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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 25

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  3. Capítulo 25 - 25 Tormenta Antes De La Tormenta
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25: Tormenta Antes De La Tormenta 25: Tormenta Antes De La Tormenta  Qasar al-Zill nunca se mantuvo oculta por pura suerte.

Sus habitantes no se limitaban sólo a escoria criminal desplazada de sus lugares de origen.

Aunque era un destino poco atractivo para individuos con verdadero poder y recursos más vastos, una madriguera seguía siendo una madriguera y en el amplio mundo siempre habría ratas dispuestas a esconderse en los peores agujeros.

Genios de todos los ámbitos iban y venían de la ciudad oculta, algunos por contrato y otros por necesidad.

Estos individuos eran altamente valorados y en ocasiones eran incluso más intocables que los jefes de las mafias y contrabandistas.

Nadie se atrevía a ofenderlos ya que los necesitaban.

Durante su primer año de vida en este agujero caluroso, Leonardo aprendió que fueron algunos de estos científicos villanos de caricatura los que implementaron el sistema de defensa de la ciudad.

Se las arreglaron para ocultar la obvia firma de calor que emite, hicieron algo con el terreno de la ciudad y sus alrededores para doblar las ondas de radar satelitales, salpicaron en todas direcciones fuera de la ciudad sensores que alertaban de la presencia de chips o emisores de pings no autorizados.

Por eso nadie salía o entraba de Qasar al-Zill en auto, ni con teléfonos celulares, computadoras, etc.

Sólo aquellos con permiso podían hacerlo.

Sin embargo, Leonardo y Rafael siempre supieron que tal nivel de protección y ocultamiento, por muy impresionante que sonara, no impediría que la ADG terminara encontrándolos.

Por eso Leonardo no se sorprendió cuando Amira entró en pánico a su habitación, balbuceando tonterías sobre un incidente en las afueras de la ciudad.

—¡No puede ser coincidencia, no no no!— expresó con el rostro tenso, caminando de un lado a otro mientras Leonardo se perdía momentáneamente en el salvaje movimiento de su parachoques.

Se sacudió los pensamientos indebidos, pues Rafael ya había reclamado la propiedad sobre la morena.

Lo que no era suyo no lo tocaría.

—¿Y cuál es el problema?

No te veías muy convencida cuando te hablé de la ADG— señaló con tono monótono, intentando calmar a la mujer con lógica.

Errada, pero no iba a discutir hechos narrativos con un elemento narrativo de dicha narración.

Sus palabras sin embargo, no mejoraron el humor de Amira.

Ella se abalanzó sobre él con una mirada medio enloquecida, aferrándose a sus hombros con toda la fuerza que sus delicadas manos le permitieron.

—¡E-escucha, sé que fui irrespetuosa contigo antes y de verdad lo lamento, pero necesito que me acompañes para verificar algunas cosas!

¿¡Podrías por favor, por favor por favor, venir conmigo!?

—…Amira, respira hondo primero— sugirió Leonardo, posando sus manos en las mejillas de la mujer.

Le dedicó una mirada llena de seguridad y calma, indicándole sin palabras que no debía preocuparse.

La alterada Sheikh asintió lentamente, tomándose unos segundos para calmar sus emociones.

—Sí…

Entiendo lo que dices, lo siento— suspiró, dejando salir algo de tensión y recobrando su compostura poco a poco.

Para aliviar parte de la carga de la mujer, Leonardo accedió a acompañarla en la reunión de emergencia que se iba a llevar a cabo inmediatamente.

Parecía que el susto de Amira también lo compartieron los otros mercenarios y contrabandistas de la ciudad.

Pánico y hombres armados no era buena combinación.

—¿Oye…

Estás realmente seguro que detrás de los Héroes está esta Agencia de Defensa Global de la que hablas?— preguntó la Sheikh mientras subían al auto.

—No tengo pruebas para demostrártelo Amira, ni a nadie más.

Pero sí, la ADG existe y sí, existe la posibilidad de que algún día descubran esta ciudad y envíen fuerzas para destruirla.

Eso no significa que vaya a ocurrir hoy— respondió Leonardo con honestidad.

Amira permaneció en silencio un rato, digiriendo las palabras.

Creerle algo así a cualquiera habría sido estúpido.

Creerle algo así a un niño era peor que estúpido.

—…¿Y cómo sabes que eso no es lo que está ocurriendo ahora?— preguntó de todos modos.

