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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 24

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24: Un Dolor De Cabeza 24: Un Dolor De Cabeza  Hubo un tiempo en el que Amira soñaba despierta con la idea de sentarse en la mesa de los grandes.

De que su voz tuviera peso y resonara a lo largo y ancho de Qasar al-Zill.

Un tiempo, en el que su concepción de poder iba de la mano con el dinero, la autoridad y la importancia entre las ratas callejeras.

Que ser tan temida como deseada sería la base de su futuro.

Que todos aquellos arrogantes con egos del tamaño de continentes un día se arrodillarían ante su presencia, clamando por órdenes para cumplir.

Ahora sólo podía mirar al pasado y negar con decepción a su antigua forma de pensar.

Ahora se sentaba en la mesa de los poderosos, dándose cuenta que sólo eran ratas más gordas que las demás.

Ahora su voz tenía peso, no por méritos propios, sino porque detrás de ella se encontraban dos demonios sin una pizca de autocontrol.

Ahora gozaba de dinero que no podía gastar a su antojo, autoridad que no deseaba y un poder construido a base de sonreír y verse provocativa para un mocoso que ni siquiera tenía la capacidad de embarazarla.

Ahora esos hombres arrogantes a los que una vez tuvo que mirar desde abajo, en muchos sentidos, la miraban a ella con ojos suplicantes y cansados, buscando respuestas que Amira no tenía.

El amplio salón permaneció en silencio, interrumpido apenas por las respiraciones pesadas de más de una docena de hombres desaliñados.

Habían estado discutiendo largo y tendido por casi dos horas, sin llegar a una conclusión satisfactoria sobre el camino a seguir dadas las circunstancias.

¿Qué circunstancias?

Las que, a ojos de Amira, fueron provocadas por los imbéciles que se adueñaron de su libertad y desencadenaron la destrucción de un pueblo vital para sus operaciones.

Las noticias sobre Sharurah finalmente llegaron a oídos de Qasar al-Zill y sacudió el ya tambaleante orden de la ciudad oculta.

Gran parte de los negocios que involucraban drogas y licor tenían puntos de contacto en Sharurah, entre otros rubros consumidos por la gente de este pozo putrefacto.

Sin embargo, el problema y la raíz de esta reunión no yacía en la pérdida de Sharurah, ni del cargamento que había allí al momento de la destrucción.

Tampoco estaba relacionada con el ejército de monstruos bajo las arenas que pisaban.

El verdadero mal que aquejada los corazones de estos señores del crimen eran los Héroes que entraron al desierto.

Más que su abrumador poder, era el monstruo que se ocultaba tras las capas y los trajes ridículos.

Rumores en su mayoría.

Desconocido para casi todo el mundo.

Una certeza para unos pocos.

Entonces surgía la pregunta: ¿Qué hacer ahora?

Amira suspiró para sus adentros, humedeciendo sus labios con el vino que le sirvieron tan amablemente.

Puso a trabajar su mente, considerando todos los ángulos posibles.

Ella se encontraba en una posición incómoda.

Jamás escuchó nada respecto a una organización de gran alcance que trabajase en conjunto con los Héroes más famosos hasta hace unos años.

La llegada de Rafael y Leonardo y su consecuente guerra con los mercenarios de la ciudad hizo que Amira se convirtiese en una especie de representante.

Una figura con autoridad, y como tal, se codeó con figuras del mismo rango con mayor frecuencia.

Recopiló información aquí y allí, recogió rumores, chismes, historias.

El crimen organizado que llegaba de Europa y otros lugares solían tener en mayor estima a esta organización que los incultos nativos de este arenero.

Nadie sabía de qué se trataba.

Nadie sabía si era real, nadie tenía pruebas.

Por eso estos idiotas habían estado discutiendo.

—¿Y bien, Sheikh Amira?— inquirió Ilja Rostov, un cabecilla de contrabandistas ruso.

