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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 22

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22: Trayendo Al Enemigo 22: Trayendo Al Enemigo  Leonardo despertó de un merecido sueño reparador, encontrándose con un leve bamboleo de su no tan cómoda cama de bolsas.

El sol de la mañana golpeaba su cara, la brisa fría empezaba a dejar de ser fría y la omnipresente arena golpeaba su cuerpo constantemente.

Los hombres gruñían por lo bajo, tirando del trineo/cama en el que dormía.

—Alto alto, cálmense ahí— llamó Leonardo con un bostezo.

A sus palabras, los ayudantes de Hamza se detuvieron y suspiraron de alivio, recuperando el aliento.

Más al frente, el propio Hamza detuvo su marcha y se volvió hacia él, revelando un Rafael todavía inconsciente envuelto en alfombras manchadas y probablemente infectadas, siendo cargado como una princesa por el grandulón.

Leonardo se estiró y se levantó, encontrando rigidez e incomodidad en todo su cuerpo.

Necesitaría más que una siesta para volver a su 100%.

—¿¡Sir Leonardo, todo está bien!?— preguntó Hamza, acercándose rápidamente.

En todo momento, llevó a Rafael con sumo cuidado, como una valiosa pieza de cristal.

—Sí sí~ ¿Qué hora es y dónde estamos?

¿Ah, tiene alguno de ustedes pasta dental?— Leonardo desestimó las preocupaciones del contrabandista, más preocupado por limpiar su boca y llegar lo más rápido posible a Qasar al-Zill.

La última semana fue agotadora, física y mentalmente.

Adentrarse en una madriguera subterránea de bichos gigantes, escapar de ellos, llevarlos a la superficie y provocar un genocidio a tal punto que los Guardianes del Globo y el mismísimo Omni-Man tuvieron que intervenir fue una experiencia más que alucinante.

Una que preferiría no repetir en el corto plazo.

Ver en acción al Viltrumita hizo que Leonardo se diera cuenta del verdadero lío en que iban a meterse en el futuro.

Tras salir del cerco de mandíbulas con ayuda de los Guardianes y correr lo más lejos posible del bombardeo aéreo, Leonardo se tomó un respiro para contemplar a los Héroes en su lucha encarnizada.

Las detonaciones los obligaron a retirarse, pero no a Omni-Man.

El bigotón se convirtió en una mancha roja y blanca, cargando entre las filas de ciempiés a varias veces la velocidad del sonido.

Su duro físico le permitió atravesarlos con desdén, mientras el aire desplazado a su alrededor destrozó a los más pequeños.

Omni-Man ni siquiera tuvo que usar los puños.

Sólo voló de un lado a otro entre la marea de quitina, enviando tierra, caparazones, mandíbulas e icor a volar por los aires.

Un espectáculo visual, una demostración de poder desalentadora para Leonardo.

—¿Sir Leonardo, tomará la pasta?— preguntó el tipo identificado como Omar, sacando a Leonardo de sus recuerdos.

Limpió y refrescó su boca lo mejor que pudo, encontrando agradable al servicial sujeto.

Fue idea de él improvisar una cama para Leonardo la noche anterior, e incluso se ofreció a tirar de ella un buen tramo.

De ese modo los sacos de cargamento se convirtieron en la cama del chico.

—Es un buen tipo, Hamza.

Cuídalo, me aseguraré de que Amira le recompense como es debido cuando lleguen— insinuó Leonardo al contrabandista.

—Uh, eh, como usted diga— Hamza asintió torpemente, entregándole a Rafael con cuidado.

Leonardo aceptó el paquete y se lo echó al hombro, exigiendo la dirección general de la ciudad.

Aunque había vivido los últimos años en Qasar al-Zill y salía constantemente con Rafael para explorar y entrenar, jamás se había alejado tanto.

Orientarse desde la frontera saudita-yemení no le resultaba tan fácil.

Fue un milagro haberse topado con el grupo de Hamza.

Leonardo había planeado dormir con las víctimas de Sharurah y buscar después a las lacras criminales para recibir direcciones.

Una vez que supo cómo se llamaba la ciudad que condenó sin querer, dedujo que podría encontrar a alguno de los agentes de los señores de distritos de Qasar al-Zill.

Sharurah era un punto importante para aquellos tipos, e incluso Amira tenía contactos allí.

—Bueno, me despido por ahora.

Me aseguraré que Fahd reconozca sus esfuerzos, muchachos.

¡Y no olviden pasar por alguno de los burdeles de Amira, se ganaron una noche gratis!— anunció Leonardo, despidiéndose de Hamza y sus hombres.

Salió disparado como una bala hacia las inmensas arenas, dejando una explosión en el lugar que bañó a los criminales.

Hamza maldijo para sus adentros, prometiéndose disfrutar esa noche gratuita.

Omar se mantuvo en absoluto silencio, estudiando la inesperada dinámica entre este grupo de contrabandistas y el niño llamado Leonardo.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –  —¿¡Un buen trabajo!?

