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Transmigrados como Saiyajin a... ¿¡Invincible!? - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 Un Isekai Muy Extraño II
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4: Un Isekai Muy Extraño II 4: Un Isekai Muy Extraño II  Fue una detonación de pura furia lo que envolvió a Rafael.

No miedo, o pánico.

Fue rabia.

Algo se agitó en su interior, cálido y en oleadas.

Se extendió a sus extremidades, hinchándolas en poder.

Rafael mantuvo la vista en su amigo, cuya cabeza retrocedía violentamente debido al disparo.

Trastabilló y cayó al suelo, tal vez muerto, tal vez inconsciente.

Independientemente de su estado, no cambió el hecho de que Rafael entró en cólera y dirigió esa furia al hombre que lo pisoteaba y le apuntaba con un arma.

—¡¡Nnghgaaaa!!— rugió el niño, cerrando su puño y estampándolo en la pantorrilla de su captor.

—¡¡AARGH!!— chilló el hombre cuando su pierna se dobló un poco en contra de su arco leve y natural.

El crujido húmedo que precedió el grito fue indicativo de lo que sucedió.

Tomado por sorpresa y asaltado por un inmenso dolor, el sujeto apretó el gatillo instintivamente y las balas casi impactaron a Rafael.

Rápidamente se deslizó fuera del rango del cañón y luchó por mantener esa sensación vigorizante, energizante y poderosa que le recorría el cuerpo.

Se abalanzó contra su oponente de un salto que le permitió estar a la altura de su rostro.

Sin importarle las consecuencias, Rafael clavó otro puño con la misma intensidad justo en el rostro del tipo.

Otro crujido húmedo, un movimiento extraño y no muy agradable de la nariz, un retroceso violento de la cabeza del tipo y una salpicadura de sangre.

Todo ocurrió en un segundo y Rafael no se detuvo a pensar demasiado en ello.

Nada más tocar el suelo, se convirtió en un borrón y salió disparado hacia los hombres que se acercaban a Leonardo, incluido el que le disparó.

Ese desafortunado era su objetivo principal.

Ellos gritaron y alzaron sus armas, enviando una lluvia de proyectiles en dirección a Rafael.

Aunque rápido, el niño estaba lejos de igualar la velocidad de las balas.

Rafael mantuvo su carga frontal y decisiva, permitiendo que algunos disparos rozaran su cuerpo sin interrumpir su marcha.

En cuestión de tres segundos cubrió la distancia y se lanzó al pecho del bastardo que atacó a Leonardo.

Lo embistió con tal fuerza que ambos cayeron y se enredaron en la arena.

Rafael se valió de su fuerza superior y estrelló ambos puños en el pecho del sujeto, sacándole el aire al primer impacto y sangre al segundo.

Vio el destello de un arma por el rabillo del ojo y rodó lo más rápido que pudo, escuchando incluso el silbido del proyectil rozando su oreja.

Se lanzó y rodó de nuevo, mientras la arena a centímetros de él salpicaba por los impactos de bala.

Tomó el arma del sujeto que acababa de incapacitar, una pistola sencilla de algún tipo.

Nunca había disparado en su vida, ni sabía que esperar.

La sostuvo con fuerza, siendo un hecho que el retroceso de esas cosas era más intenso de lo que se mostraba en las películas.

Apretó tanto que la abolló ligeramente.

Rafael disparó, y si bien el arma no salió volando de sus manos, su puntería fue espantosa.

Concentrado como estaba en el enfrentamiento, Rafael no se dio cuenta de los gemidos adoloridos de Leonardo, ni prestó atención cuando este último se incorporó rascándose la cabeza.

Un proyectil incrustado en su frente, abollado.

Un goteo de sangre que descendía alrededor de su ojo izquierdo.

La confusión y el dolor nublaban su vista.

Leonardo se sintió mareado, el estruendo de las armas fastidiándolo y el dolor de cabeza intenso, como si acabara de despertar de una noche alcoholizado.

Entonces otro proyectil pasó cerca de él, rozándole el brazo y mordiendo su carne.

El calor intenso y fugaz lo sacó de su ensoñación y los sonidos cobraron claridad, así como su vista.

Vio a Rafael lanzando algo de sus manos con fuerza antes de correr y saltar como un animal hacia el grupo de lunáticos que les disparaban.

La confusión desapareció y la gravedad de la situación se hizo palpable en su ser.

Pero no sintió miedo.

Recordó al hombre que embistió con fuerza sobrehumana, y palpó el objeto que le quemaba la frente.

Ató cabos y se dio cuenta que había sobrevivido a un HeadShot.