Amira se había quedado sin tiempo y debía dar una respuesta.

—Pienso que tomar una decisión ahora sería apresurado— empezó ella tentativamente, estudiando las expresiones de los demás.

—Aunque los Guardianes y Omni-Man entraron en el desierto, no tienen motivos para quedarse y recorrerlo de extremo a extremo.

—Tch, una mujer indecisa, vaya sorpresa— resopló Fadh, un rival directo de Ilja y un barbón asqueroso nativo de las arenas.

Detestaba el mero hecho de sentarse en igualdad de condiciones con Amira, y peor aún estar por debajo de ella en autoridad.

El ruso frunció el ceño, mirando con fastidio al árabe.

—Una mujer que habla con cordura, drogadicto estúpido— replicó Ilja.

—¿¡Cordura!?

¿¡Los estúpidos Guardianes encuentran miles de bichos enormes en el desierto, y tú piensas que no investigarán más a fondo para ver de dónde carajo salieron!?— arremetió Fadh, exasperado con su oponente.

—No, no lo harán Fadh.

Son Héroes americanos, se concentran más en América y sus amenazas.

Terminaron el trabajo en Sharurah, se largaron, fin de la historia— se repitió Ilja, hablándole al árabe como si fuera un retrasado.

Este último notó la burla y se enfadó, lo que llevó a ambos hombres a otra discusión innecesaria que Amira no se quedó para escuchar.

—Caballeros, me temo que tengo asuntos que atender.

Propongo una segunda reunión para decidir cómo responderemos— dijo la Sheikh antes de irse apresuradamente.

Amira no tomaría una decisión sin consultar primero con sus asociados.

Quizás, Leonardo y Rafael tengan una perspectiva más clara de las cosas ya que estaba segura que esos dos fueron la causa del incidente en Sharurah.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   —¿Dónde se metió Rafael ahora?— Amira se acercó a Leonardo, quien jugaba con su jauría de perros en el patio trasero del Palacio de Placer.

La Sheikh saludó brevemente a la silenciosa Amat, casi considerada la garrapata oficial del chico.

Rara vez se los veía separados, incluso cuando dormían.

No había visto a ninguno de los dos mocosos en varias semanas, cosa que evitaba hacer constantemente.

Sólo recibía informes de ausencia y llegada, y en algún punto dejó de preguntarse a dónde iban y por qué siempre regresaban heridos.

—Ayer despertó y dijo que tenía algunas cosas que revisar— Leonardo se encogió de hombros, más interesado en jugar con sus mascotas.

Amira suspiró, no dispuesta a indagar más en el asunto.

Mientras Rafael la devoraba con la mirada en cada ocasión, Leonardo la ignoraba completamente.

Sólo acudía a ella cuando necesitaba algo, y pocas veces se explicaba.

—Bueno, escucha y escúchame atentamente por favor— empezó, captando la atención de su Amo menos cooperativo.

—Los Señores de Distrito discutieron hoy algunas cosas y están en el proceso de votar por los siguientes movimientos de la ciudad.

Me ayudaría muchísimo si pudieses darme algo de información antes de decidir.

Amira atacó con ojos suplicantes y un tono que destellaba la fragilidad de una mujer en apuros.

Herramientas útiles para emplear contra todo lo que tenga pelotas entre las piernas.

Leonardo alzó una ceja, mirando confundido a la Sheikh.

—Hmm, no sé qué información crees que tengo, pero continúa— concedió finalmente.

Amira sonrió para sus adentros.

—Verás, a algunos les preocupa que la existencia de esos monstruos del desierto mantenga a los Héroes patrullando las arenas.

Seres como Inmortal, Red Rush y Omni-Man podrían cubrir Rub al-Khali en cuestión de horas y terminar encontrándonos por accidente.

—…¿Héroes, Monstruos?

Amira, no tengo idea de lo que…— Leonardo intentó desprenderse de cualquier responsabilidad, pero tanto Amira como Amat lo miraron inexpresivamente.

