Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 Fin De La Ciudad Oculta
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31: Fin De La Ciudad Oculta 31: Fin De La Ciudad Oculta Sin el apoyo de Red Rush y la mente aguda de Darkwing, los Guardianes restantes pasaron un mal rato con la criatura autoreferenciada como Zill.
La aparente mujer resultó ser una tormenta psíquica andante que desató su furia sobre los Héroes una vez que la escala de la humillación caló en su consciencia.
Ya le parecía nefasto el hecho de encogerse ante los Guardianes y tener que recurrir a dos niños para luchar en su lugar.
Que esos mismos irrespetuosos infantes la tomaran por tonta fue el colmo.
En consecuencia, Zill abandonó cualquier pretensión de superioridad y cesó la interferencia a los satélites de la ADG.
Con una presión capaz de agrietar la roca y doblar el aire, la criatura arremetió contra Inmortal y su equipo.
La poderosa telequinesis de Zill volvió el agua del Rey Atlante en contra de sus compañeros.
Los rayos de Samson se doblaron alrededor de la mujer, dirigiéndose al alienígena.
Los guerreros más fuertes se vieron empujados decenas de metros con cada intento de entablar combate cercano.
Por un breve instante, Zill liberó tanta energía que levantó toda esa sección de la ciudad, arrancando la terminal entera del subsuelo.
El campo a su alrededor era tan poderoso que ni siquiera Inmortal pudo alcanzarla antes de ser lanzado por los aires.
Fue en medio de esta demostración de poder que, sin saberlo, Rafael volvió a escupirle a Zill a la cara.
Comprimida como estaba en el túnel, la onda de Ki que él desató no disminuyó demasiado su poder a lo largo del trayecto.
Y como consecuencia de la maniobra de Zill, la sección de túnel derrumbada también se elevó en el aire, dejando el camino libre justo en el límite de su campo de fuerza.
La energía discordante de Rafael chocó con la de Zill y perturbó su equilibrio, rompiendo la concentración de la mujer.
Ella reconoció el Ki al instante.
Como ente que se alimentaba de energía, Zill siempre estuvo consciente del poder de Rafael y Leonardo.
Eso no hizo su cólera menos explosiva.
Tampoco impidió que los Guardianes aprovechasen la oportunidad.
Ese día, los Héroes más fuertes del Mundo añadieron otra gran victoria en su haber.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – Tal y como había previsto Cecil, Qasar al-Zill resultó ser una mina de oro en muchos sentidos.
Deseosos de no verse relacionados con la ciudad y la vez estar del lado bueno de los Héroes, los Saudíes arremetieron con sus bolsillos y promesas a cooperar con todo lo que se necesitase para atender el asunto rápidamente.
Eso incluyó donar vastas recompensas a los Guardianes, las cuales se emplearon para los huérfanos de Sharurah.
También compraron buena parte de la tecnología y joyería presente en la ciudad, después que la ADG reclamara las cosas interesantes, obviamente.
Miles de víctimas del tráfico humano en Qasar al-Zill finalmente regresaron a sus hogares.
La cantidad de arrestos que se realizaron superó esa cifra.
En adición, debido a la densa movilización de vehículos a través del túnel y al rápido informe de los Héroes, la ADG pudo localizar a la turba en huida e interceptarlos con tiempo de sobra.
Una operación masiva se lanzó en la Península Arábiga para rastrear, localizar y aprehender a todos y cada uno de los criminales que huyeron.
La cacería cubrió vastas extensiones de Rub al-Khali, Omán, Yemen y Emiratos Árabes Unidos.
Líderes del crimen organizado, mercenarios, contrabandistas afiliados al mercado negro y demás promotores de Qasar al-Zill y sus cercanías fueron perseguidos implacablemente.
Dada la naturaleza de la ADG, el crédito se lo llevaron los Guardianes y las Naciones colindantes al desierto.
No obstante, de todos los arrestos y todos los objetivos de interés capturados o en proceso de captura, Cecil se quedó con las manos vacías en cuanto a los curiosos mocosos que lograron escapar de Red Rush.
Tras días de interrogatorios e investigaciones, los nombres, habilidades y rostros de Rafael y Leonardo estaban más llenos en los archivos de la ADG.
La anterior curiosidad de Donald cuando los vieron por primera vez en Sharurah resultó dar sus frutos.
Ninguno de ellos estaba en la nómina de los Saudíes y por lo tanto captaron el interés de Cecil.
Lamentablemente, no encontraron rastro alguno de su paradero o sus asociados principales.
Testimonios los ubicaron en algún punto del tramo bajo tierra, paralizando una buena parte del tráfico por razones desconocidas.
La investigación concluyó allí, pues nadie que haya quedado atrás en ese momento salió jamás del túnel.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – «Diez Meses Después» Las olas rompieron contra la playa suavemente.
El agua de mar cubrió metros de superficie arenosa que, por una vez, no generó un insoportable calor a pesar de las horas indeseadas para salir.
En comparación con el desierto, claro está.
Sin embargo, la tranquilidad del paisaje se vio rápidamente sacudida por golpes secos que llevaban una potencia devastadora en términos humanos.
