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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 39

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  3. Capítulo 39 - 39 El Palacio De Los Grimaldi
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39: El Palacio De Los Grimaldi 39: El Palacio De Los Grimaldi Le Régisseur entró con paso firme y postura recta a la oficina personal del Príncipe Soberano.

Cerró las puertas con cuidado, dejando fuera a sus guardaespaldas.

Se paseó un momento por bien decorado lugar, contemplando las pinturas en la pared y la decente colección de obras literarias en el estante.

Llegó al escritorio y tomó asiento, suspirando levemente antes de echar la cabeza sobre los documentos con un ruido sordo.

—Nnngh…— se quejó, cerrando los ojos unos segundos para descansar.

Los últimos meses habían sido laboriosos para el hombre, y las últimas semanas sólo triplicaron sus deberes.

Demasiado ocupados en otros puntos clave del Mundo, los pesos pesados de la Orden dieron a Régisseur la engorrosa tarea de estudiar la reacción del Principado y sus socios ante la caída de Qasar al-Zill.

Espionaje corporativo, básicamente.

Un dolor de cabeza, pero manejable para él.

Entonces descubrió que, para sorpresa de nadie, la hambrienta Organización que casi dominaba Europa Occidental pretendía aprovechar la desgracia de los revoltosos del desierto para expandirse a Medio Oriente y el Norte de África.

Sin la Ciudad Oculta de Rub al-Khali, las rutas que la ADG no logró encontrar y desmantelar quedaron a la espera de nuevos Amos.

Claro que la Orden no permitiría que unos don nadie asumieran semejante responsabilidad.

Habían tolerado el libre albedrío de Qasar al-Zill porque era el contrapeso del Principado.

Con el equilibrio roto, y el desastre financiero que representó aquel desafortunado evento, se decidió poner una correa a la Organización de Mónaco.

Siendo los más valiosos colaboradores, la Orden acudió al Principado mismo para arreglar el asunto.

Eso terminó con un rechazo contundente por parte de los Grimaldi.

Así que, de la noche a la mañana, Le Régisseur pasó de una simple misión de espionaje a ser el arquitecto de una toma de poder agresiva.

Con un amplio contingente de asesinos y una subordinada capaz, el hombre trazó un plan para aprovechar la vulnerabilidad de Mónaco durante su fase de expansión.

Una gran y minuciosa estratagema que se fue a la mierda cuando aparecieron los Saiya-Men.

—¿Señor?— llamó uno de sus hombres desde el otro lado de la puerta, sacando a Régisseur de su descanso.

—Adelante— dijo, ajustando su postura.

La puerta se abrió, y el joven Príncipe recientemente Heredero entró con el rostro pálido y la ropa salpicada de sangre.

Para su crédito, mostró un destello de ira al ver a Régisseur en el asiento de su padre.

Pese a las atrocidades que Xylem definitivamente le hizo presenciar, el joven Valerius no había perdido la cordura ni su orgullo.

—Tome asiento, Alteza.

Hay asuntos que debemos abordar lo más pronto posible.

—Esa…

Esa es la silla de mi Padre— dijo Valerius, con los dientes apretados.

Le Régisseur asintió con pesar.

—Lo fue, Alteza, y si me escucha atentamente, usted será el siguiente propietario.

—¡Tú no decides eso!— Valerius siseó, plantando ambos puños sobre el escritorio.

—¡Los Grimaldi han gobernado estas tierras por generaciones.

Ningún matón desquiciado de la calle va a deshonrar el legado de mi familia!

El príncipe respiraba pesadamente al concluir su arrebato.

La ira y la juventud nublaban su juicio, impidiéndole darse cuenta de la precaria situación en la que estaba metido.

—Demasiado orgullo…— pensó Le Régisseur con una mueca.

—Igual que su estirpe.

Hizo un gesto con la mano, lo que confundió al Príncipe.

De repente, una figura envuelta en un traje ajustado y negro aterrizó a espaldas de Valerius, clavando una aguja en su cuello que lo puso a dormir al instante.

—Enciérrenlo.

Tendré que pedir un profesional para corregir su actitud— ordenó con un suspiro de cansancio.

Ya se imaginaba que el mocoso no estaría dispuesto a cooperar.

Eso sólo hacía más tedioso el proceso de asimilación.

La base de la Orden es operar en las sombras.

Tomar una nación por la fuerza abiertamente resultaría en Onmi-Man y los Guardianes del Globo llamando a sus puertas en un instante.

La mejor solución para asegurar su hegemonía en Europa era que Valerius, el más joven de los hijos del Soberano, fuese influenciado y asuma un rol servicial a sus intereses.

Matar a todos los Grimaldi sería desastroso.

Suplantar todo un linaje estaba fuera de la mesa.

Mientras Régisseur lamentaba su mala suerte, escuchó una conmoción que se acercaba a la oficina.

Preparó otro suspiro por si acaso.

—¡Señor, algunos Guardias Reales escaparon del Palacio!— anunció un subordinado sin nombre.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – La primera semana de investigación fue extenuante para Rafael.

Acostumbrado al entorno lleno de sicarios y adictos que era Qasar al-Zill, descubrió que sus ojos carecían de la agudeza necesaria para identificar criminales en una ciudad más normal.

En especial cuando se dejaba llevar por la marea del turismo.

¿Cómo culparlo?

