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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - 28 Enfrentando A Los Héroes
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28: Enfrentando A Los Héroes 28: Enfrentando A Los Héroes  —¡Nos tienen!— gritó un mercenario aleatorio al encontrarse cara a cara con Green Ghost.

Alzó su arma y abrió fuego, alertando a sus compañeros más cercanos del problema.

El Guardián fue el primero en darse cuenta del complejo sistema de alcantarillado y pasadizos bajo la ciudad.

Debido a sus poderes, se adentró en el subsuelo y encontró la amplia cámara que actuaba como terminal de Qasar al-Zill.

Un espacio donde se almacenaban los vehículos de los distintos Señores del crimen, utilizados para el transporte de cargamento pesado que no podía llevarse sobre las arenas del Desierto.

Si bien el ruido era ensordecedor en la cámara, poco a poco más armas se sumaron a la cacofonía de detonaciones y los destellos finalmente captaron la atención de Leonardo.

Él se encontraba sobre el toldo de un camión generosamente prestado (tomado a la fuerza) por un Señor de Distrito amigo suyo.

Había tenido que pedir prestado cuatro de esas cosas para acomodar a las poco más de 70 damas bajo el mando de Amira.

Jamás esperó tal cantidad de putas.

Estaban a unos metros de entrar en el túnel y sacar sus traseros de allí, por lo que ignoró a los afligidos traficantes y asesinos.

No se movería a menos que un Guardián viniese por él o alguno de los vehículos donde transportaban a las mujeres.

¿Rafael?

No tenía la más mínima idea de dónde estaba, pero él podía cuidarse solo.

En el peor de los casos, lo capturan y Leonardo tendría que rastrearlo y sacarlo del agujero donde Cecil lo metiese.

Se giró en su lugar con las piernas cruzadas, contemplando el pánico de los maleantes.

Qasar al-Zill estaba irremediablemente perdida, y él no iba a extrañarla en lo más mínimo.

La Ciudad Oculta ya no tenía nada para ofrecerle, ni a Rafael.

Lugares recónditos y olvidados de la mano de Dios existían en otras partes del mundo, por lo que el aislamiento conveniente para entrenar no era un problema.

Además, ya no les servían los enemigos de nivel 1.

Era momento de partir y encontrar desafíos más grandes.

—…Pero no tan grandes— se recordó Leonardo a sí mismo, negando cualquier impulso de saltar sobre el Héroe y entablar un combate.

No le temía a Green Ghost en lo absoluto, pero su presencia indicaba que los más fuertes pronto llegarían también.

Dudaba incluso de pelear con Samson, War Woman e Inmortal eran un rotundo NO por los momentos.

De repente, el camión bajo su trasero frenó sin previo aviso y casi le hizo caerse.

Las bocinas aullaron en todas direcciones y el humor de Leonardo se fue a la mierda.

Miró sobre su hombro y encontró un par de camiones grandes atascados, mientras los demás conductores intentaban empujarlos desde atrás.

Suspiró con fastidio y saltó para resolver el problema.

Alcanzó primero una camioneta igualmente atascada, metiendo sus manos por debajo y volcándola violentamente contra la pared.

En cuanto llegó al primero de los camiones, partió la unión entre el cajón y el vehículo, empujando ambas partes contra la pared también.

Finalmente llegó al último obstáculo, un bus escolar transformado en una abominación salida de Mad Max de tamaño medio.

—¡Espere espere, por favor Sir Leonardo no nos lastime!— chilló un sujeto, asomando la cabeza por una de las ventanas.

Leonardo se disponía a volcar el bus con indiferencia cuando un estruendo captó su atención desde la terminal.

Como esperaba, el resto de los Héroes llegaron.

Peor aún, Red Rush azotó como un destello carmesí e inhabilitó a docenas de hombres en segundos, acortando enormemente la tarea de los pesos pesados.

War Woman emergió de una nube de polvo y se adentró al túnel.

Leonardo sólo pudo concluir que pretendía derrumbar una sección y atrapar la mayor cantidad de ratas posibles.

Movimiento perfecto, de no ser porque Amira y las chicas que le importaban estaban entre esas ratas.

—¡Déjanos en paz, mocoso del demonio!— ladró otro tipo desde el interior del bus.

Quizás entró en pánico por el silencio de Leonardo, quizás por la irrupción de los Guardianes.

Independientemente de ello, el hecho es que sacó su arma por la ventana y disparó al chico a quemarropa, sacándolo de su lapsus.

Leonardo actuó rápidamente y corrió al frente del bus, hundiendo sus manos en el metal.

Tensó sus músculos y tiró del vehículo.

Sus pies se hundieron en el concreto mientras obligaba a las doce toneladas a moverse en un amplio arco con él en el centro.

La parte trasera chirrió contra la pared y algunos desafortunados al frente fueron empujados a un lado, dejando vía libre para los camiones que le importaban al chico.

—¡Ngh!— gruñó Leonardo, completando el semicírculo antes de levantar el pesado camión y arrojarlo contra la Heroína.

War Woman frunció el ceño, pero no se apartó.

Como Guardiana, no podía simplemente dejar pasar el bus y permitir que aplastara a las personas a su paso.

Mientras tanto, los vehículos detrás de Leonardo pisaron el acelerador y avanzaron apresuradamente, aprovechando el camino despejado.

Leonardo mismo atajó una camioneta y también la arrojó para distraer a Green Ghost, quien se acercaba rápidamente.

Maldijo para sus adentros.

