Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!?
  3. Capítulo 26 - 26 A Las Puertas De La Ciudad Oculta
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: A Las Puertas De La Ciudad Oculta 26: A Las Puertas De La Ciudad Oculta  Darkwing analizó los datos enviados por última vez al satélite de la ADG desde Rub al-Khali.

La ruta trazada a lo largo de la última semana sugería un recorrido a velocidad de caminata humana en cierto tramo, completado después por bestias de carga.

La zona donde el rastreador del agente perdido emitió señal por última vez era constantemente escaneada por los satélites de la ADG y el suyo propio, sin éxito.

El Héroe de Midnight City frunció el ceño.

La tecnología capaz de evadir sus recursos era una cosa, pero ni todas sus herramientas serían suficientes para compararse con la ADG en toda su disposición.

¿Cómo entonces lograron un grupo de meros contrabandistas del desierto eludirlos tan absolutamente?

Las posibilidades, dada su experiencia, iban desde tecnología extremadamente avanzada, humana o no, hasta interferencia mística en el asunto.

No saberlo le molestaba al vigilante.

—¿Está todo bien, amigo Darkwing?— preguntó Martian Man de repente, rompiendo el silencio en la nave.

Todas las miradas se volvieron al Guardián que pilotaba.

—Por ahora sí— respondió Darkwing con su habitual tono plano.

—Oh ya veo.

Es que hacías esta cosa con la piel entre sus ojos que sueles hacer cuando algo no te gusta— señaló el alienígena, imitando el ceño fruncido.

—…

A su pesar, War Woman dejó escapar un resoplido e Inmortal intentó ocultar el temblor de sus labios.

Darkwing se rindió con un suspiro interno y decidió compartir sus inquietudes con sus camaradas.

Explicó la incongruencia resultante de una ciudad del crimen en medio del desierto.

Los problemas logísticos para el suministro de agua y alimentos, la comunicación con el resto de la red de contrabando internacional, la incapacidad de la Agencia más poderosa del mundo para encontrar no sólo a la ciudad en sí, sino a los viajeros que claramente iban y venían de la misma.

No tenía sentido que los satélites jamás hayan detectado personas transitando las inmensas arenas, ni siquiera una vez a lo largo de los años.

Claro que la ADG no destinaría tiempo y recursos para monitorear Rub al-Khali en la búsqueda de personas sospechosas en zonas sospechosas durante tanto tiempo, pero era demasiada conveniencia asumir que, en las ocasiones que sí lo intentaron, nadie hubiese salido o entrado a la ciudad oculta.

—¿Crees que la magia está involucrada en esto?— inquirió War Woman tras escuchar el análisis de su colega.

La idea era convincente.

—Si un hechicero pudo sumir una ciudad en la noche eterna, no veo por qué un hechicero no podría ocultar una ciudad de la vista de todos— asintió Red Rush, cruzándose de brazos con una sonrisa burlona.

—Sin mencionar el hechizo contra las emisiones térmicas, sonoras, contaminantes y el pago de impuestos.

—…Me gustaría conocer ese último— murmuró Green Ghost con tono lastimero.

Aunque el humor no redujo las sospechas de Darkwing sobre la naturaleza del lugar al que se dirigían, admitió para sí mismo que hizo el viaje más llevadero.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Darkwing y sus compañeros no se habían equivocado del todo.

En las entrañas de Qasar al-Zill se encontraba el gigantesco centro de captación de aguas subterráneas que era operado, en su gran mayoría, por víctimas de tráfico humano y programas absurdamente avanzados de gestión.

Un remanente de aquella enferma organización del bajo mundo que decidió construir una base secreta en medio de la nada, precursora de la ciudad actual.

Todos eran conscientes de su existencia.

Todos los altos mandos de todos los nichos repulsivos cooperaban con fondos para el mantenimiento del sistema, pues de esto dependía su acceso al líquido vital.

También era de sentido común que aquí se encontraba la única ruta de escape de la ciudad, un túnel que recorría el desierto y emergía cerca de las costas, utilizado para transportar gran parte de los materiales destinados a la infraestructura.

Sin embargo, no era lo único que moraba en sus profundidades.

Desconocido para casi todos los habitantes de Qasar al-Zill, la protección de la que gozaban contra la avanzada tecnología de la ADG no se limitaba a los ingenios de algunos lunáticos.

Había una constante emisión de energía antinatural proveniente del subsuelo.

Pulsos, como los latidos de un corazón.

Oleadas imperceptibles para el ojo, el oído, el tacto y cualquier otra herramienta humana, natural o artificial, viajaban a altas velocidades atravesando roca, metal y carne, ordenando a las máquinas de Cecil que ignorasen su existencia.