¡Miles de inocentes murieron, el resto quedó en la ruina absoluta y apenas sobrevivirán en la mendicidad!

¡¡Eso no fue un buen trabajo, maldita sea!!— se quejó Inmortal con Cecil, respirando pesadamente.

El Director de la ADG se mantuvo impasible, dejando que el Héroe liberara sus frustraciones.

Poco podía hacer para aliviarlo, y no es que tuviese el deseo de darle palmaditas en la espalda como consolación.

—Contrólate, Inmortal.

La situación pudo escalar más y las consecuencias no se limitarían a un único pueblo— señaló Omni-Man, cruzado de brazos con una postura relajada.

Inmortal se volvió en su dirección con los puños apretados.

Una mirada irritada se clavó en Nolan y el Héroe dio un paso más cerca del Viltrumita.

—¿Y dónde estabas tú?

¡Si hubieras llegado antes, nada de esto habría sucedido!— gruñó Inmortal, señalando acusadoramente a Nolan.

—Estaba con mi esposa, luego de tres días consecutivos de apagar incendios por doquier.

¿Con eso te basta o quieres más detalles de mi vida personal?— insinuó Omni-Man.

Cecil puso los ojos en blanco y se interpuso entre los dos titanes.

—Es suficiente.

Nuestro trabajo es proteger a las personas que podamos proteger, no prevenir desastres que no hayan ocurrido todavía— recordó con tono tranquilo pero firme, mirando fijamente a Inmortal.

El Guardián respiró hondo, asintiendo en reconocimiento al Director.

—Lo siento.

Sé que haces más que los demás por este planeta— se disculpó con Nolan tras un momento.

—No te preocupes.

En mi cultura solemos ver el lado bueno de las cosas, incluso en las tragedias.

Se perdieron vidas, es cierto, pero también salvamos otras.

Hicimos lo mejor que pudimos, y eso es lo más valioso, Inmortal— aconsejó Nolan descaradamente, vendiendo la mierda a los Guardianes que lo oyeron.

Cecil resistió el impulso de hacer una mueca.

Despidió y agradeció a Nolan por su ayuda, quedándose solo con los Guardianes en su base.

—Si te hace sentir mejor, hay una forma de ofrecer ayuda a esas personas sin que Arabia Saudita obstaculice el proceso— comentó Cecil tras un rato, capando la atención de Inmortal.

Activó un comando por voz y la computadora de los Guardianes se encendió, mostrando archivos clasificados de la ADG y un mapa en tiempo real de Rub al-Khali.

—La ADG ha estado lidiando con un problema en la Península Arábiga.

Hace tiempo, el Mercado Negro contaba con rutas más o menos predecibles que planeábamos cortar.

Un suministro de armas, tecnología, artefactos místicos, drogas, personas, etc.

Pero algo sucedió en la última media década.

De repente las rutas cambiaron, el movimiento tambaleó y algunos incluso colapsaron, mandando a la mierda años de investigación minuciosa.

Al principio lo atribuimos a un cambio de gestión, un nuevo cabecilla apoderándose de los negocios turbios de otras ratas.

Esa idea se esfumó con el tiempo.

El patrón era aleatorio, caótico.

Como si una riña desgastara a los encargados de ese punto de las rutas.

Enviamos operativos a infiltrarse a todos los rincones de la Península, y la mayoría apuntaban al mismo lugar: El Desierto.

Nuestra investigación determinó que existía una ciudad fuera de todos los registros y mapas.

Un lugar de reunión para el crimen organizado, para mercenarios y contrabandistas.

Utilizamos los satélites para escanear Rub al-Khali, pero no encontramos nada.

Utilizamos agentes, pero siempre eran descubiertos o nunca ascendían lo suficiente como para ganarse el derecho a ir a este lugar.

Hasta ahora, al menos— explicó Cecil a los Guardianes, añadiendo un panel con un perfil de su único agente exitoso.

Era el rostro de Omar.

—Uno de nuestros infiltrados en Sharurah dejó un mensaje en el campamento de refugiados.

Obtuvo la oportunidad de viajar con un contrabandista hasta Qasar al-Zill y actualmente monitoreamos su movimiento— Cecil activó otro comando y el mapa del desierto fue marcado con un punto rojo.

—Tipos malos, lo entendemos Cecil.

¿Pero esto cómo ayudará a los damnificados?— inquirió War Woman.

—Los Saudíes forman parte de dicha red.

Desconocemos hasta que punto, pero están involucrados.

Sin embargo, si ustedes son los que asaltan la ciudad oculta en lugar de la ADG, El Rey de Arabia Saudita no podrá reclamar una mierda y todo el botín podrá usarse para ayudar a los afectados de Sharurah— respondió Cecil con un encogimiento de hombros.

Los Guardianes entrecerraron los ojos sobre el punto rojo en el mapa.

La sugerencia de Cecil era aceptable y de todas formas acabarían con una red criminal masiva.

Qasar al-Zill pronto recibiría visitas inesperadas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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