Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 36
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- Capítulo 36 - 36 La Batalla De Mont Blanc II
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36: La Batalla De Mont Blanc II 36: La Batalla De Mont Blanc II —¡Muévanse, ya ya ya!— ordenó Eisenfaust, deshaciéndose de la capa de camuflaje y echando a correr hacia la zona de impacto, donde Valkyria-01 se estrelló junto al objetivo.
Su enfrentamiento les demostró que abatir a ambos mocosos a la vez resultaría problemático.
Valkyria era la más fuerte de su grupo, y a ojos de Eisenfaust se veía muy igualada.
Ya lo habían previsto.
No eran tan arrogantes como para no reconocer cuando estaban superados.
Por eso encargaron a Gendarme la tarea de distraer al otro mocoso.
De todos ellos, aparte de Valkyria, sólo él podría mantenerse firme el tiempo necesario.
—¡Bastian, adelántate!— instó Eisenfaust a su proyecto de Velocista que detestaba los apodos.
En un instante, la temperatura corporal del británico aumentó perceptiblemente y salió disparado hacia el pequeño agujero en la tierra.
Muy alejado de los velocistas convencionales, Bastian afectó negativamente el entorno cuanto más aceleraba, expulsando grandes cantidades de calor.
Cubrió la distancia en pocos segundos, llegando al borde de la zona de impacto justo a tiempo para ver a los combatientes incorporándose como si no acabasen de estrellarse cual meteoritos en la tierra.
El calor aumentó.
Bastian sintió la energía agitándose en sus entrañas, hinchándolo con la fuerza necesaria para superar los límites humanos de movimiento.
Aceleró más que antes, entrando efectivamente en la pelea.
El Saiya-Man de Gris se volvió en su dirección, revelando facciones infantiles debido a la destrucción de su casco que, por un breve instante, hizo dudar al agente.
Valkyria no se dejó engañar por el mocoso.
Aprovechó la llegada de su colega y cargó de nuevo para aumentar la presión.
La mujer se convirtió en un borrón de movimiento al instante siguiente, difuminándose a ojos de Bastian.
El niño con capa correspondió al ataque sin prisa alguna, recibiéndolo con los antebrazos.
Retrocedió unos metros, dejando surcos en la tierra con sus pies.
Bastian rodeó al objetivo y dirigió una feroz patada a la espalda baja que no llegó a conectar.
Valiéndose de su cuerpo considerablemente más pequeño, el objetivo consiguió escabullirse entre las piernas de Bastian, atrapando la que usaba de apoyo.
Para sorpresa del agente, la pequeña mano se cerró alrededor de su extremidad a pesar de la alta temperatura, suficiente para hacer que cualquier persona retrocediera instintivamente al contacto.
Una inmensa fuerza tiró de él y Bastian fue arrastrado contra su voluntad.
Reprimió el gemido de dolor que casi se le escapa debido a la presión en su pierna y expulsó una abrasadora onda de calor de su cuerpo.
Como una olla de presión al abrirse en el momento equivocado, aunque mucho más grande, el vapor golpeó al objetivo en la cara y lo obligó a alejarse.
En ese momento, Eisenfaust y Nano-Roch llegaron a la escena.
Valkyria conectó un puñetazo a las costillas del Saiya-Man.
Eisenfaust arremetió sin piedad, estampando ambos puños como una maza sobre la cabeza del infante.
Nano-Roch se mantuvo alejado del cuerpo a cuerpo.
Disparó pequeños discos platinados alrededor del objetivo que expulsaron lazos de energía.
Esos lazos envolvieron los brazos del chico, impidiéndole defenderse o atacar.
—¡Acábenlo ya!— rugió Valkyria, aprovechando la vulnerabilidad momentánea.
Ella entendió mejor que los otros las capacidades del objetivo.
Los demás no dudaron de la mujer.
El metal alienígena en los brazos Eisenfaust se retorció, volviéndose más denso.
Se unió a su compañera en la lluvia de ataques, dando todo de sí para no quedarse atrás en la potencia bruta.
Los restos del casco del objetivo se partieron, volando en fragmentos con cada sacudida de su cabeza.
Los lazos de energía chisporrotearon, quemando la tela de las mangas y la carne de las extremidades.
