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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 La Investigación de la ADG
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21: La Investigación de la ADG 21: La Investigación de la ADG  Omar comió su plato pobremente lleno de sopa, poco más que agua caliente con algunas hojas y sal.

Mantuvo la cabeza gacha, interpretando el papel de víctima del desastre que asoló la ciudad recientemente.

Sus ojos cansados pero atentos estudiaron los alrededores, lamentándose en silencio las pérdidas de estas personas.

Miles de damnificados se reunieron en campamentos improvisados en medio de la nada.

Los saudíes bombardearon los hogares de sus propios ciudadanos durante horas, arrasando todo lo que la marea de quitina y mandíbulas no pudo.

Un mar de llamas y cráteres es lo que quedó de Sharurah tras el conflicto.

La intervención de la Fuerza Aérea y la actuación de los Héroes eliminó la amenaza, pero también dejó un rastro de destrucción a su paso que pondrá en aprietos a los sobrevivientes.

A Omar se le hundía el pecho con la situación, pero su objetivo estaba en otra parte.

La tragedia sería gestionada por alguien más.

Su mirada se desvió de los militares saudíes y las tiendas de campaña erigidas para distribuir recursos de primera necesidad, centrándose en la escoria del crimen organizado con la que se había estado mezclando los últimos meses.

Hombres faltos de consciencia que contrabandeaban drogas experimentales desde Sharurah hasta una ubicación aún desconocida.

La tarea de Omar estaba en encontrar dicha locación.

Terminada su comida, Omar paseó por las hogueras de los distintos grupos.

La gente sollozaba, dormitaba en la arena o rezaba desesperadamente, clamando por un milagro que no llegaría.

Sus seres queridos no regresarían, sus hogares se derrumbaron, sus negocios se perdieron y con ellos todos sus fondos.

En cuestión de unas horas, Arabia Saudita aumentó el número de sus indigentes en un par de decenas de miles.

Omar se sacudió los pensamientos pesimistas, adoptando una postura rígida e indiferente al encontrarse con sus compañeros del crimen.

Como las ratas viles que eran, el grupo fumaba y susurraba burlas y condenas a los desvalidos, reuniendo sigilosamente el botín que pudieron rescatar de los almacenes.

Bolsas con píldoras repugnantes, algunas armas y poco más.

El propio Omar sacó una pequeña mochila de entre sus ropajes, añadiendo su bolsa de basura a la pila.

—¿Es todo lo que se rescató?— inquirió un hombre robusto de espesa barba.

Fumaba tranquilamente, contando billetes mientras era rodeado por sus secuaces.

Omar y los demás asintieron.

Muchos de sus colegas empacadores no salieron vivos de los almacenes debido a las órdenes de este mismo sujeto.

Hamza, uno de los pocos hombres de confianza de quien sea que dirija este mercado.

Él iba y venía desde Sharurah hasta la ciudad oculta, y Omar había estado intentando ganarse su favor para ser llevado al fin.

—Hmph, más vale que no me estén mintiendo, malditos adictos— insinuó Hamza distraídamente, enviando un escalofrío a las espaldas de los presentes.

Todos sabían que de ser atrapados, Hamza les arrancaría las bolas y los haría tragárselas en represalia.

Omar dio un paso al frente, captando la atención de Hamza por la osadía.

—Jefe, desde que los Héroes se marcharon los guardias han rotado sus posiciones dos veces.

Lo harán una vez más dentro de veinte minutos, y eso dejará el Noroeste libre durante un tiempo.

Es el mejor momento para que salga de aquí— informó obedientemente.

Hamza dio una calada a su cigarrillo, estudiando al serio e indiferente Omar.

Un brillo de reconocimiento destelló en sus ojos, asintiendo lentamente.

—Bien.

Preparen el culo, porque no nos iremos en auto— advirtió Hamza, señalando la pila de basura en medio del grupo con una sonrisa divertida.

Sin necesidad de más órdenes, Omar tomó los paquetes más ligeros y se equipó antes que los demás reaccionasen a las implicaciones.

Les esperaba un largo viaje a pie.

Temerosos de provocar a Hamza, el resto de ratas tomaron los sacos más pesados en silencio y sin riñas, dirigiendo miradas afiladas a Omar.

Servicial, leal, pero también osado y cruel.

Las características de un subordinado capaz, uno que se asegura un puesto alto en la jerarquía de la organización.

Un papel ideal para un infiltrado.

Como había predicho Omar, los militares que custodiaban las zonas de refugiados hicieron el cambio de sector, una consecuencia del inmenso número de ciudadanos que cuidar.

Una gran porción de terreno quedó sin vigilancia y es el camino que los criminales seguirían.

Hamza iba al frente, caminando con prisa.

En cuanto se alejaran más de los últimos grupos de vagabundos, empezarían a correr.

Pasaron relativamente cerca de una de las hogueras improvisadas, donde el hedor a combustible y tela quemada era más intenso.

El hombre más grande miró a un lado, encontrando una linda jovencita alejándose de las cálidas llamas.

Sus ropas rasgadas le permitían a Hamza vislumbrar los jugosos muslos que tenía y un pensamiento audaz cruzó por su mente.

Necesitaría carne suave y tierna para aliviar el estresante viaje.

—¡Pss, Omar!— llamó en un susurro bajo.

Omar hizo una mueca al mirar a la chica, previendo lo que le exigirían.

—¡Tráeme a esa muchacha!— ordenó Hamza sin escrúpulos.

Omar maldijo su suerte y buscó rápidamente una excusa para no hacerlo.

Nada le vino a la cabeza y empezó a moverse antes de que Hamza se enfadara.

No podía permitirse echar a perder meses de duro trabajo.

No podía traicionar las expectativas y la inversión de la ADG.

Él tenía que encontrar la ubicación de Qasar al-Zill, cueste lo que cueste.

Justo cuando Omar se movió para interceptar a la niña inocente, una figura incluso más pequeña se interpuso en su camino y le sujetó la muñeca, apretando con tal fuerza que Omar casi gritó de dolor.

—¡NGH!— gimió en su lugar, viéndose repentinamente zarandeado y arrojado sobre la arena con un golpe seco.

El aire se le escapó de los pulmones y la confusión invadió su mente.

Permaneció en el suelo unos segundos, recuperando el aliento.

Miró a la pequeña mano que se aferraba a su muñeca, así como al propietario de la misma.

Un niño.

Omar fue derribado abruptamente por un niño envuelto en telas.

Hamza y su grupo se congelaron en sus lugares, contemplando la escena con incredulidad.

El niño caminó hacia ellos con paso tranquilo, arrastrando al quejumbroso Omar por la arena.

—Hmmm, como que te he visto en algún lugar…— comentó el chico, mirando de pies a cabeza a Hamza.

Omar finalmente fue soltado y rápidamente se incorporó, alejándose del desconocido.

El infiltrado miró entre su Jefe y el infante, encontrando una expresión de horror en el rostro de Hamza.

—¿¡T-t-tú!?— jadeó el hombre más grande, abriendo los ojos de par en par.

El chico se quitó las prendas que ocultaban su cara, mostrando un ceño fruncido y poco divertido.

—¿Cómo que “tú”?

¿Se te olvidó el respeto o algo así?— inquirió secamente.

Para sorpresa de Omar, Hamza se lanzó a la tierra de rodillas y se inclinó.

—¡P-perdóneme, sir Leonardo!— exclamó el hombre de repente, llamando innecesariamente la atención de los agotados civiles de Sharurah que aún los rodeaban.

En respuesta, el niño se abalanzó sobre Hamza y le propinó un golpe en la cabeza, enterrando su cara en la arena.

—¡SHHH!— ordenó con fastidio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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