Mónaco era un lugar atractivo y agradable para vacacionar, Rafael disponía de una mochila llena de dinero, no tenía prisa y jamás, en ninguna de sus vidas, había tenido el tiempo para relajarse una semana completa.

Sin escuela o responsabilidades del hogar, sin estar en cama o un tanque, sin entrenar el cuerpo, la mente o sea lo que sea el Ki.

Simplemente disfrutó.

Visitó lugares bonitos a pie o en bus, interactuó con las personas con normalidad, comió hasta reventar.

Sin embargo, regresó al trabajo tras el balde de agua fría que fue la experiencia en la playa Larvotto.

Resulta que andar sin camiseta por una zona pública llama la atención de dos tipos de personas: las buenas y las ilegales.

Turistas, en su mayoría, interceptándolo cada dos por tres para preguntar si estaba todo en orden, consecuencia de las marcas que su cuerpo no había curado de la batalla reciente.

Y lolis, de una edad similar a la de su cuerpo bien construido, que se le acercaban para invitarlo a jugar o comentar que les gustaba a sus hermanas o amigas.

La mocosa descarada que intentó robarle un beso de los labios selló el episodio perdido de la playa y canceló su emisión al público.

Rafael añadió las playas públicas a su lista negra de lugares para no frecuentar mientras tuviese un cuerpo joven.

Con la consciencia sacudida y miradas críticas de un lugar inidentificable, y alguna que otra entusiasta, Rafael decidió que las vacaciones habían terminado y era momento de buscar a los responsables que ofrecieron una recompensa por su cabeza y la de Leonardo.

—¿Pero dónde comienzo?— se había preguntado un momento antes de tirar la investigación sigilosa a la basura.

Él era el maldito Gran Saiya-Man.

No necesitaba ir a los que querían eliminarlo, sino hacer que ellos vengan a él.

Con el problema resuelto, se vistió con su traje de cuero verde, equipó las botas y los guantes, rodilleras y protectores de codo.

Ajustó su capa roja, y encajó el casco de repuesto.

El próximo movimiento sería llevar a cabo un escándalo que llegase a oídos de los tipos malos.

Ellos enviarían más gente a por él, y Rafael podría usar a esos secuaces para localizar a los líderes.

Una estratagema definitiva.

Y el mejor lugar sin duda sería la cede del gobierno monegasco.

– – – – – – – – – – – – – – – – – – – – El Palacio de los Grimaldi se encontraba cerrado por motivos que no se revelaron al público.

Sólo un puñado de individuos importantes conocía la razón, y a menos que fuesen suicidas, mantendrían la boca cerrada.

No obstante, la Guardia del Palacio seguía siendo un problema al que Le Régisseur trató de forma simple y apresurada, amenazando a los familiares de todos ellos.

Y como era de esperar, unos pocos valientes se arriesgaron.

Dos hombres se lanzaron en una carrera desesperada por el camino de La Roca, siendo perseguidos por sus propios colegas.

Los disparos llovieron sobre ellos, perdiéndolos por centímetros.

Gritos de advertencia y súplicas les fueron dirigidas, pero no escucharon.

—¡Detente Louis, por favor.

No quiero matarte!— llamó el capitán de la Guardia, apuntando a la espalda de uno de sus subordinados con un rifle.

Los asesinos del enemigo ya estaban en movimiento, pero si alguno de ellos flaqueaba en la tarea, todos pagarían.

El capitán tembló.

Apretó los dientes, a punto de perder el tiro.

Tenía esposa, hijos que proteger.

No tenía elección.

El rifle rugió.

La bala cubrió la distancia en un segundo y se incrustó en las costillas del joven, derribándolo en plena carrera.

Sus hombres jadearon por la sorpresa, mirándolo con incredulidad.

El capitán endureció su expresión y apuntó al otro.

Dedicó una disculpa en su corazón y apretó el gatillo de nuevo.

Otro tiro perfecto.

El segundo Guardia rebelde cayó, alcanzado justo en la cabeza.

—¿Q-qué ha hecho, Señor?— murmuró uno de los hombres a su lado.

—…

Lo que debía hacerse— dijo el capitán con tono abatido.

De repente, una figura sombría apareció detrás del grupo de Guardias, haciendo notar su presencia con una pisada sonora.

—Casi, Capitán.

El muchacho sigue vivo— dijo el asesino de la Orden, pasando entre los tensos Guardias y dirigiéndose hacia el moribundo Louis.

El tonto Guardia respiraba con dificultad, mirando a la nada en el cielo.

—Lo que hiciste fue estúpido.

¿Últimas palabras?— ofreció el asesino, desenvainando una hoja corta.

Louis abrió y cerró la boca repetidamente, articulando algo con visible dificultad.

—¡S-salva al…

Ngh, al Príncipe!— jadeó con todas las fuerzas que pudo reunir.

El asesino resopló, inclinándose y cortándole la garganta suavemente.

—Estúpido— dijo, mientras Louis empezaba a convulsionar con la mirada aún clavada en el cielo.

No enfocó al asesino ni una vez.

Sintiendo que algo no iba bien, el asesino alzó la mirada y allí lo vio.

Elevado a más de veinte metros, de brazos cruzados y capa ondeando al viento, había una figura con indumentaria familiar.

—¡Ejem!

¡Saludos, soy El Gran Saiya-Man, y asaltaré ese Castillo porque me da la gana!— anunció Rafael de forma villanesca.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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