Bastian se alejó rápidamente, tomando distancia para generar más impulso.
Dio la vuelta en un amplio arco antes de encaminarse nuevamente al Saiya-Man.
Su cuerpo superó los 300°C, el aire se distorsionó a su alrededor y la fuerza de empuje le permitió desplazarse a poco más de 500 kilómetros por hora.
Debido al calor y la fuerza que ejercía para el movimiento, su resistencia también aumentó para tolerarlo.
Un denso, duradero y abrasador proyectil humano fijó el curso de colisión con el Gran Saiya-Man de Gris.
Valkyria tomó a su líder de equipo y alzó el vuelo segundos antes del impacto.
Los lazos de energía se tensaron y los anclajes de los discos cedieron, liberando al objetivo de sus ataduras.
Bastian lo embistió de todos modos, transfiriendo la poderosa energía cinética y térmica al pequeño monstruo.
Perdió el equilibrio y rodó duramente por el suelo, agrietándolo a lo largo de sus rebotes.
La densidad que su cuerpo adquirió para resistir su propio poder le permitió sobrevivir también a este incómodo viaje.
Lo retuvo el mayor tiempo posible hasta detenerse, enterrado en la roca de la montaña.
Dejó escapar el calor, y con él la fuerza y densidad.
De sus poros emergió vapor, calentando la roca desnuda.
Bastian volvió a ser simplemente un humano en cuestión de minutos.
Perdió el conocimiento mucho antes de eso, agotado.
Dejaría que sus colegas tratasen con el otro mocoso por su cuenta.
Él había hecho su parte.
Lamentablemente, Bastian no volvería a despertar para comprobarlo.
Sin que él, ni sus compañeros, ni los objetivos por los que estaban aquí lo notasen, había ojos depredadores observando la refriega, esperando pacientemente para hacer su movimiento.
Bastian había caído cerca de uno de estos bandos.
Como nadie vino a recogerlo, demasiado concentrados en el Saiya-Man, los cazadores enviados de Zaslon-9 vieron con buenos ojos a la presa fácil.
Un obstáculo menos en su misión.
Así trabajaba la fría mente del Comandante de la unidad Rusa, cuya piel desprendía vapores gélidos que se filtraban a través de su traje.
El contacto con los restos de la energía de Bastian provocó un conflicto de siseos, el cual culminó con la escarcha como vencedora.
—No interferiremos hasta que desgasten a los niños.
Quiero ver hasta donde llevan a la Valkyria y si eso nos da la oportunidad de llevárnosla también.
Podría dar hijos más fuertes que ella.
Koshchei, tú te encargarás de Eisenfaust.
Ese metal podría serle útil a la Patria.
Maten al otro, no nos sirve— dijo el hombre con tono plano, pisando la cara del inconsciente Bastian.
Una ola de frío envolvió al agente de la UE, congelando su carne, sangre y corazón en segundos.
Bastian se convirtió en una escultura de hielo.
El Comandante ruso puso su peso encima e hizo añicos la cabeza cristalizada.
– – – – – – – – – – – – – – – – – – – En el interior de una aeronave incendiada, dos figuras se batían en un duelo animal que no mostraba signos de detenerse.
Una de las alas del trasto estaba ausente y la cabina del piloto había visto mejores días.
Toda la estructura se agitó y dio vueltas, cayendo en picada.
En semejante entorno caótico, Rafael y Gendarme se enredaban en un amasijo de golpes, mordiscos y pinchazos a los ojos.
El hombre de complexión modesta, casi aburrida, y altura promedio, resultó poseer un cuerpo capaz de devorar la energía cinética como una esponja al agua.
Cada fuerte impacto se deslizaba por su carne, ondulándola, trazando un recorrido hasta sus extremidades.
Entonces él golpeaba y devolvía esa energía, ligeramente más débil.
Rafael no sabía dónde estaba su límite.
Había llegado a propinarle hasta cinco puñetazos seguidos, sin permitirle contraatacar, pero sólo hizo que Gendarme se hinchara y le devolviese todo en un sólo toque.
El tipo claramente podía acumular la energía, y hace un momento aprendió por las malas que no se limitaba sólo a sus brazos y piernas.
Justo ahora, Rafael yacía sometido por una llave del oponente.
