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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Gran Costo Gran Beneficio
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23: Gran Costo, Gran Beneficio 23: Gran Costo, Gran Beneficio  A Rafael le habría encantado tener una epifanía en su estado de inconsciencia.

Una revelación, un recuerdo dramático y conmovedor de su primera vida que le ayudase a comprender mejor el poder que manejaba actualmente.

No hubo nada de eso.

En un momento estaba volando por los aires, lanzado sin consideración alguna por aquel que llamaba su amigo contra una monstruosidad.

Entonces algo bloqueó su visión.

La piel le quemó, los órganos se movieron bruscamente debido a la desaceleración repentina, seguida inmediatamente por un empuje el doble de fuerte hacia la dirección opuesta.

Los niveles de dolor que sintió y la sacudida en su cabeza fue suficiente para desmayarlo.

No sintió el mal aterrizaje, ni el rescate de Leonardo.

No sintió la huida del campo de batalla, ni el viaje de retorno a la ciudad oculta.

Simplemente despertó con el estómago rugiente, las extremidades adormecidas y una picazón enloquecedora en todo su frente.

Lo primero que vio fue un techo blanco y aburrido.

Lo primero que oyó fue el movimiento de líquidos espesos.

Lo primero que olió fue un tubo de plástico.

No tardó en darse cuenta que se encontraba en un tanque de líquido que aceleraba la recuperación.

Un constructo útil pero no tan milagroso como le gustaría, diseñado por una peculiar mente maestra que ambos se encontraron un par de años atrás.

Estaba lejos de ser un medio de curación súper novedoso y avanzado.

Rafael apostaba que la ADG tenía mejor tecnología para estas cosas, pero él no iba a quejarse.

Sin prisa, movió su mano para alcanzar un sensor dentro del tanque.

Era el medio por el cual informaban a los de afuera que lo sacaran y le dieran comida de verdad.

En cuestión de un par de minutos, un rostro curtido y barbón con gafas grandes y redondas se asomó por el cristal del tanque.

Rafael, preparado de antemano, hizo el gesto con el dedo medio.

Los sistemas del tanque se activaron y el líquido nada barato fue drenado a través de las numerosas tuberías.

Viajaría a un depósito para ser examinado, descontaminado y reutilizado más tarde.

—Hakim…

¿Qué porquería me estabas dando?

¡Muero de hambre!— se quejó Rafael nada más quitarse la mascarilla para respirar, escupiendo el líquido nutritivo que le era suministrado oralmente.

El cristal se deslizó con un siseo y los sonidos de la maquinaria del exterior asaltó a Rafael, sorprendiéndolo por la intensidad.

El hombre se apresuró a ayudarlo, desconectando los cables pegados a su cuerpo rápidamente.

—M-mis disculpas, Lord Rafael.

Sir Leonardo me dijo que usted no había comido en varios días— explicó Hakim nerviosamente, apartándose para dejar que Rafael se incorporara.

Rafael parpadeó un par de veces, procesando la información.

Hizo una mueca y taladró a Hakim con la mirada, poniéndolo más nervioso que antes.

—¿¡Ese hijo de puta no me alimentó!?— exclamó, ofendido por el pésimo servicio al inconsciente.

No era la primera vez, debido a esa estúpida regla que sólo Leonardo seguía.

A Rafael le dolía ser el único que ofrecía sincera y pura amistad en la relación, sacrificando su integridad al darle de comer a Leonardo en sus momentos más vulnerables.

—Ejem, bueno…

Por lo que escuché, no hubo tiempo para ello.

Probablemente Sir Leonardo tampoco comió— añadió Hakim por lo bajo.

—Sí claro— resopló Rafael.

—Bueno, yo me voy a comer.

Prepara el tanque, lo necesitaré luego— ordenó distraídamente al científico, pasando a su lado con las manos sobre el estómago.

De verdad tenía mucha hambre.

Sin embargo, Hakim no había terminado con él y se apresuró a seguirlo.

—¡Espere, Lord Rafael!

—Habla y camina Hakim, somos criaturas capaces de hacer ambas cosas a la vez— sugirió Rafael aburridamente, sin aminorar el paso.

—¡L-lo entiendo, es sólo que…

Eh bueno, usted sabe, mi hermano Rashid salió con ustedes y, uh, y parece que no regresó!— explicó el hombre torpemente, temeroso de fastidiar demasiado con sus quejidos.

Rafael se detuvo en seco, ladeando la cabeza para recordar.

Un destello de comprensión brilló en sus ojos al ubicar el nombre.

—Sííí…

Claro, Rashid…— se volvió hacia Hakim, dedicándole una breve mirada de lástima antes de volverse indiferente.

—Tu hermano intentó escapar con documentos y registros de nuestro, hmm, cómo decirlo…

¿Historial médico?

Lo que sea, Rashid intentó vender información que no debía y fue ejecutado.