Las ondas hicieron temblar el agua marina y los granitos de arena.
Dos figuras se desplazaron a alta velocidad sobre las agitadas aguas, a un par de decenas de metros de altura.
Chocaban y se separaban constantemente, cada encuentro siendo tan estruendoso como la detonación de un pequeño explosivo.
Un pequeño puño con los nudillos cubiertos de sangre se estrelló contra labios partidos, haciendo temblar toda la mandíbula.
Leonardo salió despedido, girando descontroladamente con un chorro de sangre manando de sus encías maltratadas.
A pesar del dolor, mantuvo el manto de Ki al ras de la piel y reorientó su postura, deteniéndose con facilidad.
Escupió saliva enrojecida al mar y se volvió a su atacante con una mueca de disgusto, más que de ira o dolor.
—¿Hablas en serio?
¿Así es como quieres hacer las cosas?— inquirió con una mirada llena de desaprobación.
Rafael se acercó en un parpadeo, embistiendo ferozmente.
Leonardo lo recibió con un amago de esquive que rápidamente se convirtió en un contraataque con la rodilla.
El impulso de Rafael y su inexperiencia le hicieron encontrar la rodilla con su abdomen, lo que le sacó el aire abruptamente.
Leonardo hundió su codo en la espalda de su amigo, haciéndole gemir de dolor.
Siguió el movimiento con una patada a las costillas que alejó a Rafael a gran velocidad.
—¡Ngh, S-sí, no planeo contenerme más!— gruñó con visible dificultad, todavía falto de aire.
Leonardo hizo salir más Ki de su cuerpo y lo concentró en su palma.
El aire silbó y ondas lo distorsionaron mientras partículas de luz danzaban lentamente.
—Cometes un error.
Sólo deja de pensar en ello y espera pacientemente— dijo con expresión dudosa.
Extendió la mano hacia su amigo y apuntó la creciente bola de energía en su dirección.
Rafael respiró con dificultad, bañado en sudor y con el pecho agitado.
Su cuerpo presentaba múltiples moretones y quemaduras, y su resistencia menguaba.
—He…
He esperado demasiado tiempo, Leonardo.
No más— declaró de manera definitiva, cerrando la discusión.
—…Como tú quieras— asintió Leonardo, disparando la ráfaga de energía.
Rafael no evitó el ataque.
Se expuso con una mirada solemne y fue bañado en la luz y el calor.
La detonación empujó agua, viento y tierra, abriendo un surco en el mar.
Leonardo dejó caer los hombros, agotado casi al extremo.
El viento aulló y agitó su largo cabello, así como los restos de sus prendas hecha jirones.
Voló lentamente, siguiendo el trayecto de su ataque.
Encontró a un moribundo Rafael a más de doscientos metros de su posición original, flotando como un cadáver.
Recogió el paquete y salió del lugar lo más rápido que pudo, poco interesado en ser visitado por una pandilla de Héroes.
Emprendió el rumbo al norte, alejándose de las pacíficas islas apenas por encima del nivel del mar.
Acababa de terminar otra sesión de fortalecimiento/explotación del Zenkai y lo último que quería era entrar en combate con esos santurrones.
Últimamente habían evitado llamar la atención.
Repetir su actuación de Qasar al-Zill sólo traería problemas que no necesitaban.
Con la conveniente técnica de volar eso resultaba sorprendentemente sencillo.
Leonardo contempló el vasto manto azul con ojos distraídos, pensando en el futuro.
El encuentro con los Guardianes y la facilidad con que fue suprimido dejaron un amargo sabor de boca en el transmigrante.
Tras dejar atrás aquella ciudad podrida y largarse de la Península, él y Rafael discutieron sobre lo que harían a continuación.
Los parámetros requerían algo que involucrase peleas, entretenimiento y libertad a partes iguales.
No podían seguir limitándose, ni procrastinar, ni estancarse en otro agujero.
Fueron demasiado indulgentes en Qasar al-Zill y casi pagaron las consecuencias.
Dos veces.
El enfoque debía cambiar.
Esconderse para siempre a la espera del inicio de una trama que podría o no desarrollarse como creían sólo iba a matarlos.
Las ideas se barajaron, los pros y los contras fueron debatidos.
Finalmente, la decisión fue tomada y sólo por seguridad, se decretaron doce meses desde la caída de la Ciudad Oculta para un par de últimos ajustes y acondicionamiento.
El tiempo se emplearía para otro abuso del Zenkai en ambos, dominar el vuelo y el combate sin tierra firme, así como la emisión de Ki en ondas de choque y energía de bajo nivel.
Hoy se cumplió el último ciclo de paliza de Rafael para empatar el marcador y mantener un nivel de poder semejante entre ambos.
Después de la recuperación y concretar su nueva red de recursos de la mano de Amira, Lulu, Halima, Amat y Hakim, el mundo conocería a dos nuevos Anti-Héroes.
Unos que no tendrían mucho que esconder, y muy buenas razones para buscar pleitos en todas partes, con todo mundo.
El Caos azotaría esta tierra antes de que la trama siquiera inicie.
Y antes incluso de eso, Rafael quiere convertirse en hombre antes siquiera de ser adolescente.
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