Esperaba realmente salir de allí antes de que las cosas se complicaran.

Leonardo miró a su alrededor, considerando sus oportunidades para provocar un derrumbe aquí y detener a los Héroes.

En ese instante apareció un destello rojo en su visión periférica que lo sobresaltó.

Siempre tuvo dudas sobre la potencia de ese Velocista.

Al moverse tan rápido y no destrozarse a sí mismo, Red Rush debería poseer un cuerpo extremadamente duro.

Un cuerpo duro como el infierno más una velocidad alucinante daban como resultado golpes poderosos.

De ahí que pudiese causarle tanto daño a Omni-Man.

Hoy lo experimentó él mismo y encontró su respuesta.

Red Rush llegó a su posición en un segundo.

Dudó brevemente al darse cuenta que Leonardo era un niño, pero acababa de arrojar dos vehículos con personas dentro.

Un super humano, sin duda.

Decidió detenerlo.

Propinó una serie de quince puñetazos en un tiempo inferior a su acercamiento y toma decisión, todos dirigidos a la mandíbula del saiyajin.

Leonardo apenas reaccionó al tercer golpe.

Se movió para apartar al Héroe en el décimo y pateó el suelo frente a él en el décimo cuarto.

Una explosión de polvo y fragmentos de concreto finalmente alejó a Red Rush, pero los puñetazos conectaron efectivamente, cada uno con más potencia que el anterior en lo que el Héroe determinaba la resistencia de Leonardo.

El decimo quinto fue tan fuerte que logró empujarlo hacia atrás y lo mandó a rodar varios metros.

Y todo ocurrió en menos de un segundo.

—¿¡Qué mierda!?— Leonardo parpadeó varias veces, sacudiéndose la confusión.

No recibió daño real debido a la contención de Red Rush, pero su cerebro se agitó levemente y fue una sensación desorientadora.

Respiró hondo y se incorporó, encendiendo el Ki en su cuerpo más agresivamente.

La energía vigorizó sus músculos y mejoró su percepción, lo que le permitió detectar a Red Rush un poco mejor.

Pasó de ser un flashazo a un borrón de movimiento.

Potenciado, Leonardo agrietó el suelo y saltó en el aire, alejándose del Velocista.

Viajó como un proyectil hasta el techo del túnel, hundiendo sus dedos en el concreto para no caer.

Usó su mano libre para golpear con todas sus fuerzas el denso material.

Las grietas se extendieron como telarañas y la presión hizo ceder secciones del túnel.

Leonardo se movió a un lado y continuó golpeando la superficie, intentando sellar esta zona.

—¡Detente niño!— rugió War Woman, apareciendo de repente para embestir a Leonardo.

La Guardiana tacleó al chico, sacándole el aire.

—¡Suéltame!— gruñó Leonardo, alzando ambos puños y estampándolos en la espalda de la guerrera muchísimo más musculosa que la versión que él recordaba de la serie.

Si bien no logró que ella lo soltara de inmediato, sí que los hizo descender al suelo donde terminaron estrellándose con varios vehículos en huida.

Algunas personas salieron volando por las ventanas, lo que obligó a la mujer a dejarlo ir para evitar muertes.

Leonardo se incorporó nuevamente y trató de ascender para terminar el trabajo.

No alcanzó a tensar sus piernas para el salto cuando Red Rush volvió a atacar.

Una oleada de puñetazos cegadores zarandearon a Leonardo de un lado a otro, impidiéndole mantener el equilibrio.

Juraría que a Omni-Man apenas le hizo mover la cabeza en la serie, lo que decía mucho de la diferencia entre él y el Viltrumita en estos momentos.

—Oye chico— llamó el Velocista, clavando una patada en las costillas de Leonardo.

—Debes cesar— continuó con jabs a la mandíbula nuevamente, agitando la cabeza del saiyajin.

—La resistencia— concluyó con una patada a la parte posterior de su rodilla, obligándolo a hincarse.

Entre la sentencia entrecortada, la agitación y su mediocre entendimiento del inglés, Leonardo no entendió casi nada de la palabrería de Red Rush.

Lo que sí hizo fue enojarse por la impotencia.

Impulsado por el instinto y el deseo de detener al Flash pirata, Leonardo inundó sus piernas con una mayor concentración de Ki sin desperdiciar nada de la energía.

Salió disparado con un movimiento a alta velocidad, tomando desprevenido a Red Rush.

Y War Woman se interpuso en el camino, atrapándolo en una llave.

El musculoso brazo de la guerrera presionó el cuello de Leonardo contra su costado igualmente duro y firme.

La embestida hizo que ella trastabillara hacia atrás y cayera de espaldas, clavando a Leonardo de cara en el concreto.

Él se agitó lo mejor que pudo, intentando zafarse.

La monstruosa fuerza de la mujer le pareció insuperable.

La presión aumentó y Leonardo supo que estaba en problemas.

—¿¡Qué está pasando aquí!?— exigió Inmortal, llegando a la escena junto a Green Ghost.

—El niño es fuerte.

No tuvimos más opción que someterlo— aclaró Red Rush, explicando rápidamente la situación.

Inmortal escuchó pacientemente y asintió, fijando su mirada en el amplio túnel que no parecía tener final.

—Bien, sigue el camino y averigua el destino de este túnel— ordenó a su Velocista.

Leonardo entendió fragmentos de la conversación mientras el aire empezaba a escasear.

Su resistencia disminuía y pronto perdería la consciencia.

En ese momento, una voz familiar alcanzó sus oídos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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