Alzó las manos en rendición, preguntándose internamente cómo carajo unieron los puntos sin que él abriese la boca desde que llegó a la ciudad.

—¡Bien bien, calmémonos.

En nuestra defensa, no sabíamos que había tantos bichos en los túneles cuando los encontramos!— aclaró rápidamente.

—No me importa eso, Leonardo.

Necesito saber qué viste en Sharurah.

¿Crees que los Héroes eliminaron toda la amenaza?

¿O que continuarán buscando en el desierto?

—Oh ya veo.

Nah, eso es cosa de la ADG más que de los Héroes.

Quiero decir, realmente mataron muchos en Sharurah, fue todo un espectáculo— Leonardo se encogió de hombros, descartando las preocupaciones de Amira con un gesto.

—Incluso si hubo bichos que sobrevivieron, Cecil no malgastará recursos para rastrear insectos bajo tierra.

—…

—…

Las palabras de Leonardo, lejos de tranquilizar a Amira, sólo la confundieron más.

Ambos se miraron durante casi cinco segundos, volviéndolo incómodo hacia el final.

Amira se recompuso, intentando buscarle sentido a la información que acababan de soltarle tan casualmente.

—¿Leonardo…

Qué es la ADG, y quién es ese Cecil del que hablas?— preguntó tentativamente.

Mientras el niño y la prostituta conversaban, un grupo de individuos agotados y maltrechos se acercaban a la ubicación de Qasar al-Zill montados en camellos.

Dirigiendo la marcha con un porte mucho menos miserable que los demás, Hamza divisó las inmensas dunas que actuaban como tapadera natural para la ciudad oculta.

No pudo evitar que una sonrisa leve se le escapara de los labios.

El viaje fue duro y las condiciones del Desierto deplorables.

Ahora no deseaba más que terminar la entrega apresurada, explicar la basura a su jefe, y dormir con un par de mujeres en sus brazos.

—Me aseguraré que el mocoso pague…— pensó lascivamente, recordando la promesa de Leonardo.

Si tenía suerte, hasta podría conseguir que la propia Amira lo atendiera.

Sus ensoñaciones se vieron interrumpidas por un agudo pitido que asaltó sus oídos de repente, agitando incluso a los camellos.

Todos se sobresaltaron, mirando de un lado a otro con confusión.

Hamza tardó un momento en reconocer de qué se trataba, pero en cuanto el hecho se asentó en su mente entró en estado de alerta.

—¡Que nadie se mueva!— bramó el hombre, lanzándose de su montura rápidamente.

Un instante después, un destello azulado impactó al camello en la nuca, volándole la cabeza.

Desde más atrás en el grupo, Omar chasqueó la lengua y rápidamente disparó su pistola láser a los demás miembros del grupo.

El chorro de plasma alcanzó a uno de sus colegas en la cara, matándolo al instante.

Otro recibió un tiro en el pecho que le atravesó el cuerpo de un lado a otro, cocinando sus pulmones.

—¡¡Traidor!!— escupió otro miembro del grupo, desenfundando una pistola para responder al fuego de Omar.

El agente se cubrió detrás de su bestia, preparándose para saltar y abatir al resto de enemigos.

Tardía fue su reacción, pues Hamza cargó con sorprendente sigilo y lo tomó desprevenido.

El contrabandista rodeó al camello asustado y clavó una bala en Omar, justo en la cabeza.

El agente perdió la vida al instante, pero su misión se completó con éxito.

A miles de kilómetros de distancia, el operativo de la ADG que monitoreaba el movimiento de Omar se topó con la repentina desaparición de la señal en el momento en que el agente entró en el campo de interferencia de Qasar al-Zill.

Sin perder el tiempo, contactó a Cecil e informó lo ocurrido.

Cecil alertó a los Guardianes y el equipo de Héroes se reunió lo más rápido posible.

La ciudad oculta recibiría una visita desagradable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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