Casi escuchó el anuncio de Unreal Flash 3 en su cabeza.

Apretó los puños, frunció el ceño y se levantó.

Tomó una respiración profunda y dejó que esa sensación energizante lo embargara de nuevo, menos caótica que antes.

Leonardo saltó a la acción también, no queriendo dejar solo a su amigo.

Rafael había rodeado a los sujetos, obviamente desviando los cañones de su posición.

Leonardo sonrió, deseoso de acabar con esto y burlarse del tsundere.

Como nadie le prestaba atención, dándolo por muerto, Leonardo pudo embestirlos desde el flanco a toda máquina.

Dada su altura, evitó saltar y en su lugar cargó contra las piernas de los atacantes, propinando una patada demoledora a la rodilla del primer enemigo.

—¡¡AAARHG!!— gritó el hombre cuando su pierna se dobló horriblemente.

Leonardo arrebató el arma, una especie de rifle.

Demasiado grande para operarlo él mismo, lo empleó como el siempre confiable palo y saltó al siguiente sujeto.

El arma fue balanceada y se estrelló en la cabeza del desafortunado con un crujido húmedo.

Leonardo vio sus ojos voltearse y su cuerpo caer sin fuerzas.

No sabía si lo mató o no, pero la situación le impidió preocuparse por eso.

Los cuatro miembros restantes se giraron hacia él y abrieron fuego.

Leonardo esquivó como pudo, siendo rozado más de una vez por las balas.

Rafael, ligeramente sorprendido por la actuación de su amigo, no se quedó de brazos cruzados y cargó también.

Otra rodilla fue doblada en la dirección incorrecta, una mandíbula se desencajó, un pecho se agrietó y se hundió y el último bastardo recibió un embate de arma en el rostro, lo que le rompió la nariz.

Rafael estuvo a punto de terminarlo, embriagado por la sensación de superioridad, pero fue detenido por Leonardo.

—¿¡Qué haces!?

¡Este hijo de puta se atrevió a dispararnos!— se quejó con su amigo.

—¿Sabes conducir?— lo cuestionó Leonardo.

La pregunta dejó a Rafael perdido durante unos segundos.

Su agresividad se redujo, mientras la lógica ocupaba su mente una vez más.

Había una especie de conflicto armado aquí y ellos sólo pudieron despachar un pequeño grupo de matones.

Enfrentarse a todos era una locura, huir sin transporte y sin guía también.

Aceptando la propuesta, Rafael desarmó al tembloroso sujeto y ambos lo instaron a empujones y gestos a dirigirse al Buggy.

No planeaban alejarse demasiado por ahora.

La idea seguía siendo esperar y ver qué podían quitarle a los idiotas del campamento improvisado en términos de suministros vitales, o a los muertos.

– – – – – – – – – – – – – – –   Una vez que la adrenalina pasó y los disparos dejaron de tronar, el estómago de ambos chicos se retorció.

Hicieron que su cautivo condujera uno de los vehículos de regreso a la zona de combate, específicamente desde el lugar del que ellos vinieron.

Faltaban un par de autos, así como los mal nacidos a los que les rompieron las piernas.

De todos con los que lucharon, tres fueron dejados atrás, tirados muy probablemente sin vida.

La vista provocó una mueca en los rostros de Rafael y Leonardo, pero estos tipos los habían atacado primero.

No se sentían culpables en lo absoluto.

La noche era gélida y el viento intenso, la arena consumiendo los cadáveres o casi cadáveres rápidamente.

Al amanecer podría no quedar nada.

Instaron al cautivo a conducir hasta el campamento para echar un vistazo.

Como esperaban, los individuos atrincherados murieron al ser emboscados desde atrás.

Cuerpos agujereados, tirados en posturas extrañas.

Munición esparcida, armas medio vacías, y marcas de huellas tanto de pies humanos como vehículos.

Parecía que uno de los Buggy descendió la duna y arrolló a alguien, pues había restos de carne tirados por ahí.

Ni Rafa ni Leo resistieron la escena y ambos vomitaron, pero eso no les impidió saquear los cuerpos en busca de prendas para vestir, cantimploras con agua y lo que supusieron eran billetes de la región.

No había comida.

No tuvieron más remedio que intentar comunicarse con el cautivo, cuya lengua seguían sin comprender.

Tras un rato de gestos y amenazas, parecieron entenderse y el hombre encendió el Buggy.

Leonardo advirtió que fueran lentos, ya que existía la posibilidad de que el tipo los llevase al campamento enemigo.

Rafael estuvo de acuerdo, pero no tenían mejores opciones.

Al menos, ya sabían que un balazo en la cabeza no los mataría.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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