Dónde están sus restos es un misterio para mí.

—…

Hakim permaneció en un incómodo silencio, con la mirada perdida.

—¿L-lo mataron…

Ustedes mataron a mi hermano?— preguntó con un susurro y un leve y casi imperceptible rastro de incredulidad.

—¿El que nos traicionó?

Sí, lo matamos— señaló Rafael contundentemente.

—¿Es eso un problema?

—¡P-por supuesto que no!— Hakim retrocedió, alzando las manos para calmar a Rafael.

Ya sabía lo decisivo que era cuando se trataba de impartir castigos.

—Ni siquiera me caía bien— añadió en un susurro incluso más bajo que antes.

—¡Bien!— Rafael palmeó el brazo del hombre, sacudiéndolo más de lo que pretendía por accidente.

—Con eso resuelto, por favor prepara el tanque.

Siento que algunos huesos me crujen con sólo caminar— indicó nuevamente, despidiéndose del científico.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Lulu se movió tan pronto como recibió la notificación de Hakim.

Dejó a un grupo de asistentes a cargo del inventario de licores del burdel y trazó su camino rápidamente hacia la cocina, ordenando a las cocineras un banquete en específico; hasta el baño, donde ordenó que preparasen el lugar, las chicas que Rafael prefería y calentaran el agua; finalmente se dirigió a los aposentos del chico, donde seleccionó un conjunto de ropa casual para vestirlo.

No tardó más de cinco minutos entre cosa y cosa.

Ese tiempo de respuesta era inaceptable, pero las comunicaciones para cada uno de esos puntos fueron interrumpidas por las masivas cantidades de energía que requería la maquinaria subterránea de Hakim.

Era común que, tras cada regreso de Rafael y Leonardo, se dedicaran días para el mantenimiento del tanque y el líquido especial que estimulaba la regeneración, arrebatando muchas de las comodidades en el Palacio de Placer y las calles en sus alrededores.

Dado que todo pertenecía a Amira, y Amira pertenecía a los chicos, nadie podía quejarse.

Lulu descendió a la planta baja y salió al patio trasero, donde habitaba la jauría de perros de Leonardo.

Maldijo para sus adentros al encontrarse con Rafael a mitad del camino entre el viejo almacén que conectaba con el laboratorio subterráneo y el Palacio de piedra.

—¡M-mis disculpas!— saltó Lulu sobre el chico completamente desnudo y baboso, envolviéndole en las toallas que recogió previamente.

Lo cubrió como era debido y lo llevó en sus brazos con algo de esfuerzo.

Aunque era un niño, el robusto físico de Rafael lo hacía más pesado que el promedio.

—Tengo piernas, Lulu.

Puedo usarlas perfectamente— expresó Rafael mientras se aferraba al cuello de la joven.

Lulu sonrió.

—Ya lo sé, mi Señor— dijo complacientemente, llevándoselo al interior del Palacio.

—¿Quiere su baño ahora o prefiere comer primero?— inquirió ella, adivinando la respuesta en base al rugido que llegaba a sus oídos.

—Comida.

¿Puedes creer que ese maldito de Leonardo no me alimentó?

Juro que un día de estos me dejará morir y ni cuenta se dará— se quejó Rafael, empezando una diatriba sobre la irresponsabilidad del otro Amo de Lulu.

Experimentada y conocedora de su lugar, Lulu asintió silenciosamente a todo lo que salía de la boca de Rafael.

Finalmente, su Amo cesó los insultos que, de haber sido expresados por cualquier otro individuo, habrían requerido una ejecución inmediata en cuanto llegaron a la cocina.

Rafael devoró los platillos más rápidos que las cocineras pudieron preparar, distrayéndolo mientras lo más jugoso aguardaba.

Respetando el sagrado momento, Lulu se apartó y permaneció de pie en una esquina, observando a su Amo recuperar el vigor con cada bocado.

Le resultaba fascinante las ingentes cantidades de alimento que podía devorar.

Ver al pozo sin fondo que era Rafael ahora le hacía recordar la primera vez que presenció a ambos chicos comer.

Ella y Halima habían saltado con expresiones horrorizadas a la mesa, bloqueándoles los platillos.

A sus ojos, los niños que las salvaron iban a sufrir un coma alimenticio si continuaban así.

La comunicación solía ser un problema por aquel entonces.

La ramera de Amira tuvo que detener sus asuntos en múltiples ocasiones para actuar como traductora.

El tiempo y el esfuerzo permitieron que no sólo Lulu, sino también Halima y Amat aprendieran la lengua de sus Señores, así como Rafael y Leonardo se adaptaron al árabe bastante bien.

—Oye Lulu, avísale al imbécil que ya desperté.

Pero hazlo después de bañarme— ordenó Rafael antes de continuar con su comida.

Lulu sonrió cálidamente, asintiendo a su Señor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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