El origen de este poder trascendía la realidad.

No pertenecía a este plano, no seguía las mismas reglas.

Ella era un enigma que el mundo elegía no reconocer.

Acostada sobre la superficie del agua en la completa oscuridad, tan quieta que el líquido no notó el volumen ocupado, una mujer de rasgos finos abrió sus ojos lentamente, revelando orbes dorados luminosos que espantaron la penumbra.

Su consciencia en letargo regresó del vacío silencioso en el que se había inducido a sí misma.

Marcas en patrones espirales adquirieron luminosidad también, bañando su cuerpo desnudo en luz dorada y cálida.

Figura de ensueño, cabello negro y espeso, seco a pesar de estar en el agua.

Su piel morena a semejanza de las mortales nativas del desierto.

Los tatuajes brillantes comenzaron a girar poco a poco, como galaxias vivas.

Tejieron caminos aleatorios sobre su piel, siempre en movimiento.

Ella posó su mirada en el techo de piedra, atravesando las toneladas de material con su visión.

Escudriñó la superficie, invadiendo las mentes débiles de aquellos afectados por sustancias divertidas para descubrir el mal que aquejaba la ciudad.

Su sueño fue interrumpido por los constantes escaneos satelitales, lo que la obligó a invertir más energía para cegarlos.

Se preguntaba por qué los extranjeros de más allá de las arenas insistían en hurgar en sus asuntos otra vez.

Las respuestas encontrados fueron confusas, por decirlo menos.

Términos y conceptos mortales y mundanos que no comprendía del todo, ni le importaba hacerlo.

Era común que los animales se peleasen entre ellos.

El derramamiento de sangre era común por estos lares y a la mujer no le molestaba, sino todo lo contrario.

El dolor era parte de su alimento y las riñas entre los moradores de la ciudad servían como entretenimiento.

Pero esto era diferente.

No se sentía como el familiar temor de una sangrienta refriega entre mercenarios.

No, aquí había miedo genuino por la aniquilación.

¿Qué cambió en los últimos meses?

Ella no lo sabía.

La última vez que tales emociones brotaron en los pechos de quienes pudo leer fue cuando dos entretenidos mortales llegaron para sacudir los cimientos de la ciudad.

Aquellos fueron días divertidos.

Tras un rato de contemplación, la mujer decidió permitir que los acontecimientos sucedieran como sea que fueran a suceder.

Independientemente de la devastación, ella permanecería intocable y el orden se reestablecería por sí solo.

Los mortales superarían el caos, nuevos líderes surgirían y la ciudad oculta seguiría alimentándola con el sufrimiento de sus habitantes.

Nada podría alterarla.

Con tal pensamiento constatando su superioridad, la mujer volvió a cerrar los ojos y ajustó la emisión de energía de su cuerpo para mantener ciegos los patéticos artefactos de más allá del cielo.

Exactamente un segundo después, poderosas presencias entraron en su rango de detección, interrumpiendo su intento de descanso una vez más.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – –   Antes incluso que la criatura antinatural en las profundidades de Qasar al-Zill, el avanzado sistema de defensa detectó la aeronave de los Guardianes del Globo.

El Jet no intentaba ocultarse siquiera, a sugerencia de Inmortal.

Darkwing hipotetizó que el agente perdido no llegó a pisar la ciudad oculta, por lo que era probable que aún pudiesen esconderse de la vista.

—Que nos vean entonces.

Dispararán primero y así no tendremos que buscar— había dicho el líder de la agrupación.

No se equivocó.

En el momento en que la aeronave se adentró en el rango, las torretas emergieron del suelo y las dunas automáticamente, disparando una lluvia de proyectiles contra el objetivo.

Darkwing activó los escudos y aceleró abruptamente, localizando al instante la dirección general de Qasar al-Zill.

Grandes dunas de más de treinta metros eran en realidad las puntas de montañas de arena que se hundían en una especie de zanja gigantesca.

El cómo demonios un satélite no pudo ver eso, Darkwing no lo sabía.

Ya estando tan cerca, ni la tecnología ni la magia pudieron evitar que los Héroes observaran con sus propios ojos la densa urbe.

—Qué les parece…

¡Sí había una maldita ciudad en este infierno!— Red Rush silbó, impresionado.

Inmortal asintió estoicamente, caminando hacia la parte trasera del Jet.

—Comencemos entonces— ordenó con voz severa.

La plataforma descendió y los Héroes salieron al árido campo de Qasar al-Zill.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo