Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Enfrentando A Los Héroes II
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29: Enfrentando A Los Héroes II 29: Enfrentando A Los Héroes II Rafael había estado ocupado adquiriendo un avance significativo en sus habilidades y comprensión del Ki.
Odiaba el término porque sonaba a mierda de cultivo chino, pero no tenía otra forma de llamarlo.
Durante años, una de las habilidades que más desearon fue la de volar por obvias razones.
Surcar los cielos a voluntad era un sueño húmedo, pese a lo normalizado que estaba en la ficción.
No olvidaron los otros beneficios del Ki, como las ráfagas de energía o la siempre ignorada telequinesis.
Costaba creerlo, pero la telequinesis era un hecho en Dragon Ball poco explotado.
Incluso llegaron a teorizar que el vuelo involucraba telequinesis, pero no lo sabrían hasta probarlo ellos mismos.
Eso y que Gohan nunca lo mencionó en sus clases a Videl.
Sin embargo, desde que despertó, Rafael sintió un chispazo de inspiración que lo llevó a alejarse del bullicio de la sociedad y el lascivo cuerpo de las rameras del burdel.
Se lanzó a las molestas arenas en soledad para despejar la mente y centrarse en su interior.
Meditó y entró en un estado tal que no notó el paso de las horas, el calor del día o el frío de la noche.
Jugó con el Ki en su cuerpo, lo tejió, movió, empujó y agitó de todas las formas posibles, encontrando entretenimiento en su facilidad para moldearlo recién descubierta.
En algún punto empezó a amasarlo en su abdomen.
Lo comprimió y lo mantuvo así durante un tiempo indefinido, estudiando sus reacciones.
Se dio cuenta que podía hacer lo mismo a lo largo de todo su cuerpo, en cantidades diferentes.
Así que se dedicó a esa tarea.
Redirigió el Ki a través de sus vías de…
Lo que sea, como un río que se difumina en innumerables riachuelos.
Lo comprimió en pequeñas esferas de energía que recorrieron sus extremidades, torso, espalda y cuello.
La hinchó en poder y las desinfló progresivamente, siguiendo el patrón de su respiración controlada.
La armonía que sintió fue celestial.
Su Ki respiraba.
La emisión de energía fue uniforme, y aunque Rafael no lo notó, la arena a su alrededor fue empujada por ondas constantes de viento que emergían de él.
Continuó así por horas.
Para cuando abrió los ojos debido al rugido de sus tripas, Rafael admiró el yermo entorno y notó una discrepancia en su trasero.
Miró lentamente hacia abajo, encontrando el suelo arenoso a un metro de distancia.
Una leve sonrisa se le escapó de los labios.
Mantuvo la calma y estiró su cuerpo todavía flotante, deseoso de mantener la técnica el mayor tiempo posible.
—Santa puta madre…— murmuró, complacido.
Aprovechó el momento para experimentar.
Todavía necesitaba concentración para mantener la emisión de energía desde diferentes puntos del cuerpo, rodeándose con una capa invisible de Ki.
Hizo que su lado derecho expulsara más energía que los demás, obteniendo los resultados esperados.
Se movió a la izquierda.
Aumentó la potencia de salida, y la velocidad también aumentó.
Redujo la emisión y aumentó la del lado derecho, desacelerando.
—¡Oooh…
Santa Putísima Madre!— susurró con una sonrisa estúpida en el rostro.
—¿Ejem, terminaste de jugar, Mi Guerrero?— habló una voz femenina desde un lado.
Rafael se sobresaltó y lanzó un gemido poco masculino, cayendo sobre la arena ardiente.
—¿¡Q-quién eres tú!?— gruñó tras incorporarse rápidamente y alejarse unos metros.
Estudió a la desconocida con ojo crítico, embelesándose un poco por su aspecto.
Piel morena y limpia, con una luminosidad dorada apenas perceptible.
Tatuajes en movimiento, con patrones espirales similares a galaxias.
Cabello negro y abundante, cayendo detrás de sus hombros como una cascada de oscuridad.
Tetas hermosas, casi divinas, expuestas a todo aquel afortunado en mirarlas.
Sólo ocultaba su zona sagrada con una prenda negra y aparentemente deshila…
No, eso no era ropa interior.
Una mujer de belleza exquisita completamente desnuda se le apareció a Rafael en medio del desierto.
O estaba a punto de ascender o a punto de morir por deshidratación.
—Mi nombre es algo que ningún mortal puede pronunciar sin volverse loco.
Pero tú eres especial, Mi Guerrero.
Te permito llamarm— —Sí, no, mira, detente ahí— Rafael interrumpió a la mujer, concentrándose en el Ki de su cuerpo.
Buscó ese estado de armonía no perdido del todo.
La presencia de la dama frondosa creció tras unos segundos de silencio, intensa y poco divertida.
—Rafael, tu hermano está en grave peligro— dijo ella con tono severo y profundo, reverberando de algún modo en el aire.
Sus palabras captaron la atención de Rafael y el interés en su pequeño descubrimiento se esfumó.
—…¿Qué pasa con Leonardo?
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Explosiones consecutivas levantaron arena a lo largo del desierto a afueras de Qasar al-Zill.
Los satélites de la ADG detectaron la pequeña anomalía, siendo que vigilaban como halcones la situación alrededor del área donde debería estar la ciudad oculta.
A pesar del asalto de los Guardianes, no habían podido encontrar lo que sea que interfiriera con los sondeos de Cecil.
Las comunicaciones fueron interrumpidas en el momento en que los Héroes entraron, por lo que ninguno de ellos pudo ser alertado de la posible amenaza.
Rafael y su amiga desconocida llegaron a las dunas que ocultaban la ciudad, contemplando los daños a la infraestructura y las zonas incendiadas como resultado de la patética resistencia de los criminales.
Ella se llenó de ira al examinar la falta de sangre en las calles.
Como temía al principio, los que llegaron a fastidiar en su dominio eran santurrones que arruinarían su alimento.
Por su parte, a Rafael no le importaba un comino la ciudad ni las circunstancias de Zill.
Así se había presentado la mujer ominosamente.
Si pretendía inspirar confianza, falló de manera espectacular.
—Tu hermano yace bajo la tierra, rodeado por enemigos.
Debes darte prisa, Mi Guerrero.
El tiempo no está de tu lado— instó Zill con solemnidad.
Rafael fingió que la tipa no estaba allí.
Se lanzó sin contemplaciones al vacío, decidiendo darse prisa y en el proceso probar su técnica de vuelo.
El viento silbó y el suelo se precipitó rápidamente ante sus ojos, haciéndole saltar un latido.
Respiró hondo, se dirigió al interior de su cuerpo y buscó emular la armonía de Ki que le permitía volar.
Condensó la energía y la distribuyó a lo largo de sus extremidades y torso.
Las hinchó en poder y después las hizo explotar en breves ráfagas hacia afuera en toda su zona frontal.
Las detonaciones de Ki empujaron contra la gravedad y desaceleraron su caída constantemente.
De todas formas se estrelló sobre un bar y atravesó el techo, pero el impacto fue mucho menor de lo que esperaba.
Sin perder un segundo, salió disparado por una de las ventanas y corrió hacia el palacio de Amira.
No tenía idea de dónde se había metido Zill, pero no le importaba en lo absoluto.
Finalmente derrumbó las puertas que llevaban al laboratorio de Hakim y se adentró en el sistema de túneles, descendiendo a la terminal de la ciudad.
Lo primero que encontró fue un desastre de mercenarios inconscientes o a punto de estarlo, tirados por doquier.
Rafael irrumpió como una bala en el lugar, buscando en todas direcciones a su amigo.
Una sensación familiar apareció a su lado y la figura de Zill emergió del suelo, de algún modo más presente que antes.