Aunque dudosa, Amira aprendió con los años a no tomar a la ligera las tonterías de ambos chicos.

A veces.

—Es un poco inverosímil que te enteres de la existencia de la ADG el mismo día que ellos te descubran y envíen sus fuerzas para destruirte— Leonardo se encogió de hombros.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Mientras el Jet de los Guardianes del Globo surcaba el cielo en dirección a Qasar al-Zill para destruirla, la ciudad misma entraba en un estado de confusión, pánico y alerta.

La reunión a la que asistieron Amira y Leonardo había empezado con tensión y malas miradas en dirección al demonio con cola.

Los Señores de Distrito de todos los bandos observaron el interrogatorio en vivo de Hamza y los hombres sobrevivientes de su grupo.

Debido al mal momento, el humilde y honrado contrabandista/asesino a sangre fría fue sometido a tortura para asegurar que hablara con la verdad y sólo la verdad, con sus patrones como testigos y su vida en la mesa.

Entre gritos, llantos y sangre, el hombre contó todo lo que sabía del sujeto llamado Omar.

Un mendigo de Sharurah, torpe pero obediente.

Comenzó a trabajar como el responsable de limpiar los baños que usaban en el almacén donde se guardaban las drogas traídas a Qasar al-Zill, y desde entonces escaló en la jerarquía.

No había apellidos, no había historial, contactos, conocidos fuera del trabajo.

Un fantasma sin pasado, como casi todos los involucrados con la ciudad oculta y sus negocios.

Hamza no entregó información valiosa, cosa que hizo enojar a Fadh, su jefe.

El pobrecito contrabandista/asesino a sangre fría fue ejecutado en el lugar.

Lo siguiente fue la examinación del cuerpo y el dispositivo que hizo sonar las alarmas en primer lugar.

Allí fue cuando todo empezó a irse a la mierda.

Según el diagnóstico del doctor tecnología designado para la tarea, el diminuto trasto incrustado en la boca como un diente falso era un emisor de señal.

Una señal cuyo destino se encontraba en el cielo y más allá de él.

Tal y como adivinó Leonardo, la gente se alborotó.

Gente con armas, en eso.

Que un espía intente infiltrarse en la ciudad era raro.

Había ocurrido antes, pero jamás en estas condiciones.

La sesión se levantó sin una conclusión definida, pues los hombres en el poder simplemente se levantaron de sus lugares y se fueron para escupir órdenes de emergencia a sus subordinados.

A algunos no les gustó el comportamiento poco profesional de los cobardes.

Las amenazas y las burlas fueron lanzadas, y las respuestas poco entusiastas fueron devueltas.

Dos señores menores se enzarzaron en una discusión acalorada que terminó, para sorpresa de nadie, en un tiroteo entre sus grupos.

Al final, los más escépticos se vieron obligados a tomar medidas por culpa de los que entraron en pánico y en cuestión de media hora, Qasar al-Zill se convirtió en un hervidero de actividad.

Armas sacadas de los almacenes, búnkeres en preparación, aeronaves listas para salir en cualquier momento, mercancía reunida y empacada, negocios cerrando en todas partes.

Los grupos mercenarios independientes vieron una repentina ola de solicitudes de contrato millonarias.

La Ciudad Oculta empezaba a ceder ante el caos, y los Héroes ni siquiera habían puesto un pie en sus fronteras.

Incluso Amira se vio arrastrada por la corriente y empezó sus preparativos para huir con la cola entre las patas si lo peor llegaba a suceder.

Dado que sus bienes más valiosos eran las prostitutas, le resultaba un poco imposible la logística al momento de sacarlas de manera segura.

Por su parte, Leonardo encontró a Halima y le dijo que informara a Lulu y a Amat que se escondieran en el laboratorio de Hakim si la situación en la superficie escalaba a peor.

Después se fue a dormir.

Sea o no la ADG, lo más valioso para Leonardo eran Rafael, las chicas y sus perros.

E independientemente de quien viniese, si es que viniesen, él los enfrentaría de todos modos y ganaría tiempo para que Amira organizara el escape de sus rameras.

Más allá de las lindas y amables mujeres que lo atendieron, el resto de Qasar al-Zill podía irse al carajo en lo que a él respectaba.

Si no eran los Héroes, Leonardo podría manejarlos.

Si eran los Héroes, entonces una ciudad de criminales sería limpiada y todas aquellas personas traficadas se salvarían.

Era un ganar-ganar de todas formas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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