Los brazos pulsaban asquerosamente, manteniendo la presión.
Debido a la pérdida de control del Jet y a las ganas de Rafael por desafíos, ambos eran estampados por doquier sin pausa, alimentando al maldito con más energía cinética.
Rafael se vio casi igualado por momentos, teniendo que recurrir a su cola para azotar las bolas de Gendarme y permitirle salir de la técnica.
Se negó a simplemente volar fuera del trasto y quitarle la ventaja al sujeto.
Allí vino el problema.
Un impacto alteró sus posiciones ligeramente y la cola no dio en el blanco, sino que se hundió en el trasero de Gendarme.
Lejos de salir herido, el bastardo apretó las nalgas y encerró la cola del saiyajin con una presión repulsivamente enorme.
—¿¡Q-QUÉ CARAJO!?— chilló Rafael.
Ya no poesía esa debilidad saiyajin, pero eso no quería decir que no sintiese dolor de esa extremidad.
Gendarme aumentó la presión, en todas partes, y pegó su boca al oído de Rafael.
—Sh-Shhh, relájate.
Soy un tío brusco, pero que eso no te asuste— susurró de manera perturbadora, con un marcado acento de una lengua que Rafael pudo entender fácilmente.
Antes de poder espantarse más, los dientes del hombre se cerraron sobre la oreja de Rafael, enviándole una sacudida de dolor que le hizo abandonar cualquier intención de seguir jugando.
El Ki se acumuló en su mano repentinamente, condensándose en una bola de energía.
La disparó a sus pies, provocando una explosión que arrasó con esa mitad de la nave.
La onda expansiva le dio más poder a Gendarme, pero la ola de calor sí causó daños.
Con un gemido de dolor, el hombre soltó al niño, en todas partes, y Rafael se dispuso a alejarse del degenerado.
Salió despedido del Jet en caída momentos antes de que impactara la tierra.
Él mismo se estrelló violentamente, dejando un surco de decenas de metros.
El visor de su casco se hizo añicos, amenazando con clavarle fragmentos en los ojos.
La capa se desprendió en algún momento, perdiéndose junto con una de sus botas.
Finalmente se detuvo, con la cabeza enterrada en la tierra suelta y una sensación de malestar que le recorría todo el cuerpo.
—¡…
Nngh, bicho raro!— escupió, sacando la cara a la superficie y estremeciéndose mientras acariciaba su ultrajada cola.
—Tranquilo amiguito, lo haremos mierda— arrulló a la extremidad.
Al otro lado, emergiendo de los restos accidentados de la costosa aeronave, Gendarme se incorporaba con la carne abultándose salvajemente en todo su cuerpo.
Quemaduras enrojecieron su piel, y los estiramientos bruscos sólo empeoraban la sensación.
Gendarme sólo podía absorber energía cinética.
Estaba tan indefenso como cualquier persona común a temperaturas extremas y otras clases de daño letal que no involucren un impacto.
—Pero todo tiene un límite…
Maldito mocoso— se quejó para sus adentros, conteniendo lo mejor posible el poder en su interior.
Movió la cabeza de un lado a otro, buscando la figura de Rafael.
Necesitaba liberar algo de energía, pero prefería hacerlo en contra del infante.
Finalmente vio el surco en la tierra y el ovillo que era Rafael en la distancia.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Gendarme, pensando que el choque debió lastimar gravemente a su objetivo de captura.
Empezó a caminar hacia él, dando pasos torpes debido a la abrumadora energía contenida por pura fuerza de voluntad.
Dejó escapar pequeñas ráfagas con sus pasos, agrietando la tierra.
El Rafael recuperándose del horrible acoso sexual y el Gendarme caminando como ebrio para no explotar por su propio poder dieron una idea equivocada de lo que estaba pasando.
Desde la perspectiva de un observador, se veían como combatientes desgastados a punto de caer.
Vulnerables, debilitados, presas.
Así se veían los dos.
Así los vieron la docena de pares de ojos que vigilaban la acción en la distancia, ansiosos por abalanzarse sobre el Saiya-Man de Verde.
Ansiosos por dar ejemplo de lo que ocurría con aquellos que se atrevían a meterse con el crimen organizado de Mónaco.
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