Rafael no pudo evitar alzar una ceja en confusión.
—Lo que viste era una proyección, Mi Guerrero.
Esta soy yo realmente y ahora que estamos donde siempre debimos estar, podemos expulsar esta peste de mi dominio— explicó la mujer teatralmente, haciendo un gesto a los Guardianes que hacían mierda a los mercenarios restantes.
—¿¡Sí pero dónde está Leonardo!?— siseó Rafael, mirando de un lado a otro con impaciencia.
Los párpados de Zill temblaron levemente.
—Donde los más fuertes se reúnen, Mi Guerrero— señaló hacia el túnel donde los vehículos ya no avanzaban.
Rafael se dispuso a correr a esa dirección, pero una mano sorprendentemente fuerte se aferró sobre su hombro, deteniéndolo.
Miró con agresividad a Zill, pero ella habló antes que él.
—Nos superan en número, Mi Guerrero.
Y me temo que en fuerza.
Hay que luchar inteligentemente— sugirió con tal calma que Rafael tuvo que estar de acuerdo.
Volviéndose a los Guardianes todavía en la terminal, notó que faltaban Inmortal, War Woman y Red Rush.
Justamente los más problemáticos.
Martian y Black Samson estaban casi debajo de él, a un par de decenas de metros.
Por lo que Leonardo le había contado el día que despertó, el negro no debía subestimarse.
Aquarus lidiaba con los restos de la mafia rusa.
Disparaba látigos de agua y erigía muros de agua para reducir la potencia de fuego de las ametralladoras y los lanzagranadas.
Finalmente localizó al eslabón débil.
Darkwing abatía con artes marciales a otro grupo de vietnamitas, valiéndose de su pulida habilidad y sus dispositivos.
Estaba cerca del Rey de Atlantis.
—Tengo un plan, Mi Guerrero— anunció Zill con una mirada peligrosa.
Rafael volvió a ignorarla y saltó del lugar.
Trazó un amplio arco con ayuda de explosiones de Ki de su espalda y trasero, alcanzando el otro lado de la cámara.
Aterrizó pesadamente en la pared y continuó usando su habilidad nueva para mantenerse pegado a ella, retorciéndose como una lagartija hasta quedar boca abajo.
Justo sobre la posición de Darkwing.
Rafael avanzó rápidamente y se lanzó sobre el Héroe.
Darkwing dio una voltereta y propinó una patada de talón a la cabeza de un mercenario, dejándolo fuera de juego al instante.
En ese momento, sintió el peligro acercándose y trató de salir rodando del camino.
Rafael fue más rápido y dio un puñetazo a la cabeza del vigilante, cuidando su potencia para no matarlo por accidente.
Sólo lo estampó contra el suelo y le rompió la nariz.
—¡Darkwing!— gritó Aquarus, habiendo visto el suceso.
Rafael no tenía tiempo para mierdas, así que tomó al aturdido Héroe y salió disparado en dirección al túnel.
El Rey de Atlantis buscó su comunicador para alertar a sus colegas, pero un onda de interferencia interrumpió la acción.
Zill frunció el ceño desde su posición elevada.
Había recurrido a Rafael porque rápidamente se dio cuenta que ella sola no podría con los Guardianes.
Leonardo tampoco tenía posibilidad, pero si los tres trabajaban juntos entonces la victoria sería factible.
Pero el chico resultó ser insultantemente irrespetuoso.
Aún así, eran su único recurso.
Mientras tanto, Rafael alcanzó a los demás Héroes con Darkwing sobre sus hombros.
Vio a War Woman inmovilizando a Leonardo y no pudo evitar disgustarse con su amigo.
El maldito afortunado tenía la cara enterrada en la axila de la guerrera.
—¡Deténganse, o su amigo muere!— amenazó en voz alta al aterrizar sobre un camión, alzando a Darkwing con una mano.
Los Guardianes se volvieron en su dirección.
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