio una ducha rápida y vistió su traje, despegando hacia la locación exacta donde se desarrollaban los acontecimientos.

Acontecimientos que resultaron ser de un nivel muy superior al que los retrasados que lo provocaron imaginaban.

Lo que ni Rafael, ni Leonardo, pudieron percibir fue la verdadera magnitud del enjambre que despertaron estúpidamente.

Cecil sí lo hizo, y no tuvo más opción que llamar a su peso pesado.

Los satélites de la ADG nunca dejaron de detectar las masivas firmas de calor bajo tierra, y los temblores en el desierto que Arabia Saudita escaneó tampoco cesaron en ningún momento.

La marea quitinosa que arrasó Sharurah, y las decenas de miles de criaturas que fueron aplastadas por la propia matriarca con el tsunami de arena, sólo eran una parte del ejército.

Black Samson, War Woman, Green Ghost y Darkwing llegaron a la escena donde los rezagados de Sharurah daban su último suspiro en una carrera de vida o muerte, teniendo como guía a un agotado Leonardo.

Los rayos azotaron en un flanco, la maza golpeó y mandó a volar en el otro.

El Jet escupió todo su arsenal desde el aire, apoyando los esfuerzos de los Héroes.

Ayudar a los sobrevivientes a salir de la trampa era una cosa.

Evitar que el ejército de mandíbulas los persiguiera fue más complicado, pero aún así un objetivo alcanzable.

Pero mientras se llevaba a cabo la primera fase, el suelo, la tierra y la arena explotaron alrededor de la ciudad y dentro de la misma, revelando fugas masivas y agujeros gigantescos de los cuales emergieron más y más y más ciempiés.

Incluso aparecieron las monstruosidades del tamaño de autobuses a los que Rafael y Leonardo se enfrentaron bajo tierra, cuando irrumpieron en el nido de mamá insecto.

A partir de ese momento, el problema de la prácticamente extinta Sharurah se convirtió en una amenaza significativa a ojos de la ADG.

La Fuerza Aérea Saudí ya había emprendido acciones, pero Cecil exigió que desplegaran todo el maldito arsenal.

Los operativos de Yemen también se movilizaron, siendo que Sharurah estaba demasiado cerca de sus fronteras como para sentirse cómodos.

Cecil llamó a los Guardianes.

Les aconsejó dejar a los civiles a su suerte y concentrarse en la criatura líder, pero éstos se negaron a permitir más muertes en su presencia.

Incluso Inmortal se mantuvo firme, continuando su choque infructuoso con el monstruo gigante y ordenando a sus camaradas que salvaran todas las vidas que se pudieran salvar.

—¡Los Saudíes van a bombardear todo el campo.

Vayan y ayuden a Inmortal con un demonio, existe la posibilidad de detener la marea si cae el bicho más grande!— gruñó Cecil al comunicador, su mirada fija en los monitores que mostraban el avance de los Cazas.

—Y existe la posibilidad de que no— señaló Darkwing fríamente, redirigiendo el Jet para acompañar los vehículos y continuar desatando fuego sobre sus atacantes.

Cecil suspiró, conteniendo el deseo de maldecir el linaje del vigilante.

A veces se preguntaba por qué les dio tanta cuerda a este equipo.

—Como quieran.

Pero si la Fuerza Aérea Saudí arroja misiles sobre sus cabezas, al menos aseguren a los mocosos que dirigen la carga.

Son potencial que no debe ser desperdiciado— concluyó Cecil, cortando la comunicación.

En el campo, Darkwing asintió silenciosamente mientras dedicaba una segunda mirada a la única persona que ninguno de sus colegas fue a auxiliar, donde los bichos eran despedazados o salían volando a manos de ese mismo individuo.

Él estuvo de acuerdo con las palabras de Cecil.

Al cabo de unos minutos, los Guardianes pudieron abrir el espacio suficiente para que Leonardo y la caravana saliera de la trampa quitinosa.

Los pies del chico patearon como nunca a pesar del ardor, y los motores de los vehículos rugieron a pesar del esfuerzo anterior.

Justo a tiempo, pues la Fuerza Aérea Saudí llegó tal y como advirtió Cecil.

Ignoraron al monstruo más grande, donde se supone que los Héroes estaban combatiendo, y descargaron su ira sobre el millar de insectos.

La ola de mandíbulas fue envuelta en llamas y detonaciones, potentes y letales para las criaturas más pequeñas, insuficiente para las más robustas.

Al otro lado del campo de batalla, la situación iba en picada para Inmortal.

Las dunas cercanas desaparecieron y toneladas de arena azotaban y golpeaban con gran fuerza, obligando al Héroe a mantenerse a la defensiva en todo momento.

Un torbellino furioso de proyectiles rodeó al monstruo, manteniendo alejado de su cuerpo al diminuto Inmortal.

Cada uno de esos trozos comprimidos viajaba a una velocidad absurda, casi sin espacio para que el Héroe maniobrase.

Sin medios para atacar desde la distancia, inseguro de su suerte si se adentraba en el torbellino, Inmortal quedó estancado en la pelea.

De repente su comunicador crepitó de nuevo y la voz de Cecil entró en sus oídos una vez más.

—Escucha esto.

Sharurah tenía una especie de guardián del desierto con el místico poder de manipular la arena, producto de un amuleto antiguo.

Ese guardián fue enviado a investigar los fenómenos detectados antes de esta mierda y nunca más se le vio de nuevo.

—¿Se lo comió y el amuleto está en su estómago?— Inmortal hizo una mueca.

La deducción era coherente y explicaría por qué sólo esta monstruosidad tenía tal poder entre sus pares.

Inmortal estuvo a punto de llamar a Green Ghost para que hiciera el trabajo, pero un estampido sónico partió las nubes sobre su cabeza y la de la criatura.

El traje rojo y blanco destelló en la mirada del Guardián.

Una sensación de alivio y fastidio recorrió el pecho de Inmortal, pero sabiamente se alejó de la zona de impacto.

Omni-Man descendió como un cometa y atravesó el torbellino de arena gigantesco, eligiendo el punto débil y visiblemente agrietado en la cabeza de Mamá Ciempiés para su aterrizaje.

La vulnerabilidad creada por Inmortal con su ataque inicial fue aprovechada por los puños mucho más fuertes de Nolan.

El Héroe penetró la quitina rota y provocó una explosión de fragmentos de coraza e icor.

El impacto envió más grietas a lo largo de la cabeza y partió las inmensas mandíbulas, empujando y estampando la cabeza duramente contra el suelo.

La onda de choque hizo volar la arena descontroladamente y obligó a Inmortal a retroceder incluso más.

Omni-Man no se detuvo.

Sus puños más duros que el diamante impactaron una y otra y otra vez, salpicando icor apestoso y fragmentos de quitina.

El cuerpo del monstruo se sacudió y convulsionó, retorciéndose en un esfuerzo por sobrevivir a una muerte inminente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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